Moon-9215: Me alegra que te gustara el yaoi ^^ No es mi especialidad, pero mola saber que gusta :)

Daimara Stern: Por reviews así anima seguir escribiendo ^^ Me alegra que te gustara el fic. Y no te preocupes, sé que son muchos, MUCHOS episodios de CLR xD Y aunque son muchos, no dudes que voy a seguir escribiendo ;)

Este one-shot viene en base de una petición... Por algo que yo mismo escribí en "Code:Not more lemmon?" xD Para quien no siga ese fanfic, presentación rápida: Eva Skinner, original de los libros de la serie, aquí la presenté en contexto como una compañera de piso de otro personaje, heterosexual, y fue invitada a formar parte del acuerdo. Andrew es un OC, fotógrafo, el primero en hacerle sesiones a Yumi y haciéndola modelo; es gay. Y sin embargo, aquí...


Nochevieja

Era Nochevieja. La peor para Andrew y Eva. Ninguno de los dos iban a poder ir con sus familias esa noche. Y sus amigos… hacía dos años ya que no los veían. Con el grupo disuelto, se habían terminado quedando solos.

—Vaya Nochevieja nos espera —dijo Andrew.

—Lo sé —repuso Eva, intentando no pensar—. Pero bueno. Habrá que hacer algo hoy, ¿no? Cenar aunque sea, o salir de fies… —se calló, recordando que si no habían ido con sus familias era precisamente por la falta de dinero—. Será cenar.

—Secundo eso —dijo Andrew—. ¿Qué te apetece?

Andrew era buen fotógrafo, pero adicionalmente tenía una habilidad para la cocina, y Eva aprendía de él. Así que optaron por no complicarse mucho. Tenían un pollo en la nevera, y entre ambos lo prepararon para aquella noche.

—¿Vamos a vestirnos? —preguntó el chico—. ¿O nos quedamos cómodos?

—Pues si no voy a salir, prefiero que nos pongamos algo cómodo —respondió ella.

El chico tuvo que darle la razón. Se fueron a sus dormitorios a cambiarse. El encontró una sudadera de color negro y un pantalón del mismo color. Se lo puso, y se miró al espejo. No estaba mal. Salió y se topó con Eva, que iba con una camiseta escotada y un pantalón ajustado.

—Nadie diría que estamos en Nochevieja —comentó ella con una risita. Parecía que ya le importaba un poco menos que pasaran esa fecha tranquilamente.

—No te preocupes, que estás genial. Casi para hacerte un book con mi cámara.

—¿Casi? —dijo Eva, con fingida indignación—. ¿Qué pasa, que te tengo que enseñar las tetas? —añadió, levantándose la camiseta y mostrando su sujetador azul marino.

—Sí, así sí que te podría fotografiar —bromeó el chico.

Improvisaron una pequeña sesión con la chica levantándose la camiseta en diferentes posturas, mientras Andrew le hacía las fotos con el teléfono, ya que su cámara profesional estaba en el estudio. Rieron. Se lo estaban pasando bien a pesar de las circunstancias.

—¿Y tú nunca has posado para la cámara? —preguntó Eva, divertida, mientras veían las fotos. Se gustó.

—No. Siempre he estado detrás de la cámara —respondió él—. Es donde estoy cómodo.

—Pues eso va a cambiar. ¡Esa bragueta desabrochada!

Andrew no se creía que Eva le pidiera eso, pero su tono no admitía réplicas. Pero todo era por jugar. Así que se bajó un poco el pantalón desabrochado, y Eva le fue indicando cómo posar.

—Pues no estoy mal del todo —tuvo que admitir—. Aunque me quedo con hacer las fotos. Pero ha estado bien.

—Se nota que estás dentro de este mundillo.

—Oye, ¿te parece si vamos cenando? —propuso el chico, que había visto la hora. Habían pasado un largo rato con las fotografías.

—¡Claro! ¡Voy a abrir un vinito!

Sirvieron la cena, y llenaron sus vasos con generosidad. Brindaron y cenaron con tranquilidad. Siempre estaban cómodos él uno con el otro. Podía deberse a la falta de atracción que sentían. Ambos compartían el gusto por los hombres, y algunas mañanas, aprovechaban para comentar sobre el ligue del otro, entre risas de complicidad.

—¡Por nosotros! —dijo Andrew, alzando la copa.

—Por nosotros —respondió Eva, y brindaron. Vaciaron las copas, y se volvieron a servir. Estaba rico.

