Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 12
Masen no me llama.
Ha pasado un mes desde esa noche. Desde James. Desde él. Un agosto abrasador cruzó hacia un septiembre helado, mi cumpleaños se acerca rápido, pero no tengo ganas de celebrar, para nada.
Pienso en él. Sus manos en mi cuerpo, su boca moviéndose con la mía. Su sabor, el gruñido en su garganta, las palabras que dijo y lo que no ha hecho al respecto.
Cambié mi número un día después de la última vez que lo vi; un chip nuevo, solo tres personas que consideraba confiables obtuvieron mi número nuevo. Charlotte, María y él; todos los demás podían esperar. No estaba segura de en quién más podía confiar para que no se lo diera a James.
Me envió un mensaje una vez para decirme que estaba fuera del país y no podía llamar; no he sabido de él desde entonces, y eso me carcome. No lo entiendo.
He intentado no obsesionarme con eso porque, al final del día, no éramos nada: unos cuantos besos no significan nada, lo sé. Pudo haber sido la pelea lo que lo volvió impulsivo. Estoy segura que he leído eso antes; con atletas profesionales, su deseo sexual es más alto después de un evento. ¿Y no fue eso más o menos lo que pasó? Sintió un bajón por la pelea y yo estaba ahí, esperando y dispuesta.
Probablemente él ha seguido adelante con cosas mejores. Nadie me va a querer a mí y a mi montón de cargas; ¿a quién engaño?
Bostezo, cansada. Pesadillas vívidas me mantienen lejos de cualquier tipo de sueño reparador; drenándome. Usualmente son recuerdos de James; sus puños, él persiguiéndome esa noche, sus amenazas susurradas que hacen a mi piel llorar sudor frío sobre mis sábanas. Paso el resto de la noche despierta incapaz de dormir ni una mierda, mi mente se agita con cada pequeño detalle.
A veces mis pesadillas son sobre papà y mamma. Cuando despierto, no puedo recordarlos bien, son solo vistazos de cosas que no tienen sentido y eso deja una desagradable sensación en el fondo de mi estómago.
Eso hace que las noches sean largas, incluso cuando estoy ridículamente cansada al pasar mis días buscando trabajo, y me pone en alerta, incluso a plena luz del día en las calles de la ciudad estoy vigilando, revisando dos veces, en caso de que James aparezca de repente, lo cual no es tan ridículo como parece. No está muerto, así que siempre existe la posibilidad.
Agarrando mi celular y sosteniendo en mi mano una de las solicitudes de pago, marco otro número.
…
—Lo siento, señorita, sin un número de referencia criminal la obligación de pagar su tarjeta de crédito se mantiene con usted. Puedo transferirla a nuestro equipo de administración de créditos si necesita ayuda para administrar sus pagos…
La mujer en la línea me repite las mismas palabras, haciéndome cerrar los puños. Me trago las palabras de frustración, no es su culpa, pero me hace sentir ganas de llorar y desquitarme porque ella suena como si no creyera una palabra de lo que estoy diciendo y es la verdad, con un carajo.
—Bien. Sí. Por favor. —Esta es la tercera compañía a la que he llamado hoy y es seguro decir que no estoy yendo a ningún lado.
He logrado conseguir que las tres detengan las recaudaciones temporalmente por seis semanas mientras intento encontrar un trabajo, pero el interés seguirá acumulándose. Como si esto no fuera ya lo suficientemente agobiador.
El precio es mi libertad, supongo. Tengo que seguir recordándome que vale la pena, pero parece que todo lo que logro conseguir es hundirme, como un bloque de concreto lanzado al mar; me estoy ahogando y no hay forma de salir.
María y Charlotte no pueden entender por qué no reporto a James con la policía, robo de identidad, fraude; se hundiría. Pero no puedo. Ni siquiera puedo explicarles por qué. Es imposible.
