Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 14
Viajamos en silencio por dos minutos completos antes de que ya no pueda seguir aguantándolo.
—¿Por qué harías eso? ¿Por qué? ¿Alec? ¿Qué carajos estás pensando? ¡¿Y Petey?!
—Él me está engañando —solloza María, jugueteando con la calefacción, encendiéndola a toda potencia. Mi enojo se calma, pero solo un poco.
—¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando?
Una solitaria lágrima cae por su mejilla y se la limpia rápidamente con el dorso de una brillante uña plateada.
—Encontré condones en su cartera. No usa esas mierdas conmigo. ¿Por qué otra razón los tendría si no estuviera follándose a otra zorra? Y luego-luego él estaba en la ducha, hoy más temprano, y yo-yo decidí revisar su celular, ya sabes… —se queda callada, un sollozo ahogado se le escapa y mi corazón se hunde al comprender que habla en serio—. Tenía el presentimiento porque él ha estado actuando raro. ¡Y tenía razón, carajo! ¡Encontré mensajes entre ellos! Así que, que lo jodan, tengo la vista puesta en un pez más grande.
—Mierda. María, eso-eso… ¡no tiene sentido! —Estoy sacudiendo la cabeza. Ella no responde, se limpia furiosamente los ojos mientras maneja.
¿Petey la está engañando? Él no parece ser de ese tipo de hombre. Es un buen chico. Siempre ha sido un buen chico. ¿Ahora la está engañando? No puedo asimilarlo, no estoy segura de cuánto más se puede retorcer esta noche.
Miro por la ventana hacia la oscuridad; la nieve cae con más fuerza y velocidad entre más nos acercamos a casa.
—¿Pero Alec? —digo con incredulidad, regresando al primer punto, dándole voz a mi desconfianza—. ¿En serio?
María sonríe a través de sus ojos llorosos y me mira.
—Está muy bien dotado.
—¡Dios mío! No necesito saber esas mierdas —gimo, me llevo la mano a la cara y la arrugo con asco.
…
Tengo dificultades para dormir cuando finalmente llegamos a casa. Puedo escuchar a María llorando, así que avanzo por el pasillo hacia su habitación, subiéndome con ella para quedar en posición de cucharita, la rodeo con mis brazos hasta que sus sollozos se convierten en moqueo; porque a pesar de todo, debe dolerle el que Petey la esté engañando.
Se gira hacia mí, así que estamos casi nariz con nariz, tiene los ojos rojos, se nota incluso en la penumbra de las primeras horas de la mañana.
Acurruco mi cabeza en su almohada, encuentro su mano, la tomo con la mía y nos quedamos ahí acostadas por un rato.
—Es que duele —me dice, su voz tiembla—. He cometido errores, lo he admitido y dijimos… dijimos… que dejaríamos toda esa mierda atrás. Que seguiríamos adelante, ¿sabes? No entiendo por qué lo haría ahora… ¿por venganza o algo así?
Le acaricio el cabello, reticente.
—No lo sé. No tiene sentido. ¿Estás segura… estás segura que no estás solo malinterpretando las cosas? ¿Tal vez?
Sacude la cabeza.
—B, está ahí en su celular. Él diciendo que no podía esperar para estar dentro de ella. No puede ser más claro, a menos de que lo vea con ella enterrado hasta las bolas.
Aprieto más fuerte su mano.
—¿Estás bien, B? ¿Después de lo de esta noche? —pregunta después de un rato, frotándose la nariz.
—¿Sabías sobre James? —respondo tentativa.
Niega con la cabeza, las cobijas susurran con el movimiento.
—No antes de esta noche, bebé. Fue sorprendente. Quién lo habría pensado, ¿cierto? El jodido cabrón finalmente recibe lo que se merece.
Hago un sonido. En realidad, no sé qué pensar. Quiero decir, ¿por qué lo encerraron? ¿Qué hizo?
—Tal vez te ayudará con las pesadillas. Digo, al saber que él no está allá afuera —sigue María.
—Tal vez.
