Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 20
—¿Estás segura que quieres hacer esto? —pregunta María por millonésima vez.
Miro la deprimente fachada frente a nosotras, nunca había sentido menos ganas de hacer algo. Han pasado las semanas, estamos llegando a abril y he estado pensando esto durante demasiado tiempo.
El juicio de James es pronto y quizás entonces lo envíen a otra parte.
—Es ahora o nunca.
Me bajo del carro antes de poder huir; alternando entre olas de aprensión, náuseas y culpa pasando a través de mí. Creo que Masen se volvería loco si supiera que estuve aquí, así que no le he dicho nada, a pesar de que llevo semanas planeando esto. Me siento mal, pero recientemente él ha estado actuando más evasivo de lo normal.
Mi instinto me dice que todo esto está mal; una relación construida en deshonestidad, pero siempre será así porque para mí la verdad es demasiado peligrosa para admitirla, o eso insistía nonna.
Puedo escucharla ahora. "Algunas personas darían lo que fuera por tenerte muerta, Isabella".
Me hace pensar en el número que ya está guardado en mi celular, el que necesito llamar si me encuentro en peligro. Demetri. Quien quiera que sea. Intenté llamarle hace unos días, la curiosidad me venció, pero no contestaron.
Resoplo.
Supongo que sería así con cualquier persona. Los secretos. Las mentiras.
Pero creo que lo amo.
No lo he dicho, pero lo pienso.
Lo siento.
Solo que no estoy segura que él se sienta igual.
…
Estoy temblando de nervios durante todo el rato en seguridad y solo empeora cuando un grupo de personas somos escoltadas hacia una enorme sala fría. Hay mesas de fórmica y sillas de plástico acomodadas, guardias colocados en todo el rededor, mirándonos con un nublado interés. Una señora pasa junto a mí cuando me detengo en la puerta, disculpándose en español.
Tomo asiento cerca de un guardia, aferrándome con fuerza a las orillas.
Y luego espero, mirando por la ventana enrejada hacia las cercas con alambre de púas en la distancia.
Me encuentro pensando lo irreal que es, como si estuviera en un episodio de Mentes Criminales o algo así, pero no, esta es mi vida real y aunque papà ha estado en prisión durante la mayor parte de esta, nunca lo he visitado.
Estoy pensando en a qué se debe eso cuando escucho el ruido intensificarse en la habitación cuando la gente se levanta y se saluda con abrazos y holas y caras felices.
Hay movimiento lento y un repiqueteo acercándose más y la sensación de temor en mi estómago se intensifica.
Se sienta frente a mí con el uniforme café grisáceo de la prisión puesto, se desmorona sobre su asiento, apoyando un bastón en la mesa. La detective Hale me contó eso, que no pudo caminar correctamente después de que Masen le jodiera la rodilla.
Cuando finalmente alzo la vista hacia él, está sonriendo igual que siempre. Me retuerzo las manos nerviosamente debajo de la mesa cuando él me mira.
—Siempre regresas, ¿no? —arrastra las palabras, inclinándose hacia enfrente. Retrocedo de golpe, empujando ligeramente mi silla hacia atrás, el guardia detrás de él se remueve un poco, lo mira con atención.
No me hace sentir mejor.
Exhalo lentamente con el corazón acelerado. Sin importar cuánto practiqué para expresar lo que quiero decir, hacerlo de verdad, mientras él está aquí frente a mí, hace que las palabras se atoren en mi garganta.
Quería ser fuerte y valiente y mostrarle lo muchísimo mejor que estoy ahora que él ya no está en mi vida.
Pero soy un desastre justo ahora.
Él se ríe, impaciente.
—¿Por qué estás aquí, B?
Cruza los brazos y se recarga en el respaldo otra vez, sus ojos se mueven por todas partes.
—¿Ese hijo de puta ya se cansó también de tus mierdas?
Inhalo.
—No.
Resopla.
—Quieren que presente cargos.
Me mira, casi de forma aburrida.
—¿Por qué?
—Sabes por qué.
Se ríe sin humor.
—¿Y qué? ¿Quieres? Ya me esperan al menos veinte años, B. ¿Qué más da unos cuantos años más por ponerte en tu lugar?
Sacudo la cabeza.
—En serio no te importa, ¿no?
Se talla la cara con una mano, tiene la mandíbula tensa, los dientes apretados.
—Si no me importara te habría dejado ir, B. Tal vez me importaba demasiado. Tal vez tú lo estás viendo todo mal.
Cierro los ojos. Y él sigue jugando a esto. Puedo verlo ahora. Me pregunto cómo pude haber sido tan ciega.
—No. No lo estoy…
Se forma un doloroso silencio.
—¿Problemas de apuestas? —pregunto eventualmente, las palabras suenan torpes en mi boca—. ¿Qué otra cosa no sabía?
Se encoge de hombros.
