¡Hola personas! Ya iba tocando actualizar un poco este fic con otro one-shot. Pero no un one-shot cualquiera. Pertenece a una saga que ya hemos visto por aquí antes ;)

CarlosJim04: A veces tengo que hacer que actúen con cabeza. Sólo a veces ;)

Moon-9215: Sí, la inspiración sí. Sólo falta tener ganas xD

Usuario865: Me alegro que te gustara. De vez en cuando también hay que actualizar esto.


Sexcuela III

Amanecía un domingo en la escuela Kadic de sexo. Y en la tónica de la escuela, muchos alumnos despertaban así. Eso quedaba reflejado en el grupo masculino, donde William estaba acurrucado con Ulrich. Su alemán. Desde el día en que les habían animado (o más bien obligado) a tener sexo entre ellos, ambos habían encontrado mayor placer en las relaciones entre chicos, lo que había sido determinante para que establecieran una relación.

Y así estaba. Cinco minutos antes de que sonara el despertador, abrió los ojos.
Sonrió al ver que tenían tiempo aún. Se metió bajo las sábanas, y acarició con cuidado el torso de su chico, hasta que encontró lo que buscaba. Su miembro estaba en reposo, blandito. Lo tocó con cuidado. Probó a cerrar la mano a su alrededor. Empezó a masturbarle. Sintió cómo se endurecía sobre su mano. Pero recordó que el despertador sonaría en breve, de forma que optó por llevárselo a la boca y estimularlo. Su acción obtuvo el efecto deseado. Sintió cómo el pene de Ulrich se endurecía de todo y este se despertó unos momentos después.

—Buenos días —sonrió—. Antes del despertador, ¿eh? —rió.

—Si lo apagas ahora podré terminar lo que he empezado —dijo William, quien se había detenido un momento. Besó a Ulrich.

El alemán cedió. Apagó el reloj y dejó que William le terminase de dar los "Buenos días". Sin embargo, en la cama de al lado, sonó el despertador de Jeremy.

—Oh, mierda… —suspiró.

—Oooouaaaaah —bostezó Odd, que se había despertado por el ruido del reloj de Jeremy—. Buenos días, pervertidos. No os preocupéis, terminad tranquilos —les dijo.

Ulrich no estaba muy seguro, pero se dejó hacer por el impasible William, que no se había molestado en detenerse. Sus compañeros se vistieron para bajar a desayunar (únicos momentos del día en que llevaban la ropa puesta), y una vez estuvieron listos, se sentaron en las camas para ver cómo William hacía terminar a Ulrich.

—Me pregunto si las chicas estarán ya despiertas —comentó Javier cuando salieron del cuarto, dudando en llamar a su puerta o aguardar fuera. Dorjan resolvió la cuestión entrando sin llamar.

Aquello sirvió para que vieran la misma situación que en su dormitorio, protagonizado por las féminas. En una de las camas estaba Aelita, con las piernas separadas, mientras Sissi lamía su intimidad de una forma tranquila y delicada, deleitando a sus compañeras de cuarto. Yumi se giró al oír la puerta.

—Se supone que los chicos no podéis entrar aquí —les dijo, calmada.

—Como si fuera la primera vez… —comentó Carlos, distraídamente, y se sentó al lado de Milly.

—Silencio, las vais a espantar —susurró Laura.

De forma que en silencio entraron todos para disfrutar también del espectáculo. Jeremy se sentó al lado de Yumi, y se dieron un beso. Ella se apoyó sobre el hombro de él, y le susurró "¿Crees que luego podríamos…?". Este asintió, pues se estaba excitando con el espectáculo lésbico.

Una vez Sissi hubo terminado (más bien, había hecho que Aelita terminase) se pusieron en marcha hacia la cafetería, donde tomaron un buen desayuno. Se habían acostumbrado a desayunar fuerte, y sin embargo, no habían engordado nada en aquel tiempo, debido a las energías que empleaban en sus actividades sexuales habituales. No eran pocas. En plena efervescencia de sus hormonas, aquello era lo más parecido a un paraíso que tenían.

Evidentemente no sólo recurrían al sexo con su grupo (ni con otros grupos) para pasar el día. También hacían ejercicio normal en la calle, o en las piscinas. Sin embargo, la presencia de personas desnudas constantemente a su alrededor alimentaba sus ganas de practicarlo.

Después de haber desayunado, llegó el momento de que cada cual se fuera por su lado, como solían hacer. Pese a que tenían pendiente dedicar una jornada completa a una orgía, aún no era el momento. Querían esperar a ver qué más entresijos ofrecía la academia.

