Castigado
La última broma que había provocado Odd había ido demasiado lejos. El problema no era tanto ese, sino que él ni quiera había sido el culpable. Había descubierto a Hervé y Nicholas metiendo la bomba fétida en el laboratorio, pero a él le habían pillado en la escena del crimen, y a los otros dos no. Y además, ellos contaban con Sissi de su parte, y como hija del director, tenía a ser creída con más frecuencia que los demás.
—Toda la tarde de castigo —había dicho Jim—. Te espero en la biblioteca y más te vale no llegar tarde.
—Ahí estaré, Jim —respondió Odd, y apenas se alejó, gritó—. ¡Serán cabrones! ¡Esta me la pagan! ¡Lo juro!
—Odd, cálmate… —dijo Jeremy.
—¡No me sale de los…! Perdona. No es por ti, es que… míralos, ahí descojonandose… ¡Es…! —Aelita le tapó la boca, y el "Estáis muertos" que les iba a dedicar se perdió—. Mmm, has tocado chocolate —comentó al verse liberado.
—Cochino —protestó la pelirrosa limpiándose la mano.
—Ya pensaremos en algo para vengarnos de ellos. Pero lo mejor ahora es que no tardes en ir a la biblioteca —le dijo Ulrich—. ¿Te veo por la noche?
—Por la noche pienso asaltar la despensa como un T-Rex —bromeó el rubio mientras se echaba la mochila al hombro y salía de allí. Escuchó una carcajada con el irritante timbre de voz de Hervé, pero se contuvo. No quería que la tarde de castigo se convirtiera en una semana, o un mes.
Andó a paso cansino hasta la biblioteca. Genial, además estaba solo. Cosa que no era de extrañar, hacía un día fuera demasiado bueno como para desaprovecharlo. La única persona en la sala era Jim, que estaba, como siempre, cumpliendo sus funciones de vigilante leyendo una revista.
Apenas levantó la vista cuando el chico entró. Odd buscó un sitio estratégico, para ver de frente a Jim y estar atento a sus movimientos. De la mochila sacó unos folios, el bolígrafo, y el libro de biología que tenía cuidadosamente preparado. Ya que iba a pasarse horas confinado, por lo menos pasárselo bien. Asegurándose de que el profesor no levantaba la vista, se preparó para disfrutar de su lectura.
Entre las páginas del libro de biología había escondido una revista erótica. Tenía sus contactos para encontrar aquel material. Recordó, intentando no reírse, el día que había pillado a Ulrich mirando una de aquellas revistas, que alegó que había encontrado "por error". Y sí, por error la encuentras, no te la quedas mirando.
La verdad es que aquellas modelos estaban muy buenas. De vez en cuando se tenía que recordar a si mismo hacer algún garabato en los papeles para no levantar sospechas. Además seguían solos en la sala.
Su mente se perdió con una actriz realmente espectacular. Vestida de doncella francesa. "Que vivan los disfraces", pensó mientras posaba la mirada, lentamente, en cada imagen, cada vez con menos ropa hasta poder ver su… Mierda, se le estaban subiendo los colores, debía disimular… Tal vez un vistazo rápido al libro en serio…
—¡Della Robbia! —tronó una voz a su espalda.
Temblando, se dio la vuelta. Tan concentrado estaba en su revista que no se había dado cuenta de que Jim se había levantado para vigilarle. Y ahora estaba tras él, observando claramente la imagen de aquella mujer tendida en la cama. Por instinto, movió las páginas del libro a una aleatoria.
—¡Ji-Jim! Estaba estudiando, ¿qué ocurre?
—¡No creas que soy tan tonto! —bramó el profesor. Le quitó el libro y dejó que la revista cayera sobre la mesa—. ¿Se puede saber qué haces mirando esas cosas?
—¡Ha sido por error! ¡Se la estoy guardando a un amigo! —intentó defenderse el rubio.
