Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 18
Masen y yo intercambiamos una mirada.
¿Y cómo se conocieron?
—A través del trabajo —responde sin apartar su mirada de la mía. Quiero reírme, pero supongo que eso es lo más cerca de la verdad que podemos decirle a alguien. No puedes decirle exactamente a la gente que se conocieron mientras entregabas dinero de drogas para tu ex novio, o que tu actual es parte de…
Quiero decir, ni siquiera sé qué hace Masen para Alec. No en realidad.
—¿Y a qué te dedicas, Bella? —pregunta Carlisle, dándose toquecitos en la boca con una servilleta.
Casi quiero que la tierra me trague en este momento, el peso de sus ojos azules ayuda a empujarme hacia abajo. Su tono es agradable, pero no me sienta bien, un malestar se alza en mi pecho, un recordatorio incómodo de que no pertenezco aquí. Al menos él sabe que soy mesera. Me vestido de aquella noche no podía confundirse con nada más.
—Yo, um, soy mesera. Estoy ahorrando dinero para ir a la escuela —le digo, intentando no mentir sobre lo que hago.
La mano de Masen encuentra mi pierna debajo de la mesa.
—¿No fuiste antes? —husmea Esme.
—Mucha gente no va a la universidad, Es —dice Masen aburrido.
Sacudo la cabeza decidiendo decirles la verdad, o la versión más cercana a eso, pero solo porque esta es su familia.
—No. Mi, um, mi mamá murió cuando yo era pequeña y mi abuela me crio. Ella murió de cáncer justo antes de terminar la preparatoria y supongo que en ese momento tenía otras prioridades.
Detesto esta parte. Detesto esta parte más que cualquier otra cosa: las reacciones de la gente, la compasión, la lástima. La cara de Esme está llena de eso y quiero apartarme incluso antes de que ella abra la boca, pero en lugar de eso me quedo sentada y lo aguanto.
—Lo siento mucho, cariño. Eso debió ser horriblemente difícil. Lidiar con una tragedia así siendo tan joven. La adolescencia ya es un campo minado sin tener que lidiar con testamentos y todas esas necedades cuando deberías estarte divirtiendo.
Carlisle decide husmear desvergonzadamente.
—Entonces, ¿eras lo suficientemente mayor para no quedar bajo custodia del estado? ¿Te dejaron por tu cuenta? ¿Cómo lo manejaste? Asumo que recibiste todos los bienes de tu abuela.
—Carl —dice Masen bruscamente, una advertencia.
—Perdón —dice, pero no lo siente.
Hago una pausa porque no puedo recordar exactamente. No estaba lidiando con eso, las píldoras que James me daba hacían que los días fueran borrosos. Creo que todo lo de mi nonna se lo quedó papà, pero esa es otra lata de gusanos que en realidad no quiero abrir en este momento.
—Tenía dieciocho, así que no tuve que ir a una casa hogar ni nada así… tenía un novio que me ayudó un poco, así que no estaba completamente sola. —Me remuevo incómoda, empujando mi comida por el plato, ya no tengo hambre. Es lo que es, pero pensar en James me hace sentir enferma.
En lugar de eso, agarro mi vino blanco y le doy un trago más que saludable, reprimiendo el estremecimiento que trae el agudo sabor.
Me disculpo por un rato después de que terminamos el plato principal, buscando mi abrigo y saliendo a la oscuridad de su patio trasero, fumo para ahuyentar los confusos recuerdos y sensaciones.
—Lo siento —me disculpo cuando Masen aparece detrás de mí. Saca su propio paquete de cigarrillos del bolsillo de su chaqueta, dejando atrás su abrigo a pesar de que está helado afuera.
—No te disculpes. No pensé bien esto. Lo siento. Ven aquí.
Rodea mis caderas con sus manos, jalándome hacia atrás para poder apoyar mi cabeza en su pecho. Alzo la vista hacia el oscuro cielo iluminado de anaranjado, unas pesadas nubes pasan a la deriva. Parece que volverá a nevar.
—¿Por qué haces lo que haces para Alec?
