¡Hola personas! Nuevo domingo de lemmon, espero que os guste.

Moon-9215: Estoy usando personajes poco convencionales últimamente ;)


Verano

(nota del autor: como la edad de las hermanas de Odd es tan "precisa" -ironía- he decidido inventármelas. Odd tiene 15, Elisabeth tiene 16, Louise tiene 17, Pauline tiene 16, Marie tiene 18, y Adèle tiene 17)

Odd odiaba tener que estudiar. Kadic se le hacía monótono. Pero había algo que le gustaba menos. Volver a casa por vacaciones. En primer lugar porque eso suponía estar lejos de sus amigos. Y en segundo lugar, porque eso también implicaba estar en la misma casa con sus cinco hermanas, con las que le costaba llevarse bien.

Ser el pequeño de todos no facilitaba las cosas. Las cinco disfrutaban especialmente de tomarle el pelo, y aunque decían que era sin malicia, a él no le gustaba en absoluto.

Así que después de comer, se escabulló hábilmente a su dormitorio, cerró la puerta, se puso los auriculares y se puso a escuchar música. Pero no pasó mucho tiempo antes de que alguien llamase a la puerta de su habitación. Optó por ignorar a quien estuviera al otro lado, pero esta persona se puso a insistir y a llamar cada vez con más insistencia a su puerta.

—¿Quién diablos…? —se preguntó, mientras se levantaba a abrir.

Era Adèle, su "querida" hermanita. Tenía dos años más que él, y era con la que mejor se llevaba de las cinco que tenía. Y aún así, muchas veces la cosa se tensaba.

—Hola, Odd. ¿Te parece bonito no vernos en meses y retirarte sin decirnos ni una palabra? —preguntó.

—Estaba ocupado —dijo él, tajante.

—¿Haciendo qué?

—Deberes.

—¿Tú? ¿Los deberes? ¿El primer día de vacaciones? No me hagas reír —respondió ella, que sabía perfectamente que su hermano regresaría al Kadic sin haber hecho los deberes del verano—. ¿No estarías hablando con alguna amiguita tuya? ¿O tal vez pensando en ella? Como aquella vez que…

Odd le puso las manos sobre la boca para que guardase silencio. Aún recordaba el día en que, dos años atrás, Adèle había entrado sin llamar a su cuarto y le había sorprendido dándose placer. El rubio tiró de su hermana para que entrase en su cuarto.

—¿Me lo vas a recordar toda la vida? —preguntó, avergonzado.
—Sólo cuando quiero asegurarme de que no me ignoras. Ven aquí.

Y le dio un abrazo a su hermano. Este se deleitó con su aroma. Tan delicado… no, no podía volver a caer. Pero su hermana tenía un magnetismo al que no se podía resistir. Apoyó la cabeza en sus pechos, y ella sonrió.

—Te he echado de menos, ¿sabes?

—Y yo a ti… —admitió él.

—¿En serio? Pensaba que tenía un hermano ligón, que podía conseguir chicas a montones —respondió Adèle, sorprendida.

Todos en la familia Della Robbia tenían una especie de don para la seducción. Odd era consciente de ello, y sabía que sus hermanas eran muy populares en la escuela donde estudiaban. Y sin embargo, el año anterior…

—Las he conseguido. Pero n… —Odd fue incapaz de decirlo.

—¿Pero qué?

—Ninguna ha sido como tú, Adelè.

La chica, enternecida por la sinceridad de su hermano pequeño, volvió a abrazarle. Esta vez, de un modo menos inocente. Puso las manos en los glúteos del chico, y los apretó.

—¿Has echado de menos nuestros juegos?

—Mucho… —confesó Odd. Como su hermana no se detuviese, iba a terminar cayendo en lo prohibido.

—¿Y quieres volver a jugar?

Odd se mordió la lengua. No era capaz de decir que sí, pero era incapaz de mentir y decir que no. Pero para Adelè «el que calla otorga», y el silencio de su hermano fue un indicativo de lo que realmente quería el joven.

—Déjate llevar, Odd —susurró, y posó los labios sobre los de él.

