Al final sí, ha habido capítulo hoy xD Una petición que recibí y debía atender. Como tantas otras, pero dadme tiempo, sólo soy un humano. Y sabéis que doy más prioridad a la historia del acuerdo (aunque los one-shot me permiten explorar otras cosas, algo que necesito de vez en cuando). Pero bueno, creo que el resultado de este, os va a gustar. Espero que al menos, tanto como el de "Sexcuela".
Lin-FA.L.L.Y: Los capítulos extraños están bien de vez en cuando. Continuaré escribiendo continuaciones, y me anoto tu idea para esa clase ;) PD: Sigo esperando que publiques algo ;)
Moon-9215: Impaciente xD Ese es el de hoy ;) Que tenía esa idea antes de la de Yolanda.
Usuario865: Habrá saga de "Sexcuela", pero poco a poco. Tengo pendiente el quinto de "Boys", continuación de Jeremy y Aelita como reyes de Francia... ¡me pedís muchas secuelas! xD Me anoto lo del punto de vista ;)
zuole: Creo que todos hemos buscado en Google una escuela así :P Vale, no, pero molaría. Guardo la idea para próximos capítulos. Aunque... ya sabes lo que me ocurre con ciertas "categorías" de sexo xD
lalo101097: Pues me alegra que te gustara. Pero yo tampoco tengo un máster en ese tipo de cosas, por eso pregunto qué os gustaría ver :P Comunicaré a mi amiga que tampoco te cae en gracia Sam. Y claro que no tengo esos pensamientos xD Ya veré lo que pasa con Odd, que necesita hacerse humorista :P
carlosjim04: Sí, antes o después debía ocurrir algo así xD Ya veremos a quien les ocurre :P
Alejito480: Sin riesgo, no hay victoria, y me alegra que te gustara. Ya haré las secuelas ;)
Turismo
La Columna de la Victoria se veía impresionante. Yolanda Perraidun, enfermera en una escuela europea de prestigio, disfrutaba de sus vacaciones de verano. Había decidido ir a varios destinos, y había empezado por uno que tenía pendiente en su haber desde su niñez: Alemania.
—Esto es impresionante —dijo Yolanda, que veía el monumento detrás de sus gafas de sol—. Pese a la historia que tiene, es una vista hermosa...
—Igual que usted.
Yolanda se dio la vuelta y se topó a un joven. Debí tener menos edad de la que aparentaba. Un chico bastante guapo en su opinión, de pelo castaño, pose segura, con una intensa mirada. La observaba como si estuviera fascinado por ella. Ella se sonrojó un poco. Caray con el muchacho.
—Hola —saludó—. ¿Eres de por aquí? —le preguntó.
—Sí —afirmó el chico—. Al contrario que usted. Aunque domina bien mi idioma.
—Gracias —respondió ella, halagada—. Me llamo Yolanda.
—Ulrich —se presentó él.
—¿Te puedo pedir un favor? Estoy de turismo pero no me conozco bien la ciudad. ¿Podrías hacerme de guía? Te pagaré bien.
—Por supuesto —afirmó él—. Si hace a bien a acompañarme...
Yolanda siguió al joven por la ciudad. Fue un agradable paseo, y el chico sabía de la Historia de su país. Le encantó caminar. Ella se ofreció en invitar a comer, en un restaurante no excesivamente caro recomendado por el chico. Era un joven muy encantador. El por su parte parecía disfrutar de su compañía.
A la caída de la noche, llegaron a la habitación que ella se había alquilado para los días que iba a estar allí.
—Me lo he pasado genial, Ulrich —dijo ella—. Mañana querría visitar Munich, y como me voy al día siguiente... Me gustaría que me acompañaras también. Es decir, si te apetece.
—Será un placer —asintió él, son una sonrisa.
—Esto por la gran ayuda que me has proporcionado hoy —le dijo, y sacó una interesante cantidad de euros de su bolso. El chico se cortó un poco antes de aceptar el dinero y guardarlo en el bolsillo de atrás de su vaquero.
