Ishiyamas
Era ya de noche en casa de los Ishiyama. Takeo, el padre de Yumi e Hiroki, no llegaría a casa, pues tenía trabajo atrasado y se iba a quedar en la oficina. Justo el día que el pequeño Hiroki había invitado a su amigo Johnny a pasar la noche. Akiko, la madre, no había puesto ningún impedimento, pero le hubiera gustado contar con su marido aquella noche. Se le daba mejor regañar que a ella, y aunque Hiroki solía ser un buen chico, sabía que una noche con un amigo implicaba acostarse tarde por jugar a la consola.
Por lo menos podía contar con su hija Yumi, quien en ese momento había terminado de recoger la mesa después de cenar. Ella subió al dormitorio de Hiroki para dejarles las instrucciones de la noche:
—No hagáis ruido, ¿vale? —les pidió—. Y no tardéis mucho en apagar la luz, se puede jugar a oscuras.
—Pero si no vamos a jugar —mintió Hiroki. Tenía la intención de jugar a peleas con Johnny hasta que se le borrasen las huellas dactilares. O los mandos se quedaran sin batería, lo que primero ocurriera.
Akiko se aseguró de que la cama supletoria estuviera en condiciones, y luego cerró las puerta al salir. Bajó las escaleras y se encontró a su hija sentada en el sillón, mirando el móvil. Conocía lo bastante bien a su hija como para saber que algo ocurría. Se echó en el sofá, intentando llamar su atención, pero no lo consiguió.
—Se te van a caer los ojos —bromeó Akiko—. Hace mucho que no me cuentas nada. ¿Qué tal con tu amigo Ulrich?
Su frase directa hizo que su hija se pusiera roja. Y cometió otro error, intentó taparse la cara con el móvil. Porras. Su madre la miró, sonriendo. Las pocas veces que había visto a su hija con aquel "amigo", había notado algo entre ambos. No se había querido meter entre medias, no al menos cuando su marido estaba delante. Pero ahora tenían un rato para hablar.
—Mamá… —protestó Yumi. Entre líneas, quería decir "me da vergüenza hablar contigo de estas cosas".
—Vamos, hija. Ya estás en la edad de salir con chicos. Aunque tu padre no se quiera dar cuenta —rió. Takeo podía ser muy decimonónico—. Es Ulrich, ¿verdad?
—… Sí. Sí, es mi novio. ¿Contenta? —preguntó haciendo un mohín.
—En parte. Quiero saber que no habéis hecho tonterías —esta vez su tono era más serio.
—Claro que no… —murmuró la chica.
—Menos mal…
—… Usamos preservativo.
Akiko tragó y digirió las palabras de Yumi. Tal vez no quería saber tanto, pero en realidad resultaba tranquilizante que la chica hubiera sido responsable. Miró a Yumi, aunque esta no era capaz de devolverle la mirada. Tenía que evitar ser muy severa. Usar métodos anticonceptivos era lo correcto.
—¿Ha sido el primero? —quiso saber.
—Y el único. Ulrich es el único.
—¿Se portó bien? —insistió Akiko. Tenía que saber que no había pasado nada malo entre ellos.
—Se portó muy bien… y me da vergüenza seguir contándotelo.
En realidad, Yumi tenía cierto morbo por contarlo. En intimidad, había intentado hablarlo con Aelita, pero la chica era demasiado sensible a aquellos temas y no había sido capaz de escuchar mucho más allá de que había perdido la virginidad con Ulrich. Pero contarle los detalles a su madre… era muy fuerte.
—No soy tan antigua. Creo que puedes confiar un poco en la discreción de tu madre. Vamos, ven aquí —le dijo. Yumi dejó el teléfono en la mesa y se sentó con su madre—. En serio. No habéis hecho nada peligroso, ¿no?
—¿Peligroso? No… siempre sexo seguro. Hemos hablado todo lo que íbamos a hacer… —a Akiko le llenaba de orgullo saber que tenía una hija así de responsable. Al menos, no se toparía pronto con la no agradable sorpresa de que iba a ser abuela—. Como el otro día…
—¿Qué pasó? —Akiko parecía olvidar que hablaba con su hija.
—Estábamos solos en su dormitorio, y nos pusimos tontorrones… pero no teníamos gomitas —empezó Yumi a contar—. Yo tenía muchas ganas… y entonces él me tumbó sobre el colchón. Me quitó el pantalón con mucho cuidado… apartó mis bragas y… —se tapó la cara con las manos—. Fue genial…
—¿Qué te hizo?
—… sexo oral… fue maravilloso —dijo Yumi. Estaba completamente colorada. Y le costaba disimular que se estaba excitando solo por acordarse—. De verdad… Si no fuera con Ulrich no lo habría hecho, seguro.
Akiko se quedó sorprendida. Vaya con las habilidades del novio de su hija. Qué interesante que se le diera bien el oral. Pero Yumi ya pensaba que había hablado demasiado, y pidió permiso para irse a acostar si su madre no tenía más preguntas. Volvió a guardarse el teléfono.
—Descansa, hija —le dijo. Y cuando pasó a su lado, le susurró algo—, y sigue usando las gomitas con tu chico.
