Desposado

Jeremy tenía calor. Mucho calor. Los ropajes que debía llevar para el día de la coronación eran espesos y pesados. Pero era lo que estaba estipulado en el protocolo real. Y debía ser coronado el mismo día de su boda con Aelita. Había sido muy difícil conseguir que tuviera "permiso" (en sentido común dictaba que Aelita escogiera a su esposo, pero la realidad era bastante diferente) para la boda. Tuvo que aprender protocolos, modales… Irónicamente, sentía pena por la realeza. Tenían que ajustarse a demasiadas normas.

Afortunadamente no todo había sido para mal. Tenía a Aelita, y con eso se sentía realmente afortunado. La amaba y sentía que la chica le correspondía. Suficiente para él, que se sentía rico sólo por eso.

Aunque se había ganado un enemigo poderoso. El consejero real se había opuesto desde el primer momento a que las próximas nupcias de Aelita con Jeremy, e intentaba constantemente ponerle alguna traba al enlace. Todo esto sin el conocimiento de Aelita. No era tan tonto como para exponerse, y eso enfadaba sobremanera a Jeremy.

Y justo cuando se estaba vistiendo, apareció el susodicho. Jeremy gruñó para sus adentros. Con ganas hubiera apuñalado a aquel bribón y librado al mundo de su semilla. Pero el consejero tenía una actitud algo diferente en aquel momento.

—Mi señor Jeremy, tiene visita. Os esperan en el jardín trasero de palacio.

—¿De quién se trata? —preguntó Jeremy, extrañado. ¿Él visitas? Pero si ni siquiera tenía visitas. Y amigos, tampoco.

—No ha querido identificarse, pero me ha pedido que os comunique que es urgente —respondió el consejero—. Os acompaño.

Jeremy se sorprendió. ¿Esa posible que ese rufián hubiera cambiado de pronto de un día para otro? Hasta aquella fecha, sólo se había ocupado de los asuntos que concernían a Aelita. En cualquier caso, debía ir entrenando para recibir visitas en palacio, y caminó tras el consejero. Fue una suerte, pues el castillo aún se le hacía grande y laberíntico.

—Es aquí —le indicó el consejero, hasta llegar a una fuerte y grande puerta de roble. A Jeremy no le sorprendió que tuviera tal parecido a la puerta principal. Al fin y al cabo, daba al exterior, aunque fuera un patio interno, y había que resguardar el calor del interior.

Salió y recibió un baño de sol en el rostro. De pronto escuchó la puerta cerrarse. Qué extraño. Y en ese momento se dio cuenta. ¿Qué hacía una visita esperando en el patio? ¿No sería más propio hacerlo en alguna estancia del palacio?

De pronto, surgieron tres personas que estaban ocultas. Jeremy no tardó en reconocerles. El príncipe Odd, de linaje de italiano, el príncipe Ulrich, del reino germano, y el príncipe William, del imperio británico. Jeremy empezó a temer por su vida. Los tres hombres no parecían traer amistosas intenciones.

—Uno de nosotros iba a desposarse con Aelita… y en cambio ahora, lo vais a hacer vos —dijo Odd.

—Deberíais haber sabido que no íbamos a perdonarle esta afrenta tan fácilmente —añadió William, acariciando la empuñadura de su espada.

—Pero ya es hora de reclamar lo que nos pertenece por derecho propio. Francia debe anexarse para prosperar —terció Ulrich, desenvainando su arma.

—¡No podéis hacer esto! —exclamó Jeremy—. ¿Dónde queda el honor de pelear contra un desarmado? ¿Pensáis acaso que Aelita os lo perdonaría? ¡Os haría colgar antes!

—Qué poco conocéis a vuestra prometida —se mofó Odd—. No obstante, no esperéis que esto sea un combate desigual.

Y desenvainó dos espadas, tendiendo una a Jeremy, que la asió con desconfianza. Le habían enseñado esgrima, pero dudaba de que tuviera el nivel necesario para salir airoso de una contienda contra tres rivales que sin duda habían peleado con una espada desde su infancia. "Pero venderé cara mi vida", pensó Jeremy.

Fue William el primero en querer pelear contra él. Apenas estuvieron frente a frente, Jeremy grito "¡En guardia!" y William lanzó la primera estocada. Jeremy la defendió limpiamente. Volvió a atacarle. Jeremy cubrió cada uno de los ataques de William, pero sus movimientos con la espada eran demasiado amplios como para poder contraatacar. Sólo le animó el hecho de que William empezaba a gruñir y ponerse nervioso, señal de que contaba con tener una victoria más veloz.

En ese momento Jeremy se vio entre la puerta y la pared. William sonrió con desprecio y trató de clavarle la espada en el torso. Jeremy le esquivó a tiempo, quedando la espada de William incrustada en la madera. Cuando intentó liberar su arma, William recibió un corte en el brazo, provocado por Jeremy, impidiendo que pudiera continuar.

Mientras agonizaba en el suelo, Odd y Ulrich se dispusieron a pelear al mismo tiempo contra Jeremy. Este sin embargo, ya estaba más confiado. Dejando siempre que la iniciativa la tomaran sus enemigos, logró aguantar sin un rasguño. Cuando fue a ser atacado por ambos lados, se agachó en el último momento. Las espadas de Odd y Ulrich se cruzaron. Jeremy empleó la suya, desarmando a Ulrich, y situando la punta de su arma en el cuello de Odd. Les había derrotado.

—¡Jeremy! —gritó Aelita en ese momento. Había aparecido, y presenciado el final del combate. Se la veía asustada.

—¡Aelita! —respondió él, retirando su amenaza.

