Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


***Advertencia: este capítulo contiene violencia doméstica casi al final.***


Capítulo 3

Estoy corriendo en más de una forma.

Voy corriendo sin dormir, voy corriendo porque llego tarde y voy corriendo mientras bajo las escaleras, una mano se desliza sobre la suave madera desgastada y de la otra cuelgan los gastados zapatos de piso que siempre uso para trabajar.

Desafortunadamente para mí, mi exitosa racha de evitar al señor Ameer llega a su fin cuando su puerta se abre de golpe. No me detengo a pesar de que probablemente debería hacerlo.

—¡LA RENTA! —grita detrás de mí. Bajo otro piso de escaleras, mis pies retumban constantemente al bajar.

—Lo siento, señor A, voy tarde al trabajo; prometo que lo solucionaré en cuanto pueda —grito, alzando la vista para ver su arrugada cara asomarse sobre la barandilla. Al menos, eso espero.

Cuando llego a la entrada mis ojos caen en los buzones. No puedo recordar la última vez que revisé el nuestro; James no lo haría, nunca lo hace.

Busco la llave a toda prisa dentro de mi bolso, abro la puertita y meto un montón de cartas en el bolsillo frontal de mi bolso con la intención de entregárselas más tarde. Usualmente él se encarga de los recibos. Creo que no hay ni una sola cosa a mi nombre.

Miro mi celular maldiciendo por lo bajo. Se supone que ya debería estar en el trabajo y todavía ni siquiera me voy de aquí.

Jenny me regaña en cuanto checo mi entrada, me contengo de rodar los ojos mientras me desvisto en el baño, poniéndome el vestido rosa y atando mi mandil blanco con ella hablándome al otro lado de la puerta.

Jenny debe estar en sus cuarentas, cabello teñido de rubio con textura de algodón de azúcar y el delineador marcado con un delineado muy grueso. Muy mojigata para mi gusto, especialmente cuando empieza a hablar.

—No te haces ningún favor, señorita —me dice mientras intento arreglarme el cabello y el maquillaje en el pequeño espejo—. Crees que te mereces trato preferencial porque tu novio administra este lugar, pues no te trataré diferente de como trato a cualquier otra persona que trabaja aquí. Puedes añadirle la media hora que llegaste tarde al final de tu turno.

Tiene las manos en las caderas y mis labios tiemblan con la urgencia por decirle que se calle al carajo. En lugar de eso, sonrío y respiro profundamente, enfriando mi irritación. Después de todo, yo soy la que está mal.

—Sí, claro, perdón, no pasará de nuevo.

El día es muy largo, lento, caliente y estoy cansada hasta los huesos. Ha pasado una semana desde que le hice ese mandado a James y sigo intranquila en las noches, los sueños inquietos me mantienen girando y moviéndome en la cama. Me preocupo por él cuando no regresa hasta que sale el sol, pero él le quita importancia. Está haciendo lo que necesita hacer, o eso dice. Sin embargo, no puedo quitarme la sensación de que está pasando algo más.

—¿Qué quieres hacer? —le pregunto a Charlotte con las piernas balanceándose sobre la mesa de picnic que está frente a la cafetería. Hace una hora que terminé mi turno y me reuní con Charlotte en la parte de enfrente. Hemos estado sentadas aquí durante una hora absorbiendo los rayos del sol. Mis muslos se están pegando incómodamente a la madera pintada que hay debajo y mi vestido se ha subido casi de forma indecente, pero estoy demasiado ocupada disfrutando del sol para importarme. Charlotte está sentada junto a mí recargada sobre sus brazos, tiene la cabeza alzada hacia la bola de fuego en el cielo con unas gafas de sol puestas sobre su cara.

—Ah, no sé, B, podría quedarme aquí todo el día —dice con añoranza.

—Yo también, la verdad —digo, sintiéndome demasiado floja para moverme.

Nos quedamos en un cómodo silencio escuchando a Gnarls Barkley cantando "Crazy" en su iPod, yo tengo un audífono y ella el otro.

—¿Te ha pedido James que lo hagas de nuevo? —pregunta en voz baja cuando pasa gente junto a nosotras. Me pongo en alerta al verla. Ha sido muy firme en que debería decir que no si hay una próxima vez.

