Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 16
El bajo resuena tan ruidosamente en la tranquilidad del lugar que puedo sentir las vibraciones a través de las plantas de mis pies. Muevo mi cuerpo con él; meneando caderas, con extremidades relajadas, girando hasta que estoy dando vueltas con los pies lejos del piso. Subo las piernas, las cruzo en los tobillos para subir más alto en el tubo. Quiero perfeccionar este movimiento que María intenta que haga al final de la rutina, donde termino de cabeza. Aunque está resultando ser jodidamente difícil de perfeccionar.
María está parada en un lado animándome, soltando pequeñas indicaciones. La chica es una tirana, es una buena maestra. Se acerca y me ajusta las manos, o me grita para que me arquee más, o endereza mi pierna o simplemente me regaña cuando estoy flojeando.
De cualquier forma, me alegra que esto la distraiga de la mierda con Petey. Pasó la última semana inhalando coca y me interesa evitar que siga por ese camino. Con la Navidad a menos de una semana y sin tener a su hija cerca, todo empezará a pasarle factura y no estoy segura de cuánto tiempo más puedo distraerla de la autodestrucción.
El club está vacío, pero se llenará más tarde. Al parecer, siempre es así; por las fiestas de Navidad de los corporativos y los ricos queriendo relajarse antes de dedicarse a la diversión de temporada de ensueño e íntegra con la familia.
Me dejo caer hacia atrás, momentáneamente sin manos, antes de estirar los brazos para hacer contacto una vez más con el metal frío. Mis dedos lo encuentran y después de dos rotaciones mi centro está temblando con el esfuerzo que conlleva sostenerme así. Me enderezo con una pierna enganchada, la otra se extiende mientras lentamente giro para bajar hasta que mis pies tocan el suelo firme.
María aplaude.
—Bien, bien, ahora inténtalo de nuevo. Sostente por más tiempo.
Sale mal; termino maldiciendo tirada en el piso, me duele el tobillo y el culo.
—¿Qué pasó? Lo estabas haciendo bien —dice María, levantándome.
—¡Es mi maldita mano! —Hago una mueca al poner el peso en mi tobillo—. No podía sentir nada. Entré en pánico. —Me siento irritada, me sacudo para quitarme el entumecimiento—. Hagámoslo de nuevo. Pon White Stripes para mí, por favor.
—¿Estás segura? —Su mirada se mueve detrás de mí, pero yo solo asiento. Ella sonríe, dirigiéndose a la cabina.
La música comienza de nuevo. Simplemente hay algo en Seven Nation Army con lo que de verdad disfruto bailar. Normalmente es música general lo que suena aquí, pero me gusta más esto; es un poco más brusca, más atrevida, más sexy.
Esta vez lo hago bien. Comienzo lento, bailando alrededor del tubo con los pies firmemente en el piso. Al principio esto era incómodo, pero María dice que se ve incluso más incómodo si no me dejo llevar. Así que lo hago. He aprendido a hacerlo. También me ha ayudado ver a las otras chicas noche tras noche.
Giro lentamente alrededor, mis pies se levantan del piso, abro las piernas luego las junto para ganar impulso, las cruzo para subir, más y más alto, me inclino, meneo mi peso hasta que me estoy moviendo más rápido, contorsionándome hasta que mis piernas están cruzadas, seguras.
Esta vez logro hacer tres rotaciones, apenas, y luego me retuerzo para enderezarme, mis piernas se mecen juntas para luego separarse, aferrándome al tubo con un brazo. Mi mano libre agarra mi pierna libre y la sube hacia mi cabeza. Meses de yoga han mejorado mi flexibilidad.
—¡Esa es mi chica! —María sonríe, mi corazón martillea. Está contenta y yo estoy exhausta, camino hacia mi botella de agua, la agarro, y ella me golpea el culo con mucha fuerza.
—Perra, ya basta. —Ruedo los ojos, abro la botella para poder tomar. Es solo cuando me detengo para respirar que finalmente noto que hemos ganado audiencia.
Paul está sentado hablando con Alec, en un lado de nosotras hacia la parte trasera del lugar, tiene los pies sobre una silla, con aspecto muy casual. Alec está estudiando los papeles extendidos sobre la mesa, Masen está a su derecha, Ben del otro lado, concentrado. Cuánto tiempo han estado ahí es una incógnita.
