Coach

Jim Morales no sabía cómo se había metido en aquel jaleo.

Todo había empezado aquel día, cuando había tenido que reunir a sus alumnos para darles la clase sobre educación sexual. Recaía en él la tarea porque era el profesor más cercano a los alumnos, pero él lo pasaba muy mal. Solían tomárselo bastante a risas, y al final consistía casi más en una hora de decir cosas que no debía que en lugar de enseñarles en condiciones. Al menos, ese año la señora Hertz había decidido echarle una mano, y los alumnos no habían sido tan malos. Y, para su sorpresa, cuando le dejaban hablar, se expresaba mejor de lo que pensaba y podía explicar bien las cosas.

—Buen trabajo, Jim —dijo la señora Hertz mientras los alumnos iban abandonando el gimnasio—. Sabía que debíamos contar contigo para esto.

—Gra-Gracias —respondió él, que aún estaba gratamente sorprendido por el resultado. Si la memoria no le fallaba, era la primera vez que no había risas cuando hablaba del preservativo—. Aunque ha sido raro cuando le he tenido que poner la gomita al plátano…

—Y lo has hecho aguantando la tensión —sonrió Hertz—. ¡Hasta luego! —y se marchó de allí.

Jim empezó a recoger las colchonetas y en ese momento se dio cuenta de algo. Jeremy Belpois había regresado y le misaba inquisitivo.

—Belpois, ¿qué haces aquí? No me digas que quieres una clase de educación física para ti solo —comentó Jim mientras tiraba de un lote de cuatro colchonetas a la vez.

—No, no es eso, Jim. ¿Estamos solos? —preguntó el rubio. Desde luego, parecía nervioso.

—Sí, se han marchado todos… Espera. ¿No me digas que tienes alguna duda sobre lo que hemos hablado hoy en clase?

Jeremy desvió la mirada. Jim suspiró y se apoyó contra una de las espalderas. Demonios, no. No podía tener una charla de tú a tu con el joven sobre ese tema. Necesitaba las notas, tener anotadas las frases que decirle. No podía salirse de su discurso, sobre todo porque él no tenía discurso. Y cuando pensaba que el tema se podía quedar ahí, Jeremy habló.

—Jim, necesito tu ayuda. ¿Puedes venir esta tarde a este sitio? —pidió, y le tendió un papel—. Pon esas coordenadas en el Google Maps y llegarás bien. Te espero sobre las cinco.

Y se marchó de allí sin decir una palabra más.

Jim no sabía que hacer. Lo más prudente sería ignorar la petición de su alumno. Habían hablado de muchas cosas, o más bien, les había explicado muchas cosas. A lo mejor el chico no era "normativo". Sería algo muy duro si no le ayudara. De modo que calculó el tiempo que tardaría en llegar y se encaminó para allá poco antes de la hora acordada.

No entendía que hacía en aquella casa que tenía pinta de estar a punto de caerse por solo mirarla. De hecho, estornudó y pensó que se derrumbaba el muro. Pero no, era solo que él tosía muy fuerte. Se preguntó si habría alguien. Lo mismo era una broma de Jeremy y su grupo. Pero parecía preocupado de verdad. Llamó a la puerta, y aguardó.

—Jim —saludó Jeremy. Sonrió tímidamente—. Gracias por venir. Entra.

—Belpois, esto es muy irregular —dijo el profesor, entrando en la casa—. ¿Qué es lo que?

—Hola, Jim —saludó otra voz. Era Aelita Stones—. Sígueme, por favor.

El profesor, sin entender nada, siguió a su alumna, y por las pisadas supo que Jim iba tras ellos. Entraron en una sala que debía ser el salón. O lo fue en tiempos mejores, en ese momento se reducía a una amplia estancia, una estantería que había conocido tiempos mejores (pues los estantes estaban la mitad partidos) y un sofá que, claramente, había sido limpiado con esmero. Tomó asiento, como la parejita le indicó.

—¿Hace cuánto nos conocemos, Jim? —preguntó Aelita de pronto.

—Pues… ¿llegaste a Kadic hace cuatro años? —intentó recordar Jim.

—Así es. Y eres el mejor profesor que hemos tenido. Contigo hay más confianza que con ningún otro profesor. Necesitamos tu ayuda.

—Aelita y yo hemos hecho dos años hace poco —continuó Jeremy—. Y pensamos que sería un buen momento de… probar a tener relaciones.

—No sé por qué me contáis esto… —dijo Jim, claramente incómodo y con toda la intención de marcharse.