Si tan solo fuera así de fácil.

—No —respondo con vacilación.

—Bien.

Asiento.

No decimos más en realidad; creo que ambas queremos dejar esto detrás de nosotras, pero tengo una molesta pregunta.

Suspiro y Charlotte me lanza una mirada.

—No es nada —digo balanceando el pie y frunciendo el ceño.

—Dilo —me anima, quitándose el audífono. Miro a nuestro alrededor, queriendo asegurarme que de verdad no nos pueden escuchar.

—¿Recuerdas cuando el tipo Alec estaba preguntando nuestros nombres esa noche? —Charlotte asiente para que siga hablando—. ¿Qué les dijo a los otros cuando se dio la vuelta?

—¿Eso es lo que te ha estado molestando?

—No lo diría así… pero era algo sobre mí, ¿cierto?

—No fue nada importante, B, solo dijo algo de que tú encajabas en Fever… lo que sea que sea eso.

—Oh —digo, relajando los hombros—. Pues está bien, supongo.

Charlotte se ríe.

—En serio, chica, a veces te obsesionas con las cosas sin importancia. ¿No notaste a GQ viéndote como si fueras lo mejor que ha visto jamás?

Me quedo boquiabierta y siento todo mi cuerpo calentarse.

—¿Qué?

Charlotte solo se ríe, se baja de la banca de un salto y hace un bailecito para estirarse antes de ponerme de pie.

—Vamos, demos un paseo a Target. —Entrelaza su brazo con el mío y me siento más ligera de lo que me he sentido en semanas.

Nuestro viaje a las tiendas se ve interrumpido. Charlotte está golpeteando violentamente con los nudillos la puerta de la casa de María, el vidrio está traqueteando. Luego de recibir una serie de mensajes incoherentes, nos apresuramos hacia su vecindario para ver cómo está.

Charlotte me dice que el comportamiento de María ha sido errático por decir lo menos desde que rompió con Petey. Sé que tiene razón, usualmente la veo más seguido, pero no la he visto desde la fiesta de Janie hace un par de semanas. Me siento culpable. Debí haberla revisado antes de ahora, ni siquiera le he enviado un mensaje. He estado demasiado metida en mis propias mierdas. Me muerdo el labio, jurando en silencio que seré una mejor amiga de ahora en adelante.

—Abre, perra, sé que estás ahí —dice Charlotte, tocando con más fuerza la puerta y dándole una patada por si las dudas.

No es como que necesite hacerlo, la puerta ya ha sido reparada antes, la madera dispareja hace que su casa se vea como la pocilga que es. El vecindario de María está solo un nivel más arriba del mío; la miseria se aferra a las casas, las calles y la gente, como alquitrán que no puede ser tallado.

Miro hacia la calle, viendo que hemos atraído la atención de los vecinos que están sentados en los escalones y en los porches de enfrente, mirando con un poco de diversión mientras fuman sus cigarros. Unos niños que están más abajo en la calle se detienen a ver, están jugando básquetbol en la calle, el sonido de hip hop de mierda retumba desde algún lugar.

—¡Urgh! —Charlotte se gira para verme con la cara llena de exasperación.

—¿Crees que está bien? —Me muerdo el labio, la preocupación empieza a pesar mucho en mi pecho. Acercándome a la ventana lateral que está en el porche, junto las manos para ver a través del vidrio. No puedo notar señales de vida. Tal vez salió. No es que eso sea mejor si está completamente intoxicada.

—Déjame llamarle de nuevo. —Charlotte se lleva el teléfono a la oreja y sacude la cabeza—. Juro por Dios que esta chica me irrita muchísimo. —El teléfono suena y Charlotte lo intenta de nuevo.

Al no tener éxito, lo mete de nuevo en el bolsillo de sus shorts de mezclilla.

—Revisemos la parte de atrás —sugiere, bajando los escalones del porche de dos en dos.

El portón de alambrado en un lado de la casa tiene candado y lo vemos por un minuto hasta que Charlotte anuncia que tendremos que saltarla.

