Masaje

Yumi tomó posición. Estaba concentrada. Vislumbró su objetivo. Lanzó un golpe con el puño que sólo servía para avanzar y alzó la pierna derecha. De pronto, se vio levantada en el suelo y antes de darse cuenta, cayó de espaldas en el suelo. Gritó de dolor.

—¡Aaaaaah!

—¡Ishiyama! —bramó Jim—. ¿Te he hecho daño?

Estaba en clase de artes marciales con el profesor de educación física. Este había planeado para aquel día enseñarle a caer. Al menos solo a ella, ya que Ulrich se encontraba en la ciudad con su familia ese día. Pero la japonesa no pensaba desaprovechar la ocasión de entrenarse un poco. Solía tener cierta ventaja sobre su amigo el alemán, aunque cuando este le alcanzaba de nuevo, ella volvía a mejorar. Un pique sano.

Tal vez hubiera renunciado a la clase si su grupo estuviera disponible, pero Odd tenía una cita con Sam. Presumiblemente, no regresaría hasta pasada la hora del toque de queda. Jeremy y Aelita estaban de excursión con el Club de Ciencias. Y William, según rumores, había quedado con Emily LeDuc. Según otros rumores, había quedado con Anaïs Fiquet. En cualquier caso, no había respondido a sus mensajes, así que optó por el ejercicio físico.

Jim siempre le sorprendía cuando luchaban contra él. Incluso había veces que entre Ulrich y ella habían atacado a la vez al profesor, pero este había hecho gala de unos movimientos que parecían imposibles, debido al ligeramente elevado volumen que tenía este. Este siempre sonreía al respecto. Lo llamaba su "elemento sorpresa". Y en aquella ocasión, al verse levantada del suelo, no había reaccionado a tiempo para hacer correctamente la caída. Se notaba la parte baja del cuello y los hombros ligeramente doloridos.

—No has arqueado bien la espalda. Si no ruedas, el impacto puede ser peor —explicó Jim—. Es muy importante.

—Una vez estás en el aire es complicado eso de moverse —protestó Yumi.

—Pues imagínate que esto no te lo hago yo y te ocurre en la calle —comentó el profesor—. ¿Te duele mucho?

—Un poco.

—Vamos, te acompaño a la enfermería. Es mejor que te miren bien.

—Gracias.

Caminaron hacia la enfermería a paso lento. A Yumi no le dolía caminar, sino el movimiento de brazos en sentido opuesto a las piernas. Jim la miraba preocupado, tal vez se hubiera dejado llevar por la situación. Se emocionaba peleando, era verdad, pero siempre procuraba tener cuidado cuando peleaba contra Yumi y Ulrich.

—Te has emocionado demasiado, ¿no? —preguntó la enfermera Yolanda. Se había tapado con el biombo para que Yumi pudiera quitarse el suéter y examinarle la espalda. La tenía ligeramente colorada. Jim se había quedado al otro lado.

—Lo siento —fue todo lo que respondió.

—¿Te duele? —preguntó a Yumi mientras presionaba ligeramente.

—Un poco… —respondió ella, por no decirle que le quitara las manos de encima.

—Te voy a dar una pomada, échatela esta noche antes de dormir… Te lo digo porque huele un poco fuerte —añadió Yolanda—. Ya te puedes tapar. Y te recomendaría ir a que te dieran un masaje. No noto que te hayas roto nada, pero te puede aliviar.

—Bueno, si puedo ahorrármelo… —comentó Yumi mientras se colocaba bien el suéter.

—En cualquier caso. Si notas que para mañana no se te pasa, te recomendaría ir al hispital. ¡Ah, y procura dormir bocabajo esta noche! —añadió.

—Lo siento, Ishiyama… —volvió a disculparse Jim.

—No te preocupes. Son cosas que pasan entrenando —dijo ella—. Bueno, voy a irme a casa…

—¿Necesitas que te acompañe?

—No hará falta —dijo, con una leve sonrisa—. Pero gracias por preocuparte.

Cuando salió de allí, no pudo evitar escuchar a Yolanda echando la bronca a Jim por lo que había ocurrido. Pobre. Sabía que no había sido con mala intención. Aunque las consecuencias las tuviera que cargar ella.

El aire fresco del exterior le vino bien. Pero igualmente, aún notaba molestias. Probablemente esa noche le iba a doler. Tendría que pedir a su madre que le echara el ungüento…

—¡Yumi!