Quiso resistirse, pero Adelè era un deseo superior a sus fuerzas. Por mucho que se llevara mal con ella habitualmente, lo que había aprendido sobre el sexo había sido gracias a ella… y de primera mano. Besó a su hermana, y empezaron a moverse. Odd quería dirigirla al colchón, pero Adelè tenía otras ideas en mente.

—No seas aburrido… ¿qué tal sobre la mesa? —preguntó.

La mayor parte de la sangre de Odd ya no se encontraba en el cerebro, así que no pudo negarse. Llegaron a la mesa. Adelè se sentó y continuaron besándose mientras se iban quitando la ropa. Odd metió la cabeza entre los pechos de su hermana y empezó a lamerlos y saborearlos. Cada poro que encontró hasta llegar a sus pezones fue cubierto por su saliva, y se quedó un rato jugando con ellos, mientras Adelè le iba quitando el pantalón.

—Sí que has crecido —comentó con una sonrisa—. ¿Vas a enseñarme lo que has aprendido? —le preguntó al dejarle caer el boxer. Odd llevó la mano al cajón de su mesa, donde guardaba una caja de preservativos, pero se llevó una sorpresa—. Estoy tomando la píldora, no te va a hacer falta eso.

Aquello nubló el juicio de Odd, y sin darse cuenta, le introdujo su pene de una embestida. Fue algo repentino para Adelè, pero la excitación que había tenido previamente la había mojado, de forma que no le dolió especialmente. Sonrió mientras veía a tu hermano tomarla, y este disfrutaba de la sensación de calidez que daba el poder hacerlo sin condón.

—Te has vuelto muy bueno, hermanitmmmm… —gimió al sentir además la mano de Odd jugando y estimulando su pezón derecho.

Odd aumentó la velocidad. No iba a aguantar mucho de aquella forma. Y la imagen de Adelè gimiendo de placer y retorciéndose por el gusto le estimulaba aún más. Culminó finalmente, pero pudo aguantar un poco a que ella tuviera su clímax.

—Hace calor, ¿verdad?

Adelè puso el aire acondicionado. Estaban tumbados en la cama de Odd, completammente desnudos, recuperándose. Y ahora, recibiendo fresquito por todo su cuerpo.

—Has mejorado mucho, de verdad. ¿Has practicado con muchas? —preguntó con curiosidad.

—No me es cómodo hablar de eso cuando acabamos de… ya sabes.

—Claro. Perdona. Es sólo que estoy pensando cuantas chicas habrán disfrutado con esto… —añadió, mientras su mano iba al pene de Odd y empezaba a mmasturbarlo.

—Los dos podemos jugar a eso —respondió él, y empezó a estimular la vagina de su hermana.

Fue un juego pausado, recreándose más en sentir placer que en llegar al orgasmmo. No supieron cuánto tiempo estuvieron así hasta que fue demasiado tarde.

—Odd, Adelè, papá y mamá se han ido, dicen que encarguemos una pizza para cenar y que volverán mañana por… ¡Dios bendito!

Marie acababa de entrar en el dormitorio, y les había pillado masturbándose mutuamente. Se detuvieron en ese momento, pero no podían enmendarlo.

—¡Elisabeth! ¡Loise! ¡Pauline! ¡Venid a ver esto!

Como si lo hubieran intuido, aparecieron en cuestión de instantes en el dormitorio. Odd estaba muerto de la vergüenza, pero Adelè parecía inmune.

—¿Qué estáis haciendo? —preguntó Pauline.

—Echar una siesta con el aire acondicionado —respondió Adelè.

—¿Desnudos? —señaló Elisabeth.

—Hace mucho calor.

—Pero si os estábais tocando —dijo Louise.

—¿Es que vosotras no os movéis cuando dormís? —inquirió Adelè.

—Bueno, vale, os creemos. Pero en lugar de dormir aquí sólos, ¿por qué no vamos al comedor y disfrutamos del aire acondicionado todos? Desnudos, claro, que hace calor.