Y en ese momento recibió un beso de la mujer. En los labios. Yolanda se apartó un momento, le miró como si se disculpara, y le volvió a besar. Esta vez Ulrich no se amedrentó y correspondió el beso. Aquella mujer era preciosa y tenía un cuerpazo. Y si a ella le apetecía... ¿iba a ser el tan tonto como para negarse? Ni hablar.
Yolanda, que se sentía como una adolescente traviesa, tomó a Ulrich por la muñeca y le llevó al dormitorio. Ambos se despojaron de la ropa. Ulrich se quedó paralizado al ver a aquella diosa en sujetador. Ella sonrió y aprovechó para tomar ventaja sobre él y tumbarle sobre la cama. Volvió a besarle, y probó el sabor de su cuerpo. Acarició el cuerpo del chico y lo fue lamiendo. Sus manos llegaron antes que sus labios la entrepierna del chico, liberándole de la presión del pantalón. Sintió en su mano la erección de Ulrich, y sonrió.
Tiró hacia abajo del bóxer. Increíble con el joven. No lo dudó antes de llevarse ese miembro a la boca y lamerlo con ganas. Ulrich sintió un espasmo de placer, una ola de calor recorrió su cuerpo, cuyo epicentro estaba en su virilidad. Yolanda debía estar consumada en relaciones sexuales anteriores por la maestría que demostraba. Era muy buena. Se había excitado muy rápidamente (como ella buscaba) y su eyaculación se produjo en apenas unos minutos.
Yolanda no parecía decepcionada. Al contrario, sonrió y se preparó para el segundo asalto. Se quitó la falda y se tumbó en la cama, en sujetador y bragas, para que Ulrich siguiera su instinto sexual. Ulrich gateó sobre ella y se deshizo de su sujetador. Empezó a masajearle una teta mientras lamía la otra, con empeño. De inmediato le encantaron aquellos perfectos pechos. Siempre había oído lo bueno que era el sexo con mujeres maduras, y ahora lo estaba comprobando de primera mano.
Ella se retiró las bragas, y Ulrich pudo contemplar su pubis, igual de perfecto que sus pechos, sin un sólo pelo, rosado, y como comprobó al acariciarlo, húmedo por la excitación. Era una mujer más que perfecta. Era pluscuamperfecta. Yolanda, estiró la mano, y sacó algo de debajo de la almohada: un preservativo. Siempre dejaba uno en ese sitio, incluso cuando viajaba. Ulrich se quedó quieto mientras ella se lo ponía con mimo. Cubierto por la goma, su pene se deslizó en las profundidades de Yolanda.
Ella gimió. Sí, eso estaba muy bien. El joven tenía energía. Eso era lo que le encantaba de ellos. Se movía con fuerza, con ganas, y la arrancaba placer a base de acometidas. Pensó que iba a terminar rápido, pero el orgasmo previo aumentó el aguante del muchacho. Ella misma estaba muy caliente. Empezó a gemir el nombre de Ulrich, suplicándole más. Llegó a su clímax justo un momento antes de que Ulrich se corriera por segunda vez.
—¿Te quieres quedar a dormir? —propuso ella—. Así... no tendrías que venir mañana.
—¿Seguro? —preguntó él—. ¿No... no sería un agobio o...?
—Te lo estoy ofreciendo —dijo ella con una sonrisa.
Se metieron por debajo de las sábanas y él se acomodó la cabeza entre los pechos de la chica. Yolanda le pasó un brazo por encima. Dormir con un novio... Le agobiaba. Pero con aquel joven amante... Y lo mejor era que no tenía nada de remordimientos. Estaba segura de la edad del chico, pero no dijo nada. Prefería que se quedara ese dato en el olvido.
Al día siguiente fueron a Munich, en la misma forma que el día anterior, turismo por la mañana, y extraordinario sexo por la noche. Ulrich durmió con ella por segunda noche consecutiva, pues ella se iría por la mañana, y no hubo ningún pago por la ruta turística. Ya eran amigos. Con derechos.