La chica giró la cabeza al origen de ruido. Ulrich se acercaba a ella. No tenía muy buena cara.

—Hola, Ulrich. ¿Qué tal con tu familia?

—Una mierda, como siempre —respondió este, encogiéndose de hombros—. ¿Tú que tal? ¿Has ido a clase con Jim?

—Sí. Pero no te has perdido gran cosa. Jim me ha intentado enseñar a caer, pero no lo he hecho bien, y ¡au! —protestó. Había notado una molestia importante en su hombro. Se llevó la mano a la zona afectada y apretó ligeramente.

—¿Te encuentras bien? ¿Vamos a la enfermería? —ofreció el chico.

—No, si vengo de allí. Me duele un poco del golpe. Como digo, no he caído bien…

—… ¿Vienes conmigo?

—¿A dónde?

—Vamos a subir un momento.

Ulrich no parecía seguro de lo que decía. Pero Yumi le conocía. Si no podía confiar en él, malo. Así que le acompañó. Se conocía de sobra el camino que estaban siguiendo. Iban a su dormitorio. El chico le cedió el paso y entró detrás. Se dirigió directamente a la ventana, y corrió la cortina, atenuando la luz que entraba del exterior.

—Escucha. Túmbate en mi cama. Bocabajo…

—¿Qué?

—Es una habilidad que tengo… Bueno, que estoy aprendiendo en realidad. Doy masajes. Puedo tratarte la espalda. Si te parece bien, claro.

—¿Aquí?

—No tengo una camilla —respondió Ulrich, encogiéndose de hombros una vez más—. Pero no es un problema. ¿Quieres probar? Si no, siempre puedo dejarlo…

Yumi confiaba en él. Pero quedaba un pequeño asunto.

—¿Debería quitarme el suéter?

—Eh, sí, claro —dijo él, un poco aturdido. Abrió la puerta del armario y se situó tras la misma. Incluso se dio al vuelta para dar más intimidad a la chica—. Cuando estés, avísame.

—Vale —respondió ella. ¿Por qué sonreía? Pero antes de quitarse el suéter, vio que Ulrich le tendía algo desde su lado de la madera. Una toalla. Olía a recién lavada. Qué bueno era.

Mientras se quitaba el suéter, empezó a sonar algo de fondo. Ulrich había puesto sonidos de relajación. Parecían las olas del mar en un día sin viento. Sacó del bolsillo su teléfono y la cartera, dejándolo sobre su ropa. Se acomodó sobre el colchón de su amigo y se echó la toalla por la parte inferior de la espalda.

—Ulrich… estoy lista —le dijo.

Este salió de su improvisado escondite. Dejó el teléfono en el suelo, y se acomodó sobre su pierna derecha, de forma que podía masajear tranquilamente a su amiga. Se quedó inmóvil por un momento cuando posó las manos sobre su espalda. Parecía que ambos habían dejado de respirar por una fracción de segundo que les pareció más tiempo. Pero Ulrich no tardó en empezar a tratar con mucho cuidado las zonas de la espalda de Yumi que había notado coloradas.

Ella procuró relajarse. Cerró los ojos y disfrutó del tacto de Ulrich en su espalda. Presionaba lo justo, no había daño. Resultaba aliviador incluso. Recordó en ese momento la pomada que le había recomendado la enfermera Yolanda.

—Ulrich… —susurró—. Tengo bajo la cartera una pomada. ¿Puedes…?

Este no respondió. Sintió que una de las manos de Ulrich cesaba el contacto, y notó algo fresco cayendo en su espalda. Las manos del alemán extendieron el pringue despacio. Pues no olía tan mal, parecía menta. Un poco fuerte pero no era un olor que encontrase desagradable. El chico lo esparció correctamente y siguió trabajándole la espalda.

—Mmmmm… —gimió ella sin darse cuenta.

Pero cuando fue consciente, se puso colorada. ¿Le habría escuchado Ulrich? Qué vergüenza. Pero este no había mostrado señales. Continuaba con el masaje, disipando el dolor que había sentido hacía un largo rato.

—¿Puedo…?

—Dime —respondió ella. Ninguno levantaba la voz. Ambos hablaban en susurros.

—Voy a tratarte por toda la espalda… pero esto… —dijo, y puso un dedo sobre el cierre de su sujetador.

