Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 17
Estamos sentados en el cine viendo Gánster Americano. Fue elección de Masen, no mía, pero cuando no está bufando y riéndose sombríamente por lo bajo, me está mirando, puedo verlo por el rabillo del ojo.
Le aviento palomitas, llenándome la boca con ellas.
—Deja de mirarme, le vas a provocar un complejo a esta chica.
—Eres mucho más interesante para ver que esta mierda —dice por lo bajo.
No creo que esa sea su única razón. Ha estado preocupado, creo, por mis pesadillas… por cómo estoy lidiando con el juicio de James colgando sobre mí. Todavía no he sabido nada sobre eso, así que por ahora lo pondría en el fondo de mi mente.
Estamos en esos días raros entre Navidad y Año Nuevo. Pasamos Navidad separados; no quería que María estuviera sola después de terminar la relación con Petey y de todas formas él estuvo con su familia.
María me enseñó fotos de su hija, Lola, una niña de cabello oscuro con mejillas regordetas y piel de caramelo; era la niña más linda que había visto en mi vida. Me contó que la mayor parte del dinero que gana trabajando en Bliss lo mete a una cuenta de ahorros; quiere contratar a un abogado y recuperarla, o al menos intentarlo, y la admiro por eso.
Charlotte se unió a nosotras más tarde ese día y nos pusimos borrachas con amaretto y miramos todas las películas de Mi pobre angelito, una tras otra.
Disfuncionales y algo perfectas, de verdad.
Masen me llamó más tarde, sonaba enojado; su hermano fue el catalizador. No se llevan para nada bien.
Estoy intentando prestarle atención a Denzel Washington y su gorro de piel, pero los dedos de Masen están subiendo y bajando lentamente por la parte interna de mi muslo, está encontrando la orilla de mi falda y la sube tan arriba que encuentra el delgado encaje, presionando con gentileza mi clítoris.
—¿Quieres salir de aquí? —me dice cuando se me atora el aliento—. Podría verte tocándote a ti misma.
Me retuerzo.
—Quiero ver esta película por la que pagaste veinte dólares para ver —le digo, mirando la pantalla. Hace lentos círculos y tengo que esconder un gemido entrecortado con una tos falsa, le lanzo dagas con la mirada ya que no puede contener una carcajada resoplada.
Me hundo más en mi asiento cuando la mortificación llega. Afortunadamente esta película salió hace semanas, así que no hay mucha gente alrededor, pero las pocas que están enfrente giran las cabezas, mirándonos mal.
Le aviento más palomitas.
Sus dedos se detienen y permanecen así, y entre más están ahí, sin moverse, más caliente y mojada me pongo. Él me habla sucio al oído de vez en cuando, y no puedo concentrarme ni un poco en esta estúpida película.
Somos los primeros en salir por la puerta cuando termina, y él me tiene contra una pared en cuanto estamos afuera, besándome hasta dejarme sin sentido, antes de correr en la nieve por toda la calle hasta su carro, riéndonos.
—¿Quieres ir a mi casa? —dice al manejar hacia casa de María—. Te queda más cerca del trabajo para mañana.
Él prefiere la privacidad de su casa, y yo también si soy sincera.
—Se lo prometí a María.
—Está bien.
Y de verdad me gusta eso sobre él. No es nada como James en ese sentido; no me hace sentir culpable por cosas como estas.
Me inclino y lo beso, su barba roza mis labios y puede que me haya quedado ahí una fracción de segundo más del necesario mientras estudio su perfil.
Su voz atrae mi atención y miro por el parabrisas al desacelerar el carro.
—¿Qué carajo?
María está afuera, casi en la banqueta, solo lleva un camisón y unos jeans, sus pies están enterrados en la nieve y le está gritando a Charlotte. Estoy afuera del carro antes de que Masen se haya detenido, los abucheos de los vecinos hacen eco en la calle.
—¿Qué carajos está pasando? —grito corriendo hacia ellas.
María se gira hacia mí, tiene el rímel manchándole la cara.
—¡Es ella! —grita—. ¡Es ella con quien Petey me estaba engañando!
Se gira de repente y se lanza hacia Charlotte; manoteando, golpeando, agarrándole mechones de cabello mientras yo me congelo momentáneamente.
Espera. ¿Qué?
¿Petey y Charlotte? ¿Petey y Charlotte? Estoy agarrando a María antes de poder procesarlo, solo para que Masen me aparte gentilmente y se la lleve con un brazo alrededor de la cintura.
