Mi jefe se ha ido por un rato y he decido darme prisa y subir otro cap, si no esto se va a hacer interminable.
Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Aquelarre del grupo Mago de Oz. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Enjoy!
PENUMBRA
por
Adrel Black
3. EN CABEZA DE PUERCO
Déjate enamorar,
ven y únete,
desnuda tu pudor
ven y entrégate al placer.
Déjate enamorar,
sedúceme,
por la depravación,
déjate acariciar.
(Aquelarre, Mago de Oz)
La orden del fénix sigue haciendo frente a los embates de los mortífagos por lo que éstos se vieron en la necesidad de disminuir el número de ataques y hacer sus irrupciones de una manera más ordenada, en otras palabras, hay que tener cuidado.
Cuando sus mortífagos no pueden atacar, el Señor Tenebroso se ve orillado a buscar otros pasatiempos y aquel año de 1979 ha encontrado uno particularmente divertido, además de la tortura, hacer que sus mortífagos se enfrenten entre ellos.
La primera vez que a Severus le toca participar en esos duelos se pregunta si Voldemort lo tiene en tan poca estima, pues su rival es un mortífago que, si acaso, ronda los veinte años, parece un niño, con sus enormes ojos azules muy abiertos, luego recuerda que él mismo apenas y tiene diecinueve, es solo que a veces le parece que ha vivido por siglos.
A sus diecinueve años es un duelista consumado ha participado en muchas batallas y aunque salió herido de algunas de ellas, normalmente la victoria es para él, de modo que solo le toma un movimiento descuidado de su varita desarmar a su oponente y uno más para enviarlo contra la pared con un golpe sordo. El señor tenebroso está complacido.
Conforme avanza el tiempo Voldemort parece más y más maravillado con la destreza de Severus de modo que, en poco tiempo, se ve impelido a luchar contra los favoritos del Lord: Rodolphus, Mulciber, contra los gorilas de Crabbe y Goyle y los hermanos Alecto y Amicus, los vence todos. Algunas veces a base de su conocimiento en las artes oscuras, otras a su destreza, a su astucia, a su excelente dominio de la legeremancia y, algunas menos, a la fuerza bruta.
Luego vienen las dos manos de Voldemort, Lucius y Bellatrix, ambos peleadores consumados, ambos conocedores de las artes oscuras, ambos excelentes en oclumancia.
Para vencer a Lucius hizo falta toda su astucia, pero con Bellatrix las cosas son más complicadas.
Es igual de astuta que él y a eso hay que agregarle su locura, han peleado durante casi tres cuartos de hora sin que parezca que alguno ganará.
—Expeliarmus —grita al final Bellatrix, desarmando a un Snape que está apenas a un palmo de narices de ella, a punto de atacar —por fin vas a caer —le dice en voz baja mientras sonríe como una niña pequeña que ha logrado que le compren el juguete que tanto quiere y no merece.
Pero para pasar por sobre Severus Snape es necesaria una cosa: acabarlo por completo; porque si se le da apenas un segundo de respiro su mente creará una estrategia nueva.
En el instante en que Bellatrix sonríe, durante apenas una fracción de segundo, baja la guardia.
Severus toma la mano con la que ella sostiene la varita apuntando hacia otro lugar y con la otra le da un bofetón.
— ¿Qué demon…? —exclama Bellatrix y en su sorpresa suelta la varita, Severus la toma, y al segundo siguiente está Bellatrix despatarrada en el suelo, los ojos llorosos a causa de la humillación, la mejilla roja e inflamada y su propia varita encajándose en su cuello. Severus sonríe con suficiencia.
— ¿Qué es lo que te pasa? —grita Bellatrix desde el suelo —¿acaso eres un asqueroso muggle?
Pero sus reclamos se acallan al escuchar una sonora carcajada proveniente de la alta silla desde la que Voldemort observa aquellos combates.
—Excelente Severus.
—Pero mi Señor —dice la mujer.
—Calla Bellatrix, —Severus hace una reverencia ante el beneplácito de Voldemort —un digno representante de mi casa, así es como debe de ser un verdadero Slytherin utiliza todas las artimañas, todos los artilugios, todo lo que está a su mano para alzarse con la victoria.
Nadie dice nada más, desde ese día Lucius pierde su lugar a la izquierda del Señor Tenebroso a favor de Severus Snape.
.o.O.o.
La mejor manera de mantener los pensamientos incómodos alejados de nosotros es tener la mente tan ocupada que no sea posible que se cuelen por los resquicios de la conciencia.
Severus lo sabe perfectamente y así lo ha hecho, cada hora, de cada día, cada segundo, siempre está ocupado.
