Acampada

Sendos coches cruzaban una solitaria carretera por el bosque. Dentro de cada vehículo un parejita se dirigía a un pequeño paraje para pasar el fin de semana. El conductor de atrás estuvo atento a la desaceleración del coche de su amiga y la siguió cuando dio al intermitente y giró para meterse por un camino de tierra, saliendo del asfalto. Condujeron varios minutos más hasta que llegaron a una pequeña explanada en la que no cabían más que los dos vehículos.

—¡Por fin estamos aquí! —dijo Odd—. Qué largo se me ha hecho.

—Serás capullo, si te has pasado la mitad del viaje durmiendo —le respondió Yumi, con falsa indignación—. Qué poco caso le haces a tu mujer.

Yumi le había dicho eso porque sabía que el chico se alarmaría. Desde el momento en que habían empezado a salir formalmente, esa frase provocaba un escalofrío en la espalda del rubio. Pero sonrió y le sacó la lengua, dejando claro que estaba de broma. Odd respiró aliviado, y salieron del coche.

—Este sitio siempre me ha gustado —comentaba Ulrich, con el brazo rodeando a Aelita, mientras miraban el pequeño lago que se abría ante ellos—. Está bien volver aquí una vez al año a desconectar.

—Y está limpísimo. No deben venir muchas personas —comentó la pelirrosa.

—Es una pena que Jeremy y William no hayan podido venir —les dijo Yumi, acercándose a ellos.

—Déjales, Jeremy tenía ganas de conocer a sus padres —les recordó Odd—. ¿Vamos montando la tienda?

A pesar de haber hecho la propuesta, la verdad era que su intervención era más un estorbo que una ayuda. Pero finalmente, entre Aelita, Ulrich y Yumi lograron levantar la tienda que tenían: una que en realidad eran tres juntas, de forma que podían dormir separados sin mucho esfuerzo. La estancia central, normalmente ocupada por sus amigos ahora ausentes, pedía a gritos ser utilizada como almacén, en lugar de tener los víveres en el maletero de los coches.

Odd tuvo ahí su momento cuando demostró su arte en la cocina con una parrillada de verduras. En cuestión de minutos los cuatro amigos estaban sentados en sillas de camping, alrededor de una mesa portátil, degustando el menú en la mejor de las compañías.

—Siempre me sorprenden tus habilidades culinarias —comentó la pelirrosa mientras disfrutaban de un suave sol cayendo sobre su rostro.

—Jejejeje. "Culinaria" suena a "culo" —bromeó Odd.

—Justo donde tienes tu sentido del humor —apostilló Ulrich, provocando una carcajada del grupo—, pero hay que reconocer que te ha quedado genial la comida.

—Eso le suelo decir… —soltó esta vez Yumi. Aelita casi se atraganta esta vez ante tal comentario—. ¿Qué pasa? Somos adultos, no vamos a escandalizarnos, ¿no?

—Vaya dos… se nota que sois tal para cual —dijo Ulrich—. Me encanta que nos sigamos viendo tras tantos años y quedando para salir un fin de semana.

—Y que no se nos ocurra dejarlo —advirtió el rubio.

Brindaron con un choque de sus latas de bebida y terminaron de comer. Entraron en las tiendas a cambiarse, ya que hacía un tiempo bueno de quedarse en bañador y tal vez darse un baño en el lago, que les estaba llamando a gritos.

—Este sitio no cambia, ¿verdad? —preguntó Yumi, mientras se abrochaba la parte superior de su bikini.

—Cambiamos nosotros, que nos vamos haciendo mayores —respondió Odd—. Parece mentira lo que hemos cambiado desde el instituto. Y que nos sigamos hablando desde entonces.

—¿Lo dices por la vez que Ulrich nos pilló en tu cama? Si hace diez años de eso ya —respondió ella.

—Pero mira, tú también te acuerdas.

Yumi sujetó a Odd, le acercó a ella, y le plantó un beso en los labios. Aquella situación se había dado hacía mucho tiempo, y ahora sus vidas eran diferentes. Sus amigos también habían encontrado el amor juntos, así que no había rencores de ninguna clase. Pero Odd siempre se había sentido raro al respecto.

