Reconciliarse

(continuación del fanfic 84 de estos one-shots, "Consuelo")

Aelita se encontraba aburrida en su habitación. Pensó que debía hacer algo. Pero ¿qué? Miró sus mensajes. Por fin Laura había dejado de intentar acercarse a ella. Pesada. No la iba a perdonar nunca. En la vida. Aunque se lo implorase. Y en ese momento recibió un mensaje de su amiga Yumi. Eso le animó el humor.

"Mis padres no vienen hasta la noche. Mi hermano tampoco. ¿Vemos una peli en mi casa?", le preguntaba. Pues no era mal plan.

—Me visto y voy para allá —le dijo en una nota de voz, y abrió el armario.

Caminó a buen paso a casa de Yumi. Le gustaba pasear por aquella zona de la ciudad. Su amiga vivía bien situada. Le gustaba su casa. Tal vez en un futuro podría mudarse allí y ser vecinas. "Aunque tal vez para aquel entonces ella se haya mudado con Ulrich", pensó la pelirrosa, a pesar de que sabía que los Ulumi no pasaban por su mejor momento. Pero ella sabía que se terminarían casando antes o después, era cuestión de tiempo. "No como Jeremy y yo", pensó, lamentando lo parado que era su novio. Y con eso en mente llegó a casa de Yumi y llamó al timbre.

—¡Hola, Aelita! —saludó Yumi desde la puerta—. Vamos, pasa.

—Gracias por invitarme —dijo Aelita entrando detrás de Yumi—. ¿Has pensado que película vamos a ver? Bueno, se me ocurre una. "Zorra traidora" —gruñó. Habían entrado al salón y en ese momento la chica se había percatado de la presencia de Laura, su enemiga declarada, sentada en el cómodo sofá de Yumi—. ¿No la conoces? Va de una rubia oxigenada que se quiere hacer amiga de un grupo de gente solo para joderles la vida.

—¡Oye! —protestó Laura. Se había puesto de pie ante las palabras de Aelita—. ¡No te voy a tolerar que me digas eso!

—¿Acaso me equivoco? ¿Y qué hace aquí? —preguntó Aelita, la segunda fue para Yumi.

—Quería que hablásemos las tres.

—No tengo nada que hablar con ella —dijo Aelita—. Me parece bien que seáis amigas, de verdad, pero no me voy a juntar con ella.

Dio media vuelta pero se topó con una desagradable sorpresa al llegar a la puerta. Estaba cerrada. Con llave. Qué cojones. Volvió al salón y miró a su amiga Yumi. Esta alzó las llaves y se las escondió en el escote. Jaque mate, pensó la japonesa. No podían terminar la tarde sin que las dos hicieran las paces.

—Y ahora vamos a hablar las tres con calma —les dijo Yumi—. Por favor, Aelita, siéntate.

—No —desafió la pelirrosa. No iba a dejarse mangonear.

—Llevamos con esta tontería demasiado tiempo. Por favor. Siéntate.

Suspiró, y se sentó, dejando todo el espacio posible entre ella y Laura. La chica se había vuelto a sentar. Recordó las palabras de Yumi. "No caigas en provocaciones. Quieres ser su amiga". Pero le costaba no responder ante los injustificados ataques de la pelirrosa.

—Vale. Aelita, Laura tiene algo que decirte. Por favor…

—Lo que tenga que decirme…

Por favor no interrumpas —añadió Yumi alzando la voz—. Laura, procede.

Laura miró a Aelita. Aguardó un poco, al menos hasta estar segura de que la chica le iba a prestar un poco de atención. La pelirrosa le lanzó una mirada de soslayo, y en ese momento empezó a hablar.

—Siento mucho todo lo que ha pasado. Nunca se me ha dado bien la gente. Quise acercarme a vosotros, pero… te vi como una rival —relató—. He querido disculparme por todo lo malo que he hecho. De verdad, solo quiero ser vuestra amiga. Y en especial tuya.

—¿Por qué? No congeniamos —dijo Aelita con indiferencia.

—Porque sé que eres una persona muy especial y me gustaría que sí congeniáramos.

