¡Feliz año nuevo! ¡Que vuestros deseos se cumplan! ¡Etcétera etcétera! Bueno, uno de ellos sí se ha cumplido... ¡nuevo one-shot de Code:Lemon! Para empezar el año. Y para decir que el domingo próximo volverá CLR, que ya estoy preparando el capítulo 21.
lalo101097: Sí, las vacaciones nos tocan mucho los horarios y tareas que hacer xD CLR fue muy largo, sí... unas 20 páginas del Word. La locura. Te recomiendo que veas "The Truman Show", la protagoniza Jim Carrey xD LO de Barby y Sam, ella, al contrario que yo, es su personaje menos favorito, y le concedí el favor de pelearse con ella xD Pero ¿fantasía? ¿Yo? No se de qué me hablas :P Sí, Odd tengo que darle un poco de su gracia natural (y eso que debería ser experto: mis chistes son tan malos como los suyos) pero dejarles la memoria de lo ocurrido... no me convencía xD ¡Saludos!
Moon-9215: ¿Un gusto? No... fue elección aleatoria :P Y el one-shot, aquí le dejo, a ver si te gusta.
Usuario865: En realidad desde un simple ordenador la conexión era al superordenador que lo hacía todo... o eso intenté explicar, escribir en navidades es más difícil por tanta fiesta y no todo queda como me gustaría xD Y Sam, lo veía factible en vista de su personalidad que aprovechara la ocasión :P ¡Saludos!
Alfa y Omega: Me alegra que te haya gustado, y me anoto tu idea para otro one-shot ;)
zuole: Me lo pensé mucho porque dije "quizá es lo maś obvio" pero al final la mantuve :P Y sentirme... me siento sucio, tras tanto tiempo Sam es como si fuera mi hija y eso está mal (?) Nah, es broma, me gustó xD
carlosjim04: Pues me alegra que lo vieras bueno, y espero que este también.
George: ¿Tan evidente resultaba? xD Jo, las vuelvo a traer y lo poongo con otra :P Y la quedada de chicos... personalmente me gustan las mujeres, y si me personificaba en el fic no iba a ser para "juntarme" con ellos xD No sería capaz.
Sexcuela
El coche negro se detenía ante la verja de hierro. El conductor bajó del coche y abrió a su pasajero: un joven rubio, con el pelo corto, y cuyos ojos se ocultaban tras sus gafas. El conductor, ataviado con un traje negro y expresión tapada por las gafas de sol, le ayudó a descargar su mochila de viaje del maletero.
—Sea bienvenido a la escuela Lyoko. Todo el camino de frente, por la puerta principal, y ahí pregunte dónde debe dirigirse.
—M-Muy amable…
Jeremy Belpois atravesó el sendero. Parecía un buen sitio para estudiar. Era bonito. Llegó a la fuente que había frente a la puerta, con dos estatuas encima: un chico y una chica. Y entonces distinguió algo que no había distinguido en el folleto: Ambas estatuas representaban sendos cuerpos desnudos.
Sorprendido por la osadía, caminó un poco más y cruzó la puerta. Un ambiente limpio. Miró el reloj. Los alumnos que ya pertenecían a la academia debían estar en clase. Encontró una pequeña recepción, atendida por una mujer mayor, pero con un cuerpo increíble. "Para que luego digan que se va a peor con los años...". Se acercó a ella.
—Buenos días, soy Jeremy Belpois, me habían seleccionado para estudiar aquí…
La mujer hizo una consulta en su portátil. Comprobó las credenciales del chico y le sonrió.
—Venga conmigo.
Jeremy se dispuso a seguirla, pero de pronto se topó con el brazo de aquella mujer rodeándole y conduciéndole por el pasillo. No pudo evitar fijarse en sus pechos, que los tenía muy cerca del rostro. Llegaron frente a una puerta de madera.
—Entre ahí —le indicó amablemente—. El director le atenderá a usted y los demás en unos minutos.
Jeremy asintió nervioso. La mujer se alejó por donde habían venido y él entró en lo que parecía una pequeña sala de espera. Había cuatro hileras de cuatro sillas y en la quinta fila, hacia adelante, faltaban dos sillas en medio. "Habrán calculado los que vamos a estar…" pensó el chico.
