¡Hola a todos! Tanto tiempo sin publicar, qué poca vergüenza tengo. Este one-shot no era de los que me pedisteis. Era uno que tenía en la cabeza hace mucho y me apetecía compartir con vosotros. Espero que os guste.

Spik53: Me alegro de que te gustaran, no hay de qué ^^


Jefa

Samantha despertó aquella noche de pronto. Normalmente tenía el sueño profundo, pero en aquella ocasión se había desvelado por alguna razón. No era capaz de dormir. Había estado todo el día percibiendo un extraño ambiente en la casa. Su servicio, compuesto por cinco jóvenes (tres hombres y dos mujeres) parecía haber estado todo el día ausentes, y al final aquello parecía haber influído también en su rutina. Miró el reloj. Era la una de la mañana. Debía llevar un par de horas durmiendo, y aún quedaban horas hasta que se tuviera que levantar.

Pensó en llamar a alguien para que le llevara un vaso de agua, pero optó por levantarse. Se puso una bata, y salió al pasillo intentando no hacer ruido. Supuso que estaría toda la casa en silencio, así que se alarmó cuando escuchó una especie de quejido en el dormitorio que compartía su servicio masculino. ¿Estaría ocurriendo algo? ¿Les habrían atacado? Fue hacia allí, intentando no hacer ruido, y se llevó un jarrón de camino, por si había un intruso, golpearle.

Pero se llevó una sorpresa en mayúsculas cuando vio que no se trataba de un intruso. Yumi, su guardaespaldas; Jeremy, responsable del sistema de seguridad; Aelita, su chófer; Odd, su asistente personal; y UIrich, su mayordomo, se estaban montando una orgía allí mismo, en el silencio de la noche. Y el gemido que había escuchado había sido de uno de ellos, seguro. Verles de esa forma era excitante, pero lejos de ello, Sam se enfureció. ¡¿Cómo osaban?! ¡Ellos eran suyos! ¡Sólo ella tenía el derecho de montárselo con cualquiera de ellos cuando le apeteciera!

—¡Os pillé! —gritó furiosa, abriendo la puerta de sopetón. Aquello paralizó el acto de sus empleados, que se quedaron helados ante aquella pillada—. ¡Así que esto es lo que hicisteis anoche! ¡Por eso hoy parecíais faltos de sueño! ¿Cómo… cómo os atrevéis a traicionarme así? ¿Es que conmigo no tenéis suficiente?

Los cinco jóvenes se separaron. Pero no fueron capaces de mirar a Sam a la cara. Aquello provocó que a la chica se le encogiera el corazón.

—Dios santo… no tenéis suficiente conmigo…

—No es eso —empezó Odd—. No es que no tengamos suficiente con usted… es simplemente que, bueno, usted no se preocupa mucho por nuestros orgasmos.

—Es cierto —añadió Aelita—. Muchas veces, cuando usted queda satisfecha… se queda ahí y nos deja. Y claro, es un poco frustrante.

—Y hace unos días, se dio la casualidad de que hablamos del tema, y… decidimos aprovechar que usted se retira pronto para poder tener un rato en el cual poder desfogarnos —confesó Yumi.

—Hace unos días… ¿cuántos días? —preguntó Sam, aunque le daba miedo conocer la respuesta.

—Un mes —confesó Ulrich.

—¡¿Un mes?! ¡¿Lleváis así un mes?! —se escandalizó.

Se sorprendió a sí misma al darse cuenta de que estaba dolida. Era cierto que nunca se había preocupado especialmente por asegurarse de si la otra persona había culminado… porque siempre había dado por hecho que así era. Se sentía fatal. Los había manejado a su antojo. Y claro, era normal entonces que optaran por pasárselo bien sin ella. Retrocedió un poco, pero en ese momento habló Aelita.

—¿Querría unirse a nosotros? —ofreció—. Podríamos seguir pasando un buen rato todos… y que vea cómo conseguir que todos acabemos también.

Aquello sonaba bien para sus oídos. Se dejó llevar de la mano por la chica a las tres camas del dormitorio, que habían juntado para aquella noche. Se sentó, y dejó que los labios de la pelirrosa se posaran sobre los suyos. Solía evitar el tema de los besos, pero consideró que en aquella ocasión no debía resistirse. Después de Aelita fue besada por Jeremy, luego por Yumi, luego por Ulrich y finalmente por Odd. Empezaba a sentirse cómoda, y se dejó desnudar por todos ellos, quedando así tan expuesta como los demás estaban.

—¿Quiere un poco de…?

—Por favor, no me habléis de usted nunca más cuando tengamos sexo —pidió Sam, quien no lo veía ya tan natural.

—Vale, pues, ¿quieres un poco de sexo oral? —propuso Yumi—. Podría ocuparme de esto —propuso, mientras pasaba una mano por el sexo de su jefa— mientras tú das placer a alguno de ellos.

—Pero yo nunca… —dijo ella, y volvió a arrepentirse por su egoísmo. Nunca había dado sexo oral. A nadie.

Aquello no hizo más que seguir animando a Yumi para que su jefa se animara aquella noche a darlo todo. Se situó frente a Aelita y Odd, y preguntó a su jefa por dónde prefería empezar. Sam tenía preferencia por la pelirrosa, quien se inclinó a petición de Yumi, y la japonesa le separó cuidadosamente los labios vaginales. Recorrió su intimidad con la lengua, lentamente, provocándole un largo suspiro. Repitió aquello un par de veces y luego dejó que Sam tomase el relevo. Con cierto nerviosismo, la chica llevó sus labios a la intimidad de la pelirrosa, y le agradó oír un gemido de placer, mientras a su lado, Yumi se entretenía lamiendo el pene de Odd.