Emily, Javier, Yumi y Jeremy se encaminaron al exterior. Algunas personas de otros grupos ya estaban fuera. Sin embargo, aquel día parecía ser tranquilo en los jardines. Pocas personas tenían sexo, o en su defecto, era algo muy soft. Aquello estaba bien también. Le daba un tono hermoso. Caminaron un poco hasta llegar a una zona de sombra. Yumi anunció que se quedaría ahí con Jeremy, pero Emily avanzó un poco más con Javier.

—¿Te apetece esto? —preguntó ella de pronto, cuando estuvieron solos, y levantándose la camiseta.

—Mucho —respondió él, lamiéndose los labios. "Tetas", pensaba.

Cuando la chica se desabrochó el sujetador, se lanzó a por ella. Lamió sus rosados pezones, dispuesto a hacerla gemir de placer. Pero antes de que pudieran seguir, dos féminas llamaron la atención de ambos. Iban de la mano. Habían llegado donde ellos. Y se quedaron un poco paradas al verles. Haciendo un examen rápido, Javier hubiera jurado que eran hermanas. Se parecían mucho, casi gemelas. Una castaña y otra morena.

—¡Perdón! —dijo una—. No sabíamos que este sitio iba a estar ocupado…

—Tranquilas… hay sitio para todos —sugirió Emily—. Creo que es la primera vez que os veo por aquí.

—Sí, nos hemos incorporado hace poco a uno de los grupos —afirmó la segunda—. Me llamo Andrea, y ella es Paula…

—Sois hermanas, ¿verdad? —se aventuró a preguntar Javier—. No pasa nada… En nuestro grupo también hay… una chica que se acuesta de vez en cuando con su hermano, así que tranquilas.

Saber aquello pareció tranquilizar a ambas, aunque aún estaban un poco nerviosas. Según les explicaron, sentadas en la hierba, habían entrado un par de días antes, y era la primera vez que se animaban a ir hasta allí solas.

—Pero… ¿por qué venir hasta aquí? Con toda la gente con la que podéis estar… —comentó Emily.

—Bueno… mi hermana Andrea… No se anima a hacer gran cosa fuera del aula… —dijo Paula. Andrea miró hacia otro lado, tímida—. Le da vergüenza.

—¿Vergüenza? ¿Una chica tan guapa? —dijo Javier. Andrea se puso colorada—. Emily, ¿te importa si…?

—Adelante. Creo que mientras me lo puedo pasar bien con Paula… —aventuró ella. La aludida asintió.

Javier se lanzó a por Andrea. Iba a quitarle la vergüenza de encima con hechos. Besó sus labios con pasión. Andrea le correspondió, y se abrazó a él. Emily recibió entre sus brazos a Paula. Sus lenguas se juntaron en un pasional beso, luchando por dominar a la otra. Paula no tardó en quedar en iguales condiciones que Emily, liberándose de su ropa, y permitiendo que la chica lamiera sus pechos. Empezaron a alternar besos en los labios con dedicación a las tetas de la otra.

El chico hizo lo propio con Andrea. Encontró sus pechos ligeramente pequeños, pero no le importó. Le gustaba el sabor que tenían. A ella le estaba gustando. Sin embargo, se la veía angustiada. Aquello se lo tomó como algo más personal. Iba a volverla loca. Se dirigió a su pantalón, pero…

—¡Espera! —pidió ella—. No puedo… No vas a querer…

—¿Que no voy a querer? ¡Ahora mismo te como el…!

—Espera —dijo Paula esta vez. Emily se detuvo, con la cabeza enterrada entre sus pechos—. Hay algo que tenéis que saber…

Andrea se puso en pie. Javier y Emily quedaron sentados en el suelo, esperando, frente la chica. Paula abrazó a su hermana por la espalda. "Tranquila", le susurró al oído. Andrea asintió. Le desabrochó el pantalón con cuidado, y se lo bajó. Emily y Javier se sorprendieron. Tras juzgar si debía continuar, Paula le quitó también la ropa interior, revelando así una erección. Andrea tenía pene.

Javier y Emily estaban muy sorprendidos con aquella revelación. El chico alargó la mano hacia el miembro de la chica, y una vez lo tuvo en la mano, se lo llevó a la boca. Empezó a lamerlo con ganas. Pronto Emily se animó a que compartieran aquello. El chico cedió, y mientras Emily se ocupaba de dar placer a la chica, atrajo a Paula hacia él. Le quitó el pantalón y el tanga despacio, y devoró su intimidad. Paula gimió, y agarró a su hermana de la mano. Aquello era fantástico.

Al cabo de un rato, rotaron. Javier volvió a chupar el pene de Andrea como si le fuera la vida en ello, mientras Emily daba placer con su lengua a Andrea. Las chicas nunca habían tenido relaciones con gente tan comprensiva con aquello. Se dejaron llevar, y liberaron sus respectivos orgasmos.

