Año Nuevo

—¡Feliz año nuevo, chicos!

Yumi había invitado a pasar el uno de enero en su casa a Ulrich, Aelita, Jeremy, Sam y Odd. Sus padres e Hiroki habían decidido volver por las fechas a Japón. Pero ella no estaba dispuesta a renunciar a la posibilidad de pasar unos días en su casa con la compañía del alemán. Este había conseguido el permiso de sus padres, y los demás, tras comer con sus familias, habían vuelto a la ciudad para estar con sus amigos.

Habían preparado un picoteo para comer y lo estaban disfrutando en la mejor compañía.

—Que envidia que tus padres se fíen de ti para dejarte la casa, Yumi —comentó Odd—. A mis viejos no les convenzo ni emborrachándolos.

—Tal vez porque cuando te dejaron una noche te llevaste a Sam y aprovechasteis para echar un casquete —respondió la japonesa.

—Oh, como si Ulrich y tú no lo hicierais —ironizó Samantha.

—Sí, pero Ulrich tiene la precaución de no quedarse dormido en la cama de Yumi desnudo para que le pillen —bromeó Aelita.

Ilrich tini li priquicín di ni quidirsi dirmidi, miñimiñimiñi —dijo Samantha.

—Estás tan mona cuando te enfadas… —comentó Aelita.

—Aún así, debemos ser responsables. Si esto se nos va de las manos no sólo nosotros tendríamos problemas, Yumi también estaría en uno muy gordo —dijo Jeremy, preocupado.

—Desconfiado. Ya has visto que lo tenemos todo bien ordenado —respondió Ulrich y le dio una palmadita en la espalda.

Levantaron las copas, brindaron y se sentaron a comer. Yumi no estaba especialmente acostumbrada a darse muestras de cariño en público con Ulrich pero ese día estaba haciendo una excepción. Se tomaba la libertad de acercar mucho su silla a la de él y de vez en cuando se daban de comer mutuamente.

—¿Te puedo dar de comer, Jeremy? —preguntó la pelirrosa en tono inocente.

El rubio se puso colorado, pero aceptó. Bajo la atenta mirada de sus amigos, cerró los ojos por indicación de la chica. Y en el momento en que esperaba sentir el tenedor, recibió en sus labios el beso de Aelita.

—Feliz navidad —fue lo único que dijo ella, y siguió comiendo como si no pasara nada.

—Qué embelesados se ven —rió Sam. Pero su risa cedió cuando se vio atraida hacia Odd. Este le dio un beso profundo, poderoso, dominando pero sin hacerla daño. Firme. Se quedó un minuto embobada, normalmente el chico no tenía esos arrebatos pasionales más que cuando estaban en la cama.

—Estaba todo muy bueno —dijo finalmente la pelirrosa cuando acabaron de comer.

Entre todos se ocuparon de quitar la mesa y dejar todo ordenado. Una buena forma de limpiar cualquier crimen, aunque no habían cometido ninguno. Aún. Jeremy pensó que sería mejor irse ya.

—Ulrich y Yumi querrán estar solos —argumentó.

—No seas tonto, os podéis quedar. ¿Vemos una peli? —propuso la japonesa—. Vamos, es pronto.

—Es una idea genial —dijo Sam—. Pero…

—¿Pero?

—Es que tengo un poco de calor —continuó la chica—. ¿Pasaría algo si… me quitase el suéter?

—Claro que no, adelante.

Lo que Yumi desconocía era que Sam no llevaba camiseta debajo del suéter, simplemente el sujetador que recubría sus pechos. Uno bonito y festivo de color blanco que contrastaba con el tono de su piel.

"Ahora entiendo que me pidiera permiso", pensó la japonesa, que se arrepentía de haber aceptado. Jeremy y Ulrich parecían apasionados por la uniformidad de la pintura del comedor, pero Odd sonreía como un tonto viendo así a la chica.

—Qué bonito —dijo Aelita inocentemente, fijándose en el sujetador de la chica más que en lo llamativo del tamaño de sus pechos.

—¿A ver el tuyo? —pidió Sam.

Cuando Aelita se despojó, Jeremy tiró de la camisa de Odd y le obligó también a mirar las paredes como si fueran una obra de arte.