Y luego está Masen. Pienso en lo que él dijo, una y otra vez, hasta que María está profundamente dormida a mi lado, su respiración estable y superficial.
Escapándome a mi habitación, me giro y me muevo, incapaz de dormirme, miro la nieve caer contra la ventana a la pálida luz de la mañana, trazo el estuco en espiral del techo con mis ojos.
Su reacción ante mí, su actitud de toda la noche deja un montón de preguntas. ¿Decía en serio lo que dijo? ¿De verdad evitó que Alec me obligara a trabajar en ese otro lugar? ¿A qué se refería Alec con que "se había esforzado"?
No puedo hacer las últimas dos preguntas porque se supone que no debí entender lo que dijeron… pero la primera.
Agarro mi celular del desvencijado buró, buscando su número.
Hago tres intentos antes de enviar un mensaje, la indecisión me destroza. Tecleando el mensaje una vez más, presiono Enviar antes de poder retractarme, tengo el corazón martilleándome en el pecho. No tengo nada que perder.
¿Por qué no lo hiciste entonces?
…
Me despierto de golpe alrededor de las tres de la tarde, mis sábanas se pegan incómodamente a mi cara, tengo un sudor frío en la piel a pesar de que el aire se siente fresco por el clima helado.
Sintiéndome inquieta, parpadeo intentando recordar por qué. Y luego deseo no haberlo recordado. El corazón se me hunde hasta los pies y jalo la cobija con más fuerza a mi alrededor, buscando mi celular.
Dos mensajes.
Mi pulgar y mis dedos de repente se sienten débiles al moverse sobre las teclas.
Ambos son de Masen. Los envió poco después de que yo le envié el mensaje, tal vez diez minutos.
Porq soy un jodido idiota
Quiero vert
Mi pecho se contrae inesperadamente, una profunda urgencia por breves momentos de algo que creí que pudimos haber tenido antes.
¿Quiero verlo?
Tengo el labio inferior entre los dientes. Había esperado su llamada durante semanas y no llamó. Así que seguí con mis cosas y estoy bien, considerando todo. No necesito verlo.
Pero siempre hay una parte de mí que quiere decirle que sí. Lo sentí anoche, mentiría si dijera que no, esa punzada de atracción. Tal vez sí quiero, aunque sea solo para reclamarle.
Anoche.
Los recuerdos regresan de golpe, como reflujo; es imposible detenerlos y dejan un sabor ácido. Me carcomen hasta que me quito las cobijas y voy a trompicones a la cocina, hay un pensamiento en particular presionando en mi mente.
Abriendo la vieja laptop Toshiba de María, busco el nombre de James en Google porque no puedo no saber por qué. Nadie dijo por qué. ¿Por qué lo arrestaron? ¿Qué cargos le dieron? He intentado desesperadamente no pensar en él durante meses, dejando de lado las pesadillas, y solo se necesita una noche para enviarme de nuevo en picada.
Supongo que no hay daño en saber. Tal vez incluso me ayudará, como dijo María.
Su foto policial me mira al hacer clic en Chicago. El artículo de noticias de Tribune. Se ve enfermo, no solo mal; drogado, ojos vidriosos, pupilas dilatadas. Está más delgado, más desaliñado de lo que lo he visto antes.
Lo arrestaron junto con Marcus con setenta y cinco mil dólares de cocaína en su carro. Marcus estaba manejando y a ambos les esperaba una larga sentencia. Una cantidad masiva de tiempo por el delito grave de tráfico de drogas.
Cierro la laptop de golpe. Me tomo un minuto para digerirlo. Abrumadoramente, me siento aliviada. Al estar encerrado él ya no puede tocarme, pero algo no está del todo bien aquí.
James siempre mantenía un perfil bajo. Lo vendía, claro. Distribuía hasta cierto punto, pero ¿tráfico? Eso sugiere que él estaba trayendo cosas de otro lugar y no creo que él estuviera tan metido. Pero ¿qué sabía yo? Él hacía muchas mierdas que yo no sabía.
Le envío un mensaje a Charlotte, preguntándole. Ella me lo habría dicho si lo supiera. Al menos, me gustaría pensar eso.
