Cazados
Ulrich estaba dormitando. Había quedado a las cinco de la tarde. Ya pasaban casi diez minutos, pero no pasaba nada. Esas cosas podían ocurrir. Y más siendo como era su cita. Por eso esperaba en la cómoda silla desde donde Jeremy había controlado por tanto tiempo el súper ordenador. Desde luego, era cómoda, y muchas veces había pensado lo a gusto que debía estar ahí su amigo dirigiendo el comando desde un asiento que invitaba a echarse la siesta.
Abrió los ojos ligeramente cuando se oyó la puerta del ascensor abrirse. Sonrió al ver que por fin había llegado. Su compañía corrió a por él, pero Ulrich le pidió un momento. Sacó del bolsillo un folio garrapateado a bolígrafo, y echó un vistazo al panel de mandos.
—Esto por aquí… —dijo tecleando unas cosas—, ahora esto… y el ascensor está por fin bloqueado.
—¿Me vas a dar ya un beso o quieres que te lo suplique?
—Suplica —bromeó Ulrich.
Pero Odd atacó su boca sin piedad y Ulrich le aceptó sentado a horcajadas encima de él.
—¿Sabes que cada vez que te metes en un lío Jim te castiga y eso nos quita horas de jugar? —preguntó el alemán.
"Jugar" era la palabra con la que camuflaban el sexo. De cara a cualquier persona que les escuchase, perfectamente se podían referir al futbolín de la sala de recreo, o a algún videojuego de esos que le gustaban al rubio. La realidad, para ambos, era mucho más placentera. Claro que debían planificar los encuentros. Por las noches en la academia se podía escuchar hasta el aleteo de una mariposa en la calle de al lado. A poco que hicieran ruido les pillarían. No había zonas comunes lo bastante seguras. El laboratorio de la clase de Ciencias se cerraba con llave (y aún así, se podían arriesgar a dejar alguna prueba de sus actos; seguro que con todo aquel material les detectaban el ADN). Así que habían optado por verse en la fábrica abandonada, donde el grupo ya no frecuentaba las visitas.
—¿Qué pasa? ¿No te gustan los chicos rebeldes? —bromeó Odd.
—Me gusta un chico rebelde —respondió el otro con una risita.
Hacía algunas semanas que Odd había revelado a su grupo que esa bisexual. Y salvo alguna pregunta fuera de tono ("¿Y por qué solo le entras a las tías cuando estás ligando?") se sentía más cómodo habiendo confiado en ellos. Y puede que todo hubiera seguido como aquel día de no ser porque una noche, hablando con Ulrich, este le había preguntado "¿Qué se siente cuando besas a un chico?". La respuesta de su amigo había sido un beso directo.
—Pues que me gusta mucho —susurró cuando liberó los labios del castaño.
—Uf…
—¿Qué pasa?
—Que… a mi también me ha gustado.
—¿En serio? Creo que te has equivocado. A ver… —y volvió a besarlo.
Y del beso agradable habían pasado a las caricias agradables. Y a quitarse la ropa. Agradable. Y a un coito, agradable, en el cual solo había habido jadeos, suspiros y besos mutuos hasta que habían alcanzado un orgasmo. Y al día siguiente, cuando habían hablado, Ulrich no se veía capaz de reconocer lo que habían hecho. Odd se había encogido de hombros. Era su decisión. Pero tenía un precio. Y Ulrich lo había aceptado con sumo gusto.
—Me siento muy halagado por ello —susurró el italiano mientras disfrutaba de Ulrich besuqueando su cuello—. ¿Estabas pensando en mi mientras dormías? —preguntó mientras su mano exploraba la entrepierna de Ulrich—. Espero que sí…
—Estaba pensando en lo que podemos hacer hoy —respondió el otro en tono travieso—. ¿Sabes lo cómoda que es la silla?
Odd no entendió eso. Pero debía ser algo literal, pues Ulrich se levantó para dejarle ocupar el puesto. ¿Fantaseaba con echar una siesta? Bueno, era agradable dormir con él, pero en una cama, sin ropa. En fin, debía probarlo. Efectivamente, la silla era realmente cómoda. Y en ese momento Ulrich aprovechó para empezar a toquetear en su pantalón.
—Veo que no soy el único chico rebelde —bromeó, mientras se dejaba quitar la ropa por Ulrich. Este consiguió deshacerse de su pantalón, el cual arrojó contra una pared antes de colocarse de rodillas frente a él—. Joder, Ulrich… estás lanzadísimo… —suspiró al verse libre del calzoncillo, con la bestia liberada, y Ulrich masajeando sus piernas muy próximo a su pene para estimularle.
