Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo 2

Estoy en modo automático mientras manejo a casa, el carro se siente incómodamente caliente, el motor suena muy ruidoso en mis oídos; el viento me agita el cabello a través de la ventana abierta, tirando y jugando como si fueran pequeñas manos. Casi se siente placentero. Terapéutico. Mis manos son una historia completamente diferente; la tensión se acumula en ellas, los nudillos se ven blancos a través de mi piel.

Viendo mi cara en el espejo lateral todo lo que veo es arrepentimiento reflejado en él. La duda empieza a crecer mientras recuerdo de nuevo en mi cabeza lo que acababa de pasar. ¿Debería haberme negado otra vez?

Trago pesadamente, los feos recuerdos asoman la cabeza.

Conozco la respuesta. Tomé la única decisión que podía tomar, incluso si se siente que está mal. A pesar de que él me lo prometió después de la última vez. A pesar de que él lo está intentando. Habría sido un error presionarlo; de eso estoy segura.

Estaciono el carro cerca de nuestro edificio prestando atención en subir los vidrios, ya saqué las llaves y las tengo agarradas con firmeza en mi puño mientras me apresuro a pasar junto a las montañas de bolsas de basura y las paredes cubiertas de grafiti. Hay un grupo de adolescentes parados en la esquina de la calle, molestando a la gente que pasa por ahí. Sé que algunos de ellos a veces hacen encargos para James, pero eso no me tranquiliza. Este vecindario tiene cierta reputación, y no es buena.

Vivir en la miseria obliga a las personas a hacer ciertas cosas. Todos estamos intentando subsistir de la mejor forma posible y en su mayoría no culpo a nadie por lo que tienen que hacer. Solo sé que la decisión que tomé hace meses, de no involucrarme en todas las mierdas que hace James, ha sido arrancada de mí.

En cuanto la puerta principal de nuestro edificio se cierra detrás de mí, me encuentro corriendo para subir las escaleras esperando evitar al señor Ameer, que vive en el segundo piso. Él es dueño de todo el edificio junto con su esposa, o al menos eso nos dijeron cuando ocupamos el pequeño apartamento en el tercer piso hace unos meses.

Todo lo que sé es que golpea las puertas cada semana pidiendo la renta y lo he estado evitando a toda costa durante las últimas dos porque no hemos tenido el dinero. Tal vez son tres semanas. Frunzo el ceño. No puedo llevar la cuenta. De cualquier forma, la idea de otra confrontación justo ahora no es lo que quiero, así que cuando llego al rellano del segundo piso me quito los zapatos y paso de puntillas frente a su puerta haciendo el menor ruido posible, los leves ruidos de aplausos provenientes de su televisión son como una palmadita en la espalda para mí.

Llego ilesa al último piso, pero se me hunde el corazón cuando veo una nota pegada a la puerta, está subrayada con dos gruesas líneas hechas en marcador negro y con demasiados signos de exclamación; la palabra "RENTA" está escrita en mayúsculas.

Mierda.

El calor vuelve a mi piel cuando me paro recién bañada frente al espejo del baño. La chica frente a mí se ve cansada y demacrada, con ojos apagados. Miro de nuevo, autocrítica. No me gusta que mi nariz esté ligeramente chueca ni la forma en que mis muslos topan en la parte superior ni mis dientes que están un poco chuecos por no haber usado mi retenedor el tiempo suficiente durante mi adolescencia. No me gusta en especial la cicatriz circular en el vientre, cerca de mi cadera.

Mi nonna me mostró fotos de mi mamma cuando tenía cerca de la edad que tengo ahora, eso se remonta a cuando estábamos en Phoenix antes de que todo se complicara tanto. Nunca antes había visto fotos de ella cuando era más joven, pero era hermosa; ahora ya no puedo recordarla. Para nada.

Soy exactamente igual a ella, había dicho nonna, con excepción del raro permanente al estilo de los 80s, pero en realidad yo no pensaba así. Creo que solo lo dijo por decir. Hay mucho de papà en mi cara.

Pensar en mamma, papà y nonna nunca termina bien, así que los empujo al fondo de mi mente, ocupándome en ponerme ropa limpia y probándome uno aros dorados que Charlotte me compró hace una semana.