Con los colores aún subidos, Yumi subió las escaleras a su habitación. Maldijo la escasa confianza de sus padres en ese momento, ya que no le permitían tener un pestillo. Aunque bien pensado, por noches como aquella, tenían razón. Bajó la luz de su dormitorio, de modo que no se filtrase ni un lumen por bajo de la puerta, y aún podía ver lo suficiente. Sacó el móvil del bolsillo y escribió un mensaje. "Ya puedes subir. No hagas ruido". Y abrió la ventana.
Se tumbó en la cama esperando que llegase su visitante nocturno. No fueron ni cinco minutos los que tardó Ulrich en aparecer por la ventana. La parte más complicada pensó que sería salir de la academia, pero en realidad ese ascenso vertical sin ayudas había sido difícil. Resolló un par de veces y se intentó recuperar.
—Estás loca por pedirme esto… —susurró.
—Pues no haber venido —bromeó Yumi—. Si estás aquí es por algo, ¿verdad?
Ulrich miró a Yumi. Ahora que se acostumbraba a la escasa luz, se daba cuenta de que la chica le aguardaba tendida en el futón… sin el pantalón puesto. Aquellas bonitas piernas le estaban diciendo "ven a jugar". Y su novia le sonreía pícaramente. Se acercó a ella, y se echó encima para darle un beso. La chica le quería tener pronto, y le quitó suavemente el pantalón. Lo tiró lejos, pero en ese momento, el chico saltó y fue a por ellos.
—Perdona, no quiero que se te doblen —ironizó la chica.
—No es eso, boba… mira —sacó del pantalón una ristra de envoltorios brillantes—. Dijimos que siempre con esto, ¿verdad?
—No sabía que los llevabas ahí. Anda, ven, bobo. Te he echado de menos.
Ulrich fue a por su novia y se apoyó entre las piernas de ella. Yumi gimió al sentir el bulto de su novio contra su intimidad. Incluso con la ropa interior de por medio, era muy excitante. Ulrich palpó con su mano, y se llevó una sorpresa.
—Yumi… ¿ya estás así?
—T-Tonto —protestó ella—. Me… acordé antes de lo que me hiciste el otro día —no iba a decirle que su madre conocía los detalles de su vida sexual.
—Oh… ¿te refieres a esto? —preguntó travieso.
Yumi hizo un gesto para intentar impedírselo, pero en realidad no tenía la intención de detenerle. El alemán tiró con mucha suavidad de sus braguitas, besando sus piernas mientras se las quitaba. El sexo desnudo de su chica le estaba tentando. Sonrió y llevó su lengua hacia la zona prohibida. Yumi tuvo que taparse la boca para no gemir. Su cuerpo se contraía mientras disfrutaba del "trabajito" que le estaba haciendo Ulrich. La primera vez había sido un poco tosco, pero a base de practicar había mejorado un montón.
A Ulrich le encantaba el sabor de los jugos de Yumi. Su lengua se escurría traviesa entre sus labios vaginales, y se detenía largo rato en su clítoris. Y era una delicia sentirla retorciéndose por el placer, intentando contener esos gemidos que él sabía que significaban que le gustaba mucho y que quería más. Siguió besando aquellos labios lentamente, solo para aumentar el ritmo suavemente.
La respiración de Yumi estaba muy agitada. Amaba a ese chico y le gustaba tener sexo con él. Había conseguido controlar sus gemidos. Si alguien les pillase en esa situación… sería difícil poner una excusa creíble. Acarició los cabellos del alemán, y con la otra mano se aferró al futón. Era genial…
—Sigue, Ulrich… me encanta… vas a hacer que…
—Termina, mi amor —"mi amor", dos palabras que presionaban el pecho de Yumi—. No tienes que contenerte… me encanta hacer esto —susurró y volvió a dedicar su lengua al cuidado del sexo de Yumi.
Ella se concentró todo lo posible en no gritar mientras su clímax se acercaba más y más. Maravilloso, sencillamente maravilloso. Cásate conmigo, Ulrich. Qué placer. Y difícilmente pudo controlar su último gemido mientras olas de placer recorrían todo su cuerpo. Se relajó por fin, y Ulrich se echó encima de ella.
—Me ha… encantado… —dijo ella.
—¿No tienes agua por aquí?
—¿Agua?
—Quiero besarte pero… no sé si sabes dónde acaba de estar mi boca.
No le debía importar mucho pues en ese momento, ella le besó. Y mientras estaba sobre ella, le tocó el culo. Y le bajó el boxer. Y le acarició el pene. Se sorprendió al comprobar lo rígido que estaba ya Pobrecito… todo aquel rato con la tela presionando hacia abajo. Ulrich se incorporó. Tenía demasiado calor, y le fue bien despojarse de la camiseta. En ese momento Yumi tomó ventaja contra él.
—Yumi… ¿qué haces? —preguntó y le recorrió un escalofrío al sentir la respiración de ella contra su glande.
—Ya lo sabes… Tú me quieres y yo te quiero…
Aunque Ulrich sabía y aceptaba la reciprocidad, no quería que ella le devolviese el oral solo porque él lo había hecho primero. No tenían una hoja de cálculo con quién había hecho qué. Eso sería más apropiado de Jeremy y Aelita el día que se animasen. Pero Yumi se despojó en ese momento de su camiseta, mostrando su bonito sujetador de encaje y le masturbó lentamente.
—¿Quieres que lo haga? —preguntó ella. En realidad, él hubiera preferido ponerse el preservativo y hacerlo con ella, pero si Yumi estaba juguetona, ya sabía que no podía negarse.