—Se lo debo —responde, su voz retumba a través de su pecho al exhalar—. Me ayudó cuando nadie más quería hacerlo. Fue hace mucho tiempo.
—Debió haber sido algo muy grande si todavía le debes —es todo lo que digo en respuesta. Quiero preguntar, pero tengo la sensación de que de todas formas no me dirá.
—Lo fue.
Me giro en sus brazos.
—Él, um, me asusta —confieso—. Sé dónde quería obligarme a trabajar. —No miro sus ojos entonces, concentrándome en llenar mis pulmones de humo.
Está muy serio cuando lo veo a hurtadillas, tiene las cejas fruncidas con una mirada sombría en el rostro.
—No deberías saberlo.
Tal vez no debería. Pero lo sé.
—Lo recordé de la primera vez que los conocí. Él dijo que "encajaría" ahí, así que pregunté por ahí —digo a modo de explicación. Estoy mirando el suelo de nuevo con el estómago retorciéndose.
Él exhala suavemente mi nombre.
—No iba a dejar que eso pasara. Jamás.
—Ni siquiera me conocías en ese entonces —digo dudosa, encontrando sus ojos—. ¿Por qué lo harías?
Me mira por un segundo, y siento que estamos de regreso junto al motel, dónde él me ve de verdad. Lanza la colilla de su cigarro a una maceta, pegándome a él.
—Me gusta creer que soy bueno para leer a la gente, en mi línea de trabajo te dan corazonadas sobre la gente, las situaciones. No me parecía que supieras lo que James estaba haciendo… y la forma en que él hablaba de ti a veces…
Se detiene, sacude la cabeza como si intentara encontrar las palabras adecuadas. Me muerdo el labio, una parte de mí siente curiosidad por saber. El que James hablara de mí con ellos…
—Sé que hay cosas que no me cuentas. Sé que estás guardándote cosas, pero no tienes que hacerlo. No conmigo. Espero que lo sepas.
Me muerdo la parte interna de la mejilla, tengo ganas de llorar, confesarle todas las cosas a él, pero es que…
No puedo.
Así que asiento y lo beso en lugar de eso, porque me gusta que a él le importe, y que quiera conocerme; incluso las partes que necesito mantener escondidas.
…
La mujer que está parada a mi lado es editora en una revista; sus facciones se ven demasiado lisas para ser naturales. Su expresión apenas cambia. Estoy intentando recordar su nombre. Es amiga de Esme de sus días universitarios en Northwestern y está bebiendo copas de champán como si fuera agua, sus palabras se arrastran un poco mientras me platica sobre entrevistas y celebridades con las que ha trabajado.
Busco a Masen; está a unos pies de distancia hablando con un hombre de cabeza calva y lentes. Una mujer se les acerca, lo toca con una familiaridad que me hace pausar. Una mano en su brazo, una sonrisa suave en los labios. No puedo escuchar lo que ella dice, pero él no se ve feliz de verla. El hombre se aparta y los deja solos.
Ella es bonita. Incluso hermosa. Facciones delicadas, cabello rubio que cae en gentiles ondas playeras.
La mitad de su atención está en ella, pero él aparta la vista muy pronto, sus ojos se mueven sobre otros invitados cuando Esme interviene y la saluda como si fueran hermanas perdidas o algo así. Casi siento que estoy entrometiéndome.
Mi celular vibra en mi bolso y lo saco, disculpándome con la señora de la revista, contenta por la distracción. María me pregunta por mensaje cómo me está yendo y me encuentro contestándole y diciéndole que tengo tantas ganas de escapar y preguntándole si eso me hace una mala persona.
Acabo de presionar enviar cuando una mano se desliza por mi cintura.
—¿Te dije lo sexy que te ves esta noche? —pregunta Masen besando el costado de mi cabeza. No puedo evitar morderme el labio para evitar una sonrisa.
—Hmm —respondo, girándome hacia él, subiendo las manos para jugar con el cuello de su camisa—. Creo que quizás ya me dijiste algo al respecto, sabes.
