¿Quieres?

Era casi la medianoche en el Kadic. Ninguna luz se podía ver desde las ventanas de fuera. A menos que uno tuviera buena vista y pudiera discernir entre la luz reflejada por la luna en los cristales y la luz de una pantalla de ordenador encendida. Enfrente de la máquina, Jeremy tecleaba varias líneas de un código fuente. Estaba absorto en la programación, tanto que a veces se tenía que recordar qué era lo que estaba haciendo.

De pronto, un ruido provocó que se le parase la respiración. No tenía ni música puesta, pero se había olvidado de desconectar los auriculares, y una notificación de un mensaje de Odd en la pantalla había sonado demasiado fuerte. Se apresuró a desconectar el sonido una vez se había vuelto a ajustar las gafas.

El mensaje de Odd se componía de dos líneas. "Buenísimo". Y una dirección de internet que Jeremy no necesitó abrir. Era un video porno. Seguro. Su amigo no defraudaba. Ningún otro conocido suyo le hubiera enviado un mensaje así en plena noche. Pensó que probablemente, Odd estaría usando aquel video para masturbarse. Luego pensó que no tenía por qué imaginarse a su amigo tendido en la cama dándose placer.

Lo malo es que la interrupción le había hecho desconectar por completo de la programación. Pensó en apagar el ordenador e irse a dormir, antes de que Jim le pillase despierto a deshoras. Pero el enlace que le había enviado le llamaba la atención. No por querer ver el video, claro. Había un detalle técnico que le apetecía comprobar.

De modo que pulsó el enlace, y aguardó unos segundos a que se abriera el navegador web. La página cargó casi al momento (el mejor momento para navegar: cuando todos dormían) y

de pronto la imagen en movimiento de una pareja teniendo sexo en un sofá se mostró ante él.

"¿Pero qué mierda de proxy tiene la academia si se pueden ver estas páginas?", se preguntó, escandalizado. En fin, comprobado aquello, debería cerrar la ventana, antes de ver como aquella joven atractiva se subía a horcajadas sobre el chico y empezaba a subir y bajar y subir y bajar…

Antes de darse cuenta estaba hipnotizado viendo el video. Su pene estaba erecto y le dolía debajo del pantalón. Casi sin darse cuenta, su mano se dirigió allí para aliviarse. No iba a aguantar hasta el final, solo un poco… qué respiro poder masturbar su pene… Solo un poco, y apagaría el ordenador.

—Eso tiene que cansar mucho.

Aquel susurro en su oído estuvo a punto de provocarle un infarto. De algún modo, Aelita había ido a su planta vestida únicamente con el pijama, sin ser pillada, y había entrado en su dormitorio, pillándole en aquella situación bastante embarazosa.

—¿Qué haces aquí? —preguntó este, alarmado.

—Te escribí. No me respondiste —dijo ella, suavemente—. Vine a ver si estabas bien.

—Pues sí… perdona, me absorbió el programa…

—El programa —Aelita miró la pantalla del ordenador.

—¡Estaba escribiéndolo cuando Odd me envió eso! —protestó él—. Por favor, no pienses mal de mi.

—No lo pienso —aseguró ella. Le sonrió suavemente—. Fui yo quien cambió el proxy para poder entrar en esta página. Me lo pidió él.

—¿Y tú le haces caso?

—Bueno, tenía curiosidad por ver uno de esos videos que tanto gustaban a la gente —comentó Aelita—. Ella parece pasarlo muy bien —dijo refiriéndose a la chica protagonista del video.

—Seguro que no tanto… en estos videos se finge mucho —respondió Jeremy, y cerró la ventana del ordenador. Lo apagó directamente—. ¿Hablamos por la mañana?

Pero Aelita no parecía tener la intención de marcharse. En su lugar se sentó en la cama de Jeremy y esperó a que él se pusiera a su lado. El chico se dio cuenta que tenía el pantalón bajado y se lo subió antes de sentarse al lado de la chica. La miró un rato en silencio. Era preciosa. Le gustaba pasar tiempo con ella, incluso en silencio.