—¿Has pensando en cómo se ve esto? —gimo, sacudiendo los pies al aterrizar con demasiada fuerza en el suelo del otro lado, el aterrizaje hizo que me cosquillearan los talones.

—Te preocupas demasiado. Estamos velando por el bienestar de una amiga, diría que esa es razón suficiente para saltarnos las cercas, ¿cierto? Dios, espero que esa perra tonta no haya hecho algo estúpido. Sé que está dolida por Petey, pero en serio, esa chica necesita controlarse.

—Sí, pues sé amable, ¿de acuerdo? A veces puedes tener tanto tacto como un ladrillo que atraviesa una ventana.

—No sé a qué te refieres —responde agitándose el cabello.

—Sí, claro.

Nos movemos hacia la parte trasera de la casa donde el patio está descuidado, una mezcla de hierbas secas color amarillo, tierra y basura.

Si soy honesta, estoy un poco celosa. Daría al menos un meñique por tener un patio, especialmente en los meses de verano.

Un refrigerador viejo, un carrito volteado y una televisión estrellada están mezclados con juguetes descoloridos para niños.

En cierto momento, ella tuvo una hija; no habla de ella para nada. Al menos, no conmigo. Solo sé lo que Charlotte me ha dicho; por alguna razón, se llevaron a su bebita a una casa de acogida y nunca la podrá recuperar.

No la juzgo por eso. No conozco todos los detalles; además, tengo la impresión de que María ya se castiga lo suficiente por lo que sea que haya pasado.

La puerta trasera se abre cuando Charlotte lo intenta y me lanza una sonrisa satisfecha que dice "Te lo dije". Le sonrío de forma débil, me siento aprensiva.

La casa está hecha un desastre. Lo peor que he visto. La puerta trasera se abre en la cocina; las cacerolas sucias se amontonan en el fregadero y hay envolturas de comida tapando cada superficie. El persistente olor de comida podrida flota desagradablemente en el aire y siento arcadas, me tapo la boca con la mano.

—Dios.

Charlotte hace una mueca, pero sigue adelante hasta que la escucho gritar desde un lugar al final del pasillo.

—¡LA ENCONTRÉ!

Me tambaleo detrás de ella, mis pies se topan con ropa tirada a lo largo del corredor, casi haciéndome tropezar.

Su habitación no está en mejor estado que la cocina. La puerta del armario se cayó y hay más ropa en el piso que colgada ahí; la habitación está llena de tazones, platos y latas vacías de cerveza, pudriéndose con el clima caliente. Las cortinas están cerradas y en la tenue luz apenas puedo distinguir la pequeña figura de María acurrucada en la cama sin alzar.

—¿Está bien? —Me acerco y me detengo junto a Charlotte, que está sobre ella. María tiene una botella de Jack en una mano, los contenidos gotean y manchan el colchón. Está usando un sostén y una falda de mezclilla que se le subió hasta la cintura, revelando un par de nalgas redondas y una pequeñísima tanga roja. Agarrando la botella, se la quito de los dedos mientras Charlotte la sacude gentilmente.

—¡María! Cariño, ¿puedes oírme? —María gime incoherentemente y se da la vuelta. Charlotte la sacude de nuevo—. María, vas a tener que despertarte.

Abre un poco los ojos antes de cerrarlos de nuevo.

—Estoydormida —arrastra las palabras.

—Iré por un poco de agua —digo, regresando a la cocina; contengo el aliento para evitar el mal olor y regreso rápidamente con un vaso opaco de agua.

Charlotte suspira y jala una sábana sobre María, tapando sus delgados miembros y su culo desnudo.

—Va a tardar un rato en que se le pase la borrachera. No podemos dejarla en ese estado, podría ahogarse con su propio vómito. —Se sienta en la orilla de la cama y saca su celular de nuevo, sus dedos vuelan mientras escribe furiosamente un mensaje. Me uno a ella.

—Se suponía que vería a Troy esta noche, así que eso está cancelado… ¿pijamada? —me pregunta con falso entusiasmo.

Me encojo de hombros, sacando mi celular. Ya tengo unas cuantas llamadas perdidas de James y hago una mueca. Seguirá llamando hasta que le conteste.