—Parece cómodo —comentó Sam—. ¿Y el tuyo, Yumi?

—Pues… —Yumi dudó.

Pero las insistentes miradas de sus amigas le hicieron ceder, revelando que debajo de la ropa llevaba un conjunto de lencería sexy, aguardando al momento en que se quedara a solas con Ulrich para disfrutarlo.

—Me encanta. Tienes que decirme dónde lo conseguiste —dijo Sam—. Bueno, podríamos ver así la película. Siempre que… tres que yo me sé aceptasen ponerse en igualdad de condiciones —alzó la voz para que los chicos se dieran por aludidos.

—Venga, tíos. ¿Os va a dar vergüenza? Si ya nos vemos en los vestuarios —dijo Odd.

—No es lo mismo, allí no están… —Jeremy intentó alegar algo, pero no le dio tiempo. Odd se desabrochó el pantalón y lo dejó caer al suelo. Luego se agachó para recogerlo, presumiendo de culito sexy ante las chicas.

Yumi y Ulrich se miraron y se encogieron de hombros. Total, ya se habían visto. Ulrich también se quitó el pantalón. Intentó no fijarse mucho en sus amigas. El boxer era elástico, de forma que una erección sería fácilmente distinguible. Jeremy no lo tenía claro, pero Aelita le tranquilizó y aceptó también a quitarse la ropa.

No quedó ahí la cosa, ya que les parecía absurdo tener una prenda de ropa. Se quedaron solamente con la ropa interior. Tardaron un poco, pero se relajaron finalmente y se sentaron en el sofá.

Yumi se acurrucó al lado de Ulrich (Odd estaba a su otro lado) y buscó en la tele por catálogo una película con pinta interesante. Le dio al play y no tardó mucho en obviar la presencia de sus amigos.

—Podrías aprovechar para meterme mano —susurró de forma que solo su chico la oyese.

Él la miró sorprendido, pero ella sonrió y se hizo la inocente, pretendiendo que prestaba atención a la película.

Ulrich estiró la mano que había pasado tras la espalda de la chica, y empezó a masajear aquella nalga. Había algo diferente, pero no sabía qué.

—Sam, que estamos con nuestros amigos —oyó decir a Odd—. Deja mi culo tranquilo.

—Pero si yo no soy —dijo Sam, estirando los brazos para dejar claro que ella no era.

Horrorizado, Ulrich apartó su mano. Había estado manoseando el culo de su compañero de cuarto. Pero ya era tarde.

—Jo, Ulrich, no es justo. Me vas a dejar con el calentón —bromeó Odd.

Este ignoró la coña y localizó con mayor acierto las nalgas de Yumi. Disfrutó de su tacto por unos minutos, pero algo le puso tenso. La mano de Odd estaba allí, no tocando el culo de la japonesa, sino la propia mano del chico. ¿Qué diablos hacía?

Samantha estaba echada, apoyada en Odd y con Aelita descansando sobre ella. La chica no era idiota y sabía lo que ocurría. De forma que optó por poner una mano se forma inocente sobre el cuerpo de Aelita. De casualidad encontró uno de sus pechos y dejó ahí la mano, apoyada. Jeremy parecía ajeno a todo… pero Aelita no se perdía detalle. Su mano se deslizó expresamente a por el chico, y localizó su bulto. Dejó ahí la mano, sonriendo.

La película había perdido el sentido hacía rato. Allí nadie estaba teniendo ideas inocentes. Y cuando de pronto en la película apareció una escena de sexo bastante explícita, fue la gota que colmó el vaso.

—Suficiente película por hoy —dijo Ulrich. Apartó la mano y buscó el mando. Pero Yumi se lo guardó en el escote—. ¿Qué haces?

—¿Te resulta incómodo? —preguntó ella, con un tono inocente… que de inocente tenía muy poco.

—Claro que sí…

—¿Y te das cuenta de que eso me lo dices mientras me sobas el culo y haces manitas con Odd? Sí, me he dado cuenta —dijo Yumi.

Ulrich apartó la mano, pero se escuchaban gemidos desde el televisor.

—Perdona… —dijo Odd, y quitó la mano de la nalga de la japonesa.