—Porque… aunque tenemos clara la mecánica, no tenemos muy claro cómo… hacerlo —dijo—. No sé si me explico…

—Te explicas muy bien, pero yo no soy quien debe ayudaros con eso —atajó Jim

—¿Por qué no? —preguntó Aelita, sin entender.

—¡Porque sois críos! —bramó Jim—. ¡No puedo estar con vosotros mientras… no! —dijo, sin ser capaz de acabar la frase.

—Jim… vamos por partes. Lo primero, no somos niños. Tenemos dieciséis años, y estamos a punto de hacer los diecisiete. Si consentimos, no es ilegal… y tampoco te estamos pidiendo que tengas sexo con nosotros. Solo que nos ayudes —dijo Aelita.

—Es importante para nosotros. Y no podemos confiar en nadie más.

—¿Cómo que no? Se… Se rumorea por los pasillos que Stern e Ishiyama han tenido relaciones. Y no os digo lo que se dice de Della Robbia —gruñó Jim. No le gustaba enterarse de los cotilleos de los alumnos y menos de esa índole. Sabía que las habladurías nunca llevaban nada bueno para los apuntados—. ¿Ellos no os pueden ayudar?

—Nos da vergüenza. Aunque sean nuestros amigos… no creo que lo entiendan —dijo Aelita—. Y prefiero alguien más experimentado…

Por lo que Aelita y Jeremy sabían, las primeras veces de sus amigos no se podían calificar de éxito retundo. Pero eso tampoco iban a compartirlo con Jim. Solo un adulto como él les proporcionaba la confianza suficiente para ello. Este casi apartó la mano cuando Aelita se la sujetó, pero ella insistió. Sus ojos parecían suplicantes.

—Por dios, bajad esas persianas. Y acabemos cuanto antes —dijo Jim, como modo de aceptar la petición—. Y dejad de sonreír.

—¿Por qué? Vamos a poder manifestar nuestro amor. Somos felices —respondió Jeremy mientras bajaban las persianas, de modo que solo una luz tenue entraba en la sala. Suficiente para poder verse, pero evitando así que Jim se pusiera en evidencia—. ¿Qué hacemos?

—Os recomendaría primero quitaros la ropa —respondió el profesor, mirando hacia otro lado—. Si no lo habéis hecho ya. Así os podéis ver y saber qué sal reaccionan vuestros cuerpos… No, así no. Mutuamente —les dijo.

Aunque su tono de voz era lo menos erótico que podían escuchar en ese momento, ya que se notaba que no estaba cómodo, Jeremy empezó a quitarle la ropa a Aelita suavemente.

—¡Pero bésala!

—Jim… De verdad. Relájate —dijo Jeremy—. Nos es difícil ponernos en situación si nos hablas así.

—Ah, ¿y que esté yo delante no os corta el rollo?

—No —respondió Aelita.

Jim no supo qué responder a tan escueta palabra, de modo que continuó observando cómo Jeremy besaba a Aelita mientras le subía el suéter. Luego le desabrochaba la falda. Dejando la ropa interior hasta el final, buena técnica. Y la pelirrosa le empezó a quitar la ropa a Jim. A este no se le escapó que la joven tenía buen cuerpo… pero en qué estaba pensando. No es que pudiera ser su hija, pero él les duplicaba la edad.

—¿Qué tal? —preguntó Aelita, abrazada a Jeremy, ambos solo cubiertos por la ropa interior.

—Es agradable —respondió él.

—Vale. Muy despacio, termina de quitarle la ropa —indicó el profesor.

Jeremy intentó abrir el sujetador de su novia. Le costó un poco. Y escuchó a Jim indicarle que se lo tomara con calma. De modo que respiró con tranquilidad y volvió a intentarlo. Tenía truco, al parecer. Cuando lo logró, dejaron la prenda caer al suelo. Aelita se reclinó ligeramente hacia atrás, permitiendo al chico (y a Jim) contemplar sus senos. Jeremy se sonrojó. Ya los había visto, en una ocasión anterior, pero habían optado por reservarse para otra ocasión.

Por su parte, Jim volvía a estar incómodo. Aelita era una joven muy bonita, sin duda. ¿Acaso había sentido una pizca de envidia hacia Jeremy? No, eso no podía ser. Eran sus alumnos. Y él les iba a ayudar a poder tener sexo, de forma sana. Les señaló como quitarse la ropa interior, de forma que ambos quedaron completamente desnudos.

