Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 5
No los noto hasta el último momento, luego finjo no haberlos visto. La bandeja llena de platos y vasos sucios que llevo en las manos me da una razón para escapar a la parte trasera de la cafetería.
Corriendo a la cocina, dejo caer la bandeja con pesadez, sacando mi celular para revisar la hora. Como era de esperar, pasan de las diez. Supongo que son puntuales.
—¿Estás bien, Bella? —me pregunta Bob el Gordo, limpiándose la sudorosa frente con un trapo de cocina para después echárselo sobre el hombro—. Parece que viste un fantasma.
—Sí —digo, mi voz tiene una tonalidad más aguda de lo normal—. Sí, estoy bien.
Jenny llega un segundo después, masticando chicle y con apariencia ligeramente irritada.
—Bella, te buscan allá, ese grupo de matones está preguntando por James —dice con un movimiento de su pulgar, su larga uña rosa fuerte señala la parte de enfrente—. ¿Los conoces?
Sé que está buscando chisme. Vive de ello, pero no le daré nada.
—No sé —miento.
Estoy segura de una cosa. Si están aquí, significa que James no pagó lo que debe. No me contestó el mensaje y sigue sin aparecer en ningún lado.
Han pasado tres días y ya se siente como toda una vida. ¿Dónde carajos está?
Secándome las manos sudorosas sobre el delantal, alzo una mano para pasármela por el cabello y la cara, consciente de mí. Sabrá Dios por qué, no están aquí por mí. Al menos, espero que no.
El aire frío me golpea cuando salgo de nuevo a la parte de enfrente, mis piernas se sienten débiles, mi boca está seca.
Alec está apoyado de forma casual en el mostrador, toda su actitud es fría, indiferente, incluso aburrida. Ben está a su lado aparentando casi demasiada alegría, sus ojos saltones se iluminan considerablemente cuando se posan en mí. Ladea la cabeza en mi dirección, pero Masen ya me vio, su boca está formando una estrecha y sombría línea.
—¿No está aquí entonces? —pregunta Alec en voz baja.
—No.
—¿Y sabes dónde está?
—No. Te dije que no lo sé.
Alec sonríe, pero no llega a esos gélidos ojos suyos. Se acerca más a mí, inclinándose sobre el mostrador con las manos extendidas.
—El problema aquí es que no te creo. No te estás haciendo ningún favor, Bella.
Su mirada cae en mi vestido y me mira de la cabeza a los pies, inhalando de forma despectiva.
—Qué lástima.
Trago con fuerza, sintiendo la cara caliente.
—No estoy mintiendo. No lo he visto en días.
Alec saca un cigarro y lo enciende.
—No puedes hacer eso aquí.
Me mira con frialdad, salpicando el mostrador de cenizas. No responde, en lugar de eso ladea la cabeza hacia Masen y Ben.
Abro los ojos como platos cuando Ben saca una llave inglesa de su manga hacia la palma de su mano enguantada y camina hacia las ventanas sin siquiera pausar.
—¿Qué estás…? —digo, pero mi voz se pierde cuando echa el brazo hacia atrás y lanza un golpe hacia el vidrio, se genera una cacofonía de estruendos, estallidos y destrozos mientras él empuña la llave sin discriminar.
Hay gritos y jadeos de los pocos clientes que se apresuran en salir, huyendo. Me llevo la mano a la boca mientras veo todo, horrorizada con los pies pegados al suelo.
Masen salta sobre el mostrador con un suave movimiento hasta que está tan cerca que estoy viendo su pecho cubierto de negro. Tan cerca que se me atora el aliento.
No me atrevo a alzar la vista cuando me empuja gentilmente a un lado, antes de pasear de un lado a otro detrás del mostrador como un animal encerrado. Desliza una mano enguantada sobre las vitrinas de vasos al pasar, tirando todo al piso, el sonido resulta ensordecedor cuando se rompen.
