Ayudado
Hiroki corría. Era buen corredor. Lo cual le servía de ventaja. Había tirado sin querer un café de una chica. De una chica tres años mayor que él y que parecía dispuesta a pegarle hasta que se le durmieran los troncos de árbol que tenía por brazos. Primeramente había intentado pedir ayuda a Yumi, pero al no encontrarla cerca, tuvo que salir por piernas.
Sin darse cuenta de dónde estaba (había subido y bajado escaleras, pero su perseguidora parecía dispuesta a no darle tregua), se coló por una de las puertas. UN vestuario, perfecto. Giró para ocultarse donde las duchas... y se topó con Milly y Tamiya, ambas desnudas.
—¡¿Qué haces aquí?! —se escandalizó Milly, tapándose los pechos.
—¡Pervertido, fuera! —gritó Tamiya, que llevó sus manos a su intimidad para que no la viera.
—¡Me persiguen! —gimió Hiroki.
Las niñas parecían dispuestas a echarle, pero cuando escucharon la puerta abriéndose de golpe, cambiaron de idea. Milly tomó de la mano a Hiroki, tiró de él, y se metieron en una de las duchas. Él quedó pegado a la pared y ella delante suya y mirando la cortina que tapaba la ducha, cubriéndole.
—¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está el chino ese?!
—¿Qué chino? —preguntó Tamiya. Qué bien disimulaba.
—¡Ese niñato que me ha tirado el café!
—Yo que sé. Esto es el vestuario de chicas, ¿cómo va a entrar aquí? ¡Le habría echado!
Tras una pausa, la chica habló.
—Tienes razón. ¡Mierda, se me va a escapar!
—¡Pues ve a por él y cierra, que se me enfría el culo! —le dijo Tamiya.
Unos momentos después, la cortina de la ducha se abrió. Era Tamiya.
—Puedes salir, hombre de acero. Sólo a ti se te ocurre tirarle el café a Evelyn McCarra, con lo bruta que es.
Milly se apartó. Hiroki miró al suelo, apoyando las manos en sus rodillas, aún no se había recuperado de la carrera. Cuando levantó la vista, ambas chicas le miraban con los brazos en jarras. Se puso colorado. Sí, las había visto desnudas, pero era en ese momento cuando contemplaba sus cuerpos detenidamente. Milly siempre le había gustado. Y ahora Tamiya le gustaba también. Parecían dos gemelas con distinto tono de piel.
—¿Sabes que nuestras caras están más arriba? —le insinuó Tamiya.
—Perdón —dijo avergonzado, y volvió a mirar el suelo—. No me había dado cuenta de donde había entrado...
—Pero bien que te has quedado mirando.
—Ya... es que... nunca había visto una chica desnuda... —cada vez se le entendía menos.
—¿Le tenemos que creer? —bromeó Milly.
—Creo que sí —dijo Tamiya—. Pero igual... podría hacer lo mismo que nosotras, ¿no?
—¿A qué te refieres?
—¿Tú has visto algún chico desnudo?
Milly admitió que no. Hiroki se sorprendió de lo que estaban hablando. ¿Acaso estaban locas? Pero locas o no, no podía negarse. No podía negarse bajo la amenaza de que ambas gritaran que un chico se había colado en sus duchas, claro. De forma que se desnudó también. En lugar de dejar caer la ropa, se la pasaba a las chicas, que la dejaban en el cesto conde estaba la suya.
—¡EH, eh, eh! ¡Prohibido taparse! —protestó Tamiya.
Los tres quedaron desnudos, mirándose entre sí. Ambas miraron el cuerpo de Hiroki, y se quedaron unos momentos contemplando su miembro, Tamiya de una forma más descarada que Milly. Sin embargo, fue la pequeña pelirroja la que propuso que se ducharan juntos.
Lo hicieron. Al principio ningún problema mientras se lavaban la cabeza. Hiroki estaba algo intimidado, con una chica a cada lado suyo. Pero la cosa cambió cuando Tamiya propuso:
—Hiroki... ¿nos podrías enjabonar la espalda?
Nervioso, Hiroki se echó un poco de gel en las manos. Fue a por Tamiya, pero ella le indicó que empezara por Milly. Tenía una extraña sonrisa dibujada en el rostro. El chico obedeció. Milly separó un poco los brazos y se dejó hacer. La verdad... se sentía bien que alguien le hiciera eso. Se relajó.
Pero Hiroki no. Él estaba tenso. Tenía delante de él, de espaldas, a la chica que le gustaba. Con ese culito que bien se le marcaba con los vaqueros... pero sus manos ascendieron por la espalda de la chica, y no puso evitar la tentación: aún sabiendo que eso no estaba bien y que se iba a meter en un lío, deslizó sus manos hacia adelante y empezó a manosear los pechos de la chica.
La chica intentó gritar, pero no tenía voz. Ese ataque sorpresa... quiso resistirse. Quería resistirse. Pero no podía, y no porque Hiroki hiciera fuerza. Él se fue pegando a su cuerpo, poco a poco, sin hacerla daño, disfrutando del tacto de sus senos. ¿Por qué se sentía bien? No lo sabía, pero se sentía.
