Maternal
Aelita se despertó aquella mañana con las fosas nasales inundadas por el olor del café. Se levantó de la cama y fue hacia la cocina. Su madre ya había preparado el desayuno.
—Buenos días, cielo.
—Buenos días, mamá —dijo la joven y le dio a Anthea un beso en la mejilla—. Hoy me tocaba a mi hacer el desayuno.
—Lo sé, pero me desperté muy pronto y tenía que hacer algo —respondió su madre—. Tú te has levantado tarde. ¿Qué tal tu cita con Jeremy?
—Ah… fue bien…
Aelita no estaba siendo del todo sincera. La cena con Jeremy había sido perfecta. Él era perfecto a su modo de ver. Luego se habían ido a dar una vuelta. A la luz de la luna, en el parque, se habían desatado un poco. Ella se había sentado sobre él en un banco, cuando estaban solos, y comenzaron a darse el lote. Pero cuando llevaban un rato de besos, ella notó algo que se le clavaba. Obviamente, Jeremy se había excitado. Pero ella aún podía dar el paso.
Se sentía mal, porque aunque a Jeremy no le importaba tampoco veía justo dejarle siempre con las ganas. Quería darle una pequeña sorpresa cuando lo hicieran. Quería practicar por su cuenta. Tenía cómo. Pero le faltaba el momento.
—No lo dices muy convencida. ¿Pasó algo con él?
—No, que va. Él es maravilloso —no le costó nada decirlo. Era verdad y sonreía mucho cuando se acordaba de él.
—Bueno. Yo hoy tengo que salir. Tengo que hacer unas cosas por la ciudad ¿Vienes?
—Prefiero quedarme. Tendría que ordenar un poco mi cuarto —respondió Aelita. Y era cierto. Su mesa la inundaban los apuntes y debía ponerlos en orden.
—Muy bien. Yo creo que para la hora de comer habré vuelto. Si no, hay filetes en la nevera. Y si pasa algo, llámame al móvil, ¿vale?
—Sí, mamá.
Terminaron de desayunar. Aelita fregó los platos en el rato en que su madre limpiaba el polvo del comedor y luego se cambió de ropa. Anthea estaba lista para salir. Entró al cuarto de su hija mientras esta ordenaba los papeles. Ya no solo la mesa. Su cama también estaba inundada.
—Si sales, echa ese pijama a lavar —le indicó con dulzura.
—Vale. Aunque no creo que salga. Quiero ordenar esto y repasar un poco.
—Muy bien. Luego nos vemos, hija.
Aelita fue a dar un abrazo a su madre antes de que se fuera. No se creía aún que, poco más de un año antes, Anthea reapareciese en su vida para quedarse. Y desde entonces habían vivido felices.
La pelirrosa oyó cerrarse la puerta y siguió ordenando los apuntes. Tardó varios minutos en tenerlo todo bien colocado. Pero por fin lo tenía. Ahora debía resolver otro asunto pendiente. Sabía que iba a estar sola un buen rato.
Se agachó bajo la cama, y sacó una cajita de color blanco. La dejó sobre la mesa. Se puso frente a su espejo. En su dormitorio predominaba el color blanco en todos sus muebles. Una cama, el escritorio, un armario, un par de estanterías y un espejo de cuerpo entero.
Muy despacio, empezó a desabrocharse los botones de su pijama. Desvelando su anatomía. Cuando estuvo desnuda por arriba, se miró un buen rato. Se puso de perfil, observándose, contemplándose, gustándose. "Sí… esto le tiene que molar a Jeremy", pensó.
Repitió el proceso deshaciéndose del pantaloncito. Luego dudó un momento antes de tirar hacia abajo de sus bragas, quedando completamente desnuda. Se observó en el espejo. Muy bien. Era atractiva, y al chico le gustaría verla así. Sonrió satisfecha.
Se sentó sobre el colchón, reclinada. Aún podía verse al espejo. Separó las piernas. Empezó a acariciarse el cuerpo, por los brazos y las piernas. Era relajante. Qué bien se sentía. Probó con algo más. Se puso las manos en los pechos. Se los masajeó. Se estaba estimulando mucho. Jugó con sus pezones. Gimió de gusto. Tal vez era el momento de probar un poco más abajo. No era la primera vez que probaba a darse placer, pero sí la primera que lo hacía de un modo tan consciente.