—No fue nada. Lo arreglé. Las mierdas se pusieron feas un poco, sí, con Alec. Estaba en una posición difícil. Pero lo arreglé. Gané. Muchísimo.
—Pero sacaste préstamos y tarjetas de crédito a mi nombre, ¿de eso se trataba? ¿Para eso usaste el dinero? —Mi voz tiembla.
—Las hubiera pagado —sonríe con desprecio—, si no te hubieras vuelto loca. Era una cosa temporal. Pero no. Te envío a hacer un trabajo y terminas de espaldas para ese hijo de puta.
—Nunca te engañé —entono—. Nunca. No pasó nada hasta después.
La cara de James se retuerce, se hace hacia enfrente.
—¿De verdad esperas que crea eso después de lo que hizo? Joderme la rodilla… meses de rehabilitación, no haces esas mierdas a menos de que estés metido hasta el cuello. ¿Acaso él sabe que estás aquí?
Elijo no responder eso.
—¡Me perseguiste con una navaja!
Solo sonríe.
Nos quedamos callados entonces e intento componerme.
—Yo… yo vine aquí porque necesito saber qué pasó con la casa de mi abuela, su dinero, después-después de que murió… no puedo recordar, y tú estuviste ahí. Ni siquiera puedo recordar cuál fue el despacho legal que lidió con todo eso.
No dice nada.
Espero en silencio. Con la esperanza de que me lo dirá.
No lo hace.
Es casi como si lo estuviera disfrutando, una sonrisita conocedora curva sus labios.
—Esto fue un desperdicio de mi tiempo —murmuro para mí más que para él. Lo miro, completamente vacía de cualquier emoción excepto la frustración—. Dame una buena razón de por qué no debería dejarlos encerrarte por todas las mierdas que me hiciste, todas esas veces que perdiste la compostura y me lastimaste, la vez que tú-tú me forzaste a-a… ¿acaso lo recuerdas? Fui una idiota. Tienen fotos. Evidencia.
Sigue sin decir nada, solo sacude la cabeza y mira la pared sobre mi hombro. Finalmente, el enojo sale.
—¿Sabes qué? Eres un patético pedazo de mierda. Masen es diez veces el hombre que alguna vez serás.
Por alguna razón, esto es lo que lo que lo hace enojar. No estoy segura si se debe a que le estoy diciendo lo que de verdad pienso de él después de tantos años de morderme la lengua, o porque no le gusta ser inferior a Masen. Tal vez es por ambas cosas. Golpea la mesa con su puño y se echa hacia enfrente mientras todo el aliento abandona mis pulmones. Mi silla se desliza hacia atrás con un chirrido, el guardia está sobre él antes de que siquiera pueda parpadear, golpeándole la cabeza contra la mesa y retorciéndole un brazo en la espalda. Sin embargo, sigue luchando contra él.
—¡Jódete, golfa! Debí matarte cuando tuve la oportunidad… —retrocedo, otro guardia avanza frente a mí, levantándome y alejándome de ahí, más guardias acuden a ayudar mientras él ruge con furia.
»Diles con un carajo, B, ¿eh? Diles que te violé, yo les diré que te encantaba con brusquedad. Les diré todas las cosas que te encantaba hacer.
Lo jalan hacia un lado, está furioso. La sala está en silencio, podrías escuchar la caída de una aguja. Puedo sentir ojos, cientos de ellos, y el calor de la vergüenza sobre mí.
Una suave mano en mi hombro, una voz amable persuadiéndome a irme, a salir de la habitación, bajo la cabeza para ver mis ballerinas, hay lágrimas cayendo por mi cara.
Alzo la vista brevemente mientras las limpio y al hacerlo veo a alguien que se parece mucho a mí.
Está sentado en el otro lado de la sala, hay un hombre de cabello oscuro con él.
Estoy muy segura que no lo reconocería. Pero es una réplica mayor del hombre en mi álbum de fotos.
Al menos, en ese momento creo que es a él a quien veo.
Me sacan de la sala antes de que pueda volver a verlo, pero cuando eventualmente miro hacia atrás, él está mirando a James y luego a mí con una expresión vacía en el rostro.
Luego comprendo que tal vez no me reconoce.
No podría saber cómo me veo ahora.
…
Permanezco callada de camino a casa en el carro de María y más tarde ignoro la llamada de Masen, dejo el celular vibrar en mi buró hasta que se detiene. Empieza a vibrar de nuevo, pero lo dejo que suene, sintiéndome demasiado culpable.
Mi mente está analizando cada detalle. Debí saber que intentar hacer que James hablara sería una mala idea. Me inquietó. Pensé que tal vez la prisión, haberse deshecho la rótula… algo habría obligado a entrar un poco de humildad en él, pero más bien solo ha agravado su amargura.
