¡Grabando!

Ulrich pensaba que estaba mal de la cabeza. Probablemente, lo estaba. ¿Cómo se le había ocurrido? Bueno. Dieciocho años, poco dinero, y una oferta que le había hecho gracia. "Buscamos voluntarios para grabar película porno. Pagamos bien. Detalles por teléfono", ponía en el periódico. Dos anuncios debajo, se había podido leer "Queremos alquilar casa para grabar una película. Pagamos bien. Detalles por teléfono". Y por idea de Odd ("Yo no llamo, de sexo voy servido") había decidido llamar por la primera de las ofertas. Y la verdad es que no era mala idea. Cuatrocientos euros que pagaba la productora, por una película amateur.

Y le habían citado para aquella misma tarde, para una pequeña prueba. Pretendiendo ante sus amigos que tenía una entrevista de trabajo, se había presentado en el sitio indicado. El director de la oficina, un señor de unos cuarenta años y aspecto de que todo le importaba muy poco, le había instado a desnudarse.

—Oiga…

—Esto es porno, chaval. ¿Qué pretendes, follar con la ropa? —preguntó el hombre—. Vamos, que va a entrar tu compañera.

Y de la sala de al lado, entró una muchacha rubia, de pelo corto, y que provocó una rápida erección a Ulrich por el hecho de que no llevaba ropa puesta. Un poco cortado, había aceptado quitarse la ropa. Los dos desnudos, no parecían saber muy bien lo que hacer. Ambos tenían el aspecto de haber terminado haciendo la prueba por error. Pero Ulrich era un poco más echado para adelante, y le pudo sobar los pechos, con mucho cuidado. Ella se dejó hacer, sumisa, mientras Ulrich le masajeaba las nalgas...

—Suficiente —había dicho el director cuando Ulrich había empezado a masturbar a la chica—. Podéis poneros la ropa, ya os avisaremos si os elegimos.

La chica fue a la otra sala a por su ropa, y Ulrich volvió a vestirse, no convencido de que le fueran a llamar de verdad. Se despidió y salió de allí, al mismo tiempo que salía la otra. Hablaron durante el tiempo justo para salir del edificio. Así supo que la rubia se llamaba Sandra, que tenía veinte años, estaba en la Universidad, y que se había presentado al cásting por idea de una amiga.

—Oye… espero que… lo que hice ahí dentro…

—No, tranquilo, me… me gustó —dijo ella, muerta de la vergüenza—. Es que con ese señor mirando… me daba vergüenza. Yo me voy por allí —dijo Sandra, señalando una calle.

—Bueno, pues… un placer —comentó Ulrich, y le tendió la mano.

Pero Sandra le dio un beso en la mejilla y se fue corriendo. No sería hasta dentro de muchas horas, cuando Ulrich recibió una llamada en su móvil, que descubriría la tarjeta con el número de Sandra en su bolsillo. "Para esto sí que ha estado espabilada", pensó mientras descolgaba la llamada.

—¿Ulrich?

—Sí, soy yo.

—Te hemos elegido. Mañana grabas, por la tarde —dijo el director, sin perder tiempo en formalidades. Le dio la dirección de entrega—. Estaré allí con la chica que hemos elegido.

—¿Sandra? —preguntó.

—¿La rubia? No, me negué —dijo el director—. Era una sosa. Tú tampoco es que estuvieras muy suelto, pero… de todos los tíos fuiste el único que se animó un poco. No la cagues.

"Qué amable", pensó Ulrich. A lo tonto, había conseguido el trabajo. Se preguntó si sería capaz de contárselo a sus amigos… No, mejor que no lo hiciera. No lo entenderían. Y menos Yumi… las cosas con ella no funcionaban, y habían aceptado quedar como solo amigos, a pesar de ser conscientes de que entre ambos había "algo". Pero bueno. Al menos lo habían intentado. Marchó a su casa, y al día siguiente…

… maldecía. Debía estar loco para presentarse en un sitio para grabar porno… Lo había reflexionado mucho durante la noche. "Es ficción, sí… pero la penetración, las felaciones, los cunnilingus van a ser reales. Y grabados" se había recordado a si mismo. Haciendo de tripas corazón, se había presentado finalmente en la la dirección a la que le habían dicho que fuera. Era el típico complejo de pisos para gente que vivía sola. Él mismo había intentado mudarse ahí, pero se le iba de precio y había terminado compartiendo piso con Jeremy. Llamó al telefonillo.

