Sábado

Era sábado por la tarde en la academia Kadic. En plena hora de la siesta. Los Lyoko Warriors, después de una dura semana de estudios, habían quedado para… dormir. Incluso Yumi se había acercado a la academia, de forma que ahora estaba con sus amigos en el dormitorio que sus amigos compartían. Ella y Aelita se habían echado sobre la cama del alemán, mientras que sobre Odd, echado sobre su cama, reposaba con las piernas de Ulrich y William sobre él.

Yumi... ¿estás dormida? —susurró la pelirrosa intentando no despertar a sus amigos.

No —respondió ella—. ¿Pasa algo?

Nada. Solo que echo de menos a Jeremy —comentó. El chico se había ido una semana con sus padres de vacaciones y no volvería hasta el día siguiente por la tarde.

Ven aquí —le indicó Yumi.

Aelita se echó encima de Yumi. La japonesa pasó los brazos por encima de la chica, y le dio un ligero beso en los labios. Eso animó un poco a la chica. La compañía que le daba era muy agradable. La pelirrosa se dejó llevar y hacer por Yumi. Por lo general la morena hacía con ella lo que quería, pero se sentía tan bien que le parecía bien. Sintió un agradable escalofrío cuando la sintió mordisquearle el lóbulo de la oreja.

¿Y si se despiertan los chicos?

Tienen esa cama para hacer lo que quieran —comentó Yumi y volvió a apoderarse de los labios de su amiga.

Poco se podía imaginar Yumi que uno de ellos ya estaba mirando. Odd se había desvelado levemente y al mirar a su lado se había topado con aquella erótica escena. Sintió una pizca de envidia, pero tal vez no debía ir con ellas. Sonrió, y pretendiendo hacerse el dormido, empezó a acariciar el cuerpo de Ulrich, por su cintura.

Su plan no tardó en dar resultado. Ulrich abrió los ojos cuando la mano de Odd pasó por debajo de su camiseta. Miró al rubio y supo que para nada estaba dormido, así que pensó que podía jugar. Solía ser menos sutil que su amigo, pero desde su posición podía ver a Yumi acariciando el culo de Aelita por debajo de la falda, y él no iba a ser menos. Su mano se posó con cuidado sobre el pantalón de Odd, y también del de William y empezaron a masajear, muy suavemente.

—Eso no es justo... —protestó Odd, que ya no podía fingir más.

—Como si no te gustara —respondió Ulrich. En ese momento, William se despertó también—. Calma. Déjate hacer.

El escocés intentó entender la situación. Odd tonteaba con Ulrich, y este jugaba con los dos, mientras las chicas se divertían entre ellas. Sonrió e intentó levantarse, pero Ulrich le sujetó con fuerza y le retuvo.

—Tú te quedas hoy con ellos, William —comentó Yumi mientras se despojaba de la camiseta. Aelita enterró la cabeza entre aquellos pechos cubiertos por su sujetador de encaje.

—No es justo... —protestó, pero fue acallado por los besos de Odd—. Hace mucho que no estoy con vosotras...

—Pero si ayer te pillamos con Sissi —le recordó Ulrich. Sus manos pasaron bajo la camiseta del escocés y le besó por el cuello mientras Odd ayudaba a quitarle la sudadera—. Disfrutando mucho. ¿Nos vas a dejar por ella?

—¿Es que no vais a dejar que se una? —preguntó el escocés. El grupo no había tenido ningún problema en dejarle jugar con ellos, como lo llamaban en público, pero era muy reacios a aceptar a la hija del director.

—Antes se tiene que disculpar por lo mal que se ha portado con nosotros estos años —dijo Aelita, y gimió al sentir las manos de Yumi masajeando sus senos desnudos—. Pasemos de ellos... —pidió.

William se resignó entonces a quedarse con sus amigos, pero aquello tampoco estaba mal. Sintió el calor del cuerpo de Ulrich contra el suyo cuando se giró para besarlo mientras Odd se ocupaba de quitarles la ropa. El rubio no era especialmente pudoroso, y no se privó de tocar todo aquello que dejaba sin ropa.

—Veo que ya estás contento —comentó al haberle desnudado por completo.

En la otra cama Yumi se había cambiado de posición con Aelita. Solía dejarla encima solo un rato, mientras el ambiente se caldeaba, para luego dominarla por completo. Y así era, quedando ahora sobre ella. Su lengua recorría el vientre desnudo de Aelita mientras sus manos manoseaban y estimulaban sus senos. A la pelirrosa le volvía loca cómo jugaba su amiga con sus pezones. Pero sabía que debía modular el volumen de su voz. No podían ser descubiertos o tendrían problemas. Por ese tabú la situación era más morbosa.