Me espera otra larga noche en el trabajo, así que me levanto y me baño. No puedo escuchar movimientos de la habitación de María al salir del baño, así que me seco el cabello y me pongo una pantalonera vieja para hacer yoga, hago el asana de saludo al sol sin ella.
No entendía mucho el yoga antes, pero no es para nada tan tonto como Charlotte sigue diciendo, además de que la flexibilidad extra me ayuda al aprender movimientos cuando practico en el tubo. En realidad, también me gusta eso, puede ser divertido, aprender nuevos movimientos y hacer combinaciones; incluso si hace que me duelan los músculos y me ardan las manos. No me importa lo que digan los demás; tengo un nuevo respeto para cualquier persona que pueda sostener e invertir el peso de su cuerpo en un pedazo de metal.
Reviso mi celular cuando termino de quitarme toda la tensión a base de estiramientos. Charlotte todavía no ha respondido, lo cual es extraño. Ella y su teléfono son inseparables. Vagamente me pregunto si hay un nuevo chico en escena del que ella no me ha contado; porque esa es la única explicación lógica que se me puede ocurrir en este momento.
Me siento ahí y miro mejor los mensajes de Masen.
Porq soy un jodid idiota
Quiero vert
Tal vez sí quiero verlo.
Sin embargo, puede esperar.
Supongo que yo he esperado.
…
El trabajo está muy ajetreado, Lauren sigue quejándose de que anoche le pasé mi parte, así que me hago cargo del trabajo por ella, a pesar de que estoy segura que ella sacó un montón extra en propinas. De hecho, me siento aliviada de andar tan apurada con los clientes porque eso significa que puedo evitar a Paul, que ha estado intentando llamar mi atención en cada momento de calma. Simplemente no puedo lidiar con él esta noche.
Es Jess la que logra acorralarme en la esquina del vestidor, junto a mi casillero, justo cuando estoy a punto de enfrentarme a la nieve para fumar.
—¿Qué es lo que tienes? —dice, echándose su largo cabello castaño sobre un hombro. Está recargada en los casilleros, tiene los brazos cruzados bajo su sostén de media copa, sus pezones sobresalen.
—¿Qué es lo que tengo de qué? —digo, girándome hacia ella y cerrando la puerta de golpe. Me está mirando con desagrado. Está rebosando de desagrado, más bien.
—Que traes locos a todos los hombres. ¿Tienes un coño de oro o algo así? Porque no tienes nada especial, ¿o sí?
—No sé de qué hablas, Jess —le digo, poniéndome el abrigo y sacándome el cabello de la parte de atrás.
—El chico de anoche; le ofrecí una mamada y me rechazó por completo. —Lo dice con desprecio, hay un trazo de amargura en la forma en que se curvan sus labios—. Y Paul. Ha estado siguiéndote desde que comenzaste aquí.
—No me gusta Paul de esa forma, no es mi culpa que él te haya dejado después de un minuto. Reclámaselo a él, no a mí.
Zafrina aparece a mi lado, girando un delineador de cejas en sus dedos. Apunta a Jess con eso.
—Tal vez a los hombres les gusta Bella porque ella no es una puta de un dólar. ¿Paul sabe que ofreces extras a los clientes regulares?
—Pues no todas podemos ser zorras frígidas. —Se burla de mi reacción cuando Paul me tocó el brazo anoche y me mortifica que ella lo haya notado—. También con el tema de tu ex en la cárcel —se burla—. Pensé que llorarías como una zorrita. ¿Es tu primero o qué?
Sacudo la cabeza. Ella está tan, tan lejos de la verdad. En lugar de seguir hablando con ella, decido ser la persona madura e irme, no confío en mis puños apretados.
Zafrina se une a mí afuera en el callejón trasero para fumar, se recarga en la pared a mi lado al encenderlo, estamos protegidas en un área que la nieve no ha logrado tocar.
—Solo ignórala —dice, peinándose su sedoso cabello negro—. Jess ladra, pero no muerde, ¿sabes?
—No estoy segura de eso.
