Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.


Capítulo 13

Tres meses después

El vestidor está zumbando con energía. Zafrina está frente a mí poniéndose un bodysuit de encaje color crema que contrasta con su piel oscura y unos tacones de plexiglás altísimos. Es extremadamente hermosa, como una Naomi Campbell joven, menos la actitud de diva.

Me sonríe y le regreso la sonrisa en mi reflejo mientras me aplico labial rojo frente al espejo, gimiendo internamente al ver a Paul avanzar hacia mí.

Me agradaría más si dejara de intentar convencerme de salir con él. Es un hombre atractivo, pero no es mi tipo. En realidad, ni siquiera sé cuál es mi tipo. Pero no es él. La única persona que me ha atraído recientemente es Masen. Tan solo pensar en él me llena de conflictos.

Él me deseaba, pero parece que no lo suficiente. No estoy segura de no haber imaginado esa intensidad entre nosotros antes. La atracción que sentí por él. Aunque ahora parece que eso sucedió hace mucho tiempo. Su silencio dice mucho.

Como diría Charlotte: no importa. No hay nada que pueda hacer más que seguir adelante, no puedes obligar a alguien a que le gustes; que te desee, sin importar tus propios sentimientos.

—Tengo unos clientes muy importantes reservados para la VIP uno —dice Paul detrás de mí mientras yo termino de aplicarme el labial por segunda vez, su cara se acerca en el espejo—. Quiero que te encargues de ellos esta noche, Bella, ¿de acuerdo?

—Claro. ¿No lo hago siempre? —Me froto los labios.

—Así es —acepta—. Debes ser extra atenta. Dales lo que pidan. —Se acerca más, su mano encuentra mi cintura cuando se inclina, su boca está casi en mi oreja—. Entre tú y yo, uno de ellos está interesado en comprar este lugar. Pasaré temprano por ahí para hablar de negocios, ¿bien?

Me difumino el labial con un pañuelo blanco.

—Bien. —Sin presiones, entonces.

Me da un apretón en la cintura, me besa la mejilla y se va.

—¿Podría ser más obvio? —dice Zafrina rodando los ojos en cuanto él está lejos—. Ni siquiera te metas ahí, chica, él deja de lado a todas las perras después de conseguir lo que quiere. Pregúntale a Jess. Además de que los reportes no son favorables, si sabes a qué me refiero.

Preferiría no preguntarle nada a Jess. Ella y yo no nos llevamos bien. Bueno, no le agrado mucho, eso está claro.

—No planeo tocarlo, Zaf. Te ves increíble, por cierto. ¿Quieres entrar en la VIP? Parece que son de dinero.

—Seguro. Estaré en el escenario a las once, pero méteme durante un par de horas si puedes y llenaré el resto con privados.

Reviso mi reflejo una última vez, ignorando la forma en que Jess y Emily me miran de arriba abajo al pasar, girándose entre ellas para susurrar y reír. A veces las malas vibras aquí son peores que las de preparatoria, en serio.

Con los tacones repiqueteando rítmicamente en el pasillo, abro la puerta roja que lleva al piso principal, pasándome una mano sobre la seda verde de la falda de cintura alta, me queda corta en las piernas, ajustada en todas partes, y hace juego con el bralet verde que abraza mis tetas.

—¿Estás bien, cariño? —dice Sam, trajeado y con botas, va de negro de pies a cabeza, lleva el audífono rodeándole el cuello. Se agacha para darme un abrazo de un solo brazo—. ¿Lista para la embestida antes de Navidad?

—Ugh, no, pero veamos cómo nos va. Al menos estamos ocupados. —Miro a mi alrededor, el lugar ya está a reventar de gente, la música retumba, algunas chicas ya están bailando sobre el escenario con una diminuta lencería.

Sonríe.

—Avísame si tienes problemas, estoy ansiando una buena pelea y hay algo en el aire de esta noche. —Olfatea como si estuviera intentando olerlo.

Pongo los ojos en blanco.

—Ustedes los porteros, en serio. Ve a organizar un club de pelea o algo así. —Su sonrisa crece—. Pero sí, te avisaré. Sabes que sí.