Detrás de ellas, Ulrich empezó a devorar el sexo de Sam, mientras que Jeremy se ocupaba de dar placer a Yumi. Aquello era totalmente nuevo para la jefa, que estaba empezando a encontrar el placer cuando lo dabas al tiempo que lo recibías. Sintió una mano acariciándole los cabellos. Pensó que era Aelita, pero se trataba de la japonesa. Sonrió y llevó una mano a los pechos de la chica, masajeándolos y entreteniéndose en sus pezones. Gimió de placer cuando los dedos de Ulrich se escurrieron dentro de su sexo, aumentando las olas de gusto que recibía de su lengua.

Intercambiaron las posiciones, permitiendo que Sam también probase a dar sexo oral a un hombre. Con cierto temor, empezó a lamer el miembro de Odd, primero únicamente con la lengua, y luego introduciéndoselo en la boca. Se preguntó si al chico le estaba gustando, pero en aquel momento estaba recibiendo placer de la alocada lengua de Jeremy. A su lado, Yumi gemía de placer por el cunnilingus que Ulrich le estaba regalando, mientras ella hacía enloquecer a Aelita con su lengua. Antes de poder darse cuenta, culminó gracias a Jeremy, y unos momentos después, notó el clímax de Odd en su boca. Este se alarmó, pues pensaba que había metido la pata, pero ella no dijo nada, y se limitó a contemplar cómo Yumi y Aelita tenían sus respectivos orgasmos.

La pelirrosa y Odd estaban agotados en ese momento, así que Yumi propuso a Sam que echaran una mano a Jeremy y Ulrich para que se corrieran también. Ella aceptó, y en ese momento sus manos atraparon el miembro de Ulrich, masturbándole lentamente. Yumi empezó también a masturbar el pene de Jeremy. Aquell picó a Sam, quien optó por envolver la erección de Ulrich entre sus pechos para masturbarle. El castaño estaba encantado con aquello, y Yumi se animaba por el hecho de que su jefa intentara superarla, así que apresó el pene de Jeremy con sus tetas, y además de una ligera masturbación le proporcionó placer lamiéndole el glande. Dispuesta a no perder, Sam hizo que Ulrich se tumbara y frotó su sexo contra el miembro del chico. Para él, aquella imagen era demasiado erótica, y liberó su esperma sobre su propio abdomen, mientras a su lado, Jeremy salpicaba el pecho de Yumi al eyacular.

Aquello había sido sólo el principio de la noche. Sam, quien solía ser dominante, se vio tumbada bocarriba con Odd sobre ella. Este sonrió, mientras su miembro se deslizaba dentro de su sexo. Ella lo disfrutó, mientras a su lado, Yumi disfrutaba del pene de Jeremy en su ano, quien la trataba con cuidado, y Aelita se había entregado a un 69 con Ulrich. Samantha disfrutaba la situación, y lamentaba no haberse dejado guiar antes, pero en ese momento al chico no parecía importarle. Lo estaba pasando realmente bien aquella noche tan equitativa. Sintió que se derretía en placer, pero no indicó al chico que se detuviera, y aguardó recibiendo más placer a que el chico se corriera dentro. Yumi también acabó, gracias a las hábiles manos de Jeremy dando placer en su sexo, mientras este culminaba en su culo. Aelita y Ulrich acabaron a la vez, recibiendo el clímax del otro en la boca, estirándolo lo más posible.

Sam estaba agotada, pero aún no lo había probado todo. Aelita quería más tiempo con ella, así que se acercaron, cruzaron las piernas, y disfrutaron de la fricción provocada entre sus sexos al mover las caderas. Aelita la miró, complacida. Era la primera vez que sentía que su jefa no hacía aquello pensandeo únicamente en su placer. Por su parte, Yumi cabalgana libremente sobre el pene de Ulrich, quien parecía hipnotizado por el movimiento de sus pechos, mientras detrás de él Jeremy disfrutaba de una sesión de sexo anal proporcionada por un dominante Odd.

—Siento mucho… no haber… cedido… antes… —dijo Samantha entre gemido y gemido.

—No te preocupes… —dijo Aelita—. Espero que… sigamos así… a partir… de ahora…

Sam asintió y aceleró el movimiento de sus caderas para el disfrute de la pelirrosa, quien sentía que iba a estallar en su orgasmo en cualquier momento. Yumi también sentía que iba a acabar en cualquier momento gracias al alemán, y Jeremy gemía por las acometidas de Odd, quien alcanzaba con facilidad su punto G. Fue cuestión de momentos que los seis culminasen casi al mismo tiempo.

Esa noche Samantha no volvió a su dormitorio. Fue envuelta por sus nuevos compañeros de cama, que lo habían pasado muy bien con ella por primera vez en mucho tiempo. A un lado estaba Aelita, Ulrich y Yumi, y al otro, Odd y Jeremy.

—Quiero volver a disculparme —dijo la chica.

—No hace falta —dijo Jeremy—. ¿Prometes que vamos a poder disfrutar todos?

—Por supuesto. Ha estado mejor de lo que pensaba —aseguró ella—. A partir de mañana empieza un nuevo día para todos.


¿Os ha gustado? Espero que sí. Dentro de poco voy a tener menos tiempo para escribir (si cabe), pero espero poder actualizar pronto. Atentos a mi perfil, que hoy quiero publicar de otro fandom ;) ¡Lemmon rules!