Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 6
Miro a Masen por demasiado tiempo porque se ríe, metiéndose las manos a los bolsillos.
—¿O no?
Mis ojos se mueven hacia el cielo, leves toques de luz van espantando a la noche. No puedo comprender todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Cómo es que terminé aquí. Con él.
Está encendiendo un cigarrillo cuando vuelvo a mirarlo, temblando como una hoja en la brisa.
Necesito una ducha; necesito dormir; necesito cambiarme. Todavía está el problema de la cafetería. Y luego está James, que es todo un tipo diferente de problema. Sin embargo, podría empezar con el desayuno. Más que nada, hay algo en Masen que me hace querer decir que sí.
Bajo los escalones hacia él lentamente, hasta que ya no soy más alta que él y está a mi nivel, mirándome.
—Bien —le digo suavemente.
Sus labios se alzan.
Mi corazón se salta un latido.
—Bien.
…
Nos lleva hacia el centro, el cielo es un caleidoscopio de rosas pálidos y anaranjados, la radio suena levemente de fondo.
—Carlisle es mi medio hermano —dice Masen—. Es mayor. Me saca de quicio. Perdón si pensaste antes que estaba enojado contigo.
—Oh. —No se parecen para nada. Nunca lo habría adivinado si no lo hubiera dicho—. ¿Misma mamá o papá?
—Mamá.
No puedo imaginarlo cerca de una mamá con la forma en que es. Rudo, tosco en las orillas. Me pregunto cómo es ella. ¿Sabe lo que él hace?
—¿Eres cercano? ¿A tu mamá? —me escucho preguntando.
—Comemos juntos casi todos los domingos, dos llamadas por semana… ella es así —sonríe levemente antes de que una mirada sombría se pose en él y la sonrisa se vaya, una línea aparece en su frente cuando frunce el ceño.
Nos quedamos en silencio. Estoy en esa especie de bruma de cansancio que hace que formular una oración sea todo un esfuerzo y de todas formas las charlas sobre familia no son mi tema favorito. Aunque no es incómodo, no como antes.
En lugar de eso, veo la adormilada ciudad pasar a mi lado; la ventana está abierta solo lo suficiente para que la brisa fría me mantenga consciente, soplando mechones de cabello sobre mi cara. Apoyo la cabeza en el respaldo, cerrando los ojos por unos minutos, escuchando la radio y el rugido del motor.
Cuando se detiene casi por completo, abro los ojos y noto que hemos entrado al autoservicio de un McDonald's.
—¿Sabes qué es lo que quieres? —pregunta Masen, golpeteando el volante con los dedos.
—Uh. —Me da un minuto mientras miro el menú con los ojos entrecerrados, pensando en el poco dinero que me debe durar hasta la siguiente semana si James sigue sin aparecer—. ¿Estás seguro? No puedo, um… no puedo pagarte.
—No espero que me pagues.
Me muerdo el labio y luego acepto, diciéndole que quiero el desayuno completo con biscuit y un jugo de naranja.
—Normalmente tomaría café, pero ya sabes, quiero poder dormir más tarde.
Nada se interpondrá entre el sueño y yo cuando finalmente tenga la oportunidad, ni siquiera el café. Masen sonríe, se pasa un dedo sobre los labios, avanzando lentamente con el carro hasta que es nuestro turno.
Lo miro pedir su café negro con una de azúcar y el mismo desayuno que yo, pero con tocino extra. Paga en efectivo, su cartera está llena de billetes nuevos, y le dice al adolescente de la ventanilla que ponga el cambio en la caja para la caridad.
No esperamos mucho en la siguiente ventanilla para recoger las cosas y Masen me pasa la conocida bolsa café, el calor de la comida se siente bien en mis piernas desnudas mientras la sostengo con mi mano sana, el olor hace rugir mi estómago, me siento casi mareada a causa del hambre.
Estoy esperando que se detenga en el estacionamiento, pero Masen sale hacia la carretera con impaciencia, pisando hasta el fondo el acelerador.
—¿A dónde vamos ahora?
—Desayunaremos con un buen paisaje.