—Chicos, creo que nos hemos encendido bastante de estar así —dijo Yumi, y apagó el televisor—. Lo mejor será…

—Que nos vayamos, sí —murmuró Jeremy. Amaba el trato que Aelita le estaba haciendo, pero era mejor dejarlo ahí.

—Y un cuerno. ¿Por qué no lo hacemos aquí? —sugirió la anfitriona—. Estamos entre amigos y no me va a escandalizar que me veáis haciéndolo con Ulrich. Vosotros estaréis a lo vuestro también.

—¿Estás loca? —preguntó Ulrich.

—Loca por ti.

Y sin esperar respuesta se lanzó a por los labios de Ulrich. Este sintió el calor que desprendía el cuerpo de su novia. Se nubló su mente. Joder, cómo iba a resistirse. La chica se liberó de su conjunto, exponiéndose de espaldas a sus amigos. Ulrich tenía un primer plano perfecto de la chica. Sintió sus manos resbalando por su cuerpo y bajándole su última prenda. Ninguno de los otros disimuló su asombro al ver momentáneamente el pene erguido de Ulrich, pero fue tapado por la figura de Yumi.

—De perdidos al río… —comentó Sam metiendo la mano bajo el boxer de Odd—. Sí que te ha gustado verlo… —comentó divertida—. ¿Nos animamos?

—Es una pregunta trampa, ¿no?

Se acabaron de desnudar mutuamente. Sam siguió acariciando la erección de su novio, que se encontraba bastante lubricada. Ella misma se mojaba al sentir los dedos de Odd estimulandola. Suspiró. No aguantaba más.

Aelita tenía a Jeremy sobre ella. Besuqueaba su cuello y masajeaba sus pechos con delicadeza. Suspiró cuando sintió que jugaba con sus pezones. Malo.

—Por favor, Jeremy…

—¿Seguro que quieres hacerlo aquí así? —preguntó el chico.

—Me encantará. Venga…

Yumi estaba sobre Ulrich. Cabalgaba lentamente sobre él, abrazados en el sofá. Él la ayudaba a subir y a bajar mientras sus labios repartían su cariño por el cuerpo de su novia, y de vez en cuando se chocaban en un pasional beso. Sus manos estaban entrecruzadas. Se amaban.

Samantha y Odd habían caído a la alfombra, donde ella le tenía tumbado contra el suelo mientras se movía con rapidez. Ella era más impulsiva y le encantaba hacerlo de aquella forma. Aún así adoraba sentir las manos de Odd venerando su cuerpo palpando cada poro. Sí, qué maravilla. Aceleró el movimiento de sus caderas.

En el sofá Jeremy se movía a su ritmo penetrando a Aelita. La chica se sentía genial recibiendo placer. Él era gentil, y nunca la había hecho daño. Se dejó hacer mientras el chico la conducía al clímax. Sentía el calor que desprendía su cuerpo, lo adoraba. Se aferró a él, deseando llegar al orgasmo.

Una serie de gemidos inundó la habitación en diferentes tiempos poco separados. Los movimientos fueron más lentos y se detuvieron al final. Se miraron entre los seis. Sonrieron. Aquello había estado muy bien.

—Estamos para foto —bromeó Sam.

—¿Lo dices en serio? —preguntó Odd.

Y aunque bromeaba, se vieron finalmente con la cámara en la mano. Odd fotografió en primer lugar a las chicas, que estaban en pie, juntas, sujetándose de las caderas. Una imagen que les provocó la erección y así aparecieron en su fotografía, en la misma pose que sus amigas.

—Decid "selfie" —dijo Sam. Estaban todos recostados sobre el suelo, apoyados los unos sobre los otros. Estiró el brazo con la cámara, sonrieron y sacó la imagen.

—¡Odd, cuidado! —dijo Ulrich, alertado.

—¿Qué pasa?

—Tu mano.

Odd tenía la mano sobre el pene de Ulrich. Y ninguna intención de apartarla según parecía. Todos miraron cómo el rubio empezaba a masturbar a su amigo y este no se oponía. Al contrario, separó las piernas, facilitando a su amigo el darle placer.

—No sabía que Odd tuviera estas tendencias… —dijo Yumi, observando con más curiosidad que enfado o celos.