Encontrar trabajo también parece imposible; hasta ahora mi búsqueda no ha rendido frutos. No es que no esté intentando, la mayoría de los días estoy afuera recorriendo tiendas y restaurantes, bares y clubes, pero nadie quiere a alguien que dejó la preparatoria sin aptitudes y un irregular —en el mejor de los casos— historial de trabajo.
En las noticias siguen diciendo que hay una desaceleración global, hablan de una recesión; de la economía encogiéndose. La gente está perdiendo sus trabajos y sus casas, y si los que están preparados están batallando para encontrar trabajo, entonces ¿qué maldita oportunidad tengo yo?
Había comenzado muy optimista; las posibilidades eran infinitas, pero todo eso es mierda, mi optimismo decae con cada día que pasa. Un comienzo nuevo, con un recordatorio constante de mi pasado. La realidad me muerde y me siento similar a como me sentí cuando recién llegué aquí; decaída e impotente.
Miro con fuerza un pedazo de papel tapiz floreado frente a mi cama, descolorido por el sol, sostengo con tanta fuerza el celular en mi mano que mis nudillos están blancos. Pronto ya no tendré nada de efectivo, ¿y entonces qué?
El timbre suena y me levanto lentamente, arrastrando los pies por el pasillo y abriendo la puerta para encontrar a Charlotte con una enorme bolsa de comida, sacudiendo las piernas mientras llueve a cántaros afuera.
—Apúrate, B, no es como que la comida se esté enfriando o que me esté mojando ni nada así.
Me empuja y ruedo los ojos a su espalda, la sigo hacia la sala donde se deja caer en el sofá.
Ya habíamos regresado a la normalidad; se aceptaron las disculpas, se explicaron ambas versiones. Es entonces cuando sabes que tienes una buena amiga, creo. Cuando puedes dejar algo así detrás de ti, cuando han estado separadas durante un tiempo y pueden simplemente seguir donde lo dejaron como si no hubiera pasado nada.
Ella ya está dividiendo los contenedores de plástico con comida china mientras yo me lanzo sobre el aguado sillón, con las piernas colgando sobre un lado, meciéndolas como la adolescente angustiada que siento que soy.
—¿Qué demonios te pasa?
—Tuve un mal día.
—Pues, ¿sabes quién más está teniendo un mal día? Troy. Dejé su patético culo. —Se está lamiendo la salsa de los dedos mientras me ofrece un pequeño contenedor de saturada delicia y ni siquiera me da asco.
—¿Qué? ¿Por qué? Creí que él era "el elegido".
—Pues cuando uno sigue viviendo con su madre, eso hace un poco difícil el tener sexo.
—Tú vives con tu mamá —señalo secamente.
—Sí, pero yo tengo veintidós años, no treinta. Quiero al menos un hombre con su propia casa, ¿sabes?
Ella está fingiendo. Puedo notarlo por la forma en que está hablándole a sus uñas y no a mí. Puede mentir, pero no sabe mentir bien.
—¿Cuál es la verdadera razón? —la cuestiono.
Juguetea con su uña antes de llevársela a los labios para morderla antes de responder.
—¿La verdad? Era jodidamente pegajoso. Hizo un enorme berrinche cuando te estuviste quedando conmigo. No está bien, ¿cierto? ¡Se lo dije y no lo entendió! Todavía lo menciona ahora como un quejumbroso.
Le da un trago a su Coca, sorbiendo.
—Como sea, se lo dije directamente. Mis chicas están antes que cualquier polla; él no pudo manejarlo. Siendo honesta, no podía manejarme a mí para nada. —Me sonríe un poco—. Toda esa polla y no tenía ni idea de cómo usarla.
Ahogo una carcajada detrás de mi mano y cuando me compongo, le digo:
—Lo siento. —Porque me siento culpable, mi situación forzó la suya.
—Cariño, no es tu culpa, si un chico no puede entender que necesito ayudar a una amiga cuando me necesita, simplemente… no estaba destinado a ser. Además, hay suficientes pollas en la calle, ¿sabes?