—No puedo esperar para llevarte a casa. Eres la mejor parte de toda esta jodida noche.
Nos besamos de forma lenta y suave, mis brazos le rodean el cuello, sus manos se posan en la parte baja de mi espalda. Sabe a champaña y anticipación, y cuando eventualmente nos detenemos, capto a la mujer de cabello rubio mirándonos desde el otro lado de la habitación.
No reconozco su presencia, pero casi quiero hacerlo.
…
—No durarán —dice una voz cuando salgo del baño de abajo, frotando mis labios recién untados con bálsamo.
—¿Disculpa? —Retrocedo sobre mis pasos, girándome para encontrar a la rubia recargada en la pared color estuco, esperando, tiene los brazos cruzados, sus uñas pintadas color rojo envueltas alrededor de un brazo demasiado delgado.
—No durarán. Masen y tú. Él no tiene relaciones.
Ladeo la cabeza hacia ella.
—Gracias por el consejo. Me aseguraré de avisarle.
Se encoge de hombros al pasar hacia el baño.
—No digas que no te lo advertí.
…
Masen está discutiendo con su hermano cuando regreso, sintiéndome inquieta. Tomo asiento a su lado, moviendo mi mano a su rodilla, agarro una copa de champaña y me la bebo suavemente, preguntándome quién carajos es esa rubia para él.
¿Una ex? Sería jodidamente típico si conociera a otro de sus revolcones pasados en una fiesta. Pienso en Kate. Definitivamente no parezco ser su tipo usual de rubia, si es que eso es lo que ella es. Quiero preguntar, pero Masen le está recriminando enojado a Carlisle.
—Tal vez si fueras con Ma de vez en cuando, sabrías que no está lidiando con ni una mierda. Creo…
—Tú no eres doctor, Masen.
—No necesito ser un doctor, pedazo de mierda, ella se está confundiendo cada vez más y más, no está bien. Me llamó Edward el otro día. —Escupe el nombre, el desagrado está en su voz.
—Pues tienes una asombrosa similitud con Senior, tanto en apariencia como en actitud.
Masen hace una mueca.
—No te atrevas a empezar otra vez con esta mierda. No soy él, sin importar lo que pienses.
—No es lo que pienso, es lo que sé. Sé exactamente lo que haces y qué eres. Un…
—¡Aquí vamos! ¡Aquí vamos, carajo! Dices esto, sin embargo fuiste tú quien…
—¡Chicos! —Esme se acerca con aspecto de preocupación—. Este no es el momento ni el lugar —los regaña—. Carlisle, ve a socializar. Masen, te traeré un whisky.
Masen se ve profundamente enojado mientras que Carlisle se va, sus rodillas están rebotando, traicionando su frustración.
—¿Lista para salir de aquí? Ya tuve suficiente de esta mierda —dice, pasándose sin cesar una mano por el cabello.
—Sí —acepto, feliz de que él lo haya sugerido.
Esme regresa con más whisky para Masen y luego se sienta para poder platicar un poco más conmigo. Me está preguntando qué quiero hacer en la escuela, pero Masen se termina el vaso y le dice que necesitamos irnos incluso antes de que pueda responderle.
Él es brusco y abrupto, pero creo que Esme está acostumbrada ya que se lo toma con calma, mirando su reloj. Es tarde, casi medianoche, y de todas formas la gente ya empieza a irse.
Estamos en el pasillo cuando la rubia vuelve a aparecer.
—¿Ya te vas? —pregunta con voz empalagosa—. Esperaba poder platicar contigo, Masen, antes de que te fueras.
—Ya se dijo todo lo que necesita decirse. —Él ni siquiera la mira. En lugar de eso, me ayuda a ponerme mi abrigo. Siento su mirada quemando en mí y sonrío al alzar la vista.
—Perdón, no oí tu nombre hace rato —digo, intentando mantener la irritación fuera de mi voz. Le ofrezco la mano—. Soy Bella.
Me mira por un segundo antes de tomar mi mano a regañadientes, tiene el desdén escrito en toda la cara.
—Tanya.