—Aunque ella fingiera, que te toquen gusta mucho —comentó la pelirrosa, suavemente, sin romper la delicadeza del ambiente.

—Cuando te toca alguien que te gusta, sí —admitió él.

—¿Entonces no te gusto yo?

Jeremy miró alarmado a la chica. Llevaban apenas un mes juntos. Y unos días antes, habían tenido cierta experiencia íntima. No lo habían llevado demasiado lejos. Con la persiana bajada para evitar que alguien pudiera verlos desde el patio de la academia, con el cerrojo echado (lo cual iba contra las normas de Kadic), se habían quitado la ropa lentamente y se habían quedado mirando por unos momentos, acostumbrándose a la desnudez del otro, y especialmente a exhibir la propia; de ahí se habían echado en la cama, frente a frente, sin decir nada, permitiendo que las manos del otro le exploraran.

Y a pesar de que al rubio le encantaba el suave tacto de la piel de Aelita, y que ella sonreía mientras sus manos le tocaban a él, y que tras unos largos minutos sus dedos se habían asomado muy levemente por el sexo de la pelirrosa, en el momento en que ella había empezado a acariciarle el pene él había pensado que por aquella ocasión ya habían hecho suficiente. Sin querer insistir, Aelita lo había aceptado, y tras vestirse, se había ido. Al día siguiente, la actitud de Aelita hacia él no había cambiado en absoluto. Pero ahora, él se sentía como si de pronto le hubieran despojado de toda la ropa.

—Claro que me gustas, desde hace mucho tiempo. ¿Cómo lo dudas?

—El otro día me pediste que parásemos. Yo me sentía bien contigo, pero me detuve porque me lo dijiste. Por eso te lo pregunto.

—A ver… No quiero que lo malinterpretes, por favor —pidió él—. Me gustó mucho pero no quería que te sintieras incómoda por lo que hacíamos.

Yo no estaba incómoda —aseguró ella—. Me sentía muy bien…

—¿Y si me equivocaba? ¿Y si te hacía sentir mal? ¿Y si te dolía? ¿Y si te daba asco? —preguntó Jeremy. Aelita no tardó en entender lo que parecía aterrar al chico. Le quiso un poco más por su preocupación.

—¿Y si acertabas? ¿Y si me hacías sentir mejor? —replanteó ella—. No te imagino equivocándote… Y si lo haces, te puedo pedir parar, ¿verdad? —preguntó.

—Claro.

—Y me dejarás que te diga si algo no me gusta, ¿a que sí?

—Claro…

—¿Y si hago lo mismo y no te gusta, me dirías cómo podría hacerte sentir mejor?

—Sí, claro…

—Pues venga. Pídemelo.

—¿El qué?

—Yo te pedí hacerlo la otra vez. No te lo voy a poner tan fácil dos veces —le dijo—. Si es que de verdad quieres.

Le tomó de la mano, esperando una pregunta. Se le hizo la espera larga, tanto que pensaba que no se lo pediría. Que el chico preferiría no arriesgarse. Que a lo mejor aquello no le apetecía. Pero en ese momento sintió un ligero apretón en los dedos.

—Aelita… quiero hacerlo contigo. De verdad que sí —dijo. Sonaba sincero. Y a pesar de que había muy poca luz, a la chica no se le escapó que el chico estaba colorado—. Por favor…

Sin decir nada, se acercó a él y probó levemente el sabor de sus labios. El chico se envalentonó para cerrar el beso. Era suave, tímido incluso. La pelirrosa se sorprendió al sentir la lengus de Jeremy traspasando la barrera, llegando hasta la suya, que llegó a su encuentro. Se estaba excitando.

Tal vez hacerlo de aquella manera, solo con la luz de la luna reflejando en plena noche, aumentaba el morbo de la situación. La chica, que llevaba un simple pijama rosa de dos piezas, se quitó la parte de arriba despacio. Jeremy no se perdió detalle de lo bonito de su cuerpo. Y se sorprendió al ver que no se había puesto sujetador.