Ella cambia de tema, preguntando dónde está María. Así que le digo que salió, creo que Petey y ella están comenzando de nuevo. Ha estado mucho en el teléfono con una de esas sonrisas frustrantemente satisfechas en la cara y me alegraría mucho si esos dos pudieran hacerlo funcionar esta vez.
Charlotte bufa un poco.
—Ya veremos. Apostaría que no durarán juntos más allá de Navidad. Petey merece algo mejor.
Probablemente ella tiene razón; normalmente la tiene con estas cosas, pero no le doy voz a mi opinión.
…
Mi cumpleaños amanece miserable y gris, la lluvia golpea contra la ventana sin ritmo alguno. Me quedo ahí acostada hasta que María y Charlotte entran, me sacan de la cama todavía usando mi camisón y shorts para dormir, abriéndose camino mientras gritan "Feliz cumpleaños".
Me sorprenden con una enorme magdalena elegante que tiene betún de arcoíris y una sola vela rosa con rayas encima.
—¡Feliz cumpleaños, bebé B!
—¡Pide un deseo!
Pienso por un minuto viendo la llama danzar frente a mis ojos antes de cerrarlos y soplar gentilmente.
Charlotte toma una foto con su abultada cámara digital, dice que la subirá a una página web de una red social en la que parece que todos se están registrando.
—Tienen que unirse para poder agregarlas como amigas —nos dice Charlotte, enredándose el cabello rizado en un dedo mientras yo me tomo mi tiempo para comerme todo el pan, rompiéndolo en pedacitos y metiéndomelos en la boca.
—Suena más patético que MySpace —dice María, recargándose en la encimera de la cocina con una taza de café en las manos—. Hace años podía pasarme todo el día personalizando esa mierda.
Agarro el betún ahora, chupándomelo del dedo.
—No entiendo el atractivo. Ambas cosas suenan terribles, quién quiere subir fotos de sí mismo y lo que está haciendo básicamente para que la gente pueda acosarte hasta la mierda y juzgarte a tus espaldas.
—Mi rayito de sol —me arrulla Charlotte, palmeándome la cabeza—. María y yo estábamos hablando anoche. Creemos que te vendría bien una noche fuera para tu cumpleaños, divertirte un poco. Nosotras invitamos.
…
Me llevan a un club en el centro que cuesta demasiado para entrar y me hace mirar a las otras chicas, insegura sobre cómo me veo y qué tan arregladas se ven con ropa y peinados caros. Odio compararme constantemente, pero de todas formas no puedo evitarlo.
Aros de oro en mis orejas, un bronceado falso que resalta mi piel aceitunada, y un pequeño vestido verde ajustado; mi cabello está largo y sedosamente lacio para esta noche. Creo que me veo bien cuando capto mi reflejo en el espejo sobre la cabina en la que nos metimos, pero definitivamente no soy nada especial. Quiero decir, ¿por qué me querría Masen cuando podría tener a cualquier chica? Ahora entiendo por qué no ha llamado.
Charlotte va a la barra para pedir nuestra primera ronda de tragos, dejando a María para distraerme al hablar mierdas sobre una chica con la que trabaja que está acostándose con su jefe de forma regular.
—Quiero decir, no me importa, pero ella piensa que es mejor que nosotras solo por eso. Me vuelve loca, ella y su actitud. Es un maldito monstruo.
—Ignórala —le digo a María—. Solo haz lo tuyo. Tal vez terminarán mal y él se deshará de ella.
—Preferiría poder arrancarle sus extensiones de mierda —gruñe y me río porque puedo imaginarla haciendo eso si estuviera lo suficientemente enojada.
Me pongo ebria; ebria alegre, donde las chicas en el baño se convierten en mejores amigas borrachas, las inseguridades al inicio de la noche se disuelven en efusivos halagos y arrastradas confesiones de amor y raros intercambios de números telefónicos. Charlotte es la peor en esto y me paro ahí torpemente a su lado absorbiéndolo también, una chica está parloteando sobre mi piel y mis pechos y como es que su novio pagó para que ella se operara, los agarra y los junta. Se ven bastante bien, siendo honesta, así que la hago sonreír al decirle precisamente eso.
