Conquista
—Vamos allá —fue el pensamiento de Odd aquella tarde.
Su compañero de dormitorio no estaba. Había marchado a un entrenamiento hacía un rato. Y aún le quedaba un rato largo. Como llegaba tarde, se había quedado algo olvidado y era lo que, finalmente, había dinamitado la idea en su mente. Se lo había guardado en el bolsillo y le había dedicado un buen rato a pensar en su itinerario. Tres puntos principales, un "piloto" para su plan. Si todo iba bien, podía probar a repetir. Y otra vez. Y si salía todo como pensaba (y se consideraba lo bastante bueno como para que así ocurriese) pronto su idea empezaría a dar resultado.
De ese modo se puso las zapatillas. Todavía tenía por delante unas horas antes del toque de queda del Kadic. Podría optimizar el tiempo si primero se alejase de los muros, pero entonces se arriesgaría a que los otros puntos de su plan se fueran al traste. Salió de la habitación, sabedor de que regresaría siendo alguien totalmente diferente.
Su primer paseo le llevó fuera del edificio principal. Normalmente caminaba despacio, pero aquel día iba con un poco más de prisa. En realidad no sabía cuánto le iba a llevar hacerlo. No tardó mucho en alcanzar su objetivo. La biblioteca. Y, tal como esperaba, una única persona dentro.
—Voy a pasarme la tarde reinstalando mis sistemas operativos —le había dicho Jeremy.
Por tanto Aelita se encontraba sola, con varios libros en la mesa. Y en la mesa de atrás. Y una tercera mesa invadida por los papeles. Un domingo por la tarde fuera de la época de exámenes el resto de alumnos no se acercaba a aquel edificio ni por equivocación. Mejor se lo pasaría él. La pelirrosa aún no había notado su presencia. Él se limitó a bajar los estores para evitar miradas indiscretas. No fuera que algún alumno estuviera demasiado despistado.
—Hola, Aelita —saludó finalmente, cuando nadie podía verles.
—¡Odd! —se asustó la chica, pero sonrió al ver a su amigo—. No te esperaba por aquí. Ni a nadie. Es más, Jim me dejó las llaves con tal de no tener que venir a abrir y cerrar.
—Lo sé, me lo contó Jeremy —dijo con una voz calmada—. Así que llevas aquí solita toda la tarde… Te habrás aburrido…
—No te creas, he estado estudiando un poco de física cuántica y me parece fascinante… Odd, ¿qué haces?
Aelita se había alterado. Mientras hablaba se había girado para mostrarle los folios llenos de ecuaciones imposibles que tenía sobre una mesa, pero él no tenía interés en todo aquello. Se había aproximado a su amiga y ahora la sujetaba suavemente por las caderas, atrayéndola hacia él. Se dio la vuelta y se topó cara a cara con su amigo.
—Vengo a que te distraigas un poco —le susurró él.
—¿Cómo que a dis…?
El resto de la frase no la pudo pronunciar. Su boca recibió los labios de Odd, y se vio empujada contra una estantería. Qué impetu. Jamás la habían besado así. Le faltó el aire. Demonios, Odd, para. Finalmente se vio liberada del beso, pero su cuerpo seguía a escasos milímetros de los del chico. Odd no dijo nada, simplemente le acarició el labio inferior sonriendo con malicia.
—Eso… ha estado muy bien —reconoció la chica. Sintió el dedo de Odd resbalando entre sus labios. Tentador. Lo lamió un poco. Succionó. Se sintió traviesa. Un poco más.
—Vamos, llevas una tarde muy dura —susurró el chico—. Deja que te haga pasar un buen rato.
—¿Qué propones? —preguntó Aelita, aunque se imaginaba la respuesta.