—Yo sí. Por eso no me enfadé antes —respondió Sam, sonriendo al verle cumplir una pequeña fantasía curiosa.

—¿Y tú las tienes? —preguntó Aelita, surgiendo a su espalda y poniendo sendas manos sobre los pechos de la chica.

—Bueno… —gimió cuando notó placer en sus pezones— tengo curiosidad…

Yumi no se animaba al experimento de sus amigas, así que se quedó mirando a Ulrich. La verdad… esa cara de placer que tenía no estaba causada por ella. Eso sí que no lo podía tolerar. La mano de Odd se movía frenéticamente. El mismo chico estaba excitado. Juró haber visto una gota de líquido preseminal emanando. Pero se concentró en Ulrich. Se tumbó hacia adelante y puso la mano sobre la de Odd. Ojiplático, Ulrich comprobó como su chica empezaba a lamer su pene con cuidado.

La japonesa miró a Odd y sonrió con malicia. "A ver si superas esto", parecía decir. Pero Odd no tenía la intención de dejarse ganar. Imitó la postura de su amiga. Ella le dejó paso, y chupó el pene de su amigo por primera vez. Era un sabor totalmente nuevo para él. Incluso el tacto contra su lengua era raro. Pero no estaba mal. Sintió que la mano de Yumi tiraba delicadamente de aquella erección para lamerla y empezaron a compartirla. Sus manos fueron a probar el cuerpo del otro, explorándolo con cuidado.

Del mismo modo, Aelita tenía curiosidad por el sabor de Sam. Se había situado entre sus piernas y acariciaba su vagina. Pidió a Jeremy que se acercase. Este, nervioso, se pudo a su lado y contempló con fascinación el sexo de Samantha.

—¿Podrías enseñarme? Tú me lo haces muy bien —pidió la pelirrosa con una mirada suplicante.

Jeremy cedió. Aunque lo sentía como una traición a su chica, ella estaba expectante para verlo. Jeremy agachó la cabeza al sexo de Sam. Separó muy ligeramente sus labios vaginales, y con la lengua muy húmeda lo acarició. Un escalofrío demostró que a Sam le gustaba. Volvió a probar. Un gemido. Localizó su clítoris. Pasó ahí unos largos segundos. El cuerpo de Sam se tensaba.

Cuando el chico se detuvo Aelita tomó el relevo. Había hecho muy poco sexo oral con Jeremy otras veces. Y ahí estaba ahora, degustando el sexo de una chica por primera vez en compañía del rubio. Eso le gustaba. Su compañía en aquella situación. Probaron a juntar sus lenguas en el sexo de su amiga, aumentando su placer. Probaron a manosearse, y comprobaron que estaban húmedos.

Ulrich había eyaculado finalmente. Y ahora estaba nervioso. Odd estaba entre sus piernas, y sentía su dedo estirando su culo. Era molesto. Dolía. Pero aún así… Atrajo a Yumi hacia él. Si iba a hacerlo, el prefería no enterarse. La subió sobre su cabeza y empezó a degustar el sabor de su vagina. Se perdió en los fluidos de su amada, pero aún así fue consciente del momento en que, limpiamente, el pene de Odd entraba en su interior.

Aelita probaba ahora a rozar su intimidad con la de Samantha. Esta chillaba de placer. Era buena. Pero no quería dejar a Jeremy desatendido. Le pidió que se acercase y empezó a lamer su pene. Qué bien se sentía. El rubio tenía miedo, pero Aelita no se sentía ofendida. Al contrario. Estaban haciendo algo muy bonito entre amigos. Y el cuerpo de las chicas se sentía muy bien. Fue cuestión de minutos que todos acabaran.

Sin darse cuenta, Yumi se vio atrapada por sus amigas. Aelita y Sam la habían atrapado y dado sendos besos, y ahora las tenía degustando el sabor de sus pechos. Malditas… sabían usar la lengua en sus pezones. Y la delicadeza con la que usaban sus dientes para encenderla. No podía resistirse. Se vio llevaba involuntariamente a lamer el sexo de Aelita. Tenía mejor sabor del que habría imaginado, pensaba mientras su sexo se excitaba contra el de Sam.