—¡Cálmate! —le dice él mientras ella le rasguña los brazos y patea con las piernas.
—¡Suéltame! ¡Suéltame, carajo! ¡Zorra! ¡Eres toda una arpía doble cara! —grita, su cara está roja a causa de la rabia.
Me giro hacia Charlotte, ella se está quitando la nieve, está pálida y enojada.
—¿Es cierto?
—¡Ella no lo merecía! —espeta Charlotte. Su cara se sonroja al señalar acusadoramente a María.
—Sabes lo mucho que lo amo —solloza María, todavía luchando contra el firme agarre de María—. ¡Sabes que sí lo amo!
—¿Es por eso que no puedes dejar de abrir las piernas? —replica Charlotte—. Si lo amaras tanto, nunca lo habrías considerado. ¡Él merece más que ser tratado como una jodida mierda!
No puedo comprenderlo. Ella nunca dijo nada sobre sentir algo por Petey para nada. Al menos, a mí no me lo dijo. Y luego me golpea con fuerza; el que ya no estuviera cerca tan seguido, no contestar sus mensajes, es casi como estarnos evitando. Casi tiene sentido. Pero no es así.
—¿Por qué le harías eso? ¿Qué pasó con eso de chicas antes de pollas? —le echo sus propias palabras a la cara.
Charlotte sacude la cabeza, mirando a María de arriba abajo.
—No aplica con putas.
—Char… —Sacudo la cabeza sin palabras mientras María suelta otro grito de furia—. Mira, es que… esto es una locura. Solo, solo vete a casa, no creo que esto… esta es su casa.
—¿Así es cómo va a ser? ¿Te pondrás de su lado? ¿Después de todo? —Actúa hostil, tiene la mano en la cadera, sus ojos mirándome entrecerrados.
—No es así y lo sabes.
—Todas esas veces que te recogí después de James, ¿GQ aquí sabe tan siquiera la mitad de las mierdas que él te hizo?
Aprieto los puños.
—¡Esto no se trata de mí, Char! No me estoy poniendo de lado de nadie. En serio, ¿cómo creíste que terminaría esto? —La miro con incredulidad—. Solo… por favor, vete. Las quiero a las dos, pero ella no necesita esto justo ahora. Te llamaré.
—¡Bien!
Se va hacia su carro, cierra la puerta con fuerza y se aleja tan rápido que las llantas giran y arrojan nieve.
Masen suelta gentilmente a María y ella se tropieza, estremeciéndose y temblando, a mis brazos, llora con tanta fuerza que me llena los ojos de lágrimas.
…
Hago que María tome una Valium y luego la abrazo en su cama, un enredo de brazos y lágrimas. No decimos nada, en este momento no estoy segura de qué puedo decir para mejorar esta situación. Porque de verdad, de verdad no puedo. Ni siquiera puedo comprenderlo. ¿Qué carajos estaba pensando Charlotte?
Esta mierda es muy jodida.
Siempre supe que ella creía que María trataba mal a Petey, pero ¿hacerle esto? Esto va más allá de cualquier venganza de la que la creí capaz. Incluso nada propio de ella. Y no hay forma de retractarse de esto. Nuestra amistad está jodida.
Salgo de su habitación, cerrando silenciosamente la puerta. Masen aparece en el pasillo, el bajo murmullo de la televisión suena de fondo. Toma mi mano en la suya, llevándome a mi habitación.
—No tenías que quedarte —le digo cuando cierra la puerta detrás de nosotros con un suave clic.
—Quería quedarme.
Se sienta en la orilla de mi cama, levantándome para sentarme a horcajadas en él, su boca ya está sobre la mía cuando la luz de la luna se derrama a través de la ventana sobre mis sábanas blancas, haciendo brillar nuestra piel.
Cruzo los brazos para quitarme el top, me estremezco en cuanto el aire frío toca mi piel, mis pezones se endurecen. Me muerde el labio, desabrocha mi sostén, sus manos suben para acunar mis pechos que se sienten pesados. Un apretón, un movimiento de su pulgar.
—Estás usando demasiada ropa —murmuro al bajarme de él y quitarme las bragas. Estoy a punto de quitarme también la falda, pero me dice que me la deje puesta mientras él se quita su ropa, me jala hacia enfrente para que su caliente boca pueda atacar mis pezones, un gemido bajo se escapa de alguna parte. Su pulgar hace círculos en mi clítoris, provocándome hasta que me estoy removiendo con frustración, necesito más.
