Aquí os dejo un pequeño regalito. Como hubo actualización de Code:Lemon Evolution el jueves por Halloween, no quería dejaros el domingo sin una ración de lemon.
A.L.L.Y: dije que no iba a cerrarlo definitivamente. Guardaré la sugerencia para futuras publicaciones.
Moon-9215: gracias ^^
Os dejo con el episodio. Por cierto, por si acaso, intentad no juntar las review de CL con las de CLE, que luego para responderos es un lío ^^!
Noche
—Vaya sistema de seguridad más malo… —pensó Yumi mientras se colaba en Kadic.
Era medianoche. La mejor hora para hacer esa visita. Miró al edificio principal, y localizó la ventana de la habitación de Aelita. Había una tenue luz. Perfecto, estaba aún despierta. Entró dentro, y muy despacio, subió por las escaleras. Las luces de los pasillos estaban apagadas, y como ella vestía de negro, se sintió como en una película de espionaje.
Se fijó en que había luz en las duchas de los chicos estaban iluminadas. Curiosa hora para darse un baño. Sin embargo, no tenía tiempo para eso. Siguió subiendo hasta la planta de las chicas, y se movió con sigilo a la habitación de su amiga. Entró sin llamar, y sin hacer ruido.
Aelita ni se había dado cuenta, tenía un libro entre las manos, iluminada por una lámpara de mesilla. En esa noche tan calurosa únicamente llevaba puesto una camiseta que apenas la cubría el ombligo. Yumi se mordió el labio.
—Buenas noches… —dijo con la voz más sensual que tenía.
La pelirrosa dio un respingo y miró a la puerta. Suspiró aliviada al ver de quién se trataba.
—¡Yumi! —susurró—. ¡Qué susto me has dado! ¿Cómo has entrado?
—No es lo más difícil del mundo —dijo ella. Aelita dejó el libro sobre la cama, y se topó de frente con Yumi, quien la sostuvo de las mejillas y la besó. Cuando se separaron, dijo:
—Tienes que dejar esta costumbre de comerme los labios…
—¿Por qué? —dijo Yumi con tono triste—. ¿Es que no te gusta?
—Claro que me gusta… pero yo quiero a Jeremy, y tú quieres a Ulrich… esto son cuernos… está mal —le dijo.
—No puedes pedirme que me esté quieta —Yumi agitó la cabeza—. Sé lo que sentimos, pero no puedes negar la atracción que hay entre nosotras.
Y antes de que su amiga se resistiera, Yumi empezó a besarla su delicioso cuello, el punto débil de su amiga. Le acarició el vientre aprovechando lo corto de la camiseta. Un placer muy culpable sacudió a la chica.
—Jeremy… —murmuró entonces.
Yumi se detuvo en el acto.
—¿Estabas pensando en él? —preguntó. Parecía ofendida.
—No pensaba que él me estaba haciendo esto… —respondió. Yumi pareció más tranquila— pero no me siento bien por él… no se merece que le engañe…
Yumi suspiró. Sabía que su juego debía acabar alguna vez. Pero no quería que eso quedara ahí. No esa noche. Quería hacerlo. Y pese a la negativa de Aelita, sabía que su compañera también quería.
—Aelita, a mi tampoco me hace gracia… ni por Jeremy ni por Ulrich… te prometo que después de esta noche, no sucederá nada más, y yo asumiré la culpa de todo —le dijo muy seria—. Pero ahora, no me pidas que me detenga…
Se miraron a los ojos, y la pelirrosa sonrió. Se tumbó, dejando a Yumi encima de ella. Ésta, muy contenta, besó a la chica. Le encantaba el sabor de sus labios. La instó para que se quitara la camiseta, y ella hizo lo mismo.
Pronto se dieron cuenta de que los sujetadores sobraban. Yumi se abrazó a Aelita para desabrochárselo, y la pelirrosa hizo lo propio con el de la japonesa. Ella se separó de su compañera sólo lo suficiente para que los sostenes cayeran, y volvió a apretar su cuerpo contra el de la chica. Se movió lo suficiente para provocar el roce de sus pechos.
Aelita suspiró. Yumi volvió a atacar su cuello con su lengua, pero no se detuvo así, sino que empezó a bajar hasta llegar a sus pechos, que degustó sin privarse. Una de sus manos exploró el vientre de Aelita, y fue descendiendo hasta las braguitas de su amiga. Empezó a acariciarla por encima de la fina prenda. La pelirrosa protestó.
—N-no es justo… Yo también… quiero tocarte… —dijo en un puchero.