—Eh… claro —respondió ella. Hundió la cabeza un poco más en el colchón—. Puedes abrirlo…

El alemán abrió el cierre de la prenda y pudo extender la mano a lo largo de toda la espalda de la japonesa. Ella no lo entendía. Aquella situación la estaba provocando. Ulrich solo era su amigo. Porque así lo había querido. Lo que no significaba que no fuera consciente de lo que sentía por él. Se lo había prohibido durante mucho tiempo. Pero la situación era real. Estaba allí, tocándola. Tal vez, por su parte, la llama se hubiera apagado.

Pero nada más lejos de la realidad. Cuando le había ofrecido hacerle el masaje, Ulrich no había pensado en nada de aquello. Solo quería hacer algo bueno por su amiga. Y ahora era consciente de la realidad. La estaba tocando. Probando el tacto de su delicada espalda. Intentó volver a centrarse. Su objetivo era mitigar el dolor que ella sentía por la caída. Nada más. Era un masaje sin intenciones. "Pero no sin deseos", pensó.

Era curioso, porque aunque los combates en Lyoko no dejaban huella, su espalda parecía ligeramente curtida por aquellas batallas. Casi lo añoraba incluso. Con cuidado, posó sus dedos en las caderas de Yumi, presionando con los dedos a diferentes ritmos mientras volvía a subir. Volvió a tratar los hombros de Yumi.

Ella volvió a gemir suavemente. Su amigo lo había conseguido. Ya no le dolían. Pero el tacto era agradable. Se podría quedar dormida, pues los pases que le hacía eran muy relajantes. La realidad que estaba viviendo provocaba justo lo contrario. Nunca se hubiera imaginado poder tener una situación tan íntima con el alemán. Y le encantaba.

El chico volvía a masajearle por los costados. Se tensó ligeramente. Pero el alemán no se aprovechaba. No tocaba más abajo. No había tocado sus senos. Se limitaba a tratarla con cuidado. Pero sus manos eran demasiado buenas. Yumi intentaba pensar de forma racional. Y volvió a gemir. No podía haber nada más racional en ese momento que aceptar lo que realmente sentía por él. Estaban, además, ellos solos. Como si fuera de la habitación no quedase mundo. Y el contacto era tan intenso que resultaba molesto. Sin que Ulrich pudiera reaccionar, ella giró sobre si misma.

—¡Yumi! —exclamó el alemán, y apartó las manos, que con el giro habían quedado en el vientre de la chica—. ¡Ah! —gritó, e intentó colocarle bien el sujetador. Este había resbalado, mostrando uno de sus senos. Apartó la mano nuevamente. Estiró dos dedos, procurando no tocarla. Solo tirar suavemente de la tela para taparla debidamente. ¿Qué ocurre?

Ella no respondió. Se limitó a mirarle a los ojos. Vio que se ponía colorado, aunque ella tenía la misma reacción. Se incorporó despacio. Ulrich intentó apartar la mirada, no debía ver. Pero ella le sujetó la cabeza suavemente, dirigiéndola hacia la suya. Un poco más cerca. Y sus labios se encontraron por fin.

Aquel beso pudo haber durado un segundo, o varios milenios. No le importaba mucho. Solo era importante el hecho de que había ocurrido de verdad. Ella le había besado. Y cuando se separaron, apenas un par de centímetros, pudo verla sonreír.

—¿Qué haces…?

—Me equivoqué —suspiró ella—. Nunca debí decir que solo seremos amigos… Somos más que eso —a cada palabra que decía, se sentía más liberada—. Te quiero, Ulrich Stern.

Y Ulrich se abalanzó a por ella y devoró sus labios. Sintió que las manos de Yumi resbalaban por debajo de la camiseta, pero él la detuvo. Antes tenía que decirle algo.

—Yo también te quiero, Yumi Ishiyama.

Ella sonrió. Aquellas palabras la hacían muy feliz. Volvieron a besarse, pero tiró de la camiseta de Ulrich hasta que esta aterrizó en el suelo. Apartó su sujetador, de modo que Ulrich se pudo tender sobre ella. Sus cuerpos estaban en perfecto contacto. Y era muy agradable el calorcito que desprendían en ese momento. Se sentía tan bien. Siempre había considerado algo infantil los besos en la mejilla. Pero sentir a Ulrich dándoselos, por toda la cara, no le hacía sentir una niña. Se sentía amada, querida por la persona a la que ella quería, y eso no tenía precio.

—Si alguien nos pilla… —murmuró Ulrich.