Cuando terminaron, se limitaron a meter los platos en el fregadero. Aún quedaba un buen rato hasta las doce. Se echaron en el sofá. Qué bien lo estaban pasando al final, los dos sólos.

—Oye, Eva, ¿no te das cuenta de lo sosa que es la Nochevieja en Francia? —preguntó Andrew—. Hay países en los que hay tradiciones, pero aquí… Nada más que brindar.

—Pues eso tiene solución —dijo Eva de pronto. Se incorporó y empezó a buscar por el mueble—. ¿Sabes que en España se toman doce uvas?

—¿Y pretendes que nos tomemos doce uvas? —dijo, incrédulo.

—No exactamente.

Por fin encontró lo que estaba buscando. Vasos de chupito. Muchos vasos de chupito. Empezó a sacar vasos, ocupando casi toda la mesa de centro con ellos. Luego abrió el mueble-bar, sacó un par de botellas, y empezó a servirlos, ante la atónita mirada de su compañero de piso.

—¿De dónde has sacado tantos vasos?

—De la tienda —bromeó ella mientras los servía—. Compré los doce primeros… y poco después me regalaron los otros. Así que en vez de doce uvas, nos vamos a tomar doce chupitos. ¿Te parece?

Le pareció. Pusieron en la televisión los canales internacionales hasta encontrar dónde podían ver la transmisión de las Campanadas Quedaban apenas unos minutos para que empezaran a sonar. Ambos se sentaron frente a sus vasos, y se prepararon para empezar a beber.

¡DONG! Vaciaron el primero de un trago. ¡DONG! Vaciaron el segundo. ¡DONG! Parecía que cada vez iban más deprisa. ¡DONG! Andrew maldijo a Eva por haber llenado tanto los vasos. ¡DONG! Ella pensó cómo era posible que durasen tanto aquellos últimos segundos de año. ¡DONG! …

Cuando sonó la última campanada y bebieron, se levantaron eufóricos. Se dieron un abrazo, y cayeron al sofá. La cantidad de alcohol que habían ingerido impedía ahora que se levantasen de pronto. Rieron. Nunca habían bebido tan rápidamente y se les notaba la poca costumbre.

—Feliz año —dijo él.

—Feliz año —respondió ella.

Se quedaron un largo rato tumbados sin decir nada. Eva miró a Andrew.

—Me lo he pasado bien —le aseguró—. Si no te hubiera tenido hoy, está Nochevieja habría sido un asco.

—Lo mismo te digo —respondió este.

Esh una pena que no seas hetero… —comentó Eva, sin darse cuenta de que el alcohol empezaba a mandar sobre su mente, y empezaba a arrastrar las eses.

—¿Por qué lo dicesh?

—Porque shi lo fueras, ahora mishmo te haría mío… Llevo un mes sin shexo. Y nunca t-te lo he disho pero estás muy bueno.

—Creo que te ha shentado mal el alcohol —respondió Eva. Y sin entender el motivo, puso sus labios sobre los de ella—. ¿Qué hacesh?

—¡Pero si hash sido tú! —rio ella—. En serio… ¿nunca lo has hesho con una mujer?

—N-No —respondió él—. Lo maxhimo fue un trío… Con Ulrich y Yumi… y ella me… —se detuvo. No le apetecía contar lo bien que se le daba a su vieja amiga el sexo oral.

—Oooooh, ashí que la señorita ha eshtado por aquí… —jugó Eva, llevando una mano a la entrepierna del chico—. ¿Y shi yo…?

La chica no dijo nada más. Apoyo la cabeza sobre el torso de Andrew, mientras se iba deshaciendo del pantalón del chico. Por alguna razón, probablemente relacionada con el alcohol, estaba juguetona. Y no se topó con resistencia, sino con el bóxer del chico, que bajó con un breve movimiento.

Eva ya había visto el pene del chico en las orgías del grupo, pero nunca se había fijado hasta ese momento, en que lo encontraba plácidamente "dormido". Pensó que era el momento de despertarlo, y se lo llevó a la boca, provocando un gruñido de Andrew. Este también llevaba una buena temporada sin sexo.

Su miembro creció poco a poco dentro de la boca de Eva. La rubia ni se inmutó, y continuó lamiendo aquel pene con energía. En ese momento, Andrew no era capaz de distinguir si aquello que estaba pasando era real o no, pero se tuvo que reconocer que ver a la chica tratando su erección de aquella manera era muy provocativo.