—Mira, yo te cuido la espalda, cariño, y sé que tú cuidarás la mía en lo que a ella respecta —pausa para inhalar profundamente—. Paul actuó mal al sacar a la luz mierdas personales enfrente de los clientes. Hasta un ciego pudo haber visto que él debió callarse con un carajo.
Le da un par de caladas más antes de apagar su cigarrillo a medio fumar en la pared, dejando marcas negras en el ladrillo.
—Intento dejarlo —responde cuando ve mi cara.
—Qué bueno por ti —le digo de verdad.
Justo antes de que ella abra la puerta para regresar adentro, se me ocurre algo.
—Oye, Zaf, ¿qué sabes de Fever?
Se detiene y se gira hacia mí, su tacón mantiene abierta la puerta.
—¿Fever? Chica, no querrás tocar ese lugar. Es menos un club nudista y más un prostíbulo.
Se me hiela la sangre.
—¿Hablas en serio?
—Ajá. En ese lugar… por lo que sé, las chicas están dispuestas a todo… solo prométeme que ni siquiera estás pensando en eso.
Sacudo la cabeza.
—Lo prometo.
Sonríe satisfecha, la puerta se cierra tras de ella.
Mi cabeza encuentra la pared al alzar la vista al cielo nocturno, me llevo el cigarro a los labios con mano temblorosa, las cosas encajan, cobran sentido ahora. Donde quería Alec que trabajara, lo que quería que hiciera para saldar la deuda de James.
Y Masen lo detuvo.
Carajo.
…
Salimos hacia los escalones que dan a la calle en las primeras horas del domingo después de haber terminado otro turno. Estoy platicando con Sam cuando alguien choca muy fuerte conmigo, haciendo que me resbale.
Agarrándome antes de caer por los escalones, Sam me jala del brazo. Ni siquiera tengo que voltear para saber que fue Jess. Emily y ella se sueltan riendo al pasar junto a nosotros, el calor se extiende por mis mejillas, me siento avergonzada.
—¿Estás bien? —pregunta Sam mientras me enderezo el abrigo.
—Eso creo. Gracias, Sam.
—Pudo haber sido una caída fea —me dice Sam, mirando a Jess y Emily que se han detenido al pie de los escalones para encender un cigarrillo, se sacuden el cabello mientras miran hacia la calle, haciendo pucheros y riendo—. Está celosa. Es toda una molestia cuando quiere serlo.
—Ya lo noté. —Alzo la vista hacia el constante flujo de copos de nieve que atrapan el brillo neón del cartel de Bliss que está sobre nosotros y luego cuando volteo hacia la calle, el comportamiento de Jess y Emily de repente cobra sentido.
Está recargado en su Mustang, envuelto por completo en negro; abrigo, botas, jeans, gorro, solo las puntas de su cabello se asoman en rizos por debajo de este último, espolvoreadas de nieve. Está fumando, exhala a través de la nariz, se ve endemoniadamente guapo.
¿Qué está haciendo aquí?
Mi corazón me traiciona, late más rápido, su mirada escanea todo el lugar hasta que encuentra la mía y entonces sé que está aquí por mí. Eso me provoca una multitud de cosas en el interior cuando de verdad, de verdad, sé que no debería ser así.
Sam mira hacia donde estoy viendo.
—¿Te está molestando? ¿Qué trama?
—Me ayudó hace unos meses —admito de forma vaga.
—Oh —dice—. Pues avísame si se está sobrepasando.
Niego con la cabeza.
—Él no es así. Hizo más de lo que debería. Es decente.
—Nadie que sea decente trabaja para quien trabaja él.
Frunzo el ceño. No siento que Masen merezca la mala opinión de Sam. Si supiera lo que él hizo por mí, probablemente le chocaría el puño. Le agradecería. Tal vez yo también debería estarle agradeciendo.
Masen comienza a acercarse justo cuando María avanza a mi lado envuelta en un esponjoso abrigo beige. Puedo sentirlo cosquilleándome el cuello cuando se para a mi lado.
—Deberías escuchar lo que él tiene que decir —me anima con los labios en mi oreja.