—Debería llamarlo, vuelvo en un segundo —digo, me levanto de nuevo y cruzo la casa hacia el jardín.

El sol está metiéndose y brillando en el cielo cuando encuentro un lugar en una silla rota. Presiono el botón de llamar con nerviosismo.

Responde casi de inmediato.

—B, he estado intentando contactarte. ¿Dónde carajos estás?

Hago una mueca. No hay un saludo, un hola, cómo estás, y está bastante claro que está enojado.

—Hola, sí. Lo siento. Estoy en casa de María con Char, está muy mal por Petey.

James bufa en mi oído y, por la forma en que su respiración se detiene, sé que está fumando.

—No sé por qué te molestas con esas putas —dice con desprecio, exhalando.

—Son mis amigas. —Mi voz suena tan pequeña como me siento, como una niña siendo regañada. Pateo el diente de león que está cerca de mi pie, las semillas explotan y se van con la brisa, trayendo vagos recuerdos sobre pedir deseos cuando era pequeña. ¿Qué podría desear ahora?

—Escucha, ¿vas a salir esta noche? —pregunto con cautela.

—Sí, ¿por qué?

—Entonces me voy a quedar aquí.

Se queda callado del otro lado. No tiene una buena razón de por qué debería estar en casa si él no estará ahí de todas formas. Aun así, me preparo, sabiendo cómo es él, preguntándome si se retractará y encontrará cualquier razón posible de por qué no debería quedarme.

—Bien —dice lentamente, hay un filo en su voz—. Te veré mañana, bebé.

—¿Bien? Um, te veo mañana entonces.

Él cuelga primero y me quedo con el ceño fruncido, preguntándome por qué dejó ir el tema tan fácilmente. Pasando los dientes sobre mi labio, me quedo sentada por un minuto viendo mis pies. Hay cierta inquietud posándose en mis huesos; es casi demasiado bueno para ser verdad. Tal vez esto es lo que él quiere.

Él siempre sale hasta tarde, pero nunca lo cuestiono, no como solía hacerlo. Mi mente vaga hacia Vicky, lo cercanos que se veían la otra noche y se me retuerce el estómago de forma desagradable. ¿Me está engañando?

Tal vez estoy siendo demasiado cínica. Debería estar feliz, ¿cierto? Tal vez de verdad está cambiando.

Mientras María está inconsciente, Charlotte y yo limpiamos la casa lo mejor que podemos, viendo cómo está de forma periódica. Es lo menos que puedo hacer, y espero que en cierta forma esto pueda compensar el no haber estado cerca de ella.

Llenamos cinco bolsas de basura en una hora con Charlotte diciéndome que deje de ser una llorona cuando sacamos la basura, ya que tengo arcadas hasta el punto de tener que apoyarme en mis rodillas.

—Guárdatelo —digo desde detrás de mis manos—. ¡Eso está jodidamente rancio!

Charlotte se encoge de hombros. Ella trabaja en un lindo hotel en el centro como mucama, pero antes de eso administraba un mugriento motel.

—Solo es comida caducada —dice—. Primero limpia mierda de las paredes y luego hablamos.

Ya son las dos de la mañana cuando nos dejamos caer sobre el abultado sofá café, la casa se ve medio decente. Exhausta, dormito con la cabeza apoyada en el hombro de Charlotte.

María se une a la tierra de los vivos justo cuando estamos pensando en qué desayunar. Entra dando tumbos a la sala y nos mira parpadeando antes de lanzarse al baño y vomitar hasta que estoy casi segura que se va a romper algo.

Me siento en la orilla de la tina, sosteniendo su fino cabello rubio y frotando su espalda.

—Mejor afuera que adentro, ¿cierto? —Le ofrezco un vaso de agua cuando escupe en la taza.

—Gracias, bebé —dice, su mano seca aprieta la mía cuando acepta el vaso. Dos Tylenol más tarde, la tenemos sentada en el sofá entre nosotras con un tazón a la mano por si acaso.

—Lo siento —dice, agitando una mano hacia la sala—. Gracias por limpiar mis mierdas. Y-Yo no he tenido la oportunidad, con todo lo demás. —Su voz suena ronca y tiene el rímel corrido bajo sus ojos rojos.