La idea había sido de Marie, y siendo la mayor del grupo, era difícil negarse a sus órdenes. Además, por la diferencia de edad, era con quien Odd tenía peor relación. Este no se atrevió a mirarla a los ojos cuando desfiló, tal como estaba, hacia el comedor.

Y efectivamente, sus otras hermanas se quitaron también la ropa antes de sentarse en el sofá. Marie dejó que Adelè se sentase al lado de Odd, y ella se puso a su otro lado, flanqueándole. Elisabeth se acomodó con Adelè. , Louise con Marie, y Pauline en el suelo, entre las piernas de Odd.

—Creo que teníais el aire puesto —dijo Marie, y lo encendió—. Oh, pues teníais razón… qué a gustito. ¿Ponemos la tele?

A Odd no se le pasó por alto, mientras veían la televisión, que sus hermanas estaban tremendas. Adelè era muy atractiva, pero las demás no se quedaban cortas. Especialmente Marie, a quien le había sentado muy bien cumplir los 18. "Que pechos más bonitos", pensó, y aquello fue su perdición. Su pene se volvía a endurecer. Y aún peor. A Adelè parecía darle morbo la situación, y cuando se aseguraba de estar a salvo, se lo acariciaba momentáneamente, de forma que era imposible que aquello se relajase.

Finalmente, cuando una película tuvo un corte publicitario, Marie apagó el televisor.

—¿Hasta cuando vais a seguir fingiendo?

—¿Fingiendo? —dijo Odd, asustado.

—Fingiendo que no estabais haciendo nada. Es más, apostaría a que lo habíais hecho ya.

—¿Cómo lo sabes? —se sorprendió Adelè.

—Ahora sí que lo sé —dijo Marie, con malicia.

—¿En cierto, hermana? ¿Lo has hecho con Odd? —se sorprendió Pauline.

Adelè asintió, lo que llevó a un sonoro "Uoooooh" por parte de las demás. Odd estaba muerto de la vergüenza, y más cuando, al ser preguntada por qué tal fue, ella respondió que de maravilla.

—Así que nuestro hermanito se sabe manejar en la cama… —dijo Elisabeth.

—Eso es muy sugerente —asintió Pauline.

Adelè entendió antes que Odd la intención que tenían sus hermanas, de forma que se pudo unir a su plan rápidamente. El que no se lo esperaba fue Odd, quien de pronto se vio rodeado de sus hermanas, mirándole con deseo.

—¡No! ¡Quietas! —gritó cuando lo entendió.

—¿Qué pasa, Odd? ¿Demasiado para tí? —bromeó Louise.

—No. Eso es justo lo que pasa. Siempre… siempre os estáis metiendo conmigo… ¿y ahora pretendéis que…? Ni de coña.

—Odd, pero… tú sabes que bromeamos, ¿no? —dijo Elisabeth, claramente contrariada.

—Por mucha broma que sea me molesta. Y nunca os ha importado. Adelè ha sido la única que se ha preocupado un poco por mi de verdad…

—Odd…

Marie miró a su hermano, y no pudo contener una lágrima. Nunca se había planteado en serio que sus bromas molestaran a su hermano. Pero lo decía en serio. Estaba enfadado con ellas.

Se disculparon con él. Odd parecía reticente a querer perdonarlas. Había pasado años peleado con ellas por su comportamiento y de pronto hacer como si nada hubiera pasado le costaría. Pero Adelè intercedió por las demás.

—Sabes que yo tampoco pensaba que te lo tomaras a mal cuando me lo dijiste. Y me perdonaste. Están arrepentidas…

—Adelè… por favor, no me lo pongas difícil…

—Sabes que puedes seguir enfadado… o aceptar sus disculpas y pasar un buen rato.

—Pero ¿en serio estáis planeando que nos acostemos?

—De acostarnos nada. Aquí bien despiertos —bromeó Louise, intentando romper un poco el hielo.

Odd tuvo que reírse con el chiste. Se relajó un poco. Tal vez no fuera mala idea… a pesar de lo raro que se le hacía el incesto.

—Bueno, ¿a quién eliges primero? —preguntó Adèle—. Yo estoy satisfecha, puedes empezar por ellas.