—Ahora os debéis tocar mutuamente. Id despacio. Empezad por el cuello —les explicó. Era como a él le gustaba—, y bajad muy despacio. El juego previo es importante.

Les observó. ¿Por qué los dos sonreían? No podía ser que se sintieran cómodos. Pero así parecía. Podía ver las manos de Jeremy resbalando suavemente por el cuerpo de Aelita, bajando por los hombros a por sus pechos.

—Espera, Jeremy —dijo Aelita—. Vamos a girarnos un poco… ¿Mejor así? —preguntó a Jim. Antes el cuerpo de Jeremy tapaba un poco el de Aelita. Ahora les podía ver frente a frente. Se sorprendió al ver el pene de Jeremy, que empezaba a erguirse. Jamás lo hubiera pensado de él. "Porque no es asunto tuyo cómo la tiene", dijo una voz. "Aunque seguro que a Aelita le gusta", dijo otra voz.

—Seguid —les señaló Jim, suavizando el tono de su voz. No iba a romperles el momento. En seguida se supo que a Jeremy le gustaban los senos de Aelita, porque se entretuvo en ellos un rato. Y Aelita seguía el movimiento de sus manos, de modo que se entretuvo en sus pectorales hasta que Jeremy continuó explorando el camino. Vio las manos de Aelita envolviendo el pene del rubio mientras él ponía la mano sobre el sexo de Aelita—. Espera, Jeremy —dijo, incorporándose—. Lámete el dedo primero —le indicó al oído—. Así es mejor. Ahora puedes introducirlo suavemente…

Jeremy así lo hizo y Aelita tembló. Había sido un poco brusco.

—Perdona…

—Tranquilo…

—Más despacio… deja la mano muerta —le indicó Jim, sin saber por qué. Tomó la mano de Jeremy, le aisló el dedo que tenía húmedo, y puso entre los labios vaginales de Aelita, sin forzar la penetración. Lo recorrió suavemente de abajo hacia arriba y luego hacia abajo otra vez—. ¿Ves como le gusta?

Aelita había cerrado los ojos. Y Jim se había percatado de que el dedo de Jeremy ahora estaba más húmedo, señal positiva de la excitación de Aelita. Apartó su mano, permitiendo a Jeremy continuar por su cuenta.

El chico se movía suave. Volvió a humedecerse el dedo cuantas veces necesitó para dar placer a Aelita, mientras ella jugaba con su erección. Apartó la mano un momento, sorprendida. El pene de Jeremy también se había mojado. Jim, que había prestado atención, lo había visto.

—Espero que tengas preservativos, Belpois… es obvio que estás preparado —comentó Jim—. Y tu chica también —dijo, mirando lo húmedo que estaba el sexo de Aelita. Sus discrepancias habían caído a un segundo o tercer plano y en ese momento solo le interesaba que se les diera bien.

Por toda respuesta, sacaron de debajo del sofá una caja de preservativos. Jeremy sacó uno de los envoltorios y lo abrió.

—Veo que has atendido sobre la colocación… más despacio —le indicó.

—Bufff. Está complicado —dijo Jeremy, que no conseguía que el látex rodase más abajo del prepucio—. Aaahora —suspiró—. ¿Por qué mancha tanto?

—Cuanto más lubricante, más ayuda —respondió Jim—. Y creo que lo mejor es que te sientes.

Así lo hizo Jeremy, guiándose siempre por las palabras de Jim.

—Ahora, Aelita, ponte encima de él —añadió, y la pelirrosa obedeció—. Ahora, toma su pene, y dirígelo a… ya sabes —no quería decir la palabra—. ¿Bien? —preguntó.

—Eso creo… —dijo Aelita, aunque no parecía muy convencida.

—Espera.

Jim no era consciente de que se había puesto detrás de Aelita y le sujetaba las caderas. El pene de Jeremy tocaba justo la entrada a su vagina. Si se dejaba caer muy rápido podía dolerle. Pero su profesor la asía con fuerza. Sintió que sus piernas flaqueaban, pero fue despacio. La erección de su novio entraba dentro de ella. Suavemente, pero era capaz de notarla. Sonrió. Dejó que sis piernas resbalaran un poco más y Jim ayudó a que su cuerpo cayera. Se sintió finalmente complementada con Jeremy.

Jim se echó hacia un lado, pero su mirada no podía apartarse de aquellos jóvenes haciendo el amor. Se movían muy despacio. Pero o mucho se equivocaba, o Jeremy iba a finalizar mucho antes que ella. No le iba a culpar. Si en su primera vez también había ocurrido. Pero por lo pronto les veía disfrutando. Aelita subía y bajaba, y las manos de Jeremy la auxiliaban, sujetándole las nalgas.