—¡No me digas! ¡Pues a ese amigo se lo vamos a ir a presentar al director con esa revista!
—¡Espera! —pidió Odd.
No supo por qué hizo lo que hizo. Qué extraño mecanismo de protección le llevó a ello. Pero de pronto se dio cuenta de que había saltado a por Jim, y que sus labios se habían juntado. Se aferró a él, lo que fuera con tal de evitar que se moviera. Claro, así se estaba quieto… ¿qué tenía en los labios? Era un sabor extraño… Y de pronto se vio sujeto por los brazos del profesor.
—… Jim… —jadeó sin apenas separar los labios de él.
—Della Robbia… eres un travieso… —respondió él.
—¿Me vas a castigar? —preguntó él. No sabía por qué se lo había preguntado, ni por qué sonreía. Solo sabía que un calor recorrió su cuerpo cuando Jim le besó con más pasión. Sintió su lengua dominando a la suya, y antes de darse cuenta, estaba tendido de espaldas sobre la mesa. Jim apartó con el brazo los libros y los folios, y despojó a Odd de su camiseta. ¿Por qué le volvía loco su boca recorriendo todo su cuerpo? Si aquello estaba mal…
—Voy a castigarte, Della Robbia —susurró Jim. De pronto su tono de voz se había tornado más sensual y a Odd le recorrió un escalofrío—. No puedes ver esas revistas… —añadió recorriéndole los labios con un dedo, momento que aprovechó el rubio para chupárselo—. Eres muy malo…
—Soy muy malo… Merezco un castigo… —susurró él, deseoso por continuar. El fuego en su interior no hacía más que avivarse.
Sintió algo presionando en su entrepierna. Las manos de Jim le abrían la cremallera. Y con un tirón le quitó la prenda. Le acarició las nalgas por encima del boxer, apoyando su punto álgido sobre el de Odd. Aún había mucha ropa de por medio, pero al rubio le estaba excitando. De pronto notó algo de frío. Le había quitado su última prenda. Cerró los ojos, no sabía qué iba a pasar, pero se sentía preparado.
Y de pronto un calor le recorrió el cuerpo. No se lo creía. Jim le estaba dando sexo oral. Y era muy bueno. Tenía las manos bajo sus glúteos, acariciándoselas con un delicioso cuidado. Que maravilla de profesor… Le podría dar más lecciones así. Sintió que los gemidos escapaban por su boca sin poder evitarlo. Si alguien entraba en ese momento en la biblioteca podrían tener un problema… pero nadie entraba y podían continuar tranquilamente.
La lengua de Jim recorría su erección y luego se entretenía sobre su glande, disfrutando del sabor del líquido preseminal que empezaba a emanar. Parecía que al profesor se le estaba yendo de las manos su propia excitación. Aumentó el ritmo de aquella felación, dispuesto a hacerle acabar. Algo que no iba a ser muy complicado. El cuerpo de Odd se tensaba, se revolvía, se volvía a tensar. Conocía aquellas reacciones y finalmente consiguió hacer que eyaculase.
Pero no le dio un respiro al chico. Este se vio con las piernas alzadas al aire y la misma sensación caliente que había tenido en su pene le empezó a recorrer hacia abajo, por el perineo, hasta llegar a su agujerito. La lengua de Jim empezó a jugar en aquel punto, y el rubio se aferró a la mesa, derretido por el placer. Joder, aquello era demasiado. Las manos de Jim ahora se ocupaban de mantenerle estimulado, ejerciendo una breve presión en su pene y sus testículo. Aquello no podía ser. Su cuerpo empezaba a reclamar más. Quería llegar hasta el final con Jim.
Sonrió con malicia cuando le vio ponerse en pie. El profesor se había despejado de su pantalón, y de su boxer, mostrando su poderosa erección apuntando hacia él. Demonios… estaba muy bien dotado. Pero antes de darse cuenta, Jim volvía a besarle mientras dilataba su culito con los dedos, suavemente. Estaba claramente en una posición superior. El rubio estaba rendido. Solo deseaba sentirle dentro de él.