Odd no podía pensar con mucha claridad. Juzgando en frío, todas ellas estaban riquísimas. Pero finalmente optó por empezar con Pauline. Ella sonrió, y se acercó a su hermanito.

—¿Tomas precauciones? —preguntó el chico, mientras su hermana frotaba su intimidad contra su miembro para que se le levantase.

—Todas tomamos. Así que no tienes que preocuparte por nada —dijo, y se levantó momentáneamente, sólo para que al caer, el pene de Odd penetrase dentro de ella—. Oh, sí… entiendo que Adelè se lo pase bien contigo…

Mientras que la mencionada era más bien pasiva, Pauline prefería llevar el control de la situación. Con las piernas apoyadas en el sofá pudo subir y bajar por el miembro de Odd. Apoyó las manos en su torso con cuidado para moverse, y dejó que Odd manoseara sus nalgas.

—¿Te gusta mi cuerpo?

—Claro que sí…

—Va a ser todo tuyo este verano —dijo con malicia.

Odd no pudo resistirse a empezar a mover también sus caderas, facilitando las acometidas. Se movieron al unísono. Pauline tuvo que gemmir largamente cuando notó las manos de Odd hurgando por su trasero, estimulando su ano. Pero le gustaba tener un hermano así de travieso, y quiso animarle a continuar.

—Lo haces muy bien…

Sintió entonces sus dedos hundiéndose dentro de su culito. Eso aminoró un poco su movimiento, pero no estaba dispuesta a dejarse ganar. Siguió rebotando sobre Odd hasta que consiguió su orgasmo, unos segundos antes de que Odd eyaculara.

—Lo has tenido que pasar muy bien, Adelè… mira la cara de satisfacción que tienes —comentó Elisabeth—. ¿Te importa si sigo yo?

A Odd no le importó. Se preguntó cómo iba a querer jugar su hermana, y no tardó en saberlo. Se vio tumbado en el sofá, y ella se puso en cuatro, en sentido contrario a él. No era la primera vez que el chico estaba en un 69, pero… quizá fuera la primera vez que lo pasara bien.

—Apoyate en mi —ofreció Odd—. Quiero poder llevar bien… aquí —dijo, introduciendo suavemente su dedo en el sexo de Elisabeth.

Ella obedeció. Se apoyó sobre su cuerpo con cuidado, y ahí estaba la latiente erección de su hermano. La lamió con cuidado, únicamente por la punta, antes de introducírselo en la boca. Odd hundió su lengua en el sexo de su hermana, y con ganas empezó a estimularlo.

No se le escapó que a su alrededor estaban sus demás hermanas, mirando la escena embelesadas, pero no lo importó. Le hacía sentirse bien. Le gustaba. "Algo puede cambiar hoy", pensó, y dio más placer a su hermanita introduciendo un par de dedos que se intercalaban con su lengua.

Pero Elisabeth no estaba dispuesta a dejarse ganar y jugó con sus manos por la virilidad de su hermano. Lo masturbó mientras mantenía su glande contra la lengua, y acarició sus testículos mientras se lo succionaba con ganas. Era una guerra que no querían perder y que terminó en tablas, cuando ambos acabaron a la vez.

—¡Me toca! —dijo Louise, adelantándose cuando Elisabeth se apartó. Odd se vio nuevamente sentado, con su pene envuelto entre los pechos de su hermana. Miró a su hermano con dulzura mientras sus pechos se ocuparon de darle placer.

—Joder, Louise… qué bien se siente.

—Me alegro. Disfrútalo. Y no te preocupes —añadió—. Cuando tengas que acabar, hazlo.

Siguió masturbando el pene de su hermano con sus pechos. Odd lo estaba disfrutando mucho, especialmente cuando Louise se interrumpía un momento sólo para darle un besito en la punta del pene, o directamente un lametón.

A Odd le resultaba antinatural una posición plenamente pasiva, pero se sentía bien el cambio. Pero pensó que cuando acabase iba a tener que devolverle el favorcito a su hermana. Y más si realmente podía acabar libremente. Su cuerpo se tensó un poco, primera señal de que le quedaba poco para acabar. Pero intentó contenerse un poco. No le gustaría que la diversión con ella acabase rápido. Pero era una sensación tan buena que era inevitable. Acabó enormemente, salpicando a su hermana por el rostro y sus pechos.