Le dije que no los necesitaba, me sentía culpable de que ella gastara su dinero en mí, pero insistió en que me merecía tener algo lindo. Cedí porque es Charlotte y casi siempre se sale con la suya.

Saco el celular barato de mi bolsa para revisar, no estoy segura de cuánto tiempo se supone que debo esperar. No hay mensajes, no hay contactos. No tiene nada en absoluto.

Una sensación de náusea se posa en el fondo de mi estómago, la aprensión me hace apretar la mandíbula; cuando pienso en lo que tendré que hacer, en quiénes son estas personas, de lo que podrían ser capaces. Jesús.

James nunca habla conmigo sobre nada de esto, dice que no me incumbe, pero ahora está forzándolo a que sea de mi incumbencia y no tengo ni idea. Como una oveja llevada al matadero, y no puedo evitar sentir rencor hacia él.

Dejo el celular con la pantalla hacia arriba sobre la mesita de café y volteo a verlo seguido, preocupada de perderme el mensaje, incapaz de relajarme, aunque mis ojos arden por el cansancio de un día que empezó demasiado temprano.

Pasan las horas y el calor me está poniendo adormilada. Apenas acababa de cerrar los ojos durante unos segundos cuando lo escucho vibrar. Estoy ahí en un instante con la boca seca y manos temblorosas.

Sintiendo una nueva oleada de náuseas, corro al baño apenas llegando a tiempo para vaciar los contenidos de mi estómago, el ácido de la bilis arde en mi garganta.

Cuando estoy segura de que ya no volveré a vomitar, me lavo los dientes, sentándome en un costado de la tina.

Racionalizándolo, hago la única cosa que se me ocurre.

—Esto es jodidamente raro —dice Charlotte mientras manejamos a través de la oscura noche, alejadas de las luces de las calles principales. Solo puedo asentir para mostrarme de acuerdo, los nervios me pegan las palabras a la garganta.

Donde quieren que me reúna con ellos —quienquiera que sean ellos— es en la mera orilla de la ciudad, cerca de la frontera estatal entre Illinois e Indiana, junto al ferrocarril y un club de yates que está en la orilla del lago. Ni siquiera estoy segura de si esto se puede considerar parte de la ciudad y tengo que preguntarme por qué eligieron un lugar como este si lo único que les voy a entregar es dinero. No tiene sentido para mí.

Hemos estado dando vueltas y vueltas los últimos veinte minutos intentando encontrar la calle correcta cuando Charlotte señala un pequeño camino oscurecido por árboles. Me siento decepcionada al saber que lo encontramos, cualquier excusa para no hacer esto sería más que bien recibida.

Creo que todavía podemos regresarnos.

Una versión más valiente de mí podría ser lo suficientemente osada para tomar el dinero y huir de regreso a Arizona, pero ya ni siquiera soy la sombra de esa chica.

El celular vibra de nuevo, sacándome de mis pensamientos, pero no me atrevo a detenerme. Ya vamos tarde.

En lugar de mí, Charlotte es quien lo agarra.

—¿Dónde carajos estás? —lee en voz alta y luego chasquea la lengua—. Pues si no hubieran elegido un sitio sacado directamente de un episodio de CSI, estoy segura que ya estaríamos ahí. Te juro que esto me está dando un mal presentimiento, B. ¿Debería responderle a esos cabrones o qué?

—No, hay que… hay que llegar ahí, no podemos estar muy lejos, ¿cierto?

Ya avanzamos al menos una milla por el camino cuando éste se abre en un enorme espacio abierto. La vía del ferrocarril corre paralela a la orilla del río, los postes de electricidad acechan sobre nosotras como centinelas.

Hay un elegante BMW negro estacionado un poco más adelante. Tiene las ventanas polarizadas y las puertas están abiertas. A pesar de que es temprano, se sigue sintiendo abochornado y como estamos cerca del agua hay mosquitos en todas partes, atrapados como gotas de lluvia en los focos delanteros.

Acerco el carro respirando profundamente, intentando calmar mis nervios de punta. Deben ser ellos.