Flexionando los brazos, tira la cafetera, como si no pesara nada, el golpe sordo cuando choca contra el piso me hace saltar. Después sigue la máquina de raspados, manchando el piso de azul, luego la caja registradora, las botellas de bebidas, los refrigeradores…
Jenny sale y comienza a gritar tan alto que no puedo escuchar ni una palabra. Bob el Gordo se asoma por detrás cuando ella se queda congelada en la puerta.
—¿Qué demonios? —exclama. Jenny se da rápidamente la vuelta sobre sus tacones bajos para huir por debajo del brazo de Bob el Gordo, él no es tan rápido a girarse cuando ambos se pierden de vista. Si tienen sentido común, saldrán por atrás y se quedarán fuera.
Masen y Ben saquean el lugar en menos de cinco minutos: las ventanas están destrozadas, las mesas y sillas tiradas, incluso los malditos ventiladores del techo están en el piso. Desaparecen en la parte de atrás y los escucho destrozar todo en la cocina, Ben vitorea y se ríe.
El que mis ojos sean incapaces de seguir viendo tanta destrucción significa que mis piernas y pies se están moviendo antes de poder pensarlo. Solo necesito salir de aquí.
Alec me detiene. Se para frente a mí chasqueando la lengua.
—No. Tú te quedas.
Retrocedo cuando sube una mano a mi cara, acaricia suavemente mi mejilla con el dorso de un dedo torcido.
—Te dije que vendría por él. Esto es lo que pasa cuando tu hombre se cree la maldita gran cosa. Me debe mucho. Solo espera hasta que ponga mis manos en él. Si piensa que esto es malo, Muñeca… —silba en voz baja.
Masen revela su presencia con vidrios crujiendo bajo sus pisadas. Se ve molesto cuando se detiene frente a nosotros.
—¿Ya terminamos aquí? —dice impaciente—. La policía llegará en cualquier momento.
—¿Estás segura que no quieres trabajar para pagar su deuda? Hay muchas oportunidades para una chica como tú —dice Alec, ignorando a Masen.
—¿Una chica como yo? —respondo tontamente—. ¿Qué se supone que significa eso?
Hay un leve sonido de sirenas en la distancia.
—¡Alec! Tenemos que irnos, hombre. —Ahora hay más urgencia en la voz de Masen.
—¿Sistema de seguridad? —pregunta Alec, ignorando mi pregunta, ignorando a Masen, y apartando su mano.
—En la oficina —susurro y Ben se va, destruyendo y golpeando cosas a su paso.
—Mantén la boca cerrada cuando llegue la policía, ¿entendido? —me advierte Alec y todo lo que puedo hacer es asentir. Sonríe—. Avísame si cambias de parecer. Este lugar estará cerrado durante un tiempo.
Se van momentos más tarde. Escucho el rechinar de llantas en el estacionamiento y luego estoy sola en un mar de destrucción, el sonido de las sirenas se acerca más, el sonido de los vidrios quebrándose sigue zumbando en mis oídos.
…
Aparece la policía y también aparecen Jenny y Bob el Gordo. Jenny está extrañamente callada y cuando da su declaración, deliberadamente deja fuera el hecho de que estaban buscando a James. Creo que ella siempre ha sentido debilidad por él. Es su forma de mantener su nombre fuera de problemas, al menos con la policía.
Bob el Gordo actúa igual, gruñendo respuestas. Él estaba en la cocina; les dice. No pudo mirarles bien las caras, salió por atrás.
O tal vez ambos reconocen esto por lo que es.
Cuando llega mi turno me encuentro retorciéndome las manos, diciéndoles lo más que puedo sin dar detalles específicos, sin mentir abiertamente, sino verdades a medias. Se siente mal, estoy segura que estoy quebrantando leyes, pero ¿qué se supone que debo hacer?
Creo que todos nos sentimos aliviados cuando finalmente se van.
Jenny le llama a un tipo que conoce para que venga a tapiar las ventanas; para asegurar el lugar temporalmente, no es que queden muchas cosas que se puedan robar si alguien quisiera hacerlo. Bob el Gordo gruñe diciendo que necesita irse a casa ya que ya pasó la hora de cerrar. Y yo… yo llamo a James.