Pero no podía evitar el sentirse bien cuando Odd besaba sus labios al tiempo que empezaba a deshacerse de su ropa. De pronto su culo chocó contra una mesa. Odd la había llevado hasta una lejos de los apuntes, completamente despejada. El chico la levantó con cuidado para ponerla sobre la mesa. Ya no tenía la blusa puesta y Odd se quitaba la camiseta. Solo habían estado así una vez y habían acordado que no se repetiría. Pero…
—Odd… deberíamos parar antes… de que nos arrepintamos —murmuró ella.
—¿Te arrepentirías? —preguntó el rubio mordisqueando el cuello de Aelita—. ¿Te arrepentirías de sentirte bien?
—Claro que no… Mmmmm —justo ahí no, era su debilidad—, por favor, no…
—No… ¿qué?
—No pares… —pidió Aelita.
El chico se echó encima de ella. La mesa tenía la altura perfecta para poder disfrutar de un buen momento de placer. Pero lo primero era lo primero. Terminar de desnudar a su amiga. Aelita no opuso resistencia. No se podía negar lo mucho que lo deseaba. Mejor para él. Era mejor si colaboraba. Solo quedaba quitarle las braguitas… y dejar que su pantalón cayera al suelo. Su miembro apuntaba directamente hacia su amiga.
—¿Estás preparada?
—S-Sí —gimió ella—. Por favor, Odd… hazlo.
Sintió una punzada en el momento en que su amigo se deslizó dentro de ella. Fue suave, sin forzar, de una única vez. Suspiró al sentir todo el poderío de su amigo en su interior. Le encantaba. Le apremió. quería sentir sus embestidas. Odd empezó a entrar y salir de ella, despacio. Unos suaves movimientos de cadera. Muy lentos al principio, acompañados de caricias en las aureolas de sus pezones.
—No seas malo… —protestó Aelita.
—¿Por qué? En el fondo sabes que esto te gusta —dijo Odd con una sonrisa traviesa—. ¿Verdad?
—Sí… me gusta mucho… aaaah —gimoteó cuando las acometidas de Odd fueron un poco más fuertes—, sigueeeeeh… me encanta…
Odd no se contuvo. La chica estaba encantada con sus cuidados. Odd se abrazó por completo a su cuerpo, y pasó a moverse sin control. Besó y chupeteó el cuello de Aelita mientras seguía penetrándola repetidamente. Estaba a punto, lo sabía. Por un momento pensó en contenerse. Pero no tenía sentido hacerlo. Liberó su carga dentro de Aelita. que también alcanzó su orgasmo con un erótico gemido.
—Ha sido maravilloso… —susurró la chica.
—Lo sé…Me alegra que te haya gustado —respondió Odd, dispuesto a seguir con su plan fuera de allí. Pero…
—¿No te quedas un rato más? —preguntó Aelita.
Bien pensado, era mejor no arriesgarse. Y más cuando, de un modo tan seductor, Aelita giró sobre la mesa, quedando por completo ofrecida a él, de espaldas. Y aunque le gustaba el tacto del trasero de su amiga, no era eso lo que buscaba. Suavemente, su erección volvió a escurrirse dentro de Aelita. Esta vez más fácilmente. Se sujetó a sus caderas y empezó a moverse con ganas. Los gemidos de su amiga no hacían más que excitarle. De pronto se dio cuenta, ella también estaba moviendo su cuerpo al ritmo de sus embestidas.
—Aelita… estoy a punto… otra vez —gruñó él.
—Hazlo, hazlo —apremió la chica, deseando volver a sentir sus fluidos en su interior.
Y sonrió de felicidad al sentir que la semilla de Odd volvía a derramarse dentro de ella. Aquella sensación cerraba lo que habían estado haciendo. Una maravilla para su cuerpo, lo que mejor le sentaba después de un día duro de estudios. Había merecido la pena. Incluso con ese repentino y agradable calor que sentía en su vientre de pronto. Todo estaba bien.
—¿Seguro que no necesitas que te ayude a recoger? —preguntó Odd, más por cortesía que por ganas.
—Seguro, no te preocupes —dijo Aelita, terminando de vestirse—. Parece que tenías prisa.