Me asignan una despedida de soltero para empezar, recibo los comentarios bocones y sucios con guiños coquetos y bromas, prestándole especial atención al novio, que me ruega por un beso, tiene las mejillas rojas, ya está borracho. Dan buena propina, y agradezco eso porque la mayoría reserva sus dólares para el entretenimiento y no para las meseras glorificadas, que es lo que soy.

Cosas como esta, cuando recién empecé, solían hacerme sentir tan torpe e incómoda que casi renuncio. Lo detestaba. Esas primeras semanas fueron un bautismo de fuego y lloré muchísimo. Después de un ataque de pánico, María me dio un abrazo, una raya de coca, y me dijo "finge hasta que lo logres", y sorprendentemente ese consejo ha hecho que todo sea más fácil.

Ahora es como ponerme una máscara, y en realidad lo disfruto. Charlotte piensa que me estoy convirtiendo más en mí misma; con más confianza, como una flor que empieza a florecer.

Lauren me llama una hora antes de medianoche, diciéndome que los invitados de Paul ya llegaron.

—Eres una perra con suerte —dice—. Dos están jodidamente buenos. —Prácticamente está salivando mientras se ajusta sus pechos falsos en su vestidito de tirantes.

—Si tú lo dices.

Voy al baño para revisar mi reflejo, me peino el cabello oscuro, las ondas sueltas enmarcan mi cara, retoco mi labial y reviso que mi delineador no esté corrido. Tristemente, la apariencia en Bliss lo es todo.

María está bailando en el escenario cuando paso hacia el área privada del club. Está girando en el tubo como si fuera dueña del lugar, bañada en luz roja, se ve inmoral. Me detengo cuando alza una pierna sobre su cabeza, mientras sigue girando, antes de caer al piso, meneando seductoramente las caderas al quitarse el sostén. Los clientes están fascinados con eso, hay lujuria en sus ojos y no es de sorprender, ella derrocha sexo.

Abriendo la puerta de la primera sala VIP, sacudo un poco la mano para deshacerme del entumecimiento, bajo la vista hacia la marca roja que cruza mi palma, preguntándome si alguna vez se desvanecerá. No obstante, en cuanto alzo la vista se me cae el estómago a los pies y me quiero ir.

Casi lo hago, casi me doy la vuelta y huyo, pero luego la puerta se cierra con un suave golpe detrás de mí, anunciando mi llegada, y ya es demasiado tarde.

Masen alza la cabeza de la conversación, se detiene de golpe. La mirada de sorpresa en su rostro es un reflejo de la mía. Veo mi nombre formarse en sus labios, mis ojos se mueven de él a Alec y Ben, y durante un segundo solo hay silencio; tengo el corazón en la boca.

Una sonrisa se extiende lentamente por la cara de Alec mientras le da una calada a un cigarro cubano y me mira detalladamente de pies a cabeza.

—Vaya, vaya, vaya. Te ves bien, muñeca —arrastra las palabras perezosamente.

Trago con fuerza. Tan condescendiente como siempre. Mis ojos vuelan sobre ellos, todos vestidos elegantemente con camisas pulcras y pantalones de vestir. No puedo encontrarme con la mirada de Masen a pesar de sentirla en cada espacio de piel expuesta.

—Gracias —digo, entrando cautelosamente, todavía aturdida. Me muevo más en la habitación, juntando mis manos frente a mí—. Paul quería que me encargara de ustedes esta noche, pero si es un problema, puedo cambiar con alguna de las otras chicas.

Por favor, por favor, por favor déjenme cambiar.

—¿Por qué sería un problema? Lo harás bien —entona Alec—. Paul habló muy entusiasmado de ti. —Sopla el humo hacia arriba y quiero rodar los ojos porque Paul está lleno de mierdas.

—Estoy segura que sí —digo secamente.

Le da otra calada a su cigarro y mira a Masen.

—Debiste haber aceptado mi oferta en aquel entonces, te habría conseguido un trabajo similar hace años.

—Si recuerdo bien, no era tanto una oferta, más bien una amenaza —replico sin dudar.

Alec resopla y luego sale su italiano, señalándome con la mano que lleva el cigarro.

Esta jodida perra.