Sin embargo, no iba a esperar a que él culminase. Su cuerpo le estaba reclamando otras cosas. Se fue quitando su propio pantalón mientras su lengua se entretenía con la cabeza de aquel pene, e hizo lo propio con su ropa interior. Desnuda de cintura para abajo, gateó hacia adelante, y se subió encima del chico. Dirigió aquella erección hacia su sexo, y se dejó caer hacia abajo.

"Qué caliente", pensó Andrew. La chica le tapó los ojos, y empezó a mover las caderas hacia arriba y hacia abajo, siendo así penetrada. Joder, era delicioso aquello. El chico estaba lo bastante bien dotado, y ella lo estaba disfrutando, sin ninguna preocupación. Sólo le apetecía continuar.

—Quiero que te corras —le indicó a Andrew, y por alguna razón, agravó su voz para decirlo—. Vamos… Diviértete tú también.

Las manos del chico se movieron hacia el culo de Eva, y empezó a masajearlo. La chica se dejó manosear mientras continuaba llevando el ritmo de aquel polvo. Tembló un poco, pues notaba su orgasmo cerca. Desconocía si al chico le quedaba mucho para acabar, pero no podía aguantar mucho más. Siguió moviéndose y muy pronto se desató su clímax.

Y sin embargo, al bajar un poco el ritmo, estando ya satisfecha, sintió que unos fluidos recorrían su cavidad vaginal. Andrew se había corrido. Sonrió, pues lo había conseguido. Y sin embargo, no estaba satisfecha del todo.

Ya en el dormitorio, se despojaron del resto de la ropa. El pene de Andrew exigía un segundo round, para el cual la chica se tumbó en la cama, y alzó las piernas, permitiendo a su amigo una perfecta vista de su sexo… y su culo. Él comenzó a lubricarla, con mucho cuidado, al tiempo que la chica se estimulaba a sí misma, jugando con sus pechos.

Notó que los dedos del chico se alejaban y eso sólo podía significar una cosa. Inspiró, y aguardó a que Andrew se pusiera en marcha. Notó cómo se posaba su erecto miembro en su ano, y cómo se deslizaba muy despacio dentro de ella. Andrew se movió un poco hacia atrás antes de volver a penetrarla. De esta forma, con cada acometida, iba entrando un poco más dentro del culo de la chica.

Cuando ya estaba completamente dentro de ella, se miraron a los ojos. Sonrieron, y él empezó a embestirla con ganas. Eva gemía cada vez que sentía que su miembro entraba por completo en su culo, y Andrew jadeaba mientras se movía. La chica cerró las piernas, atrapando a Andrew, y ayudándole a que la siguiese acometiendo. Llevó su mano a su sexo, y empezó a masturbarse al tiempo que él disfrutaba de su culo.

Sintió que el chico aceleraba el ritmo. Aquello sólo podía ser indicativo de una cosa: iba a acabar. Se tocó con más rapidez, aunque en realidad ya estaba bastante excitada. Dejó que el chico culminase, liberando su semilla dentro de ella, y aprovechó sus últimas acometidas para llegar a su propio clímax.

A la mañana siguiente, amanecieron en el mismo colchón. Ambos tenían un dolor de cabeza, producido por la resaca. Se miraron. Él estaba avergonzado, pero nada en comparación de lo que sentía ella. No cruzaron una palabra hasta casi la hora de comer, en la que, tras darse sus respectivas duchas y tomarse sus cafés, parecían estar más animados para decirse lo que no se habían atrevido a decir por la mañana.

—Andrew, lo siento… Me dejé llevar… No debí proponer beber los doce chupitos…

—No te preocupes… Yo tampoco te lo impedí… No te lo quise impedir. Estábamos los dos muy sólos…

—¿Va a cambiar esto algo? —preguntó Eva. Tenía más amigos, pero la convivencia con el chico, incluso por el periodo de tiempo de dos años, les había hecho muy cercanos.

—Claro que no —respondió él—. Somos amigos, ¿no?

—Por supuesto —dijo ella, bastante más animada.


No lo he escrito con la intención ofender a nadie. Simplemente, me apetecía escribir el fic en base a la pérdida de raciocinio que puede producir la ingesta de alcohol. En cualquier caso, me disculpo si alguien considera la base de este fic como ofensiva.

Muy pronto continuaré con "Code:Not more lemmon?!", y aún tengo un par de one-shots pendientes de escribir aquí. Si tenéis peticiones, ¡adelante! Y como digo siempre, lemmon rules!