Necesito la certeza de que él está bien, que va a arreglar esto. Alec tiene razón, este lugar no abrirá de nuevo pronto. Todavía no pagamos la renta y esta es nuestra única fuente de ingresos. Me atemoriza pensarlo. El teléfono entra directo al buzón de voz y mi cabeza explota con blasfemias.
Jenny se va después de que su chico termina de tapiar el lugar. Él parlotea sobre rufianes buenos para nada y como es que les darán su merecido. Por alguna razón, dudo que eso suceda.
Como despedida, Jenny me pide que le diga a James que ella tendrá que encontrar otro trabajo si este lugar no vuelve a trabajar en los siguientes días. Solo puedo asentir. Supongo que es comprensible.
…
Barriendo, barriendo y barriendo; el vidrio tintinea al entrar al recogedor para luego caer en el bote de basura. Y repito la acción. Hay mucho vidrio, es infinito, y eventualmente tengo que detenerme y sentarme por un minuto con la cabeza en las manos, irritada porque Bob el Gordo y Jenny no se quedaron a ayudar, no es que pueda culparlos. No les pagarán por esto. A mí no me pagarán por esto.
Escucho la puerta abrirse.
—Estamos cerrados; por si el letrero de enfrente no fue indicación alguna.
Alzo la cabeza cuando no escucho respuesta ni movimientos.
Está parado en la entrada y durante un segundo pienso que podría estar alucinando. Cuando parpadeo rápidamente, él sigue ahí, parado e inmenso.
—¿Qué carajos estás haciendo aquí? —pregunto entre dientes apretados, poniéndome de pie—. Vete al carajo.
Señalo la puerta, pero Masen no se mueve.
—¡Vete al carajo de aquí! —repito, caminando hacia él con los vidrios crujiendo bajo mis pies—. ¿No has hecho suficiente ya? Vete, vete. ¡Vete!
—Bella —dice suavemente, como si intentara domar a un gatito. Es la primera vez que dice mi nombre, y es como un rayo de sol sobre mi piel, un chorro de calor corre a través de mí—. Déjame ayudarte.
Me río, incrédula.
—¿Hablas jodidamente en serio?
Me doy media vuelta para alejarme de él, pero él se acerca hacia mí, estira la mano, las puntas de sus dedos se posan en mi hombro.
Me lo quito con un encogimiento, apartándome.
—No… solo no lo hagas.
—Lo siento —dice como si eso arreglara algo—. Seguí órdenes, ¿lo entiendes? —Y lo entiendo, más de lo que él sabe, pero no cambia nada.
Se queda a pesar de mi negativa a relacionarme con él en absoluto y solo me hace enojar más.
Él tampoco intenta hablar conmigo, trabaja silenciosamente a mi lado.
Mi mente hierve con preguntas.
Lo estoy pensando con tanto esfuerzo que creo que mis cejas se podrían quedar pegadas permanentemente, aprieto tanto los dientes que me duele la mandíbula. No lo entiendo. No lo comprendo. ¿Por qué demonios está aquí?
Me corto justo cuando pienso que estoy a punto de explotar, un pedazo grande de vidrio se desliza entre mis dedos rebanando la parte carnosa de mi palma cerca del pulgar, como si estuviera hecha de mantequilla.
El vidrio se hace añicos en el piso y mi mano empieza a chorrear sangre de inmediato, las gotas salpican mi vestido rosa y el piso.
—Carajo.
Me dirijo al fregadero, agarro una servilleta y abro el agua, me enjuago la cortada y hago presión con la servilleta. Masen se acerca, toma mi mano en la suya sin decir palabra.
Veo rasguños en sus nudillos, uñas cortas y limpias, y lo grandes que son sus manos comparadas con las mías.
—Mierda —maldice cuando quita la servilleta, inspeccionado el daño—. Es muy profunda.
—Hay un kit de primeros auxilios en la parte de atrás.