Aparto mis ojos de Masen y le dedico una mirada.
—¿Qué? Te gusta, ¿cierto?
—Sí, antes —admito.
—Es casi lo mismo. Arriésgate, B, te mereces algo bueno y creo… bueno, deberías haber visto la forma en que tiró de culo a Jess después de que te fuiste anoche…
Mira a Jess, que está viendo a Masen con esperanza, su expresión vacila cuando él la ignora. María sonríe.
—No te esperaré despierta. No hagas nada que yo no haría. —Dice la última parte de forma cantarina, guiñándome al darme un empujón hacia los escalones antes de poder protestar; ¿qué hay con ella? ¿Y toda esa mierda que está pasando con Petey?
Masen se detiene de golpe, ofreciéndome su mano, igual que hace meses. La aprensión persiste e intento quitármela al estirar la mano. Su mano está congelada y tengo que preguntarme cuánto tiempo lleva aquí afuera parado, esperando. En cuanto estoy en la banqueta, suelto su mano, cruzando los brazos frente a mí, girando con el tacón sobre la nieve, mirándolo.
Se ve cansado, como si no hubiera pasado una buena noche, me hace suponer que somos dos en ese caso, y a juzgar por lo de anoche, también se debe encontrar con una jodida resaca.
—¿Qué estás haciendo? —digo al fin, imitando sus palabras de anoche, incapaz de contenerme. Busco en su cara las respuestas que no estoy segura de obtener.
—Estoy haciendo lo que debí haber hecho hace tantos jodidos meses —dice, su voz suena ronca, avanza un paso, se acerca más—. Voy tras lo que quiero.
—Masen…
Estoy enojada con él por no llamarme, por decir que haría algo y luego simplemente no hacerlo. Por estar aquí ahora porque ¿qué? ¿Porque me vio por accidente ayer? ¿Siquiera estaríamos aquí si eso no hubiera pasado? Estoy bastante segura de que la respuesta es no.
La tensión se extiende a través de él en olas. Miro a mi alrededor, me muerdo el labio que está agrietado por el clima frío.
—¿Estás saliendo con él? —Señala con un asentimiento detrás de mí. Me giro y miro hacia donde está su atención; Paul está hablando con Sam y María, mirándonos, el enojo está en su cara.
Me giro de nuevo y niego con la cabeza, exhalando un "no". Luego:
—Me lo ha pedido, pero…
—No estaba seguro, después de anoche. —Hace una pausa—. Tienes todo el derecho de mandarme al carajo ahora mismo. Me estoy pasando de la raya, lo sé.
Se acerca más, está tan cerca que prácticamente nos estamos tocando.
—Perdón por lo de anoche. Perdón por no llamarte como dije que haría —dice de forma sincera, con arrepentimiento—. Lo jodí todo.
No puedo no estar de acuerdo con eso, así que solo digo:
—Sí. —Tengo miedo de decir más.
Deja caer la cabeza, se frota la nuca.
—¿Vamos a desayunar?
—Son las cinco de la mañana.
—Bella, por favor. —Su mano se extiende de nuevo, su dedo meñique roza el mío, hay un aleteo en mi estómago, mi traicionero corazón salta.
El viento sopla con frío extremo, mordiendo mis piernas desnudas, mis manos y dedos. La nieve golpea de lado mi cara, hago una mueca.
Suspiro.
—Bien —le digo con un pequeño asentimiento.
Nos acercamos a su carro y me abre la puerta del copiloto sin decir nada antes de darle la vuelta hacia el otro lado para meterse en su asiento. No puedo dejar de moverme, estoy nerviosa, miro hacia enfrente, me pregunto en qué me he metido al aceptar esto.
Quitándose el gorro, se sacude el cabello; la nieve se derrite al caer en su asiento y sus jeans. Enciende el motor, lo deja prendido, se asegura de que la calefacción esté encendida y orientada a mí para evitar que el aire frío se hunda en mis huesos.
Nos lleva a su apartamento y me doy cuenta que no está tan lejos. Todos estos meses hemos estado tan cerca.