—¿Y donde irás ahora? —preguntó él, con cierta amargura por perder a semejante mujer.
—A Italia me dirijo —respondió Yolanda, mientras le acariciaba el torso—. ¿Podemos hacernos una foto? Así... en la intimidad.
Ulrich accedió en el acto. Yolanda sonrió con malicia. Estaba segura de que en algún momento querría volver y repetir con aquel chico. Y esperaba que aprendiera nuevas cosas en su ausencia. Iba a tener tiempo para ello. Se intercambiaron los teléfonos y el correo electrónico antes de despedirse.
El avión aterrizó unas horas más tarde en Roma. Italia era otro de los destinos que Yolanda tenía en su haber. Y por la mañana tenía intención de visitar Pisa. Debía ver con sus propios ojos la famosa Torre. Miró en su cámara digital la foto con Ulrich. Ay... debí haberle traido conmigo, pensó. Afortunadamente, tenía un "sustituto" en su maleta para aquellas ocasiones.
Por la mañana alquiló un coche y se dirigió a ver la Torre de Pisa. Se topó con un montón de turistas, todos ellos intentando hacerse una foto, como si estuvieran empujando la torre. Agitó la cabeza. Qué originales eran todos.
—Qué originales sois todos —dijo alguien en ese momento.
Yolanda se fijó en un joven rubio, con el pelo de punta, que miraba el panorama con aire de tristeza. Se acercó a él.
—¿Eres de aquí?
—¿Tanto se me nota? —dijo él—. Estoy un poco cansado de las tonterías estas de la gente. Yo sí que fui original al hacerme la foto. Mire.
Sacó su teléfono, buscó en la galería y se la mostró. Yolanda no pudo evitar reirse: Odd se había hecho la foto como si la Torre de Pisa fuera su miembro. Odd sonrió, y por primera vez se fijó detenidamente en ella. Se puso un poco colorado.
—Pues sí, muy original. Mi nombre es Yolanda. ¿Y el tuyo?
—Odd. Un placer conocerla —respondió él.
—De acuerdo, Odd. Mira, estaré por Italia un par de días de turismo. Y no me gustan las agencias de viajes, prefiero que alguien de la zona me haga de guía. ¿Serías capaz tú de hacerlo?
—Siempre es un placer ayudar a una dama en apuros —dijo Odd, sacando pecho—. Estaré encantado de guiarla.
Yolanda sonrió, y la aprte lasciva de su cerebro de activó. ¿Podría aquel guía sustituir a Ulrich durante su estancia en aquel país? Sólo había una forma de averiguarlo. Odd resultó no ser un guía turístico tan bueno como Ulrich, pues no le interesaba mucho la historia y el arte. No obstante, tenía una faceta muy divertida que la encantó. Y esta noche lo vamos a pasar mejor... espero, pensó ella.
Tras una genial comida en el mejor restaurante de la ciudad, continuaron de turismo. Odd continuó comportandose como un caballero hasta la noche, bajo la excusa de "podrían aparecer los ninjas asalta-tías-buenas para atacarla".
—Me he sentido muy segura gracias a ti —dijo Yolanda.
—Me alegra que le haya gustado mi compañía —respondió Odd—. Y si mañana va a ir a otro sitio, me encantaría acompañarla.
—Por supuesto —dijo ella, y el mismo impulso que la llevó a besar a Ulrich la obligó a hacerlo de nuevo con Odd. Este se abrazó a ella de inmediato.
—Llevo todo el día deseando que algo así ocurriera... —dijo él.
Y volvieron a besarse. Corrieron al dormitorio para desatar su pasión. Yolanda se retiró la camiseta en el tiempo que Odd se deshacía de la suya. Y de su pantalón, y su bóxer. Qué joven tan precoz... me encanta, pensó ella. Se acercó a él, pero este la instó a sentarse en el colchón. Ella abrió mucho los ojos cuando Odd le fue quitado la ropa, le separó las piernas y besó sus piernas, por los talones, subiendo lentamente, hasta alcanzar su zona más íntima.