Tardo un segundo, pero lo entiendo. No olvidas esas cosas; tengo un breve recuerdo de nonna parloteando en la cocina conmigo, siempre —siempre— italiano en casa, sus novelas en el cable compensaban su falta de lenguaje colorido frente a mí.

Sin embargo, él no sabe que lo entiendo y tampoco tengo intención de hacerle saber que lo hago.

Alec se mueve en su asiento, se lleva el tobillo sobre la rodilla, le da otra calada a su cigarro. Me señala, su atención está en Masen.

Este es un esfuerzo desperdiciado, ¿eh? Me persuadiste que no la hiciera trabajar para mí y pronto estará haciendo justamente eso.

Masen tiene la cabeza gacha, las manos juntas, se frota los nudillos con el pulgar. Mira sombríamente a Alec, pero no responde. Alec se inclina y le palmea la cara, buscando una reacción.

Masen le aparta la mano de golpe, girando la cabeza, enojado.

Vete al carajo, Alec, juro por Dios que…

¿Qué harás? Tú y esta chica. —Alec sacude la cabeza—. Te esforzaste tanto por ella y ni siquiera te la has follado. Tal vez yo me encargaré de eso por ti, jodido cobarde.

Ben se burla. Masen murmura algo ininteligible. Mi cabeza da vueltas, tengo las palabras en la punta de la lengua cuando Alec alza la vista hacia mí, sus ojos me recorren lentamente, le da otra calada a su cigarro y sonríe.

—Touché, muñeca.

Espero aparentar que no entiendo ni una palabra, pero mi mente sigue dando vueltas. ¿Masen lo detuvo de obligarme a trabajar para él? ¿Se esforzó? ¿Qué significa eso?

Los miro a los tres, mi confianza se destroza.

—Bien, de acuerdo. —Sonrío, pero es de forma tensa—. ¿Han estado aquí antes?

Alec responde una negativa.

Usualmente es mi tipo de cliente favorito, los nuevos, siempre ansiosos por dejar propina, pero sé que Alec estará jugando sus juegos esta noche, es ese tipo de persona.

—Pues para empezar permítanme servirles algo de beber y luego estableceremos algunas reglas para estar todos en la misma página.

Entrego los menús de bebidas de la barra que está detrás de mí. Estas habitaciones privadas cuestan más que un estriptís de media hora en las cabinas con cortinas. Bliss atiende a los ricos y su privacidad. Tampoco soy estúpida, he escuchado sobre las mierdas depravadas que suceden aquí y allá, pero mantengo la cabeza gacha. Me hago de la vista gorda. Necesito este trabajo para mantener a los acreedores a raya. Y eso hace. Apenas.

—Si quieren recomendaciones, con gusto los ayudo, solo avísenme. Tengo una despedida de soltero en el piso principal, pero si me necesitan en cualquier momento, solo usen esto. —Pongo un pequeño bíper en la mesa.

—Déjalos —dice Alec despectivamente—. Quiero toda tu atención en esta habitación esta noche.

Ya está aquí, pienso amargamente.

—No debería haber problemas —digo con un poco de incertidumbre—. Déjame hablarlo con Paul y estaré de regreso.

Él me sigue. Puedo sentir su presencia detrás de mí en cuanto salgo de la habitación, ignorando las burlas de Ben y Alec que lo siguen, el vello de mi cuello se eriza hasta que salimos al pasillo. Una mano golpea con fuerza la pared junto a mi cabeza.

—¿Qué carajos estás haciendo? —exhala, sus ojos oscuros están brillando, buscando algo en los míos, se bajan a mi pecho, mi boca, está tan cerca que me manda de regreso directo a esa noche.

La irritación arde. Él ha tenido meses para aparecer, para mensajear o llamar, para dar una explicación, y no ha hecho nada de eso. ¿Y ahora tiene las pelotas para cuestionar lo que yo estoy haciendo?

Ignoro lo devastadoramente guapo que es y el hecho de que la última vez que lo vi me tenía presionada contra una puerta besándome hasta dejarme sin sentido, y mido mis palabras.