—¿Quién es? —preguntó una voz femenina.

—S-Soy U-Ulrich. V-Vengo p-por lo de la p-película.

—Sube.

Se abrió la puerta y subió. "Joder… es que aquí vive gente. Nos van a llamar la atención", pensaba mientras subía. Vio el ascensor pero prefirió subir a pie. Tardando más, en realidad, solo conseguiría retrasar lo inevitable. Para su fastidio, la puerta ya estaba abierta. Suspiró y entró. La verdad, el piso no estaba nada mal. Un largo pasillo desde el que se veía el comedor, un dormitorio a un lado, la cocina…

—¡Hola, campeón!

Ulrich se quedó paralizado en ese momento. No se lo podía creer. En el comedor había un tipo sentado en un sofá con una cámara sobre el regazo… y Samantha, la novia de Odd, amiga del grupo, sentada en el sofá de enfrente. Se levantó para saludarle con sendos besos en la mejilla. El chico no terminaba de entender lo que ocurría. ¿Qué estaba haciendo ella allí?

—Sam… no me digas que eres tú mi compañera en la película —preguntó, temeroso.

—Ah, gracias… a mi tampoco me ilusionaria follar contigo, gilipollas.

—¡No es eso! —intentó defenderse Ulrich—. Eres la novia de mi mejor amigo…

—Vale, dos cosas. La primera, Odd no sabe que me dedico a esto. Y la segunda, no soy la actriz. Soy la directora, capullo.

—¿La… la directora? ¿Y el señor ese tan… amable que me hizo el cásting ayer?

Samantha sacó el móvil del bolsillo y leyó.

—"Paso de hacer la película con los novatos. Te lo dejo a ti. Novata". Es un cielo de hombre —dijo—. Pero bueno, más dinero para mi. Y para Gregory —dijo, refiriéndose al cámara. Este parecía inmerso en su mundo del Candy Crush y no le interesaba la conversación.

—Bueno… Perdona, no te quería ofender… me resultaría incómodo…

—Jamás le pondría los cuernos a Odd. Creía que me tenías por alguien más de fiar.

—Sí. Perdona, de verdad. Al verte aquí…

—No te preocupes. De todas formas, ya me compensará cuando vuelvas a estar incómodo.

—¿De qué hablas?

En ese momento sonó el telefonillo. Samantha corrió a abrir la puerta. Ulrich se quedó sin saber qué hacer. Miró a Gregory, pero este seguía entretenido en la pantalla de su teléfono. Treinta años a ojo, pelo largo y mal cuidado, barba de tres días… "Quien esté subiendo tiene suerte de hacerlo conmigo y no con este", pensó Ulrich, intentando animarse. Su amiga regresó en ese momento, sonriendo con suficiencia. El alemán tardó dos minutos en entender el motivo.

Aelita acababa de presentarse en el piso. Con su ropa formal. Y cuando llegó al salón, se quedó atónita al ver quiénes la estaban esperando.

—… ¿Esto es una broma?

—No. Y ahora que estamos todos, vamos a sentarnos…

—Nadie me dijo que esto sería una orgía… —comentó la pelirrosa.

—Y van dos desprecios en una tarde… —dijo Samantha. En teoría, para si misma, pero se aseguró de que sus amigos la oyeran—. Tú vas a hacerlo con Ulrich. Venga, a sentarse. A las diez hemos tenido que terminar —apremió. Sus amigos se sentaron en ese momento—. Os explico rápidamente cómo va esto. Firmáis aquí —les tendió dos folios. En la cabecera ponía "Consentimiento"—. Es para hacerlo expreso. Si durante la grabación… no podéis seguir, se dice. Se para. Y a casa. Sin cobrar —añadió—. Luego, empezamos a grabar. El guión es este… —les tendió un segundo folio a cada uno—. Y cuando llegáis al final, pues sois mayores y sabéis lo que hacer.

—¿Nos vas a dar alguna indicación? —preguntó Ulrich mientras firmaba su consentimiento.

—Tal vez, si lo veo necesario. Depende de cómo os desenvolváis —les explicó.

—Esto es… una vecina que va a pedir sal y se lo monta con él… —comentó Aelita, repasando el guión—. Está un poco trillado, ¿no?

—Esto es porno, no cine de autor —dijo Samantha—. Y ahora os lo digo en serio. ¿Os veis capaces?