Nos lleva hacia el antiguo muelle de la Armada. Puedo verlo extendiéndose hacia el lago, todas las pequeñas tiendas todavía están fuertemente cerradas debido a la hora. La enorme rueda de la fortuna está parada en silencio, captando los rayos del amanecer, las gaviotas se deslizan sobre la misma. No hay ni un alma cerca. En unas cuantas horas, estará a reventar, así que lo absorbo, la tranquilidad, mientras Masen estaciona el carro cerca de ahí.
La sangre oscura que mancha todo mi vestido capta mi atención cuando me bajo del carro. Usualmente llevo un cambio de ropa extra en mi bolsa, pero ya que iba a trabajar hasta el cierre, asumí que iría directo a casa así que no me molesté en traerlo.
Masen me dedica una mirada y se saca la sudadera de los hombros.
—¿No te va a dar frío? —pregunto, sintiéndome mal cuando me la entrega, mirando el arma, solo una en esta ocasión, en la pistolera que lleva al hombro con una punzada de aprensión. Toma el metal negro y se lo mete en la espalda, el movimiento estira su camiseta sobre su pecho antes de echar la pistolera al carro.
—Estoy bien.
Se siente raro ponerme su sudadera, pesa de más en mis hombros, se siente muy tosca en mis brazos. Huele a él: cítricos frescos. Tengo que contenerme de inhalar muy profundamente porque es embriagante. Es demasiado grande, me queda a mitad de muslo, pero sigue siendo mejor que nada.
—¿Te apetece una caminata por aquí? —Asiente hacia el muelle ajustándose la camiseta, así que capto un vistazo de su estómago tonificado mientras me saco el cabello de la espalda de su sudadera.
—No es como que tenga otro lugar a donde ir —bromeo cruzando los brazos, mi mano comienza a sentirse más dolorida conforme la crema adormecedora comienza a perder su efecto. Paseamos por ahí lentamente, Masen se mantiene a mi ritmo, mirando a su alrededor y hacia atrás unas cuantas veces.
Hace eso muy seguido. Lo suficiente para que lo note. Así que se lo digo.
—Es costumbre —dice—. Vale la pena estar alerta en caso de problemas.
—¿Ves algún problema ahora? —cuestiono mirando de un lado a otro por el muelle.
—Sí —dice con seriedad, sorprendiéndome. Me está viendo con una oscura mirada llena de solemnidad—. Está parada a dos metros de mí y está usando mi sudadera.
—Oh, ja, ja. Qué gracioso —digo sonrojándome. Se ríe, una enorme sonrisa fácil aparece en su cara, haciéndolo verse más niño y menos taciturno, menos intimidante, pero tan locamente atractivo.
—Creo que es lo más tranquilo que he visto este lugar —digo, mirando a mi alrededor—. Cuando recién me mudé solía caminar por aquí buscando trabajo. Pensé que sería lindo trabajar aquí, especialmente en los meses de verano.
—¿No eres de aquí? —pregunta Masen.
—¿Chicago? No. Nací en Queens, crecí en Phoenix.
—Fueron cambios drásticos.
—Supongo.
Nos detenemos en una banca y nos sentamos de frente al agua. Estiro mis piernas bronceadas frente a mí, contenta al ver que he logrado ganar un poco de color debido al clima caliente incluso si el resto de mi ser es todo un desastre.
Masen se sienta tan cerca que puedo sentir el calor de su muslo. Me ofrece la bolsa primero para poder sacar mi comida, la primera mordida sabe tan bien que tarareo.
—¿Dónde te gustó vivir más? —pregunta Masen, haciendo una pausa en su comida.
—Me gustó… pues, en realidad no recuerdo Queens, eso fue antes… en realidad era demasiado joven, pero Phoenix estuvo genial. Extraño el calor y manejar a los lagos en verano. Chicago es demasiado frío en invierno. —Arrugo la nariz, pensando en el invierno pasado cuando juré que moriría. La calefacción dejó de funcionar en un apartamento todavía más de mierda que en el que vivimos ahora, se formó hielo por dentro de las ventanas—. ¿Eres de aquí?
—Cerca… de Evanston. —Le da un trago a su café—. ¿Has estado aquí por mucho tiempo?
—El tiempo suficiente —digo más para mí que para Masen.
Eso hace que mis pensamientos regresen a todo lo que ha estado pasando y de repente ya no tengo tanta hambre, esa sensación de inquietud regresó a toda fuerza.