—Qué lindo auto —dice Charlotte, mirando el carro con envidia.

—Sí, tal vez después de todo el crimen sí paga bien —coincido con una débil carcajada, me desabrocho el cinturón y me giro para agarrar mi bolsa del asiento trasero.

Estoy a punto de pedirle a Charlotte que no se meta y que me deje manejar todo a mí, pero entonces se escucha un fuerte golpeteo de nudillos en la ventana de mi lado, haciéndome saltar.

—¿Quién carajos eres? —dice una voz detrás del cristal. Me doy la vuelta, perdiéndome en unos ojos oscuros.

Quienquiera que sea esta persona, definitivamente no es lo que estaba esperando. Es demasiado apuesto.

Bajo la ventana.

—James nos envió —digo con vacilación mientras él observa mi rostro en silencio, el suyo está inmóvil. No nos estaba esperando, pero James lo había desestimado como si no importara. Obviamente sí importa.

—Bájate del carro —dice al fin. Vacilo, mirando a Charlotte que está pegada a su asiento.

—Las dos, bájense del jodido carro —gruñe en voz baja mezclada con impaciencia.

Esta vez ambas hacemos caso.

Cuando nos bajamos del carro descubrimos que no está solo.

Otros dos hombres salen del BMW cuando Charlotte le da la vuelta al carro para pararse a mi lado, maldiciendo sus plataformas sobre el suelo lleno de piedras.

—¿Quién carajos eres? —pregunta uno de los hombres al acercarse, mirándonos de abajo arriba. Es alto y musculoso, cabello oscuro, corto y rizado, vestido por completo de negro.

Charlotte cruza los brazos con irritación y hago una mueca porque sé que va a abrir esa enorme boca que tiene y nos va a meter a las dos en muchos problemas. Le doy un fuerte codazo en las costillas y me mira con incredulidad mientras meneo la cabeza. Bufa y cierra la boca.

—James nos envió. Quería que les entregara esto —digo, repitiendo lo que le había dicho a su apuesto amigo hace unos minutos, y metiendo la mano en mi bolsa.

El de cabello rizado me apunta con una pistola más rápido de lo que puedo parpadear.

—Detente ahí —dice con maldad y sé que no está jugando. Congelada, lo miro a él y a la pistola en su firme mano, señalando directamente a mi cabeza. Si sigo respirando, no soy consciente de ello, mi corazón late tan fuerte que se siente como si fuera a salirse de mi pecho.

—Vaya —dice Charlotte a mi lado, su voz un poco más aguda de lo normal. Está alzando las manos para mostrar inocencia—. Nada genial. No estamos aquí para causar problemas.

Rizos bufa con rostro de piedra.

—Entrégale la bolsa.

Señala al tercer hombre. Mis ojos se mueven hacia él. Es más bajito y más gordo que los otros dos, con los ojos muy juntos, hay algo muy similar a un cerdo en él. Tiene gotas de sudor en la frente, cayéndole por las sienes y rodando por sus mejillas rojas.

Con el miedo punzando en mis venas, hago lo que dice Rizos, mordiéndome el labio y arrastrándolo entre mis dientes con nerviosismo. Tal vez justo ahora mi ingenuidad se está mostrando a chorros. Es por esto que no puedo hacer estas cosas, siempre lo jodo. Tal vez James tiene razón, tal vez soy así de tonta. Y yo pensando que Charlotte nos metería en problemas, el pensar eso me hace querer reír en voz alta.

—Las dos dense la vuelta y pongan las manos en el carro.

Miro a Charlotte y por primera vez en mucho tiempo puedo ver que está asustada, su confianza de siempre se tambalea bajo el miedo de lo desconocido.

Si se parece a mí, se los está imaginando ejecutándonos con una bala disparada a nuestras nucas. Sería tan fácil para ellos. Pueden tirar nuestros cuerpos al lago. Nadie sabría la verdad. Tampoco a nadie le importaría, al menos en mi caso. ¿Son el tipo de hombre que haría eso? Ciertamente Rizos sí parece ser de ese tipo. ¿El apuesto? No estoy tan segura.

Hacemos lo que nos indican, alzando las manos y poniéndolas sobre el frío metal.