Por un lado, Samantha tenía la intención de detener la película si no podían seguir. Si Aelita se echaba hacia atrás. Si Ulrich no se veía capaz de rendir. Pero su vena profesional le repicaba y no le gustaría tener que rectificar.

—Ayer te vi —comentó Aelita, mirando a Ulrich—. En el cásting. Yo estaba aún esperando turno… Tú salías con esa chica rubia.

—Pues no te vi…

—Me escondí —confesó Aelita—. No me creía verte ahí. Y ahora… estamos aquí.

—Sí, y gracias a mi —les reveló Samantha. Los dos se quedaron sorprendidos—. ¿Qué pasa? Vi vuestros nombres y me hizo ilusión. Y aparte, para que el dinero se lo lleven dos desconocidos, mejor dos amigos míos.

—Samantha… yo me quiero ir antes de las nueve —apremió Gregory—. ¿No podéis hablar luego?

—Sí, perdona.

—Oye, ¿con el micrófono de la cámara vas a tener suficiente? —preguntó Ulrich, fijándose en que no había un micrófono de grabación por los alrededores.

—Esto tiene una calidad de sonido de la hostia. Lo mejor para películas de bajo presupuesto —dijo Gregory. Por el orgullo con el que había hablado, sonaba como si el micrófono fuera diseño suyo.

—Bueno, vamos a empezar —ordenó Samantha—. Si os parece bien. Aelita, sales fuera. Te doy acción mediante un mensaje al móvil. Gregory graba el pasillo. Ulrich va a abrirte, le pides la sal… Si improvisáis unas frases hasta la cocina, guay, y folláis. ¿Alguna duda?

—¿Crees que esto saldrá bien? —preguntó Ulrich.

—Estoy más que segura.

—¿En serio vamos a montárnoslo… en la cocina?

—Pagamos al dueño precisamente para eso.

—¿Vas a hacer muchas tomas? —quiso saber Aelita.

—Yo voy a toma única siempre que puedo —les dijo Samantha—. Si lo considero necesario, repetimos. Y un consejo. Sed naturales. No penséis en esto como una grabación, ¿vale? Es un juego de rol. Ah… Y si lo preferís, nada de nombres.

Tomaron posiciones. Aelita salió al portal y cerró la puerta. Samantha se quedó en cuclillas al fondo del pasillo, al lado de Gregory. Este cargó la cámara sobre su hombro, preparado para grabar cuando su jefa le diera la orden. Ulrich aguardó en la puerta del dormitorio. "No salgas antes de que suene el timbre… aunque quizá tenga suerte y aproveche que está en el portal y se vaya…"

—¡Acción! —dijo Samantha y envió el mensaje a Aelita. Gregory empezó a grabar.

Sonó el timbre de la puerta. Ulrich no se movió de inmediato. Sabía que sus acciones le llevarían a tener sexo con Aelita. Caminó por el pasillo, y abrió la puerta. Aelita le miraba con una sonrisa bastante creíble. Intentó, al menos, permanecer serio en su interpretación.

—¡Hola! Perdona, estaba cocinando y no tengo sal —dijo con bastante naturalidad.

—Eeeh… sí, claro, pasa —dijo Ulrich. Estaba desconcertado, pero Samantha lo dio por válido. Le gustaba la idea del chico cohibido.

—Gracias —dijo Aelita mientras empezaban a caminar hacia la cocina. Gregory giró sobre si mismo, y les siguió hasta el marco de la cocina. No era una estancia pequeña. Una hilera con la nevera, encimera, fregadero, más encimera sobre la que reposaba un microondas, la vitrocerámica… y al otro lado, una mesa. Unos cuantos armarios para especias y otras cosas descansaban colgados de la pared sobre el fregadero y la vitrocerámica—. Bonita casa.

—La sal… —Ulrich maldijo. ¿Por qué no había comprobado dónde estaba la sal antes de empezar a grabar? Abrió un armario al azar, y la suerte quiso que ahí reposara un salero. Mira que bien—. Pues aquí la tienes —y se lo tendió.

Desde su posición no podía ver que Samantha había fruncido el sueño. "No, tenías que decirle que no te quedaba, y ella ofrecerte que le dieras otra cosa… Joder, si es que es una mierda de guión", pensó. Pero una ola de gratitud hacia Aelita afloró en su pecho al ver como la chica salvaba la situación. O improvisaba muy bien… o tenía muchas ganas de hacerlo con Ulrich, lo cual también resultaría interesante.