Me hundo en él bien y lentamente, y me está mirando con atención, se recarga sobre sus codos, sus ojos están en todas partes.
Me gusta así.
Eso podría ser una mentira.
Me encanta así.
—Tan jodidamente caliente —gime, sentándose un poco, una mano se mueve para agarrarme la cintura mientras giro mis caderas más rápido, sus propias caderas empujan hacia arriba a la vez que yo persigo esa sensación de éxtasis.
—¿Sí?
—Carajo, sí. —Su voz suena ronca, sus ojos están oscuros, aprieta la carne de mis caderas mientras me muevo sobre él.
—Oh, Dios, harás que me corra —gimoteo estando tan, tan cerca, hasta que una última estocada me tiene ahí, mis uñas le arañan los hombros al gritar.
Masen se para conmigo, me da la vuelta, empujando dentro de mí por detrás una vez que mi cara se encuentra enterrada en la suavidad de mis sábanas, mis manos hacen puño la tela. Embiste con fuerza, mis gemidos suenan ahogados, sus manos se aprietan en mi cintura, sus movimientos son cada vez más erráticos, un "Carajo, B" se escapa de su boca cuando se libera en lo profundo.
Me doy la vuelta sobre la cama, empujándome con más fuerza contra el colchón cuando él se acuesta detrás de mí, mi piel está sensible ante el más ligero de los toques cuando sus dedos se deslizan sobre mi piel fría.
—Pasa Año Nuevo conmigo —me pide, su boca me rodea la oreja, mordiéndome ligeramente.
—Trabajaré en Nochevieja, no estoy segura de qué tan bien estaré en Año Nuevo —le digo, parpadeando hacia sus oscuros ojos.
Es una bendición y una maldición. Tengo la esperanza de que la gente sea ridículamente generosa con sus propinas, pero está destinado a ser un dolor con lo ocupado que estará. Paul se lució con la publicidad. Esa noche será más como un club regular, dice. Va a traer a un DJ famoso o algo así. No es que él me haya contado esto. Ha desistido por completo recientemente y tengo la sensación de que Masen habló con él a pesar de que le dije que no lo hiciera.
—Mi cuñada organizará algo. —Hace una pausa—. Podrías venir conmigo a eso, si quieres.
Me giro en sus brazos, encarándolo por completo.
—¿Quieres que vaya a un evento familiar?
Se encoge de hombros como si no fuera para tanto.
Pero sí es para tanto.
Al menos, para mí.
—Me puedes distraer de Carl antes de que termine poniéndolo en ese hospital que tanto ama.
Quiero reírme, pero habla muy en serio.
—¿Es en su casa? ¿Necesito encontrar algo, o sea, elegante que usar? —Me preocupa tener que encontrar el dinero extra. No creo que tenga algo que sea lo suficientemente sofisticado, y tampoco tengo tanto tiempo para encontrarlo.
—Yo pagaré si quieres comprar algo nuevo —dice—. No lo pienses de más.
Me río.
—Me invitaste a un evento familiar, claro que lo voy a pensar de más. La última vez que vi a tu hermano tenía muy mal estado, y él te acusó de hacerlo, ¿recuerdas?
La expresión de Masen se oscurece mientras juega con un mechón de mi cabello, girando el mechón en su dedo. Está callado, estudiando mi cara.
—No quiero joder esto… —dice, callándose—. Sé que en realidad no lo hemos hablado, pero… sé mi chica. Seré jodidamente bueno contigo, te lo juro.
Subo mi mano a su cara, trazando ligeramente su mandíbula con la punta de mi dedo índice, mi corazón se eleva al saber que él quiere más. Que quiere hacer que esto sea real.
Solo vacilo por la traición que acabamos de presenciar. Su cara lo esconde, pero sus ojos… hay un destello de inseguridad ahí entre más tiempo estoy callada.
Sonrío.
—Bien.
Su boca se alza, su expresión se transforma, imitando mi expresión feliz.
—¿Sí?
—Sí. —Trago, todavía pensando en Char y Petey y María—. Solo… si alguna vez vas a meter tu polla en alguien más, respétame lo suficiente para terminar conmigo primero.
Exhala un aliento.
—Puedo prometerlo.
…
Charlotte ya está sentada en la pequeñísima cafetería donde quedamos en reunirnos, repiqueteando sus uñas sobre la mesa y masticando chicle lentamente, distraída mientras mira su teléfono.