—Chica, necesitas ordenar tus mierdas —dice Charlotte, tomándole la mano—. Sé que las cosas están difíciles en este momento, pero tienes que empezar a cuidar de ti.

—Lo sé… lo sé —murmura con los ojos caídos—. El que Petey me dejara de nuevo me ha afectado; sigo intentando llamarlo, pero no contesta. Dice que esta vez ya terminó de verdad. —Solloza, las lágrimas dejan marcas por su cara. Agarro un pañuelo y se limpia los ojos.

—Sí, pues no lo culpo por eso —dice Charlotte de forma directa. Mis ojos se mueven hacia los de ella sobre la cabeza de María y niego lentamente. Nada de tacto. Charlotte pone los ojos en blanco.

—Hablaré con él por ti si quieres, pero nadie puede hacerlo cambiar de parecer si quiere terminarlo, ¿sabes?

Ella me mira con lágrimas en los ojos.

—¿Harías eso por mí, Bella?

Asiento y me dedica la más pequeña de las sonrisas llorosas.

—Sé que lo jodí con ese tipo, es que estaba muy intoxicada. Ni siquiera sé su nombre, por Dios, tuve que tomarme la pastilla del día siguiente ya que ni siquiera podía recordar si usamos algo.

—De todas formas, ¿cómo terminó pasando? ¿Creí que estabas bien con Petey?

María exhala con fuerza, su fleco se alza.

—Petey y yo tuvimos una pelea tonta, dijo que no quería que siguiera bailando. Quiere encargarse de mí…

—¿Y eso es malo? En serio —interrumpe Charlotte—. Dios no permita que él quiera sentar cabeza con su chica.

María sacude la cabeza.

—No lo entiendes, Char, me gusta bailar. Me gusta el dinero. Soy buena en ello, ¿por qué debería dejarlo? Él necesita aceptar que es parte de quien soy, pero no lo hace, ni lo hará. No importa.

»Como sea, estaba enojada y salí con algunas chicas del club, y todas empezamos a platicar con un grupo de chicos y una cosa llevó a la otra. Como dije, estaba intoxicada, nunca, nunca pretendí hacerlo y ni siquiera lo puedo recordar bien.

Las lágrimas fluyen libremente, su intento de limpiarlas no sirve.

—Solo… solo quiero que el maldito mundo se detenga. Desde que perdí a mi Princesa, siento que estoy… vacía. Todo se ha ido a la mierda. Y ahora… he perdido a mi Petey y carajo no puedo soportarlo. Y lo peor es que todo es mi culpa.

Su cara se arruga con desolación y la rodeo con mis brazos cuando empieza a llorar más fuerte, sus sollozos le sacuden el cuerpo. Le digo de la forma más tranquila posible que todo estará bien, y de verdad espero que me crea porque ni siquiera yo estoy segura de creerlo.

Esto solo me recuerda que todos estamos a un error de joderlo todo.

—¡Bella!

Aprieto los ojos con fuerza, esperando poder quedarme más tiempo en cama. Nuestra habitación está a oscuras así que no estoy segura de cuánto tiempo he dormido, pero debieron ser horas. Desorientada y adormilada, tropiezo y abro la puerta de la habitación, la brillante luz me cala en los ojos.

Regresé de casa de María ya entrada la tarde y decidí tomar una siesta, estaba exhausta. No estaba muy segura de dejarla, pero entre ella insistiendo y el tener un turno temprano en la cafetería finalmente cedí con promesas de ver cómo estaba el fin de semana.

James se acerca y me rodea con sus brazos, jalándome hasta quedar pegada a él, su duro cuerpo contra el mío. Entierro la cabeza en el suave algodón oscuro, sorprendida por su muestra de cariño. No es completamente indeseable. Esos momentos donde él es la persona de la que me enamoré, me aferro a ellos como el oro en polvo que son, con la esperanza de que él vuelva a ser esa persona de nuevo.

Se aparta y roza sus labios sobre los míos. Sonrío por primera vez en lo que parece ser una eternidad y alzo la mano para apartarle el sucio cabello rubio de sus fríos ojos.