Desaparece para regresar con el kit color verde, busca dentro del mismo una venda y gasas. Actúa de forma gentil cuando envuelve la venda en mi mano, tiene una mirada de concentración en la cara.
Ya no estoy tan enojada con él.
—Vas a necesitar que te revisen esto —dice cuando la sangre comienza a filtrarse—. Necesitas puntadas.
—No puedo ir a emergencias —le digo, llena de pánico—. Se detendrá solo.
Sacude la cabeza, dudoso, y se pasa una mano por el cabello.
—Puede que conozca a alguien. Dame un minuto. ¿De acuerdo?
Espera mi aceptación antes de sacar su celular, tomándose un minuto antes de llevárselo a la oreja. Suena durante el más largo de los momentos.
—Soy yo —dice eventualmente en voz baja, alejándose.
…
No me resisto ante la insistencia de Masen por irnos. De hecho, casi me siento feliz de estar saliendo de aquí.
Agarro mi bolsa de la parte trasera sin decir nada; camino a través de la destrucción hacia la puerta principal. Todo tendrá que esperar hasta mañana. O hasta más tarde hoy. Pasan de las tres de la mañana. Resulta inquietante que mi venda esté empapada, brillantes gotas rojas gotean y chorrean por mi brazo.
Masen camina detrás de mí, se inclina para abrir la puerta. Estoy muy consciente de su proximidad, siento su mano en la parte baja de mi espada cuando salimos al frío aire nocturno. Su toque es tan ligero que bien pudo haber sido un accidente. Mi corazón revolotea traicionero, el enojo cede ante el nerviosismo.
La calle está tranquila, el viento alza ligeramente mi vestido mientras intento bajármelo. Mi carro está en la esquina del pequeño estacionamiento y estoy esperando ver el elegante BMW negro al que estoy acostumbrada, pero no está a la vista.
En lugar de eso, Masen comienza a caminar hacia un Mustang negro, quitándole los seguros desde metros antes, de modo que todo el estacionamiento queda bañado en luz anaranjada por unos segundos.
—¿Dónde está el BMW? —pregunto, la curiosidad saca lo mejor de mí.
—No está aquí.
—¿Y qué es esto?
—Es un carro —responde Masen secamente, abriendo la puerta del pasajero—. Entra.
Vacilo. De repente no parece la mejor idea irme con un extraño.
—Bella, solo entra al maldito carro antes de que te meta yo mismo.
Esa idea es suficiente para hacer que me dé vueltas mi cansada cabeza.
—Bien.
—Solo intenta no sangrar por todas partes. —Hace una mueca cuando se sube por el lado del conductor, cerrando la puerta de golpe.
El carro huele a nuevo y está absolutamente impecable. Bajo la vista a mi delantal blanco y el barato vestido de poliéster manchado de sangre y comida después de una tarde muy larga, me siento fuera de lugar.
El motor ruge a la vida, ruidoso en la tranquilidad de la noche cuando Masen sale del lugar. Miro con fascinación como los músculos de su brazo se tensan con cada cambio de la palanca.
Me doy cuenta que no he dejado de mirarlo, así que aparto mis ojos hacia la ventana donde la ciudad va avanzando. En realidad no le estoy prestando atención hacia dónde vamos y una parte de mí no puede creer que he hecho esto.
Ni siquiera lo conozco.
Me recargo en el asiento de piel negro, tirando de un hilo suelto en el dobladillo de mi vestido. Masen baja la velocidad en un semáforo en rojo y me mira.
—¿Estás bien? —me pregunta, llamando la atención a la venda empapada de sangre—. ¿No te vas a desmayar?
—En realidad, no. Quiero decir, no soy tan mala con la sangre y esas cosas. Estoy bien. Además de esto. —Alzo la mano—. Perdón. Estoy muy cansada. ¿A dónde vamos?
Masen me lanza una sonrisa divertida.
—Un amigo mío me debe un favor, así que se lo voy a cobrar.