Mientras Yumi y Aelita se deban un beso tumbadas de costado y completamente desnudas, y en la otra cama William estaba bajo Odd y Ulrich besándose y tocándose sus cuerpos, algo pasaba en la mesa donde reposaba un ordenador. Jeremy echaba de menos a sus amigos y había decidido hacer una videollamada con ellos, pero para darles una sorpresa, como configurador del PC de Odd, se había dado ciertos privilegios, y activó la videollamada por sorpresa.

Él no podía saber que el monitor estaba apagado, pero el ordenador estaba funcionando, y empezó a llegarle la imagen del dormitorio de sus amigos. Su incredulidad inicial pasó a una excitación absoluta al saber que estaba viendo a sus amigos tener sexo. Lamentaba perderse una fiesta así pero igualmente esta de voyeur le ponía cachondo. Se aseguró de silenciar el micrófono, fue a la puerta, echó el pestillo y volvió enfrente del ordenador. Se quitó el pantalón y el boxer antes de sentarse en la silla, apoyar los pies en la mesa y empezar a masturbarse mientras veía a sus amigos teniendo sexo.

—Chicos, esto no está bien... —comentó Ulrich. Eso pareció asustar a los otros, pero el alemán se limitó a cambiar de posición, de forma que frente a su cara podía ver el pene de William y el de Odd. Se acercó el miembro del escocés y empezó a lamerlo mientras estiraba su brazo para estimular el pene de Odd.

—Ulrich... me encanta... —gimió William. No podía dejar todo el trabajo al chico, de modo que optó por devolverle el favor. Odd no podía tolerar no jugar a aquello, por lo que les propuso volver a cambiar de posición.

Por esto me gusta que estemos tú y yo solas —susurró la japonesa a Aelita mientras sus manos se deslizaban en sus respectivos sexos—. Tú y yo nos entendemos perfectamente sin necesidad de hacer piruetas.

—Pero tú siempre haces cosas por mi —protestó Aelita—. ¿Me dejarás que te devuelva el favor?

—Claro —dijo Yumi. Sus labios se encontraron y sus lenguas lucharon entre si, antes de que mientras Aelita empezara a bajar con su boca por el cuerpo de Yumi, que tenía un sabor delicioso. Pasó por los pechos de Yumi y se detuvo un rato para degustar sus pezones antes de continuar hacia abajo. Era muy raro que Yumi aceptase jugar de esa manera, pero quería probar a ser ella quien dominase. Miró a los chicos y si ellos no tenían problema para hacerse sexo oral ella no iba a ser menos.

Llegó por fin ante la cavidad prohibida, la zona más exclusiva de su amiga. Admiró lo bonito que le pareció, y luego posó sus manos encima. Separó sus labios suavemente antes de degustar aquel extraño sabor. Un gemido de Yumi le indicó que había hecho algo bueno, y continuó haciendo eso mientras la japonesa se contenía. "Qué hábil...", pensó Yumi, recordándose que tenía que dejar a la chica hacer más a menudo.

Desde su habitación Jeremy lo estaba contemplando todo completamente excitado. Se había tenido que detener un momento, pues unas gotas de líquido preseminal emanaban de su erección. Además les podía escuchar por los altavoces. Abrió el cajón de su mesa, sacó unos auriculares, los conectó y subió el volumen un poco más, pudiendo escuchar cada gemido, cada succión de sus amigos. Estimuló un poco más su períneo y sus testículos antes de continuar con su autoplacer.

En su ángulo de visión podía ver a Ulrich de espaldas, con el trasero expuesto hacia él. Se había puesto a cuatro patas sobre la cama, y alternaba entre la erección de Odd y la de William para darle placer. Estos dos estaban tumbados sobre la cama y compartían el miembro del alemán al tiempo que se besaban entre ellos. El rubio aprovechaba para tocar todo lo que quería el culo de su amigo, una zona en la que sólo uno del grupo había tenido un acceso más frecuente.

Yumi no entendía el cambio en Aelita. La pelirrosa había probado el sabor de su fruto prohibido y parecía ávida por continuar. Sin saber cómo, se había visto a si misma en la cama, en una posición muy parecía a la de Ulrich, con la diferencia en que ella tenía detrás a su amiga, devorando su intimidad, mejorando a cada momento que pasaban. Ella misma se estimuló los pechos, al igual que Aelita, que tenía una mano sobre su sexo y lo estimulaba con ganas.

Cada vez les era más difícil controlar que no hicieran ruido. Odd sentía la lengua de Ulrich sobre su glande mientras William se ocupaba de toda la erección del alemán. Miró en la otra cama cómo el cunnilingus de Aelita ponía a Yumi fuera de combate, totalmente entregada a los deseos de la pelirrosa que sólo ansiaba hacerla culminar. Jeremy hacía grandes esfuerzos por no gritar.