Bailamos hasta las primeras horas de la madrugada e ignoro toda atención masculina que llega a mí, no estoy de humor, sigo deprimida por Masen. Charlotte está demasiado feliz con su cámara tomándonos demasiadas fotos en ángulos raros. Al parecer, eso está de moda ahora.
Finalmente, con los pies doloridos, decidimos terminar la noche y tomar un taxi de regreso a casa de María después de comprar comida. Estamos a medio camino hacia la puerta cuando María grita, diciéndonos que dejó las alas de pollo en el asiento trasero del taxi y, por alguna razón, es graciosísimo para ella. Está en risas histéricas, doblada a la mitad, con lágrimas en los ojos, infectándonos hasta que somos una pila de risas junto a la puerta.
—Estoy tentada a enviarle un mensaje —digo, dándole una profunda calada al porro que acabo de hacer, luego una más pequeña antes de pasarlo, mis pulmones arden mientras nos relajamos en el piso de la sala.
—¿A quién? ¿Masen? —dice María, volteándose para quedar sobre su pecho para verme.
—Mmm.
—No, chica. Qué se joda. Él se lo pierde —dice Charlotte a medio inhalar desde su posición en el sofá.
—Pero me gusta. Me gustaba. Como sea.
—Cariño, él te dijo que te llamaría. No lo ha hecho; lo cual es una pendejada porque, ¿quién no llama a tu lindo culo? Pero si haces algún tipo de contacto ahora es como un acto de desesperación. No lo hagas. No necesitas a nadie en tu vida que juega ese tipo de juegos, B. Debes conocer tu valor —arrastra las palabras mientras María musita estando de acuerdo.
—Las amo —digo después de un rato, muy agradecida por tenerlas a las dos aquí conmigo, justo ahora—. Gracias por mi cumpleaños, perras.
…
Me quedo despierta hasta que la habitación ya no está dando vueltas, tomando un vaso de agua, el efecto se va desvaneciendo. María y Charlotte están profundamente dormidas al final del pasillo.
Mis pensamientos vagan hacia papà. ¿Está pensando, aunque sea un poco, en mí? ¿Reconoce mi existencia mientras se pudre en una prisión de máxima seguridad? Probablemente no. Me pregunto si se arrepiente de haber engañado a nonna. Incluso después del final, nunca le admitió su culpa. Y yo todavía creo que sí lo es. Culpable. Por lo que hizo.
También pienso mucho en mamma, buscando y devanándome el cerebro por retazos de recuerdos. Sin embargo, no puedo, y me frustra infinitamente. Desearía haberla conocido. Cada pequeña cosa que una niña debería tomar por garantizado son las pequeñas cosas que yo me perdí. Trenzar mi cabello, historias para dormir, ayudarme con la tarea, husmear en mierdas en las que no debería husmear, hablar conmigo sobre períodos y chicos y sexo.
Quiero decir, tuve a nonna, pero no es lo mismo. No lo creo. No lo sé. Extraño tanto a nonna que duele. Ella fue la única figura materna que tuve, pero eso no me detiene de imaginar qué tan diferente pudo haber sido mi vida. Nuestros últimos años fueron difíciles por mi actitud y su enfermedad. Me rebelé y ella no pudo domarme. Sin importar lo que dijera o hiciera, yo estaba enojada. Con ella. Con papà. Conmigo misma. Incluso con mamma. Discutíamos todo el tiempo, ella juraba que le contaría a papà, pero nunca lo hacía y yo lo sabía. Las mierdas que hice. Y mira a dónde me llevó eso eventualmente… con James. Tal vez ese fue mi karma.
Pienso en nuestras últimas conversaciones. Yo sabría cuándo, ella había dicho, empujando los sobres a mis manos. Estaba frágil, pálida, con piel de papel, y un vacío en sus mejillas debido al cáncer que se había extendido y la había devastado en menos de un año.