—En realidad no… —comienzo y me quedo callada, me detengo para ver el agua mientras ondula, la luz del sol se refleja en ella—. ¿Por qué estás haciendo esto? —suelto, el cansancio me vuelve valiente.
Masen está inexpresivo cuando lo miro. Como la primera vez que lo vi, es difícil entenderlo. No dice nada durante un latido, así que sigo hablando a pesar de su silencio.
»No entiendo por qué regresaste a la cafetería. No puedo imaginar que a Alec le guste eso… a menos, ¿a menos de que me hayas engañado para venir aquí? O sea, ¿estás intentando hacerme hablar? ¿De James? Ya te dije que no sé dónde está él ahora…
—No-no es así —me interrumpe Masen—. Sé que no lo sabes, te lo dije antes —suspira pesadamente, frotándose la cara—. Alec tampoco es tu problema, yo me encargaré de él.
—Entonces, ¿por qué? No te entiendo.
Se queda callado, se pone de pie para caminar hacia la barandilla, mirando hacia el agua brillante con su vaso de café en una mano.
—¿Por qué mentiste antes, sobre lo que te pasó? —pregunta, girándose para quedar de cara a mí.
—Eso no… eso no tiene nada que ver con esto —digo, poniéndome inmediatamente a la defensiva.
—Oh, sí tiene que ver. —Masen se ríe con un poco de veneno en la voz—. ¿Es tu chico? ¿Lo hace muy seguido?
Me quedo quieta con los puños apretados, inundada con una sensación de vergüenza. Miro el piso de madera bajo nuestros pies.
—Al carajo, lo sabía —exhala Masen, interpretando mi silencio como confirmación. Miro con tanta atención que mis ojos comienzan a desenfocarse—. Me recuerdas a alguien que conocía —dice Masen con voz gentil—. Pude haber ayudado, pude haber hecho más de lo que hice… pero no fue así y terminó… mal. Siempre me arrepentí.
Mis ojos se alzan hacia él con sorpresa, mi mente agitada, por alguna razón la decepción empieza a crecer en mi pecho.
—Entonces… ¿estás haciendo esto por lástima? ¿Por una sensación de obligación o alguna mierda parecida? —digo lentamente, la sangre late en mis oídos. No sé qué era lo que esperaba oír.
Esto no es sobre mí, es sobre quien sea la persona que él no pudo ayudar y esta es su manera de… ¿borrar su culpa o algo así? Quiero decir, una parte de mí tenía la esperanza de que él estuviera haciendo esto porque le gustaba. Por supuesto, él no me ve de esa manera.
No dice nada, pero hay un leve sonrojo en sus orejas, en su nuca.
—Claro —murmuro, asintiendo.
Sé exactamente qué es lo que le da lástima. Lo que cree saber, pero la verdad es que él no me conoce igual que yo no lo conozco, incluso si ve esta parte de mí… no necesito a alguien intentando ayudarme solo para calmar su conciencia.
—Para que conste, no necesito tu lástima. No soy un jodido proyecto para hacerte sentir mejor sobre las jodidas mierdas que hayan pasado en tu vida —digo con voz temblorosa, enojada, todavía sintiendo el pinchazo de la vergüenza.
Se inquieta cuando exploto, puedo notarlo por cómo su cuerpo se tensa y me ve con un recelo que no estaba ahí antes.
—Bella, vamos, tampoco es así. No-no te tengo lástima —dice Masen con voz ronca—. Carajo.
Sin embargo, sus palabras no me tocan, ya no lo estoy escuchando. Está actuando como Charlotte y no quiero escuchar esto justo ahora, cuando mis ojos pican a causa del cansancio y mi cuerpo se siente pesado.
—¿Puedes solo… puedes llevarme a casa de mi amiga? Estoy muy cansada de todo por ahora —digo, cruzando los brazos con lágrimas picándome los ojos.
—Mira, no pretendía… —Se jala el cabello con frustración, intentando encontrar las palabras correctas.
—Solo olvídalo, ¿sí? O sea, no hay que hablar de esto. Mi cabeza está tan jodida justo ahora, literalmente. No sé si voy o vengo.