Llegó el momento de devolverles el favor. Emily y Javier se despojaron de la ropa, y separaron las piernas para permitir a aquellas chicas acceder a sus zonas íntimas. Andrea quiso dedicarse por completo al pene de Javier, y lo devoró con ganas. Masajeó los testículos del chico, con cuidado, procurando no hacerle daño y aumentando el placer que este recibía.

A su vez, Paula estaba totalmente entregada a Emily. Su lengua entraba, salía y recorría del sexo de Emily. Notó que las manos de la chica se posaban en su cabeza. La daba igual. Eso era que le gustaba. Sonrió y empleó su lengua con más ahínco. Las hermanas no tardaron mucho en lograr que sus nuevos amigos se corriesen.

—¿Por qué… no habéis huído? —preguntó Andrea, acurrucada en el pecho de Javier—. Normalmente…

—Me has gustado —dijo él—. Y al ver que tenías… me seguiste gustando. Por eso mismo.

Andrea sonrió, colorada de nuevo.

—¿Y tú, Emily? —preguntó Paula.

—A mi me gusta todo —confesó—. Por eso. Más que huir… Me apetecía quedarme.

Los cuatro se levantaron al cabo de un rato. El día era largo. Andrea quiso probar a encontrar más gente dispuesta a tener sexo con ella. Pero quedó con Javier en que volverían a quedar. Aquella sesión de sexo había estado genial y les apetecía repetir a ambos.

—¿Dónde habéis estado? —preguntó Odd al verles en cafetería, cuando llegó la hora de comer.

Llegó el lunes, y con él una nueva clase de sexo. Aunque el grupo no sabía cuál sería su clase de aquella mañana. Algo nuevo, seguramente. Tan nuevo que su profesor ni había llegado. Simplemente había dejado una nota que colgaba de un folio A3 de la mesa: "Id emparejándoos con alguien de confianza. Ahora llego yo. -W".

Obedeciendo las instrucciones, William atrajo a Ulrich hacia sí. Aelita se abrazó a Sissi. Jeremy se acercó a Yumi. Carlos y Emily se aproximaron mutuamente. Tamiya se quedó con Odd. Laura atrajo a Johnny hacia ella. Dorjan y Samantha se miraron cómplices. Hiroki y Javier quedaron frente a frente. Alicia y MIlly se sonrieron.

En ese momento se abrió la puerta del aula y volvió a cerrarse. Una mujer morena y despampanante, vestida en un traje de cuero negro, había entrado. Sin duda era la profesora. En su mano llevaba una fusta, con la que golpeó la mesa para que se hiciera el silencio.

—Bienvenidos a la clase de dominación. Soy la profesora Watson. Y ahora, cada pareja que saque del armario un colchón y una caja. Y fuera la ropa.

Los alumnos obedecieron. Estaban un poco nerviosos. Nunca se hubieran imaginado una clase así. Pero al fin y al cabo… De sexo era la escuela. La profesora atrajo hacia ella un poco más el colchón de Jeremy y Yumi. "Voy a necesitar vuestra colaboración", les pidió. Ellos asintieron.

—Genial. Me gusta, un grupo con variedad —dijo Watson—. Perfecto —vio que el colchón ocupado por William y Ulrich estaba cerca también—. Vale. Chicas —llamó a Alicia y Milly—, ¿os podéis acercar también?

Las chicas obedecieron. Ahora tenía todo lo que necesitaba para impartir la clase.

—Vale. Lo primero es que decidáis quién va a dominar. Lo dejo a vuestra elección. Mañana tendremos otra clase y cambiaréis los roles, así que al gusto.

Jeremy miró a Yumi. Aquello le daba un poco de miedo. Pero ella le susurró "Confío en ti", dándole a entender que quería ser dominada. William prefirió dejar el control de aquello a Ulrich, y lo mismo pensaba Milly con Alicia. De un rápido vistazo, Watson dio visto bueno a la distribución amo-dominado.

—Lo primero que vais a hacer va a ser atar a vuestra pareja. Con cuidado. Es la primera vez que hacéis esto. Ya tendréis tiempo para infligir dolor. Tenéis cuerdas en las cajas.

Les indicó cómo hacer las ataduras. Jeremy ató entre sí las manos de Yumi. No le dolían, pero tampoco podía separarlas ni moverlas. Watson dio el visto bueno. Le indicó a Jeremy que sacara la vela y el mechero que había en la caja, y que la encendiera, mientras iba revisando el resto de ataduras.

A continuación, les ordenó atar también los pies, por los tobillos. Ulrich demostró ser un experto en el uso de cuerdas, pues realizó un nudo impecable para William. Tenía los pies perfectamente juntos. Ya estaba casi inmovilizado, pues el cuerpo lo podía mover. Watson volvió a pasear por la sala, iluminada ya por las velas de todos los grupos.