La boca de Masen se eleva en una lenta sonrisa ladeada que hace que mi corazón lata imposiblemente rápido. Tiene el cabello despeinado, lleva una apretada camiseta blanca; me muerdo el labio pensando en su peso entre mis muslos. Su sonrisa crece un poco más.
Nos hemos visto un día sí y otro no desde que me dejó en casa de María ese miércoles en la mañana, y cuando no lo veo, me envía mensajes o me llama. Me quedé en su apartamento antenoche, pero él tuvo que desaparecer poco después.
No le pregunté y él no me contó; no estoy lista para nublar lo que sea que es esto entre nosotros con preocupaciones.
Además, todo es muy relajado. Casual. No le hemos puesto nombre a nada, y estoy bien con eso de momento. Sigo sintiendo cautela, al menos, todavía espero que él se escabulla de esto.
Aprendo cosas nuevas sobre él todo el tiempo, como que la razón por la que dijo que era una mierda para escribir es porque en realidad es disléxico; y Masen no es su verdadero nombre. Su nombre real es Edward. Sin embargo, nunca usa Edward porque ese también era el nombre de su padre. No tuvo que explicarme más después de mencionarlo, la historia de su madre se repitió en mi mente.
María y yo nos sentamos en la orilla del escenario mientras recupero el aliento. No quiero interrumpir cualquiera que sea el negocio que tienen allá sin importar lo tentador que sea lanzarme sobre Masen. No quiero avergonzarlo y en realidad tampoco quiero estar cerca de Alec más de lo necesario, sabiendo lo que sé.
Paul se levanta y camina hacia nosotras, y sé qué es lo que se avecina porque siempre es lo mismo.
—¿Esta semana? —pregunta esperanzado, dirigiéndose a mí—. Te veías muy bien ahí arriba.
—Pero en realidad no es así —le digo cuando se acerca más a mí, casi hasta ponerse entre mis piernas. Las cruzo antes de que él pueda acercarse más, me muevo incómoda. Estira la mano para poder recargarse en el escenario, sigue estando demasiado cerca.
—¿Qué te parece si te endulzo el trato? No me llevaré ganancias la primera semana, ¿eh? También recibirás todas tus propinas. Es justo antes de Navidad, te ganarás un dineral.
Vacilo, la deuda siempre está en el fondo de mi mente. Podría servirme el dinero, no hay duda en eso.
Paul inhala apartándose del escenario y se ríe un poco cuando permanezco callada, mirándome el esmalte astillado en los dedos de mis pies.
—¿Qué se necesita, Bella, para subirte allá arriba? —dice con dientes apretados, su irritación es obvia.
Frunzo las cejas, mis ojos se mueven a su cara, estoy sorprendida por su tono.
—Dijiste que no habría presiones —replico—. Tú lo dijiste.
—Eso fue… antes.
Mi voz se alza.
—¿Antes de qué? ¿Estabas mintiendo?
Ensancha la nariz.
—No —dice al fin, sin responder deliberadamente mi primera pregunta.
Estudio su cara por un momento y me pregunto si María tiene razón en que él está enojado porque me fui con Masen; porque lo he estado evitando desde entonces. ¿Creía que estaba interesada en él?
—Entonces, ¿cuál es el problema? Lo pensaré.
—Has estado pensándolo durante los últimos tres jodidos meses —replica, su mirada se mueve a María—. Tú dijiste que ella estaría dispuesta a hacerlo.
—No te prometí nada —dice María con ojos bien abiertos—. Creí que podría estarlo, pero si no es así, no te portes como patán, Paul. Dios.
Me bajo de un salto del escenario, girando la tapa de mi botella, y me alejo caminando, me siento como un peón en un juego de ajedrez.
—¡Bella! —me llama Paul, pero lo ignoro, escuchando a María decirle que me deje en paz.
Alec está recargando en la barra hablando por celular cuando cruzo el lugar, Masen y Ben están platicando en la mesa. Los ojos de Masen están en mí y cuando me hace un sutil gesto con la cabeza para que me acerque, solo sacudo la cabeza.
Entonces Masen se pone de pie y cruza la distancia entre nosotros.
—¿Estás bien? ¿Te está molestando?
Jugueteo con la tapa de mi botella cuando sus manos se encuentran con mi cintura, me mueve para estar más cerca de él. Hay un destello ahí, tal vez molestia. No conmigo, con Paul creo.