Tampoco era un gran sacrificio. La japonesa lamió suavemente su glande antes de pasar a mayores. El calor invadió su cuerpo, en parte por lo que le hacía Yumi… en parte por verla lamiendo su pene. Qué placer. Masajeó suavemente sus testículos entretanto. No tardó en comprobar que su chico estaba muy excitado. Los primeros fluidos, previos a la eyaculación, emanaron de la punta.
—Yo… quiero hacerlo… —gimió él—. Por favor…
—¿Acaso no te gusta lo que te hago? —preguntó Yumi. Su mano sustituyó sus labios.
—Claro que me gusta…
—Pues déjame ahora a mi. Luego lo pasaremos bien juntos —aseguró la chica—. Pero tú me has hecho sentir bien. No puedo quedarme quieta —le dijo—. ¿Vale?
Él asintió.
—Pues desabróchame el sujetador mientras… —le pidió, y continuó dándole placer con la boca. La combinación de su lengua y sus labios le gustaban mucho al alemán, quien tímidamente, acercó sus manos al cierre de la prenda de Yumi. Tuvo que forcejear un poco para poderlo abrir, y Yumi le permitió echar un vistazo a sus senos antes de proseguir.
No supo cómo era capaz de contenerse. Gruñía por no gritar de placer. Debía evitar que los pillaran. En la casa no estaban solos… pero eso daba aún más morbo a la situación. Estaban a solas en el dormitorio de Yumi, con aquella chica preciosa que tanto le quería dándole sexo oral.
—Yumi… me c… —empezó a decir. Ella se apartó justo a tiempo y le dejó eyacular. Su mano se manchó, pero eso no le preocupó tanto como su falta de precauciones. El futón también se manchó. Y lo que era peor… no se había dado cuenta de que ella también lo había manchado con sus jugos del sexo oral que le había practicado Ulrich.
—Mañana tengo que poner yo la lavadora como sea… —murmuró Yumi—. Pero no me importa. Es un precio pequeño por pasar la noche contigo.
—¿La noche? —preguntó él. En su cabeza, el plan consistía en acercarse, hacer el amor, y luego volver a Kadic antes de que le echasen en falta. Vale que Odd se había ofrecido a cubrirlo, pero aún así…
—¿No vas a quedarte? —ella le puso ojitos. Esos irresistibles.
—Claro que me quedo.
Volvieron a besarse mientras se preparaban para lo mejor. Ya estaban listos. Ella separó uno de los preservativos, y abrió el envoltorio. Se sentó sobre las piernas de Ulrich mientras se lo ponía. Estaba completamente preparado para poseerla. Levantó su cuerpo, situándose sobre el pene del chico, y se dejó caer. Y en el momento en que el miembro del chico se deslizaba dentro de ella, la puerta del dormitorio se abrió y dentro cayó la señora Ishiyama.
Akiko se había pasado los últimos minutos mirando aquellos jóvenes tener sexo. La había alertado un ruido en la habitación de Yumi, un quejido como si se hubiera hecho daño, de modo que había decidido asomarse. Tanto ella como Ulrich estaban tan ensimismados en su juego erótico que no habían percibido que la mujer les había estado mirando, tirando su pantalón al pasillo. Estaba mal, pero sentía la necesidad de tocarse. Había estimulado su sexo al ver cómo Ulrich le daba sexo oral a Yumi, y también cuando ella le había devuelto el favor. Y ahora había culminado al verlos unirse en uno.
—¡Mamá! —gritó Yumi sin poder contenerse. Ulrich se sintió paralizado.
—Hija… seguid… —pidió Akiko, agotada.
Por un lado, se sentía violenta porque su madre le hubiera pillado teniendo sexo con Ulrich. Más violento era el hecho de que la mano de su madre se escondía por debajo de sus bragas. Pero no podía romper el momento con Ulrich. Le dio un beso y empezó a subir y bajar por su erección. Seguro que así su madre se marchaba. Ya tendrían tiempo de discutir al día siguiente.
Lo que no se esperaba era sentir de pronto un par de manos sobre sus senos y que alguien tirase hacia atrás de ella. Akiko se había terminado de desnudar, y la había apoyado contra ella. Sintió su cabeza entre los pechos de su madre. Ulrich no sabía qué hacer en ese momento, pero la mujer le guió en tono amable, separando con suavidad las piernas de su hija.
—Vamos, Ulrich, hazla feliz —le instó.
Yumi pensó que no se había puesto tan colorada jamás en su vida. Estaba entre su madre y su novio… recibiendo mucho placer por las acometidas del alemán. Su madre volvió a estimularle los pechos, Ulrich la sostuvo por las caderas y empezó un ritmo bastante intenso. La joven jadeó. El chico no solía tener ese ímpetu… pero lo cierto es que la situación se estaba volviendo excitante. Sus caderas se movieron al unísono con las acometidas de Ulrich y pronto llegó al orgasmo, en el momento en que Ulrich descargaba dentro del condón.
—Hija… sé que esto está mal, pero… quiero unirme a vosotros…
—¿Qué…? —Yumi estaba escandalizada… pero no tanto como debería.