Comienzo a caminar de regreso por el muelle, no quiero una respuesta, tiro nuestra basura en el bote, me acuno la mano cuando comienza a palpitar. Masen me sigue, sus pesados pasos están justo detrás de mí.
…
Estuvimos prácticamente en silencio de camino al vecindario de Charlotte, yo solo hablaba para darle indicaciones básicas. Supongo que darle nuestra dirección es algo estúpido, considerando para quién trabaja. También supongo que si James ya regresó, no quiero tener que responderle sobre dónde y con quién he estado. Esto no saldría bien de ninguna forma.
Capto a Masen mirándome de reojo, se ve como si quisiera decir más, pero lo piensa dos veces. Quisiera que él lo dijera. Quisiera que me dijera que estoy equivocada.
Quisiera ser deseada.
Por él.
Por muy jodido que sea.
Cuando Masen se detiene afuera de la casa de Charlotte, apaga el motor y se talla cansadamente los ojos.
—Dame tu teléfono —dice justo cuando mi mano sana toca la manija de la puerta.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Por favor —dice impaciente.
Lo hago con reticencia, mirándolo por primera vez en horas. Tengo una docena de mensajes de Charlotte fechados en los últimos días, todos sin leer, y unos cuantos de María.
Sus dedos vuelan sobre el teclado, luego escucho una vibración proveniente del bolsillo de sus jeans.
Me regresa el celular, sus ojos se mueven sobre mi cara, hay sinceridad en su mirada.
—Si alguna vez necesitas algo, llámame.
No tengo oportunidad de decir nada más, sólo miro tontamente su número con la boca ligeramente abierta antes de que él salga del carro, abriéndome una vez más la puerta del copiloto. Me bajo lentamente y me ve a los ojos con una mirada que me hace sentir temblorosa por dentro.
—Gracias —murmuro, comenzando a avanzar por el camino de entrada de la casa de un piso que Charlotte comparte con su mamá.
Me doy la vuelta para verlo, sintiéndome mal por la forma en que he actuado. Ni siquiera le he agradecido apropiadamente, así que lo hago porque él no tenía porqué hacer nada de esto y eso me cala con fuerza.
—Gracias por, um… gracias por todo, esta noche… esta mañana. Bueno, no por la cafetería, pero gracias por curarme y comprarme comida. Eso fue… aprecio que te hayas molestado en hacerlo.
—De nada.
—Yo, um, te veré por ahí.
—Bella —dice Masen con cierta inquietud en su voz—. Solo… cuídate, ¿sí?
Asiento y sigo caminando sin atreverme a volver a mirar hacia atrás. No escucho la puerta del carro; no escucho el motor, pero escucho el pequeño clic de un encendedor y una profunda inhalación. Sé que me está mirando.
Toco la ventana de la habitación de Charlotte y luego la puerta. Apenas pasan de las seis y media y espero que a ella le toque descansar en el trabajo hoy. Tarda un ratito, pero la puerta se abre un poco.
—¿B? ¿Qué demonios estás haci…? —Abre más la puerta y luego su mano vuela a su cara—. Oh, cariño, ¿por qué no me regresaste las llamadas? ¿Por qué no acudiste a mí? —pregunta con gentileza mientras me rodea con sus brazos, acercándome a ella y empujando mi cabeza hacia su hombro. Me siento más aliviada que nada. Qué bien se siente tenerla aquí, conmigo, justo ahora—. ¿Y qué carajos está haciendo él aquí?
Ahogo un sollozo y luego me río.
…
Estamos sentadas una frente a la otra en unas pequeñas sillas plegables de madera en la cocina de Charlotte, con dos tazas de un humeante café negro caliente entre nosotras, lo necesitaba a pesar de que he dormido casi catorce horas.
Una vez dentro de su casa, ella entró en modo maternal, me preparó un baño, me ayudó a desvestirme, me lavó y secó el cabello. Me prestó una pantalonera y un suéter antes de meterme a la cama, me acarició el cabello y me dijo que durmiera. Y eso hice. Dormí sin soñar por primera vez en semanas.
Pero ahora es momento de hablar de verdad.
Y le cuento todo.