Aelita mantuvo la expresión seria a pesar de que algo se había ablandado en su corazón. Yumi contaba con intervenir en algún momento, pero solo si se producía de forma natural, no quería interceder de forma forzada por Laura. Aelita se incorporó en ese momento, con la intención de hablar.

—Agradezco tus palabras. Pensaré en ello —fue todo lo que le respondió—. Las llaves.

—Aelita…

—He escuchado. Las llaves —no quería dar su brazo a torcer.

—Por favor. Como amiga tuya que soy…

—Si eres mi amiga respeta mi decisión, Yumi. ¿O vamos a empezar a hacer grupos? —inquirió.

—No. Solo quiero saber por qué no puedes perdonarla. Los demás lo hemos hecho.

—No me ha demostrado que merezca perdón.

—No me has dejado intentarlo —protestó Laura.

—En eso tiene razón, has rechazado todo el contacto posible con ella. Vamos, Aelita, tú nunca has sido rencorosa.

Aelita se revolvió en el asiento. No quería hablar del tema. Pero no podía negarse más tiempo que Yumi tenía razón. Miró a Laura. Tenía que decir algo.

—Me llevará un tiempo —dijo Aelita—. Necesito que no me presiones, ¿vale? Yo… no me negaré a que te sientes con nosotros, ni me marcharé si te veo acercarte —prometió.

Eso le gustaba a Laura. La rubia se levantó y le ofreció un abrazo a Aelita. Ella pareció dudar por un momento, pero finalmente aceptó. Se puso también en pie y abrazó a Laura. Mantuvo un poco la distancia pero no pudo evitar el estrujón de la chica. Se le hizo un poco largo.

—Bueno, ya, ¿no? —preguntó.

—No seas borde —dijo Yumi y se levantó también—. Tenemos que ser amigas todas.

Se unió al abrazo. Aelita no entendía aquella actitud de la japonesa, y tendría que hbalar con ella por el motivo por el cual había decidido ayudar a Laura en su trifulca. Pero bueno, si la conocía bien, no le buscaba ningún mal. Aunque no sabía cuándo habrían hablado ellas dos. Ay, Laura… Iba a tener que aprender a estar con ella y… ¿al sabor de sus labios?

—¿Qué haces? —preguntó escandalizada por el beso que le había dado la rubia.

—¿A ti qué te parece? —dijo Yumi, divertida.

—¿Te parece normal…? —se vio interrumpida por otro beso, esta vez de la japonesa—. Sí, ya veo que te lo parece…

—No acapares —pidió Laura, y volvió a besar a Aelita.

—Ni tú me abandones —le dijo Yumi a la rubia y se besaron entre sí.

—¿De qué va esto? —preguntó Aelita, ligeramente asustada por la situación.

—Hace ya unos días, cuando discutí con Ulrich estuve hablando con Laura y… terminamos… ya sabes. Haciéndolo —explicó Yumi. Aelita se quedó ojiplática, y no era consciente de que seguían abrazadas—. Fue una locura, pero fue increíble lo bien que se sintió. Y decidimos repetir.

—Yo lo pedí —aclaró Laura. Estaba un poco avergonzada—. Dos veces aquella tarde y… dos más esta semana.

"Eres una viciosa", pensó Aelita.

—El caso es que después de vernos —continuó Yumi— hablábamos y nos hemos hecho más cercanas. Así que pensé que os vendría bien hacer lo mismo. Para limar asperezas.

—Estás loca —dijo Aelita—. Además, a mi no me gustan las chicas…

—A mi no me gustaban. Y ya ves —dijo Yumi—. ¿Nos dejarás convencerte?

—¿Es que te vas a quedar?

—¡No me quieras dejar fuera de la diversión! —protestó.

—Aelita, por favor —susurró Laura—. Déjame intentarlo…

—¿Qué quieres… intentar? —preguntó la pelirrosa, que empezaba a perder la cabeza. La rubia le estaba besando el cuello y acariciando la espalda con mucha suavidad.

