¡Hola personas! Continúo publicando one-shots. Uno cortito, pero últimamente todo mi ingenio se va para "Code:Not more lemon?" (ahí, Felikis aprovechando para hacerse autopublicidad), pero tengo aún tramas para varios one-shots más.

Moon-9215: No disimules, sabemos quién lo pidió ;)


CondoLEDs

La estancia de Odd en el Kadic había mejorado sustancialmente desde que había comenzado a salir con Aelita. Era algo bastante sencillo por el hecho de que Jeremy finalmente se había decantado por los encantos de Laura. Y dado que su compañero de cuarto por fin se había declarado a Yumi, no se sentía raro dentro del grupo. Estar los seis emparejados era una gran ventaja.

—¡Odd, te ha llegado un paquete! —dijo Ulrich, entrando al dormitorio.

—¡Gracias! —respondió este.

En cuanto vio el envoltorio y el tamaño, supo lo que era. Sonrió, y esperó a estar sólo para abrirlo. No le apetecía que Ulrich supiera lo que había comprado. Una vez se quedó sólo, lo abrió. Ahí estaban: condones fosforescentes. El juguete sexual del siglo, en su opinión. Podían cargarse con luz y luego, al ponérselos, quedaba todo el miembro viril luminoso. Sonrió con malicia, y decidió preparar uno para la noche.

Dejó una sudadera de cualquier forma sobre la mesa haciendo una especie de cuenca. Luego sacó uno de los preservativos. Sonrió al ver que estaban envueltos en un material transparente. Lo dejó encima de la cuenca, oculto a plena vista, y dejó que absorbiera la luz solar. Con malicia, pensó que esa noche iba a tener que visitar a Aelita.

Sin embargo, sabía que la duración de ese brillo no sería eterna, así que aprovechó que Ulrich se acostó temprano para ir a ver a Aelita. Los pasillos de la academia estaban tan en silencio que tuvo que moverse con mucho sigilo. Por suerte, no era la primera vez que se colaba de aquella manera en el dormitorio de su novia.

Llamó muy flojito a la puerta, con su señal secreta (tres golpecitos rápidos, una pausa, y otro golpecito) y entró dentro. Se topó con la hermosa imagen de Aelita en pijama leyendo un libro, tumbada sobre la cama, y solamente iluminada por. Ella le miró y sonrió. Le gustaba tener un novio rebelde (aunque sabía que Odd tenía buen corazón, motivo por el cual le perdonaba ese carácter algo travieso).

—Buenas noches, princesa —saludó el. Se acercó a ella y le dio un beso.

—¿Ya has venido juguetón? —preguntó la pelirrosa. Sabía que el sexo era la única razón por la cual el chico se arriesgaba tanto a ir a verla. Para verla sin peligro tenían las clase y el resto del día.

—Sí. Es que tengo un juguete nuevo —respondió Odd.

Y le enseñó a Aelita el preservativo iluminado. La chica se rió. La parecía algo gracioso. Pero bien mirado, estaría bien pasar un buen rato los dos juntos. Además, tenían que apagar la luz para evitar problemas, así que el uso del condón luminoso se haría notar esa noche.

Odd se apresuró a ir a la cama, y fundió sus labios con los de Aelita en un beso mientras su manos buscaban el cuerpo del otro. Aelita sonrió al notar la calidez del tacto de Odd despojándola lentamente de la ropa, y el estar privados de luz siempre daba más morbo a sus tórridos encuentros. El único punto de luz era el del preservativo, aún envuelto.

Ella optó por ponerse sobre sus manos y rodillas, y puso sentir a Odd tanteando hasta que pudo llegar donde él quería: su húmeda cavidad. El chico tiró hacia abajo de ella y empezó a devorar su sexo. Aelita intentó contener su gemido, pero le había pillado tan de sopetón que le dio miedo que alguien pudiera oírla.

Sin embargo, todo continuó en silencio, salvo por su propia respiración agitada, y se dejó caer para atrapar el miembro de Odd entre sus labios. El pene de Odd era el único que había visto, pero a todas luces le parecía perfecto. Encajaba perfectamente con ella y le daba mucho placer. Lo lamió con cuidado, y acarició igualmente los testículos de su novio mientras lo hacía.

