Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 4
La visión en mi ojo izquierdo es borrosa cuando despierto acostada en horizontal sobre la vieja y rasposa alfombra color azul grisáceo. Me siento de forma lenta, parpadeando rápidamente. Sigue oscuro afuera, así que no estoy segura si han pasado minutos u horas desde…
Desde lo que pasó.
Se me forma un nudo en la garganta cuando me quedo quieta, escuchando con atención. Se oye el ligero ruido del refrigerador, el tráfico en la calle, la televisión de nuestro vecino de abajo intercalado con el tembloroso sonido de mi propia respiración.
El resto del apartamento está en silencio.
Él no está aquí.
Con la cabeza latiendo intento aclarar mis pensamientos, pero todo el lado izquierdo de mi cara se siente… no se siente bien, está palpitando de forma dolorosa y molesta, y entre más tiempo estoy sentada más consciente me voy haciendo de ello.
Carajo.
Subo la mano para tocarme con cuidado la cabeza, mis dedos sienten la humedad en el cabello y en mi cara. Me paro lentamente, sintiéndome inestable sobre mis pies cuando me tambaleo hacia el baño.
Entrecierro los ojos cuando me inclino sobre el lavamanos, las náuseas incrementan. Puedo ver sangre manchando mis dedos y cuando alzo la vista hacia mi reflejo, aprieto el agarre en el lavamanos.
Hay sangre en todas partes; cayendo por el costado de mi cara, en mi ojo izquierdo, en mi frente y en mi enmarañado cabello; se ve oscura y pastosa donde ya se ha secado. Un corte justo sobre mi ceja parece ser la fuente del sangrado. Mi ojo y mi mejilla están hinchados, un pálido color morado está creciendo donde la puerta chocó con mi cara; hay una marca casi perfectamente derecha.
No sé qué se siente peor. El dolor físico, o el que él me haya prometido que esto no volvería a pasar. E igual que todas las promesas que llegaron antes, esta había sido rota.
Me muerdo el labio para evitar llorar, pero termino quejándome de forma patética cuando comienzo a reparar el daño que él ha hecho.
Me tardo casi una hora lavándome la sangre del cabello y curándome lo mejor que puedo. El corte sobre mi ceja no se ve tan mal después de haber detenido el flujo de sangre, aunque tengo la sensación de que podría dejar cicatriz ya que no hay manera en que pueda ir a emergencias para que me pongan puntos. Son demasiadas las preguntas que no puedo responder.
Cerrando la puerta con seguro, camino dentro del apartamento durante un rato con apatía mientras intento componerme. Estoy muy segura que James no volverá a casa otra vez esta noche y eso me da un poco de espacio para respirar. Un poco de tiempo para pensar.
Repaso cada detalle de nuestra pelea. Su cara furiosa aparece ante mis ojos incluso cuando los cierro; los destellos de enojo, el momento crítico donde ya no hay forma de seguir razonando con él. ¿Merecía esto? Ciertamente llevar a Char conmigo no era la peor cosa del mundo. Intento verlo desde su punto de vista, pero no puedo reconciliarlo con lo que él ha hecho.
Y estoy cansada de esto.
Cansada de tener que andar con cuidado alrededor de él todo el tiempo, temerosa de desencadenar todo un nuevo ciclo que siempre termina igual. Una y otra y otra vez.
Sé que las cosas necesitan cambiar y yo necesito ser quien lo haga. Necesito ser lo suficientemente fuerte para decir ya basta.
Necesito…
Necesito ayuda.
María está lidiando con sus propios problemas. No debería hacerla cargar los míos también. Charlotte… me muerdo el labio. No puedo llamar a Charlotte, no justo ahora. No puedo enfrentar su brutal honestidad o la lástima que viene con eso porque ella sabía que esto volvería a pasar. ¿Cuántas veces me ha dicho que lo deje?
Y aun así sigo aquí. Porque él es todo lo que tengo. Y la vida es… la vida es complicada. Y una vez creí amarlo, y una parte de mí sigue haciéndolo.