El enojo entra en mí; estoy enojada conmigo por mi falta de voluntad, por su descaro al cuestionarme sobre mi relación con Paul, y para cuando estamos cruzando la puerta de su apartamento, me estoy desabrochando el abrigo con manos temblorosas, el enojo está ardiendo.
Dejo caer mi abrigo sobre el sofá, saco unos cigarros y un encendedor, miro a mi alrededor.
No ha cambiado mucho.
—¿Te importa? —le pregunto antes de encender uno. Niega con la cabeza, sus ojos bajan por mi cuerpo. Llevo un vestido ajustado de seda color rosa, está escotado en mis tetas, apretado en mi cintura. Su atención me hace sentir sexy; deseable.
Sin embargo, ignoro eso.
—¿Estaríamos aquí justo ahora si no me hubieras visto anoche? —pregunto en voz alta, sacudiendo mi encendedor ya que está a punto de acabarse, giro el metal un par de veces para conseguir una chispa antes de inhalar mientras él se quita el abrigo.
—No lo sé.
—Sabes que la respuesta sería "no". No puedes simplemente aparecer después de meses de silencio diciendo mierdas como que "piensas en mí todo el tiempo", porque eso es pura basura. Si tú…
—Lo jodí. Te lo dije. Lo jodí, Bella. Soy jodidamente malo en-en esto.
Exploto. Golpes de enojo arden a través de mí.
—¿Malo en qué? ¿En tomar el celular? Eres muy rápido para contestarlo en cualquier otro momento, ¿cierto? Entonces, ¿por qué ahora?
Se pasa la mano por el cabello, rascándose la nuca. No puede mirarme, tiene los labios separados como si quisiera decir algo, pero solo hay un silencio que permanece como una brecha entre nosotros.
—Debería… este fue un error. —Mi voz suena pequeña y me siento deprimida ya que incluso ahora él no está diciendo nada.
No lo entiendo.
—Te merecías algo mejor. Te mereces algo mejor —dice finalmente cuando estiro la mano para tomar mi abrigo. Me detengo, escuchándolo—. Estuve fuera del país durante unos meses después de esa noche y no quiero jamás que estés expuesta a las mierdas con las que estaba lidiando. No soy una buena persona, Bella. Ni jodidamente cerca. —La amargura y el odio a sí mismo se filtran con cada palabra.
»No soy lo suficientemente bueno para ti, carajo. Lo sabía entonces. Y lo sé ahora.
Mi temperamento se enciende.
—No sabes qué es lo que merezco —bufo.
—Te merecías espacio después de esa noche. No que yo intentara algo contigo. Dime que estoy mal. Dime que no fue demasiado pronto. Y tú-tú te mereces ser feliz, con alguien que tenga una vida jodidamente normal y un trabajo jodidamente normal. Ya sabes, como Paul. Pensé que tendrías mayor oportunidad de conseguir eso si simplemente te dejaba en paz.
Estoy sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—¿Es lo que piensas? ¿Que soy incapaz de elegir? No necesito a más jodidos cabrones diciéndome lo que yo quiero o lo que yo necesito, gracias. Ya he tenido años de esas mierdas. La única cosa que Paul me puede dar es una jodida sífilis. Dios.
Sus palabras retumban en mis oídos. Me río un poco.
»Y estás asumiendo que me interesaba algo más que una follada casual. Tal vez habría sido demasiado pronto, pero ¿sabes qué? En mi vida he tomado decisiones muchísimo peores que esa. El tiempo que he pasado contigo no ha sido una de esas decisiones. A pesar de todo.
Permanece callado y no me atrevo a mirarlo, me concentro en darle caladas demasiado rápidas a mi cigarro, una tras otra, mi cabeza empieza a marearse.
—¿Por qué ahora? —pregunto de nuevo—. No ha cambiado nada, ¿cierto? Me viste anoche y… ¿qué? ¿Cambiaste de parecer, de repente ya eres lo suficientemente bueno? Creí que no querías tener nada que ver conmigo —digo al inhalar profundamente, permitiéndole al humo quemarme.
Lleva un dedo a mi mentón, levanta mi cara para verlo.