—Amor… me gusta —dijo Aelita entre jadeos—. Esto se siente muy bien…

—A mi… también… me gusta —respondió él, intentando concentrarse. No quería acabar rápido, pero su cuerpo no podía evitarlo—. Te quiero…

—Jeremy —Aelita agachó la cabeza para besar a su novio. Sus lenguas se encontraron y se acariciaron mutuamente. Pero Jeremy no podía aguantar mucho más, y eyaculó dentro del preservativo—. Jeremy… —dijo la chica, que no había logrado terminar.

—Perdona… ¿tú has…? —quiso saber.

—El orgasmo de una mujer no es tan rápido —dijo Jim—. Vamos, Belpois, que aún no has acabado. ¡Quítate la gomita, rápido!

Aelita se echó al sofá y Jeremy se quitó el condón. Por lo menos había aprendido de las indicaciones de Jim en la clase de educación sexual y tras hacer el nudo, lo echó al suelo.

—¡Ahora, mete la cabeza entre sus piernas! —le indicó mientras se acercaba a ellos y se sentaba en el suelo—. No pasa nada por lo que has hecho. Solo tienes que ayudarla a acabar también. Así que demuéstrale cómo puedes usar esa lengua.

—La lengua… —dijo Jeremy.

—Sí, la lengua —apremió Jim.

—Pero, ¿cómo…? —en la clase de educación sexual solo habían mencionado el sexo oral. Obviamente no iban a entrar en la técnica.

—Así —le indicó Jim.

No era consciente en ese momento de lo que hacía. Pero movió el cuerpo de Aelita hasta que quedó con su cabeza alineada con el cuerpo de la joven, y suavemente deslizó su lengua en su intimidad. La oyó gemir, pero tardó unos pocos segundos en entender lo que estaba haciendo. Se detuvo y se apartó, muerto de la vergüenza.

—… ¿Por qué paras? —preguntó Aelita.

—¡Belpois, hazlo! —bramó Jim.

Jeremy, que no se había tomado la molestia en intervenir al ver al profesor practicando sexo oral a su novia. Al contrario, le había gustado, ya que ella gemía, y entendía por tanto que lo hacía bien. Ahora la responsabilidad volvía a caer sobre él. De modo que, imitando a Jim, hundió la cabeza entre las piernas de su amada y empezó a lamerla. Tenía un curioso sabor. Pero pronto notó a su chica gimoteando. Obviamente le gustaba. Sonrió y con mayor confianza continuó dándole sexo oral.

Jim estaba horrorizado consigo mismo. ¿Qué había hecho? Eso no era propio de él. Ni la erección que llevaba mucho rato intentando ignorar, pero le hacía daño bajo los pantalones. Y sin embargo, ninguno de los dos se lo había impedido. Es más… Cuando miró a Aelita, ella le sonreía. Le llamaba. Se acercó con cuidado.

"Gracias", le vio gesticular, pero no podía hablar porque estaba sumida en el placer que le daba su novio. Jadeo, y gimió, y Jeremy finalmente consiguió lograrlo. Sintió los fluidos de Aelita escurriendo por su boca y se apartó. Ella sonreía, satisfecha de la experiencia.

—¿Ahora sí, entonces? —preguntó Jeremy.

—Sí, cariño. Lo has hecho muy bien.

—Aprendí del mejor —dijo Jeremy, mirando a Jim. Este sintió que la sangre se le subía a la cabeza. Pero no lo suficiente para que se le bajara la excitación. Y lo que era peor. Ambos parecían haberse dado cuenta.

—Si os lo habéis pasado bien, me alegro… yo ahora me voy a ir —dijo Jim.

—Espera. ¿Qué prisa tienes? —preguntó Aelita—. ¿No te gusta verme así?

—Yo creo que le gusta demasiado —bromeó Jeremy.

—Parad…

—Jim… ya te lo hemos dicho, ambos consentimos que estés aquí, y no somos críos —dijo la pelirrosa—. Me… me ha gustado mucho lo que me has hecho con la lengua. De verdad —aseguró.

—¿Podrías mostrármelo de nuevo? —pregunto Jeremy.

—¿Qué dices?

—Bueno… Aelita, si a ti te parece bien.

—Claro —dijo ella, sonriendo—. No me importaría repetir…

—No podéis hablar en serio —interrumpió Jim. Jeremy no podía estar ofreciéndole la oportunidad de hacerlo con Aelita—.Voy a irme…

—¿Acaso no te apetece? —preguntó ella, un tanto desilusionada.