—Os voy a dejar hacerlo, pero… yo también necesito marcha esta noche —dijo Akiko—. Prometo no acapararlo mucho…
Yumi y Ulrich intercambiaron una mirada. Pero antes de poder opinar, Akiko arriesgó su permiso para participar. Su mano izquierda alcanzó el pene de Ulrich, y la derecha dejó de dos dedos escurrieran en el sexo de su hija. Ni ella, ni su esposo Takeo, conocían ese dato, pero un año antes de conocerlo a él, Akiko había pasado los fines de semana saliendo de fiesta y teniendo relaciones. Lo que más añoraba, los tríos. Y esa noche podría recordar lo bien que lo pasaba. Incluso si su propia hija estaba de por medio.
—Mamá… ¿qué vas a hacer? —preguntó Yumi, como si la boca de su madre rozando el pene de Ulrich no fuera revelador.
—Ya lo sabes —respondió ella, con una sonrisa pícara—. ¿No quieres ver como lo hace mami?
Yumi puso mala cara ante el comentario de su madre, pero quedó realmente sorprendida al ver que, efectivamente, su madre se metía la erección de Ulrich en la boca. Maldición… era buena, sí… y la expresión en el rostro de Ulrich…
—¿T-Te gusta, mi amor? —le preguntó en el oído.
Incapaz de mentirle, el chico asintió. Eso preocupó un poco a Yumi. ¿Y si se pillaba por su madre? No podía tolerarlo. Se puso al lado de su madre, sostuvo la base del pene del chico con cuidado, y se apoderó de él. Jugó con la lengua en su glande antes de volver a practicarle sexo oral. Sonrió al escucharle gemir. Sí, eso le gustaba… y su sabor no era desagradable… y por qué su madre le estaba ahora acariciando un pecho y besando el cuello… se derretía… Akiko aprovechó el momento de debilidad de Yumi para continuar con la felación.
—No pelees con mami… podemos disfrutar mucho los tres —le dijo la mujer. Vio que Yumi seguía molesta—. Ven, pequeña.
Y besó en los labios a Yumi, y a ella le gustó. Ulrich sintió que su pene se endurecía un poco más al ver aquella escena. Ese momento entre las dos alivió la tensión que se había montado, y en ese momento, la joven empezó a fijarse en la técnica de su madre. Intentó imitarla, y supo que a Ulrich le gustaba, y siguió los consejos que le daba su madre en suaves susurros en el oído. Volvieron a besarse alrededor del pene del chico cuando este estaba a punto de culminar. El alemán sentía que se derretía en el momento de la eyaculación. ¿Qué acababa de pasar? No lo sabía… pero le gustaba mucho.
Pero para su sorpresa, Akiko no era solo una gran conocedora del sexo oral para ellos. La mujer tenía la intención de dejar descansar a su hija, y empezó a preparar su intimidad para que estuviera húmeda. Con la chica tumbada, le introdujo los dedos suavemente y acaricióle el clítoris para estimularla, ayudándose del empleo de su boca en los senos de su hija.
—Espero que no vayas a dejarme sola con esto —le dijo a Ulrich—. Ven.
Yumi siempre había pensado que ver a Ulrich besándose con otra la pondría muy celosa. Tal vez en otra ocasión, pero en aquella fiesta de sexo le resultaba excitante. Ambos estimularon los pechos de la joven. Sentía a Ulrich con su ritmo lento de usar su lengua en su pezón, como contraste estaba su madre mordisqueándolo con exquisita delicadeza. Cuando se detuvieron, echó de manos algo sobre sus tetas, y situó ahí sus manos mientras Ulrich y Akiko tenían la cabeza entre sus piernas.
—Pero… ¿usted ha hecho alguna vez…? —preguntó Ulrich.
—Más que tú —fue su respuesta—. Atento, pequeño… con esto la tienes para siempre —le dijo al oído.
Probó por primera vez el sabor de los jugos de su hija. Sonrió. Tenía un sabor característico, y le gustaba. Decidió poner un dedo entre sus labios vaginales y lo introdujo despacio mientras su lengua le acariciaba el clítoris. Yumi no se podía contener ya. Gimió en alto disfrutando de aquello. Akiko sonrió. Su hija tenía sus genes, claramente. No tardó en llamar a Ulrich para que le tomase el relevo. Este miró un momento a Yumi, quien sonrió. Este hundió la cabeza entre sus piernas y probó su húmedo sabor. Escuchar a Yumi suspirando por lo que le hacía le encantaba.
—Estimula con el dedo —le susurró al chico—. Lentamente, recréate…
Como pudo, Ulrich introdujo un dedo dentro de ella acompañado de su lengua. El cuerpo de Yumi se contrajo. Continuó así un rato, y Akiko, impaciente, le tomó el relevo. La joven estaba en una nube. Incluso desde una posición tan sumisa estaba agotada. Por alguna razón, acarició el cabello de su madre mientras era estimulada con la lengua. Luego volvió a hacerlo Ulrich. Separó ligeramente la lengua, y los dos pudieron hacer coincidir su lengua en su sexo.
—Acaba, hija… vamos… sabes que quieres —le dijo mientras Ulrich proseguía el oral.
—Mamá… Ulrich… voy a… ¡aaaaaaaaah! —gimió en ese momento cuando Ulrich la hizo acabar. El alemán se apartó en ese momento, y Akiko tomó su lugar, estirando por varios segundos el orgasmo de Yumi.
—Estíralo siempre que puedas —le aconsejó Akiko mientras se recuperaban.
