Buenas a todos. Un miércoles más, os traigo un capítulo de Code:Lemon. Lamento decir que las próximas semanas no serán frecuentes. Me ha salido un nuevo curso para estudiar por las tardes, de forma que... entre que me da por cumplir las funciones vitales (comer, dormir, hacer lo que toque) y el estudio, me quedo sin tiempo para actualizar este fic con tanta frecuencia. En parte he querido actualizar por ese motivo, ya que próximamente no habrá tanta actualización. CLR, dado que publico en fin de semana, tendré más tiempo.

betico18: Yo soy más de yuri que de yaoi xD Pero escribo para todos los gustos, no siempre puedo agradar a todos con la gran cantidad de posibilidades que hay para escribir. Ya haré más capítulos de la escuela ;)

Usuario865: La foto de Odd con la torre la vi en un Twitter real :P Me alegra que te gustara. Aunque nos ocurre lo mismo, las partes de todo tíos tampoco son lo mío xD ¡Saludos!

carlosjim04: Pues espero que te guste este ;)

lalo101097: Paciencia con esas segundas partes xD Que se acumulan las cosas que escribir pero sólo puedo teclear en una historia cada vez xD Lástima que allí se dejara de emitir. Aquí la única que no ha llegado ha sido Evolution. Del capítulo, sí, pensé hacer una mezcla de humor y sexo... y salió eso xD ¡Saludos!

Moon-9215: Me alegra que te gustara ^^


Profesor

Yumi se levantó por la mañana de pronto. Aún quedaba un rato para que sonara el despertador. Por dentro, se sentía sucia. En su mente tenía grabadas a fuego las imágenes de las últimas semanas. Una situación que creía que podría controlar, pero que al final le había pasado factura cuando se le fue de las manos.

Había tenido sexo con los profesores para garantizar que aprobaría. Y aunque había logrado remontar hasta el punto de volver a aprobar a base de estudiar y no sobornándoles, su problema se había traducido a un solo profesor: Jim. El corpulento profesor de educación física se había alarmado, y resultaba tan insistente que Yumi no podía decirle que no (en parte porque lo que tenía de grande lo tenía de bueno en la cama también) aunque no dejaba de sentirse chantajeada. Si alguien se enterase a Jim le podrían encerrar en la cárcel incluso, pero parecía que no se daba cuenta.

Miró el reloj. Mejor si se iba vistiendo. Además, ese día a última hora tenía precisamente educación física. Y entonces se acordó: ese día irían a la piscina. Lo que necesitaba: provocar a Jim sin pretenderlo. Por algún motivo, no estaba convencida de que su profesor no intentaría nada. A pesar de que tendría otros 29 alumnos mirando. ¿Eso le excitaría acaso?

Como suele ocurrir en estas circunstancias, el momento que Yumi menos le apetecía llegó antes de lo esperado. Se encaminó a los vestuarios de la piscina con sus compañeras y se puso el bañador. Agradeció que la tapara entera (bañador obligatorio del colegio). Un bikini podría ser demasiado.

—Buenos días, Ishiyama —saludó Jim, evaluando el aspecto de la chica.

—Ho-Hola, Jim… —respondió ella. Mierda, ¿por qué no se daban más prisa los demás?

—Me encanta verte de bañador. Te queda genial.

Ella se hubiera sentido halagada en otras circunstancias. Pero aquel idiota parecía no darse cuenta de lo inapropiado que resultaba que le dijera aquello. Agradeció cuando salieron los demás. Caminaron en grupo hasta llegar a la piscina. Por dónde se situaron, dedujeron que iban a hacer largos.

—Vais a hacer largos —confirmó Jim cuando hablaba. Todo el mundo atento a las carreras. Tenéis cinco carriles, así que correréis de cinco en cinco. Una vez hayáis terminado todos, hacéis otra sesión, y luego, otra más.

Yumi fue en el primer grupo. Observó a William en el último carril, y casi deseó ser con él con quien estaba engañando a Ulrich. Sonó el silbato y saltó al agua. Ganó a todos sus compañeros por más de un minuto de ventaja.

—Pssss. Yumi —susurró Jim, que estaba sentado detrás de la multitud de alumnos.

Empapada, se acercó a él. Los demás estaban mirando la "competición", aunque realmente no era una carrera. Parecían absortos. A Jim no se le escapó que con el agua, los pezones de Yumi habían quedado perfectamente remarcados.