—¿Qué estoy haciendo? Estoy trabajando, como lo he hecho casi cada noche durante los últimos tres meses —me detengo—. Ahora, si no te importa, tengo otras personas que quieren mi atención a las que tengo que decepcionar.

Me alejo por debajo de su brazo.

—Bella… —Su mano encuentra la mía y me la quito de un sacudón, endemoniadamente enojada.

—Vuelve a tocarme y haré que te echen. No me importa quién eres o con quién estás.

—Bella…

Me voy sin mirar atrás.

Que se joda.

Lauren me dedica una mirada fulminante cuando le pregunto si puede ocuparse de mi despedida de soltero.

—¿Ya checaste esto con Paul? —dice con una mano en su diminuta cintura, sus brillantes labios rosas forman una mueca.

—¿Checar qué conmigo? —dice Paul, echándose una toalla al hombro mientras llena tarros de cerveza detrás de la barra.

—Los de la VIP me quieren para ellos… En serio necesito darle a alguien mi despedida de soltero del piso principal —le digo.

Asiente.

—Hecho. Lauren, tú te encargas, ¿de acuerdo?

—Ya estoy atendiendo a dos grupos, estoy muy ocupada —gime, sus ojos le ruegan a Paul.

—Lo siento —digo, sintiéndome mal—. Fue solicitud de ellos, no mía. Créeme, preferiría cambiar contigo.

Paul me mira raro, pero le dice a Lauren que tendrá que lidiar con eso. Ella le enseña el dedo medio cuando él le da la espalda y le musito que lo siento otra vez, sintiéndome culpable.

Tengo que darme una sacudida mental antes de regresar al cuarto, en el pasillo tenuemente iluminado respiro profundamente, intentando componerme. He pasado por cosas peores, me recuerdo. Esto es solo muy incómodo, torpe, horrible en el sentido de trágame-tierra.

¿Y Alec está pensando en comprar este lugar? Demonios, no.

—¿Todo bien? —pregunta Alec en cuanto regreso.

—Por supuesto —le digo—. ¿Ya decidieron qué van a tomar?

Alec quiere champaña, de la botella de doscientos dólares. Ben adopta un perfil más bajo pidiendo cerveza de barril y Masen… Masen quiere whisky.

—Eagle Rare —dice con voz cortante, lanzando el menú descuidadamente a la mesita baja que hay frente a ellos. Un bourbon de diecisiete años que cuesta más de cien dólares por botella y no se ve para nada feliz.

Cuando finalmente pongo el whisky frente a Masen, sirviéndole un par de dedos, puro como lo pidió, se lo toma de inmediato, luego se toma otro trago, estrellando el vaso sobre la mesa. Me sobresalto, pero él no me ve para nada a los ojos.

Fue él quien no me llamó.

No entiendo su actitud.

No tiene derecho. Obviamente no pretendía verme de nuevo y ahora que me ha visto, ¿está enojado? Me hace rechinar los dientes, molesta.

Me siento contenta cuando Paul entra en la habitación media hora más tarde; se ve elegante usando una chaqueta de vestir con una enorme carpeta en la mano.

—Caballeros —dice, rodeándome, su mano roza mi cintura, sus dedos me rodean la piel, permanecen ahí un momento. Me tenso, él está demasiado cerca y su colonia es demasiado almizclada, y de verdad quiero decirle que se calme un poco. Ignora la mirada que le lanzo cuando me sonríe antes de avanzar para darles un apretón de manos, se realizan las presentaciones.

Masen actúa notablemente más frío con Paul que Alec y Ben. Se sienta de nuevo en la banca, su mandíbula se aprieta, tensa, cuando Paul se sienta junto a Alec, jalando de las rodillas de sus pantalones.

—Bella, ¿podrías servirme un escocés, bebé? Lo de siempre.

—Seguro.

Comienzan a discutir algo sobre impuestos del negocio, ganancias semanales, márgenes… bla, bla, bla. No comprendo mucho de lo que dicen y siguen hablando durante una eternidad.

—¿Vas a bailar para nosotros, muñeca? —pregunta de repente Alec, mucho tiempo después, mi mente está adormecida por toda la charla de negocios—. Te pagaré mucho por hacerlo.

Masen flexiona las manos junto a Alec.