La tercera indicación fue que les hicieran separar las piernas. Para ello, disponían en la caja de una barra, con "moldes" a ambos extremos que encajaban en las piernas. A Alicia le preocupó que fuera más de lo que Milly pudiera aguantar separando las piernas, pero la pequeña no se quejó. Le daba morbo aquello.

—Tenéis cinco minutos para disponer de vuestro dominado —les indicó la profesora—. Podéis darle placer, torturarle, usarle… Sorprendedme.

Dicho y hecho, Jeremy empezó a disfrutar del cuerpo de Yumi. Lamió y palpó cada parte a la que llegaba. Empleó sus dientes para estimular los pechos de la chica. Ella gemía. Ulrich, por su parte, tenía a William lamiendo su erección a la vez que le masturbaba. Qué bueno era. Alicia usaba la lengua en el sexo de Milly, al tiempo que estimulaba sus pechos.

Watson asintió mientras observaba la clase. Más o menos todas las parejas hacían cosas por el estilo. Se sintió ligeramente decepcionada.

—De acuerdo. Ahora tenéis que poner a vuestro dominado bocabajo. Ellos tienen prohibido moverse. Debéis hacerlo vosotros.

Con cierto esfuerzo, todos los amos giraron a sus dominados. Watson sonrió, perversa. Los que estaban a merced de lo que hicieran sus amos estaban con las manos en el colchón, de rodillas, con las piernas bien separadas.

—En la caja tenéis un consolador… Deberéis usarlo. Por detrás —aclaró.

Lentamente, y con cierta culpa, Jeremy sacó el consolador de la caja. Miró a Yumi, pero ella se limitó a quedar quieta, aguardando que aquello la penetrara. El chico posó el instrumento sobre el ano de la chica, y poco a poco, se lo introdujo. Lo sacó y lo volvió a meter. Iba despacio, pues no se le escapaba que Yumi soltaba pequeños quejidos. Claro que aquello era dominación.

—Vale. Que queden dentro. Con cuidado —les indicó Watson—. No es necesario una introducción completa. Basta con que esté dentro. No queremos problemas luego para sacarlos.

Observó con detenimiento a los dominados. Suficiente. Lo estaban haciendo bien. Ya habría tiempo para que experimentasen dolor. Pero prefería que los primeros acercamientos fueran más suaves, para evitar que tuvieran miedo a la dominación. Pero aún les quedaba una cosa por hacer.

—Lo que viene ahora es muy delicado —les informó—. La vela se está derritiendo. Ya tiene cera caliente. Vais a derramar un poco, muy lentamente, sobre vuestro dominado. Sugiero las nalgas, pero con mucho cuidado.

Ninguno se atrevió a moverse. Para Watson aquello era muy típico.

—Si pensáis que les va a doler, tendréis que hacer algo para mitigar su dolor. Pero vais a tener que hacerlo. Adelante.

Jeremy optó por hacerlo como sugería la profesora. De esa forma, se situó detrás de Yumi, y acarició su sexo. Tomó la vela, y la volcó un poco. Unas gotas de cera se deslizaron por la vela, y cayeron sobre la nalga de Yumi, aún calientes. Ella gimió. Quemaba. Jeremy empleó su pengua a fondo en el sexo de la chica para darle placer, e intentar reducir el dolor.

Ulrich, por su parte, jugueteaba con el consolador en el culo de William, mientras dejaba que las gotas le cayeran lentamente. De vez en cuando, soltaba el juguete y estimulaba el perineo y los testículos del chico. Al otro lado, Alicia tenía a Milly devorando su sexo, mientras gotas y más gotas de cera caliente caían sobre ella.

Watson observó aquello con orgullo. Sí. Miró el reloj. No tardaría mucho en acabar la clase, y sus alumnos se habían portado bien. Era hora de darles un poco de libertad. Ordenó al grupo hacer que el dominado culminase, como quisieran.

De esa forma, Jeremy deslizó su miembro en el sexo de Yumi y la penetró repetidas veces. Ulrich hizo lo propio con William, al tiempo que le masturbaba para hacerle acabar también. Alicia se ocupó de hacer una tijera con Milly. El resto del grupo empezó a actuar igual que hacían ellos, y muy pronto todos hubieron culminado.

—Espero que hayáis disfrutado la clase de hoy. Mañana, como ya he dicho, cambio de roles. Pronto os daré los trajes de cuero. Y las fustas. Podréis usarlos incluso fuera de mi clase.

Sonó el timbre. El grupo se levantó poco a poco para ir a comer. Aquella tarde iba a caer otra sesión de sexo, y les apetecía volver a poner en práctica lo aprendido ese día.


Quizá algo corto, pero es la primera vez que escribo algo así... Bueno, segunda :P Espero que os haya gustado. Y si todo va bien, mañana habrá Code:Not more lemon? Lemmon rules!