—Revisenlas —dice Rizos de forma cortante y casi me caigo por el alivio.

Charlotte gruñe muchas mierdas por lo bajo ya que a ella la revisan primero. No me atrevo a mirarla, y a pesar de que sé qué es lo que se avecina, todavía me encojo cuando siento unas grandes manos empezar a tocarme. Aunque no son toscas, son precisas. Y con práctica.

—Todo bien.

El calor crece en mis mejillas cuando me doy cuenta que es Apuesto el que acababa de poner sus manos en todo mi cuerpo. Me pregunto si Charlotte se siente tan afectada como yo. Una discreta mirada hacia ella me dice que no es así.

—Dense la vuelta las dos.

Apuesto sigue cerca de mí cuando me giro, agacha la cabeza y evita mi mirada cuando saca un encendedor y un paquete maltratado de cigarros. Saca uno, poniéndolo entre sus labios mientras Rizos pasea en un espacio de tres pies frente a nosotros, solo se detiene cuando Cerdito le entrega el grueso sobre.

Lo abre y revisa más pacas de dinero de las que jamás he visto. Cerdito aprovecha la oportunidad para mirarme descaradamente de arriba abajo, sus ojos se quedan pegados a mis piernas desnudas. Tiro de mis shorts de forma cohibida, deseando estar más tapada.

—Pues son más atractivas que James, eso es seguro —dice Cerdito lanzándome de regreso mi bolsa, mojándose los labios con la lengua y concentrando su mirada en Charlotte de la misma forma lasciva.

—Ni que lo digas —dice Charlotte con dulzura porque no se puede contener.

—Basta —dice Rizos, la molestia tiñe su voz. Sigue contando—. No estás aquí para intentar mojarte la polla.

Cerdito murmura algo por lo bajo y segundos más tarde Rizos lo golpea cruelmente con la culata de su pistola. Gruñe y se agarra la nuca con manos pequeñas.

—Mierda, carajo, hombre. Eso me dolió.

—¿Dónde está? ¿James? —dice Rizos, metiendo el dinero de nuevo al sobre e ignorando a Cerdito. La pregunta va dirigida a Charlotte, que se encoge de hombros y me mira.

—No sé, dijo que tenía algo que hacer —digo, pasándome la mano por el cabello de forma insegura. Parece que Rizos no me cree, pero es la verdad.

—¿Estás segura que no te dijo que iba a hacer?

Niego con la cabeza.

—¿Y las envió a ustedes dos? ¿No a Marcus? ¿O alguno de sus chicos? —cuestiona Rizos, entrecerrando los ojos como si intentara asustarnos, como si estuviéramos aquí por alguna otra razón. Tal vez piensa que somos policías o algo así.

—No necesita enviar a sus chicos cuando puede enviar a su chica —dice Charlotte entre dientes apretados mientras pone los ojos en blanco y quiero patearla. Ellos no necesitan saber quién soy y en realidad no quiero que lo sepan.

Atractivo capta mi atención de nuevo cuando enciende su cigarro, su perfil proyectado en luz y oscuridad, sus mejillas se hunden cuando inhala. Exhala una nube de humo por la comisura de la boca y no puedo obligarme a apartar la mirada.

—¿Eres la chica de James? —le dice a Charlotte, que empieza a reírse.

—Cielo, ¿tengo aspecto de querer acercarme a ese cabrón? Preferiría tomar cloro. No, B aquí es su chica —asiente hacia mí. Él me evalúa en silencio, pero Rizos es más verbal.

—¿Su chica? Pues maldita sea. ¿Por qué no lo dijiste? ¿Cuál es tu nombre, Muñeca?

Sus preguntas no me hacen sentir más tranquila; como si saber que soy la chica de James hubiera hecho alguna diferencia sobre cómo se iba a desarrollar todo esto.

Quiero mentir, pero lo pienso dos veces, me resigno a hablar un poco.

—Bella.

—Bella. —Pronuncia lentamente mi nombre, rodándolo en su boca como si intentara saborearlo, probarlo, ver si le gusta. Me hace sentir incómoda así que aparto la vista, sintiendo todavía el peso de su mirada. Dice algo más, pero en voz mucho más baja, como si se hubiera girado, así que no lo escucho adecuadamente. Una cortante voz negando algo me hace alzar la vista hacia ellos de nuevo.