—Hola —digo, deslizándome en el asiento frente a ella, mirando a mi alrededor a la decoración estilo industrial. Alza la vista con una débil sonrisa en la cara y tengo que preguntarme cómo es que las cosas se desmoronaron tan rápidamente. Y no solo entre María y ella. Creí que las cosas habían vuelto a la normalidad entre nosotras después de la reconciliación, después de James, pero ahora estoy cuestionándolo. Tampoco estoy segura de cómo me siento al saber que ella le entregó esas fotografías a la policía.
—Hola, B. —Me mira y se recarga en su asiento, cruzando sus brazos cubiertos con un suéter tejido color crema frente a ella, sus ojos se detienen en mi cuello donde sé que Masen ha dejado una marca.
—¿Qué? —digo insegura, metiéndome el cabello detrás de la oreja.
—¿Te has visto recientemente?
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que estás jodidamente radiante, chica. GQ está haciendo algo bien, eso es seguro.
Bajo la vista y me muerdo el labio, incapaz de contener mi sonrisa o cómo es que mi estómago se revuelve cuando pienso en él. Todo eso flaquea y alzo la vista hacia ella, frunciendo el ceño.
—¿Eres feliz? —la enfrento.
Asiente con rigidez, como si no quisiera admitirlo. Si está feliz, se siente culpable al respecto.
—Char, tenemos que hablar sobre esto. Quiero decir, siento que… siento que me dejaste a ciegas. ¿Petey y tú? ¿De verdad? Nunca creí que sintieras eso por él. ¿Nunca dijiste nada? Y que él la engañara…
—No pasó como piensas —interrumpe Charlotte—. Como María dice.
—Pues dime —imploro.
Suspira y se levanta.
—Primero el café, ¿de acuerdo?
Regresa después de pagar, hundiéndose en su asiento con derrota, no desafiante como la otra noche.
—Primero lo primero. No pasó nada antes de que ella terminara con él. No, o sea, físicamente.
—Pero María encontró mensajes en el teléfono de Petey diciendo que él no podía esperar para estar, y cito, "dentro de ti".
Una señora mayor en la mesa junto a nosotros nos mira desaprobadoramente y chasquea la lengua, cambiando la página de su periódico al mojar la punta de su dedo.
Bajo la voz.
—¡Eso no suena a que no pasó nada!
Nos quedamos calladas mientras la mesera entrega dos cafés, esperando a que se vaya.
—Mira, no te voy a mentir. Las cosas se dieron. Estábamos pasando el rato en casa de Janie hace unos meses, cuando ambas estaban trabajando… fue divertido. Luego, no sé, empezamos a coquetear aquí y allá.
Explica que fue simplemente un progreso natural, pero que no pasó nada hasta hace apenas unas semanas; después de que María lo dejara.
—De todas formas, él iba a hacerlo, solo estaba esperando el momento adecuado, con eso de Navidad y todo lo demás, pero ella terminó primero con él. Las cosas se estaban calentando un poco, eso es lo que María vio… sé que eso no hace que la situación mejore, B.
No puedo justificar esto por ella.
—Coquetear con Petey a sus espaldas, planear que él termine con ella sigue siendo… es como… como una traición emocional.
Le doy un trago al café demasiado caliente mientras ella permanece en silencio, sus dedos retuercen un sobre de azúcar.
—Tampoco me contaste nada de esto. ¿Cuándo dejaron de pasar esas mierdas? ¿Cuándo nos distanciamos tanto?
Charlotte alza la vista.
—Creo que sabía que dirías lo que estás diciendo… y tú estabas ocupada trabajando y estando todo el tiempo en casa de María. Es que… creo que lo amo, B. No puedo evitarlo.
Nos quedamos calladas por un largo tiempo.
—Solo quiero que seas feliz, Char, pero esto es… María está devastada. Está hablando sobre ir a visitar a su prima, allá en el sur, durante un tiempo. Las cosas están… las cosas nunca volverán a ser igual.
Sonríe, pero está llena de tristeza y dolor.
—Lo sé.
…
Me pateo de camino al trabajo, recordando los condones que María encontró; recordando que necesitaba preguntarle sobre mis fotos.
Llamo a Charlotte con el estómago retorciéndose desagradablemente, tengo la sensación de que ella pudo haber pasado las últimas horas mintiéndome. Mintiéndome a la cara.
Cuando falla en contestar dos veces, le envío un mensaje.