…
Las calles de la ciudad están prácticamente desiertas a esta hora de la mañana y él maneja velozmente. Nos lleva al oeste, a la parte linda y acaudalada de la ciudad.
Eventualmente entra a una calle alineada con casas de piedra rojiza, se estaciona afuera de una linda casa victoriana con rosales subiendo por un costado. Es el tipo de casa que es amada y cuidada; un marcado contraste a lo que estoy acostumbrada.
Masen me dice que me espere para abrirme la puerta. Es algo innecesario. Todavía tengo una mano perfectamente sana, pero el sentimiento es dulce.
Guía el camino subiendo por los escalones de piedra conmigo siguiéndolo, tirando de mi vestido, consciente de cómo me veo cuando estamos en un vecindario como este, incluso si es en las primeras horas de la mañana.
Si Masen lo nota, no dice nada. En lugar de eso, toca el timbre un par de veces y se aparta, al parecer tranquilo, para girarse a ver hacia la calle.
La puerta se abre detrás de él y un hombre de cabello rubio aparece viéndose adormilado, como si lo hubiéramos despertado, y tiene una incipiente barba en el mentón.
—Masen —saluda secamente—. Y tú debes ser…
—Bella —contesto, ofreciéndole una pequeña sonrisa.
—Entren entonces, pero por favor hagan silencio porque mi esposa está dormida. —Nos apresura a entrar en un enorme recibidor, tan grande que creo que prácticamente es del tamaño del apartamento de James y mío. Hago lo posible por no quedarme boquiabierta.
Me encuentro absorbiendo la decoración. Está pintada en blanco y en suaves tonalidades neutrales, hay un enorme candelabro rociando su luz sobre unas elegantes fotos enmarcadas a blanco y negro. Es como algo salido de la jodida Elle Decor.
Camino lentamente detrás de Masen y su amigo, avanzamos por un pasillo hasta que llegamos a una pequeña oficina en la parte trasera de la casa.
Acogedora y llena de muebles de madera oscura, hay estanterías que van del piso al techo llenas de libros, y escaneo los títulos, dándome cuenta que todos están relacionados al campo médico. Neurología, cirugía general, diarios, buenas prácticas, ética…
Masen saca una silla de piel negra del otro lado del escritorio.
—Toma asiento.
Me siento, metiéndome el vestido bajo la parte trasera de las piernas para que no se peguen a la silla mientras el doctor de cabello rubio cierra con firmeza la puerta tras de él.
—¿En qué puedo ayudar? Es temprano y tengo una semana de turnos de doce horas que comienza en… cuatro horas —dice, mirando el reloj en la pared.
Extiendo la mano, quitándome la venda en lugar de intentar explicar. Masen se recarga de forma casual contra el librero que está enfrente, cruzando los brazos.
—Ya veo.
El doc asiente y se mueve por la oficina, sacando unas cuantas cosas de un cajón, lavándose las manos en un pequeño lavamanos en la esquina que no había notado, antes de ponerse guantes clínicos color azul. Se sienta cerca de mí antes de dedicarme una sonrisa tranquilizadora cuando toma mi mano y luego mira mi cara.
Aparece un pequeño ceño fruncido, sus ojos vagan por los moretones alrededor de mi ojo y mejilla hacia la curita que está cubriendo mi ceja, mira a Masen con recelo y luego me mira rápidamente otra vez.
—Mantente quieta —dice mientras examina mi mano—. ¿Puedes encender esa luz, Masen? —Se enciende una brillante luz en el escritorio mientras el doc examina mi mano de cerca.
Saca el antiséptico y limpia mi mano metódicamente, antes de aplicar una crema.
—Esto adormece el área, todavía sentirás algo, pero es mejor que nada. Me temo que tendré que ponerte puntos, es muy profunda. Podrías tener daño en los nervios por el lugar donde está, así que te recomiendo que visites a tu doctor de verdad para un chequeo de seguimiento. ¿Es tu mano dominante?
Niego con la cabeza, sintiéndome incómoda. No tengo un doctor de verdad, no me he registrado en ningún consultorio desde que me mudé aquí.