—Hacerte sentir bien… que podamos pasarlo bien juntas… compensarte de algún modo…

Y de un impulso se aferró a la pelirrosa y le dio un beso firme. Yumi, cumpliendo lo que habían hablado antes, se hizo momentáneamente a un lado para que Laura pudiera abrazarse por completo a Aelita y la llevó suavemente hasta el suelo, donde sobre la mullida alfombra siguió devorando sus labios. La japonesa se puso tras la rubia y empezó a besar su cuello. Miró de reojo a Aelita, y sonrió al verla tan colorada.

—Chicas… hace calor —gimió Aelita.

De pronto sintió que cuatro manos empezaban a despojarla de la ropa. Laura le iba quitando la chaqueta y la camiseta mientras Yumi tiraba suavemente de sus zapatos y luego de la falda. De pronto se veía completamente expuesta ante sus amigas, a pesar de que seguía con la ropa interior puesta. Seguía muy colorada por la situación. No se imaginaba haciendo eso con ellas.

—Creo que Aelita aún no está preparada —comentó Laura.

—Podemos arreglar eso —pensó Yumi, y tomó con suavidad las mejillas de Laura. Esta se dejó llevar y poco a poco empezaron a quitarse la ropa mutuamente, explorando el cuerpo de la otra una vez más. Yumi envidiaba lo suave de la piel de la rubia, y esta no admitiría que no le gustaba que la japonesa tuviera los senos más grandes que ella. Pronto las dos quedaron también solo con el sujetador y las braguitas puestas. Desde su posición volvieron a atender a Aelita, que había mirado la escena embobada.

—Si de verdad estás incómoda, podemos dejarlo aquí —le dijo Yumi—. Pero queremos pasar un buen rato contigo.

—¿Se siente bien? —quiso saber Aelita.

—Es una sensación deliciosa —afirmó Laura.

Resignada, Aelita aceptó que continuasen con ella. Pero si se dejaba llevar, ¿por qué su lengua se movía acompasada por la de Laura? ¿Por qué temblaba con cada roce, con cada beso que sentía en su piel? ¿Por qué se ponía nerviosa cuando le quitaron el sujetador?

—¡Aaaaaah! —gimió. No era justo. Las dos habían empezado a lamer sus pechos. Con la lengua hacían círculos en sus pezones y a continuación los succionaban muy suavemente—. Chicas…

—Relájate y disfruta —le dijo Laura—. Esto no es nada en comparación a lo que te haré luego —añadió en un susurro.

La pelirrosa tembló ante tal afirmación. Si apenas estaban empezando y se sentía así, lo siguiente tenía que ser maravilloso, pero su mente no alcanzaba a imaginar qué pasaría. Solo sabía que no se podía estar quieta mucho más rato en esa posición. Debía hacer algo por ellas, pero se encontraba totalmente sometida. Cuando la dieron un respiro supo que era su momento.

Se incorporó y se sentó sobre las piernas de Laura. Qué demonios. Iban a llevarse bien. Probó uno de los pechos de su amiga. Tenía un sabor curioso. Tremendamente suave… y le gustó juguetear con aquel pezón. ¿Podía apretarlo ligeramente? Un gemido intenso le indicó que sí. Que era aquello que sentía a la espalda… claro, Yumi queriendo entrar en el juego.

—Ven aquí —la invitó Aelita, y besó los labios de la japonesa. Se echó hacia ella y atacó también sus senos. Eran un poco distintos a los de Laura. Los notaba muy firmes. Le hizo gracia meter la cabeza en medio de aquellos pechos, y a Yumi también parecía gustarle.

—Esto no es justo —protestó Laura.

—¿Qué te pasa?

—Las dos los tenéis los pechos más grandes que yo. Mira —juntó su cuerpo con el de Aelita para evidenciar sus palabras—. No me gusta.

—Laura… eres preciosa tal como eres.

Quien había dicho esa frase no había sido Yumi, sino Aelita. La rubia se puso colorada y le volvió a dar un beso a Aelita.

—Creo que no estamos siendo justas con nuestra anfitriona —comentó la pelirrosa—. Yumi, ¿qué quieres hacer?