Jeremy había sido atraído por Odd con un beso. Se vio bocarriba y de pronto el rubio estaba sobre él, a cuatro patas, pero con sus cabezas a la altura de sus respectivos penes. Empezaron a lamerse mutuamente. Jeremy no sabía cómo podía participar en esa locura… y menos aún cómo el pene de Ulrich podía sentirse tan placentero penetrandole. El alemán le tenía bien sujeto de las caderas. Qué maravilla. Aquel experimento de homosexualidad estaba siendo muy positivo. Les estaba encantando.

—¿Lo habéis pasado bien? —preguntó Yumi cuando hubieron culminado de nuevo.

Todos asintieron.

—Perdonad, tengo que ir al baño… —dijo Odd. Se levantó y salió corriendo del comedor.

Y de pronto se oyó la puerta de la calle. Dos gritos. Una voz. Otros gritos. Antes de que pudieran reaccionar, Odd había empujado hasta el comedor a Sissi y a William.

Un rato antes…

William caminaba por las calles de la ciudad. Tenía que hablar con Yumi. Sabía que la había perdido, pero aún así, felicitarle el año indicaría que la situación estaba normalizada entre ambos. Llevaban tiempo sin hablar a pesar de que habían prometido que la relación de ella no se interpondría en su amistad. Y justo llegando a la calle de Yumi vio que Sissi también estaba ahí.

Caminaron juntos. La chica le explicó que tenía la misma intención con Ulrich. Sin embargo, eso les hacía que el corazón se les encogiera un poco, así que dejaron de hablar. Llegaron a la verja de Yumi. Se dispusieron a llamar, pero unos gritos se lo impidieron. ¡Algo malo pasaba! Abrieron rápidamente y fueron a observar por la ventana. Y lo que vieron les dejó helados.

Yumi y Odd compartiendo el pene de Ulrich. Samantha recibiendo sexo oral de los "Einstein". ¡Panda de locos! Lo mejor sería irse de allí. Lo mejor… pero algo se lo impedía. Aquella imagen furtiva era demasiado excitante. Lo estaban pasando tan bien. Se miraron entre sí, avergonzados. Tenían que marcharse. Pero en lugar de eso empezaron a masturbarse mutuamente. Metieron las manos por debajo de las prendas del otro. Sissi se asombró con el tamaño del pene de William y lo masturbó con ganas mientras este hundía los dedos en su sexo. Con cuidado de no llamar la atención con sus gritos, ellos también se corrieron.

La imagen del comedor cambió cuando las chicas fueron por un lado y los chicos por el otro. Sissi se bajó los leggins por debajo de la falda, y permitió a William acceder a toda ella. Apoyada en el muro, se dejó hacer. Sintió el contacto del pene de William contra su sexo momentos antes de que se deslizase en su interior. Gimió. Qué rico. Le gustó mucho. William la sostuvo por las caderas y continuó penetrándola. Miraron la escena, poniéndose más calientes. Pero cerraron los ojos cuando se corrieron.

Ese fue el momento en que Odd se percató de su presencia, y con la excusa de ir al baño, había salido a la calle en pelotas y gritado: "¡Os pillé!" Sissi gritó ante esa imagen y William también se sobresaltó.

—Vaya… así que sois un par de vouyers… —dijo Yumi, bastante decepcionada con su supuesto amigo.

—¡No lo somos! —se defendió William—. ¡Vinimos a veros y al escuchar ruido…!

—¡Pensábamos que os pasaba algo! No creímos que estuvierais… —la última parte de la frase de Sissi fue inaudible.

—¡Pero si estabais echando un casquete mirando por la ventana! —protestó Odd.

Sissi buscó la mirada de Ulrich pero éste la apartó. Se sintió traicionado cuando había decidido volver a confiar en ella. Jeremy y Aelita, más incómodos que los demás, se habían apartado un poco. Aelita se tapaba con un cojín, y el chico se ocultaba tras ella.

Pero Samantha parecía más calmada que los demás. No le gustaba que la espiasen teniendo relaciones (¡dónde estaba la educación y el pedir permiso!), y aún asi podía entender un poco su actitud.

—Bueno. La verdad… podríamos haberlos invitado también —dijo la chica—. La idea original era solamente comer, esto… se nos ha ido de las manos.