—¿De verdad has venido así? —preguntó, sorprendido e hipnotizado por los pechos de Aelita.

—Estaba a punto de meterme en la cama cuando decidí venir… no iba a dormir con ese trasto puesto —le dijo—. ¿Te gusto?

—Mucho… ¿puedo tocar?

Ella asintió. En realidad, había pensado en exigírselo. Pero que el chico fuera tan caballeroso no le molestaba. Se sentía segura. Y se sintió muy bien al sentir por fin las manos de Jeremy volviendo a recorrer su cuerpo. Se entretuvo un rato en sus caderas antes de subir poco a poco hacia sus senos. Sí, le gustaba mucho. Las acarició, las envolvió con sus manos, le dio un suave apretón en sus rosados pezones sin llegar a hacerla daño.

Pero quería corresponderle. Jeremy se despojó de la chaqueta azul de su pijama, y en ese momento la chica se echó sobre él. Sintieron la calidez del cuerpo del otro. Sus respiraciones se acompasaron. Ella sonrió y dejó que sus manos explorasen el torso de Jeremy. Le gustaba. Sí, el tacto era genial. Quería que aquello no acabase nunca. O que al menos, pudieran sentirse aún mejor.

Tras unos momentos de exploración mutua, Jeremy puso las manos sobre el pantaloncito de la chica. Ella asintió. Se echó hacia atrás, y le permitió quitarle la prenda. El rubio se quedó un momento hipnotizado por aquella imagen de la pelirrosa en braguitas. Dudó, pero ella misma le invitaba a retirarle aquella última prenda. Con delicadeza, terminó de desnudar a Aelita. "No volveré a lavarme los ojos", pensó.

Ella se incorporó y gateó hasta él. Quería hacerle lo mismo. Jeremy se dejó quitar el pantalón del pijama, y se sintió un poco cohibido. Su pene estaba erecto nuevamente y se notaba bastante con el elástico del boxer. Pero eso no incomodaba a la chica. "Esto es que de verdad le gusta", pensó mientras liberaba a su novio de la ultima prenda. Le gustaba mucho Jeremy, y le gustaba su cuerpo desnudo.

—No… no sé cómo podemos seguir —dijo él.

—Podemos seguir tocándonos —sugirió ella—. Creo que sé cómo podemos estar.

Jeremy se quedó sentado sobre el colchón, y Aelita se sentó sobre las piernas de él, separando las propias. Alargó su mano hacia el pende de Jeremy, y empezó a juguetear. El chico hizo lo propio, alargando la mano para alcanzar el sexo de la chica. Se mantuvieron así durante varios minutos, que les permitieron entender cómo funcionaba y reaccionaba el cuerpo del otro. Ella había probado con diferentes presiones sobre el pene de Jeremy, así como varias velocidades hasta que él no podía dejar de suspirar. Ella también se sentía bien. Jeremy deslizaba uno de sus dedos dentro de su sexo y empleaba su pulgar para estimular su clítoris. Únicamente se detenía para lubricar su dedo, y contiuaba dándole mucho placer. Se sentían bien. No tenían prisa.

—Esto me cansa un poco… ¿podemos cambiar de posición? —preguntó ella. Le dolían un poco las piernas.

Jeremy asintió, y le señaló que se tumbara en la cama. Así lo hizo Aelita, pero Jeremy no se puso encima de ella. Por el contrario, se dejó caer por entre sus piernas, y acarició suavemente el sexo de Aelita.

—Dime si esto te gusta —pidió, y en ese momento, su lengua acarició el clítoris de la chica. Ella gimió, y se llevó una mano a la boca. Con ese placer no podía decirlo sin arriesgarse a que les pillaran. Simplemente asintió repetidas veces mientras se dejaba hacer.