Por toda respuesta, Aelita se vio situada en ese momento de rodillas contra el sofá de Yumi. La japonesa le bajó las bragas con cuidado, y al separarle las piernas, tuvo acceso completo al sexo de su amiga. La pelirrosa tembló. De pronto sintió un dedo atacando su intimidad. Fue una sensación intensa, pero no tanto como que, de pronto, Yumi empezara a lamerlo con delicadeza.

Detrás de ella, Laura se había echado bocarriba, con la intimidad de Yumi a la altura de sus labios. Probó a besar, lamer y probar el sexo de su amiga mientras escuchaba gemir a Aelita. Probó a darse un poco de placer a si misma, rozando su clítoris con un dedo mientras llevaba a Yumi al orgasmo. La japonesa intentó aguantar el ritmo mietras devoraba el sexo de Aelita quien solo se podía limitar a gemir en aquella posición tan entregada. No contuvo sus gritos. Qué placer. Yumi acompañaba su lengua con un par de dedos que resbalaban con facilidad dentro de ella. De pronto estalló en su orgasmo, sin que eso detuviera la lengua de Yumi, no hasta que ella misma alcanzó el clímax.

Aelita no dijo nada en aquel momento, descansando en aquella sumisa posición. Lo que acababa de pasar era estupendo. Alguna vez había experimentado tocarse pero no había punto de comparación. Miró a Yumi y Laura. La japonesa estaba ayudando con sus dedos a Laura a alcanzar el orgasmo. Y parece que lo estaba consiguiendo.

—Me ha encantado —dijo Aelita, con la cabeza apoyada sobre el hombro de Laura—. Sois geniales.

—¿Te importaría mucho… hacer lo mismo por mi? —preguntó Yumi. No quería obligar a su amiga, pero estaba deseando probarlo.

—Bueno… —la pelirrosa miró a Laura, pero esta negó con la cabeza.

—Adelante. Como bien has dicho no podemos descuidar a nuestra anfitriona.

Yumi se situó de costado, levantando una pierna para permitirle acceso completo a Aelita. Ella se asomó, nunca había visto aquella zona del cuerpo de Yumi. Bueno, ni de otras chicas. Pero recordaba cómo se lo había hecho la japonesa, solo debía intentar imitarla para que le gustase. Su lengua se escurrió entre los labios vaginales de Yumi y esta gimoteó. Iba por buen camino.

Laura no pudo evitar la tentación al ver a Aelita expuesta para ella. Se acercó y con sumo cuidado empezó a lamer su sexo. Sonrió al notar que le daba un escalofrío. Traviesa. Sin duda era mejor llevarse así de bien que estar discutidas. Maldición. Sintió que Yumi le levantaba una pierna y una sensación de calor recorrió su cuerpo. La japonesa también le estaba dando sexo oral y le encantaba.

Las tres continuaron largos minutos en aquella danza de sexo oral. Estaban en una nube, solo existían ellas tres en el mundo en ese momento. Acompañaron el movimiento de sus lenguas con caricias por el cuerpo de sus amigas. Era maravilloso. Aelita fue la primera en llegar al final, pero tenía que aguantar. Por Yumi. Tenía que hacerla sentir igual de bien. Y no tardó en conseguirlo, mientras esta conseguía a su vez que Laura alcanzase el cúlmen. Se detuvieron un rato, cansadas pero muy contentas por lo que estaban haciendo.

—¿Tus padres no nos pillarán? —preguntó Aelita. Ella y Laura se habían apoyado sobre el cuerpo de Yumi.

—No vendrán hasta la noche con mi hermano. Así que… aún podemos jugar un poco más.

Si aquello era un juego a Aelita le parecía muy real. Pero no lo quería de otro modo. Se hizo a un lado mientras observaba a Yumi y Laura juntas, con las piernas cruzadas entre sí, y sus sexos rozándose una y otra vez. Era hipnótico ver aquel movimiento, con sus pechos moviéndose al compás de aquella situación. Le gustaba y al parecer a sus amigas les volvía locas. Gemían, suspiraban y aumentaban el ritmo cuando lo pedían sus cuerpos. Yumi atacaba sin piedad los senos de Laura y pasados unos largos minutos, llegaron al momento del orgasmo.