—Yo no he dicho eso…

—¿Entonces? —preguntó Jeremy.

Jim posó sus ojos en Aelita. La recorrió despacio. Y sin decir una palabra, volvió a tirar de ella, suavemente, de modo que puso ubicarse entre sus piernas. Empezó a acariciar su sexo con la lengua, muy despacio. A los ojos de Jeremy, parecía estar besando la intimidad de su novia. Y sonrió. Lo estaba disfrutando. Sintió la mano de la pelirrosa buscándole, y la apretó con ternura.

Y de pronto las manos de Jim, que habían quedado sobre las piernas de la chica, se alzaron y empezaron a jugar con los senos de Aelita. A ella aquel juego le empezaba a volver loca. Se sentía deseada, se sentía bien. El sexo la estaba maravillando. Y Jeremy no parecía molesto. Le gustaba verla así de complacida. Pero había algo más. Que era imposible. O eso pensaba.

—Jim… Por mi parte, no debes contenerte —dijo el rubio.

—¿Qué dices? —respondió este, sin apartar sus labios del sexo de Aelita más de lo necesario.

—Aelita… ¿quieres hacerlo con Jim? —preguntó Jeremy.

—Pues… aaaaah… sí, pero… él no quiere… —protestó la pelirrosa entre gemidos.

Y en ese momento Jim se puso de pie. Ambos pensaron que iba a marcharse. Pero no. Tiró con fuerza de sus pantalones y su bóxer, liberando su erección. Jeremy le pasó uno de los preservativos, cuyo envoltorio abrió con maestría. Se colocó el preservativo fácilmente, y se dispuso a penetrar a Aelita.

—¿Estáis seguros? —preguntó. Era la última oportunidad.

—Sí —dijeron los dos.

—Por favor —pidió ella.

Y su pene se deslizó suavemente dentro de Aelita. Ella gimió. Lo encontraba sensiblemente más grande que la erección de Jeremy. Se sentía muy bien. Este se tumbó a su lado, abrazando a su novia mientras tenía sexo con Jim. Le acarició los pechos mientras Jim, apoyado en el borde del sofá, penetraba a la chica una y otra vez.

—¿Qué tal, mi amor?

—De… mara… villa —gimió Aelita—. ¿Sabes… que… te quiero?

—Claro que lo se —dijo él, y se agachó para darle un beso mientras Jim continuaba empujando sus caderas.

No tardó mucho en eyacular, consiguiendo en aquella ocasión acabar al mismo tiempo que Aelita. Estaban rendidos, y no dijeron nada por un largo rato.

—Esto que ha ocurrido hoy… no va a repetirse —dijo Jim, muy serio. Los tres estaban vestidos y regresaban a la academia Kadic.

—Lo sabemos —respondió Jeremy—. Pero te tenemos que dar las gracias. Por fin… lo hemos hecho.

—Y ha sido mejor que apañándonos por nuestra cuenta —añadió Aelita, y le dio un beso a Jim en la mejilla—. En serio. Me ha gustado.

Jim se puso rojo y no dijo nada más. Poco se podía imaginar que, mientras regresaban, los dos jóvenes planificaban cómo podría ser la siguiente lección que le pedirían a su "coach".


¡Hola a todo el mundo!

Antes de nada, aclaración sobre este fanfic, que puede ser peliagudo. Me estuve documentando sobre el tema de la edad de consentimiento en Francia... y tras una búsqueda en Google vi que lo habían querido establecer en 15 años, pero no había salido la votación al final, y era de esos países que no tenían una edad... o algo así... así que a tomar por saco. Me basé en el estándar de España, que exige el mínimo de 16 años para que se pueda hablar de consentimiento, que de hecho me parece más razonable que los 15, incluso estando en un marco de ficción.

Pero si alguno me pregunta, mi estándar es que tenga 18 años mínimo. Que se "pueda" no significa que se "deba".

Aclarado este rollo moralista que tal vez os traiga sin cuidado...

Moon-9215: Probablemente porque la serie era para chavalada y no para adultos xD Y aún así, me tuve que inventar el motivo por el cual Xana emplearía el sexo ya que, lógica, no tiene mucha xD

En fin. Queda 1 fanfic más que voy a publicar de estos one-shots. ¿Habrá más? No lo descarto. ¿Con la misma frecuencia? No. Como digo, tengo otros proyectos en mente que ya os contaré cuando acabe con esto. Lemmon rules!