Lo veo desarrollarse todo frente a mí, pero es como si estuviera viendo desde las gradas, desconectada de la realidad, como si nada de esto me hubiera pasado a mí. La discusión, la pelea, lo que he estado haciendo en las últimas noches, todos los problemas en los que está metido James… la ayuda de Masen. Todo se derrama literalmente de mi boca en un torrente que no puedo detener.
Ella no me interrumpe para variar.
Cuando termino mi voz se siente ronca y me estoy mordiendo el labio, mirándome las uñas, mordidas y rotas, como si ellas tuvieran la respuesta.
—¿Qué hago? —digo desesperanzada, finalmente alzando la vista—. Sé honesta conmigo. Mi cabeza está jodida, estoy muy confundida.
Charlotte se queda pensativa por un momento, acomodándose los rizos detrás de las orejas.
—Sabes qué es lo que yo haría, B —dice con un suspiro, recargándose en su silla—. Echaría a ese cabrón a los lobos y disfrutaría verlos destrozándolo. Te mereces algo mejor que esto. Y sé que en el fondo tú también lo sabes. Sabes que estas son puras mierdas. La forma en que te trata no es normal, no es saludable, es jodidamente tóxica…
Se calla por un segundo, estira el brazo y toma mi mano con su cálida mano sobre la mesa.
—Me preocupé cuando dejaste de responder mis mensajes. Creí que él… creí que tal vez había llegado demasiado lejos esta vez… iba a empezar a llamar a los hospitales esta mañana. Me asustaste, B.
—Lo sé —digo con voz ahogada—. Lo siento mucho, es que… necesitaba aclarar mi mente, pero ahora es más un desastre que antes.
—Oye, todo está bien, no te atrevas a disculparte tú. Solo me alegra que estés aquí. Nada de esto es tu culpa. ¡Nada de esto! Todo esto es culpa de él.
Me quedo más con el hecho de que ella piensa que nada de esto es mi culpa. Esa idea me causa problemas porque no estoy segura de que tenga razón. Creo que también hay algo de culpa de mi parte, eso es seguro.
—Por favor, Bella, por favor solo… déjalo.
—¿Y luego qué, Char? ¡Él es todo lo que tengo! Dependo de él para mi trabajo, mi dinero, un techo sobre mi cabeza… ¡no es tan fácil como solo irme! —lloro, contando las cosas con mis dedos—. Una parte de mí todavía lo ama, ¡es-es que quiero que sea quién era antes de todo esto!
—¡Él no va cambiar, Bella! ¡Los hombres como él nunca cambian! Solo va a empeorar cada vez más entre más estés con él. Es un cabrón posesivo y controlador y eso no… eso no es amor, B.
Nos quedamos calladas, mi mente zumbando, un ceño fruncido en mi cara, un temblor en mi mano cuando tomo mi café. ¿Dejarlo de verdad? Él es todo lo que he conocido en años, él es quien decidió mudarse aquí. Sin él, no tengo nada ni a nadie. No tengo familia. Estaría sola, y eso me aterra.
—Tengo tanto miedo, Char —admito con los ojos llenos de lágrimas.
—Ven a quedarte aquí conmigo y mi mamá. Podemos encontrarte otro trabajo. De todas formas, según me cuentas no es como que la cafetería vaya a abrir pronto otra vez. Solo, por amor a Dios, déjalo. Te mereces algo mucho mejor que él.
¿De verdad sería tan fácil? ¿Solo empacar e irme?
—Ponlo así: si no te vas ahora, Bella… si no te vas y él te embaraza, de verdad, imagínate criar un hijo con él. ¿Y si le hace al niño lo que te ha hecho a ti?
Jamás podría imaginarme criar un bebé con él como es ahora. Jamás podría imaginarme criar un bebé con él, punto.
—Bien —susurro, una lágrima cae caliente y húmeda por mi mejilla cuando asiento, intentando limpiármelas—. Bien.
Charlotte sonríe, sus ojos brillan con humedad.
—Gracias —exhala, sollozando—. ¡Gracias! Puedes hacerlo, B, y estaré aquí en cada paso del camino.
Muchas estamos ansiando que Bella deje a James y parece que ya está lista para dar ese primer paso. Y oh Masen, creo que metió un poco la pata con lo que le dijo a Bella.
Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos; no olviden decirme qué les pareció este capítulo ;)