—Bueno, muchas gracias por tu consejo de hace rato, Tanya.
—¿Qué carajos le dijiste? —espeta Masen.
—¡Nada que no sea verdad! —replica Tanya.
—No puedes contenerte ni un carajo, ¿verdad?
—¿No es ella un poco joven para ti?
Ella habla de mí como si no estuviera aquí. El desagrado que siento por ella se intensifica masivamente. No estoy segura de qué está intentando hacer aquí.
La nariz de Masen se ensancha.
—No veo qué carajos tiene eso que ver contigo —dice, parándose frente a mí como si intentara protegerme de toda esta conversación.
—Tanya —dice Esme, interrumpiendo—. No creo que esto esté causando ningún bien, cariño.
Los ojos de Tanya se ven un poco llorosos, sus mejillas están tintadas de rojo. Baja la vista al piso y después la sube para vernos. Se quita a Esme con un encogimiento.
—¿Sabes qué? Eres un cabrón.
Masen resopla.
—Te estás avergonzando a ti misma.
—Carl dijo…
—¡Debí saberlo! —Alza las manos con frustración—. Carl no habla por mí.
Ella se ríe amargamente y se gira hacia mí.
—Recuerda lo que te dije.
Es ella quien agarra su abrigo y se va.
Terminamos quedándonos, somos los últimos ahí, pero Masen y Carlisle están teniendo otra acalorada discusión en la cocina.
Esme me ofrece un gin-tonic y le doy un gran trago, mis nervios están disparados. La única cosa que puedo sacar de esta noche es que detesto asistir a mierdas como esta y me alegra que no parezca ser algo que ocurre con mucha frecuencia.
—Eres jodidamente increíble. En serio, ¿qué mierdas intentas hacer aquí?
Carlisle murmura algo y Masen solo se ríe.
—Es jodidamente irrespetuoso, eso es lo que es. Sabías que traería a Bella y fuiste a invitar a la maldita Tanya.
Él se queda callado.
—La próxima vez que intentes agitar estas mierdas, solo recuerda, Carl, quién salvó tu maldita carrera. Si no fuera por mí, nada de esto estaría pasando…
—¿Siempre han sido así? —me encuentro preguntándole a Esme.
Ella sonríe, pero es de tristeza.
—Desde que los conozco, son completos opuestos en todos los sentidos. ¿Sabes algo sobre su madre?
Asiento. Ella se ve sorprendida.
»Bueno, eso es algo. Masen puede ser muy cerrado en ocasiones. —Vacila un segundo y luego continúa—: Yo ayudé mucho con él y su madre, después de lo que pasó. Carlisle estaba en su segundo año de residencia, sabes, y demasiado ocupado. Masen siempre fue un poco problemático, pero debajo de todo eso era un chico dulce: era el favorito en los deportes de la escuela. En los equipos de fútbol y béisbol, pero cambió después de eso, después de lo de su madre. Comenzó a juntarse con malas compañías, se cerró en sí mismo. Ya todo era mujeres y fiestas y meterse en peleas.
—Y… todo eso, ¿con Tanya? —pregunto vacilante, preguntándome dónde encaja ella en esta imagen.
—Ella siempre ha estado más interesada en él de lo que él ha estado en ella.
Encuentro más consuelo en esas palabras del que me gustaría admitir.
…
Masen está cerrado en el taxi de camino a casa. Le pregunto qué le pasa y dice que nada, pero sé que hay algo. Está mal. No es que lo culpe, esta noche ha sido interesante y horrible de igual manera.
En cuanto regresamos a su apartamento, me empuja contra la puerta, sus manos aprietan mis piernas cuando se envuelven en su cintura. Empuja contra mí, ya está duro, tiene su boca en mi cuello, marcándome.
—He estado pensando en esto toda la noche —dice al desabrocharse el pantalón, su mano tira del cordón en mi cintura, mi vestido se abre—. Jesús. —Retrocede, poniéndome sobre mis pies y mirando mi lencería nueva con un calor que me lame por dentro.