Pero si Odd había llevado ese condón era porque tenía la intención de que lo usaran, así que alargó la mano y lo cogió. Lo abrió con cuidado, sin dejar de lamerle el miembro, y abrió el envoltorio. LO sacó con sumo cuidado, y agradeció lo bien que se veía. Dejó el pene de Odd y sopló el interior de la goma para saber por qué lado iba la punta.

Sonriendo, sujetó la erección de Odd, le bajó muy suavemente el prepucio, y le cubrió el glande con la goma. Luego bajó muy despacio el resto del material cubriendo perfectamente su pene, el cual parecía ahora una línea blanca luminosa en la oscuridad de la habitación.

—Mooooola —susurró Odd—. Parezco un jedi.

Aelita tuvo que taparse la boca para no reírse. Odd siempre bromeaba, incluso en esas situaciones, convirtiendo el sexo en algo tan placentero como divertido. Y más aún cuando Odd se puso en pie en el suelo del dormitorio, y empezó a mover sus caderas en largos movimientos, provocando que su pene se moviera como un sable de luz.

Suuuuup. Suuuuuup. "Luke, yo soy tu padre" —dijo con voz ronca, arrancando una carcajada de Aelita.

Se acercó poco a poco a ella, sin dejar de mover la cadera, y ella atrapó su erección al vuelo. Le atrajo hacia ella, y se la llevó a la boca. Se sorprendió gratamente al comprobar que los había comprado de sabores. Ese era de manzana.

Volvió a lamer la erección de Odd. Este sentía menos placer por culpa del plástico protector, pero no obstante, al mirar hacia abajo y ver us luminoso pene aparecer y desaparecer le dio muchísimo morbo, pues podía intuir todo lo que su chica tenía en su boca. Instintivamente, llevó una mano al pelo de la chica y lo acarició. Aquel invento había sido muy bueno.

Luego ella se retiró, y se echó sobre la cama. Indicó al rubio que estaba preparada para recibirle dentro. Él volvió a subirse al colchón, y se situó entre las piernas de la pelirrosa. Avanzó un poco, y dirigió su pene hacia su vagina. Sonrió, pues aunque la luminiscencia era más bien escasa, iluminaba lo suficiente para poder localizar la entrada de la chica. MUy suavemente, deslizó todo su miembro en el interior de Aelita.

Ella contuvo un gemido. Se había calentado mucho, y le gustaba tener a Odd dentro de ella. Lamentablemente, salvo la primera vez que se habían acostado, siempre habían tenido que hacerlo a oscuras. Y en aquella ocasión, además de sentir al chico penetrándola, al mirar hacia abajo podía ver, gracias al brillo de la goma, cómo su pene la embestía, aumentando su excitación. Sí. Lo veía entrando y saliendo de ella y eso la estaba poniendo a mil.

Se aferró a Odd y empezó a susurrarle cosas al oído para calentarle: "Oh, sí…", "Dame más…", "Me encanta, cariño…".

Odd intentaba siempre que sus encuentros sexuales durasen lo máximo posible, pero aquella noche estaba muy excitado también. Procuró contenerse, pero finalmente terminó eyaculando, inundando la goma con su semen. Un largo suspiro en su oreja le indicó que Aelita también había culminado. Se retiró suavemente de ella, se quitó el condón, lo ató como pudo, y luego se acurrucó un rato con Aelita.

—Me ha encantado —aseguró ella—. Tenemos que probar más cosas de estas.

—Tomo nota, princesa —prometió él.

Pensó que podría ir de nuevo la noche siguiente con otro preservativo luminoso. Aquello era realmente excitante. Pero no se imaginaba que sus dos amigos habían encontrado su reserva secreta, y que se habían apropiado de algunos de esos condones cuando había salido de su dormitorio.


¿Os ha gustado? Espero que si :D No suelo hacer historias con preservativo de por medio, pero me apetecía dedicar este one-shot a ese curioso invento con iluminación (y en honor de cierta twittera también xD). Pronto, nuevo capítulo de mi otro fic, que no voy a desaprovechar la ocasión de hacerle publicidad de nuevo. Lemmon rules!