Diariamente abastece la reserva de pociones del Señor Tenebroso, diariamente estudia buscando nuevas maldiciones que aprender, otros trucos, otras pociones, cada momento de su vida estaba dedicado a estar al servicio de Lord Voldemort, por la noche cuando las fuerzas están mermando y los recuerdos de Lily lo amenazan toma una poción para dormir sin soñar y se va a la cama hasta el día siguiente en el que todo vuelve a empezar.
.o.O.o.
Una de las mejores formas de inducir el terror es jugar con la mente de las personas, una de las mejores formas de inducir el terror en el cuerpo de aurores es asesinando aurores y aún más, asesinando a las familias de éstos.
Aquel día han asestado un duro golpe, una familia de Whitechapel ha sido asesinada, el padre y el hijo formaban parte del destacamento de aurores que vigilaba a la familia del mismísimo Ministro de Magia.
El Lord está complacido y los mortífagos eufóricos, la operación fue encabezada por Severus, así que, fue un triunfo más en su carrera ascendente.
—No todo en la vida es trabajo —le dice Lucius a Snape mientras caminan por los corredores de la mansión de los Malfoy luego de regresar de aquel ataque, —todos sabemos de tu increíble entrega a favor de la causa, pero vamos Severus, hasta tú debes divertirte de vez en cuando —termina mientras le palmea el hombro.
Severus no responde, rara vez lo hace, rara vez habla con nadie.
—Algunos de nosotros organizaremos una fiesta para celebrar en el salón del próximo piso, vamos, vas a divertirte como nunca.
Snape ha escuchado hablar de aquello un par de veces, los mortífagos luego de algún buen golpe celebran en ese salón. No está muy seguro del por qué, pero sigue a Lucius hasta el segundo piso y a través de aquella enorme puerta. No sabe qué va a encontrar, espera vicios ciertamente, todos bebiendo whisky de fuego, incluso piensa que tendrán algunos muggles a los que estarán torturando, piensa que mirará qué tan bajo han caído y luego de deshacerse de Lucius dará media vuelta y volverá a la calle de la Hilandera. Él puede ser una basura, pero es una basura a la que no le gustaba torturar a nadie.
Pero no se imaginó ni por un momento una orgía como aquella, el salón está sumido en una especie de neblina que no parece venir de ninguna parte. Allá en un rincón los hermanos Alecto y Amicus se prodigan caricias, en otro lugar ve a dos corpulentos mortífagos mientras se besan, pero lo que llama su atención es el platinado cabello de Narcissa Malfoy, aquella mujer que le parece tan hermosa y tan fuera de lugar cada vez que la ve. Se halla desnuda mientras comparte a un hombre con su hermana Bellatrix. Lucius no pierde siquiera un segundo para unirse al trío, Snape no sabe qué hacer, solo se queda allí de pie en el dintel mientras mira la expresión perdida de la joven Señora Malfoy, probablemente no desea estar ahí, también probablemente Lucius la obliga. Incluso más probable que eso es que la hayan obligado a beber alguna poción para que no oponga resistencia, ella dirige su mirada vidriosa y vacua a Severus y él confirma su sospecha.
Bellatrix repara en Severus y se acerca a él. Su cuerpo apenas cubierto por un transparente negligé de color negro y su cabello en cascada por su espalda.
— ¿Por qué no te acercas a jugar Severus? –le dice cuando está al lado de él.
La mirada de Snape está fija en la expresión vacía de Narcissa.
— ¿Qué pasa Snape? —sigue diciendo Bellatrix —¿las mujeres de sangre limpia te dan miedo? —suelta una risotada que al fin atrae la vista de Severus sobre ella.
—En todo caso parece que no soy el único —le murmura, mientras mira a los mortífagos del rincón que continúan besándose con frenesí, uno de ellos es Rodolphus Lestrange —al parecer a tu Rodolphus tampoco le gustan demasiado.
—Sabes Snape, —dice como si fuera explicar algo obvio a alguien particularmente obtuso —para una mujer de mi linaje es muy importante casarse con un sangre limpia, no podemos adoptar el apellido de cualquiera, y Rodolphus —se encoge de hombros, —es una buena elección, ser una Lestrange es casi lo mismo que ser una Black, él no quiere estar conmigo y yo no quiero estar con él, él es débil; así que nos casamos y seguimos con nuestras vidas.
Los dedos de Bellatrix recorren los botones de la levita de Severus, la vista de él está fija en sus manos que juegan a desabrochar o no.
—Pero tú Severus, tú eres fuerte, tú y yo juntos al servicio del Lord seríamos invencibles.
Las manos de Snape detienen a las de la Señora Lestrage. Aprieta sus muñecas sin importarle si le hace daño.
—Sabes Bellatrix —le murmura él agachándose hacia su oído, la voz sedosa de él hace que la mortífaga se estremezca, no le pasa desapercibido que se le ha puesto la carne de gallina, su tono es el mismo que ella ha ocupado para con él —tienes razón, las mujeres de sangre pura no me atraen en absoluto.