Era la primera vez que alguien le hacía eso, y no podía comparar. No sabía si la técnica de Jeremy era buena o mala. Solo sabía que le gustaba mucho y eso era lo que le importaba. El chico le estaba dando placer. Se dejaban llevar por la situación. No quería pedirle parar. Se sujetó a las sábanas mientras Jeremy le abría un camino al paraíso. Su lengua sumada a un pausado movimiento de su dedo dentro y fuera de su intimidad era maravillosa. Sintió algo muy intenso que crecía dentro de ella. Se dejó llevar. Le gustaba. Más, un poco más Jeremy. Suspiró conteniendo un gemido al contraerse su cuerpo sacudido por un orgasmo. Estaba agotada.

Pero ese cansancio no iba a permitir que le devolviera el favor a Jeremy.

—Aelita… no tienes por qué —dijo él.

—Lo sé —aseguró ella—. Me has hecho sentir bien. Lo quiero intentar yo ahora. Pero… si vas a terminar… hazme una señal —pidió. Ella también había visto algún video de esos que Odd compartía (en su defensa, el italiano había dicho que se lo había enviado por error) pero, a pesar de la actitud de la protagonista del video, aquel momento en que el chico había acabado no era su imagen idílica.

—Por supuesto —aseguró Jeremy.

No se sintió capaz de mirar a Aelita. La chica le ponía mucho empeño y le hacía sentir mucho placer en su pene. Iba despacio, y usaba una de sus manos para masajearle con cuidado la zona de los testículos. Le gustaba mucho. Miró de reojo. La imagen resultaba exictante. Volvió la mirada hacia arriba… así aguantaría un poco más. Se sentía a punto de estallar. Aquello era muy placentero. Maldición, debía avisarla… Si se equivocaba ella le odiaría, seguro.

—Aelita… detente… —indicó alarmado.

—¿Vas a acabar? —preguntó ella, sin detener el movimiento de su mano. Y en ese momento vio como del pene de Jeremy brotaba un pequeño chorro de semen. El chico gimió con su orgasmo. Ella sonrió. Justo a tiempo.

—Me lo he pasado muy bien esta noche —le dijo él. Se estaba limpiando las manchas de su propio esperma con unos pañuelos de papel. Aelita apenas se había manchado la mano, y ya se había acicalado.

—¿Eso significa que… por hoy ya está? —preguntó ella, apenada.

—Sí… esto me ha gustado mucho, pero el siguiente paso… sería p… p… penetrarte —dijo muerto de la vergüenza—. Y no podemos hacer eso sin preservativos…

—Por eso preguntaba —dijo ella. Tomó del suelo el pantalón de su pijama y le enseñó un envoltorio brillante—. Porque tengo uno.

—¿Cómo…?

—Nos explicaron que había que usarlo en la charla sobre educación sexual, ¿recuerdas? Y le pregunté a Odd si me podía conseguir alguno.

—¿Y de donde lo consiguió?

—De la caja de doce que se compró con Sam —comentó Aelita. Rieron un poco—. Me dio este para que probásemos.

—Bueno… tal vez los próximos los compremos nosotros —dijo Jeremy, aunque no se imaginaba visitando la farmacia para conseguirlos—. ¿De verdad que quieres?

Alieta asintió. Ambos se sentaron en la cama, y ella miró atentamente cómo él abría el envoltorio y sacaba la gomita. Miró a la luz de la luna cual era la parte de arriba y la de abajo, y pellizcando la parte superior del preservativo, lo puso sobre su glande. Le costó un poco tirar de la goma hacia abajo, envolviendo todo su pene.

Cuando por fin lo tuvo colocado, pensaron cual sería la forma más cómoda de hacerlo. Optaron por no hacer nada demasiado arriesgado. Preferían algo que les permitiera el contacto más íntimo, por lo cual ella se echó con las piernas separadas en la cama. Jeremy se situó entre sus piernas y alineó su pene con la entrada del sexo de su novia. Estaba a punto de hacerlo, el punto de no retorno. Acarició la mejilla de la chica, aguardando la señal, y ella asintió. Empujó con cuidado su erección. Ella gimió un poco. Sentía cómo la cabeza de su pene entraba dentro de ella.