—Tengo alguna cosa que hacer, espero que no te importe.
—Claro que no. Siempre que… repitamos —dijo, muerta de vergüenza.
—Tanto como quieras —respondió él, y tras darle un beso, salió de allí.
Miró el reloj. No era mala hora. Su plan iba como pensaba. Caminó a buen paso, de vuelta a la residencia de estudiantes. A esa hora los pasillos estaban desiertos, y solo había luz en una sala. Pero no era un dormitorio. Era un vestuario. La ducha de las chicas. Entró con cuidado de no ser visto. Por supuesto, solo había una persona dentro que se estaba cambiando.
—¡Odd! —protestó Sissi—. ¡Eres un pervertido!
—No digas esas cosas —respondió el chico, en tono meloso—. Pensaba que querías que nos llevásemos bien.
—¿Y eso qué tiene que ver para que te cueles aquí cuando estoy desnuda? ¡Si grito, te meterás en un grave problema!
—Por favor, no grites entonces. Solo quiero hacer las paces.
Mientras hablaba había avanzado hacia Sissi, quien de pronto se topó con los labios de Odd contra los suyos. ¿Qué estaba haciendo? No lo sabía, pero joder. Era buen besador. Sin darse cuenta, sus manos empezaron a desnudar al chico, y este sonrió. Cuando la última prenda de ropa cayó, dieron rienda suelta a los besos. Terminaron dentro de una de las duchas, y Odd giró el grifo hasta que el agua caliente empezó a caer sobre sus cuerpos.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Sissi alarmada en el momento en que Odd se agachó delante de ella.
—Ganarme tu perdón —respondió Odd, travieso. Sabía que debía contentarla al principio. Y su lengua era experta en conseguirlo. Conocía el punto exacto en que la haría gemir de esa forma.
—¡Si, Odd! ¡Sigue! —pidió Sissi, sujetándole la cabeza—. Aaaaah… me encanta…
El rubio sintió una pequeña debilidad. No podía negarse que el sabor de la chica le estaba volviendo loco. Pero no era eso lo que buscaba. simplemente quería que estuviera lo suficientemente mojada para facilitar su labor. Y no tardó mucho en conseguirlo, ayudándose adicionalmente con su dedo.
—Vamos, Odd, soy tu vaquerita —apremió Sissi poniéndose de rodillas sobre el chico, que estaba sentado con las piernas extendidas—. Deja que te monte…
—Adelante —dijo él, encantado por su predisposición.
Sintió un calor acariciando su erección según Sissi entraba en contacto con él. Se dejó caer suavemente hasta que le sintió por completo en su interior. Ella tardó apenas un par de segundos antes de empezar a moverse con ganas hacia arriba y abajo. Odd se limitó a disfrutar de la apretada sensación. Sonrió satisfecho. Sí, podían llevarse muy bien si lo pretendían. Sissi se movía con naturalidad, encantada con aquel juego de mayores que estaban haciendo.
—¿Te gusta, Odd? ¿Quieres que siga?
—Claro que me gusta… vamos, Sissi, demuéstrame lo que sabes…
—¡Yiiiiha! —gritó ella mientras seguía cabalgándole—. ¡No quiero que te reprimas! —pidió la chica.
Y él no iba a hacerlo. Sintió con gusto cómo su orgasmo se iba preparando con los movimientos de la chica hasta el momento en que se manifestó, expulsando por completo su semilla dentro de ella. Sissi no se detuvo en seguida, sino que se estuvo recreando con aquella sensación un rato, maravillada con aquella sorpresa nocturna.
—No sabía que te atrajera tanto… —dijo la chica, tomándose un respiro.
—Eres la tía que está más buena de toda la academia —respondió él. En realidad era una verdad a medias, ya que en su opinión muchas podrían competir con ella. Pero la necesitaba receptiva—. Si tanto te ha gustado, no hay razón para que no podamos repetir…
—Yo estoy un poco cansada…
—Pero yo no —inquirió Odd.