—Solo por lo de bailar. Dijo que no me presionaría antes de aceptar trabajar aquí y ahora, o sea, parece que eso es todo lo que hace.
—¿Quieres que hable con él?
Niego con la cabeza.
—Está bien, en serio. —Lo último que necesito es que Masen empiece mierdas con Paul porque yo necesito este trabajo.
—Sabes, te veías jodidamente sexy allá arriba —dice al ladear la cabeza, sus palabras se sienten cálidas en mi piel, sus manos se resbalan para apretarme el culo en mis diminutos shorts.
—Debí hacerte sudar la otra semana, ¿eh?
Masen sonríe y gime un poco.
—Te respeté por eso. Por decir que no. Alec también… al menos, es por eso que te dio el dinero.
Tarareo cuando sus dedos trazan dibujos sobre mis costillas, jugando con la piel sensible justo debajo de mi sostén deportivo. Usé el dinero para pagar más de los préstamos.
—¿Vas a venir más tarde? Puedes hacerme sudar entonces. —Masen me guiña y no puedo evitar sonreír.
—Seguro.
Entonces, se va sobre mí, su boca se siente cálida y deseosa. Suspiro en él; sus besos son los mejores, hacen que mi corazón salte, que mis rodillas se debiliten.
Llevándome a la mesa donde están sentados, me presenta de nuevo a Ben; me jala para sentarme en su regazo y enciende un cigarro. Me giro lejos de los ojos saltones de Ben justo cuando Alec reaparece, se sienta en su lugar y mira a Masen durante un minuto.
—Lo estás haciendo enojar —dice en un cortante italiano, mirando en dirección a Paul.
—Qué bueno —responde Masen casualmente—. El cabrón necesita saberlo.
—Nunca creí que vería el día en que una perra te tuviera domado —dice Ben con una sacudida de cabeza—. Jodidamente trágico. Debe ser un gran coño.
Masen inhala profundamente, sus dedos se aprietan en mi cintura, su otra mano empuja a Ben con el cigarro clavado.
—Ya basta, imbécil, antes de que te dé una paliza.
—Estoy bromeando —dice Ben en inglés, alza las manos riéndose.
Masen sacude la cabeza, sus fosas nasales se dilatan.
—No, no es cierto. Ya te lo dije antes.
María se une a nosotros y rompe la tensión cuando Alec la llama. Ella está emocionada porque Alec le está hablando en italiano, piensa que él está siendo dulce. Cree que es sexy. En realidad, él le está diciendo que es una putita muy buena. Ben se ríe de ella y yo… a mí no me gusta.
Él me revuelve el estómago.
Quiero decir algo, pero me contengo.
Cuando miro a Masen, me doy cuenta que él me está viendo observarlos y espero en Dios que la mirada en mi rostro no delate el hecho de que puedo entender todo.
…
—¿Bella Swan? —La voz suena firme, autoritaria, y distintivamente femenina.
—¿Sí? —Me giro desde donde estoy llenando mi bolsa en mi casillero. Un hombre y una mujer están parados juntos, la mujer más cerca de mí. Va bien vestida; un ajustado pantalón de vestir azul y tacones, blusa blanca, abrigo color camello, cabello rubio que lleva alejado de la cara. Me enseña una placa.
—Detective Hale, y este es mi compañero, el detective Uley. Tenemos unas cuantas preguntas que nos gustaría hacerte, si no te importa.
Se me seca la boca. He estado posponiendo el llamarlos. Y ahora aquí están. Mis ojos se mueven de ella a su pareja de forma nerviosa, la inquietud hierve en mis venas.
—Um, seguro. ¿Deberíamos ir a un lugar más tranquilo? —Miro a mi alrededor, al vestidor lleno de chicas en diferentes grados de desnudez. Ya están empezando a llamar la atención. Zafrina atrapa mi mirada y alza una ceja especulativa.
—Por favor.
Me siguen fuera de ahí y reviso el horario de las habitaciones VIP, eligiendo una que no tendrá a nadie en ella hasta muy tarde, abro la puerta y les hago un gesto para que entren, de repente estoy muy consciente de lo poco que llevo puesto en un cortísimo vestido de seda rojo, después de todo, es Navidad.