La suelta como si le diera asco seguir tocándola, se da media vuelta y sin mirar atrás atraviesa de vuelta la puerta. Los pechos de Bellatrix suben y bajan al ritmo de su respiración, nunca, jamás un hombre se atrevió a rechazar a una Black, lo haría pagar, así le costara la vida, haría que Severus Snape se tragara sus palabras.
.o.O.o.
No está del todo seguro que hace en Hogsmeade, hay muchas ocasiones en las que considera sus idas y venidas un tanto errabundas, después del encuentro con Bellatrix, solo había buscado un lugar hacia donde ir y había pensado en aquel.
El pub Cabeza de Puerco siempre es un buen lugar donde tomar un whisky, incluso si no le apetece volver a casa podría tomar una habitación y pasar la noche ahí.
Entra al pub, pide un whisky de fuego y se dirige a la esquina en la que acostumbra sentarse, la luz no llega hasta ahí, es ideal para solo observar. Del bolsillo de la levita saca un paquete de cigarrillos, aquel vicio muggle, los magos normalmente fuman pipa, pero a él nunca le ha gustado, probablemente sea lo único que su padre le heredó. Es muy inconsistente estar hablando de un vicio de muggles y estar aceptando que a uno le gusta, pero así es la vida: inconsistente.
Desde su rincón ve la variada fauna que se concentra en aquel tugurio, viejas arpías, duendes y magos de mal aspecto y por lo que se nota peores intenciones, por ello le produce tanto asombro ver a nada menos que Albus Dumbledore.
Así que el anciano también tiene sus querencias, aunque la mujer de la que va acompañado, si bien mucho más joven que él, es bastante fea. Si es una prostituta espera que solo le cobre la mitad.
—Y yo que juraba que el viejo se liaba con McGonagall —sonríe de medio lado de pensar en aquel supuesto triángulo amoroso.
La mujer lleva el pelo descuidado y un sin fin de chales de colores llamativos, una montaña de abalorios le cuelga de cada mano, pero lo peor del conjunto son sus enormes gafas en las que sus ojos nadan aumentados una docena de veces. Ambos caminan hacia las escaleras que llevan a las habitaciones.
Sin pensarlo siquiera Snape vacía el vaso de whisky y sube las escaleras hasta aquella habitación. Se encierran en el número diez. Cuando Severus llega hablan en voz bastante audible. Cualquier cosa que Albus Dumbledore esté haciendo, ya sea verse con prostitutas o tener un amorío, es importante para la causa, de modo que escucha a través de la puerta como un fisgón cualquiera.
—En la carta que me envió Señorita Trelawney decía que es usted pariente de Cassandra —la voz de Dumbledore llega amortiguada a través de la puerta hasta los oídos de Severus.
.o.O.o.
—Así es Profesor Dumbledore, soy tataranieta de Cassandra, la gran vidente —la voz de la mujer suena trémula y etérea.
— ¿Podría hacer una predicción para mí? —pregunta Dumbledore a la mujer.
—Pero por supuesto —dice ésta, ofendida por la incredulidad que proyecta el tono de voz de Albus, –veo la sombra que se cierne sobre el mundo mágico, los muggles no están seguros y los hijos de éstos sufrirán.
—Bueno, —la corta Dumbledore, —eso no es una predicción precisamente Señorita Sybill —Dumbledore está seguro de dos cosas: una, está muy irritado, y la otra, es que esa mujer es un fraude, no importa si es la tataranieta de Cassandra o de Merlín,—todo el mundo mágico sabe que Lord Voldemort está en activo y…
Dumbledore levanta la cabeza, esperando ver el semblante ofendido de Sybill Trelawney, pero le sorprende que ella parece no verlo, tiene los enormes ojos fijos en un punto indefinido.
—Sybill, —la llama el director, pero ella no se mueve un ápice, no parpadea, ni siquiera parece respirar, —Sybill, —la llama Albus de nuevo, pero está ausente por completo.
Entonces una voz ronca, totalmente diferente a esa voz etérea con la que ella pensó asombrarlo, incluso un tanto masculina dice:
—El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...
.o.O.o.
—Oye —grita una voz a las espaldas de Severus — ¿qué estás haciendo?
Severus se da media vuelta solo para encontrarse cara a cara con el tabernero de Cabeza de Puerco. Estaba tan absorto en lo que escuchaba que no sintió cuando éste se había acercado.
—Lárgate —grita.
Severus solo lo mira fijamente y con un revuelo de su capa desaparece, fundiéndose con la penumbra.
Tengo que decirlo, Bellatrix no anda nada perdida
Espero que tengan una linda semana.
Abrazos
Adrel Black
