Ocultos

—¿Entonces no te vienes al cine? —preguntó Odd.

—Lo siento. Mi padre ha dicho que como suspenda el trimestre de Historia de Europa, vendrá delante de toda la academia a castigarme con el cinturón —respondió Ulrich.

—Pensaba que estaba contento por tener como hijo al jugador que nos hizo ganar la Copa Interescolar —comentó Jeremy.

—Sí, pero han pasado dos semanas de aquello. El orgullo no le dura tanto tiempo. Además, "los Stern tenemos que ser perfectos en todo lo que hacemos".

—¿Seguro que no quieres venir? Yumi dice que se apunta —comentó Odd, echando un vistazo al grupo de WhatsApp—. ¡Última oportunidad!

—Que lo paséis bien. Yo me subo a empollar —respondió Ulrich, y los tres se levantaron de sus asientos en la cafetería.

—Voy llamando a Aelita —dijo Jeremy y se llevó el teléfono a la oreja.

Con un gesto de manos, Ulrich se despidió de sus amigos y fue hacia su dormitorio. En el camino, de una forma en absoluto casual, se cruzó con Sissi Delmas.

—¡Hola, Ulrich, querido! —saludó efusiva—. Aún no he podido felicitarte por tu victoria.

Le pasó los brazos por encima de los hombros, pero Ulrich esquivó hábilmente el beso que pretendía darle. Ella se indignó por aquello.

—¡Oye, tú, cómo te atreves a hacerme la cobra!

—Lo siento, paso de que me bese la tía que se estuvo enrollando con William en la celebración de la Copa.

Sissi se quedó pálida.

—¡Eso es mentira!

—Pues me ha llegado tres veces la foto. Mira —dijo, enseñándole una imagen en su teléfono—. Uy, qué tonto, si esta es cuando te enrollaste con Hervé… ¡Esta es la de William! —Sissi se abalanzó a por él dispuesta a quitarle el móvil pero Ulrich era más rápido—. No pienso chantajearte con esto. Sé que tu padre no se tomaría muy bien ver esto.

—¿Qué quieres entonces? —preguntó ella.

—Que me dejes en paz, como te llevo pidiendo dos años —dijo Ulrich—. Si de verdad quieres que seamos amigos, este acoso al que me sometes no funciona.

Sissi le miró enfadada. Pero no tenía alternativa.

—De acuerdo. Pero por favor, borra las fotos. Tú lo has dicho, si mi padre se entera… prefiero no pensarlo.

Ulrich eliminó las imágenes, enseñándole la pantalla. Por supuesto, tenía una copia de seguridad de todas las fotos que hizo y que le enviaron de aquel día. Pero por lo menos así la hija del "dire" estaría tranquila una temporada. Jamás se le ocurriría chantajearla, pero le venía bien tener ese salvoconducto.

Por fin entró en la habitación y sonrió. Desde luego que esa tarde iba a estudiar. Pero no Historia de Europa. Más bien, Anatomía Humana, un campo mucho más interesante ya que podía hacer prácticas.

—¿Me echabas de menos?

—Un montón —respondió Aelita, que le había estado esperando sentada en la cama del alemán—. ¿Y tú a mi?

—Más aún —bromeó este, y se fundieron en un beso. Por precaución, Ulrich echó el cerrojo antes de dedicarle a los labios de Aelita la atención que merecían. Posó las manos en el culo de la chica, dándole un suave apretón—. ¿No te ha llamado Jeremy?

—Sí, pero le he dicho que me dolía la cabeza —respondió Aelita—, así nos aseguramos de tener la tarde para nosotros solos.


La euforia por el partido ganado había contagiado hasta a los menos futboleros. Toda la Academia Kadic estaba celebrando la victoria de aquel día, entrando como buenamente podían en el gimnasio.

Vaya. Nadie diría que acabas de ganar para la escuela el Campeonato.

Aelita se había acercado a Ulrich para decirle aquello. El alemán miraba a los demás, con la espalda apoyada en una pared y un refresco en la mano, sin ánimos especialmente de unirse a la celebración. Se giró para mirar a su amiga y sonrió sin ganas.