—¿Qué quieres?

—Necesito… aliviarme —le dijo él.

—¡¿A ti se te ha ido la cabeza?! —dijo ella, dominándose por no gritarle y llamar la atención.

—Por favor… —respondió Jim, en un tono que sonaba más a súplica que a una orden autoritaria.

Quizá fue ese el único motivo por el cual, ella accedió. Se situó de pie, al lado del profesor, mirando hacia su grupo, y su mano llegó hasta la entrepierna de Jim. Localizado su pene, empezó a magrearlo y excitarlo con la mano. Estaba en tensión, y se detenía cada vez que alguien podía girar la cabeza y verles. Pero Jim lo estaba disfrutando.

Se apresuró cuando su fila terminó la primera vuelta y empezó la segunda. Intentó distraer la mente, pero en cierto modo, el morbo de la situación la había excitado. ¡Quítate eso de la cabeza y nada!, se reprendió a si misma. Estaba muy molesta también.

Cuando salió del agua, fue directamente al lado de Jim, y una vez más al verificar que nadie estaba atento a ellos, volvió a manosear su miembro por encima del bañador. Lo tenía erecto ya. Jim correspondió esta vez tocándole el culo.

Terminada la clase, todas fueron para el vestuario. Con una excepción: Yumi. Por un lado, estaba excitada. Por el otro, enfadada. Y en cuanto la puerta del vestuario se cerró, no pudo evitar darle una bofetada a Jim.

—Que sea… la última vez… que vuelves a pedirme algo así…

Un momento después, se temió lo peor: una reacción violenta de su profesor. Pero en lugar de ello, creyó que al profesor se le humedecían los ojos.

—Lo siento… Lo siento, me lo merezco.

Eso la había desarmado. ¿Qué diablos le ocurría ahora?

—¿Vas a llorar?

—¿No debería acaso? —dijo él—. Me he convertido en un monstruo… Desde que empezó esta tontería… al principio me gustaba… Luego me empezaste a gustar… y lo sé, me he obsesionado mucho contigo.

—Por lo menos lo reconoces —dijo ella. No iba a dar muy pronto su brazo a torcer.

—Escucha… si quieres dejarlo, adelante. Si quieres contarlo, adelante. Lo que me ocurra me lo habré buscado.

—No seas tonto. Tampoco me apetece meterte en un lío —dijo ella—. Simplemente necesito espacio. Ulrich en cualquier momento se lo puede sospechar.

—Dejémoslo entonces.

—No puedo —dijo Yumi—. No sé si te lo habrán dicho antes, pero eres un amante muy bueno. No puedo renunciar a esto ahora… pero tampoco dejarlo todo.

Se acercó a él. Por algún motivo, le rodeó con los brazos.

—Podemos seguir esta aventura… hasta que termine el curso… siempre que no tengamos problemas. Y quiero que mi opinión cuente más.

—En ese caso, haremos una cosa: no voy a pedirte nada. Volveremos como al principio, y serás tú quien venga a mí cuando considere. ¿De acuerdo?

A Yumi le gustaba aquello. Sentía que tenía la situación más controlada así. Y entonces ocurrió algo que no esperaba. Jim la besó. Las pocas veces que había ocurrido antes, habían sido besos lujuriosos, desatados de pasión. Ese parecía más limpio. No le preguntó a qué se debía. Simplemente decidió resolver el otro asunto que tenía pendiente con él.

—Estoy viniendo hacia ti —susurró ella.

Jim la levantó entonces y la situó sobre el gran banco, que era bastante cómodo. Yumi se dio la vuelta para permitirle bajarle la cremallera del bikini. Ella volvió a girar, y Jim tuvo la precaución de no quitarle la húmeda prenda muy deprisa. Masajeó el cuerpo de Yumi mientras le bajaba el bañador, y luego empezó a recorrer su cuerpo con la lengua.

A continuación le separó las piernas. Yumi supuso que él no podía resistir más las ganas de penetrarla. Pero fue una sensación diferente y cálida la que sintió en su sexo. Tardó unos momentos en darse cuenta: Jim estaba lamiendo su sexo. Lo hacía lentamente, con dulzura, mientras le acariciaba las caderas. Cuando su lengua se deslizó hacia dentro, no pudo contener un gemido.

—¡Jiiiim!