—Pues ya es algo —pausa y mira de nuevo a Masen—. Por qué no me dejas echarle un vistazo a tu cara mientras esperamos que esto haga efecto, ¿eh?
Estoy un poco sorprendida.
—Bien —digo en voz baja. Me quita con cuidado la curita y luego chasquea la lengua.
—Debiste revisarte esto cuando recién pasó. No es grande, pero unas puntadas harían un mejor trabajo que la curita, minimizarían la posibilidad de que deje cicatriz —me regaña abiertamente. Está tan cerca que puedo ver las arrugas alrededor de sus ojos—. No quieres una cicatriz en esa linda cara, ¿o sí?
—No me di cuenta que era tan malo —murmuro, sintiéndome avergonzada.
—¿Puedes decirme lo que pasó? —Sus dedos tocan y presionan alrededor de mi mejilla. Hago una mueca, toda esa área sigue sintiéndose adolorida.
¿Qué debo decirle? ¿Está bien decirle la verdad? Decido no hacerlo. No quiero compartir eso.
—Me sentí muy débil y me las arreglé para golpearme la cara en la puerta cuando me desmayé… me desperté así —balbuceo, improvisando.
—¿Cuánto tiempo estuviste desmayada?
—No sé, estaba sola.
Saca una linterna de bolsillo, apuntando hacia mis ojos.
—¿Y te desmayaste solo porque sí? —me cuestiona el doc—. ¿No estabas enferma? ¿No te sentiste mareada o aturdida? ¿Te paraste muy rápido?
—Um. No-no.
—¿Existe la posibilidad de que estés embarazada?
Abro la boca sorprendida porque no era una pregunta que estuviera esperando. Intento pensar en la última vez que tuve mi periodo, que fue… no puedo recordar exactamente, pero creo que no fue hace mucho.
Me encojo un poco. Supongo que siempre existe la posibilidad, ¿no? Pero la idea de estar embarazada… Dios. Siento que palidezco.
—¿Es un sí o un no?
—Carlisle, vamos —interrumpe Masen—. Te pedí que me hicieras un favor, no esta mierda.
Carlisle se tensa, aprieta la mandíbula y se da la vuelta en su silla para apuntar con un dedo acusador a Masen.
—No. Tú escucha, Masen. Traes a esta… esta… chica aquí, a mi casa, casi a las malditas cuatro de la mañana, y quieres que la cure para ti, entonces eso es lo que estoy haciendo. Eso incluye cubrir cómo y por qué tiene esas heridas; si hay una razón bajo todo esto que podría ser un problema, para poder tratarla apropiadamente. —Se gira de nuevo hacia mí—. Esas heridas faciales no son consistentes con un accidente. Queda muy claro que está pasando algo aquí. Si estás mintiendo para protegerlo —señala sobre su hombro con el pulgar—, entonces puedes decírmelo y yo mismo lo entregaré a la policía.
—¿Qué? —exclamo al mismo tiempo que Masen resopla.
—Nunca le levantaría la mano a una mujer, Carlisle, y tú lo sabes —dice con enojo.
—Él solo me está ayudando —añado, todavía aturdida.
—Bien. Pero este es el último favor que te hago. —Señala de nuevo a Masen con un dedo—. Traer esto a la puerta de mi casa con mi esposa arriba. Es increíble.
Masen asiente con cara sombría.
—Si así es como quieres que sea.
El doc —Carlisle— sigue su revisión con rápido profesionalismo después de su arrebato.
—¿Has tenido náuseas desde que pasó? ¿Mareos? ¿Puedes recordar qué pasó cuando despertaste?
—Supongo que un poco de náuseas. Me siento bien.
—Probablemente tuviste una contusión muy leve —dice el doc con naturalidad, confirmando lo que el internet ya me había dicho—. Puede que llegues a sentir pérdida de equilibrio, dolores de cabeza, náuseas y mareos en las siguientes semanas. Vamos a ponerte las puntadas, ¿de acuerdo?