—Muchas gracias, guapo —dijo la pelirrosa—. Qué desastre quedarme sin sal…

—Bueno, no es para tanto… —comentó Ulrich. "La peor improvisación de la historia", pensó.

—¿Tú sabes cocinar? —preguntó Aelita en tono meloso.

—Sí. Soy un experto.

—¿Me enseñarías algunos trucos? —volvió a insistir. Abrió mucho los ojos, apenas un segundo, manteniendo su sonrisa. Tenía que confiar en que Ulrich captase la indirecta. Se acercó ligeramente a él, y sonrió un poco más al ver que este le ponía las manos sobre las caderas.

—¿Quieres saber mis trucos de cocina? —preguntó Ulrich, con voz suave. Sam sonrió. Así sí, joder.

—No solo de la cocina —dijo Aelita, casi en un susurro, y se dejó besar por Ulrich en ese momento. Casi se había olvidado de cómo eran pero tuvo que reconocer que la técnica de Ulrich le gustaba mucho.

Pasaron unos cuantos minutos disfrutando del sabor de los labios del otro. Samantha no les dijo nada, y con mucho cuidado, se movió a un lado seguida por Gregory, que no dejaba de grabar. Un poco de movimiento… así podían ver también las manos de Ulrich en el culo de Aelita… se deslizaron debajo del pantalón… bien, muy bien. "Acércate un poco más", pensó, y como si le leyera la mente, el chico lo hizo, juntando su pelvis con la de Aelita, situándola contra la encimera. Ella probó a ir quitándole la camiseta.

Según el guión, Aelita le debería bajar los pantalones y practicarle una felación. Demasiado estándar para el gusto de Ulrich. Si no se lo impedían, él podría quitarle la falda a Aelita… un botón y la prenda cayó al suelo. Sujetándola por los glúteos, la levantó sentándola en la encimera. A la directora le gustaba aquello. Improvisación. "Joder, esto tiene más sentido si ella quiere aprender sus trucos… ¿qué hago dándole vueltas a esto?", se preguntó mientras contemplaba a Ulrich tirando del tanga de Aelita. Se sorprendió de que su amiga usara una prenda tan provocativa.

Gregory afinó el volumen del micrófono cuando la pelirrosa empezó a gemir, a causa del efecto de la lengua de Ulrich en su intimidad. Le sujetó la cabeza, no quería que se detuviera. En el porno pocas veces había visto acabar a una mujer, pero al menos ella quería conseguirlo. Y si Ulrich le hacía aquella maravilla tal vez lo consiguiera. Se dio cuenta de que Samantha le hacía un gesto. Y siguiendo sus indicaciones, se levantó la camiseta. Ulrich intentó no parecer muy sorprendido. Los senos de su amiga estaban descubiertos. No había sujetador. Se incorporó y atacó aquellos pechos con la boca mientras su mano se ocupaba de estimular el clítoris de Aelita. En aquel momento, Gregory se acercó un poco, y aplicó el zoom. Primero una toma de los dientes de Ulrich apretando el pezón de Aelita, luego bajó para mostrar cómo sus dedos se deslizaban dentro y fuera de su sexo. Samantha se acercó, con cuidado para no aparecer en plano.

Vuelve a bajar… eso le gusta —le susurró a Ulrich al oído. Bajó al mismo tiempo que él, interesada en ver de cerca su técnica. Parecía realmente delicioso como el chico degustaba el sabor de los labios vaginiales de Aelita. Y no solo su lengua… su dedo seguía jugueteando, deslizándose dentro y fuera, y la cámara tomaba buena nota de ello. Se apartó con cuidado para permitir a Gregory grabar un poco más lejos. Un cuadro perfecto de Ulrich dando placer a Aelita. Quedaban de maravilla en la cámara. La chica sintió que se derretía en el momento en que Ulrich consiguió hacerla acabar.

—Muy bien —les dijo Samantha. Dejó que retomaran el aliento. Gregory hacía ejercicios de calentamiento con el hombro. La cámara era una maravilla de invento pero eso no significaba que pesara menos. Pero aceptaba hacer esas películas porque conocía el poco aguante de los actores y actrices amateurs—. ¿Estáis dispuestos para continuar?

—Sí —suspiró Aelita, parecía más ansiosa de lo que le hubiera gustado.

—¿Ulrich?