El chico se tomó un momento antes de volver a intentarlo. Aquella vez lo introdujo un poco más. Con cada suave penetración su pene entraba más que la vez anterior. Ella gimoteó un poco. Era una sensación extraña, poderosa, ligeramente dolorosa… Pero estar con Jeremy le gustaba y lo que hacían era increíble.

—Te quiero… —susurró ella. Sentía su cuerpo perfectamente unido con el de Jeremy.

—Y yo a ti… —dijo él.

Se besaron suavemente mientras el chico empezaba a mover sus caderas. Era una sensación de placentera presión y fricción sobre su pene. Le gustaba la sensación, le gustaba sentirse unido al cuerpo de Aelita, le gustaba cómo era acercarse al orgasmo de aquella manera. Cada embestida le aproximaba al orgasmo. Era extraño. En aquel momento pensó en Aelita… no podía acabar sin ella. Pero sentía también su respiración agitada, gimiendo suavemente. Ee sonido le gustaba demasiado. Aceleró levemente el ritmo de sus embestidas. Ella gimió un poco más fuerte. Estaba en una nube. Hacerlo con Jeremy era increíble. Se sentía genial. Jadeó. Sentía de nuevo aquella sensación apoderándose de ella. Cerró sin darse cuenta las piernas alrededor de la cintura de Jeremy, qué maravilla. Aguantó sus gritos de placer en el momento en que llegó al clímax, justo unos segundos antes de que Jeremy alcanzase el orgasmo.

Se dejó caer suavemente encima de la chica. Estaban cansados y sudorosos, pero se sentían muy bien. Mejor que nunca. Pero lo primero era lo primero. En cuanto se sintió con fuerzas, se incorporó y con mucho cuidado, se quitó el condón y le hizo un nudo. Lo dejó caer el suelo cuando Aelita saltó sobre él, acomodándose sobre su pecho.

—Hora de dormir —dijo ella, como si nada.

—¿Y si nos pillan? —preguntó alarmado. La ropa tirada por el suelo, ellos desnudos… sería muy complicado negar lo que habían hecho.

Y como si su premonición tomase forma, en aquel momento se abrió la puerta del dormitorio. Jim Morales, el profesor de gimnasia, asomó la cabeza en el dormitorio. Seguramente habían hecho más ruido del que habían pensado. Jeremy se quedó helado, mientras que Aelita se limitó a mirar muy seria al profesor. Este se puso blanco, y sus ojos escanearon toda la habitación. Se detuvo al ver el plástico atado en el suelo. Pareció valorar la situación.

—Como os pille otra vez… —dijo sin concluir su amenaza. Cerro la puerta tras él.

—Nos ha perdonado por esta vez… —comentó Jeremy com un hilo de voz.

—Porque ha visto que hemos sido responsables —dijo ella—. Supongo que no pasa nada si me quedo a dormir —comentó. Y volvió a acomodarse sobre el torso de su novio. No tardaron mucho en quedarse dormidos. Y mientras descansaban se aparecieron mutuamente en el sueño del otro.


¡Hola a todos! Sé que un sábado es un día raro para que yo actualice, pero ¡acabé el capítulo y quería publicarlo! Espero que os haya gustado, hacía tiempo me habían pedido un Jerlita "tierno" y estoy atendiendo peticiones atrasadas. Espero que os haya gustado, y pronto publicaré el tercer capítulo de "La villa" (el cual os recomiendo leer si no lo habéis hecho ;))

mara: ¡Seguiré! Tengo algunas peticiones de ellos y las atenderé pronto ;)

Moon-9215: Me alegro que te gustara :) Ya sabes que escribo de todos los estilos ;)

SpartanV626: Muchas gracias :D Me alegro que te gustaran, y me anoto la petición de escribir un... ¿Ulita? xD :)

CarlosJim04: Eso sería escribir un harem muy grande teniendo en cuenta todas las chicas que conoció durante la serie ;) Puedo escribirlo pero tendría que hacer un poco de "criba" de todas las chicas del cartoon xD

Lo dicho. Pronto veréis más de las cosas que le pasan a los personajes de "La villa", así como más one-shots ;) Lemmon rules!