—Hola.

—Hola.

Mira alrededor del apartamento.

—¿No hiciste nada hoy?

Mi sonrisa se desvanece. Hay trastes sucios del otro día en el fregadero y necesito llevar una pila de ropa a la lavandería, pero no está muy mal, no considerando que los últimos días en realidad no he estado aquí.

—No tuve tiempo, llegué y me dormí. Estaba muy cansada después de anoche… —Mi voz se va apagando.

—De todas formas, pudiste haber hecho algo —dice con desdén, soltándome y tomando asiento en el desgastado sofá de cuero azul. Y justo así, los efímeros momentos de comodidad desaparecen.

—¿Tienes hambre? Puedo preparar la cena —le ofrezco, desesperada por aferrarme a ellos.

—Sí, claro. —Saca su celular y maldice por lo bajo. Camino hacia la cocina y suspiro, mis hombros se hunden con el peso de la incertidumbre. Nunca sé dónde me encuentro con él.

La cena pasa en silencio, el golpeteo y raspar de los tenedores y cuchillos sobre la porcelana hace más ruido que alguno de nosotros. James está distraído, su celular suena unas cuantas veces. Él lo ignora, dejando que suene hasta detenerse. No sé por qué, no es como que esté platicando conmigo, a pesar de que intento hablar con él, queriendo sentir de nuevo la chispa de cariño que sentí antes.

¿Qué hice mal?

Me muerdo el labio mientras recojo los platos. Al fin él contestó el teléfono y se fue a nuestra habitación, cerrando con firmeza la puerta a su espalda. Quienquiera que sea, no quiere tener público. Me tomo mi tiempo lavando, secando y guardado mientras escucho con atención la baja vibración de su voz. Sin embargo, no puedo escuchar con la claridad suficiente.

—¡Hijo de puta!

Escucho algo chocar contra la pared, seguido de un segundo golpe más alto. Segundos más tarde, él sale azotando la puerta tras de sí.

Todo en su comportamiento está lleno de furia, prácticamente puedo sentirlo radiando de él cuando pasa a mi lado y entra a la cocina, abriendo el refrigerador con violencia y sacando una cerveza. La abre, dándole un largo trago antes de sentarse pesadamente en el sofá.

Se queda ahí sentado por un minuto, completamente inmóvil, mirando al espacio. Quiero preguntarle qué sucede, pero lo pienso mejor, a pesar de que su mano derecha está sangrando, hay gotas de sangre brotando sobre la tinta negra justo debajo de sus nudillos. Debió golpear la pared.

Sacando una pequeña bolsa de plástico, verte un poco de polvo blanco en la mesita de vidrio y saca una tarjeta, cortándolo metódicamente en tres gruesas líneas exactas.

Lo miro, luego miro la cocaína, un vacío se posa sobre mí. Siempre ha sido un consumidor casual; quiero decir, incluso yo he participado antes, pero esto se está volviendo cada vez más frecuente. Me preocupa. Como me preocupan las noches que llega tarde. Es como si ya no lo conociera.

—B, siéntate, me estás enojando parada ahí nomás.

Me sorprendo por el sonido de su voz, dándome cuenta que me distraje.

Saca un billete de cien dólares y lo hace rollo mientras yo me siento obedientemente en la orilla del sofá, la amargura lame mi interior. No puedo recordar haber tenido antes un billete de cien dólares. Él toma mi pago de la cafetería y me da una "mesada". No puedo recordar haber aceptado eso en algún momento, pero así es cómo son las cosas.

—¿Todo bien? —pregunto vacilante, mi voz tiembla.

Se agacha y respira una línea, soltando un gritito y sacudiendo la cabeza.

—Bien.

Se agacha de nuevo, inhalando la segunda línea.

—¿Y?

La tercera desaparece. Él inhala, limpiándose la nariz, y se guarda el billete dentro de sus sucios jeans.

—¿Y qué? —espeta.

Trago en seco y me siento en silencio, jugueteando con la liga en mi muñeca. No debería ser tan difícil. No debería ser así.