Le entrego otro escocés a Paul y sonrío.

—No. No bailo.

Paul me mira y sonríe, su mano me rodea la cintura otra vez.

—Sabemos que eso no es verdad, ¿cierto? —dice, alzando una ceja. Mi cara se sonroja—. Es demasiado tímida, pero practica siempre antes de abrir con otra de mis chicas en el tubo, tengo semanas rogándole que se suba al escenario, pero no ha aceptado… todavía. Eventualmente la haré cambiar de parecer. —Me guiña.

Tengo la impresión de que no está hablando solo de bailar.

Masen se termina su vaso.

—No soy tímida, Paul. No quiero. Es diferente —digo con dulzura, alejándome de su agarre y caminando junto a Masen, me inclino para rellenar su vaso. Sus ojos están en mi cara, los de Ben están en mis tetas.

Paul suspira.

—Qué insolente. Me harías ganar una fortuna, pero ¿qué puedo hacer?

—Puedes encontrar una debilidad y explotarla —dice Alec de forma casual, metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta. Saca un clip de dinero, un fajo de efectivo enrollado—. Usualmente el dinero todo lo puede.

Pone el fajo de billetes sobre la mesa frente a mí y lo golpetea con dos dedos.

»Te daré quinientos dólares si le das a Masen el estriptís de su vida. Lleva demasiado tiempo siendo un cabrón malhumorado. Él te domará. Gentilmente —dice, señalando a Masen.

Ben se ríe mientras Masen se mueve en su asiento, recargándose hacia atrás y mirándome, su cara es ilegible.

—No.

—¿No?

Es como si Alec no entendiera la palabra.

—No. Sé que piensas que el dinero te puede comprar lo que quieras, pero a veces no es así.

—Bella, recuerda lo que dije antes —interrumpe Paul con algo parecido a una advertencia en su voz.

—Lo recuerdo, Paul, y la respuesta sigue siendo no.

Alec se echa hacia atrás.

—Te ofrezco el doble.

—Sigue siendo no.

—Eh. Estás llena de sorpresas, ¿no?

Sonrío porque Masen ha dicho exactamente lo mismo. Me pregunto si lo recuerda.

—Eso me han dicho.

Paul se aclara la garganta.

—Ve a traerme la otra botella de escocés que me gusta, está en mi oficina, bebé, y trae a algunas de las chicas aquí. Hora de relajarse, ¿cierto, compañeros? —Se afloja la corbata y me pasa de nuevo su vaso.

—¿Alguna preferencia con sus chicas? —pregunto. Es una pregunta estándar, no tiene caso traer chicas que no son del gusto de los clientes, pero me causa dolor el preguntar.

—No soy quejumbroso, me encantan las tetas y el culo —anuncia Ben con cara roja.

—Rubia, tetona, cachonda —dice Alec, terminándose su copa.

Miro a Masen temiendo su respuesta.

Lanza un paquete de Marlboro a la mesa, enciende un cigarro antes de finalmente encontrarse con mi mirada al inhalar.

—Castaña.

Y tengo ganas de golpearlo.

Les reservo a María, Zafrina y, de mala gana, a Jess, enviándolas hacia allá después de una apresurada conversación con María sobre exactamente quién está en la habitación.

Ella nota que estoy muy abrumada y me ofrece una raya de coca, pero niego con la cabeza, en lugar de eso camino de un lado a otro del vestidor hasta que tengo que salir a fumar un cigarrillo, a pesar de que está heladísimo afuera.

Estoy tan tensa que el frío no me toca.

Toda la noche se ha ido al infierno y no puedo esperar a que termine.

Sam se une a mí, se quita su chaqueta con un encogimiento y la pone sobre mis hombros.

—Oye, ¿estás bien? —pregunta preocupado, poniendo una mano en mi hombro.

Bufo.

—Bien, es que… es una noche difícil. Estaré bien. Gracias por preguntar.

—Estás con Alec De Luca esta noche, ¿cierto?

¿De Luca es su apellido? No lo sabía. Asiento.

—Sí.

—Esos tipos… su familia. —Sacude la cabeza—. Ellos mandan en esta jodida ciudad. He escuchado que es difícil de complacer.