Sissi aceptó. Se dejó caer sobre el húmedo y cálido suelo de las duchas, separando las piernas para recibir a su amigo. Se fundieron en un cálido beso mientras Odd se introducía dentro de ella. Qué gusto. No sabía cómo podía haber vivido sin aquello. Estaba siendo tan delicado… Se sentía muy bien. Cerró las piernas alrededor de Odd, no quería que se alejase.
Este continuó con sus acometidas. Debía admitirlo, Sissi era realmente una diosa y le gustaba. Pero eso no podía nublar su buen juicio para llevar a cabo su plan. Poco a poco iba llegando al orgasmo. En ese momento ella era como un pulpo, atrapándole con las piernas y los brazos, lo que reducía su capacidad de movimiento. Pero lo conseguiría. Un poco más, solo un poco más… La chica jadeaba incesante debajo de él, sumida en un placer intenso.
Su cuerpo entero entró en tensión en el momento del clímax. Oyó a Sissi gimotear en su oreja, maravillada por tan grata experiencia. Aprovechó sus últimos momentos de fuerzas para continuar su orgasmo dentro de la chica, que dejó caer los brazos y las piernas, completamente exhausta por aquella intensa sesión.
—Me ha encantado —susurró Sissi mientras dejaba el agua resbalar por su cuerpo. No podía tardar en ducharse—. Creo que así… nos podremos llevar muy bien…
—Cuento con ello, preciosa —dijo Odd y le dio un fugaz beso. Él ya se había vestido—. ¿Te puedo llamar entonces?
—Cuando tú quieras —respondió la chica, mientras se acariciaba el vientre de forma inconsciente.
Sonriendo, Odd abrió la puerta y tras comprobar que no había nadie por los pasillos, se puso en marcha. Sacó un móvil del bolsillo. No era el suyo, pero no lo necesitaba. Miró la hora. Aún tenía tiempo. Un poco menos de lo previsto, pero igualmente su plan iba a ser redondo. Adivinando la contraseña de Ulrich, buscó en sus contactos y seleccionó el que buscaba.
Tecleó "Te espero en el bosque, al lado de The Hermitage" y lo envió. Aceleró el paso, no quería tardar en llegar y lo mejor sería hacerlo el primero.
Lo más destacado de su incursión fue cruzarse con Jim, el corpulento profesor, que le advirtió a lo lejos, al ver dónde se acercaba, que "no queda mucho para el toque de queda, ándate con ojo, Della Robbia". Este asintió, despreocupado, y marchó hacia su lugar de encuentro mientras tarareaba una canción. No se podía creer lo bien que le estaba saliendo todo aquella noche. Merecía una celebración buena.
Llegó a The Hermitage y afortunadamente no tuvo que esperar mucho para ver que su idea había resultado buena. Yumi se acercaba a él, pero al distinguirla a corta distancia, ella parecía extrañada. Era obvio, con quien esperaba encontrarse era con Ulrich. Pero lo tenía todo previsto para con ella.
—Buenas noches —dijo con su mejor tono de voz.
—Hola, Odd. No sabía que también ibas a venir. ¿Y Ulrich? —preguntó ella, desconcertada.
—No va a venir…
—¿Cómo que no?
Por toda respuesta, Odd se sacó el móvil de Ulrich del bolsillo y se lo enseñó. Ella abrió mucho los ojos, escandalizada.
—¡¿Le has robado el móvil a Ulrich para hacerme venir?!
—Sí.
—¡¿Por qué harías tal cosa?!
—Porque jamás me atrevería a pedirte quedar, y menos desde tu teléfono. Quería verte fuera de la academia, Yumi.
—¿P-Por qué querías verme? —preguntó ella. La situación cada vez se le antojaba más extraña.