Se lamió los dedos. Era la mejor forma de evitar hacerse daño. Aunque como comprobó, la excitación había provocado que se mojase. Estimuló su sexo con mucha delicadeza. Cerró los ojos un momento para disfrutarlo. Abrió nuevamente los ojos. Se exploró un poco más. Tocó su clítoris. Sí, ese punto de placer tan bueno. Probó a introducirse un poco más los dedos. Disfrutó de su propia imagen mientras en su mente había una persona de cabellos dorados tocándola.
Cuando estuvo preparada, se detuvo un momento. Se acercó a su mesa y abrió la cajita blanca. Dentro se ocultaba algo que nadie sabía que se había comprado. Un consolador de silicona color rosa. No lo había usado hasta ese momento. Pero cuando había empezado a tener una relación con Jeremy consideró que podría practicar con él.
"Es el momento… Jeremy", pensó después de mirar aquel juguete durante un rato. Volvía a estar expuesta a su espejo, pero concentrada en el dildo. Separó un poco más sus piernas. Estaba lista para probar. Apoyó el juguete en su vagina. Dudó un momento, y procurando no apartar la vista, lo empujó hacia dentro suavemente. Suspiró. Aquello era más poderoso que estimularse con los dedos y apenas había entrado. Tiró suavemente antes de volver a empujarlo. Volvió a cerrar los ojos. Jeremy estaba frente a ella, deslizando suavemente su pene dentro de ella. Una vez, otra vez un poco más profundo, un poco más…
Abrió de nuevo los ojos. El juguete entraba y salía de ella con facilidad, dirigido por su mano. Le estaba gustando mucho. Gimió. Qué placer. Si Jeremy era la mitad de bueno solamente iba a disfrutarlo un montón. Jugó un poco más. Sólo un rato. Esa cálida sensación que se extendía por su cuerpo tan maravillosa. Jadeó. Estaba cerca, muy cerca…
La puerta de abrió en el momento cúlmen.
—¿Estás bien…? ¡Aelita!
—Ahhh… ahhh… ¡mamá!
La chica se tapó como pudo echándose las mantas de la cama por encima. Anthea salió de allí y cerró la puerta. Maldición. No debería haber visto eso. Y de hecho… No lo has visto, Anthea. Ponte cómoda, y sirve la comida, pensó para sus adentros.
Aelita estaba hecha una croqueta en las sábanas de su cuarto. Qué vergüenza que su madre la hubiera visto así. Por otro lado… le había gustado hacer eso. Sin duda cuando volviera a estar con Jeremy sería capaz de dar el paso. Se puso el pantalón del pijama y luego optó por ponerse una bata para cubrir su cuerpo, más cómoda que la parte superior.
Salió lentamente de su cuarto. Oyó ruido en la cocina. Caminó despacio hacia allí, donde estaba su madre friendo unas patatas. Qué corte. Sin hacer mucho ruido, se sentó en la mesa. Maldijo haber arrastrado la silla, Anthea la había escuchado y giró la mirada hacia ella.
—Ho-hola, Aelita. ¿Tienes mucho hambre? Por preparar más patatas… —dijo. Obviamente no le apetecía conversar sobre lo que había visto.
—No, gracias, mamá. Con esas estaré bien —respondió la joven con nervios.
Anthea sirvió la comida y la degustaron en silencio. No sabían de qué hablar. La mujer intentó sacar una conversación distendida con lo que había estado haciendo por la ciudad, pero era obvio que Aelita estaba incómoda, de forma que optó por volver al silencio. Recogieron los platos, y la pequeña se fue a su dormitorio.
—Yo estaré en el salón leyendo algo… —murmuró Anthea y se fue al salón. Le había entristecido un poco la reacción de Aelita. Vale, no la había pillado en su mejor momento, pero tampoco iba a ser el fin del mundo por ello, ¿no?
La pelirrosa pensó lo mismo. Tras unos minutos en su habitación pensó que era una tontería estar sin hablarse con su madre. Al fin y al cabo, no había entrado en el dormitorio para pillarla, ni se había escandalizado.
Se levantó y fue para el salón. Su madre estaba enfrascada en la lectura de It, de Stephen King, pero levantó la mirada cuando su hija entró. No dijeron nada por unos momentos.
—Mamá, siento haber estado así en la comida. Estaba incómoda por cómo me habías visto, pero no es excusa. No me has dicho nada, así que…
—¿Qué te voy a decir, hija? No pasa nada. Me ha chocado verte así, pero ya está… no me retires la palabra, por favor.