Yumi hundió la cabeza en la almohada cuando se sintió en el clímax. Aelita había conseguido hacerla acabar y de un modo delicioso. La primera vez que se habían dejado llevar se sintió culpable. Ahora sólo sentía culpa por no haberlo hecho antes. Sintió cómo su amiga se dejaba caer desplomada sobre su espalda una vez sus dedos habían acabado el trabajito, y no dijeron nada mientras miraban a los chicos. Odd estalló de placer mientras Ulrich le seguía dando sexo oral, y William alcanzó el clímax en la mano de este. El castaño no estaba muy atrás de su orgasmo, y lo hizo finalmente, manchando al escocés y al italiano, aunque para estos no era un problema. Se dejó caer suavemente sobre ellos.

Jeremy había sacado justo a tiempo un pañuelo de papel. Su respiración estaba agitada. Había tenido un orgasmo muy poderoso. Intentó reponerse, pensando que sus amigos habían acabado. Ahora activaría el micrófono y les saludaría… ¿o no? Tal vez se animaran a ir un paso más allá. Volvió a lamentar no estar allí con ellos, pero la experiencia era bastante interesante.

Y vio que no se equivocaba mucho. Ulrich se puso en pie, solo para abrir una rendija la puerta del dormitorio y asegurarse de que no había gente por los pasillos. Eso en cierto modo no era una gran garantía, pero teniendo en cuenta que a un lado de aquel dormitorio estaba el cuarto de Jeremy, vacío, y al otro lado la habitación de William, también vacía, no había un gran riesgo de ser pillados por los alumnos vecinos.

De este modo, Ulrich volvió a la cama. Jeremy se relamió inconscientemente los labios al ver a sus amigos desnudos. El sexo con Aelita era genial, pero lo que pasaba con sus amigos era totalmente distinto. Era algo que se alejaba del amor, era puro éxtasis. Al igual que pasaba con Yumi.

—¿Qué vas a hacernos ahora, Ulrich? —preguntó Odd, en un tono que no era tan interrogante como insinuante—. ¿O nos vas a dejar por las chicas?

—Ellas están bien ahí —dijo, y le guiñó un ojo a la japonesa. Ya tendrían su momento esa tarde, en el cine—. ¿Qué podría hacer?

—¿Estás muy cansada, princesa? —preguntó Yumi a su amiga. Esta negó con la cabeza, aunque lo cierto era que nunca había sido tan activa—. Pues prepárate para que veamos las estrellas.

—Ulrich… tus manos son las mejores —comentó William mientras el alemán volvía a estimular a sus amigos.

Jeremy había dejado los auriculares sobre la mesa. Tenía algo más escondido todavía. No se había atrevido a mostrárselo a sus amigos, pero después de la primera vez que había experimentado con Odd, había hecho una compra un tanto especial. Un par de cosas que le ayudaban a experimentar.

Volvió a sentarse en la mesa en la misma posición que antes. Sonrió al ver a los cinco en pleno precalentamiento. Odd estimulando a Ulrich, este a William y el escocés al rubio, mientras Aelita y Yumi se manoseaban mutuamente. Destapó el bote, y dejó caer un hilillo del contenido sobre su juguete. Lo lubricó con sumo cuidado mientras seguía mirando la pantalla. Se empezaban a animar. Y él también.

De ese modo se deleitó la vista cuando Ulrich tiró con firmeza de Odd. Lo pegó a su espalda, su erección rozaba sus nalgas, su mano se escurrió entre medias y localizó su punto íntimo para empezar a dilatarlo. El rubio asintió, y pegó sus labios a los de Ulrich un momento antes de dirigirse a por William, quien esperaba en la cama con las piernas separadas para él. Odd se las levantó ligeramente para acceder a su trasero, que empezó a estimular empleando la lengua y sus dedos. William contuvo un fuerte gemido.

Jeremy prestó atención a las chicas. La japonesa había atado las manos de Aelita empleando su tanga y ahora la pelirrosa estaba completamente a su merced. Algo que no era especialmente malo. Disfrutó de unos largos e intensos segundos de los labios de su amiga estimulando su sexo, humedeciéndolo a conciencia. Aguantó intentando no gemir por el placer, pero le era difícil. Yumi se estaba "vengando" placenteramente de ella.

—Odd… solo te pido que tengas cuidado —le pidió William al chico cuando se iba situando entre sus piernas.

—Tranquilo… sabes que da más placer que dolor, ¿verdad? —le preguntó mientras sus dedos estimulaban suavemente el pene de William—. Aún así… si te duele…

—Aaaahh… tranquilo… —gimoteó el escocés—, sigue…

Yumi se había quedado lamiendo uno de los pechos de Aelita y masturbándola mientras miraba a los chicos. Odd estaba por completo dentro de William y ahora podía ver a Ulrich separar las nalgas del rubio antes de introducirse en su interior. Era erótico, muy erótico. Por lo que ella tampoco podía esperar más. Cruzó una pierna con la de Aelita y aproximó sus sexos. Un suave movimiento de caderas. Un íntimo roce. Un gemido inaudible y Aelita sometida a su placer. Qué más podía pedir.