—Mamá… esto ha sido genial… —murmuró Yumi—. Supongo que ahora… quieres…
—No, hija, no quiero que vengáis aquí abajo los dos —respondió ella, mientras se autoestimulaba—. Lo que quiero es… un poco más delicado…
Miró a Ulrich, y este supo lo que ella quería. Sentía su pene aún endurecido, re-estimulado por la excitación de Yumi. Ambos jóvenes se miraron. Tal vez aquel límite era demasiado… pero era cierto que Akiko no debía quedar insatisfecha.
—¿Tú me quieres, Ulrich? —preguntó Yumi.
—Claro que te quiero.
—De acuerdo. Espero que eso no cambie cuando lo hagas con mi madre…
—… ¿Estás segura?
—Hija…
—Estoy segura… se ha portado muy bien y… yo aún me siento caliente… Hazlo…
Ulrich fue a echar mano de los preservativos, pero Akiko le detuvo en ese momento.
—No es lo más sano… y debo estar mal de la cabeza, pero… tengo píldoras del día después…
—¡Mamá!
—¿Qué pasa? Hay veces que se me olvida tomarme la regular —dijo Akiko—. Así que por si las moscas, las tengo… y podríamos hacerlo sin las gomas… solo por hoy.
Aquella idea tenía un plus de morbosidad. Yumi sintió un poco de celos por Akiko. Sería ella la primera con quien lo haría Ulrich sin preservativo. Pero era cierto que esa noche loca lo estaba pasando de maravilla. Podía consentirlo por aquella madre que le había dado tan inusitado placer esa noche. Pero quería mirar. Akiko quedó echada sobre la espalda, permitiendo a Ulrich acceso completo a su intimidad. El alemán se situó entre las piernas de la mujer, y se aseguró de que estaba convenientemente estimulada. Perfecto. Yumi se puso a su espalda, y le dio un beso en la mejilla.
—Adelante —le animó.
Ulrich alineó su pene con el sexo de Akiko y suavemente lo empujó dentro de ella. La mujer sonrió. El joven estaba dotado para su edad. Gimió al notar toda su hombría dentro de ella. Se limitó a dejarse hacer por las embestidas del chico. Sin duda, aquello se le daba bien. Su movimiento de cadera era directo, estimulante, le notaba deslizarse con facilidad dentro de ella, probablemente por lo húmeda que había quedado con todo lo que había hecho esa noche.
Le dedicó una sonrisa a su hija, que la miraba desde arriba mientras Ulrich continuaba dándole placer una y otra vez. Aquello era una locura. Y sabía que no haría falta hablar con Yumi de guardar el secreto. Su hija también parecía encantada por lo que estaban haciendo.
Gimió un poco más fuerte cuando sentía que su orgasmo se acercaba. Esperó que el del chico también. No quería acabar si él no lo hacía. Tenía la necesidad de sentirle culminar dentro de ella. Por eso no quería utilizar los profilácticos. Movió sus caderas al ritmo de las acometidas de Ulrich, y gritó al alcanzar el orgasmo, acompañado de los fluídos del chico dentro de ella.
Ulrich aún tenía un poco de energía, pero no se veía capaz de continuar sentado. Por ese motivo, Yumi le hizo tumbarse y ella subió a horcajadas encima de él. Cerró los ojos en el momento en que se unían en uno nuevamente. Joder. La sensación era bastante distinta a usar el preservativo. Se sonrieron. Yumi se movió suavemente, adaptándose nuevamente a tener el miembro de Ulrich dentro de ella. Akiko, satisfecha pero incapaz de dejar de mirar, se acercó a ellos. Se tumbó al lado de Ulrich, observando desde su vísta de suelo el movimiento arriba y abajo de Yumi. Le dio un suave beso en los labios y luego se pudo detrás de Yumi.
Para sorpresa de la joven, Akiko empezó a estimularle el clítoris mientras sentía el pene de Ulrich dentro y fuera de ella. Menuda sensación. Pensó que se iba a volver loca. Buscó los labios de su madre y los besó mientras cabalgaba sin cesar el ritmo sobre Ulrich. Aquello era el cielo, y ellos eran los únicos que residían en el mismo. Continuó subiendo y bajando varias veces, pero su orgasmo estaba cerca, y sabía que el de Ulrich también. Jadearon los dos, y se echó hacia adelante, fundiéndose en un apasionado beso con su novio cuando ambos alcanzaban el clímax. Sintió por primera vez cómo el chico culminaba dentro de ella. Una sensación indescriptible.
—Esto ha sido genial —dijo Akiko—. Me he quedado muy a gusto…
—Pero… ¿por qué? —Yumi no lo entendía.
—No lo sé —confesó su madre. Ha ocurrido.
—Esto ha quedado bastante… —comentó Ulrich, al ver el desastre que los fluidos de los tres habían causado en el futón de Yumi.
—Eso se limpia mañana. Vosotros podéis quedaros a dormir conmigo en mi habitación. Tengo además la ducha.
—¿Nos estás proponiendo… seguir allí? —preguntó Yumi.
—… Solo si os apetece.
Se levantaron y marcharon al dormitorio principal de los Ishiyama. Se metieron en el baño adjunto, y las risas se escaparon por la puerta en ese momento.
Con su excitación, Akiko se había olvidado de un detalle importante. Hiroki dormía en la misma planta que ellos. Y aún no se había dormido. Y había escuchado ruido en la habitación de su hermana. Y la puerta se había quedado abierta, por lo que no había ningún filtro que disimulase el sonido.