Y en el momento en que ella se levantó para apartarse, él la atrapó desde atrás. Su mano se coló por entre las piernas de la chica, y alcanzó su vagina. Empezó a masturbarla, con mucho cuidado y lentamente. Louise estuvo a punto de caerse, pero aguantó. Marie acudió en su ayuda, y con unos pañuelos, se aseguró de limpiar bien la cara y los pechos de su hermana, mientras esta era conducida al séptimo cielo por la habilidosa mano de Odd.

—Sigue, por favor… se siente muy bien…

—Acaba, Louise… acaba para mi —pidió Odd.

Ella asintió despacio y sintió sus piernas flaqueando. Poco a poco bajó hasta que se apoyó en el suelo, sin que Odd la soltase o dejase de masturbar en ningún momento. Aceleró un poco más el movimiento de su mano, hasta que un jadeo le indicó que su hermanita había alcanzado su rico orgasmo. La dejó suavemente en el suelo, y finalmente miró a su hermana Marie.

—¿También vas a hacerlo conmigo? ¿Después de cómo me he portado? —preguntó.

A Odd no se le escapaba cierto tono celoso que tenía la chica. Obviamente, no se quería sentir discriminada entre sus hermanas. Pero Odd tenía una cosa clara.

—Siempre que hoy terminen las bromas que no me gustan.

—Por supuesto.

Se besaron. A Odd la ética ya le daba igual. Estaba disfrutando realmente de la compañía de sus hermanas. Marie era una experta besadora. Sabía mover su lengua, y estimmulaba el cuerpo de su hermano con mucha profesionalidad. Este pensó que iba a poder hacerlo con ella con normalidad, pero se sorprendió cuando ella se bajó de encima de él, y se puso en cuatro sobre el sofá, ofreciéndole su entrada trasera.

Odd se acercó, y tomó la decisión de no apresurarse. Empezó a lamer toda aquella anatomía de su hermana: desde su sexo hasta su ano, y vuelta a empezar. Cuando su lengua se encontraba por su intimidad, empleaba su dedo para dilatarla. Odd escuchó "Yo quiero que me haga eso también", pero no prestó la suficiente atención como para saber cuál de las chicas lo había dicho.

Degustó el sabor de la vagina de Marie mientras terminaba de prepararla. Sintió por fin que sus dedos se podían deslizar fácilmente dentro de ella, momento en que podía proceder a penetrarla. Se situó tras ella, con mucho cuidado, y deslizó su pene con mucho cuidado dentro de su culo.

Marie no era la primera vez que tenía sexo anal, pero había subestimado el tamaño del pene de su hermano. Lo sentía dentro de ella, y no podía negarlo: era grande. Jadeó cuando recibió la primera embestida de su hermano. No fue fuerte, pero aún así…

—¿Podrías hacerlo un poco más suave? —pidió con un hilo de voz.

Odd se esforzó en hacerlo con mayor delicadeza. Marie se fue acostumbrando poco a poco a la sensación. Muy rica, muy rica. Poco a poco su hermano fue aumentando el ritmo, y ella no necesitó que se moderase. Se sentía bien. Era una sensación agradable. Supo cuando Odd iba a acabar. Se estaba tensando. No dijo nada, y dejó que culminase libremente.

—Hoy empieza un día nuevo para todas contigo, Odd —dijo Marie, mientras se recuperaban.

—¡Vamos a tener mucho sexo! —proclamó Adelè.

—Tranquilas, chicas. Marie, ¿has dicho que nuestros padres estarán fuera hasta mañana?

—Así es.

—Pues entonces, ¿qué prisa tenemos?


¿Os ha gustado? Espero que sí. Estoy intentando dar un toque de aire fresco a los lemmon, de ahí que use personajes poco empleados (Taelia, Patrick, las hermanas de Odd...), así que si tenéis ideas al respecto, podéis pedírmelas. Lemmon rules!