La vergüenza me inunda y las lágrimas comienzan a acumularse de nuevo en mis ojos. Me meto a la cama, tapándome con las cobijas hasta que me encuentro en un suave capullo blanco.
Es solo entonces cuando me permito soltarlo todo. Lloro hasta que no puedo respirar, hasta que me duele el pecho, hasta que las sábanas están húmedas; se sienten incómodas contra mi piel.
Y eventualmente sucumbo a un sueño inquieto e inestable.
…
Es viernes en la noche y estoy parada en el estacionamiento de un motel sombrío a un lado de la autopista, esperando. Pasan de las diez, nubes espolvoreadas de rosa están siendo rápidamente devoradas por la oscuridad conforme el sol se va hundiendo detrás del horizonte.
Han pasado dos días y no he visto a James en ese tiempo. Regresará pronto, siempre vuelve. Me envió un mensaje, diciéndome que dejó el teléfono desechable y el dinero en la caja fuerte de la cafetería.
Ya sabes qué hacer.
No hay disculpas, ni súplicas. Me hace arder la sangre que él ni siquiera se ha molestado lo suficiente para preguntar cómo estoy. Si estuviera muerta, ¿cómo lo sabría? Me río de eso y luego lloro porque eso lo dice todo. No le importa.
Los colores morado y azul se encuentran escondidos debajo de mi cabello cuidadosamente peinado y un montón de maquillaje; tengo una curita en la ceja, intentando mantener protegida la cortada. Tengo suerte de que el clima se haya enfriado en los últimos días porque de otra forma esa mierda se me resbalaría de la cara.
Me froto las manos en las piernas desnudas intentando calentarlas, tirando de las mangas de la sudadera azul sobre mis puños. Estoy tentada a encender el motor solo para alejar el frío de mi piel, pero no quiero desperdiciar la gasolina.
En lugar de eso, miro la entrada del estacionamiento, veo como los carros pasan zumbando por la autopista, ocasionalmente pasa una persona caminando y mirando al motel con desagrado; es ese tipo de lugar. Destartalado y de mala muerte.
Pasan cinco minutos antes de que llegue el mismo BMW; lo reconozco al instante, mi corazón se acelera, las luces me ciegan momentáneamente mientras se paran junto a mí.
Esta vez me aseguré de llegar aquí antes de lo que ellos me indicaron, no quiero enojar a nadie. Así que tuve un poco más de tiempo, todavía me dan mareos ocasionales. Al investigar en internet me encontré con que eso es normal para una herida de cabeza. Una contusión. Supongo que no debería estar manejando, pero en realidad no tengo opción.
Me estremezco y me bajo del carro, azotando la puerta detrás de mí incluso antes de que se apague el motor del BMW. Una brisa agita los árboles bajo los cuales estamos estacionados, soplando a través de la delgada tela de mi sudadera y de la tela todavía más delgada del vestido estilo jersey que me puse después del trabajo. Sabía que debía haber usado jeans, pero el clima de estos días me ha hecho olvidar lo frías que se pueden poner las noches de verano normalmente.
—Muñeca —me saluda Alec con una sonrisita cuando se baja del BMW. Se mete las manos a los bolsillos y se acerca a mí, el piso cruje bajo sus pies, su cabeza llena de rizos está ligeramente ladeada contra el viento—. Ya no puedes mantenerte lejos, ¿eh?
Su saludo es considerablemente diferente al de la primera vez. Está más relajado y me hace sentir menos nerviosa, aunque el recelo sigue ahí. Sé que no querría estar en el lado equivocado de alguien como él.
—Algo así.
—¿Tu amiga no está contigo esta noche?
—No —digo, deseando desesperadamente que estuviera aquí. La he estado evitando, algo que se siente completamente mal porque es Charlotte. Solo necesito un poco más de tiempo antes de verla. Antes de que ella me vea a mí.
Masen se baja del lado del conductor y camina hacia nosotros, analizando el estacionamiento con un giro de cabeza de un lado a otro. Se ajusta la chaqueta negra sobre sus hombros, una pistolera doble se destaca sobre el blanco de su camiseta. No me sorprende que lleve armas. Me saluda con un asentimiento brusco y el calor crece en mis mejillas; está tan bueno como lo recordaba. Nariz recta, mandíbula afilada, barba en su rostro. Dios.