Doc trabaja en silencio, la oficina es agobiantemente pequeña y tensa. La mirada ocasional a Masen me dice que está enojado; tiene los puños apretados, un tic en la mandíbula.
La aguja entrando y saliendo es una sensación extraña, tira y jala de mi piel. Puedo sentirla, pero no duele. Miro con fascinación cuando el doc termina antes de vendarla.
—No la mojes, intenta no usarla, cambia la venda cada dos o tres días igual que lo hice ahorita. Las puntadas tendrán que quitarse en un par de semanas.
Inspecciona el corte de mi ceja otra vez.
—Voy a abrir un poco esta y usaré puntos solubles, ya que ya está intentando cerrarse, será más pulcro.
Solo necesité un par, me entrega un pequeño espejo después de terminar.
—No puedo prometer que no dejará cicatriz, pero hice mi mejor esfuerzo.
—Muchas gracias. —No soy ninguna experta, pero las puntadas se ven pulcras y ordenadas para mí. Intento ignorar lo demacrada que me veo; las ojeras bajo mis ojos, mis mejillas hundidas, la forma en que mis labios sobresalen de mi piel pálida. Soy un desastre.
Masen se aparta del librero.
—¿Todo bien? —me pregunta.
—Sí. Um, gracias.
Puedo sentir los ojos del doc bailando entre nosotros mientras recoge todo.
—Vamos —dice Masen—. Salgamos de aquí.
Lo sigo hacia la puerta de la oficina, pero la voz del doc lo llama tras nosotros:
—¿Puedo hablar contigo, Masen, antes de que te vayas?
Me disculpo para esperar afuera en el pasillo. Me distraigo viendo las fotos en las paredes.
Una particularmente grande en blanco y negro del doc el día de su boda capta mi atención. Su novia se ve absolutamente deslumbrante, toda su cara está iluminada con felicidad. No puedo recordar haberme sentido así alguna vez, tan feliz, relajada, libre de preocupaciones. Debe ser lindo.
Puedo escuchar el brusco sonido de voces alzadas al final del pasillo. Detengo mis pasos y escucho con atención.
—… tú? —escucho decir al doc de forma ahogada.
Masen se ríe mordazmente.
—Vete al carajo. No soy… —No puedo escuchar el resto ya que baja la voz.
—Pues bien…
—… solo métete en tus propios…
—… traerla aquí?
—¡Como si me importara un carajo, Carl!
Se escuchan pasos pesados y me aparto un poco más, preguntándome por qué estarían discutiendo.
Masen sale caminando directo hacia mí con expresión furiosa. Abre la puerta principal de la casa y me hace una seña para seguirlo.
Salgo detrás de él, desconfiando de cómo ha cambiado su actitud, un poco aprensiva.
Esta noche he sido testigo de lo que él hace para Alec, solo porque se lo indicaron, y luego esto, donde me ayudó solo porque sí. Es abrumador. Esas dos partes de él no coinciden, no encajan juntas.
Lo sigo lentamente, pensando que tal vez debería irme sola a casa, los autobuses comenzarán a funcionar pronto. Mantengo mi distancia hasta que él llega al carro y me busca a su alrededor, viendo que sigo en la cima de los escalones.
Su actitud cambia al instante, sus hombros se relajan, su cara se suaviza. Suspira, se lleva una mano al cabello y se talla la nuca.
—Bella —dice, arrepentido, su tono dice cosas que él no está diciendo. Prácticamente me derrito.
Mira su reloj.
—¿Vamos a desayunar?
Pues sí, los hombres de Alec llegaron a cobrarse lo que no ha pagado James, que lleva tres días desaparecidos; ojalá que ya no vuelva jamás. Y tenemos la primera interacción de Edward con Bella más allá del mundo donde se encontraron. Esperemos que acepte ir a desayunar con él, tal vez es lo que necesitan para irse acercando. Masen parece estar muy interesado en ella.
Espero que les haya gustado, mil gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. No olviden decirme qué les pareció ;)