—Eso no es verdad —me dice, sacudiendo la cabeza—. Esto es…verte de nuevo es como… el destino, o alguna mierda. Debí llamarte. No sabes cuántas veces casi lo hice. Y ahora… lo que sea que estés dispuesta a darme, lo quiero, Bella. Y si no es nada entonces… entonces lo entiendo. No lo merezco. Pero anoche te dije la verdad.
Sus ojos no se apartan de los míos.
—Te deseo.
Aparto la mirada, pero él agacha la cabeza para encontrarme de nuevo.
»Te deseo —repite, todo en él es tan intenso que hace punzar mi interior.
Esta vez, no puedo apartar mis ojos de él.
Me mira con cara dura, sus ojos se mueven sobre mi rostro, bajando a mis labios. Luego se está acercando, cubre mi boca con la suya, me besa con fuerza, caliente e intenso, sus manos acunan mi cara.
El calor nace en todas partes. El conocido, pero desconocido, tira y afloja de mi corazón, cabeza y vientre. Sus ojos se ven oscuros cuando se detiene, mordiendo unos labios hambrientos por besos e hinchados por besos, su frente se une con la mía, sus dedos se entierran en mis caderas. Tiemblo bajo su toque.
—¿Qué quieres?
¿Qué quiero? ¿Justo ahora?
Mis ojos se abren de golpe y no estoy segura de qué me hace hacerlo, todo sentido de racionalidad se ha ido.
Me levanto de puntillas, agarro con un puño el suave algodón de su camiseta negra y estrello mis labios con los suyos.
Lenguas, dientes, frustración; lo consume todo como antes. Baja por toda mi espalda dejando un camino de caricias con sus dedos, acercándome a él, dejándome sentir lo mucho que me desea.
Me aparto, tengo la mano en su pecho, lo empujo gentilmente, nuestros labios siguen casi tocándose. Está respirando con fuerza, rozando su nariz con la mía, sus ojos me cuestionan. ¿Estoy segura? ¿Quiero esto? Mi cuerpo me traiciona, mi corazón también.
Se suponía que esto no iba a suceder.
—No estás libre de culpas —le digo antes de que mi boca encuentre la suya, febril y lujuriosa.
Somos un desastre de manos y lenguas, deseo y necesidad. Encuentro la orilla de su camiseta y desaparece antes de poder parpadear, queda de lado por una expansión de fibrosos músculos ondulados mientras él me hace caminar de espaldas hacia su habitación.
Avienta lejos su celular, gruñendo con frustración cuando el zipper de mi vestido se atora, lo jala con tanta fuerza que escucho la tela romperse. Cae alrededor de mis pies y quedo desnuda con excepción de una diminuta tanga color piel. Sus ojos me devoran y me sonrojo, ligeramente insegura, nerviosa. Creo que no he estado así de desnuda frente a nadie excepto James en años.
—Eres… —Sacude la cabeza, su cabello oscuro le cae sobre los ojos cuando me jala hacia él, sus cálidas manos se posan en la parte trasera de mis muslos—. Jodidamente. Increíble.
Bajo mi boca a la suya, sintiéndome valiente, cuando me jala para sentarme a horcajadas en él, sus manos me aprietan el culo. Un gemido bajo. Su erección empujando contra mí. Me muevo hacia abajo sin vergüenza, la fricción se siente tan bien.
Me da la vuelta, así que quedo sobre las frías sábanas oscuras, él está sobre mí, me besa con más profundidad, su mano viaja por toda la longitud de mi costado, sus caricias arden en mi piel hasta que sus dedos se encuentran acariciando la parte interna de mi muslo. Hago un puchero cuando me atormenta, sus dedos rozan cada vez más cerca de donde quiero que me toquen hasta que estoy tan abrumada que un "Por favor" desesperado se escapa de mi boca a la suya. Baja con su boca por mi cuello, chupando, lamiendo, besando entre mis pechos, mi estómago, más abajo, hay un brillo pícaro en sus ojos cuando me jala con él para quedar en la orilla de la cama.