—Me da igual… Quiero que todos sepan que te quiero —dijo Yumi. Habían esperado demasiado para confesarse. Además, tampoco estaban haciendo algo indebido. Aunque su cuerpo empezaba a pensar de otro modo. Se excitaba con los besos de Ulrich, y con sus manos explorándose mutuamente.

—¿Puedo… bajar? —preguntó el chico mientras le besaba por el cuello.

—Por favor, hazlo —pidió ella. No quería privarse de aquellas sensaciones.

Y suspiró cuando Ulrich recorría su cuello. Y bajaba por su cuerpo. Y trepó y alcanzó la cima de aquellas montañas que eran sus pechos, y volvió a descender para bajar un poco más. Se entretuvo en su suave vientre mientras le desabrochaba el pantalón. Tentador, muy tentador. Tal vez ella le detuviera. Pero no lo hizo y continuó desnudándola. Se la veía tan bonita, tendida sobre la cama solo con las braguitas puestas.

Besó su sexo por encima de la tela, y continuó bajando por una de sus piernas y subiendo por la otra. Aceleró el último tramo, acudiendo al encuentro de sus labios mientras sus manos masajeaban los pechos de la japonesa. Ella disfrutaba de aquella deliciosa tortura a la que era sometida.

Eran libres, por fin. Nadie les iba a interrumpir. Podían hacer lo que les apeteciera. Manifestar su amor sin interferencias. Poder quererse de una vez. Yumi jugueteó con el cabello de Ulrich, pero ahora le tocaba a ella estimularle un poco. Se sentó sobre la cama, e incorporada podía probar el sabor del cuerpo del chico. Pero para eso debía quitarle la chaqueta y luego la camiseta. Bueno. No era la primera vez que le veía a torso descubierto, pero sí la primera ocasión en que podía deleitarse. Y estaba muy bien formado.

El alemán se dejó hacer por ella. Se sentía muy bien. Dejó a Yumi que explorase su torso. Le hacía gracia verla intentar que reaccionara por sus pezones. Y solo lo logró cuando los apretó suavemente con los dientes, mientras sus manos se encontraban en su espalda. Luego se dejo desabrochar el pantalón. Se puso ligeramente colorado. Yumi no parecía apartar la mirada del bulto que tenía bajo los pantalones.

—Ulrich… ¿Qué tal se siente? —preguntó, poniéndole una mano con cuidado sobre su pene cubierto.

—Muy bien… ¿Puedo quitármelo?

En lugar de contestar, ella puso las manos en el borde de la tela. Se miraron mutuamente, solicitándose permiso para continuar. Con una sonrisa, ella tiró de la tela, descubriendo la erección del alemán. Lo acarició con la yema de los dedos, muy suavemente. Tocó sus testículos, y sonrió. Ulrich hacía unos ruiditos muy graciosos. Pero no se reía de él, sino con él. Se estaban descubriendo mutuamente, y lo pasaban bien. Eso era bueno.

Ulrich se echó hacia la pared, sentado, invitando a Yumi a situarse sobre él. Ella se sentó sobre sus piernas, pero no antes de quitarse finalmente las braguitas, permitiendo que su pubis entrase en contacto con el miembro de Ulrich. Se juntó lo máximo posible a él. Él le acarició la espalda, suavemente. Sus dedos hacían caída libre desde sus hombros hasta su trasero, que encontraba muy suave y agradable al tacto.

—¿Te sonaría mal si te digo que he soñado con esto muchas veces? —preguntó el alemán. La japonesa sonrió antes de responderle.

—Yo también. Me he engañado mucho. Pero ya no podía aguantar más —dijo con delicadeza—. ¿De verdad que te gusto?

—Siempre me has gustado. Pero admito que es mucho mejor cómo estamos ahora que lo que he podido imaginarme.

Yumi se retiró un poco. Había un espacio entre ambos, muy mínimo. Apenas cabían las manos… perfecto para poder estimularse mutuamente. Yumi acariciaba el pene de Ulrich, suavemente. Él suspiró. Le masturbaba. Y le gustaba. Y no podía dejar que ella no sintiera esas cosas agradables también, de modo que acarició su sexo. Se sorprendió al encontrarlo mojado. Pero era una buena señal. Lo introdujo, muy levemente, acariciándole entre sus labios vaginales.

Un estímulo mutuo. Apenas un juego, algo que a los dos les estaba gustando mucho. Pero cuando Yumi aceleró el movimiento de su mano, él la retuvo.