Y así Hiroki pudo asomar la cabeza al dormitorio de su hermana. Y se había excitado al ver a Yumi, Ulrich y Akiko teniendo sexo. Especialmente por ver juntas a su hermana y su madre. Su pene se había puesto duro, y finalmente, había empezado a masturbarse por encima del pantalón del pijama mientras observaba aquella escena, como un fantasma al que los otros tres no eran capaces de percibir por estar tan ensimismados en su propio placer.
Salió corriendo en el momento en que les había visto ponerse de pie. Cerró la puerta de su habitación con mucho cuidado. Johnny le miró. El joven no se había dado cuenta del tiempo que llevaba solo porque se había seguido viciando a jugar a los karts. Pero no se le escapó el detalle que Hiroki estaba colorado, y además de eso, tenía un bulto en su pantalón.
—¿Qué ha pasado? —preguntó.
Hiroki pensó que, después de lo que había visto, lo que él hiciera no podía estar mal, de modo que se acercó a Johnny y le dio un beso en los labios. Tumbó lentamente a su amigo sobre el colchón, pasando una pierna por encima de él.. Johnny se había puesto colorado. No era la primera vez que ambos habían probado a besarse, pero… habían pensado que aquello estaba mal.
—Hiro… Me dijiste que no debíamos.
—Lo sé, pero… —empezó Hiroki. "He visto a mi madre y mi hermana hacerlo" no parecía una respuesta apropiada—. Lo he pensado mejor. ¿Es que no te gusta?
—Claro que sí —confesó Johnny. La primera vez había sido muy buena.
Lo que él no sabía era que, a pesar de aquella experiencia en la cual se habían comido las bocas pero se quedaron a medias, Hiroki había indagado un poco. Primero había consultado a la profesora Hertz, que se había escandalizado. Por lo cual había decidido buscar en la biblioteca de Kadic, pero su búsqueda había sido infructuosa. Así que optó por la tercera vía: mirarlo por Internet y preguntarle a Odd las dudas. El rubio había accedido a cambio de que no lo revelase.
De ese modo, Hiroki sabía que había zonas sensibles en el cuerpo y lo había podido ver antes entre su madre y su hermana, así que probó a besar el cuello de su amigo. Y sintió como un escalofrío le recorría la espalda. Le gustaba, seguro que si. Y entendió por qué estaban sin ropa. Hacía de pronto demasiado calor. Se desabrochó la chaqueta del pijama y lo dejó caer al suelo. A continuación le desabrochó la suya a Johnny, y observó su cuerpo. Lo lo había valorado hasta entonces. Ya se habían visto en las duchas del Kadic tras las clases de gimnasia, pero allí estaban rodeados de muchos compañeros y habían ignorado por completo la anatomía. Ahora que le prestaba atención, le parecía bonito. Se preguntó si sería sensible.
Pues tenía que comprobarlo. Lo acarició primero, empezando desde su tripa. Suavemente, como la piel que tocaba, subió hasta alcanzar sus pectorales. Johnny seguía colorado debajo de él. Y suspiró al sentir las manos de Hiroki en sus pezones. ¿Por qué se sentía tan bien? Estaban sensibles… Su amigo debió notarlo porque, juguetón como estaba, se reclinó para darle un beso en cada uno. Johnny tembló. Hiroki usó su lengua, y Johnny volvió a temblar. Y sintió que dos bultos intentaban entrar en contacto por debajo de la tela del pijama.
—Oye… esto es doloroso —protestó Johnny.
—Pues lo mejor para eso es quitarnos la ropa —dijo Hiroki, que tenía claro cómo iba el proceso. No había pensado que lo pudiera hacer con otro chico, pero lo cierto era que se sentía bien. Se levantó para quitarse el pantalón, y en un despiste (o no) el boxer cayó con la prenda. Johnny se quedó a medio desnudar, admirando el pene de su amigo. Viendo que no era capaz de moverse, Hiroki le ayudó a quitarse la ropa.
—M… Me da vergüenza —dijo Johnny.
—¿Por qué? Estamos entre amigos —preguntó Hiroki—. ¿Tú confías en mi?
—Claro que confío, es que esto es nuevo…
—No te preocupes… vamos a sentirnos bien.
En eso confiaba Hiroki. Sabía que aquello tenía que sentirse bien, pero no sabía si lo conseguiría. Así que probó por lo más sencillo. Acarició suavemente el pene de Johnny, primero con una mano y luego se ayudó de las dos. Johnny estaba excitado. Sonrió y continuó tratando con mimo la erección de su compañero. Tal vez ayudaba tocar sus testículos… lo hizo con suavidad, presionando con la palma de su mano. Y supo que le gustaba. La verdad… él también quería, pero no se atrevía a pedírselo a Johnny directamente.
—¿Te gusta?
—Sí… da mucho gustito… —suspiró Johnny.
—¿Y qué tal así? —empezó a masturbar con cierto ritmo a su amigo. Johnny gimió.