Tamiya reclamó, carraspeando, que también quería in poco de atención del chico. Encantado de la vida, Hiroki volvió a echarse gel en las manos, pero cuando fue a enjabonarle la espalda, Tamiya se dio la vuelta, haciendo que masajeara y tocara su cuerpo y sus pechos. Incluso le instó a que le lamiera los pezones, e Hiroki lo hizo con gusto.
Pensando que estaban entretenidos entre ellos, Milly no pudo evitar masturbarse mirando. Había descubierto aquella forma de satisfacción recientemente, pero nunca se animaba a hacerlo (normalmente estaba en el dormitorio con Tamiya, y esta era bastante más indiscreta). Pero se había excitado (o así lo había oído) y necesitaba hacerlo. Error suyo, Tamiya sí estaba pendiente a lo que hacía. Le susurró a Hiroki.
—¿Qué te parece si tu... y mientras yo...?
Hiroki se había puesto colorado, pero no dudó en aceptar lo que decía Tamiya. Ambos se acercaron a Milly, y Tamiya la hizo que se tumbara en el suelo húmedo. Hiroki se colocó entre las piernas de la pelirroja, y lamió el sexo de Milly. Ella gritó de placer. ¡Qué bueno! El chico continuó con el cunnilingus, y Tamiya, comprobando que su amiga estaba en buenas manos, se situó para cumplir con lo que le había prometido a Hiroki: empezó a lamer su erección. Al mismo tiempo se daba placer. Había hablado con sexo previamente con … y desde entonces había deseado poder practicarlo de alguna forma.
Milly sintió entonces un escalofrío extremadamente placentero. Eso era un "orgamso" o algo por el estilo, y más poderoso que los que había tenido ella por su propia cuenta. Se sintió idiota. Tamiya había intentado hablar con ella de lo que la enseñaban, pero se había negado. Ahora le apetecía saber más.
Hiroki también terminó, le pilló por sorpresa. Tamiya se apartó, pero estaba claro dónde se había producido el primer "disparo". Pero a ella no le importó, pues cuando pidió ayuda al chico para terminar, Hiroki hizo lo mismo que le había hecho a Milly: devoró su sexo de tal forma que parecía un experto hasta que tuvo el orgasmo. Maravilloso.
Cortaron el agua. Apenas caía una fina lluvia, pero no les apetecía más agua. Es más, deberían lavarse al terminar. Porque eso no era todo. Tamiya propuso a Milly ir un paso más allá, si a Hiroki le apetecía, y aceptó. Tamiya se puso tras ella, y la incorporó un poco. Le ayudó a separar las piernas.
Hiroki, que sabía lo necesario de la reproducción humana y el sexo, sabía lo que iba a continuación. Su pene estaba erecto de nuevo, de forma que se colocó entre las piernas de la pelirroja, y lentamente, se lo introdujo. La sensación de calidez que sintieron ambos era nueva para ellos.
—¿Qué tal? —le preguntó Tamiya a Milly—. ¿Qué se siente...?
—Es... —murmuró— … lo mejor.
Animado por sus palabras, Hiroki empezó a moverse. Su miembro entraba y salía del sexo de Milly lenta pero firmemente. Cada penetración provocaba un gemido. No podía resistirse: se echó un poco hacia adelante y la besó. Milly correspondió a su beso. Tamiya les miró con dulzura. Pensó en dejarles solos, pero no: le habían enseñado a que si podía, debía cumplir sus fantasías, y al igual que había hecho con Milly, ella quería que el chico la desvirgara.
Se dio cuenta de que el chico aceleraba el ritmo de las acometidas. Milly gemía. Esperó un poco, y escuchó que el chico gruñó. Milly gimió, había sentido algo dentro de ella y había terminado también. Su cara parecía desbordar felicidad y placer.
Llegó su turno. Antes les preguntó si había algún problema, tras aquella muestra de afecto que habían tenido, pero Milly no podía negarle aquel lujo. Se lo debía, y quería preguntarle tantas cosas que no se vio capaz de decirle que no. Hiroki tardó un poco en recuperarse, pero estuvo a punto para satisfacer a Tamiya.
Entendió, cuando sintió el miembro de Hiroki clavarse en su interior, lo que le habían explicado. Sí, eso era placer. Era una sensación maravillosa. El chico empezó a moverse, y pensó que iba a derretirse. Era genial.
—Mas... quiero más, Hiroki... dame más... —suplicó.
E Hiroki se lo dio. Se movió más rápidamente que antes, y en cuestión de unos minutos, sintió los fluidos del chico dentro de ella, acompañando a su orgasmo. Soltó un gemido tan agudo que le sorprendió que nadie entrase a ver qué ocurría.
—Entonces, ¿vais a ser novios? —les preguntó mientras se limpiaban nuevamente el cuerpo.
—Bueno... sí... si a él le sigue apeteciendo —dijo Milly, poniéndose colorada.
—¡Cla-claro que me apetece! —dijo él.
Tamiya les sonrió.
—Pero te voy a dejar que juegues con ella —dijo Milly—, ya que nos tiene que enseñar unas cosas. Eso sí: ¡sólo con ella! —le advirtió. El chico asintió repetidas veces.
—Sí, os puedo enseñar. Y también os puedo llevar con …, que es quien me enseña a mi.
Milly e Hiroki se sorprendieron cuando Tamiya les reveló aquel nombre.