Tampoco es la primera vez que escucho eso.

—Eso parece. —Tiro mi cigarro y le regreso su chaqueta.

—Pues, alza la cabeza. Solo faltan dos horas y media antes de cerrar. Todavía estoy esperando que un cabrón idiota se pase de la raya.

—Creo que tu detector de problemas no está funcionando —digo, estirando la mano para apretarle la nariz.

—Oye, no juegues con el equipo. Además, dos horas y media son tiempo suficiente para que todo arranque, lo sabes.

Me guiña y se truena los dedos; yo suelto una carcajada genuina.

—Bien, bien. Gracias por animarme, Sam.

Me siento reacia a regresar, la idea de Jess frotándose sobre Masen me hace querer vomitar, pero como sea. Él no es mío. Nunca lo fue. Ella es la castaña que él pidió y es deslumbrante, incluso si es toda una perra.

María ya está desparramada sobre Alec, él está jugando con los tirantes de su diminuto sostén, mientras que Zafrina derrocha atención en Ben, que se ve en su elemento, tiene las mejillas rojas y las manos inquietas.

—No sabía que se conocían —dice Paul mientras le preparo otra bebida con la botella que pidió.

Jess está bailando en el tubo con los atronadores acordes de un bajo; ella oscila y menea las caderas, concentrada en Masen, como una polilla que va hacia la luz, hay algo muy parecido a la desesperación en la forma en que ella intenta atraer su atención, su mirada revolotea hacia Paul. Me pregunto si está intentando ponerlo celoso. Si eso intenta, no está funcionando.

Masen tampoco le está prestando atención a Jess. Él nos está viendo a Paul y a mí, puedo verlo por el rabillo del ojo cuando Paul posa su mano en mi culo.

—Muy poco —le respondo a Paul.

Masen no puede contenerse.

—Yo no diría eso. —Hay una sonrisa en su rostro que no llega a sus ojos. Se recarga en el asiento de terciopelo, apoya los brazos en el respaldo, la camisa se estira sobre su pecho y brazos.

Jess desciende, se presiona contra él al meterse entre él y Ben para susurrarle al oído. Los ojos de ella se mueven de Paul y yo a Masen.

—¿Por tu ex? —sigue Paul, ignorando a Masen—. Recién estábamos hablando de él.

Me congelo. Como si me hubieran aventado una cubeta de agua helada. ¿Por qué carajos están hablando de James y con Paul de todas las personas?

Instintivamente miro a María, que tiene los ojos bien abiertos, luego fulmina con la mirada a Paul.

—¿Qué hay con él? —pregunto inexpresiva, valientemente, con un nudo en la garganta.

—No lo sabes, ¿o sí? —musita Alec, su mano palmea el culo de María. Ahí queda la regla de no tocar. Él mira a Masen y mis ojos encuentran los suyos cuando exhala humo.

—El chico ahora está en la cárcel —comenta Ben vivaz, hay una alegría pura en su rostro.

Abro la boca, luego la cierro otra vez.

Cárcel.

James está en la cárcel.

¿James está en la cárcel?

Pues carajo.

Tengo problemas para encontrar palabras.

—No sé qué quieres que diga —respondo eventualmente—. ¿No es mi problema? ¿No me importa? ¿Gracias carajo? Eso suena bien.

—¿Terminaron mal? —pregunta Paul, su mano encuentra mi brazo, baja rozando con su dedo por él. Lo aparto de golpe rápidamente, de repente me siento inquieta, nerviosa.

Ignoro intencionadamente su pregunta, relleno la champaña de Alec y le llevo otra cerveza a Ben.

Justo entonces Jess pasa su pierna sobre Masen y se sienta a horcajadas en él, jugando con el botón de su camisa, flexionando sus caderas sobre las de él; me excuso para irme, sintiendo que bien podría explotar o llorar.

Cuando regreso después de haberme echado un par de calmantes por la garganta, Masen ya no está.

María y yo salimos con el resto de las chicas justo después de las cinco de la mañana. Los porteros usualmente nos acompañan a nuestros carros para asegurarse de que nos vamos bien. Recientemente se han oído historias de horror sobre clientes que siguen a las chicas a casa, no en Bliss, pero sí en otros clubes de estríperes de la ciudad. La mayoría de nosotras viajamos acompañadas por seguridad.