—Me gustas muchísimo —respondió él, casi en un susurro. Se acercó a ella, y contuvo una sonrisa al ver que no retrocedía—. Jamás me hubiera atrevido a interponerme entre él y tú, pero… tenía que decírtelo.
—Odd…
—Quiero besarte, por favor. Una sola vez.
Yumi no se resistió. Diablos, al fin y al cabo su amigo era un galán. Y no podía tener nada de malo un beso, ¿verdad? Salvo el detalle de que aquellos labios tenían muy buen sabor. Y su técnica… era buena. Sabía que debía detenerle. No podían llegar más lejos. Pero su cuerpo contradecía su mente y acarició a Odd y este le devolvió la caricia. De pronto se vio atrapada entre los brazos de Odd y no le importaba. Se sentía bien.
—Gracias —dijo él, sin soltar su cintura.
—No hay de qué —respondió ella, y atacó vorazmente los labios de Odd, quien sonrió levemente antes de entregarse a su beso con pasión. Giró sobre si mismo y apoyó a la chica contra el muro del jardín de The Hermitage. Fuera de si, Yumi se aferró a él cual koala, y Odd estuvo a punto de perder el equilibrio—. Perdona… —dijo al darse cuenta—. Creo que… se nos ha ido un poco de las manos…
—¿No será que eso ha pasado porque lo deseas? —preguntó él.
Yumi se mordió el labio. No, aquello estaba mal, pero ¿entonces por qué se sentía tan bien? Los labios de Odd en su cuello y sus manos acariciando su cintura descubierta no ayudaban mucho a pensar con claridad. Mierda.
—Ven aquí —le dijo ella, tirando de su muñeca. Una vez entraron en el terreno de The Hermitage, libres de posibles miradas indiscretas, se aferró a él—. ¿Por donde ibas?
—Por aquí —dijo Odd, metiendo la cabeza bajo la camiseta de Yumi y probando el sabor de su cuerpo. Muy delicado, muy exquisito. Por un momento se preguntó cuántas veces lo habría probado Ulrich. Pero se recordó que no importaba porque él iba a llegar más allá. Sus manos se dejaron caer por el pantalón de Yumi y empezaron a desabrocharlos. Con cuidado se hacían bien las cosas. Tocó sus braguitas y tiró suavemente hacia abajo. Yumi le pidió parar.
—Odd, espera… esto me encanta pero…
—¿Pero?
—Pero… sabes que no hay vuelta atrás, ¿no?
—Claro que lo se —respondió él—. ¿De verdad no te apetece?
Después de darse el lote de aquella manera le apetecía muchísimo. Una parte de su mente le decía que aquello debía cesar, pero… se suponía que era mejor arrepentirse de lo que se hacía, ¿verdad? Ella liberó las manos de Odd, permitiéndole seguir. Contuvo un gemido cuando, con su pulgar, Odd empezó a tocarle en el punto exacto. Tenía que admitirlo, su fama le hacía justicia.
—No quiero ser la única que esté así… —pidió ella, nerviosa por lo que le pedía—. Por favor, Odd…
—De acuerdo —dijo él, dispuesto a quitarse el pantalón, pero no pudo hacerlo pues la propia Yumi se adelantó. Le abrió la prenda y con suavidad pero con firmeza, se lo quitó. Tuvo más cuidado al quitarle el boxer, liberando la erección del chico. Abrió mucho los ojos, sorprendida. Ahora Odd debía retomar el control. En otras circunstancias no le importaría tener sexo oral, pero no era su objetivo aquella noche. Sexo, penetración era lo único que había en su mente. Lo bueno era que la chica parecía receptiva.
—Vamos a hacerlo, Yumi —le dijo.
—Sí, por favor —respondió ella. Apoyó la espalda en el muro—. Poséeme.
Odd tomó a Yumi por las nalgas y la aupó. Era sencillo con ella apoyada en la pared. Suavemente su pene se introdujo dentro de ella. Estaban unidos. Jadeando y suspirando por la actividad empezó a acometerla repetidas veces. Yumi se aferró como pudo al muro, encantada con aquella situación. Lo estaba haciendo, estaba teniendo sexo con Odd y le maravillaba. Quería más, quería que aquello no acabase, sentía su cuerpo reaccionar con gusto.