—Me gusta… aaaaah…
Johnny se dejó hacer durante los siguientes minutos, sometido al placer al que Hiroki le sometía. Este empezó a aliviarse a si mismo, completamente excitado por las reacciones de su amigo. Aceleró el ritmo. La respiración de Johnny cada vez estaba más agitada. Le estaba gustando de verdad. Sonrió travieso. Si no se equivocaba, iba a eyacular dentro de muy poco. Quería verlo. Decidió acompañar el movimiento rítmico de su mano con unas suaves caricias en los testículos de su amigo. Y fue cuestión de segundos que Johnny eyaculase por fin. Sonrió al ver a su amigo, derrotado por el poder de su mano.
—¿Qué… qué haces? —le preguntó Johnny a Hiroki. Intentaba reponerse de la acción a la que había sido sometido, que había sido placentera e intensa.
—Yo aún… no estoy satisfecho —respondió el otro.
—Espera… déjame a mi.
Hiroki no pudo disimular la alegría que sintió cuando vio a Johnny echarse delante de él ante sus piernas extendidas y empezaba a juguetear con su pene. Cuando se lo hacía a si mismo estaba bien, pero aquello estaba mucho mejor. Se apoyó en las manos y se echó hacia atrás para dejarle hacer como quisiera. La verdad… había visto algo que seguro que también se sentía bien, pero no podía pedírselo.
No hizo falta. Empujado por la curiosidad, Johnny probó a darle un beso en el glande descubierto. El gruñido de Hiroki no le dejó saber si le gustaba o no, de modo que volvió a probar. Esta vez lo tuvo más claro. Le estaba gustando. Le dió más besitos en la punta. Y a lo largo del pene. Bajó un poco más y volvió a subir. Hiroki se estaba volviendo loco, y de pronto fue poseído por un calor intenso que no había sentido antes cuando Johnny se introdujo su pene en la boca.
—Aaaaah… Johny… me gustaaah… —gimió—. Sigue… cariño…
Johnny se puso colorado. Le había llamado… no importaba. Probó a dar un par de vueltas con la lengua sobre su glande, como si fuera un caramelo. Notó un gusto extraño. Volvió a usar su mano un momento antes de proseguir con sus labios y su lengua. Aquello estaba muy bien, sin duda. Sonrió mientras continuaba jugando con la erección del chico empleando la boca.
Pasó varios minutos de aquella forma, pero la posición era un poco incómoda para él. Ahí tumbado… Le propuso a Hiroki que se sentara en la silla. El japonés obedeció sin dudarlo, sobre todo si iba a continuar aquello, de modo que se situó y separó las piernas. Johnny pudo así ponerse de rodillas ante él, y continuar dando placer a su amigo. Notó su mano acariciándole la cabeza. Sintió un extraño cosquilleo. Qué extraño. El cuerpo de Hiroki se movía de un modo raro… como lo había hecho el suyo justo antes de sentir aquel placer. Entonces estaba bien porque él iba a sentir lo mismo. Aceleŕo el ritmo del movimiento de su boca, y en ese momento, sintióun sabor más intenso saliendo del pene de su amigo. Se apartó en ese momento, y escupió aquello blanquecino mientras su amigo se recuperaba del orgasmo.
—Perdona… —dijo Hiroki—. Te tendría que haber avisado…
—No pasa nada… se siente bien de verdad, ¿a que sí? —preguntó Johnny, orgulloso de lo que había conseguido.
—Muy bien… y creo que se puede sentir mejor.
—¿Cómo?
Hiroki tenía la idea. Se echó bocarriba sobre el futón, y alzó las piernas, separándolas. Johnny no entendió. Con paciencia, Hiroki se volvió a incorporar y le explicó al oído lo que tenía que hacer. Su amigo abrió mucho los ojos. ¿De verdad quería… eso? Pero Hiroki le dio un beso en los labios y tiró de él hasta que le tuvo encima de modo que no pudiera negarse. Ya había entendido la química de aquellas situaciones, y supo que iba a ocurrir puesto que el pene de su amigo volvía a erectarse al estar en contacto con el suyo. Sonrió y volvió a tomar la posición con las piernas hacia arriba.
Si lo había entendido bien… debía lamerse el dedo… y ahora que la saliva lo cubría por completo, introducirlo en aquel diminuto agujero. Escuchó a Hiroki gemir. ¿Estaba bien? Probó a meterlo un poco más, pero se topó con cierta resistencia. Lo sacó. Pero Hiroki le instó a continuar. Volvió a humedecerse el dedo. Aquella vez parecía más sencillo. Su dedo se introdujo un poco más profundo. Un intento más, lubricando nuevamente. Increíble… lo había introducido por completo.
Un poquito hacia fuera… un poquito hacia dentro… fuera… dentro… Hiroki gimoteaba sometido a aquello. La verdad, le había dado miedo al principio pero empezaba a sentirse muy bien. Su respiración se agitó. Como siguiera jugando así con él, volvería a estallar en placer, sin duda alguna. El dedo de Johnny resbalaba ya muy fácilmente dentro de él. Jadeó.
—Por favor... mételo ya… —pidió, desesperado y seguro de que se sentirían mejor cuando se unieran.
Con mucho cuidado, el otro acercó su erección a su anito dilatado, y suavemente lo empujó dentro de él. Hiroki pensó que se había equivocado. Aquello era mucho más intenso que su dedo. Intentó relajar su cuerpo. Pero Johnny había aprendido, y retrocedió al encontrar el punto donde no podía avanzar. Volvió a intentarlo. Sí, llegaba un poco más profundo. Hiroki le rodeó el cuello con los brazos. Un poco más… volvió a deslizarse dentro de él.