La verdad, no tengo muchas ganas de celebrar nada hoy —le respondió este y le dio un trago a la lata. Pensó que tal vez debería ser alcohol.

¿Y por qué no?

Ven conmigo.

Ulrich tomó la mano de Aelita, atravesaron una riada de gente, y le enseñó la imagen que le había quitado todas las ganas de estar de celebración. En un rincón, casi aislados del mundo, Yumi se estaba besando con Theo Gauthier. Aelita abrió mucho los ojos, y se apartaron de allí antes de que les pillaran.

Lo siento, Ulrich…

No te preocupes. Ve a pasártelo bien, tú que puedes. No creo que hoy sea una compañía muy grata.

La verdad… es que yo tampoco.

Ulrich no lo entendió. Aelita fue quien le tomó de la mano aquella vez, y le llevó en dirección contraria. A punto estuvieron de chocarse con Odd, quien se estaba enrollando con su novia, Samantha, y la pelirrosa abrió la puerta. Caminaron un poco y Aelita le mostró un sitio apartado. Pero no tan apartado como para no ver a Jeremy y Laura besándose apasionadamente.

Ha bebido —dijo Ulrich.

¿Cómo lo sabes?

Porque él no haría eso.

Entonces Yumi también ha bebido.

No, ella no.

No seas tramposo —protestó la pelirrosa.

Tienes razón. Es una puta mierda todo esto.


—¿Te parece bien esto que hacemos?

Aelita lo había preguntado tendida sobre el cuerpo de Ulrich. Llevaban un rato besándose, alimentando el deseo que sentían. El chico la miró sin comprender.

—¿A ti te parece mal?

—¡No! Es solo que… esto empezó de un modo tan raro…


Ver a Jeremy con otra y saber que Yumi estaba haciendo lo mismo fue decisivo para el gesto de Aelita. Sin que Ulrich se lo esperase, le plantó un suave beso en los labios. No fue muy largo. Solo un momento de prueba. Ulrich pareció no reaccionar. Tal vez debía hacer otro intento. Mucho mejor, por lo menos sabía mover los labios. Un tercer beso y se vio con las manos del alemán en la cintura.

No… —pidió ella.

Momentos después tiraba de la mano de Ulrich escaleras arriba. No sabía lo que iba a ocurrir, pero mejor si eran precavidos.

Mi cuarto está más cerca —comentó él, pero ella insistió en seguir andando.

Y yo no tengo compañera de habitación —le recordó.

Con la seguridad de una puerta bien cerrada pudieron probar con más tranquilidad sus labios. Y se dieron cuenta de que se gustaban. Las manos de Aelita y las de Ulrich empezaron una exploración mutua mientras sus besos se hacían al otro. Para Ulrich, ella siempre había sido "la novia de". Alguien intocable, y tanto era así que no solía pensar en ella como una chica. Pero se llevó una sorpresa al darse cuenta de lo erróneo de su pensamiento. La pelirrosa era una chica, y muy atractiva de hecho. Lo gracioso es que ella solía pensar en Ulrich de la misma manera. Hasta ese momento.

¿Sabes lo que vamos a hacer? —preguntó Aelita.

No… pero estoy preparado… —dijo él, y sacó la cartera, de la cual extrajo un envoltorio brillante—. ¿Precipitado?

No lo sé… Lo iremos viendo —respondió ella, deseosa por empezar aquel camino y saber dónde acabaría.


—Lo sé. Pero no me arrepiento de ello —aseguró Ulrich.

—Yo tampoco. Es más… te he preparado una sorpresita.

Al chico no le apetecían sorpresas. Le apetecía que se desnudaran y poder hacer el amor como salvajes. Pero ella ya se había incorporado. Sonriendo mientras miraba a Ulrich, empezó a quitarse la blusa. El chico no entendía lo de la sorpresa. Al fin y al cabo, se habían visto ya los cuerpos desnudos. Pero no tardó en entenderlo.

La chica no se había puesto ropa interior al uso, sino un bonito bikini de color blanco. A Ulrich le gustaba lo que veía. Demasiado tentador. Demasiado. E incontrolable cuando, de espaldas a él, Aelita se agachó para quitarse la falda, y con la clara intención de provocarlo.

—¿Te gusta, U…? Uuuuuuh —suspiró—. Ya veo que si.