Sus manos suben hasta que encuentran mi tanga y lentamente me la baja por las piernas, así que quedo desnuda y expuesta.
Gracias por la depilación.
No pierde tiempo, empuja mis piernas hacia arriba, su boca y su lengua me dan una lamida tentativa antes de enterrar la cara en mi coño, su mano sube para tomar la mía.
—Oh, Dios —gimoteo.
—Te voy a hacer sentir muy bien —me dice al apartar la mano, mete un dedo y después otro, curvándolos en lo profundo, encontrando ese lugar que me hace estremecer, lame y chupa hasta que me corro con la mano enredada en su cabello.
Besa la parte interna de mi pierna antes de moverse hacia arriba, cierra la boca sobre un pezón antes de que yo me suba más a la cama. Él me sigue, me besa y puedo probarme a mí misma en él, sentir la humedad que trae en su incipiente barba.
Estiro la mano hacia él, lo encuentro duro y sólido, largo y grueso. No demasiado grande, jodidamente perfecto, y de repente ya no puedo esperar. Lo deseo. Lo necesito ya. Él parece estar pensando lo mismo al liberarse, estira la mano al buró, abre un cajón y saca un condón. Lo abre y se quita el bóxer para ponérselo.
—¿Estás segura? —me pregunta y jadeo un "sí", ya tengo las piernas envueltas alrededor de él para acercarlo más.
No necesita que se lo diga de nuevo. Mira mi cara cuando entra bruscamente, maldiciendo cuando yo gimo, arqueándome para encontrarme con él, para tomarlo, estirándome en cada centímetro y se siente tan jodidamente bien.
—Carajo, Bella —gime, deteniéndose—. Estás tan malditamente apretada. Mierda.
Me mezo contra él, buscando fricción, movimiento.
—Masen… —le ruego. Él se mueve. Y es de la mejor clase de movimiento; duro, brusco y caliente. Él sabe cómo hacer esto, su experiencia se demuestra y estoy bien con ello. Aprende rápidamente qué es lo que me hace gemir más alto, agarra mis piernas con sus brazos para que mis rodillas queden casi a la altura de mis hombros, embiste más profundo, ajustándose para poder verse a sí mismo entrando y saliendo, su ritmo se detiene hasta que estoy jadeando en busca de más. Luego él está golpeando ese lugar y yo soy la que está maldiciendo, la que se va, entierro las uñas en él, el éxtasis se retuerce en lo más bajo, justo en la orilla.
Estoy incoherente cuando él acelera; más fuerte, más rápido, la tensión en mi vientre bajo arde hasta que me estoy apretando a su alrededor, aferrándome a sus hombros.
Susurra palabras sobre mi piel; sobre lo caliente que me veo corriéndome en su polla, lo duro que lo pongo, cómo es que quiere llenarme. Y lo hace, no mucho después, su cuerpo sufre espasmos al liberarse, un gemido bajo y gutural sale de su boca.
—Carajo.
Puede que su cara al correrse sea mi nueva cosa favorita.
Abre los ojos y me besa de forma dulce y suave mientras yo le aparto el cabello sudado de la frente, sintiéndome dichosa. Correspondo su sonrisa floja, con piernas temblorosas, lo empujo hasta que se sale de mí.
Quedamos piel sobre piel cuando me rodea con sus brazos, ofreciéndome un cigarro. Tomo uno, pero ya estoy recordando su lengua lamiéndome, la mirada de su rostro cuando se metió en mí, la sensación de sus manos en mi cuerpo… tengo mis dudas, pero carajo si esto no cambia todo.
—¿Ya estoy libre de culpas? —pregunta, soplando el humo hacia arriba.
—Si lo haces de nuevo, puede que exista una pequeñísima posibilidad —murmuro, su corazón late lento y estable contra mi oreja cuando pone el filtro sobre mis labios, bajando ligeramente un dedo por mi brazo.
—¿Qué parte?
Lo miro, hay un hambre ahí. Un ansia por más.
—Todo.
Esperemos que Masen no vuelva a desaparecer, no creo que Bella lo perdona una segunda vez.
¡Gracias por leer!