Rizos se está encogiendo de hombros y se está girando hacia nosotras de nuevo. Detrás de él, Atractivo está tenso, frunciendo el ceño y dándole otra calada a su cigarro. Sus ojos se encuentran firmemente con los míos, pero soy yo quien aparta la vista primero, inquieta. Tal vez debí haber prestado atención.

—Tu amiga no parece muy contenta con tu novio —me dice Rizos, suena divertido—. Ahora, ¿por qué será eso?

Tenía que notar eso. No estoy segura de a dónde va esto, así que solo digo:

—Eso no es de tu incumbencia. —Charlotte intercede con un—: ¿Hablas en serio?

—Cállate, Char —siseo.

Ella no me está escuchando.

—Tienes ojos, ¿no? Él es poca cosa. Mi chica merece lo mejor y definitivamente él no lo es.

Rizos sonríe y yo cruzo los brazos con el ceño fruncido. No sé qué tiene que ver esto con lo otro. Toda esta situación es más que bizarra.

—¿Y cuál es tu nombre? ¿Char? —dice Rizos con su atención ahora en Charlotte.

—Charlotte. ¿A ti qué te importa? —replica, claramente no está de humor para entretenerlos a pesar de que ella ofreció la información en primer lugar.

—Nada en absoluto, cariño —dice Rizos perplejo. Luego—: ¿Esto será algo regular? —Me mira. ¿Se refiere a hacer esto por James? Me encojo un poco de hombros. Espero en Dios que no.

»Para futuras referencias, ese cabrón gordo es Ben. —Señala a Cerdito que frunce el ceño, todavía se está frotando la nuca—. GQ ahí es Masen. —Señala con una mano a Atractivo—. Y yo soy Alec.

—Pues diría que fue un gusto conocerlos, pero estaría mintiendo. Si ya terminamos aquí, se está haciendo muy tarde y esta chica necesita su sueño de belleza —dice Charlotte deliberadamente—. Deberíamos irnos —me reitera y camina para rodear el carro. Me detengo sin saber en realidad qué decir o qué hacer.

—Sí, deberíamos irnos. —Tuerzo la correa de mi bolsa en mis manos. Abro la puerta del carro para meterme, medio esperando que me detengan. Nunca antes me había sentido tan aliviada de sentarme en esta oxidada carcacha. Meto rápidamente las llaves en el contacto, dándome cuenta que mis manos están temblando mucho.

Alec se pavonea hacia nosotras, golpeteando la ventana y agachándose cuando la bajo. Sus gélidos ojos azules se encuentran con los míos.

—Dile a James que le faltan mil, si no los tiene la siguiente semana, voy a tomar lo que es suyo y lo haré mío; ¿entiendes lo que digo, Muñeca?

Sonríe de nuevo y me provoca escalofríos.

—Claro.

Cuando Alec se aleja encuentro a Masen mirando, a mí o a Alec, no estoy segura. Su expresión es ilegible, pero está desestimando lo que sea que Ben le está diciendo con un suave movimiento de cabeza.

Meto reversa rápidamente y nos quedamos en silencio hasta que llegamos al pavimento y al alumbrado.

—Al carajo con esta mierda —murmura Charlotte.

—Sí.


En el capítulo pasado olvidé aclarar unos puntos: es EdwardxBella, tiene final feliz y aparte del tema de las drogas habrá capítulos con diferentes tipos de violencia. Pondré advertencias al inicio de cada capítulo cuando sea necesario.

Volviendo al capítulo de hoy, pues ya les tocó echarle el primer vistazo a Edward, que aquí se conoce como Masen. ¿Qué les pareció este capítulo? Yo sé que todas ya estamos odiando a James y cuestionando por qué Bella sigue con él, pero todo lleva su tiempo. En este momento Bella siente que él es su única opción, ella también tiene su pasado turbio.

Mil gracias como siempre por leer, comentar, añadir a favoritos y alertas. No olviden decirme qué opinaron del capítulo ;)