—Escucha —dice bruscamente, arrancándome de mis pensamientos—. Necesito que otra vez entregues más dinero por mí esta semana.

Lo miro parpadeando, frunciendo el ceño.

—¿Por qué? ¿Creí que la semana pasada solo te hacía un favor? —digo sin estar contenta.

—Sí, pues a veces surgen mierdas —dice con un temblor en la mandíbula. Se talla la cara con una mano, y sus rodillas comienzan a rebotar.

—Y entonces, ¿qué, tengo que arreglarlo por ti? —digo con voz temblorosa, la molestia rompe una prudencia autoimpuesta.

Él me mira con frialdad. Luego me señala agresivamente con su dedo índice.

—Me estoy partiendo el maldito culo por nosotros dos en este momento, B, me estoy sacrificando aquí, ¿y vas a empezar con estas mierdas de nuevo?

—No intento empezar nada, es que… ¡no me gustó hacer eso la vez pasada!

Él se ríe amargamente.

—Jodidamente triste, pobrecita Bella no le gustó. Y. Qué. Carajos. Si te digo que hagas algo, lo haces, B.

Trago en seco.

—Nos apuntaron con una pistola a Char y a mí, no…

Estrella el puño sobre la mesita de café haciendo que se sacuda. Me encojo y se me atora la respiración en los pulmones.

—¿Qué carajos acabas de decir? —Respira con enojo, su nariz se contrae.

Me devano el cerebro.

—Dije que nos apuntaron con una pistola a Char y a mí…

Se para de golpe con los puños apretados y me pongo de pie también, poniendo distancia rápidamente entre nosotros, apenas me doy cuenta de mi error. Ya es demasiado tarde.

—¿Te dije que llevaras a esa putita contigo? —Agita los brazos al máximo, paseando con frustración contenida. No respondo—. ¿TE DIJE QUE LA LLEVARAS CONTIGO? —grita más fuerte.

Salto.

—¡Nunca me dijiste que no la llevara!

Gruñe, caminando hacia mí. Me doy la vuelta por instinto, el miedo explota a través de mí cuando alcanzo el pomo de la puerta, girándolo para abrirla.

James es más rápido, pone su mano sobre la mía y la aplasta con fuerza sobre el metal antes de siquiera poder entrar a la habitación. Él jala la puerta hacia nosotros con un movimiento repentino, empujando mi cabeza con fuerza hacia la puerta con su otra mano.

Grito, apartándome de la orilla de la puerta que se estrelló contra el costado de mi cara. El dolor crece, me siento débil y mareada cuando me gira hacia la pared. Sus dedos encuentran mi garganta, bajo mi mentón, presionando con una ardiente ira, el olor a cigarros y cerveza en su aliento me revuelve el estómago.

—¡No creí que importara, nunca dijiste nada! —Me ahogo, rogando, mis ojos se llenan de lágrimas, el costado izquierdo de mi cara arde.

—¡Por supuesto que IMPORTA con un carajo! —escupe.

Mi cabeza comienza a punzar, mi corazón late tan rápido, tan fuerte. Siento algo húmedo caer por el costado de mi cara.

—¡Ella no le dirá a nadie!

—¿Tienes una idea, una jodida idea, de lo que me costaría si ella abre esa enorme boca que tiene?

Estoy rasguñando su muñeca, desesperada por liberarme de su agarre.

—¡No lo haría! ¡No haría eso! —Estoy mintiendo, pero me siento desesperada por que me suelte y lo sabe.

Solo se ríe, justo en mi cara, de forma letal, suave y cruel.

—Son jodidas mierdas. ¡Esa perra no sabría cómo mantenerla cerrada ni aunque estuviera enterrada seis jodidos pies bajo tierra!

—Por favor, Jay, me estás lastimando —lloriqueo, se me escapa una lágrima—. Lo prometiste.

Me suelta y jadeo, pensando que finalmente me escuchó, hasta que azota mi cabeza contra la pared.


Yo sé que todas queremos que Bella deje a James de inmediato, y ese momento llegará, pero por ahora se siente atrapada con él. Y sí, Edward aquí no es del todo bueno, pero más adelante veremos otro lado de él.

No olviden dejarme sus comentarios :)