—¿Y eso es malo? —preguntó mientras dejaba caer hacia atrás su propia chaqueta, y de un tiró se liberó de la camiseta. A Odd le ponía muchísimo el torso desnudo de su amigo.
Sin darle tiempo a responder, empezó a masturbarle despacio. El rubio cerró los ojos y se dejó hacer. Sabía que para el castaño aquello le daba un poco de vergüenza si le miraba. Se llevó las manos a la nuca y sintió un placentero escalofrío cuando notó el calor de los labios de Ulrich alrededor de su pene. Qué bueno era aquello. Sutilmente abrió uno de los ojos, y sonrió. El alemán le miraba fijamente mientras le practicaba aquella lenta felación. Había acertado lanzándose a por él aquella noche. Con ninguna de sus amigas había conseguido llegar tan lejos.
Empezaba a sentir calor. Se deshizo de sus prendas superiores sin moverse mucho, maravillado por lo que Ulrich le estaba haciendo. Cerrando fuertemente los ojos, este devoró con más ganas la erección de Odd, jugando con su lengua por toda su longitud, besando cada centímetro cuan larga era, dedicándole unas cuidadosas caricias con los labios por sus testículos. Apoyó los brazos sobre las piernas de su amigo cuando empezó a ponerse tenso. Aquello solo podía significar una cosa. Continuó chupándosela hasta que aquel sabor le indicó que Odd estaba eyaculando.
—No te merezco… —dijo este, completamente derrotado.
Ulrich trepó por la silla para besar a Odd, y este no rehusó el beso. Sintió el sabor de sus propios fluidos, pero ¿qué importaba? No estaba tan mal. O tal vez era por el alemán, que le volvía loco. Mientras le tenía encima de él forcejeó con su pantalón, exigiendo que se lo quitara a la de ya.
—¿Mejor así? —preguntó Ulrich, que se había quitado la ropa, y ahora estaba en cuatro encima de Odd, con su erección apuntando a su amigo.
El rubio hubiera preferido girarse y permitirle que le tomase. Su cuerpo le exigía a gritos sentir a Ulrich dentro de él. Pero este le había acercado demasiado su pene como para poder ignorarlo y lamió la punta con la lengua. Justo en ese punto le dio un beso y suavemente la erección de Ulrich se iba deslizando por entre sus labios.
—¡Joder! ¿Qué estáis haciendo?
Estaban tan ensimismados por aquel momento que no se habían dado cuenta de que ya no estaban solos.
Jeremy tenía la intención de pasarse toda la tarde en la habitación, estudiando. Pero su portátil no funcionaba en condiciones. Un error con las últimas actualizaciones del sistema operativo. Así que lo había dejado reparando, y se había encaminado a la fábrica. Después de varios minutos intentando que el ascensor se moviera, desistió y bajó directamente por la trampilla que daba a la sala del súper ordenador. Y lo que menos se podía esperar encontrarse allí era a sus amigos, desnudos en su silla, unos sobre otro y…
—¡Jeremy! —exclamó Ulrich, y se echó hacia atrás. Le dolió un poco, su pene se había rozado con los dientes de Odd.
—Hola, cortarrollos —dijo Odd—. Pensaba que hoy no vendrías por aquí…
—Necesito el súper ordenador… ¿pero qué hacéis aquí?
—Pues que en Kadic no tenemos intimidad —insistió el rubio.
—Tendríamos que haber ido a The Hermitage —intentó bromear Ulrich, sin mucho atino.
—Oye, pues eso me da morbo. ¿Nos vestimos y vamos para allá? —propuso Odd.
—¡Oíd! —interrumpió Jeremy, que no le gustaba que hablasen como si él no estuviera—. Pero no me esperaba encontrarme esto… Si me lo hubiérais dicho, no os habría interrumpido.
—¡Ese es mi Jeremy! —dijo Odd—. Aceptando a sus amigos. ¡Dame un abrazo! —pidió, sin ser consciente de que seguía sin ropa. Jeremy no se movió de su puesto.
—Ya veo…
Jeremy se había quedado al final con Odd y Ulrich. Cada uno a un lado suyo, le habían explicado cómo había empezado todo aquello. Pero en aquella historia, había un detalle que al genio se le escapaba, y se sentía fatal por tener que preguntarlo.
—Pero entonces… Ulrich, ¿qué pasa con Yumi?
—Pues es una buena pregunta… —suspiró este.