—Por favor… —suplicó.
—¿Seguro? —preguntó Jim
—Seguro —respondió Odd, instándole a que también se quitara la parte superior del chándal—. Quiero hacerlo…
Jim se incorporó y dejó que la chaqueta cayera al suelo. Se despojó de su camiseta, y a Odd le gustó lo que veía. Y lo que sentía. El calor que emanaba su cuerpo, las manos de Jim en su cintura, la sensación de su pene presionando contra su agujerito y con un suave movimiento le sintió entrar en su interior. Y otro suave movimiento y le sintió más profundo. Y un poco más y suspiró. Estaba alcanzando su punto G. Jadeó fuertemente, aquella sensación era la mejor que había sentido nunca.
Pero de pronto no sabía cuál sensación era más deliciosa. Si cada vez que Jim retrocedía y podía sentir su pene deslizándose dentro de él, o cuando avanzaba y su erección alcanzaba aquel punto tan delicioso que le iba a hacer perder la cabeza. El profesor se abalanzó sobre él, rodeándole con sus fuertes brazos mientras le penetraba una y otra vez. Sus lenguas se toparon en la danza de la pasión, y los dedos de Jim se enredaron en el cabello de Odd. Sin darse cuenta, este había rodeado la cintura del grandullón con sus piernas, ansioso por continuar. Aquello era maravilloso. Su pene seguía erecto. No… no podía culminar solo por eso, ¿verdad? O eso pensaba pero su mente cada vez se sentía más cerca del orgasmo… Un poco más… Jim volvía a alcanzar su punto G, y sintió cómo culminaba en ese momento y su cuerpo reaccionó con un maravilloso clímax.
—Della Robbia… lo siento mucho —susurró Jim.
—¿El qué, grandullón? —preguntó este.
El profesor, a quien se le había pasado el calentón del momento, estaba sentado en la silla que Odd había ocupado durante el"estudio". Seguía sin ropa, y el rubio se había sentado sobre sus piernas. Este seguía excitado.
—No deberíamos haber hecho esto… soy un adulto, está mal…
—¿Mal? A mi me ha parecido maravilloso —respondió Odd, probando a lamer el cuerpo de Jim. Este no se lo impidió.
—No, no debemos… Escucha, te levanto el castigo. De verdad. Haré lo que quieras. Pero nadie se puede enterar de lo que ha pasado aquí…
—Así que… ¿harás lo que yo quiera? —preguntó Odd, con una sonrisa traviesa.
—Lo que sea…
—Me alegro…
Pero cualquier escenario de humillación posible que hubiera cruzado la mente de Jim se vio disipado cuando, siguiendo sus indicaciones, se tumbó en el suelo. Odd aprovechó ese momento para montar encima de él, apuntando con su pene a la cara del profesor, mientras él mismo se situaba cerca de la erección e este. Empezó a lamerla, despacio. Era la primera vez que lo hacía. No estaba mal, no estaba mal… Suspiró cuando Jim empezó a lamer su pene a la vez. Muy bien, le gustaba eso.
Sintió los dedos de Jim jugando con su trasero. Así que le había gustado… perfecto porque tenía intención de repetir en cuanto pudiera. Dejó que le dilatara con cuidado mientras él disfrutaba del curioso sabor del profesor, palpando su erección y sus testículos mientras lo había. Debía volverlas loquitas… "Pues lo siento, ahora es mío", se sorprendió pensando. Se excitó pensando en aquello. Sintió que su erección se endurecía un poco más, y el miembro de Jim respondió de la misma manera.