Dejo caer el vestido de mis hombros y me recargo en la madera oscura, mordiéndome el labio y sacudiendo mi cabello.
—Tú lo compraste —le digo—. No compré solo el vestido. Espero que no te importe.
—Carajo, no. —Se deja caer de rodillas, me separa las piernas, mueve mis bragas a un lado y entierra la cara ahí. Mi mano se enreda en su cabello cuando él sube uno de mis pies envuelto en tacones para apoyarlo en su hombro, sus dedos se meten en mí, su lengua gira.
—Oh, Dios.
…
—Espera, espera, espera —digo sin aliento contra él, apartándome. Masen se detiene, manteniéndose sobre mí, mirándome, está tenso. Acuno su cara en mis manos, mis pulgares rascan sobre la oscura sombra en su rostro.
Exhala un aliento, deja caer su cabeza contra la mía.
—Perdón. —Me besa la nariz y luego mis labios a modo de disculpa.
—Vas a tener que hablar conmigo. Y me refiero a hablar de verdad, porque no puedes seguir usando tu polla y boca para distraerme.
Tararea sobre mi piel.
—No te escuché quejándote cuando gritabas mi nombre.
Le frunzo el ceño.
—No grité tu nombre.
—Claro que sí. Dices "Oh, Dios" todo el tiempo.
Le pego ligeramente en el brazo y ruedo los ojos cuando se ríe, me muevo para quedar sentada con la espalda recargada en la cabecera y él está justo a mi lado. Enciende la televisión en repeticiones monótonas de Friends.
—Anoche. Fue un jodido desastre, ¿cierto? —dice eventualmente de forma sombría—. Me sorprende que no hayas salido huyendo. Sigo pensando que podrías hacerlo.
Me encojo de hombros.
—Depende de con qué lo estés comparando. —Sonrío y se ríe de nuevo, rompiendo la tensión en su rostro.
»Entonces… —comienzo—. Tu hermano…
—No es un jodido santo. —Masen se ríe sombríamente. Su cara cae en la seriedad—. Cometió un gran error; hace unos años. Estaba enfrentando una demanda, al borde de perder su licencia de medicina y yo… yo hice que esa mierda desapareciera. Me rogó que lo hiciera. Sentí que podía compensar el que no hubiera hecho más por mi mamá; al menos, ante sus ojos. Pero al parecer no. Luego está mi mamá, él no me escucha nunca… porque él es el doctor, es el inteligente… —se va callando haciendo una mueca.
—Debería escucharte si estás preocupado. Quiero decir, eso que hiciste por él fue enorme.
—No lo hará, es demasiado arrogante. A veces desearía que él hubiera asumido la culpa, ¿sabes? Pero es mi hermano al final del día. Familia.
Recuesto la cabeza en su hombro desnudo, viendo a Joey y Chandler sentados en sus BarcaLoungers idénticos.
—Y… ¿Tanya? —vacilo, pero necesito saberlo.
Hace una mueca, muy parecido a cuando le pregunté por Kate.
—Durante un tiempo salimos en ocasiones —admite, pero hay cierta reticencia ahí.
—Bien.
Hay toda una historia ahí con la que no puedo compararme. La racionalidad lucha con los celos. Si salieron de vez en cuando, eso significa que uno de ellos seguía regresando y en realidad no tengo ganas de ser un paréntesis en eso.
—¿La amabas? —pregunto en voz alta, incapaz de contenerme, incapaz de medir la seriedad.
Está sacudiendo la cabeza.
—Nunca fue así para mí. Ella siempre quería más. Le dejé en claro que yo no. Quiero decir, ella no sabe nada sobre todo esto.
La implicación está ahí. Más. Una relación. Matrimonio, hijos tal vez. Me da la impresión de que él de verdad debió gustarle si es que ella se mantuvo cerca.
—¿Qué te dijo? —pregunta en voz baja, apartándome el cabello de la cara.
—¿Importa?
—Sí.
—Dijo que no durará. Esto. —Señalo entre nosotros—. Que tú no tienes relaciones.