—Hemos estado intentando contactarte —dice la detective Hale en cuanto la puerta se cierra detrás de nosotros, mirando alrededor de la habitación con mirada afilada.
Asiento.
—Sí, lo siento. Tengo un horario inusual al trabajar aquí, usualmente duermo durante el día en últimas fechas… esto es sobre James, ¿cierto? Me lo dijo mi compañera de casa.
—Toma asiento.
Asiento y hago lo que me dicen, me siento en los aterciopelados asientos curveados queriendo terminar con esto lo más rápido posible.
La detective Hale apunta su cuerpo hacia mí con una cálida sonrisa en su rostro. El detective Uley está callado, observador. Él sonríe levemente cuando lo miro, pero no habla.
—Quiero enfatizar que solo estamos aquí para obtener información, no estás en problemas ni nada parecido. El fiscal del distrito quiere que este sea un caso corto y sencillo, así que solo estamos recolectando lo que podemos para apoyarlo en eso.
—Bien. —Mi voz suena pequeña y me muerdo el labio—. Aunque no estoy segura de qué tanto puedo hacer para ayudar. Terminamos hace, o sea, muchos meses.
—Empecemos con eso.
El detective Uley saca una pluma y una libreta.
Sus preguntas son como un cuestionario rápido. ¿Por qué terminamos? ¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? ¿Cómo nos conocimos? ¿Qué edad tenía yo? ¿Qué edad tenía él? ¿Vendía drogas en Phoenix? ¿Cuándo nos mudamos a Chicago? ¿Cómo terminó siendo dueño de la cafetería? ¿Sospechaba que él estaba traficando? ¿Cómo era un día normal? ¿Algún incidente específico? ¿Usaba las drogas él mismo? ¿Desaparecía por períodos de tiempo? ¿Me decía a dónde iba?
Respondo lo mejor que puedo. Digo "lo siento" demasiadas veces. Esto no los inmuta, si no puedo responder las preguntas, entonces pasan a la siguiente. Todo es como esperaba… hasta que ya no lo es.
—¿Sabías que tenía un problema con las apuestas?
Esta me descoloca; es una bola curva que no había visto venir.
—¿Un problema de apuestas? —repito, estupefacta—. Um, no. No. No sabía… —me quedo en silencio, asimilándolo—. Yo, um, supongo que tiene sentido, creo. Explicaría muchas cosas.
—¿Puedes ser más específica?
Trago pesadamente.
—O sea, él siempre estaba obsesionado con el dinero, tenía el control de todas las finanzas. Ni siquiera me dejaba tener mi propio pago de la cafetería y, um, antes de dejarlo descubrí que había sacado préstamos a mi nombre sin que yo lo supiera.
La detective Hale alza una ceja.
—¿Y no lo reportaste?
Sacudo la cabeza.
—Solo quería alejarme, no mirar atrás, ¿sabe? Los estoy pagando lentamente, pero en ese punto cualquier cosa era mejor que estar con él. Y además es mi palabra contra la suya, ¿no?
—Entonces él era un controlador respecto a las finanzas. ¿Mostró algún otro comportamiento similar? ¿Alguna vez fue violento físicamente contra ti?
Parpadeo y asiento lentamente, la ansiedad se activa con toda su fuerza ya que eso me pega muy personal. De verdad desearía poder fumar justo ahora. Suelto un largo aliento, mis manos tiemblan.
—Una de tus amigas nos entregó esto, una señorita Charlotte Williams. ¿Son tuyas, Bella? —La detective Hale abre una carpeta café y saca un montón de fotos. Cada una es una foto de mí; acercamientos de una cara golpeada, ojos negros, marcas de dedos alrededor de mi garganta y brazos. Ni siquiera sabía que ella había tomado esas. No puedo recordar que lo hiciera, pero debió hacerlo.
Tengo que describir los incidentes de forma detallada mientras su pareja lo anota todo. El comportamiento controlador, su uso de drogas, cómo es que explotaba de ira, me estrellaba contra la pared, me golpeaba, me pateaba, sus manos en mi garganta, las amenazas, el comportamiento controlador; cómo es que me forzó a hacerlo aquella vez y yo estaba demasiado cansada incluso para intentar pelear. Cómo es que me amenazó si es que alguna vez lo dejaba.
La detective Hale tiene aspecto sombrío para cuando termino de hablar, aprieta mi hombro de forma reconfortante.