—Que saldrán juntos al final —aseguró Odd. Los otros dos le miraron incrédulos—. ¿Qué pasa? Oye, si pudiera, te acaparaba para mi, pero es cuestión de tiempo que ella admita que te quiere. Y me haré elegantemente a un lado —prometió—. Pero mientras tanto, ¿qué tiene de malo en aprender un poquito?
—Eres el mejor. Que lo sepas —dijo Ulrich. Estaba bien haber podido hablar de eso.
—Bueno. Yo me voy a marchar… creo que mi portátil ya tiene que funcionar en condiciones, así que os puedo dejar… seguir a lo vuestro —concluyó este. Pero de pronto se vio retenido por sus dos amigos—. ¿Qué os pasa?
Jeremy no entendía nada. Odd le guiñaba un ojo a Ulrich. Este se lo guiñaba a Odd. Le miró. Tal vez le guiñaría el ojo a él ahora. Pero en lugar de eso, se topó con los labios de Ulrich atacando su boca. Intentó apartarse pero de pronto se vio atacado por Odd, y entre ambos le tiraron al suelo. Allí, sometido, volvió a ser besado por sus amigos. Esos cabrones… debían haberse impregnado los labios con alguna droga… no era normal que se sintiera tan bien… ni que Odd subiendo sobre su cuerpo para besarle le excitase tanto. Pero si no podía serlo, ¿por qué de pronto tenía las manos sobre el culo de su amigo?
—Odd… basta… —pidió.
—Has tardado en decirlo… ¿no te gusta? —preguntó este, mientras se bajaba del cuerpo de Jeremy. Pensó que hubiera estado mejor con su amigo desnudo.
—Ya lo creo que le ha gustado —dijo Ulrich, que se fijaba en el bulto que se había formado bajo el pantalón de su amigo.
—¡Bueno, y tú también estás así por habernos visto! —protestó Jeremy.
—Entonces sí te ha gustado. Y ahora te quiero proponer algo…
—No lo digas, Odd…
—Quiero que tengamos sexo, los tres, aquí y ahora.
—Lo has dicho…
—Ulrich, ¿a ti te apetece?
—Muchísimo —respondió Ulrich. Su curiosidad le empujaba a saber qué tal se desenvolvía Jeremy.
—Pues tú decides —concluyó Odd, mirando a Jeremy.
—Pero ¿qué es lo que queréis de mi? —preguntó, sin atreverse a mirarles directamente.
—Nada que no estés dispuesto. De verdad. La primera vez, Ulrich y yo nos dejamos llevar. Y nos fue bastante bien, ¿verdad?
—Absolutamente. Déjate querer —dijo Ulrich, sonriendo a su amigo.
Lentamente, Jeremy asintió. No sabía dónde iba a acabar aquello. Pero son un beso de Ulrich desde luego empezaba muy bien la cosa. ¿Qué estaba haciendo Odd besuqueándole el vientre? No importaba mucho. Sintió un escalofrío. Le estaban desnudando. Y sus labios no se separaban de él. Por su cuello, su costado… bajaban por sus piernas. Y de pronto…
—Chicos… esto es demasiado —suspiró. Sin quitarle el boxer, sus amigos le daban besos por toda su entrepierna. Su bulto era especialmente notable. Y ambos parecían estar pasándoselo muy bien jugando de aquella manera.
—No… Esto es demasiado —comentó Ulrich después de tirar hacia abajo de la última prenda. Disfrutó del escalofrío que sintió Jeremy al acariciarle el pene—. ¿Qué opinas, Odd?
—Es bonito —respondió, añadiendo a su mano las caricias.
Jeremy pensó que debía estar soñando. No era posible que Ulrich, su amigo, estuviera desnudo practicándole una felación. No podía estar sintiendo su lengua jugueteando con su glande. No podía estar sintiendo sus manos acariciándole la erección. No podía estar viendo a Odd atacando, lamiendo su miembro erguido, con aquella pasión. No podía ser que sintiera que el placer se acentuaba tan rápido. En el momento en que vio a sus amigos dándose un beso alrededor de su pene, se corrió.
—Lo siento —dijo, tapándose la cara, muerto de la vergüenza—. Perdonad…
—No hay nada que perdonar. Son cosas que pasan. Y no lo has hecho a propósito. Solo espero que no te hayas cansado solo con eso —dijo Odd.
Claro que no estaba cansado. Pero tampoco tenía muy claro que hacer a continuación. Aunque Odd sí lo tenía. Se tumbó bocabajo delante de él, levantando el trasero. Era una provocación clarísima. Pero con un inconveniente.
—¿Qué se supone que debo hacer? —preguntó Jeremy.
—¿Confías en mi? —dijo Ulrich.
—Claro que confío.