Echó un vistazo a su alrededor. Algunos habían llegado ya, pero no había dos sentados juntos. En la fila de atrás del todo había un chico de pelo castaño. En la fila de delante, una chica rubia de cabello largo miraba hacia el suelo, nerviosa. La siguiente fila estaba ocupada en los extremos: a uno, un chico rubio, con el pelo hacia arriba y cara de avispado; al otro, una chica más joven que él, de pelo pelirrojo, con dos coletas. Y en la fila previa a los dos asientos libre, una joven preciosa con una melenita rosa. Miró a su alrededor, y decidió sentarse al lado de esta última. Cuando lo hizo, ella le sonrió.
Poco a poco fueron llegando más personas hasta que casi todas las sillas salvo una estuvieron ocupadas. Un momento después, un hombre mayor y una chica de pelo oscuro, que se sentó en la silla que quedaba vacía. El hombre sacó una lista de su bolsillo.
—Veamos… cuando diga vuestro nombre levantáis la mano. Jeremy Belpois… Johnny Crane… Sissi Delmas… Odd Della Robbia… Tamiya Diop… William Dumbar… Laura Gauthier… Dorjan Harsányi… Hiroki Ishiyama… Yumi Ishiyama… Emily LeDuc… Carlos León… Javier Mora… Alicia Noboa… Aelita Schaeffer… Milly Solovieff… Ulrich Stern… y Samantha Suarez. Perfecto. Bienvenidos a la escuela Lyoko. Supongo que no sabéis de qué va esto.
—Supongo que nos han dado una beca para estudiar aquí —se adelantó Jeremy—. Es lo normal, ¿no?
—En efecto… Belpois —dijo el hombre, revisando su nombre—. Pero no conocen el campo de estudio de esta escuela ni qué hemos visto en ustedes para seleccionarles.
Eso era cierto, no sabían muy bien qué era. "Por su talento" habían recibido en la carta pero no especificaba gran cosa. En vista de que nadie respondió, el hombre se lo dijo.
—Me llamo Jean-Pierre Delmas y soy el director de la escuela Lyoko, el primer colegio dedicado por completo al sexo.
Únicamente la chica llamada Sissi pareció no perturbarse ante ese anuncio. ¿Qué quería decir "escuela dedicada al sexo"? Aunque estaban seguros de que lo iban a entender muy pronto.
—Básicamente, nuestra enseñanza se basa en educaros para que tratéis el sexo como algo natural, sin tapujos, complejos, o cualquier cosa. Los beneficios que tiene. Que os sintáis libres y lo disfrutéis. Por eso os hemos elegido: sois un grupo con vuestras dudas, poco experimentado.
—Perdone… aparte de que esto me parece una locura… —dijo el chico que se llamaba William—. ¿Qué hacen aquí estos jóvenes? ¿Y por qué no han buscado gente interesada en el sexo?
—Estos jóvenes tienen las mismas cualidades que ustedes. Necesitan aprender y nos gusta que haya una edad variada, dado que este grupo será vuestra clase.
Eso pareció escandalizarles. Los hermanos Ishiyama se miraron con miedo. Sissi se movió nerviosa en su silla, y la chica del pelo rojo, Milly, adivinó en seguida lo que le ocurría:
—¡Ella es su hija! —exclamó.
—Sí, y al igual que vosotros tiene sus dudas. Estaba esperando tener un buen grupo y creo que el vuestro es en el que mejor puede compenetrarse.
—¡Esto no puede ser legal! —señaló Carlos.
—Es una academia privada. Y os hemos traído para saber si aceptáis. Si no, podéis iros. Pero en el tiempo que llevamos hablando ninguno de vosotros se ha dado cuenta de que he dejado la puerta abierta para que podáis huir. Y no lo habéis hecho.
Todos miraron hacia la puerta. Era verdad, estaba abierta. Eso quería decir que… ¿podían irse? Pero por otro lado… aquello era demasiado increíble como para perdérselo, ¿no? El señor Delmas sonrió, sin malicia, al ver que ninguno se movía. La mujer de la recepción entró en ese momento y les repartió unos folios, que leyeron mientras el director les daba más explicaciones.