No supo cuánto rato estuvieron así, pero su cuerpo empezaba a pedir culminar. Lo cual con la técnica de Jim no iba a ser difícil. Y conocía muy bien las reacciones del momento como para saber que este estaba también a punto de acabar. Sin darse cuenta ninguno, aumentaron el ritmo, en una competición por lograr ser quien hiciera acabar al otro primero. Pero Odd jugaba en desventaja, y en el momento en que Jim le deslizó un dedo travieso, sintió que su pene estallaba en el orgasmo, solo para unos segundos después recibir el clímax de este en la boca. Era la primera vez que probaba aquel sabor. No podía compararlo a nada que hubiera probado antes, pero… no le disgustaba.
—Has hecho trampas —protestó Odd—. Por culpa de tu dedo…
—Culpable —bromeó Jim—. ¿Vas a enfadarte por eso?
—Solo si no me compensas…
Jim pensaba compensarle. Pero a pesar de que se lo había ofrecido, Odd declinó. Necesitaba volver a sentirle dentro de él. Con mucho cuidado se situó tras el rubio, que le aguardaba en cuatro, con las piernas separadas, esperando a recibirle. Tembló cuando le notó acariciarle los muslos. Su cuerpo reaccionaba de maravilla con los cuidados del profesor. Suspiró al sentirle tocando su delicada entrada, y con el cuidado que merecía se deslizó en su interior.
Tanto sexo seguido había dilatado muy bien el interior de Odd. Aún así Jim no se movía bruscamente. Era delicado en sus movimientos. Sujetó al joven por las caderas y continuó su movimiento de penetración. Odd sentía su cuerpo estallar cada vez que le sentía en contacto con su punto G. Gemía sin control ninguno, para excitación de Jim, que adoraba los sonidos que hacía. Aumentó el ritmo un poco, y el timbre del rubio se volvió más agudo.
—¿Te duele? —preguntó.
—No… Me encanta… —gimoteó el rubio—. Sigue… me gusta mucho…
—Della Robbia…
—Jim…
Gimiendo sin parar la velocidad fue en aumento. Odd sabía que su cuerpo iba a estallar con un buen orgasmo, el mejor de toda la tarde. Al igual que el que iba a sentir el grandullón, perdido por la lujuria del cuerpo del rubio. Sus cuerpos se habían acostumbrado mutuamente al del otro, totalmente compatibles, y se acompañaban poco a poco al delicioso final.
Odd sintió al cuerpo de Jim tensarse una, dos, cinco veces y supo perfectamente que había llegado al final. Aquello dinamitó su propio orgasmo, potente y delicioso. Se dejó caer hacia atrás, sin liberar el pene de Jim para volver a juntar sus labios con los de él.
—Della Robbia… —susurró Jim. Se habían acostado en el suelo y tenía al joven tumbado sobre él.
—Dime.
—Lo que ha pasado hoy… no cambia nada. Sigo siendo tu profesor y sigues siendo mi alumno.
—Y tendremos nuestras diferencias y tendrás que castigarme otras veces, lo sé —respondió este—. Solo espero que fuera de ese rol de alumno y maestro… podamos seguir viéndonos.
—Me puedo meter en un lío.
—Yo no pienso contárselo a nadie. ¿Y tú?
¡Hola a todo el mundo!
Sí, este lemmon es sensiblemente más corto. También es cierto que he ido mucho más al grano que en otros en los cuales me tomaba un rato antes de que entrasen en acción ;) Este ha sido el one-shot número 99... Y aunque el último no va a ser el 100, tampoco anda mucho más lejos ;) Tengo dos proyectos de este fandom en mente, uno con lemmon y otro algo totalmente diferente a lo que he escrito hasta ahora. Puede ser ser muy bueno, o una bazofia... El tiempo lo dirá ;)
Moon-9215: ¡Muchas gracias! Espero que este te haya gustado también
BH: ¡Gracias! Admito la sugerencia porque como idea la veo original ;)
Con esto me despido hasta el siguiente. Lemmon rules!