Su lengua exploró su sexo lentamente. Yolanda jadeó. ¿Dónde había aprendido el chico a hacer... esas maravillas en su intimidad? Odd se detuvo un momento para desabrocharle el sujetador, la tumbó en el colchón y manoseó sus pechos mientras volvía a devorar su sexo. Una de sus manos se movió hacia su miembro y empezó a masturbarse mientras seguía dando placer a aquella despampanante mujer.
—Odd... espera... —gimió ella—. No te canses... así...
Esa misma mañana había dejado el preservativo de rigor bajo la almohada. Se lo indicó, y Odd cabalgó por la cama hasta llegar al profiláctico. Abrió el envoltorio y se lo puso con gran maestría. Él se sentó y Yolanda fue hacia él, sentándose sobre sus piernas y siendo invadido su sexo por la erección de Odd.
Él la sostuvo por la cintura, acometiéndola poco a poco. Ella gemía de nuevo. No era tan rápido como Ulrich, pero era igual de placentero. ¿Por qué comparas justo ahora?, pensó ella,y haciéndose caso, eliminó todo pensamiento no placentero de su mente. Jadearon. Yolanda estaba perdiendo la cabeza. Odd gruñó y se desató su orgasmo, aunque aguantó lo justo para que ella también llegara al placentero momento cúlmine.
Yolanda nuevamente permitió a su fugaz amante que pasara la noche con ella, algo que Odd hizo de buen gusto, lamiendo sus pezones lentamente hasta que se durmió. Ella se quedó reflexionando. En su trabajo había tenido que tratar a varios jóvenes como Ulrich y Odd, y nunca había tenido el impulso de acostarse con ellos. Incluso cuando había tenido que mirarles en sus partes íntimas. Pero ahora tenía ganas de cometer esa locura. Esos jóvenes la estaban llenando como pocos hombres antes lo habían hecho.
A la mañana siguiente hubo otra sesión de turismo por la zona. Yolanda estaba encantada con aquel viaje. Esa noche volvió a tener ardiente sexo con su amante italiano, de la cual se llevó dos estupendos orgasmos, así como otra fotografía. Tenía intención de imprimirla en su casa.
En el aeropuerto, Odd preguntó a Yolanda cual sería su siguiente destino.
—Voy a ir a Francia —respondió ella, lamentando no poder estirar su estancia allí.
—¡Francia! En ese caso... —Odd sacó un papel de su bolsillo. Anotó varias cosas en él—. Mira, este es mi número y mi e-mail. Y este teléfono —señaló una cifra— es el número de un amigo que tengo allí. Es lo más inteligente que puedes conocer, si buscas allí también un guía... hablaré con él para que esté atento.
—Gracias —respondió ella, y al verificar que nadie les prestaba atención, le dio un fugaz beso en los labios.
Yolanda se pasó gran parte del vuelo leyendo el papel que había recibido de Odd. Se preguntó cómo sería ese amigo suyo. Y si habría alguna posibilidad de que se convirtiera en uno de sus amantes. Esa idea le gustó. Le gustaba saber el éxito que estaba teniendo.
La mañana de su llegada a París contactó con Jeremy. El chico tenía una voz seria, pero había sido informado por Odd de su llegada, y quedaron en un sitio que, por la localización que Yolanda le había dicho que tenía, cerca de la habitación que había alquilado.
La mujer sonrió al ver a Jeremy: era un chiquillo de la misma edad que Ulrich y Odd, presumiblemente. También rubio, pero peinado formal. Parecía muy modosito, aspecto que reforzaban las gafas que llevaba. Se preguntó qué tal sería la cosa con él. Jeremy estaba sonrojado cuando la vio. Odd no le había contado que la "amiga" que iba para Francia era una mujer espectacular.
Sin embargo, estuvo tranquilo todo el tiempo. Yolanda en seguida se dio cuenta de que el joven le gustaba. El chico era un pozo de sabiduría, y aunque a veces se le escapaba alguna frase en tono pomposo, por lo general se le veía humilde y muy aplicado mientras visitaban la torre Eiffel. Yolanda estaba deseando que cayera la noche.