…
Masen toca el timbre de la casa de piedra marrón de su hermano, hay lucecitas rodeando la columna de madera blanca, bañándonos en una cálida luz mientras esperamos.
Sigo hecha polvo después de anoche. Nochevieja fue como el infierno en la tierra en el club. Bueno, lo fue hasta que Masen llegó justo antes de medianoche.
Me muerdo el labio al pensar en la cabina para bailes privados cerrada con gruesas cortinas donde nos encontramos. Bailé un poco solo para él; me gustó el calor en sus ojos, la dureza de su polla a través de los jeans. Su boca sobre todo mi cuerpo, sus dedos provocando, mis labios alrededor de su polla, la sensación de que podrían atraparnos que me puso tan mojada cuando él embistió dentro de mí que casi me corrí de inmediato. Fue caliente, pero carajo. Ahora no es el momento de estar pensando en ello.
Me meto detrás de la oreja mi cabello cuidadosamente ondulado, luego busco su mano para darme seguridad, los nervios vuelven a apoderarse de mí. Estoy más nerviosa de lo que me gustaría admitir.
La puerta se abre y una mujer con cabello rojizo oscuro nos sonríe, sus brazos se extienden para rodear a Masen.
—¡Feliz Año Nuevo! ¡Estoy tan feliz de que pudieras venir! ¿Acaso no te ves muy bien? —Se aparta, bajando una mano por su hombro vestido en traje. Tiene razón sobre eso, él se ve endemoniadamente bien en traje.
—Hola, Es, lamento llegar tarde —dice, pero no es verdad, le di una mamada antes de alistarnos, es por eso que llegamos tarde. Le besa la mejilla cuando ella se gira hacia mí.
—¡Y tú debes ser Bella! Dios mío, ¡estás radiante! Ese azul se ve precioso en ti. —Me jala a un abrazo y en toda mi incomodidad se lo regreso, no estoy segura de dónde poner mis manos o mis brazos o algo así.
—Encantada de conocerte, Esme —digo amablemente cuando ella retrocede hacia la casa, haciéndonos un gesto para seguirla. Toma nuestros abrigos y los cuelga en un pequeño armario antes de entrelazar su brazo con el mío y llevarnos a una habitación llena de gente.
Masen nos sigue y cuando me giro para verlo, él solo se encoge de hombros con una sonrisa medio divertida en el rostro.
—No sabes lo feliz que me hace que Masen te haya traído. Usualmente viene solo a este tipo de eventos —dice Esme en voz baja, mirándolo caminar detrás de nosotras—. Ven a conocer a mi esposo. ¡Carlisle!
Si a Carlisle le sorprende que esté aquí, no lo demuestra. Intercambia una afilada mirada con Masen antes de saludarme como si nunca antes me hubiera conocido.
Demasiado pronto comprendo que la gente que asiste a esta cena son todos de clase media, profesionales, y estoy tan lejos de ellos que no es divertido. Este es un mundo completamente diferente al que estoy acostumbrada y lo encuentro abrumadoramente incómodo. No sé cómo actuar, o qué decir. Solía ir a la escuela con gente que terminaría como esta gente, pero no soy una de ellos.
En Bliss también atendemos a algunos hombres de esta clase, pero usualmente no mantienen conversaciones sobre procedimientos médicos y acciones, usualmente hacen comentarios burdos y follan con la mirada a chicas lo suficientemente jóvenes para ser sus hijas.
Parece que Masen sí puede encajar con esta gente, de alguna forma. Es tosco en las orillas por la forma en la que habla, pero puede hablar sobre negocios porque es dueño de uno. Está seguro de sí mismo y no le importa un carajo que algunas de estas personas tengan una educación. Lo vuelve incómodo a veces, su displicencia, o su asertividad, su actitud general pone a la gente ligeramente en cautela, nerviosos, pero así es. Él nunca me hace sentir de esa forma.
Me siento pequeña y creo que él puede sentir mi incomodidad ya que me mantiene cerca con una mano en mi cintura, frotando círculos con su pulgar en mi cadera. Me recargo en él y hago conversación cuando puedo. De todas formas, son puras mierdas, me susurra al oído.
Se acercan los del servicio de comida cuando nos sentamos en el enorme comedor. Esme hace una pausa, nos sonríe a Masen y a mí desde el otro lado de la mesa. Agarra su copa de vino y le da un trago.
—¿Y cómo se conocieron?