—Vale, sí, pero esto tampoco ha estado bien —dijo el alemán.

—Nos iremos. No vamos a contar nada, de verdad —aseguró William—. Por favor, no quiero problemas…

—Ni yo… —añadió Sissi. Parecía al borde de las lágrimas.

Se pusieron en pie, pero Sam les detuvo.

—Chicos, estamos en Navidades. ¿No sería mejor perdonar y pasarlo bien?

—Es la casa de Yumi. Ella decide —dijo Odd.

Ella y el alemán se fueron del salón. Tenían que hablarlo.

—¿Qué opinas?

—Es tu casa. Tú mandas.

—Son nuestras "cuentas pendientes". Decidimos ambos —le recordó Yumi—. O juntos o nada.

No tardaron mucho en volver con el semblante serio, para horror de William y Sissi. Todo estaba terminado.

—Quitaos la ropa —dijo Yumi—. Sigamos con la fiesta.

Fue directamente a por Jeremy, como había comentado con Ulrich en su ausencia. Este fue a por Aelita. Ya que la propuesta había salido de Samantha, que ella y Odd empezaran con los recién llegados. Pero no era un gran problema para ellos. Samantha abrazó a William por la espalda y le desnudó con gran habilidad. Manoseó su cuerpo. Sonrió pícaramente al sentir el tacto de su erección. Bien, bien.

Sissi estaba nerviosa por Odd. El chico tenía fama de ser poco delicado. Pero decidió que eran solamente rumores cuando apenas se vio liberada de sus bragas la lengua del chico alcanzó su vagina. Un poco preco pero no iba a quejarse. Era bueno. Muy bueno. Y entendió que se llevara bien con Sam en la cama al ver cómo la chica se ocupaba con la boca del pene de William.

Por su parte Ulrich y Aelita se habían dejado llevar a un 69. Ella encima de él lamía y chupaba su erección con cariño mientras este era un poco más pasional para degustar su intimidad. Agradeció sentir sus dedos penetrando también dentro de ella. Qué rico.

Yumi disfrutaba del pene de Jeremy en su interior. Sonrió al verle colorado debajo de ella. Le apartó las manos y probó a besarle. Le costó un poco pero al final se arrancó. Le alegró comprobar que aquello le servía de estimulante, que hacía que el chico moviera sus caderas. Eso estaba bien.

William se vio de pronto acorralado por sus amigos varones. Ulrich a su espalda, Jeremy y Odd frente a él. Gruñó cuando el dedo del alemán empezó a dilatarle. Dolía, pero era raro. El chico estaba teniendo cuidado. No le quería hacer daño. De aquella forma, probó con cierto reparo el sabor del pene de sus amigos. Dedicó unos minutos al principio al de Jeremy. Aquello no estaba mal, aun siendo la primera vez que lo hacía. Lo liberó un poco después y pasó a chupar el de Odd, quien sonrió al comprobar que Jeremy iba a animarse a penetrarle. Sonrió cuando su erección se deslizó por su culo.

Sissi tenía la boca invadida por el sexo de Samantha. Ella estaba tumbada encima, devorando al mismo tiempo su vagina. Sabía bien, y Samantha lo hacía muy bien también. Sintió una segunda lengua jugando en su vagina. Aelita apareció para aconpañarla en en cunnilingus a Sam, lo que indicaba que era Yumi quien la estaba dando placer.

Aquella posición no duró mucho tiempo. La excitación era tan grande que un intenso orgasmo se dinamitó en el comedor. Rodaron en el suelo y se tomaron unos minutos para retomar el aliento.

Las chicas se tumbaron en círculo, dispuestas a pasar una última ronda con los chicos. Yumi atrajo a William hacia ella y se dejó hacer. Por su parte Sissi sonrió al ver que Ulrich se ponía sobre ella. Samantha reclamó la presencia de Jeremy y Odd buscó la compañía de Aelita.

El escocés no se lo podía creer. Tenía a Yumi para él en ese momento. Pedido por ella misma. La chica quería hacerlo y él no iba a perder la oportunidad. Probó primero el sabor de su cuerpo. Ella tuvo que reconocer que le gustaba recibir aquellas atenciones, pero le había llamado para otra cosa. Algo que podía esperar unos minutos si le seguía lamiendo así su sexo. Pero antes de que acabase recibió su erección dentro de ella.