¿Cómo no iba a confiar en la persona que le había dado tanto placer sin pedirle nada? Ulrich le sujetó la mano, y se la llevó a la boca. Lamió los dedos de Jeremy, asegurándose de dejarlos bien lubricados, y le acercó sus propios dedos para que le hiciera lo mismo. Mutuamente se impregnaron en saliva, hasta que el alemán se detuvo y súbitamente, empezó a explorar el suave agujerito de su amigo.
—¡Ul…! —gimió este.
—Vamos, tienes que hacerle lo mismo a Odd.
Este se había dado la vuelta para deleitarse con el espectáculo, pero ahora volvía a aguardar a Jeremy de espaldas. Este empezó a imitar los movimientos que Ulrich le hacía en su culo. Sobre todo iba despacio, y los movimientos del cuerpo de Odd parecían indicar que iba por el buen camino. Poco a poco sintió que su dedo tenía más disponibilidad, y el castaño le susurró al oído:
—Ahora. Sé gentil.
Su pene se encontraba en posición. Lo situó en la entrada de su amigo, y poco a poco se lo introdujo. La sensación era increíble. Odd gimió bajo él, disfrutándolo mucho. Jeremy no tendría experiencia pero entendía lo que se le decía.
—Espero que no te importe —le susurró en ese momento Ulrich. Jeremy sintió que la erección de Ulrich se apoyaba en su culo y suavemente se fue deslizando en su interior—. ¿Te duele?
—Un poco…
—Siempre pasa al principio —dijo Odd—. Pero mejora muchísimo.
Cada vez que el alemán hacía su movimiento hacia dentro y fuera de él, entendía un poco mejor lo que había dicho el rubio. El dolor se había ido mitigando y en su lugar, una agradable sensación le recorría cada vez que le sentía entrar. O tal vez era por culpa de Odd, puesto que su culito se notaba increíble. Con cada suave empujón sentía un poco menos de resistencia por su parte. Le sujetó por la cadera como estaba haciendo el alemán con él. Y la imagen de su pene desapareciendo en el interior de su amigo le excitaba aún más.
"Si lo hubiera sabido antes", se sorprendió pensando, claro que media hora antes no se hubiera creído aquello. No era consciente en ese momento de que estaba aumentando el ritmo. Odd empezaba a jadear debajo de él, gimoteando su nombre. Ulrich conocía bien el cuerpo del rubio y sujetó levemente a Jeremy.
—Más despacio —le susurró al oído—. Deja que se acostumbre del todo a ti —y le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
Jeremy no tardó en entender a lo que se refería su amigo (y le volvía loco notarle abrazando todo su cuerpo). Ya no se topaba con resistencia por parte de Odd, su erección se deslizaba por completo dentro y fuera de él. Ulrich le volvió a sujetar la cadera, y en ese momento fue consciente de que su propio cuerpo no oponía fuerza a las embestidas de Ulrich. Se movieron casi en perfecta sincronía, aumentando el ritmo. Y en ese momento eyaculó. La sensación fue mucho mejor que cuando sus amigos le habían dado sexo oral. Escuchó a Odd gemir pero entonces notó que el alemán también se corría. Se derritió ante tal sensación.
—¿Qué tal te encuentras? —preguntó Ulrich a su derrotado amigo.
—Increíblemente bien —admitió este—. Odd… ¿a ti te ha gustado?
—Muchísimo —respondió—. Y sigo con fuerzas —insinuó.
Aunque no necesitaba decirlo dos veces. No era el único con ganas de más. Y para sorpresa de Jeremy, Ulrich estaba bocarriba para él, aguardándole. Jeremy se acercó, despacio. Sabía lo que tenía que hacer. Empezó a dilatarlo con cuidado mientras este se entretenía intercambiando saliva con Odd. Verles así jugando le ponía mucho, y situó su pene en posición. El rubio sujetó al alemán, sabía que su cuerpo reaccionaba nervioso cuando le penetraban. Ulrich le sonrió. Y gimió al sentir la erección de Jeremy deslizándose suavemente dentro de él.
Se movía lento, lo que permitía al castaño acostumbrarse a la sensación y su cuerpo reaccionaba bien. Poco a poco se fue acostumbrando a sentirle dentro y Odd le liberó. Se acercó a Jeremy y se besaron con lascivia. Al italiano le encantaba ver a Ulrich en aquella posición.
—Quiero que hagas algo por mi —le susurró.