Yumi sonrió y la concedió su deseo. Se había preguntado cuando tardaría su amiga en ceder. De forma que se bajo momentáneamente de encima de su amiga para quitarse el pantalón. Instintivamente, Aelita alargó sus manos y con un tirón seco, le bajó el tanga.
—Aelita, Aelita… que traviesa eres… —comentó Yumi, haciendo que su amiga se pusiera colorada ante su comentario.
Le quitó las braguitas finalmente, y esta vez incluso ella se veía un poco cohibida por la situación. Optó por tumbarse al lado de su amiga, y volvieron a besarse. Deslizó una mano al sexo de su amiga, y empezó a acariciarle su sexo. Aelita dio un respingo al sentir los dedos de Yumi dentro de su sexo, masturbándola lentamente.
Aelita cumplió su deseo de tocar el cuerpo de Yumi. Su mano se movió temblorosa, a causa del placer recibido, por el cuerpo de Yumi. Empezó despacio, por su vientre, y luego probó a subir a sus pechos. Estaban muy firmes. Yumi desprendía mucho calor. La japonesa le preguntó:
—¿No te animas a algo más? Hay una parte de mi que reclama que lo toques… —dijo con impaciencia.
La chica entendió la petición de Yumi. Con algo de miedo, su mano se posó sobre el sexo de Yumi, lo acarició lentamente, e introdujo un par de dedos en su intimidad. Yumi se retorció un poco.
Estuvieron varios minutos disfrutando esa lenta, intensa, y mutua masturbación, hasta que Yumi quiso avanzar más. Se volvió a subir sobre Aelita, y cruzó sus piernas con las de ella, para empezar un ligero contoneo. El roce de sus sexos se sentía increíblemente bien. Las chicas jadeaban.
El ritmo crecía sin parar, y ambas se hallaban fuera de control. Querían más placer, querían llegar al orgasmo. Querían disfrutar aquello. Ambas profirieron un gran suspiro cuando culminaron. Yumi se dejó caer sobre su amiga.
—¿Sabes una cosa, Yumi?
—¿Mmmmm…? —dijo ésta, intentando no quedarse dormida pues aún tenía que volver a su casa.
—Creo que no me apetece renunciar tan pronto a esto… si te parece bien, claro…
Yumi se reactivó y empleó las fuerzas que le quedaban en besar a Aelita, eufórica por lo que acababa de decirle. Estaba feliz. Muy feliz. Sin embargo, ninguna de las dos se imaginaba lo que había ocurrido al mismo tiempo en las duchas.
Jeremy se hallaba allí, dándose una ducha nocturna. Era el momento que más le gustaba, porque se aseguraba que nadie le molestaría y podría estar sin prisas. Esa noche, sin embargo, escuchó que la puerta principal se abría. Mierda…
—¿Hay alguien ahí? —preguntó una voz conocida.
—¡Ulrich! ¡Soy yo, Jeremy! —respondió.
Ulrich se asomó sin darse cuenta de lo que hacía y le saludó. Al momento siguiente salió.
—¡Lo siento, ha sido por inercia! ¡No pensé que…!
—Claro, crees que me ducho vestido, ¿no? —ironizó el rubio—. ¿A reflexionar?
—Sí, eso quería… —dijo el alemán desde fuera—. ¿Te importa si… nos duchamos juntos? Así podríamos hablar…
El chico aceptó. Ulrich entró desnudo, y se situó al lado de Jeremy. Ambos miraron al frente mientras se duchaban. Aunque Ulrich había dicho de hablar, ninguno se animaba a conversar. Únicamente cuando Ulrich fue a por el gel, su mirada se desvió momentáneamente.
—Jeremy, prométeme que no estás "así" por mí, o tendré que asustarme —bromeó, refiriéndose a su miembro.
Jeremy se puso colorado y se dio media vuelta.
—¡N-no digas tonterías! Es sólo que… —tragó saliva. No sabía si debía darle explicaciones, ni si esa explicación lo justificaría—. Por las noches suelo "aliviarme" a estas horas, por eso estoy así…
—Tranquilo, que a mi no me tienes que… ¡AH!
Ulrich había resbalado y caído al suelo de la ducha. Se frotó la rabadilla. Qué dolor. Preocupado, Jeremy se acercó y le tendió la mano para ayudarle a levantarse. Fue a ceptarla, pero en ese momento, Ulrich volvió a reparar en la erección de su amigo. ¿Y si…? Se quedó dubitativo.