—Nuestras normas son muy sencillas. Clases de nueve a dos, con pausa en medio. Os hará falta, creedme. En la planta superior están los dormitorios. Dos habitaciones por curso, chicos a un lado, chicas al otro. En esta planta está la recepción, mi despacho, la cafetería, la biblioteca y la enfermería, donde iremos ahora. En la planta de arriba, las diferentes aulas, en el horario veréis donde os toca. Fuera está el patio, con zona de pavimento y zona de parque. Al fondo del todo también os encontraréis un gimnasio y una piscina, de empleo libre, excepto en horas de clase. Salvo que un profesor decida dar una clase ahí.
—Esto es muy emocionante… —comentó la chica llamada Samantha.
—No vienen las asignaturas… —dijo Yumi en voz audible, aunque había intentado que sólo lo oyeran los que estaban cerca.
—Nos gusta que sea una sorpresa —respondió el señor Delmas—. Continúo. En esta planta y en la de arriba, salvo dentro de las aulas, está prohibido el nudismo. Tampoco podrá entrar en vuestro aula alguien de otro grupo, y a la inversa. En la planta de los dormitorios, en el patio, gimnasio y piscina, está totalmente permitido el nudismo o que practiquéis sexo con cualquier alumno, sea de vuestro grupo o no.
Más de uno se puso colorado ante lo que les estaban contando. Si aquello era real, ya estaban perdiendo el tiempo en conocer a esas compañeros. El señor Delmas dio las últimas indicaciones.
—También tengo que añadir que no podréis practicar sexo con los profesores. Y por supuesto, está prohibido forzar el coito. Aquel del que tengamos noticias de que ha intentado violar a un compañero será expulsado en el acto. Ahora… viendo la hora que es, os llevo a comer. Es un poco pronto, pero así después podréis pasar a la enfermería, para el examen médico, que llevará un poco de tiempo.
—¿Examen médico, señor Delmas? —preguntó Alicia. Jeremy era bueno asociando nombres con rostros.
—No podemos acceder a vuestras fichas médicas. Queremos asegurarnos de que no tenéis ninguna enfermedad de transmisión sexual, tomaros medidas… a vosotras os solemos poner también un tratamiento para prevenir embarazos. Aunque en las aulas es obligatorio emplear condones, y os los proporcionamos también para los momentos de ocio, no seríais el primer grupo que practica sexo sin precaución. Preferimos prevenir problemas. ¿Alguna otra pregunta?
El grupo entero negó con la cabeza.
—En ese caso, dejad aquí el equipaje, se encargará nuestro bedel de subirlo a los dormitorios. Os acompaño a la cafetería.
El grupo siguió a su director. Comieron poco la gran mayoría. Estaban nerviosos. Muchos se echaban miradas, como evaluando a los demás, y a la vez intentando adivinar qué pensarían de ellos. ¿Les gustarían? ¿Llegarían a tener sexo? ¿Serían su pareja en el aula? El director, lejos de observarles, se quedó hablando con la camarera.
—Perdona… ¿Sissi? —preguntó Johnny, uno de los más pequeños—. ¿Cómo te has metido en algo así…?
—El sexo me da curiosidad… pero también miedo. Por eso pedí a mi padre que me buscara un grupo en que encajar. Espero que vosotros lo seáis —dijo con una sonrisa sincera.
Una vez hubieron terminado de comer, el director les acompañó hasta la enfermería. Era una amplia estancia blanca. Una mujer de muy buen cuerpo, rubia y de pelo corto consultaba datos en un portátil.
—Enfermera Yolanda, estos son nuestros nuevos alumnos —dijo el señor Delmas. La mujer se acercó y sonrió—. Los dejo bajo su mando, ahora el resto de alumnos están comiendo y voy a darles el anuncio.
—Gracias, director —dijo la mujer. Cuando el hombre se hubo ido se dirigió al grupo—. Bueno, os quitáis la ropa y empezamos. ¡Vamos!
Volvió a su silla. El grupo, con cierto miedo, empezó a quitarse la ropa. Se alejaron los unos de los otros. Estaban inhibidos. Procuraron no mirar a ningún sitio en concreto mientras se desnudaban. Cuando ya habían terminado, todos los chicos se tapaban su miembro con las manos. Las chicas se tapaban su sexo con una mano y sus pechos con el brazo contrario. Pero eso no era lo que Yolanda quería.