Pero sus planes se retrasaron, pues Jeremy insistió en que salieran a dar una vuelta por la ciudad de noche, un espectáculo que Yolanda agradeció. Era una vista preciosa. Le encantó aquella ciudad iluminada nocturna. Era un paisaje mágico a su vista.
—Espero que no te hayas cansado —se disculpó Jeremy cuando llegaron a la casa alquilada de Yolanda—, pero pensé que te gustaría ver la ciudad a estas horas.
—Me ha encantado —aseguró ella—. Muchas gracias, de verdad —añadió con una sonrisa.
—No ha sido nada —respondió él—. Ya me has dicho que te vas pronto, pero hay un par de sitios que me gustaría enseñarte mañana, si te parece bien.
—Me parece estupendo. Y ahora... yo también tengo algo que quiero que veas.
Y le atrajo hacia ella y le besó. Sintió calor desprendiéndose del rostro de Jeremy, pero no se detuvo hasta que tuvo la necesidad de recuperar el aliento.
—Yo-Yolanda... ¿Qué...?
—Escucha... esto te puede parecer una locura... pero estoy sintiendo una atracción muy fuerte por ti... Quiero pasar las noches que esté aquí contigo... Por favor.
Jeremy asintió lentamente. Luego caminaron hacia el dormitorio. Ella le miró con ternura, era tan tímido. Le indicó que si quería, podría quitarle la ropa primero, y que juzgara si le gustaba lo que veía. Él accedió, y empezó a desnudarla. Intentó hacerlo con soltura, y pudo comprobar, según caían las prendas, el perfecto cuerpo de la mujer. Se quedó boquiabierto mientras ella hacía lo mismo con él, con la diferencia de que ella manoseaba las partes de su cuerpo que quedaban descubiertas.
Dado que ella terminó de rodillas frente a él, se le ocurrió una idea para comenzar. Rodeó con sus pechos el pene de Jeremy, y empezó a masajearlo. El se puso más colorado todavía, mientras ella disfrutaba de las expresiones de placer del chico. Era lo mejor. Sacó la lengua, y lamió la cabeza de su miembro. Esto dinamitó el orgasmo del chico.
Se quedaron sobre la cama a continuación. Yolanda pidió a Jeremy que le diera placer con sus dedos mientras su miembro se erguía de nuevo, y él aceptó. No le importaba seguir sus instrucciones. Ella acarició su pene de nuevo antes de ponerle el preservativo. Jeremy la penetró. Fue un coito más lento que los que había tenido antes, pero placentero por igual. El chico la llenaba. Suspiró. Qué buenas vacaciones estaba teniendo. Puso sus manos en el culo de Jeremy para ayudarle a empujar un poco más. Poco a poco el ritmo creció hasta que sus orgasmos dinamitaron el dormitorio.
Jeremy concilió el sueño deprisa aquella noche, y se sorprendió cuando, al despertarse, Yolanda estaba usando su pelvis como almohada, peligrosamente desca de su miembro, que siempre amanecía en erección. Más tarde ese día aparentaron ser dos personas normales, y la llevó a sus rincones favoritos de la ciudad, antes de entregarse a otra noche de desenfreno y locura.
—¿Puedo preguntarte... por qué haces viajes tan breves? —tuvo curiosidad él, mientras se masturbaban y besaban antes de consumar.
—Hay una parte de mi viaje que es más lejos. Mañana voy a Escocia y luego, a Japón. Y no me llegaba el dinero para estancias largas. Preferí poder verlo todo. Soy una ansiosa... —y dicho esto, se dispuso a llevarse el pene de Jeremy a la boca.
Jeremy intercambió con ella el correo electrónico (el número ya lo tenían gracias a Odd) y se despidió con ella en el aeropuerto. Yolanda deseó que se pudieran ver de nuevo, pero otra parte de ella deseaba comprobar si otro fogoso joven la estaría esperando en su nuevo destino.