—¿No te gusta? —preguntó, preocupada.

—Demasiado —respondió él—. No quiero acabar. No así —"Vamos díselo, es el momento", pensó—. Quiero hacerte el amor.

Yumi no respondió de inmediato. Tenía que asimilar las palabras. Sí, lo había soñado. Más de una vez. No solo eso, lo había deseado. Pero del deseo al momento había una diferencia importante. Hizo una rápida valoración. Y lo cierto era que en aquel momento, el universo parecía haber planificado el momento para ellos. Fuera parecía haber dejado de existir la vida. Solo estaban ellos dos, mutuamente para el otro. Pero tenía que preguntar antes de poder dejarse llevar.

—Yo también quiero hacerlo —aceptó la japonesa—. Pero necesito saberlo. ¿Tienes preservativos?

Ulrich asintió. Acarició las nalgas de Yumi, y las levantó suavemente. Ella se echó a un lado. Dejó que Ulrich se pusiera en pie. Admiró su cuerpo y vio que este se agachaba ante los cajones que había en el armario. Y de entre los calzoncillos sacó una cajita. Abrió el paquete, y sacó un envoltorio de color brillante. Lo echó en la cama antes de volver a esconder la caja.

—Me gusta lo que veo —dijo Ulrich. Yumi le aguardaba en la cama, tumbada de costado, apoyando la cabeza sobre una mano y usando la otra mano para jugar con el preservativo.

—¿Sabes cómo se pone? —preguntó la chica.

—Sí —dijo él. Lo cierto era que había practicado. Solo por precaución. Se sentó en la cama, y Yumi asomó su cabeza por detrás del hombro. Se relajó, y con el pene bien erguido, abrió el envoltorio. Dejó que la resbaladiza gomita saliera, y la situó sobre su glande. Bajó poco a poco la goma, desenrollándola. Le costó un poco cuando llegó a la mitad de su longitud, pero finalmente lo tenía colocado. Yumi sonrió al verle.

Aunque habían escuchado que podía ser más cómodo para ella subirse encima de él y dejar que se dejara caer al ritmo que mejor considerase, ella no se fiaba. ¿Y si le flaqueaban las piernas y caía demasiado rápido? Prefería confiar en Ulrich. Sabía que él no le haría daño, no al menos adrede. Pero no podía pensar en que eso fuera a ocurrir.

—¿Estás lista, mi amor? —preguntó Ulrich. No se dio cuenta de lo que había dicho, pero Yumi sonrió ampliamente.

—Sí… ven —le invitó, acomodándose bocarriba en el colchón, y separando las piernas para invitar al chico.

Este gateó a por ella. A Yumi le gustaba verle acercarse así. Este quedó en su posición, y dejó que su pene se apoyara en el sexo de la chica. Se miraron. Nuevamente, necesitaban permiso para continuar. Ninguno tenía objeciones. Solo deseos. Ulrich gruñó cuando su pene entraba en el sexo de Yumi, pero no tan fuerte como ella.

—¡Aaaah! —gimió.

—¿Estás bien? —preguntó Ulrich, deteniendo su avance.

—Sí… Se siente… bien —valoró ella. Alguna vez había jugado con su propio cuerpo, pero jamás había sentido algo tan intenso—. Un poco más —pidió, y el pene de Ulrich resbaló un poco más en su interior—, mmuy bien —aceptó ella—. Ulrich… —dijo con un hilo de voz. Se encontraban perfectamente unidos. Y su cuerpo debía amoldarse al de Ulrich.

Este no sabía que decir. La sensación no se parecía en nada a lo que se había imaginado. Era mil veces mejor. Cuando se había masturbado no se sentía ni la mitad de bien. Se sonrieron, tímidamente. Lo estaban haciendo. Y ahora era el momento de que Ulrich se deslizase fuera de Yumi… y volviera a entrar. Y volvió a penetrarla. Y una vez más. No iba rápido, no había necesidad de ello.

Se besaron mientras disfrutaban de la adaptación mutua de sus cuerpos. Ulrich puso las manos en las caderas de Yumi, de forma que podía realizar mejor sus movimientos. Sintió que Yumi le acariciaba por toda la espalda y se enredaba con los cabellos de su nuca, aferrándose a él sin querer que aquello acabase. Los movimientos de Ulrich eran firmes, placenteros. Se sentían genial. Se querían.