No obstante, él está esperando, recargado en la pared frente al club, fumando. Lo veo. Él me ve verlo. Y sigo caminando.

—Bella —dice, siguiéndome cuando comenzamos a avanzar hacia el carro de María. Suspiro y me giro inexpresiva.

—¿Qué?

—¿Podemos-podemos hablar?

—Sabes, en realidad no es un buen momento. Ha sido una noche muy larga, estoy cansada, mi aventón está esperando… y no tengo nada que decirte.

María siguió caminando, deteniéndose al llegar a Sam, y luego Sam está caminando hacia mí, sin duda alguna sigue inquieto en busca de una pelea.

—¿Hay algún problema aquí? —dice, llegando a nosotros. Está evaluando a Masen, pero Masen alza las manos en señal de que no quiere problemas.

—Está bien, Sam, gracias. Lo conozco.

Sam asiente, acercándose a la cara de Masen.

—Te estoy vigilando. Si te metes con ella, te joderé, no me importa para quién trabajas. —Le golpea el hombro al irse lentamente.

—Pues adelante —digo impaciente—. Habla.

Se pasa una mano por el cabello, frustrado.

—Pienso en ti todo el tiempo —dice eventualmente, cuando ya ha estado demasiado tiempo callado y ya he decidido irme. Está arrastrando las palabras, sus ojos tienen dificultad para concentrarse en mi cara.

—Obviamente no lo suficiente para llamarme —espeto, estremeciéndome cuando el frío aire nocturno comienza a posarse sobre mi piel.

Cambia su peso de un pie a otro, tiene las manos en los bolsillos, mira el piso. Hace ademán de hablar, pero alzo la mano.

—Mira, está bien. Sé que solo fueron unos cuantos besos después de una noche muy intensa. Siempre estaré agradecida contigo por lo que hiciste, pero no-no hagamos esto.

—Bella; vamos —dice, acercándose. Puedo oler el whisky en su aliento—. Perdón. Lo siento mucho. Lo jodí. Déjame…

No termina, sus dedos tocan mi cara, mi estómago se retuerce.

—Ve a casa, Masen. Estás borracho. —Miro sus ojos cansados y él me regresa la mirada, acariciando mi mejilla con el pulgar—. Te sentirás estúpido por esto en la mañana.

—No.

—En serio no sé qué quieres de mí —digo, apartando la vista de él para mirar hacia la calle, de vez en cuando pasa un carro—. Ya dejé todo detrás de mí. —Lo vuelvo a ver, su expresión se ve agitada.

—B, ¡vámonos! —grita María antes de que Masen pueda responder—. Me estoy congelando las tetas.

—Mira, tengo que irme. ¿Necesitas un aventón o un taxi o algo? —Niega con la cabeza, alzando la vista, ha comenzado a caer una ligera capa de nieve.

—Estoy bien.

—Pues te veo luego. O no.

Me alejo, María me frunce el ceño a mí, a Masen.

—¿Qué fue eso?

—No sé.

Ella voltea hacia atrás y yo también. Él sigue parado en la banqueta, meciéndose ligeramente, y a pesar de que está borracho, es tan atractivo que hace que mi corazón se apriete en mi pecho.

—Bella. Debí llamarte… esa noche. Tú. Pienso en eso todo el tiempo. Todo el maldito tiempo.

Su voz se deja llevar en la tranquilidad de la noche, Jess y Emily se giran desde enfrente de nosotras para mirar.

No sé qué decir, así que no digo nada. Dándole la espalda, sigo caminando, María me rodea con su brazo hasta que llegamos al carro.

—Me follé a Alec —dice después de que se cierran las puertas de su carro, sacándome de mi drama y lanzándome de golpe al suyo.

¿Qué?


Han pasado tres meses y por pura casualidad Masen ha regresado a la vida de Bella, aunque parece que ella ahora ya no quiere saber de él. Tiene sentido, ella siguió adelante con su vida, no podía estancarse por él. Y tremenda bomba la que lanzó María al final.

Nos leemos en el siguiente ;)