Ulrich se había abalanzado a por ella, y le había plantado la cabeza entre las piernas. Le mordió con cuidado las nalgas, sin apartar la tela del bikini todavía. Sujetó a Aelita por las caderas. Ella se apoyó en el armario, sonriendo. Se había buscado un buen acompañante. Era impulsivo, pero eso estaba bien… Separó las piernas para dejar al chico tratarle así de bien, y… disfrutar de las caricias que sentía en su intimidad por la boca del chico. Maldición, sabía dónde provocarla…

—Espera… dame un respiro… —pidió Aelita, pero Ulrich llevaba demasiado rato conteniendo sus ganas. Localizó el nudo de su bikini y tiró con suavidad, deshaciéndolo. Con la prenda suelta, la lanzó hacia la cama y hundió la cabeza en condiciones entre las piernas de Aelita. Se acomodó en el suelo para degustar de su sabor prohibido. Le acarició las piernas mientras lo hacía, y Aelita se sujetó a su cabeza—. Eres el mejor… —suspiró.

La lengua de Ulrich acarició su intimidad. Paseó entre sus labios vaginales y repicó varias veces en su clítoris. La pelirrosa no podía contener sus gemidos mucho más. Se estaba deshaciendo en placer. De pronto Ulrich acompañó su lengua con un dedo travieso. No… malo… eso le gustaba aún más. Quiso pedirle que se detuviera… en realidad solo había ido porque deseaba sentirle dentro de ella, pero no podía negarse a unas sensaciones tan fuertes.

—Ul… rich… —gimoteó—. Si sigues… así… yo me… me… —no podía acabar la frase, el dedo y la lengua del alemán se movían a un ritmo que la volvía loca.

—Hazlo, princesa… —susurró este sin dar un respiro a su feroz ataque con los labios— Acaba para mi…

Sin poder contenerse más, dejó escapar un largo gemido mientras su orgasmo estallaba por fin. Ulrich no dio tregua a su lengua, asegurándose de que su chica se quedaba satisfecha. Finalmente se detuvo y sonrió mirando hacia arriba. Pero se llevó una sorpresa al ver el rostro de Aelita completamente colorado.

—A… ¿Aelita? ¿Estás bien?

—Sí…

—¿Qué ocurre? —preguntó alterado. Se escurrió desde su posición y se puso en pie—. Oye…

—Nada, de verdad, es que… sabes que siempre me había dado vergüenza —dijo ella, apoyándose sobre el chico—. Nunca habías llegado tan lejos, ya sabes.

—¿Estás enfadada?

—Estoy encantada —respondió ella—. Pero debo ahora hacer lo mismo por ti —añadió y le dio un beso en los labios antes de que protestara—. Pero me voy a poner el bikini… me lo he comprado para ti… —dijo sugerente.

—Me gusta mucho —respondió este, sonriendo por ver a la chica así vestida. Era muy erótico.

Fue a quitarse el pantalón, pero la pelirrosa le detuvo. Iba a hacerlo ella. Le desabrochó la prenda y al tirar del pantalón, Ulrich cayó sobre la cama. "Mucho más fácil así", pensó la chica mientras se ponía de rodillas ante él. Le acarició el miembro con cuidado por encima de la tela en primer lugar. Sonrió satisfecha. El castaño era de reacción rápida y su pene se irguió deprisa.

—Siempre tienes el mismo escalofrío… —comentó la pelirrosa al meter la mano por debajo de la prenda.


Aelita estaba de rodillas frente a Ulrich. El castaño estaba muy rígido, de pie en aquel dormitorio. Ninguno de los dos sabía muy bien qué estaba pasando. Solo sabían que estaban muy excitados. Ella le fue retirando el pantalón, con movimientos un poco toscos, pero él no protestaba. No había por qué, tampoco estaba sobrado en experiencia. Y su amiga se portaba muy bien.

Ella tenía curiosidad por bajarle el bóxer. Podía intuir lo que había debajo por los dibujos de la clase de anatomía, y el bulto que había ahí formado. Pero debía verlo en directo. Con cuidado tiró de la prenda y se topó de frente con aquella erección. Si hubiera podido leer la mente, sabría los miedos que en ese momento pasaban por la cabeza de Ulrich. "¿Le parecería pequeña? ¿Por qué no hacía nada?". Pero cuando su mano envolvió su pene con dulzura los dos volvieron a sonreír.