—Las manitas al suelo —les dijo—. Vais a veros desnudos antes o después, así que venga. Sin miedo. Hasta que no lo hagáis no empezamos.
Poco a poco empezaron a destaparse. A la voz que les dio la enfermera, hicieron un círculo para contemplarse libremente. Más de uno empezaba a tener calor. Ahora sí, la enfermera les fue llamando para hacer el examen médico. Era muy vergonzoso todo, pues no había bombos que taparan. A los chicos les tomó las medidas de sus miembros, un examen de próstata, un examen de semen, análisis de sangre y alguna comprobación más. A las chicas les midió el tamaño de sus pechos, les examinó sus intimidades, una mamografía, y también un análisis de sangre. Todos estaban mudos mientras ella trabajaba. Lo hacía con seriedad, no daba la impresión de disfrutar sometiéndoles a las pruebas.
—Pues parece que estáis todos sanísimos —dijo ella mientras el grupo se vestía por indicación suya—. Voy a haceros un recorrido breve. Seguidme ahora.
La enfermera Yolanda les condujo primero a la biblioteca: al parecer ahí sí se podían tener relaciones, pues todos los contenidos eran pornográficos (los libros, los recortes de periódico, los cómics, incluso había varios ordenadores con varias carpetas de películas de diferentes categorías); de ahí atravesaron el patio (topándose allí con los compañeros de otros grupos que habían terminado las clases) hasta el gimnasio. Se les hizo curioso ver a gente practicas a levantar pesas y usar las máquinas de estiramientos desnudos. Por último les enseñó la piscina. Más de uno apartó la vista al ver que había gente teniendo sexo sin ningún pudor. Luego les acompañó hasta la segunda planta del edificio principal.
—Guardad bien el horario. Chicos, allí —señaló una puerta verde— y chicas, allí —señaló la puerta naranja—. El toque de queda será en breve, os aconsejo que empecéis a deshacer las maletas y os acostéis pronto. Y os daré un consejo: disfrutad de esto, practicad sexo salvaje. Pero no os enamoréis. Será más fácil para vosotros, porque aunque lo hagáis estaréis obligados a hacer ejercicios que os manden los profesores. Si tenéis alguna dolencia, venid a verme. ¡Hasta mañana!
Dicho esto, los chicos se encaminaron hacia su cuarto y las chicas al suyo. Aunque antes, se asomaron a ambos. Tenían la misma distribución: nueve camas (cuatro en cada pared y una al fondo), al lado de cada cual había un armario y una mesa. Sus equipajes estaban encima de las camas.
En ninguno de los dormitorios se habló mucho. Todos se dedicaron a guardar sus pertenencias en el armario, bien ordenadas (algo absurdo, seguramente pasarían desnudos la mayor parte del tiempo),y se metieron en la cama, aguardando los eventos del día siguiente.
Por la mañana el grupo salió a desayunar. Su mesa era la única que había en silencio. Había otros cuatro grupos de unas veinte personas. Pero todos estaban nerviosos y excitados por lo que iba a ocurrir ese día. Consultaron el horario. Subieron un poco antes de la hora, en grupo. No se atrevían a moverse solos. Sobre todo porque los de otros grupos les miraban lascivos.
Para su sorpresa, el aula estaba abierta. Entraron dentro. No había mesas. Sólo la del profesor. Unos colchones sustituían sus "pupitres". El profesor estaba dentro.
—¡Buenos días! —saludó enérgico—. Sois el nuevo grupo que ha localizado Delmas, ¿no? ¡Bienvenidos!
—Bu-Buenos días —respondió Jeremy—. Somos los nuevos, sí... ¿debemos ir desnudándonos o...?
—¡Espera, ansioso! ¡Se nota que tienes ganas! —aquel comentario del profesor hizo que Jeremy se sonrojara—. Aunque no me extraña, viendo tu grupo yo también tendría prisas —añadió echando un rápido vistazo a las chicas de la sala—. Esta es la clase más básica que ofrecemos. Aprenderéis como desnudaros mutuamente, sexo oral, y lo que se nos vaya ocurriendo. Un momento que mire la lista a ver si falta alguno...