Aelita no había hecho nada antes así con una chica, de modo que Laura tomó el mando en aquel momento. Sus movimientos eran lentos, pausados, pero le provocaban mucho placer. Laura miró los ojos de Aelita y se fundieron en un tierno beso mientras sus cuerpos se dejaban llevar por el placer. La pelirrosa no quería que la tarde llegase a su fin. Laura era estupenda y sentía un morbo especial al saber que Yumi contemplaba la escena sin pederse detalle. Llegó a un delicioso orgasmo poco después.

Y no podía terminar la tarde sin estar entre los brazos de Yumi. Su gran amiga se dejó hacer por los inexpertos movimientos de Aelita. La japonesa acompañó suavemente el movimiento de caderas de la pelirrosa, mejorando el placer que sentían. Sonrió al ver a Laura asomar por detrás de Aelita y sujetándole los pechos mientras continuaban aquel vaivén. Aelita lo dio todo por el placer que ambas estaban sintiendo, y finalmente, llegó al final.

—¿He tenido una buena idea? —preguntó Yumi finalmente. Habían decidido que era mejor dejarlo ahí en lo referente al sexo. Pero no había nada de malo en besar a Aelita, ella a Laura, y Laura le diera un beso a Yumi. Y vuelta a empezar.

—La mejor —dijo Aelita—. Creo que he tratado muy injustamente a Laura…

—Pero me has compensado mucho —respondió ella, y rieron las tres—. Espero que de verdad podamos llevarnos bien.

—Tengo que saberlo. ¿Hay algo serio entre vosotras? —preguntó la pelirrosa.

—Solo sexo —respondió Yumi—. ¿Por qué lo preguntas?

—Por saber si… quisiera repetir, o quedar con alguna de vosotras… —se volvió a poner colorada, pero no podía ocultar sus deseos.

—Ella duerme también en Kadic. Podéis quedar tantas veces como queráis —afirmó Yumi—. Eso sí. No os olvidéis de que tenéis una amiga más —bromeó.

—Jamás te daríamos de lado —dijo Laura—. Oye, ¿has pensado que te vendría bien esta "terapia" con Sissi? —bromeó.

—Pues… no me haría mucha gracia pero creo que tienes razón —dijo Yumi—. Espero que mis dos amigas estén para ayudarme en esa situación.

—Por supuesto que sí —dijo Aelita.

Un rato más tarde, Aelita y Laura abandonaron la casa de Yumi y fueron de regreso a Kadic. La rubia se sorprendió cuando Aelita la tomó de la mano.

—¿Podría hacerte una visita esta noche? —preguntó la pelirrosa.

—Me encantaría —respondió Laura—. ¿De verdad te ha gustado?

Aelita se detuvo y besó suavemente los labios de Laura.

—Me has encantado.


¡Y hasta aquí por hoy! Espero que os haya gustado. La verdad, me hubiera gustado publicar el viernes, pero por una serie de circunstancias (empezando porque soy un vago) no he podido publicarlo hasta ahora. Tenía ganas, la verdad, de hacer la continuación de aquel fanfic, pero por lo pronto no habrá una parte adicional... a no ser que os apetezca xD

tagelipokpok: No, aún no hay secuela del fanfic 86, aunque existe una versión anterior en que William-Xana poseía a Yumi y Aelita, es el 57. ¡Gracias por leerme!

Guest: ¿Que enfríe mis lemmon? ¿A qué te refieres exactamente? xD La verdad, la idea que me das es original, así que me la anoto para desarrollarla ;)

Moon-9215: La verdad, la idea se me ocurrió por casualidad xD Pero en líneas generales, no quienes iban a ser las "estrellas de la película" xD Y en realidad a Ulrich es de los que menos osados vería para hacer cine para adultos xD Gracias!

loboplateado2541: ¿Enciendo el aire acondicionado?

CarlosJim04: ¡Paciencia por favor! No suelo escribir fanfics en esa línea, le tengo que dar una vuelta en mi cabeza.

Como siempre, pronto habrá más lemmons en los fanfic que tengo abiertos. Estoy trabajando ya en el siguiente, así que si todo va bien, habrá publicación el próximo domingo. Lemmon rules!