—Ay, mami…
Aelita se acurrucó al lado de Anthea y sollozaron un poco. Habían estado sin su compañía mucho tiempo y dejarse de hablar por esa situación no era lo que más les apetecía. Pronto cesaron las lágrimas y volvieron a sonreír. Anthea dejó el libro sobre la mesa.
—De todas formas… no te sientas presionada, pero si hay algo de ese tema que te apetezca hablar conmigo, me gustaría que me lo contaras.
—Mamá, me da vergüenza —dijo Aelita tapándose la cara.
—Ay, mi pequeña. Que le dan vergüenza las cosas de mayores —bromeó Anthea
—Yo soy mayor —respondió la otra haciendo un puchero—. Vale, mira. Lo de antes…
Y le explicó la preocupación que tenía con Jeremy.
—Ya veo. Pues ha sido una gran idea. Aunque no creo que hubieras tenido problemas con él.
—¿Por qué?
—Bueno, tú con él estás cómoda, no ha intentado propasarse… seguro que lo haríais con naturalidad.
—Pero la experiencia…
—Eso es un mito. Tenéis que estar cómodos, relajados, sentiros bien… jugar mucho antes de probar la penetración. Tocaros, exploraros, esas… cosas…
Anthea se había quedado bloqueada por un momento. La bata de su hija se había resbalado un poco, y revelaba el busto de la pequeña. Intentó volver a concentrarse en la conversación, pero en ese momento Aelita se reclinó hacia adelante.
—¿Entonces con eso estaría bien?
—Sí, con eso podríais… sentiros cómodos y animaros a continuar.
Pero Aelita no quería quedarse con la teoría. Tenía una idea loca en la cabeza. De lo más inocente en su opinión, pero loca al fin y al cabo.
—Mamá… ¿te importaría si lo pruebo?
—¿Probar?
—Contigo. Aquí, ahora. Es decir, no sería tan raro, ¿verdad?
Sí, hija, sería muy raro, pensó Anthea. Pero Aelita ya se estaba acomodando. No tiene nada de malo hablar de sexo con tu hija, era obvio que tendríais una conversación antes o después, se recordó a si misma. Así que cedió en, del modo más inocente, empezar a tocar el cuerpo de Aelita, quien se había deshecho de la bata. La joven sintió un escalofrío. Se sentía mejor cuando era otra persona la que la tocaba. Nada que ver con hacerlo ella misma. Qué bien se sentía.
—Entonces… ¿si lo hago así…? —preguntó.
Tiró con suavidad del suéter de su madre. Anthea se ocupó de su propio sujetador. Aelita pensó que su madre tenía un bello cuerpo. Empezó a tocarlo, imitando lo que su madre había hecho con ella unos momentos antes. Era divertido. Y más aún comprobar las reacciones que tenía Anthea. Esta se animó a hacerlo al mismo tiempo, y pasaron unos minutos disfrutando de sus cuerpos.
—Cuidado… estoy sensible ahí… —murmuró Aelita cuando las manos de Anthea se detuvieron en sus pechos—. Aaaaah… —gimió cuando la mayor jugó con sus pezones.
—¿Ves? —dijo Anthea en susurros—. Así ya estaríais tranquilos… podrías probar algo más… como esto —añadió antes de llevar sus labios a los pechos de Aelita. Recorrió su pezón derecho con la lengua y chupó con cuidado el izquierdo. Se dejó llevar en el sabor del cuerpo de la pequeña. Nunca antes había hecho algo así pero se sentía genial.
Aelita se dejó hacer durante un largo rato en el cual la lengua de su madre la volvió loca. Pero no era justo. Si realmente se sentía así de bien, su madre merecía ese placer. Contraatacó con cuidado, llevando su lengua de un lado a otro por los pechos de Anthea. Qué rico, pensó para sus adentros. Jugó con uno de los pechos mientras saboreaba el otro. Anthea pensó que aquello debía parar. Pero se llamó tonta y fue un paso más adelante.
Tumbó a su hija en el sofá y tiró de su pantalón y sus braguitas. Nada que no hubiera visto ya. Y sabía que hacer. Sus dedos se deslizaron con suavidad en el lubricado sexo de Aelita. Esta gimió y se puso colorada. Su propia madre la estaba masturbando. Aquello estaba mal, ¿verdad? Pero, ¿por qué se sentía tan bien? No, se sentía bien así que estaba bien.