—Perdone... —una chica rubia llamada Laura habló mientras el profesor comprobaba la lista de alumnos por las fotos—. ¿Va a darnos alguna hoja con el temario que debemos aprender...?
El profesor sonrió con malicia y tras verificar que no faltaba nadie, hizo un gesto a Laura y Jeremy para que se acercaran.
—Los que más participan, más sexo practican. Vais a empezar vosotros dos. Veremos lo que sabéis hacer. Y los demás —añadió— no perdáis detalle. Lo mismo os dan ideas. El sexo debe ser ideas nuevas e imaginación.
Ambos se miraron frente a frente. El profesor se apresuró a acercarles uno de los colchones y se sentó encima de su mesa, para observarles. Los jóvenes estaban colorados, y sus compañeros les miraban, expectantes, con los ojos muy abiertos.
—¡Empezad con un beso! ¡En la boca! —les apremió el profesor—. Para romper el hielo. Venga.
Se acercaron lentamente y sus labios se juntaron. A ambos les gustó el beso, era lento. Sus compañeros seguían mirando. El profesor saltó de la maesa al ver que Jeremy y Laura ni siquiera se abrazaban, y colocó las manos del chico en la cintura de ella, y las de la chica en los hombros de él.
Suponiendo que el profesor se enfadaría si les daba más instrucciones, Jeremy empezó a hacer cosas. Empezó por besar a la chica por el cuello. Ella cerró los ojos. Sí, le gustaba. Empezó a acariciarle el torso por encima de la ropa. Abrió los ojos, y vio un gesto del profesor, que hacía como si quitara una camisa invisible. Ella lo entendió y lo hizo con la ropa de Jeremy.
Jeremy era un poco friolero, pero el aula estaba climatizada, y el tacto de Laura le hizo olvidarse de la temperatura. Los dos empezaron a despojarse del resto de la ropa, olvidando que había gente a su alrededor (a pesar de que dejaban escapar gritos de sorpresa). Laura se deshizo del pantalón del chico, y luego le bajó el bóxer. El chico, que ya estaba excitado, tenía una estupenda erección. La chica se sonrojó un poco (la había visto el día del examen médico pero no había prestado atención) pensando que "eso" iba a estar dentro de ella. Jeremy le bajó la falda y se admiró cuando, al quitarle las bragas, pudo ver su sexo rosado, y sin un sólo pelo.
Algo cayó sobre el colchón. Miraron. Un preservativo. Sin duda alguna el profesor se lo había lanzado. Jeremy lo abrió y despacio, fue a ponerselo. Se sorprendió cuando Laura le ayudó, echando hacia abajo la cobertura de plástico en su pene. Se sonrieron, y luego ella se reclinó. Separó las piernas, invitando a Jeremy a que lo hicieran. Él asintió. Estaba nervioso. Era su primera vez. Pero no lo dijo y deslizó con cuidado su miembro en el sexo de Laura.
Ella gimió. Jeremy se lo introdujo entero lentamente. Esperó unos momentos antes de empezar un movimiento de penetración. Miró hacia el punto y estuvo a punto de detenerse: el condón que cubría su pene tenía un hilillo de sangre. Había desvirgado a Laura. La miró alarmado, pero ella le devolvió una mirada conciliadora. No le importaba que hubiera tomado su virginidad. Quería hacerlo, y el chico cumplía muy bien. Jeremy prosiguió con sus acometidas. Poco a poco se iba acercando al orgasmo. Laura gemía, jadeaba y suspiraba. Iba a terminar también. Jeremy gruñó finalmente cuando eyaculó, y sucedió algo que pensaba que sólo ocurría en las películas pornográficas: Laura alcanzó el clímax al mismo tiempo que él.
El profesor les acercó la papelera. Jeremy se quitó la "goma", la hizo un nudo, y la tiró.
—Enhorabuena, chicos. Tenéis potencial. Pocos en mi primera clase se han desenvuelto tan bien como vosotros. ¡Y los demás! ¡En parejas, y fuera ropas!