Jeremy lo aceptó en seguida. Pensando que deberían haberle invitado a probar aquello mucho antes, Odd se levantó. Se quedó inmóvil, todo dependería de Jeremy. Y este le dio un beso en la punta del pene, y poco a poco se lo fue introduciendo en la boca. Le gustó. El italiano sonrió y mantuvo sus manos a la espalda. Sabía que no debía imponerse a su amigo. Y por lo que le estaba haciendo, tampoco hacía falta. Se sentía muy bien. Se la lamía por instinto ("¡Y qué buen instinto!"), y le estaba haciendo maravillas.
Jeremy se movía de forma natural, sus caderas reaccionaban a la perfección con los movimientos del cuerpo de Ulrich (que cada vez gemía más alto) al tiempo que seguía chupando el miembro de Odd. No sabía cuánto rato llevaba así, solo supo que de pronto, vio que el cuerpo del rubio se tensaba, su pene se endurecía un poco más, y eyaculó en ese momento. Fue tan repentino que él mismo culminó, provocando los gemidos más suaves por parte de Ulrich.
—¿Estás bien? —preguntó Odd—. Ha sido muy rápido, yo…
—Tranquilo. Estamos en paz —dijo Jeremy. Tardaría un poco en darse cuenta de que, en realidad, le había encantado—. ¿Tú bien?
—De maravilla —aseguró el castaño.
Pero Jeremy empezaba a cansarse. No del sexo, pero sí de estar activo. Por lo que Odd tomó posición entre sus piernas y deslizó su erección dentro de él. El chico gimió al volver a sentirse penetrado. Tumbado en el suelo como estaba, apoyó la cabeza en las piernas de Ulrich. Y ver su pene tan cerca resultaba tentador. Miró a su amigo, como si le pidiera permiso. Este sonrió cuando le vio empezar a lamérselo. Para Jeremy aquello era mucho. Sentía su cabeza nublarse mientras recibía en su interior el miembro de Odd mientras deleitaba a Ulrich con la boca.
—Joder, Jeremy… me encanta —gimió Ulrich.
—Es muy bueno. Merece que le tratemos bien —comentó Odd mientras su pene entraba y salía de su amigo. Llevó su mano a la endurecida erección de Jeremy y le masturbó con cariño mientras seguía empujando sus caderas hasta que su cuerpo reaccionó por última vez, eyaculando al tiempo que este lo hacía sobre su mano. Pero Jeremy no iba a dejar a Ulrich a medias y continuó lamiendo su pene hasta que logró que se corriera.
—Chicos… esto ha sido genial, pero yo tengo que hacer cosas…
—¿Cosas como esta?
Los tres seguían jugando por el suelo de la fábrica, estaban cansados para tener más sexo pero eso no impedía a Odd y Ulrich atacar a Jeremy con su boca por todo su cuerpo. Este, incapaz de librarse de ellos, disfrutaba de los dos besuqueando su cuello. Pero al final logró imponerse.
—Está bien. Vamos a volver —dijo Odd, aceptando la derrota.
—Pero que sepas una cosa. Puedes venir a vernos siempre que quieras —añadió Ulrich, guiñándole un ojo a Jeremy—. Tío bueno.
—Que tonto eres —dijo este, aunque se había puesto rojo—. Pero… muchas gracias, de verdad. Lo de hoy me ha venido bien.
Salieron los tres de allí, y se encaminaron de vuelta a Kadic. En la planta de sus dormitorios se separaron, y finalmente, Odd y Ulrich regresaron a su cuarto. Allí, el rubio se vio envuelto entre los brazos de Ulrich.
—¿Aún tienes ganas de más? —preguntó.
—Sí. Pero aparte… Lo que has dicho sobre Yumi… —empezó Ulrich—. Has supuesto mucho… no sé por qué debería preferirla a ella…
—Bueno… si me lo dices así —tembló Odd al sentir que la mano de Ulrich se escurría dentro de su pantalón—, podríamos replantearlo...
¡Hola a todo el mundo! Ya iba tocando actualizar este recopilatorio ;) Espero que os haya gustado. Ya van quedando pocos lemmon que escribir. Revisando las notas, este recopilatorio cerrará con el 106 ;) Que no es mal número y desde 2013 que lo llevo publicando, no es mal momento para ir poniéndole el punto final.
Moon-9215: ¡Gracias! Y sí, seguro que les da un ataque, pero... que no se hubieran ido con otras personas :P
Guest: ¡Muchas gracias! Me anoto la idea ;)
Lo dicho. Con esto, queda cerrado el cupo de peticiones para más lemmon. Hay que ir pensando en otros proyectos así que hay que ir cerrando este ;) Espero que sigáis leyendo hasta el final con el especial que estoy pensando ;) Lemmon rules!