Y los movimientos de Ulrich tornaron a mayor velocidad, al igual que sus gemidos, suspiros, jadeos. Yumi buscó las manos del chico y enredó sus dedos con los de él. El ritmo era intenso, y antes de poder darse cuenta, los dos llegaban el orgasmo antes de llegar al orgasmo. Ulrich cayó sobre Yumi y esta le abrazó. Había sido genial. Lo mejor.

—Espera… —pidió él. Se incorporó y tras liberar el interior de Yumi de su pene, se quitó el preservativo y ató el extremo. Lo revisó con cuidado. Sin fisuras, bien. Y lo dejó caer al suelo.

—Así no se recicla —bromeó la chica.

—Eso ahora no me preocupa —respondió él y se echó en la cama. Se volvió a acomodar sobre el cuerpo de su novia. Ella le abrazó. Habían tenido muchos vaivenes en su relación. Que fuera él quien se echara sobre ella era lo menos extraño.

—Te quiero, Ulrich —dijo Yumi—. Y no quiero ser tu amiga. Quiero ser tu novia.

—Y yo quiero que lo seas —respondió él—. Te quiero…

Sus ojos se cerraron levemente mientras sus labios volvían al encuentro.

Y en ese momento se abrió la puerta del dormitorio.

—Oye, Ulrich, ¿me puedes dejar la camiseta de Rammstein?

William había entrado de pronto. Y se detuvo. Estaba viendo a Ulrich y Yumi, tendidos en la cama. Completamente desnudos. Y en el suelo, la prueba del crimen. Y ninguno de los dos se atrevía a decir nada. El escocés optó por cerrar la puerta.

—Bueno, ¿y qué tal estáis? —preguntó, mientras se sentaba en la cama, como si nada extraño hubiera pasado.


¡Hola a todo el mundo!

Buf, que raro se me hace esto, pero... se acabó xD Tenía intención de intentar publicar algo más, pero sinceramente, no me veo capacitado. En parte porque van 103 lemmon solo en one-shots (a los que hay que sumarle al menos otros 100 de la tetralogía de El Acuerdo), y en parte porque llevo ya 7 años publicando estos fics, y creo que va siendo hora de cerrar el ciclo. Temporalmente, al menos, nunca digas que de este agua no beberás. Pero en principio, actualizar esta colección de one-shots no entra en mis prioridades.

Y como me propusieron que sería una buena idea por el 100 hacer un remake de mi primer lemmon... pues lo he hecho para cerrar el ciclo, que tampoco es mala idea xD Sobre la escena final con William, para quien no lo haya pillado (yo se quien sí lo habéis entendido ;)), viene por una entrevista que hicieron a Quentin Merabet, actor de Ulrich en el live action de Code:Lyoko Evolution, en la que declaró que Diego Mestanza (William) le pilló una vez con Melanie Tran (Yumi) en la cama y se sentó a charlar con ellos como si no hubiera visto nada xD Y yo sabía que, en algún momento, debería homenajear esa escena.

Nath0722: Dicen que "No hay genialidad sin un poco de locura"... No sé si he alcanzado la genialidad, pero la locura la conseguí hace tiempo. Y sí, la misma idea de que Jim les guíe es bizarra... Pero también hay personas a las que les gusta lo de ver disfrutar a sus parejas. Gente para todo, yo no juzgo Saludos!

SnakeJafar: ¡Me alegro que te gustara! Siempre intento fidelizarme al original aunque hay veces que es más costoso. Saludos!

CarlosJim04: A menos, me temo. Como digo, ya ando escaso de ideas de lemmon originales. Y tengo un par de fanfics de una escuela sexual ;) El 46 y el 53, espero que te gusten :)

Bueno, y antes de cerrar, el aviso de mi próximo proyecto. El domingo será publicado el capítulo final de "Code Lemon: La villa". Y en septiembre, empezaré a publicar dos nuevos proyectos. Uno de ellos aún no lo voy a desvelar... y el otro será: "Code Lemon: Una nueva evolución". Voy a hacer el reboot de mi propio fanfic del acuerdo, corrigiendo un poco aquellas ideas locas que se me ocurrieron pero que hoy no las veo muy correctas, y de paso, desarrollando más cosas que se quedaron en el tintero pero a Felikis se le olvidan las cosas. Así es la vida. Así que planeo resarcirme conmigo mismo un poco.

Espero que os haya gustado este lemmon, y nos seguimos leyendo por estos lares. Lemmon rules!