Cuando salieron Ulrich ya estaba en el lago, haciéndose unos largos, mientras Aelita estaba tendida bocarriba sobre una toalla tomando el sol, con las gafas de sol puestas. Odd sopesó que le apetecía más. Hacer ejercicio, o…

—Cariño, te espero en la orilla, que estoy agotado —bromeó, y tendió la toalla al lado de su amiga.

Yumi sonrió, negó con la cabeza, dejó la toalla sobre una de las sillas, y se metió en el lago. El agua estaba fresca. Poco a poco entró y se impulsó para llegar hasta Ulrich, quien se estaba tomando un respiro. Sonrieron. Incluso con el paso de los años, seguían compitiendo en deportes. Una mirada cómplice reveló la intención de ambos.

—Cinco largos, un minuto de ahogadillas al que pierda —dijo Ulrich con malicia.

—Que sean dos minutos —le retó Yumi.

—¿Preparada?

—¿Listo?

—¡YA! —gritaron al unísono mientras se impulsaban para ir a la orilla más alejada. Patalearon con ganas.

Odd giró la cabeza para mirarlos y sonrió. Daba gusto verlos así. Volteó la cabeza y ahí estaba Aelita. Le miraba sonriente. Siempre habían sido buenos amigos. Pero no era plan de pasar toda la tarde ahí tumbados. Debían hacer algo más animado. Se incorporaron.

Después de que Yumi le hiciera un par de ahogadillas a Ulrich, le pareció que ya había tenido castigo suficiente y le dejó respirar. El alemán recuperó la respiración y nadaron tranquilamente hasta la orilla.

Allí vieron a Odd y Aelita, jugando a las cartas. Se secaron y se acercaron a ellos, tendiendo las toallas para hacer un círculo entre los cuatro.

—¿A qué jugáis? —preguntó Yumi.

—Póker —respondió Aelita.

—No será strip-póker, ¿verdad?

—¿Te da miedo que vea a tu mujer desnuda, Ulrich? —inquirió Odd.

—Me da miedo que te animes a exhibirte, quiero unas vacaciones agradables.

Rieron, y pronto Yumi y Ulrich se animaron a jugar también a las cartas mientras la tarde iba dando paso a la noche. A pesar del cambio de temperatura, era agradable aún estar así.

—¿Sacamos la cena? —propuso Odd, cuyo estómago llevaba media hora maullando.

Fueron a por una nevera de camping donde guardaban el embutido. Ulrich fue al coche a por una lámpara para iluminarse antes de que la noche les impidiera ver bien. E incluso cuando estaban terminando la cena, y la noche cerrada estaba sobre sus cabezas, no tenían nada de frío. La luna iluminaba bastante.

—Deberíamos pensar en dormir —dijo Yumi—. Yo estoy un poco cansada.

—Tienes razón. Mañana podremos aprovechar más el día —afirmó Aelita, mientras se levantaba—. Buenas noches.

Se despidieron y fueron cada uno a su habitación. Odd oyó cómo la cremallera del apartado de Ulrich y Aelita se cerraba. Se desnudó por completo, y ayudó a Yumi a hacer lo mismo. Sabía que si ella estaba cansada esa noche no podría triunfar pero al menos quería sentir el calorcito de su cuerpo.

—Odd, mi amor, no me importa que uses mi teta de almohada, pero deja que me acomode primero.

—Perdona —dijo él, incorporándose un poco para dejar que Yumi se tendiera cómodamente—. Te prometo que a la vuelta conduciré yo.

—¿Me prometes? Más te vale que así sea —rió ella—. Anda, sube un poquito.

El rubio obedeció y empezaron a besarse. A ella le gustaba pasar un rato así, aunque esa noche no estuviera muy receptiva… aunque claro, estaban ya desnudos… y Odd desprendía mucho calor… podría animarse… pero no, Aelita y Ulrich estaban muy cerca… demasiado cerca. Diablos, ¿qué…?