—¿Y James? ¿Dónde está esta noche?
—No lo sé —suspiro de forma cansada, regresando mi atención a Alec.
—No pareces saber mucho, ¿cierto?
Me cala porque tiene razón.
—No soy su custodio —respondo, la irritación tiñe mis palabras.
—Y aun así aquí estás.
Lo encuentra divertido, y no se me escapa que sus ojos se detienen en mi rostro un segundo de más. No respondo; no necesito dignificar eso con una respuesta. Creo que mi silencio les dice todo lo que necesitan saber. No soy su custodio, él es el mío.
—¿Tienes lo que necesito? —Alec estira una mano grande, con anillos de oro adornando un par de dedos. Asiento en silencio, sacando un sobre mucho más grueso que el último de mi bolso—. Buena chica —arrastra las palabras, tomando el sobre. No estoy segura si pretendía ser condescendiente, pero así suena.
Su celular suena de repente, hace mucho ruido en el silencioso estacionamiento, y se disculpa, apartándose y dejándonos a Masen y a mí ahí parados a solas.
Permanecemos en silencio por demasiado tiempo y es incómodo, quiero desaparecer.
Masen saca una cajetilla de Marlboro y un encendedor Zippo de sus bolsillos. Prende el encendedor, acunando una mano contra el viento cuando inhala bruscamente.
—¿Quieres uno? —dice, su voz baja me sorprende.
—Claro.
Trago cuando me ofrece su cajetilla, saco uno de forma torpe y el calor se alza de nuevo en mis mejillas. Metiéndolo entre mis labios, estiro la mano pidiéndole el encendedor, pero me ignora, se agacha y acerca su mano para proteger la mecha, sus dedos están tan cerca de mi cara que podría tocarme. De hecho, está tan cerca que puedo olerlo; un sutil olor a cítrico, a fresco.
Me hago hacia atrás, apenas puedo respirar cuando veo su mirada y su sonrisa, mi corazón late de forma salvaje.
—Gracias.
—No es nada.
Nos quedamos en silencio otra vez y no sé qué decir, él está buenísimo y es intimidante. Alzo la vista, exhalando hacia el cielo nocturno.
Supongo que usualmente es Charlotte quien me presenta a la gente. Ella siempre tiene algo que decir y las conversaciones salen de ella. Sin ella estoy perdida, dando tumbos como si no pudiera dar el primer paso.
—¿Qué le pasó a tu cara?
La pregunta cuelga en el aire y lo miró sorprendida, mi mano vuela hacia mi cabello, tapándome rápidamente ese lado de la cara. No me di cuenta que me había estado viendo.
La verdad es una carga muy pesada. Todos en el trabajo han aceptado mi versión retorcida de la verdad; choqué con una puerta, pero no estoy segura de que Masen sea así de crédulo. Mi instinto me dice que no. La verdad no es algo que quiera divulgar a un extraño.
—Nada… es que soy torpe.
Intento mantener mi tono casual. No es una mentira; definitivamente soy torpe, solo que no en la forma que esto implica. Torpe con la verdad. Debí haber mantenido la boca cerrada. Nada de esto habría pasado si me hubiera guardado las cosas para mí.
Masen me estudia por lo que parece ser una eternidad y por primera vez me siento completamente expuesta, como si estuviera viendo lo que otros no ven, o intentan no ver. O ven y no les importa.
—¿Estás segura de eso? —pregunta, analizando mi cara. Sus palabras suenan tan seguras, como si él lo supiera. Aparte de Charlotte, nadie me lee así. Charlotte puede notar si estoy mintiendo de inmediato, todos los demás solo aceptan cualquiera que sea la excusa de mierda que les doy.
Bajo la vista a mis pies, empujando las puntas de mis tacones en el piso.
—Estoy segura.
Por alguna razón, siento la necesidad de decirle algo más. Algo real. Quiero decir, ni siquiera lo conozco, pero creo que quiero hacerlo.