—Podríamos ponerle cargos en su contra —me dice.
Me río y sacudo la cabeza.
—Se declararía inocente solo para fastidiarme. No puedo. No puedo pasar por un caso en la corte como este, me destrozarían. Me harían ver como si me lo mereciera. Esto es lo suficientemente malo. Solo quiero seguir adelante. Eso es todo lo que quiero. Por favor-por favor no lo hagan. Por favor.
Asiente tensamente, me da su tarjeta, me agradece por mi tiempo y dice que estarán en contacto. Le entregarán esto al fiscal del distrito y ellos decidirán. Es probable que de todas formas quieran que testifique.
Esa idea me aterra.
Paso el resto de la tarde batallando con el trabajo, demasiado nerviosa e inquieta. La gota que derrama el vaso es tirar una bandeja de bebidas sobre el piso. María y Zafrina intentan consolarme, pero mi cabeza está demasiado jodida. Me golpea con fuerza. La injusticia de esto. ¿Cómo es que no lo vi? ¿Cómo pude quedarme tanto tiempo?
Y luego solo me siento tan jodidamente enojada; conmigo y con él por ser lo suficientemente estúpido para arrastrarme de nuevo a toda esta mierda al ser tan jodidamente insensato. Y luego me preocupo porque seguramente estar con Masen me convierte en una maldita hipócrita.
Inhalo la línea de coca que María me ofrece, luego inhalo otra porque no puedo permitirme tirar la toalla esta noche.
Me quita los nervios.
Me hace sentir que puedo hacer lo que sea y justo ahora eso es exactamente lo que necesito.
…
—Estás drogada —dice Masen cuando me recoge, una sola mirada hacia mí le dice todo lo que necesita saber. Está frunciendo el ceño, no tengo remordimientos.
—Los policías vinieron a hablar. Sobre James. Es que necesitaba algo para poder aguantar en el trabajo.
—Estás molesta. —No es una pregunta. Mis rodillas rebotan y me estoy frotando los brazos, agarro uno de sus cigarros, lo enciendo sin preguntar.
—Charlotte les dio fotos… ni siquiera sabía que ella había tomado fotos. Quiero decir, estaban hablando sobre poner cargos como si fuera tan jodidamente simple; como si él no fuera a negar todo. Como sea, puede que quieran que testifique. Tú puedes respirar tranquilo, no les conté nada sobre eso.
Mi voz suena amarga, y sé que estoy siendo una perra, pero no puedo evitarlo.
—Bella. —Su voz suena gentil, pesada. No está seguro de qué decir y lo entiendo.
—Perdón —me disculpo—. Es que esto está… me está jodiendo la cabeza. Tener que-que revivir cosas que preferiría no revivir.
Masen se queda callado, pasa un dedo sobre mi brazo mientras maneja. Me deleito con el contacto, me enfoca, pero cuando llegamos a su apartamento, lloro un poco.
—¿Quieres hablar sobre eso?
—No. —Lo beso—. Quiero que hagas que todo eso se vaya.
Se toma su tiempo, cada pedazo de piel es besado. Me hace sentir tanto sin pronunciar ni una sola palabra, hasta que soy solo un desastre jadeando debajo de él.
Me quedo dormida, inquieta, y cuando despierto las manos de James me están apretando la garganta.
Jodida zorra.
—¡No-no-no! Detente. ¡Detente!
El miedo es real, su olor es real, la sensación de su mano apretando y su puño golpeando es real. No puedo respirar, mi pecho está tan, tan apretado. Estoy congelada en este momento, donde él está tan enojado y yo estoy aterrada de que él vaya a matarme, le ruego que se detenga, detenga, detenga.
La voz de Masen diciendo mi nombre me saca de ese lugar tan distante, su cara aparece. Siento el calor de su cuerpo, sus dedos bajando por mis brazos, su voz diciéndome que todo está bien, que necesito respirar, que él me tiene.
Parpadeo y parpadeo y respiro y respiro hasta que estoy completamente despierta, aferrándome a él hasta que mi corazón late más lento.
Pobre Bella, parece que no puede deshacerse por completo de James. Tiene miedo de testificar en su contra, pero tal vez sería lo mejor. Al menos ahora tiene a Edward para apoyarla.
¡Gracias por leer!