—Ulrich, ¿estás bien? —preguntó Jeremy, preocupado.
El cerebro de Ulrich trabajaba a toda velocidad. Estaban él y Jeremy, ambos desnudos, en una ducha. Eso tenía su morbo. Sonrió pícaramente, algo que el rubio no pareció entender. Ulrich era bastante abierto sexualmente. Y esa situación estaba despertando su libido. Pero claro, alguien podría pillarles… ¡y eso era aún más excitante!
Ulrich se incorporó como pudo y quedó de rodillas. Alargó su mano hasta atrapar la erección de su compañero, y empezó a masturbarle. Jeremy tuvo que apoyarse en una pared. ¿Qué demonios estaba habiendo Ulrich? ¿Era una broma? Joder, qué placer… ¡No, qué estaba pensando! ¡Tenía que detenerse ya!
—Pa-para… por favor, esto no…
Pero el alemán parecía no oírle. Un impulso, hizo que el chico se acercara un poco más a él, y lentamente se introdujera su miembro en la boca. Lo acarició con la lengua, se lo sacó, y se lo volvió a meter, muy despacio. Una y otra vez. A Jeremy empezaba a nublársele la vista. ¿Por qué no paraba?
La situación era muy excitante para ambos. Ulrich tardó unos minutos en darse cuenta que él mismo estaba erecto, de forma que empezó a masturbarse para aliviar la presión. Jeremy sentía que estaba a punto de estallar. Tenía que decírselo a Ulrich, pero no le salían palabras. Se echó hacia atrás, pero ya era tarde. Eyaculó sobre la cara de Ulrich.
Jeremy se dejó caer hacia atrás y resbaló por la mojada pared hasta el suelo. Jadeó.
—Lo siento… Ulrich, yo…
Pero este le hizo un gesto con la mano para que callara. Se acercó al agua y se limpió el rostro. No había estado mal aquello, pero… él aún no estaba aliviado. Su miembro seguía rígido y empezaba a dolerle. Miró a Jeremy, medio tumbado en el suelo, con las piernas separadas… qué gran tentación.
Se situó frente a Jeremy. Éste observó con cierto miedo la erección de Ulrich. Se temía lo que iba a pasar. Sin embargo, Ulrich no se portó mal. Le acarició la cara y le introdujo un par de dedos en la boca. Jeremy se aseguró de lamerlos bien, mientras Ulrich rozaba su pecho con la otra mano.
Cuando se detuvo, el alemán exploró con sus dedos bajo Jeremy. Este agradeció que no mirase donde estaba tocando. Sintió el dedo dilatándole su entrada. Era un poco molesto. Cuando Ulrich le levantó, cerró los ojos. Notó el miembro del chico en su entrada, y cómo se deslizaba lentamente dentro de él. Fue a gritar, pero le acalló Ulrich con un beso. No quería que los pillaran.
Empezó a entrar y salir de Jeremy despacio. La verdad, se sentía muy bien. Y la cara de Jeremy… estaba claro que le dolía, pero no podía detenerse. No en ese momento. El propio Jeremy no se daba cuenta, pero el dolor parecía disminuir con cada acometida. Según se acostumbraba, su expresión de dolor pasaba a una más tranquila. Empezaba a gustarle.
—¿Estás bien? —le preguntó Ulrich.
—Sí… —respondió Jeremy—. Y por favor… no te detengas… —añadió sonrojado.
Éste se sorprendió por la petición del rubio, pero le hizo caso. Continuó penetrándole cada vez con mayor rapidez cada vez. Tuvo que morderse el labio para contener sus propios gemidos. Iba a terminar. Y Jeremy le había pedido no detenerse… de acuerdo. Aceleró aún más y estalló dentro del trasero del rubio.
Jadeando, quiso levantar a Jeremy para sacar su miembro, pero este le retuvo. Ahora no le apetecía que la sensación parase.
—¿Te das cuenta de lo que ha ocurrido? —le preguntó el rubio.
—Algo muy grande… —respondió Ulrich.
—¡No tiene gracia!
—Para ti, parece que sí, que no me dejas levantarme… —bromeó el alemán.
—Aún así —protestó el rubio, haciéndole caso omiso—. ¿Te tengo que recordar que tenemos pareja?
—Creo que eso no nos va a ser un impedimento muy grande…
Y el próximo domingo continuan las aventuras del acuerdo de Code:Lemon Evolution. No os olvidéis de leer el episodio 9, el más reciente, que lo publiqué el jueves en honor a la festividad de Halloween. Lemon rules!