Sin poder aguantar sus ganas. Jeremy introdujo lentamente su nuevo juguete dentro de su trasero. Lo notaba frío por el lubricante, pero no se detuvo. Aquella sensación que tanto le gustaba. Gimió un poco. Qué placer. Dejó que su cuerpo de aclimatara mientras seguía estimulando su erección, endurecida por lo que veía en la pantalla y escuchaba en los auriculares.

"Dale duro, Ulrich… sigue así, Yumi…", pensó mientras veía a su amiga japonesa dando placer a una Aelita completamente sometida. Al igual que Ulrich, quien marcaba el ritmo de las embestidas de sus amigos. Odd movía sus caderas con cada movimiento de Ulrich mientras masturbaba a William, quien se encontraba en una especie de nube. No se arrepentía de no haber cambiado de cama.

—Yumi… esto es genial… —dijo Aelita. Recibió un beso de la japonesa antes de poder seguir hablando—. Me encanta lo que me haces…

—Y más que te lo haré… mientras me dejes —Yumi se detuvo un momento para atacar los senos de su amiga con la boca—. ¿Me dejarás?

—Claro que sí… sigue, por favor —pidió la pelirrosa. Hacerlo con Yumi era algo muy placentero. Sólo con Jeremy conseguía otras sensaciones más especiales. Odd, Ulrich y William estaban bien, pero era diferente… aunque ellos tres se lo estaban pasando de maravilla.

Las manos de Ulrich sujetaban las caderas de William para dejar libres los movimientos de Odd. Este gemía cada vez que sentía a Ulrich entrando en él, y la imagen de William sometido a sus embestidas le parecía de lo más erótico. Le masturbó con ganas mientras continuaba deslizándose fuera y dentro de él.

Al igual que Jeremy tenía así su juguete. Su cuerpo se había amoldado y ahora dejaba que se escurriera dentro y fuera de él con una mano mientras con la otra seguía estimulando su pene. No podía apartar los ojos de la pantalla, y estaba muy cerca del orgasmo. Qué placer.

Ulrich se tensó. Había sido escéptico la primera vez que probó con los chicos, pero no podía dejar de hacerlo ahora que había probado. El cuerpo de Odd emanaba calor… y había conseguido entenderse mejor con William desde que practicaban sexo. Probó el sabor del cuello de Odd mientras se dirigía a su inminente final.

Yumi se había cansado de jugar con Aelita y ahora estaba por completo encima de Aelita, practicando un 69 con ella la mar de placentero. Tenía la cabeza enterrada entre sus piernas y su sexo estaba completamente accesible para una Aelita que había probado el sabor que tenía y quería aún más. Sus respiraciones se agitaron según se acercaban al orgasmo. Yumi introdujo sus dedos en la intimidad de Aelita, provocándole el éxtasis y ella misma terminó unos segundos después gracias a la lengua de la pelirrosa.

William estalló en su orgasmo acabando sobre las manos de Odd y su propio cuerpo. Ulrich fue el siguiente en eyacular, cayendo vencido sobre el italiano, quien acabó después de unas acometidas más. Estaban todos muy cansados. No dijeron nada por unos momentos, mientras se reponían. Y entonces Aelita miró el reloj.

—¡Ostras! ¡Jeremy me dijo que iba a llamarnos en videoconferencia!

Se puso de pie. Le daba igual el nudismo. Jeremy conocía cada poro de su cuerpo. Encendió la pantalla del ordenador, y no se creyó lo que vio. Jeremy había eyaculado, manchando su pecho, y con su juguete tocando su próstata. Estaba agotado y con los ojos entrecerrados. Miró a la pantalla, y supo entonces que Aelita le estaba mirando. Se sonrieron mutuamente. Podían jugar a más cosas cuando se volvieran a ver.


¡Hola, buenas noches! Sé lo que estáis pensando. "¿Qué pacha con echte tío que publica shin avichar?" Vale, eso fue raro... en cualquier caso dije que iba a escribir este one-shot... y así ha sido, espero que os haya gustado :D

Moon-9215: A mi tampoco me gusta ponerle así, pero era una exigencia de guión, no se me ocurría algo más "creíble". Espero que te guste este :)

Jafar2000: ¡Gracias! De vez en cuando pienso en alguna historia para continuarlo, aunque ya no me puedo permitir el ritmo de un one-shot semanal, ya que tengo poco tiempo y muchos fics en desarrollo :(

Bueno, pues no sé que será lo siguiente que actualice pero será pronto. Lemmon rules!