Su respuesta se hizo presente al visitar el Castillo de Fraser. Siendo un día laborable, había poca gente por allí. Le echó el ojo al joven guía, que atendía al nombre de William, y le hizo una elaborada visita por el castillo. Quedó impresionada por la magnificiencia de la obra. William tenía un fuerte acento inglés cerrado, pero habló con él con soltura.
—Me ha encantado la visita —dijo ella, cuando estaban echando el cierre—. ¿Trabajas mañana? —le preguntó.
—No, mañana es mi día libre —respondió él.
—En ese caso, te invito a cenar. Mañana quiero conocer más cosas, y me iría bien conocerte, porque necesito un guía.
William no dudó en aceptar la invitación de aquella mujer. Le inspiró confianza. De forma que fueron a cenar a un distinguido restaurante. William en seguida la encandiló por sus conocimientos de poesía. Por cómo hablaba, entendía que fuera guía de castillos, a pesar de su edad (como averiguó, sólo un año mayor que sus amigos de Alemania, Italia y Francia), pero pensó que podía llegar a mucho más en la vida.
Casualidades de la vida hicieron que William viviera en el piso de enfrente al que Yolanda se había buscado. Y esa noche sus padres, como le dijo mientras la invitaba a tomar algo, estaban ausentes por motivos de negocios. Rieron mientras charlaban un poco. Yolanda le explicó algunas cosas de su trabajo con él.
Llegada cierta hora, William mencionó que se hacía tarde. Yolanda se decepcionó un poco. Eso significaba que ese chico iba a ser la excepción de us viaje. Y eso lo pensó antes de recibir un beso del joven en los labios.
—Perdona mi atrevimiento... —dijo él—. Pero me estás volviendo loco... Tenía que besarte... Estás produciendo un deseo en mi irrefrenable que...
—Sólo te diré una cosa... ¿tienes preservativos?
Tiempo le faltó a Yolanda para volver a besarse con él cuando supo que tenía. Volaron al dormitorio del chico. Se desnudaron rápidamente antes de besarse y restregar cuerpo contra cuerpo, lascivos. William empezó a acariciarle las nalgas a la mujer. Separó sus nalgas y un dedo se aproximó hacia su agujero.
—¿Quieres mi culo? —preguntó ella. William respondió afirmativamente—. Pues es todo tuyo —dijo, dándose la vuelta, y apoyándose en la pared para permitirle que la tomara.
Él la dilató un momento antes de deslizar toda su virilidad en su culo. Yolanda gimió. No se lo confesó, pero nunca había tenido sexo anal. Dolía, pero no quería que William se detuviera, y este no lo hizo. Muy por el contrario, bombeó con ganas en su trasero, hasta que vació su primera carga.
A continuación, haciendo alarde de aguante, se puso uno de los preservativos. No había perdido la erección, de forma que pudo tomar a Yolanda qcomo le apetecía: con la mujer en la pared, teniendo cuidado de no dañarla, pero dándo todo lo que tenía. Ella pensó que iba a perder la cabeza. Sentía ese pene, algo mayor que los que había probado esas vacaciones, dentro y fuera de ella, llevándola a un orgasmo brutal, seguido del de él.
Por la mañana William la llevó a hacer turismo, y no dudó en aprovechar cada momento que tenía para meterle mano. Ella, lejos de molestarse, le agradó que lo hiciera por alguna razón. Esa noche volvieron a temblar las paredes de la casa de William, con un coito en el sofá de la casa. Grandioso para ambos.
Yolanda viajó dispuesta a comerse Japón al día siguiente. O más bien, a un japonés. Para lo cual, visitó su primer día allí la zona más transitada. Tokyo. Una metrópolis increíble. Caminó por las calles, vio un montón de cosas y costumbres que la dejaron fascinada. Pero muy al contrario de sus deseos, no encontró un joven que satisfaciera sus necesidades sexuales. Tendré que sacar hoy mi juguete, pensó ella, mientras se encaminaba al hotel de vuelta.