—Odd…

—¿Mmmm? —dijo este, sin separar sus labios de los de ella.

—Odd, para… ¿no oyes eso?

Algo rompía el silencio de la noche. Un sonido tenue, que no sabían identificar. Pero indudablemente, algo sonaba. Odd se detuvo, y el sonido se hizo algo más claro. Se alarmaron. Tal vez alguno de sus amigos estaba malo. Odd se apresuró en abrir la cremallera de su habitación, olvidando por unos momentos que no estaban visibles.

Para su sorpresa, la tela que aislaba el espacio de Aelita y Ulrich estaba en el suelo. Y no los veían dentro. Salieron. Y no se creyeron la imagen que vieron. Ulrich y Aelita habían sacado sus sacos de dormir, abiertos. Estaban desnudos. Ella tumbada en el suelo y él en perpendicular a ella. Moviendo la cadera muy lentamente. La luz de la luna permitía que todo se viese.

—Ulrich… esto me gusta… mucho…

—Y a mi… hacer el amor bajo las estrellas… qué locura, eh…

—Y qué bien se sient¡EH! —se alarmó la pelirrosa. Había visto a sus dos amigos en la entrada de la tienda y se había quedado paralizada.

Ulrich miró también. Ninguno se atrevió a decir nada por unos momentos. Sus amigos se acercaron tímidamente. Ulrich se separó de Aelita. A pesar de la pillada, su erección no se había bajado. Y pudo fijarse en que Odd estaba igual que él en ese momento. Había que hacer algo para acabar con la tensión.

—Podéis quedaros si queréis… y hacerlo también… —propuso.

—¿C-Con vosotros? —preguntó Yumi, muerta de la vergüenza.

—¡No! Por vuestro lado pero fuera…

—No sería tan mala idea… —dejó caer Odd. Todos le miraron incrédulos—. Es decir… sería una noche… y no pasa nada, ¿verdad?

En realidad, Yumi, Ulrich y Aelita sí pensaban que algo pasaba. Pero no osaron a decirlo en voz alta, por alguna razón. "Será por la fase de la luna, pero… podría estar bien probar…", pensaba la pelirrosa.

—Si a todos nos parece bien… —pensó Aelita—. Pero paremos cuando sea incómodo…

Ulrich y Yumi terminaron uno frente al otro, al igual que Odd y Aelita. Los cuatro se miraron entre sí, y lentamente asintieron, consintiendo lo que ocurriese a continuación. Yumi tenía ciertos recelos sobre Ulrich. Sólo una vez antes se habían visto en tal situación. E iba a repetirse una única vez.

Por su parte, Aelita y Odd habían empezado a besarse. Estaban algo más calmados. Sin embargo, las manos de la pelirrosa se movían anticipándose a las de Odd. Conociendo aquel otro cuerpo. Mutuamente. Les estaba gustando. Pero Odd no quería dar el paso. No todavía. No si su mujer no lo daba con su amigo primero.

Por fin los labios de la japonesa y el alemán se toparon. Un beso tímido al principio, pero empezaron a liberarse un poco. Se tocaron. Se gustaban. Sí, eso estaba bien. Evitaron miradas de reojo a sus respectivas parejas. Se miraron a los ojos. Las manos llegaron a las partes más prohibidas. Sonrieron.

—¿Estás segura de esto?

—Sí… lo hemos aceptado…

Las manos de Ulrich llegaron a los glúteos de Yumi. La sostuvo y se fue situando debajo de ella. Ella se sujetó en sus hombros y poco a poco se dejó caer. La sensación de calor inundó su cuerpo. Hacía mucho que no tenía esa sensación tan… familiar. No era como cuando estaba con Odd. Había algo distinto. Lo mismo pasaba por la cabeza de Aelita. El rubio era bastante diferente, pero le estaba gustando. Sentir su erección deslizándose dentro de ella suavemente la llevaba a una nube.

—Odd…

—Dime… ¿no te gusta?