Sus compañeros empezaron a moverse. Tímidamente se acercaban los unos a los otros y empezaban a quitarse la ropa. Jeremy y Laura se sentaron a observar. Sin darse cuenta ellos mismos tenían ya la confianza suficiente para meterse mano mientras miraban a los demás. El profesor se inclinó hacia Jeremy y le susurró algo. Jeremy se sorprendió (el hombre no había usado el lenguaje más educado) pero le hizo caso. Tumbó a Laura bocarriba y empezó a lamer su sexo. Su lengua al principio se limitó a su piel, pero lentamente se deslizó entre sus paredes vaginales. La chica gimió el nombre de Jeremy.
Hiroki ya penetraba a Alicia en ese momento, aunque no evitaron excitarse mientras les veían. Lo mismo ocurría con Milly, que subía y bajaba por la erección de Javier y con Carlos y Aelita, que estaban también entretenidos. No obstante, Ulrich sí se fijó a tiempo y antes de penetrar a Samantha, imitó a Jeremy y lamió su intimidad. William estaba a su lado, sometiendo a Emily al placer de su lengua. Odd intentó hacer lo mismo con Tamiya, pero antes de lograrlo, fue ella la que se introdujo el pene del chico en la boca. Sissi levantó las nalgas, ofreciéndose para Dorjan, quien con cuidado penetró su ano, del mismo modo que Yumi se ofreció también para Johnny. Pese aquello, Laura fue la primera en llegar al orgasmo, y agradecida, tomó el miembro de Jeremy y se lo llevó a los labios, practicándole una felación lenta pero que al chico le llevó al clímax muy rápidamente.
Poco después sonó el timbre del descanso. Entendieron que se hiciera esa pausa obligatoria, pues era agotador y debían reponer fuerzas para otras dos horas de sexo indiscriminado. Jeremy en seguida hizo buenas migas con una chica llamada Sam, que acariciaba su cuerpo y lamía su cuerpo cuando era penetrada, y con Tamiya, una joven muy precoz que le ofreció uno de los mejores ratos de su vida.
Llegó la hora de comer, cosa que todos hicieron con ganas. Estaban exhaustos, pero bien servidos. No lamentaban ir a aquella escuela. Lamentaban el hecho de no haberla conocido antes. Como establecía el "protocolo no escrito" de la escuela, una vez terminaron de comer se fueron a las zonas comunes para participar en alguna actividad recreativa. Laura guiñó un ojo a Jeremy y se dirigió a la biblioteca, con la intención de buscar alguna información interesante sobre el sexo para usar en clase. Los demás fueron también, con la intención de ver una película.
Totalmente desnudo se sentía expuesto, pero se animó un poco cuando vio que las chicas de otras clases le lanzaron silbidos de admiración. No se atrevió a acercarse a ellas por vergüenza, de forma que se limitó a meterse en el agua, desnudo, y soportar una nueva erección, provocada por ver al otro lado de la piscina a una rubia practicándole una felación a un chico de piel oscura.
Pero algo le sacó de su ensimismamiento. Alguien se tiró en bomba a su lado. Cuando se dio cuenta, vio que era Yumi, una de sus compañeras de clase. Desnuda por completo. Nadó hacia él.
—Hola, guapetón —dijo ella.
—Ho-Hola.
—Veo que a las chicas en clase las has dejado muy satisfechas... —empezó a decir—. Y me preguntana... si podrías satisfacerme a mi también... —añadió con ojos suplicantes.
—¿A-Aquí? —dijo él, muerto de vergüenza.
—Claro. Mira...
Y señaló donde estaba la chica rubia, que ahora estaba siendo embestida por su compañero de clase. Sus gemidos empezron a hacerse audibles, y rebotraban contra las paredes de la piscina. Yumi alargó la mano: había dejado un preservativo cerca del borde de la piscina antes de tirarse.
—¿Te apetece? —dijo ella, sujetando el envoltorio con los labios.
Jeremy agarró el preservativo, listo para ponérselo y ceder a los deseos de aquella japonesa.
He aquí la idea. Al igual que "Boys", tengo intención de hacer saga de esto. Alternando con otros one-shots, por supuesto. Pensé en hacer algo más largo, como el especial de navidad, pero prefiero que me digáis que tipo de "clases" os gustaría ver en esta escuela tan particular ;) Y antes de que se haga la petición, tranquilos los fans del yaoi y el yuri, que habrá clase de eso también :P Domingo, CLR. Con una aparición muy especial... ¡Lemmon rules!