Lo estudio de cerca al decirlo, pero es una máscara de indiferencia hasta que habla; y cuando habla, está siendo sincero.
—No con ella.
—¿Pero conmigo sí? —No lo veo cuando lo digo. No sé qué sea diferente para él conmigo.
—Ajá. —Se gira y me besa el cuello, su pulgar encuentra la parte inferior de uno de mis pechos, acaricia la curva de suave piel.
No puedo evitar soltar lo que sigue molestándome.
—Todavía no entiendo por qué no me llamaste. Incluso si creías que era demasiado pronto, pudimos haber… sido amigos. Solías preguntarme cómo estaba todo el tiempo antes de esa noche, e ir de eso a nada…
Se pasa una mano por el cabello.
—Tienes que entender. Estuve lejos de aquí durante un tiempo, fue una sincronización de mierda. La mayoría del tiempo no tenía mi celular conmigo. No estaba… no estaba seguro de si iba a regresar respirando. Supuse que, si eso pasaba, terminaría siendo solo un tipo que te ayudó un par de veces y tú seguirías con tu vida.
Está mal en eso. No creo que él pueda ser "solo" un tipo. No para mí. No después de lo que hizo.
—¿Dónde estabas? ¿Cuándo te fuiste? —pregunto en lugar de decirle lo que creo que ya sabe.
Mueve la mano a su cara y se la talla, contemplativo, indeciso, hasta que murmura "Al carajo" por lo bajo.
—México, en su mayoría… Colombia, con un pequeño desvío a Brasil.
—Entonces, ¿ni siquiera solo fuera del estado? ¿Fuera del país? —pregunto lentamente.
—Sí. Te iba a llamar al regresar… muchas veces casi lo hice… no sé, no quería arrastrarte a esto cuando tenías la oportunidad de vivir una vida normal. Te merecías eso después de todo.
Frunzo el ceño, mordiéndome el interior de la mejilla. Mi vida nunca ha sido normal, en ningún sentido de la palabra.
—Tú tampoco me contactaste, y asumí que no querrías saber de mí después de un par de meses… tal vez no lo sentiste —sigue hablando.
—Más de unas cuantas veces Char y María tuvieron que detenerme para no marcarte estando borracha —admito—. Me convencieron que eso quedaba de tu lado.
—Sí lo estaba. —Sus ojos se mueven sobre mi cara—. Lo jodí mucho, lo sé. Aunque me alegra que me estés dando una oportunidad.
—A mí también.
—Todo es diferente contigo. Como me siento. Lo que quiero.
Sonríe con pereza, sus dedos se entrelazan con los míos, mi corazón se hincha. De verdad me gusta cuando actúa así. Abierto y honesto. Es diferente de quién creí que era, y no de mala manera.
Pensando en la honestidad, mis labios se tuercen en una sonrisa.
—Nos conocimos a través del trabajo, ¿eh? ¿Fue lo mejor que se te pudo ocurrir?
Me hace cosquillas en los costados y me carcajeo cuando me encierra con sus brazos a cada lado de mí mientras su boca ataca mi cara, llenándome de besos.
—¿Qué iba a decir? ¿Un cabrón envió a su deslumbrante novia a dejar cinco grandes y todo lo que podía pensar era en cómo se vería corriéndose en mi polla? Cuando Charlotte dijo que eras su chica sentí ganas de golpear algo.
—Y ahí estaba yo, pensando todo este tiempo que me tenías lástima —digo, alzando la vista para verlo, todavía sonriendo—. Cuando tus motivaciones reales eran meterte en mis bragas.
—No es mi única motivación. —Planta firmemente sus labios en los míos—. Esto no se trata solo de follarte hasta el cansancio, ese es un extra. Quiero conocerte.
Me abre las piernas para poder posarse entre ellas.
—Eras tan intimidante en aquel entonces. Aunque quería que me desearas. Me gustabas. —Le paso una mano por el cabello cuando se mueve hacia abajo, tirando de las sábanas para poder besarme el vientre, la cicatriz cerca de mi cadera. Sonríe un poco.
—Sí te deseaba.