—No es eso… —suspiró ella—. Sé que prefieres… más ritmo…

Sorprendido, el rubio cambió sus movimientos. Levantó suavemente el cuerpo de Aelita y la penetró con más ahínco. No hacía fuerza, se limitaba a entrar y salir de ella más rápidamente. Ella gimió y se dejó hacer. Le gustaba. Cerró las piernas alrededor de la espalda de su amigo. Este sonrió.

Yumi y Ulrich se movían en la mejor sincronía. El alemán, que estaba debajo, levantaba suavemente sus caderas cuando el cuerpo de la japonesa descendía. Era extraño después de tanto tiempo, pero sus cuerpos respondían genial al del otro. Esa compenetración, esas sensaciones eran maravillosas. Jadearon. Suspiraron. Aquello les gustaba mucho. Ulrich intentaba controlarse. Si acababa demasiado rápido… pero Yumi estaba también llegando a una nube de placer, conducida por aquella extraña pero a la vez excitante situación. La incomodidad del principio había sido suplida por las estupendas sensaciones que les provocaba darse placer aquella noche.

Sus respiraciones se agitaron un poco más. Y otro poco más. Y se relajaron. Habían culminado en el silencio de la noche, sin romperlo. Ambos sabían que habían terminado. Igualmente, Odd y Aelita también habían acelerado su ritmo. Ambos amigos estaban a punto de acabar también. Y el hecho de saber que en ese momento, Ulrich y Yumi les contemplaban fijamente, fue el catalizador definitivo para su orgasmo.

—¿Estáis bien? —preguntó Odd.

—Sí —respondió Ulrich. Miró a Yumi, quien asintió—. ¿Y vosotros?

—De maravilla —aseguró Aelita.

—Pero hay algo que aún no me convence —dijo Yumi, para sorpresa de todos. Entonces gateó a la altura de Aelita y le plantó un beso en los labios—. Ahora sí.

Ante la falta de respuesta de la pelirrosa, la japonesa volvió a probar a besarla. Se sorprendió cuando la chica optó por corresponder al beso. Sonrió. Puestos a hacer locuras, esa le gustaba también. No contaba con que los chicos se animaran también, pero le daba igual. Esperaba que al menos no se quedaran quietos. Y fue así. Odd y Ulrich intercambiaron posiciones. Su marido volvía a estar entre sus piernas y en ese momento empezó a estimular su sexo con la lengua. El rubio era muy pasional.

Aelita estaba sometida también al placer de Ulrich. Los dedos del alemán entraban y salían suavemente, rozando su clítoris a cada momento. Eso la estaba impacientando, pues requería algo más de acción. De forma que Ulrich se situó en posición y empezó a penetrarla suavemente. La oyó gemir. Desde luego, eso era de locos, pero le excitaba mucho.

El rubio no se quiso quedar atrás, y no tardó en penetrar a Yumi. La chica era consciente de la diferencia de técnica entre ambos, pero le gustaba muchísimo también. Se dedicó a seguir probando los labios de Aelita, y sus manos traviesas exploraron su menudo cuerpo. La pelirrosa se dejaba hacer, estaba recibiendo placer por dos vías simultáneamente. Una gozada.

—¿Te gusta, mi amor? —preguntó Odd.

—Me encanta… dame más… —respondió la japonesa.

—Ulrich, sigue así —gimió la pelirrosa.

—Estoy a punto… —gruñó Ulrich.

En el minuto siguiente, cuatro orgasmos inundaron el ambiente. Estaban agotados. Pero no lo suficiente como para no pedir una última locura. Yumi quería ver algo, y se juntó a su amiga para pedirlo. Su mano, con bastante descaro, se posó sobre el pecho izquierdo de la chica.

—Chicos… ¿no os importaría besaros entre vosotros? —pidió.

Ulrich y Odd se miraron bastante cortados. Pero bueno, esa noche podían hacerlo, ¿verdad? Iba a ser un beso sin más. Algo breve que deleitara a la chica. Venga, allá vamos, pensaron. Se pusieron uno frente al otro y se besaron. Un segundo. El alemán se apartó. Pero no lo suficiente como para que Odd no volviera a atrapar sus labios. Un segundo, dos segundos, diez segundos. La mano del rubio se posó sobre su pene.