Ese pensamiento permanece en el silencio entre nosotros.
—Me rompí el brazo en dos lugares cuando tenía siete años —digo antes de poder detenerme. Señalo mi brazo derecho—. Me tropecé en una caminata.
Las cejas de Masen se alzan hacia su despeinada mata de cabello.
—¿Sí? —Sus labios se estiran en una sonrisa y se ve tan jodidamente bien. Exhalo un aliento.
—Sí, era muy torpe de niña. Mi, um, papá siempre… —me quedo callada. ¿Qué estoy haciendo aquí? Nunca hablo sobre mi papá. Jamás.
—¿Tu papá? —me anima Masen, sus ojos no se apartan de mí.
—Siempre decía que era problemática —digo entre dientes al fin.
—¿Qué dice de ti ahora? —presiona Masen. Me muerdo el labio, apartando los ojos por un segundo antes de regresar mi mirada a la suya.
—No dice nada. Ya no hablamos.
La sonrisa de Masen se desvanece, sus cejas se juntan en un ceño fruncido. Doy una larga calada, conteniendo el humo en mis pulmones hasta que me empieza a marear la cabeza.
—¿Se pelearon?
—Supongo… está en la prisión estatal. Cumpliendo veinticinco años con posibilidad de cadena perpetua. No quiero tener nada que ver con él —respondo sin intentar detener el resentimiento que sale en cada palabra.
—Mierda —exhala Masen—. Carajo. —Se pasa una mano por el cabello y se talla la barba que tiene en la cara—. ¿Qué hizo?
—¿Qué no hizo? Mira, en realidad no quiero hablar de eso, es mi culpa. Yo lo mencioné, pero podemos…
—Está bien —interrumpe Masen—. Soy alguien tranquilo, todos tenemos mierdas de las que no nos gusta hablar, ¿cierto?
Él es como un respiro de aire fresco y de repente me siento cómoda. Es agradable no sentirme al límite, no tener que justificarme, a pesar de que me encuentro haciendo eso.
—Sí. Perdón, es que la gente normalmente quiere toda la historia, ¿sabes?
—Sí. Lo sé.
Nos quedamos en silencio de nuevo y me pregunto a dónde se fue Alec. Lo veo con su celular a la distancia. Podría irme, después de todo ya tiene el dinero.
Masen sigue mi mirada.
—Quédate —dice como si me leyera la mente—. Hasta que regrese.
—Claro. —Tiro mi cigarro y lo piso para apagarlo, rodeándome con los brazos cuando otro golpe de frío aire nocturno nos rodea, viendo a Alec pasear y gesticular con enojo.
—¿Siempre es tan… expresivo? —pregunto después de un momento.
Masen se ríe.
—Podría decirse que sí —sonríe ligeramente—. Malditos italianos.
La sorpresa en mi rostro debe ser evidente.
—De verdad no tienes ni jodida idea, ¿cierto? —dice Masen con burla en la voz—. ¿De con quién está involucrado tu chico?
Frunzo el ceño, sacudiendo la cabeza.
—Supongo que no.
Mis entrañas se revuelven. Nonna. Nonno. Mamma. Papá.
Alec camina de regreso lentamente, sacando un montón de pacas de billetes y hojeándolos al acercarse.
Me remuevo con ansiedad, esperando en suspenso mientras se acerca. Cuando llega al final de los billetes, se detiene para verme, su boca se tensa en una delgada línea.
Y lo sé entonces, justo entonces… no está todo el dinero.
Alec avanza a zancadas hacia mí y me congelo. James. Debió saber que le faltaba dinero.
—Ni siquiera cerca —dice bruscamente, en voz baja y peligrosa, toda la amabilidad fingida se ha ido—. ¿Dónde está el resto, Muñeca?
Mi boca no parece estar funcionando y me encojo cuando avanza otro paso hacia mí, sus dedos se aferran a mi brazo de forma desagradablemente fuerte.
—¡Suéltame! —espeto, encontrando mi voz, e intento apartar el brazo, pero su agarre es demasiado firme.
—¿Dónde está el resto del dinero? —gruñe.
—¡No-No sé!