—Eh, sí, pero…¿nos lo vamos a montar ya? —preguntó, dispuesto a quitarse la ropa. Él también estaba ansioso, y se puso colorado, al igual que su amiga. Samantha ignoró aquello.

—No. Amiga… ¿te parecería bien devolverle el favorcito?

—Claro que sí… —dijo Aelita. No se atrevió a mirar a Ulrich a los ojos. Este tampoco pudo mirarla.

—Perfecto...

Gregory volvió a grabar la imagen. Ahora Aelita estaba de rodillas, quitándose la camiseta por completo ante un Ulrich pasivo con el pantalón por los tobillos, sentado en una banqueta de la cocina. Aquello eran tan típico, pero… la lengua de la pelirrosa era una maravilla. Actuaba despacio, dándole mucho placer. Probablemente, el mejor sexo oral que había recibido en su vida. Su amiga le acariciaba los testículos con mimo, al tiempo que proseguía devorando su miembro.

El cámara volvió a acercarse suavemente, por indicación de Samantha, y luego grabó girando alrededor de la pareja, cambiando el perfil de la toma. Para su sorpresa, lo habían con más naturalidad que otros novatos a los que había visto. Lo raro era ver a Sam tan contenta. Pero aquella parejita de jóvenes lo estaba dando todo. Volvió a enfocar los labios de Aelita por unos momentos, pasó fugazmente por la expresión de placer de Ulrich, y volvió al plano general. Aelita sentía su corazón acelerado. Sí, estaban grabando… pero el sexo era real. Le gustaba mucho. Ulrich la había hecho culminar y se notaba empapada por la excitación. Si ella también le hacía acabar…

—Voy a… correrme… —gimió Ulrich, y Aelita no tuvo apenas tiempo para prepararse. El chico eyaculó, y aunque la mayor parte escurrió por encima de su mano, la chica percibió el sabor de sus fluídos.

—Esto me encanta —dijo Samantha. Tan concentrados estaban Ulrich y Aelita que no se habían dado cuenta de que Gregory había dejado de grabar antes del orgasmo de Ulrich—. Lávate si quieres, querida… llega el momento más largo de grabar.

—No… no sé si seré capaz de aguantar —dijo Ulrich. La figura de Aelita de espaldas (se lavaba las manos en el fregadero) era muy sexy.

—Por eso no te preocupes. Cortaremos, y cuando te recuperes, seguiremos grabando —explicó Samantha—. ¿Por qué te crees que no hay muchas películas de plano único? —y le guiñó el ojo—. Ve poniéndote esto.

Le tendió un preservativo que se sacó del bolsillo. Ulrich abrió el envoltorio y se lo colocó con cuidado. Extra lubricado. Eso estaba bien. Oh, y con estrías… Aelita lo iba a disfrutar más. La chica volvió, dispuesta a continuar. Ni la cámara existía ya para ello. Samantha se dio cuenta y gritó acción justo antes de que Ulrich pusiera a Aelita encima de la mesa de la cocina. Su pene cubierto por el látex se frotó contra la vagina de la chica un par de veces antes de deslizarse en su interior. Ella sonrió. El chico le hacía sentir de maravilla. Se sentía cómoda con las piernas enrolladas en la cintura de él, instándole a continuar. Y sus manos sobre su cintura le gustaba mucho.

Samantha no podía negarse la evidencia: sentía envidia como pocas veces la había sentido grabando una película. La expresión en la cara de Aelita no le dejaba duda de que lo disfrutaba. Y es que la pelirrosa ya no pensaba en la cámara. Pensaba en aquel momento que compartía con Ulrich, en cómo el chico la penetraba repetidamente, a un ritmo muy placentero. Ella recibía y recibía olas de placer desde su posición, cómodamente situada en la mesa. Atrajo al chico hacia ella, y volvió a besarle mientras continuaban su danza del placer. Le entristeció un poco cuando el chico culminó, pero… que estimulase su clítoris mientras se recuperaba para la acción le gustó mucho.

Cambiando de posición, y con un nuevo preservativo proporcionado por Samantha, Ulrich volvió a ocupar la silla mientras la pelirrosa cabalgaba encima de él. Su ritmo era diferente, pero al chico le gustaba también. Su boca probó nuevamente el sabor de sus pechos, su cuello, sus labios. Y en ese momento recordó algo.