Por su parte Odd sonreía, lo había conseguido. Yumi era suya y estaban gozando juntos. Aumentó el ritmo de sus embestidas, tenía el tiempo justo. Dejó que su mente dejara de pensar y se centrase únicamente en aquel momento que tenían juntos, y su orgasmo se dinamitó de manera natural. Yumi se derritió del gusto al sentir sus fluidos dentro de ella.
—¿Tienes mucha prisa? —preguntó la chica mientras recuperaban el aliento.
—No mucha… ¿por?
La respuesta llegó en el momento en que ella se subió encima de él, abrazada a su cuerpo y volvió a subir y bajar por su erección. Le había gustado mucho, quería más. Gimió el nombre de Odd cada vez que le sentía entrar por completo en su interior. Odd no desperdició la oportunidad para meterle mano saboreando el tacto de sus glúteos.
—Yumi… estoy a punto…
—Pues hazlo —pidió ella—. Yo también voy a acabar…
—Me vengo… —suspiró Odd.
—¡Juntos! —gimió Yumi—. ¡Aaaaaaaaaah!
Se detuvo en el mismo instante en que el chico eyaculó. No tenía fuerzas para más sexo y la sensación era maravillosa. Se quedaron un rato ahí sentados, reponiéndose, hasta que por fin se encontraron en condiciones de ponerse en marcha.
—Odd, esto que ha pasado… —empezó Yumi mientras se subía el pantalón—. No se puede quedar aquí.
—No se quedará. ¿Te encuentras bien? —preguntó él.
—De maravilla —respondió la japonesa, y se subió la camiseta para acariciarse el vientre.
No tuvo que decir nada. Ambos sabían lo que había ocurrido. Se separaron en la oscuridad de la noche mientras ambos lo asimilaban.
Odd no daba crédito. Su plan había funcionado. Él sabía (y por lo que habían hecho sus amigas, ellas también lo sabían) que estaban encintas. Lo había logrado. Seducirlas y embarazarlas en la misma noche a las tres, y que estuvieran contentas de ello. Ahora no había marcha atrás, el plan había empezado: Samantha, Emily, Taelia, Milly, Tamiya… muchas mujeres a las que conseguiría fecundar hasta que dominase por completo el mundo.
Pero ellas tres, las de aquella noche, las primeras, le acompañarían en todo momento.
¡Hola a todo el mundo! No sabía si sería capaz de publicar esta noche y me alegra ver que así ha sido.
Espero que la historia os haya gustado. Sé que se aleja bastante de lo que suelo escribir, pero bueno. A veces está bien cambiar xD
Alejito480: Pues sí, es una idea extrema pero... si aprenden a darse cariño no se podrán llevar mal esas dos xD Gracias!
Moon-9215: Sí, aunque no quedó expresamente escrito, esas dos estaban empezando una relación como tal.
Guest: ¡Gracias! Y sí, escribiré esa idea que me pusiste :)
tagelipokopok: Pues le tendría que dar una vuelta a ese capítulo en el que todos estén poseídos... Seguramente como secuela de la posesión de los chicos, pero tengo que pensar qué haría el grupo entero una vez estuvieran dominados...
CarlosJim04: Aunque acepto que todos sean esclavizados por Xana, la inclusión de criaturas no humanas no entra dentro de mis planes xD Hago también lemmons de Digimon y no he escrito sobre Digimon con forma humana, así que... La Scyphozoa y compañía quedan fuera de ideas xD
Nuevo friendly reminder de que publiqué un crossover de Code: Lyoko con Digimon titulado "Aquella rivalidad" y que podéis encontrar en mi perfil ;) Pronto el siguiente capítulo de "La villa". Lemmon rules!