Mi respiración se hace cada vez más errática cuando el pánico se enciende en cada centímetro de mi piel, su cercanía es asfixiante, su voz me marea. Necesito alejarme antes de que esto se convierta en todo un ataque de pánico.
Justo cuando creo que estoy a punto de perder el control, Masen aparece ahí, metiéndose entre nosotros y encarando a Alec con una mano en su pecho.
—Vamos, hombre, la estás asustando… ella no sabe nada. —Su voz suena letalmente tranquila—. Mírala.
Alec me mira por un momento, luego mira entre Masen y yo con el labio curvándose en una mueca de desprecio.
Me suelta y aparto el brazo, llevándomelo al pecho para frotar donde estuvieron sus dedos.
—¿Es cierto? ¿O solo intentas comprarle más tiempo a tu hombre? —Me señala acusadoramente con un dedo.
—¿Qué? ¡No!
—Fue inteligente de su parte, te concedo eso, pero no lo suficiente. Qué te parece si te llevo como garantía, ¿eh? ¿Quieres venir a saldar las deudas de tu chico? —se ríe de forma cruel con ojos oscuros.
—¡Alec! —dice Masen con brusquedad.
—¡No-no sé nada, lo juro!
Alec me fulmina con la mirada.
—¡Dile a ese maldito pedazo de mierda que sé exactamente lo que está haciendo! Tiene veinticuatro jodidas horas para darnos lo que nos debe; de lo contrario, iré por él —escupe, respirando con fuerza.
Su hombro choca con Masen cuando pasa en dirección al BMW como una oleada de enojo.
Alzo la vista al cielo parpadeando para alejar las lágrimas, mi corazón late con fuerza, mis rodillas se sienten débiles.
—¿Estás bien? —pregunta Masen con preocupación en la voz, en su rostro, en esos ojos oscuros.
—¿Por qué sigues aquí?
Lo veo tragar, su nuez de Adán se mueve cuando me ve con una mirada que no puedo descifrar.
—Solo quiero asegurarme de que estés bien. Lo lamento si él te asustó.
Me encojo de hombros.
—No es nada a lo que no esté acostumbrada ya —digo antes de poder detenerme. Luego—: ¿Lo decía en serio?
—¿Qué?
—Que me llevaría como garantía.
Masen se queda en silencio por un segundo.
—Alec no dice cosas que no pretende cumplir —dice eventualmente, su voz suena ronca—. Pero él piensa que estás involucrada en el juego que James está jugando… lo ve como algo justo.
—Genial. —Me río y una solitaria lágrima cae y me la limpio, avergonzada—. No estoy involucrada. De verdad que no sé.
Masen me analiza con una mirada fija, viendo cómo otra lágrima cae por mi mejilla.
—Te creo —dice con pesadez, pasándose una mano por el cabello—. Solo haz que James pague lo que debe y no habrá problemas.
—¿Y si no lo hace?
—Entonces iremos por él.
…
Reflexiono sobre eso todo el camino a casa. Toda esta jodida situación. James está en muchos problemas y quiero saber por qué.
Tal vez pueda ayudarlo a salir del hoyo en el que está si me dice qué sucede. Aunque dudo que lo haga, e incluso si me dijera… ¿por qué debería ayudarlo? Con la forma en que me trata; como una pertenencia, algo que él posee, me da, me quita, me rompe y me ama cuando quiere.
Alec quiere el resto del dinero. 24 horas o irá por ti.
Mi mano se mantiene sobre el botón de enviar, tengo el labio entre mis dientes.
Presiono enviar.
Yo sé que todas queremos que Bella deje ya a ese maldito de James, pero todo a su tiempo. Vamos conociendo un poco más del pasado de Bella, ahora sabemos que su padre está en prisión. Y Masen no parece tan malo, ¿cierto? Al menos intervino con Alec para que no le hiciera daño a Bella. ¿Ustedes creen que James aparezca en las siguientes 24hrs? El muy desgraciado sabía que enviaba a Bella sin el dinero.
Mil gracias por leer, no olviden dejarme su comentario y decirme qué les pareció ;)