—Es que me gusta mucho —comentó Ulrich.

—¿Lo hago bien?

—Eeehhh… sí —respondió él, y apartó la mirada, muerto de la vergüenza.

—Sé que no lo has dicho en plan mal —añadió Aelita con suavidad—. En realidad, me gusta saber que te gusta.

Ulrich no dijo nada más y de pronto un calor recorrió su cuerpo. A traición ella había empezado a darle placer con la boca. Lentamente, dedicándole el tiempo necesario. Su lengua hizo círculos alrededor de su glande, y sus labios recorrían su longitud con suavidad. Apoyó los brazos sobre las piernas del chico. Era divertido. Ahí, aislados del resto del mundo, podían manifestar físicamente las ganas que tenían.

Como un gesto reflejo, enredó los dedos en los cabellos de la pelirrosa. Se arrepintió en seguida. Iba a odiarle. Pero para su sorpresa, ella se limitó a detener el trabajo de sus labios y frotó su mejilla con la mano de Ulrich. Atrapó uno de sus dedos con la boca y lo chupó suavemente antes de volver a probar el sabor de su erección. Aquello era demasiado para Ulrich.

—Aelita… voy a c… voy a c… —jadeó.

Hazlo para mi —susurró ella, y unos segundos después, percibió el sabor de Ulrich que emanaba de su pene. Su mano le ayudó a acabar hasta que le hubo liberado de su carga.

—No deberías… da igual —dijo él—. ¿En paz?

—Casi…

—¿Casi? Oh, ya entiendo —sonrió Ulrich al ver que la chica se subía sobre él.

—Oye… ¿tienes gomitas?

—… Oh, mierda.

Ulrich levantó a Aelita y abrió su armario. Con la tontería de las últimas semanas, había agotado todas sus existencias. Revisó dentro del par de calcetines viejos. Nada. Miró en el falso fondo del cajón de los gayumbos. Nada. Joder, joder, joder, ¿cómo no lo había previsto? Miró a Aelita con expresión apenada. Pero ella le sonrió.

—No pasa nada. Mira —dijo la pelirrosa, mientras rebuscaba en el bolsillo de su sudadera—. Aquí están.

Ulrich pensó que la chica se habría hecho con alguna gomita. Pero no. Le enseñaba un envoltorio de pastillas. No tardó en entenderlo.

—¿Puedo preguntar?

—Claro. Son de hace ya un tiempo. Consejo de la enfermera Yolanda, ya sabes. Aún así me dijo que era recomendable usar los preservativos siempre que se pueda.

—Oh… entiendo…

Siempre que se pueda. ¿Entiendes?

Ulrich sonrió y se levantó a por Aelita. Acercó su cuerpo al de ella, y sintieron su respectivo calor acariciándose mutuamente. El alemán llevó las manos a por las braguitas del bañador de Aelita, pero ella le detuvo.

—Me lo he comprado para ti. Me lo puedo dejar puesto y… hacerlo así —propuso—. ¿No te convence?

—No es eso, es que…

—Dime.

—Me… me… —optó por susurrarle al oído—. Me gustan tus tetas.

—Pero eso tiene solución —respondió ella con una sonrisa, y tiró suavemente hacia abajo de su prenda, liberándolas sin desatarse el cierre—. ¿Así bien?

"Por lo que más quieras, Ulrich, no la cagues con ella, no puedes perder a una tía así", pensó para sus adentros mientras volvía a besar a su amiga. Se fueron moviendo hacia la cama y Aelita se vio superada por Ulrich. No le importaba mucho. Este aprovechó para atacar sus labios, bajó por el cuello y pudo probar el sabor de aquellos senos que tanto le gustaban.

—Ulrich… por favor… lo quiero ya… —suplicó ella.

—Muy bien, princesa —susurró Ulrich.

Apartó con suavidad la tela del bikini. Pudo ver fugazmente el sexo de Aelita, a punto de unirse a él. Suavemente se deslizó en su interior. Lo primero que pensó fue que había una gran diferencia entre usar y no preservativo. Dentro de ella se sentía muy bien. Ella se mordió el labio. Nada mal.