Sabrás cuándo.
Abrumada con la repentina urgencia de mirar, agarro mi mochila y me siento con las piernas cruzadas sobre la cama, sacando las cosas del fondo.
Ahora parece ser tan buen momento como cualquier otro. Las miro durante un par de minutos, encendiendo un cigarro.
Abro la primera, quitando gentilmente el sello, está amarillenta debido a los años que pasó sin ser abierta. Se rompe en diferentes lugares mientras hago un desastre al abrirla, pero luego saco un papel, apenas respiro debido a la anticipación.
Un certificado de nacimiento de la ciudad de Nueva York me atormenta, rosa y azul, el nombre que hay ahí está impreso en una pulcra letra.
Isabella Marie Falcone.
Nacida en Queens el 13 de septiembre. Hace exactamente veintidós años.
Hija de Calogero y Renata.
Sin embargo, esto ya lo sé. Sé que nací siendo esta persona. No obstante, no es quien soy ahora. El siguiente pedazo de papel lo confirma.
Morí. A los cuatro años.
Excepto que… no lo hice.
Hay más, pero me siento tan enferma que no tengo el estómago para seguir. Meto todo de nuevo en el sobre, de regreso al fondo de la mochila, debajo de la cama, escondida, donde necesitan permanecer los secretos.
…
Con las manos oliendo levemente a cloro después de limpiar toda la casa, estoy acostada en el sofá leyendo distraídamente un panfleto de educación para adultos que agarré de la biblioteca.
Todo cuesta dinero. Sé que quiero conseguir mi GED* y luego tal vez ir a la escuela a estudiar algo, pero todavía no estoy segura de qué. Obviamente son sueños imposibles, pero me fui de Phoenix porque James dijo que podría conseguir mi GED aquí; en lugar de esperar un par de meses para graduarme de la preparatoria. Él quería irse, y después de la muerte de nonna… eso fue lo que hicimos.
No sabía qué más hacer.
Peleamos muchísimo por eso cuando recién llegamos aquí y siempre había una excusa de por qué no podía tomarlo. Pero incluso un GED cuesta más de cien dólares y ahora tengo exactamente veintidós dólares y dieciséis centavos a mi nombre.
María entra en la habitación, acicalada y lista para ir a trabajar.
—¿Tuviste suerte? —pregunta. Niego con la cabeza.
—No. ¿Qué carajos hay de mal en mí?
—No hay nada malo en ti, bebé. Mira, déjame recomendarte en el club. Solo ven conmigo mañana; iremos en la tarde, te presentaré, puedes darte una idea del lugar. En realidad, es muy bueno, con clase, no es como algunos de los antros donde he trabajado. Además, si no empiezas a pagar ese dinero pronto, estarás enterrada en más mierdas.
Ella toca el nervio que me hace sentir enferma.
—Bien —cedo, dejando caer la cabeza en mis manos—. Pero no me desnudaré.
María aplaude con emoción y me lanza un beso.
—Hablaré con Paul. Te va a amar, lo sé. ¡Nos vemos luego, bebé!
…
Todo en Bliss irradia dinero. No es para nada como pensé que sería. Mármol, oro, neón, sillas de terciopelo afelpadas, y brillantes pisos negros. Parece más la recepción de un hotel con escenario que un club de estriptís, la única cosa que los diferencia son los numerosos tubos. Al parecer, se enorgullece de su exclusividad.
—¡Paul! —grita María al entrar al lugar. Veo a un tipo con una camisa negra de botones y pantalones de vestir negros detrás de la barra mejor surtida que he visto en mi vida. Luces de neón la rodean, brillando en rojos, rosas y amarillos. Tiene un lápiz detrás de la oreja, cabello peinado hacia atrás y un archivo verde en la mano que cierra de golpe, sonriendo. Es bastante apuesto.
María toma mi mano y me acerca a él, cerrando la distancia rápidamente. Aprieta mi brazo y después me suelta.