Aelita —le susurró al oído, el que no podía ser captado por la cámara—, voy a acabar dentro de poco…

—Mmmmm… —ese gemido le indicó que a ella le parecía bien. Sería la última escena, y ella también estaba a punto de acabar.

Pero… en estas películas… sabes cómo se corre el chico…

Lo dejo en tus manos —susurró ella entre besos. En realidad le fastidiaría un poco si Ulrich hacía aquello… pero estaban grabando una ficción.

El alemán empezó a pensar. Debía acabar, sí. Su cuerpo se lo pedía, y las contracciones en el cuerpo de Aelita le indicaban que ella también. Estaba a punto, a punto… y en ese momento, tuvo la idea. La chica se movió un poco más rápido, y supo entonces que ella estaba teniendo su orgasmo. Con un alarde de fuerza, levantó el cuerpo de la chica y lo volvió a poner en la mesa. Sacó su pene, se liberó del preservativo, y se masturbó. Apenas se rozó el miembro, eyaculó, manchando el pubis de Aelita. Había sido la mejor solución que se le había ocurrido. Por suerte, la chica sonrió, y Samantha parecía satisfecha con el resultado.

—El guión decía que te corrías...

—Ya sé lo que ponía —la interrumpió Ulrich. Estaban hablando mientras Aelita se daba una ducha—. Pero no era capaz. No con ella.

—Y me parece bien. No es muy limpio tampoco, pero al final ha quedado bien.

—Bueno, tenemos material suficiente —comentó Gregory, revisando la grabación en una pantalla de la cámara—. Cortarán los trozos en los que eyaculas y lo montarán como si hubieras aguantado todo el rato.

—Vaya trucos tenéis.

—Es lo que la gente consume.

"Pero tal vez con estos dos pueda hacer otro tipo de películas", pensó Samantha para sus adentros. La química que había entre Ulrich y Aelita podía ser explotada para hacer porno no convencional. Y seguro que se lo pasaban muy bien. Pero lo primero que tenía que hacer ella ir a ver a Odd en cuanto terminaran de trabajar y desahogarse. Tenía muchísimas ganas de sexo.

—Esto es para vosotros —les dijo cuando Aelita salió del baño, ya vestida, y les tendió un par de sobres—. Vuestra parte. No lo gastéis en tonterías —bromeó.

Ambos se guardaron el dinero.

—Yo me voy con Gregory, tenemos que dejar la película en la produtora. ¿Nos vemos mañana?

—¿Mañana? —preguntó Ulrich.

—El cumpleaños de Sissi, ¿no?

—Es verdad. Allí nos veremos —aseguró Aelita.

Se despidieron en la calle de Samantha y de Gregory. Ulrich y Aelita caminaron unos minutos por la calle en el mismo sentido. El alemán se sentía incómodo. El sexo… había sido maravilloso. Pero él y Aelita no eran nada. Lamentablemente. O eso creía él, porque en ese momento, la chica le tomó de la mano.

—Aelita…

—Me ha gustado mucho —le dijo—. Quiero más… pero no delante de la cámara.

Le besó. Y este correspondió al beso. Ciertamente, el día había empezado raro pero había acabado muy bien. Aunque no había terminado. Era un comienzo entre ambos.


¡Hola a todos! Espero que os haya gustado el fanfic. Es algo diferente a lo que suelo escribir, desde luego. Obviamente, no he tenido la ocasión de ver en directo cómo se graba de verdad una película pornográfica, pero sí he leído algunas entrevistas a gente que ha trabajado en el sector. Esto ha sido "una versión", nada más.

La elección de personajes fue un poco al azar... me pedísteis un Aelita x Ulrich, y yo tenía la historia en mente sabiendo que Samantha sería la directora desde antes, pero no el pairing. Espero que el resultado haya sido bueno.

Moon-9215: ¡Muchas gracias! :D

Alejito480: Son fanfics guarros xD Obviamente, si Hiroki ve eso, va a querer hacerlo también xD Y fíjate, yo pensaba que el yaoi llamaría menos la atención que el threesome. Saludos!

tagelipokopok: ¡Muchas gracias! Y me anoto la idea de la continuación.

Guest: ¿Cómo lo que hice con Yumi y Ulrich en el one-shot 60, "Combate"? Por supuesto.

Caco: Que sería un ataque de Xana bastante extraño xD Pero si se me ocurre cómo desarrollarlo lo podría escribir.

Más tarde que pronto habrá más capítulos ;) Lemmon rules!