—He oído los choques de las espadas y he venido corriendo. ¿Se puede saber qué haces aquí? ¡Y vosotros tres! ¡EXPLICAOS AHORA MISMO O HAGO SACAR LA GUILLOTINA!

—No fue cosa nuestra —aseguró Odd—. Fue ese criado vuestro que tenéis el que se reunió con nosotros. Nos dijo que podría dejarnos aquí y traer a Jeremy para derrotarle…

—¡Pero ese malnacido nos había asegurado que no tenía nociones de espada! —añadió Ulrich.

Aelita se giró hacia William, que tenía una gran mancha roja de sangre en el hombro. Miró a Jeremy. Parecía disgustada.

—¡GUARDIAS! —bramó Aelita.

Y en un momento, una veintena de soldados apareció en el jardín. A Jeremy le sorprendió tal celeridad.

—¡Llevad a estos tres malandrines al calabozo! ¡A ese —señaló a William— que le miren la herida antes de encerrarle! ¡Y luego buscáis al consejero! Le quiero aislado, y mañana prepararemos su ejecución. ¡Moveos!

Seis de los guardias se apresuraron en sujetar a los príncipes de reinos vecinos y arrastrarles al interior, al tiempo que los demás corrían al interior del castillo para buscar al consejero traidor. Aelita cogió una espada del suelo, y señaló con ella a Jeremy.

—Y ahora vamos dentro tú y yo también —dijo, apuntando también hacia la puerta.

Temeroso, Jeremy la siguió al interior. Caminó con miedo hasta llegar a su alcoba. Pensó que estaba enfadada con él por haberse puesto en la línea de fuego, o por no haberle contado lo del consejero.

Pero lejos de aquello, Aelita le abrazó y le dio un beso. Jeremy sintió que temblaba. Ella se aferró a él.

—Temí por tu vida —le dijo—. Cuando escuché la pelea, pensé que algo malo ocurriría… Agradezco a los cielos que estés bien…

—Debí haberte dicho que algo ocurría con el consejero…

—No, me lo debí haber imaginado yo —respondió Aelita—. Confié en él y casi me cuesta tu vida…

—No te culpo.

—Yo sí me culpo.

—Pues yo no. Estoy a salvo, ¿no? Y he logrado salir vivo y sin un rasguño… al contrario que William…

—Sí, siempre me pareció un poco fanfarrón, y lo has demostrado —admitió Aelita, y tuvo que reír.

Volvieron a besarse. Se deshicieron poco a poco de sus ropajes, y se tendieron en la cama. Jeremy se tumbó sobre ella, sin apoyarse encima, besando su cuello. Le acarició la espalda mientras Jeremy devoraba su cuerpo lentamente. "Cómo me gusta esto", pensó para si mientras Jeremy acariciaba sus caderas.

El chico continuó descendiendo, lentamente, por el delicado cuerpo de aquella chica que le volvía loco. Lo lamió y acarició a un ritmo muy lento, disfrutando del sabor de su piel. Cuando bajó de su ombligo, Aelita empezó a temblar. Siempre le ocurría cuando su chico se disponía a hacerla disfrutar con la lengua. Jeremy sonrió antes de empezar a practicarle sexo oral.

La chica gimió. Sentía la lengua de Jeremy escurriéndose en su interior mientras empleaba sus labios para acariciar el exterior de su sexo. Jeremy empleaba los dedos índices para hacer circulos en las caderas de la pelirrosa, que temblaba de placer. Todo era placer en ese momento para su mente, y no pudo reprimir su clímax al alcanzarlo.

Cuando se recuperó, intentó subir sobre Jeremy para realizar el mismo recorrido en su cuerpo. Sin embargo, este la sostuvo por la cintura y la hizo sentarse sobre él. La besó tiernamente. Ella, más traviesa, estimuló su miembro con las manos. Le quería dentro de ella en ese momento. Una vez sintió que estaba en plenas facultades, se levantó durante un momento y al descender, notó que se abría paso dentro de ella.

Se movieron muy lentamente mientras manifestaban su amor. Aelita buscó su mirada, y él se la devolvió. Tal fue así que a ambos les sobresaltó el orgasmo mutuo que alcanzaron a la vez.

—Creo que no puedo quererte más —dijo Aelita mientras se abrazaba a él.


¡Hola a todos! Prometí capítulo, y aunque por los pelos, aquí está. Parece que es tener vacaciones y tener más vida social que nunca. El domingo, más aventuras del acuerdo de CLR ;)

Usuario865: El problema es que después de TANTOS capítulos se hace difícil continuar innovando xD Mejor dejarlo en algo breve y bueno. Ulrich, sí, demasiada suerte. Aunque 5 para mi sólo... Miedo xD ¡Saludos!

lalo101097: Sí, es la definición de Jim xD Continuación, no caigo cuál es la que te apetece... ¿Y hace tanto ya que empecé? Joder, se me ha hecho más corto xD Pero mejor, eso es señal de que no me fatigo. Lo de Boys, curiosamente, yo creo que no ha estado tan bien como los anteriores xD Pero si a ti te ha gustado más, me alegro. Y a mi tambien me gustaría publicar más seguido, pero lamentablemente, tengo una vida que atender que me impide escribir tanto como quisiera xD

Moon-9215: Todo tiene un final xD Y después de que las cinco se enterasen del secreto, tampoco se me ocurría qué más podía ocurrir en el fic. Ya le echaré un vistazo a la otra cuenta.

GT4RSR: ¿Con unas Google Cardboard te sirve? :P La verdad, un buen argumento, bastante original y no he escrito nunca algo por el estilo. Será interesante escribirlo ;)

Lo dicho pues, me despido hasta el domingo. Lemmon rules!