—Mmmmm, ya estás durito… ¿de verdad te gusta? —inquirió.

—No… no lo sé… —dijo él.

—Hagamos una cosa —propuso Yumi, mientras se acercaba a ellos, seguida por una insegura Aelita—. Ulrich se deja hacer por Odd, y yo le dejo que me haga a mi, mientras cuido de nuestra princesa —añadió dando un beso en la mejilla a su amiga.

—¿C-Cuidarme? —preguntó la pelirrosa. Aquella situación no hacía más que ponerse más rara.

Y sin embargo, ahí estaba Ulrich, expuesto ante Odd, quien le estaba dilatando con suma delicadeza. Sus dedos se deslizaban suavemente mientras se aseguraba de mantenerle excitado acariciando su pene. Intentando distraerse, Ulrich usaba sus dedos para estimular a Yumi, como estaba haciendo ella con la pelirrosa.

—Creo que estás listo —dijo Odd, dándole un beso en una nalga antes de situarse detrás de él—. ¿Puedo?

—Por favor, con cuidado —respondió Ulrich. Tenía algo de miedo.

Pero ese miedo se disipó al sentir a su amigo entrando dentro de él. Diablos. Intentó contener un gemido de placer, pero no pudo. El rubio sonrió al comprobar que le gustaba. Le dio un par de suaves acometidas antes de esperar, mientras seguía dentro de él. Yumi se puso ante el alemán y alzó su cuerpo. Ulrich podía elegir, pero este no quiso, paradójicamente, romper los límites, y optó por volver a penetrar su sexo.

—Ven, princesa —le pidió Yumi.

Aelita se situó, y se tumbó bocarriba por sugerencia de Yumi. Y en ese momento, los labios de la japonesa atacaron su intimidad. Despacio, suavemente, con mimo. Ulrich se movía despacio entrando y saliendo de Yumi, mientras recibía a su amigo una y otra vez dentro de él. "Si esto es un sueño espero no despertarme", pensó.

Su mejor amigo, su amor de adolescencia y la mujer a la que amaba juntos en aquella danza carnal. Qué más daba, había placer, lo estaba disfrutando. Y sentir las manos de Odd acariciando su cuerpo eran realmente placenteras.

El orgasmo fue simultáneo. Se dejaron caer suavemente en los sacos de dormir. No dijeron nada por unos largos minutos en los que recuperaron la respiración.

—Qué hermosa vista —comentó Aelita, mientras miraban al cielo.

—Opino lo mismo —respondió Odd, que miraba los cuerpos de sus tres amigos desnudos tendidos en el suelo.

Volvieron a entrar en la tienda. Como si nada hubiera pasado, Ulrich y Aelita fueron por su lado, y Odd y Yumi por el suyo. Durmieron abrazados mutuamente.

Al día siguiente nadie dijo nada sobre lo ocurrido la noche anterior. Ni sobre el hecho de que por alguna razón, a ninguno de los cuatro se les había ocurrido vestirse. Disfrutaron del sol primaveral. Hicieron carreras en el agua. Comieron y se echaron una siesta en comuna en el exterior.

Antes de la caída de la noche empezaron a recoger. Montaron en sus coches, y Odd guió la comitiva hacia la ciudad. Y a pesar de que su actitud daba a entender que nunca hablarían de la noche anterior, tampoco habían dejado claro que aquello nunca se repetiría.


¡Hola a todos! Se me pidió algo así hace meses. Pero hace meses que no publico tan rápido como me gustaría. Puto trabajo, quién fuera millonario... En fin, espero que os haya gustado :)

Alejito480: Me alegro de que te gustara :) Seguiré así y me anoto la petición para el próximo.

Moon-9215: Era la intención ;) ¿Te gustó?

Pronto habrá zombies. Espero. Lemmon rules!