—¿Sabes que aquí se puede jugar de más de una forma? —preguntó Anthea traviesa. Se había animado y no podía parar. Dio un ligero beso en el sexo de su hija. Que ella gimiera la empujó a continuar.
Me encanta tu sabor, hija, pensó mientras daba rienda suelta a su lengua en el sexo de Aelita, quien estaba fuera de si. Totalmente rendida al placer. Su respiración se agitó un poco más, su voz se volvió más aguda y en poco tiempo su cuerpecito se contrajo: había tenido un orgasmo.
—¿Has visto lo bien que se pasa? —dijo la mayor.
Aelita asintió. Se incorporó como pudo. Aquello era genial. Pero ahora no podía dejar a su madre sin su parte de placer. Merecía sentirlo, así que le pidió que se tumbara. Anthea protestó, pero no tenía fuerza de voluntad para resistirse. Hacía muchísimo que no tenía sexo, y aquella oportunidad no podía desperdiciarla. Incluso si era con Aelita.
Notó su lengua inexperta en su húmeda cavidad. Pero incluso así le gustaba. Le ponía ganas, y encontraba el punto de placer con facilidad. Sonrió y jadeó. Le estaba pillando el ritmo. Podía pedirle que fuera más lenta y disfrutarlo, pero el orgasmo estaba demasiado cerca como para hacer algo así. Se reclinó y estimuló sus propios pechos mientras su hija la conducía a un estupendo clímax.
—Esto es… diferente… mamá… —jadeó Aelita.
Estaba tumbada nuevamente. Su madre estaba sobre ella, con las piernas entrecruzadas la una con la otra. Sus sexos estaban en contacto y Anthea balanceaba su cuerpo hacia adelante y hacia atrás.
—¿Diferente?
—No es como cuando… probé mi juguete… pero me gusta mucho también.
Anthea sonrió. No podía repetirse lo de aquella tarde nunca más. Pero no iba a evitar demostrarle a su hija lo bien que se sentía el sexo. Continuó con aquel increíble contacto de sus intimidades, cuya fricción les daba mucho placer. Aelita estaba sometida. Sometida e increíblemente atractiva en aquella postura.
Aumentó el ritmo con cuidado. Tenían que acabar. Las dos. Y afortunadamente, sus orgamos llegaron casi simultáneamente. Antha se dejó caer hacia atrás para descansar.
—Mami… el sexo con una chica es muy distinto a sentir mi juguete dentro de mi —susurró Aelita cuando se hubo recuperado.
—Lo sé, hija. ¿Te preocupa eso?
—No, pero… ¿y si cuando lo hago con Jeremy no me gusta tanto? —preguntó.
—Tal vez a la primera no salga perfecto. Pero si no… bueno, Jeremy es un gran chico, pero puedes buscarte una chica en su lugar.
Aelita pareció reflexionar al respecto. Pero luego sacudió la cabeza y sonrió.
—Bueno, ya veré lo que pasa. Muchas gracias por lo de hoy —dijo. Anthea sonrió—. Me voy a dar una ducha.
Anthea se quedó mirando el cuerpo de su hija mientras salía por la puerta. Y tras pensarlo un momento se puso de pie y fue tras ella.
¡Hola a todos! Después de un tiempo bastante chungo me he animado a volver a publicar lemmon. Y tenía en mente un one-shot Anthea-Aelita desde hace mucho tiempo, aunque no me he inspirado a escribirlo hasta hoy. Espero que os haya gustado :D
CarlosJim04: Gracias :D Pero lamento decir que no llevo la cuenta de yaoi/yuri/hetero que llevo, escribo según me inspiro (aunque sigo prefiriendo yuri).
Moon-9215: Su amistad parece un poco más profunda, ¿verdad? xD Pero no creo que tuvieran una relación formal entre esos dos (aunque no descartaría para ellos los nuevos modelos de parejas que hay hoy día).
Alejito480: Siempre tengo que meter algún chascarrillo en mis fics, ya me conoces ;) Espero que el yuri te gustara.
Y hoy hay doble sesión de fics porque ahora mismo voy a subir actualización de 'Code:Z'.
"Dalalaik suscribete pon la campanita" y todo eso que dicen los youtubers para no perderos el próximo one-shot. Lemmon rules!