Pero a la que volvía, se topó con algo que la interesó. Un centro de masajes. Le iría bien uno, después de los días que llevaba. Entró, y miró la lista. Pidió la sesión con un tal Hiroki. Unos minutos después, la hicieron pasar.
Se sorprendió al ver quién era Hiroki: un chico que con toda probabilidad era más joven que Ulrich y los otros dos. Pero... bien pensado, ¿qué mas daba? Si solo iba a hacerse un masaje. Hiroki la indicó que se quitara la ropa, algo que ella hizo con ganas. Pareció no inmutarse con el cuerpo de la mujer.
Pero cuando empezó a masajear, no había dudas de qe se equivocaba. Aunque era profesional, el chico no evitaba tocar en las zonas más erógenas, y se entretuvo un largo rato en las nalgas de Yolanda. Cuando la dijo que se diera la vuelta, ella obedeció.
—Quítate la ropa también... —dijo Yolanda—. Y te dejaré... que disfrutes de mi cuerpo.
—Esto es regalo de la casa —respondió Hiroki, mientras se desnudaba y se ponía encima de ella.
Por instinto, su posición les hizo practicar una felación mutua, un 69 encima de la camilla de masajes. Sus lenguas jugaban con el sexo del contrario como querían. Eso estaba muy bien. Hiroki empleó sus dedos además de su boca para excitarla, algo que logró hacer y lograr su clímax. Aunque intentó evitarlo, Yolanda también hizo que él se corriera.
—Espero que aún tengas energía... mira en mi bolso, hay preservativos... —dijo ella, mientras separaba las piernas. No le importaba echar un polvo "frío", como llamaba ella a los coitos que tenía por capricho, como había ocurrido en ese momento, sin saber antes nada del joven.
Hiroki siguió sus instrucciones, y se puso el condón antes de trepar a la camilla y penetrarla. Movía sus caderas rápidamente. Yolanda sentía que era una ejecución perfecta, aunque se sorprendió de que el chico no se mostrara más pasional. Misterios de Japón, se dijo, mientras se dejaba hacer por el chico antes de llegar al punto cúlmine.
En lugar de repetir con él al día siguiente en el mismo sitio, hizo turismo por la mañana en Kyoto, y por la noche pidió un "masajista a domicilio". En la habitación que ella tenía, Yolanda pudo saber un poco más del joven y sus motivos para trabajar así antesde someterse a un sesión de sexo algo más íntima que el día anterior.
Yolanda volvió a su casa plenamente satisfecha tras las vacaciones. Iba a pasarse el resto de los días sin ir a ningún sitio fuera de su ciudad, pero le daba lo mismo. Iluminó su pared con las fotografías de Ulrich, Odd, Jeremy, William e Hiroki, y debajo una nota que rezaba "Mis mejores amantes". Tuvo encuentros con otros hombres, pero ninguno la llenó plenamente. Muy por el contrario, se dedicó más a tener conversaciones por mail y videollamada con sus amigos, incluyendo escenas subidas de tono para excitarse mutuamente.
Cuando iba a empezar el nuevo curso, pensando que aquello debía terminar, recibió una sorpresa. Había nuevos matriculados en la escuela aquel año y debería hacerles un chequeo médico antes del inicio de las clases. Su corazón palpitó y saltó de alegría al leer los nombres de cinco de los nuevos alumnos... Sus amantes y ella iban a estar en el mismo espacio. Y eso sólo la dio ganas de que empezara el año, uno que iba a ser el mejor de su vida.
¿Qué os ha parecido? Fue Moon-9215 quien dio la idea para este... y espero haberlo hecho bien xD Inclyendo ese final para que Yolanda siguiera disfrutando de sus amigos. Espero que no os haya escandalizado xD Y si alguno dice "¿Cómo Hiroki trabajaba haciendo masajes?" pues... es un fic erótico, la lógica de vez en cuando me la puedo saltar :P Espero que os haya gustado, y ya estoy terminando el capítulo de este domingo de CLR. Nos leemos allí. Lemmon rules!