El profesor parecía aislado a sus palabras. Simplemente se limitaba a darle placer. Egoístamente, siempre había esperado a que ella hiciera los trabajos orales y ahora la iba a compensar. Y no sólo por eso, sino porque según le practicaba sexo oral, le empezaba a gustar hacerlo. Ese tono rosado, esa piel perfectamente rasurada, sin un rebelde pelo, le estaba volviendo loco. No le resultaba desagradable ("Tiene que tomarse muy en serio su higiene íntima"), y probó, como había visto en algún video, a introducirle un dedo en su sexo mientras le daba sexo oral.

El resultado fue una Yumi que empezó a retorcerse por el placer. Afortunadamente el tenía las manos firmes para controlarla. Ella, que sentía que se le nublaba la mente, llevó una mano a la cabeza de su profesor. Entendiendo que lo estaba haciendo bien, se animó a mover la lengua un poco más rápido, detonando así el orgasmo de la chica.

—Joder, Jim… —suspiró ella mientras se recuperaba. El profesor masajeaba su torso para que no entrara en frío—. Ha sido… increíble.

—Te lo merecías —comentó él—. ¿Y ahora? ¿Vamos a seguir? ¿Te apetece que paremos?

—Y un cuerno vamos a parar… —dijo Yumi con malicia—. Es hora de que te devuelva el favor…

—No tienes que…

—Una cosa es —le cortó ella— que no me apetezca que me acoses. Otra es que no me guste que lo hagamos —se incorporó y empezó a acariciar, esta vez con ganas, el miembro de Jim por encima del bañador—, y es lo que vamos a hacer.

Y le retiró la prenda. Tiró hacia abajo, liberando al "pequeño Jim", como a ella le hacía gracia llamarlo. Aunque de pequeño no tenía nada. Iba en proporción al cuerpo de su profesor. Sonrió traviesa, y tras lanzarle una provocativa mirada, empezó a lamérselo. Con ganas, devorándolo, disfrutando de aquello. Masajeó la parte más baja de la erección de su profesor mientras, lentamente, se la introducía por completo en la boca. Jim gruñó. La pequeña era increíble para el sexo oral.

Ella alternó las felaciones normales con las profundas. Sintió que el cuerpo de Jim se tensaba. Este dijo que iba a terminar. Yumi no se detuvo y recibió los primeros fluidos en la boca. Luego sacó la lengua y le masturbó, recibiendo el resto de su carga entre el rostro y la boca. Se limpió la cara, excitando aún más a Jim.

Cuando se hubo repuesto llegó el round final. Pero Yumi no le iba a ofrecer su sexo en aquella ocasión. Se situó a cuatro patas, y separó las nalgas. A Jim le impactó la visión de frente del culo de la chica. Se preguntó si iba en serio.

—¡Vamos, Jim! —le apremió ella—. ¡Demuestra lo hombre que eres!

Eso era una invitación personal para él. Avanzó hacia ella, y se detuvo un momento, simplemente para dilatarla un poco mientras su pene recuperaba la erección. En cuanto estuvo a punto, se arrodilló tras ella, y apoyó su miembro en el culo de Yumi, antes de deslizarlo muy ligeramente.

—¡Hasta el final! —pidió ella con un hilo de voz.

Con cuidado, Jim obedeció y se mantuvo quieto. Yumi necesitó unos minutos para acostumbrarse a la sensación, y cuando estuvo lista, se irguió. Empezó a moverse ella, dirigiendo la penetración. Lentamente para no hacerse daño, pero disfrutándolo. Jim optó por usar una mano para estimular su sexo.

Pasaron unos grandes minutos con ella rebotando sobre su pene, y él estimulando su sexo con los dedos, y sus pezones con la lengua. Se corrieron en poco tiempo, de excitados que estaban.

—He cambiado de opinión, Jim… —dijo Yumi—. Voy a dejarlo con Ulrich.

—¿Cómo? ¿Por qué?

—No se merece que le engañe. Pero tampoco puedo renunciar a esto tan fácilmente. Si aún te interesa continuar, claro —le dijo.

—Claro que me interesa. Y me parece bien que decidas eso. Últimamente no podía mirarle a la cara en clase.

—Entonces estamos satisfechos los dos con esta situación —sonrió ella—. A ver a donde nos lleva… no olvides que no me queda mucho para cumplir la mayoría de edad —y le guiñó un ojo, dejando a Jim perplejo.


Pues espero que os haya gustado. Os leo el domingo por CLR. Lemmon rules!