—Paul, esta es Bella; mi amiga de la que te estaba hablando. —Está emocionada, señalándonos a cada uno con sus inquietas manos.
Paul me mira, una sonrisa se forma en su rostro.
—Hola —arrastra la palabra—. Gusto en conocerte. —Toma mi mano firmemente y se la lleva a los labios para besarme el dorso. Me estoy retorciendo por dentro, incómoda, pero sonrío amablemente. Necesito un trabajo. Necesito un trabajo. Incluso si esto es temporal, necesito un jodido trabajo.
—Hola —digo, un poco tímida—. También es un gusto conocerte. —Su sonrisa crece y mira a María.
—María me dice que estás buscando trabajo, ¿es correcto?
—Exacto.
—Pues veamos qué podemos hacer.
Me da la descripción de las pocas posiciones que tiene disponibles: empleada del bar y también de anfitriona. Atienden a grupos grandes —despedidas de solteros y solteras, grupos de hombres de negocios— en las habitaciones VIP que tienen disponibles. Son como meseras glorificadas. Me explica que las propinas se las queda cada quien y no complementan tu salario, lo cual es algo nuevo para mí, aunque recibir un salario también será una novedad.
Se tambalea ligeramente sobre sus pies en sus brillantes zapatos negros, luego señala el escenario, hay tubos establecidos en diferentes puntos a su alrededor.
—¿Bailas?
—En realidad, no. No sé nada al respecto —le digo con honestidad.
—Escucha, seré honesto contigo. Ganarías bien si lo hicieras. Probablemente triplicarías lo que recibirías de anfitriona. Es un hecho, las chicas en el escenario ganan más, en los bailes privados; ya sabes, ahí es donde está el dinero.
Me siento incómoda, miro a María, preguntándome qué tanto sabe él de mi situación. Ella sigue sonriendo y tengo la sensación de que ya le ha contado sobre todo esto. Él presiona.
—Ahora, dices que en realidad no bailas, pero ¿qué te parece esto? Ven con María un par de veces a la semana antes de que abra el club y ella te enseñará, te mostrará algunos movimientos, rutinas y esas cosas, y te contrataré como anfitriona. Definitivamente tienes el aspecto que nos gusta aquí. Si le agarras el gusto y quieres intentar ganar dinero de verdad, entonces siempre es una opción. Sin presiones.
Mis ojos se mueven hacia María y ella está asintiendo animadamente.
—Es una fantástica oportunidad, bebé.
Quiero preguntar cuál es la trampa porque todo suena demasiado bueno para ser verdad; él todavía ni siquiera me ha preguntado por mi experiencia… pero necesito un trabajo y este es un comienzo. Siempre puedo seguir aplicando en otros lugares.
—Um, bueno, supongo. Sí, suena genial —acepto.
Paul se ve emocionado, sus dientes blancos prácticamente están brillando.
—Genial, bueno, ¿qué te parece si vienes con María mañana en la tarde? Arreglaremos los detalles entonces y te prepararemos.
—¿Preparar?
—Todo es de buen gusto, lo prometo —dice con un guiño. Se mira el reloj—. Necesito enviarle la orden para reabastecer a los proveedores, pero que pases buena tarde, Bella. María, ¿te quedarás hasta tu hora de inicio?
María asiente.
—Seguro.
Paul se va con un pequeño asentimiento y María me acompaña hacia la calle y la luz del sol.
—Intentaré pensar en unos pasos sencillos para ti, B. ¡Esto será muy divertido!
Yo no estoy tan convencida.
*El GED o General Educational Development Test: es una certificación para el estudiante que haya aprendido los requisitos necesarios del nivel de escuela preparatoria estadounidense o canadiense.
En este capítulo hay tres puntos relevantes: Masen no ha contactado a Bella, descubrimos que Bella no es quién dice ser… y ahora tiene un nuevo trabajo, que más adelante nos traerá más revelaciones.
Espero que les haya gustado el capítulo, no olviden dejarme sus comentarios ;)