—Aaaaah… —gimoteó Hiroki. El pene de Johnny estaba por completo dentro de él—. Increíble…
—¿Estás bien…?
—Mejor que bien… sigue… Johnny… aaaah —gimió con la primera embestida—, me encanta… aaaaaaah… —otra más—, me vas a volver loco… aaaaah…
Johnny se movía muy despacio porque no tenía muy claro donde apoyarse. Tal vez si se sujetaba a las caderas de él lo tendría más fácil. Oh, si, mucho mejor. Podía mover sus caderas más rápido. Sonrió y empezó un repiqueteo constante con su pene. Hiroki estaba colorado, extasiado de placer. Eso era una maravilla, no entendía por qué era tabú algo tan delicioso. Aprovechó una pausa de Johnny para levantar un poco más sus piernas, y sintió en ese momento que el chico le alcanzaba un punto aún más interno. Gimoteó. Qué placer.
"No está bien que la gente se guarde estas cosas y no las cuente", pensó mientras Johnny aumentaba suavemente el ritmo de sus embestidas. Además era una delicia sentir sus manos en las caderas. No podía haver huído aunque le apeteciera. Se sentía flotar. Su amigo iba cada vez más deprisa, y sentía cómo empujaba dentro de él una y otra vez. Su propio pene ya erecto parecía a punto de explotar en cualquier momento, y un chorrito de líquido preseminal emanaba de la punta. Gimió sin control. Johnny disfrutaba de aquella sensación de calor alrededor de su pene y aumentó sus embestidas. No tardó, por fin, en llegar al orgasmo dentro de él. Hiroki sonrió con picardía.
—¿Qué tal ha estado?
—Ha sido maravilloso —aseguró Hiroki. La sensación del chico terminando dentro le había gustado.
—¿De verdad?
—¿Quieres comprobarlo?
Johnny asintió. Sobre todo porque veía el pene de Hiroki aún endurecido. Tal vez debería acabar también de ese modo. Copió la postura de su amigo, pero Hiroki le indicó otra forma de ponerse. Con algunas dudas, se apoyó sobre sus manos y sus rodillas, dándole la espalda.
—Se bueno… ohhhhhh —gimió mientras sentía el dedo de Hiroki resbalando dentro de él—. Sí… muy bueno.
Hiroki sonrió y se pasó varios minutos dilatando el orificio de Johnny. La verdad… incluso visto así tenía un cuerpo bonito. Besó con delicadeza su pene y acarició su perineo mientras empleaba su dedo para dejar preparado a su amigo. Sabía que se sentiría bien, o al menos lo intentaría. Se aseguró de que su dedo entraba y salía con facilidad. Sonrió y se puso detrás de él. Acercó su pene al culo de Johnny, y muy lentamente, lo introdujo.
Increíble… estaba dentro de él… y se sentía muy apretado y muy caliente… Probó a mover sus caderas. Johnny protestó. Había sido un poco brusco. Mejor despacio. Esta vez su amigo gimió y suspiró de placer. Así que así era como le gustaba… pues mejor si lo hacía así una vez… y otra vez… y una vez más… y su mente empezó a nublarse por el placer. Joder, eso era también una maravilla.
Debajo de él, Johnny suspiraba. Sentía cada acometida de Hiroki con una mezcla de dolor y placer. Y de algún modo, cada vez el dolor iba a menos mientras se incrementaban las buenas sensaciones. Pero sus manos se cansaban, y reposó la cabeza sobre el futón mientras Hiroki movía sus caderas una y otra vez, llevándole al paraíso. ¿Por qué le tocaba ahora los pectorales? Pues porque se sentía bien y le gustaba.
Hiroki no aguantaba más. Esa sensación que había tenido antes se estaba repitiendo. Iba a culminar, lo sabía. Quiso bajar el ritmo porque aquello se sentía bien, pero no fue capaz. Aumentó la velocidad de sus embestidas y finalmente consiguió eyacular dentro de su amigo. Cayeron los dos, rendidos por completo sobre el futón.
Hiroki miró el reloj. No se lo podía creer. Eran las tres de la madrugada. Mejor si dormían… Pero tenía que encontrar la forma de limpiarlo todo antes de que le pillasen. Dejó a Johnny descansando, y decidió ir un momento al servicio. A lo mejor podía usar alguna toalla…
Y justo en ese momento, una figura salía del dormitorio principal. Se quedó paralizado. Akiko, su madre, estaba allí. Y a pesar de la escasa luz, ambos fueron capaces de reconocerse. La mujer no dijo nada. No en aquel momento, a pesar de que había entendido perfectamente lo que había estado haciendo su hijo. "Definitivamente tengo que tener la charla con ellos mañana", pensó.
¡Hola a todo el mundo!
Sí, este one-shot es más largo de lo habitual. Pero técnicamente son dos xD La parte de Johnny e Hiroki podría ser uno independiente, pero tengo varias peticiones en la lista y quería aligerar un poco la carga de trabajo. Espero que os haya gustado ;)
Moon-9215: ¡Gracias! Y si William-Xana llega a poseer a los otros... La guerra estaría perdida xD
Tengo ya escrito el quinto capítulo de "La villa". Sí, es una indirecta para que leáis los otros cuatro. Pronto verá la luz y seguiré publicando más one-shots. Lemmon rules!