Poco a poco empezó a moverse dentro de ella. Verla de aquella forma, semi desnuda con aquel bikini solo para seducirle le gustaba mucho. Lo bueno era que había culminado hacía poco, así que aún podía aguantar. Aelita le envolvió con los brazos alrededor del cuello, y empezó a gemir sin control.

—Si sigues gimiendo… nos van a pillar… —jadeó Ulrich.

—Pues vas… a tener… que callarme —le desafió Aelita.

Sonriendo con malicia Ulrich juntó sus labios con los de Aelita, pero su tentación por sus pechos era demasiado fuerte, así que cada vez que rompía el beso para saborear sus pezones ella gimoteaba aún más alto. "Al cuerno", pensó Ulrich. Que les pillaran. Cerró las piernas tras la cintura de Ulrich, marcando el ritmo que le gustaba. Jadeando y suspirando, ambos empezaron a acercarse al orgasmo.

—Ulrich… voy a acabar…

—Yo… también… estoy… a punto…

—¿Podemos… hacerlo… juntos…?

—Eso quiero… aguanta… aguanta…

—¡Voy a…!

—¡Aaaaaaah!

Culminaron con una diferencia de segundos. Ulrich quedó sobre Aelita, apoyando las manos sobre el colchón antes de hacerse a un lado. Aelita estaba tendida a su lado, feliz por aquello.

—¿Cansado, campeón?

—Aún no —sonrió Ulrich.

Volvieron a moverse, esta vez el chico se sentó en la silla, al lado de la ventana, y Aelita subió a horcajadas sobre él. Empezó a cabalgar encima de él, lentamente al principio. Se apoyó sobre él, mirando por la ventana. Era un plus de morbo por el peligro. Desde los patios de la academia cualquiera les podría ver. Pero estaban a suficiente distancia y nadie les estaba prestando atención. Poco a poco pudo ir aumentando el ritmo de sus caderas, ayudada por Ulrich quien la sostenía para que no se cansara demasiado. De este modo lograron alcanzar un delicioso segundo clímax.

—He estado pensando —dijo Aelita—. ¿Crees que te podrías… cansar de mi?

—¿Qué dices? —preguntó Ulrich. Ambos estaban tendidos sobre la cama. Y para ella, era más cómodo estar sin ropa en aquella situación—. ¿Cómo iba a cansarme?

—No sé… Sabes que hay cosas que aún… me dan miedo.

El alemán le había preguntado por el sexo anal, pero ella había declinado.

—Eso no importa. Me lo paso muy bien cuando hacemos esto. Eres estupenda.

—Vale. Es que… si va a ser algo duradero, me gustaría dejar de ocultárselo a nuestros amigos.

—Eh… Yo no tengo ningún problema, pero… ¿qué es lo que somos exactamente? —preguntó.

—No lo sé —reconoció Aelita—. Pero sea cual sea la palabra, no quiero ocultarme.

—Muy bien —aceptó Ulrich—. Se lo contamos cuando regresen del cine, ¿vale?

—O podemos esperar a mañana. No sea que se les indigeste la película —bromeó la pelirrosa.


¡Hola a todos! Si estás pensando que el título es una mierda, ¡tienes razón! Pero no se me ocurría otra cosa xD Y hacía poco tiempo había escrito un lemmon de estos dos, por eso pensé en experimentar en algo diferente con los flashes, sobre todo porque con la tontería muchas veces escribo siempre la primera vez de dos personajes y ya cansa xD Espero que os haya gustado y si no, pues que le vamos a hacer.

DemonElAbogadoOscuro0722: En algunos casos es mi mente... en otras son ideas que me da la gente para que las desarrolle ;) Me alegro que te gustara. ¡Un saludo!

Moon-9215: Efectivamente. Su islita particular para... "ñaca-ñaca" :P

CarlosJim04: ¡Gracias por el cumplido!

Pues con esto cierro hasta la próxima actualización. Como ya he dicho no voy siguiendo un orden concreto más allá de la inspiración. Así que poco más que añadir. Lemmon rules!