Samantha disfrutaba de Jeremy. El chico y ella habían intercambiado un manoseo por su cuerpo que derivó en una masturbación mutua por unos minutos antes de que ella le pidiese tomarla. Se preguntó nuevamente si era lo correcto, pero la imagen de la chica con las piernas y los brazos separados, aguardándole, era demasiado buena como para resistirse. Hundió su erección en su húmeda vagina.

Por supuesto, Sissi no veía el momento de ser penetrada por el alemán, pero este estaba jugando con ella, frotando su erección por su sexo sin llegar a metérsela. Lejos de molestarse, aquel juego la estaba gustando de veras, pero aún así quería sentirle dentro. Su deseo se cumplió repentinamente y gimoteó. Qué gusto.

Sobra decir lo bien que se lo pasaban Odd y Aelita, ya que el rubio sabía tratar su cuerpo y a la pelirrosa le encantaba. No sólo al sentir que devoraba su sexo, sino tocando en los mejores puntos erógenos para excitarla de varias formas antes de meter su pene y empezar a embestirla con ganas.

Los chicos se movían a diferentes ritmos y las chicas poco a poco movieron sus caderas también. Aquella tarde estaba resultando muy productiva y se lo estaban pasando tan bien que no querían que acabase, aunque no podían evitar que el orgasmo estuviera cada vez más cerca. Varios gemidos casi al unísono señalaron el final de aquella ronda de sexo.

—Chicos, yo estoy agotada… ¿os importa si lo dejamos aquí? —pidió Yumi.

Nadie se atrevió a contradecirla, pero tampoco lo necesitaban. Acordaron pasar allí el resto de la tarde con la ropa interior puesta, pero nadie fue más allá de un manoseo inocente cuando les daba el venazo. A nadie le importó realmente. Por una vez no pasaba nada, y estaba bien poder pasar una tarde desenfadada así.

A la caída de la noche, sus amigos se fueron. Se despidieron con un abrazo y emprendieron el camino de vuelta.

—¿Te lo has pasado bien? —preguntó Sam a Odd—. ¿Se ha quedado satisfecho mi hombretón?

—No te creas… me muero de ganas de repetirlo —aseguró el rubio.

—Yo también.

Aelita y Jeremy regresaban más despacio. Ella sonreía, pero él estaba serio.

—¿Te ocurre algo?

—Quería saber si te ha gustado…
—Claro que sí. Me lo he pasado bien. ¿Y sabes por qué? Porque también estabas tú.

Aquello subió un poco la moral del rubio. Muy por el contrario, ni Sissi ni William se atrevieron a hablar. Habían conseguido hacerlo con las personas que más deseaban y eso querían atesorarlo.

—¿Te apetece subir al dormitorio ya? —preguntó Yumi a Ulrich, mimosa, una vez estaban solos.

—¿Ahora? Pero pensé que estabas cansada… —dijo él.

—Bueno, me he reservado energías para ti —respondió la chica—. Te quiero. Y espero que no pase nada por lo que hemos hecho hoy.

—Claro que no, Yumes. Yo también te quiero —dijo Ulrich, y sus labios se encontraron en un tierno beso.


¡Hola a todos! ¡Feliz año nuevo! Empezamos el 2018 con una pequeña orgía navideña. Pequeña en comparación con las que había en la 'trilogía del lemmon' con un buen puñado de invitados. Espero que os haya gustado y que el año que entra mejore con creces el que nos ha abandonado :)

Moon-9215: Normalmente yo tampoco, pero necesitaba un "catalizador" que diera sentido a la actitud de Yumi, por probar algo diferente ;)

Alejito480: ¿Lo de cambiar el tiempo? ¿Te refieres a un anacronismo? Me alegro de que te gustara ^^

Por último, dedicar este pequeño one-shot de entrada a los admin de la cuenta de Twitter CLReaction. Ya que hay tendencia a bromear sobre si el grupo podría ser poliamor, pues... yo apoyo el sí, obviamente ;) Lemmon rules!