Él sigue siendo el retorcido hombre de mis pesadillas. Y todavía no puedo conciliar eso con el chico de Phoenix que me perseguía en el lago. Y luego pienso que tal vez soy yo. Tal vez yo le hice eso. Tal vez yo fui el elemento tóxico que lo contaminó. Tal vez es lo que estoy haciendo con Masen.
Me dejo caer en la cama y cierro los ojos, exhausta, dejándome llevar a un inquieto sueño. Cuando despierto, lloro y no puedo detenerme. María llega y me pregunta cómo estoy, pero apenas puedo hablar porque todo es demasiado. Jodidamente demasiado.
Todos los secretos. Todas las mentiras. Todos los recuerdos. Me están devorando y destrozando, rompiéndome en las costuras. Me duele. Por todo lo que nunca tuve, por todo lo que siempre supe, por cada mentira que he dicho. Me está consumiendo de la peor manera. Toda mi existencia está construida en mentiras y carajo ya no puedo soportarlo.
Más tarde escucho voces ahogadas afuera de mi puerta.
—Ha estado así por horas. Perdón, no sabía a quién más llamar.
—¿Qué pasó? —dice Masen con voz áspera.
—Mira solo no la juzgues, ¿sí? —susurra María, rogando por mí. Cierro los ojos con fuerza, siento el corazón martilleando. Él no lo va a entender. Ya lo sé.
—¿Qué pasó? —repite más urgentemente.
—Yo… yo la llevé a ver a, um, a ver a James. Ella tenía unas cosas que quería preguntarle. N-No creo que haya terminado bien. Obviamente.
Dejo de respirar, escuchando. Escucho un ruido muy parecido a un puño golpeando una pared.
—¿Qué cosas? ¿Por qué carajo haría eso? —La incredulidad tiñe su voz y ni siquiera puedo culparlo.
—No lo sé. Bella se mete esas ideas a la cabeza y se obsesiona. Tienes que darte cuenta de eso. Siempre pensé que ella creía que se merecía lo que él le hacía, ¿sabes? No puedes culparla por querer respuestas, especialmente sobre el dinero. Estará pagándolo por años.
Se me cae el estómago.
—¿Pagando cuál dinero? —pregunta Masen con voz ronca.
—¿No te lo dijo? —murmura María—. Carajo. No-no sabía que tú no sabías. Mira, solo tenle paciencia, ¿por favor? Quiero decir, ¿están bien ustedes dos? Ella dijo que has estado distante recientemente.
Él suelta un sonido entre un chasqueo y una risa.
—Eso pensé. Ahora no estoy seguro. He estado muy ocupado. Gracias por llamarme.
Escucho la puerta abrirse, mis ojos no dejan el papel tapiz floral que está frente a mí hasta que se posa frente a mí, pasándome una mano por el cabello, su toque me da consuelo al instante. Las lágrimas nublan mis ojos y él está ahí levantándome para ponerse debajo de mí, jalándome hacia él hasta que estoy tan envuelta en él con la cara metida en su cuello y su espalda recargada en la pared.
—¿Por qué te harías eso a ti misma? —murmura. Solo sacudo la cabeza junto a él.
—No lo digas. Lo sé, fue estúpido. —Sollozo.
Se aparta para acunar mi cara, limpiándome las lágrimas de mis hinchados y enrojecidos ojos.
—Ayúdame a entender dónde está tu cabeza, Bella, porque yo-yo no entiendo tu lógica aquí.
Permanezco callada. Las confesiones están en mi pecho listas para salir cuando abra la boca, así que permanece cerrada.
Suelta un aliento, una pequeña risa sin humor.
—¿Qué veo? Te veo regresando a él, ¿y para qué? ¿Eh?
Permanece callado por un largo rato.
—¿Todavía lo amas? —pregunta y hay duda genuina ahí, y me pregunto cómo es que siquiera puede preguntarme eso.
—Lo odio. —Mi voz suena ronca y áspera, una nueva ronda de lágrimas llena mis ojos—. Ni siquiera sabes… —me detengo, una lágrima cae en mi mejilla, mis labios tiemblan.
Quiero decirle que lo amo, pero este-este no es en realidad el momento. Cierro los ojos con fuerza.
—Solo-solo quería respuestas. —E incluso decirlo ahora suena patético. Parece que eso es lo que Masen quiere decirme, pero en lugar de eso solo pregunta:
—¿A qué?
—Tú no-no lo entiendes —digo con voz ahogada.
—Entonces explícamelo, Bella. Porque nunca te abres conmigo sobre nada de esto.
Hablo después de unos minutos en silencio.
—Él solía-solía retorcer cosas, todo el tiempo. Me hacía dudar de mí misma. Me hacía sentir que las cosas estaban en mi cabeza como si yo fuera irrazonable o como si me tomara todo a mal todo el tiempo. Todo era mi culpa siempre. Si algo salía mal, si un chico me miraba… Era él el que quería venir aquí. Mi abuela apenas había fallecido y él ya me estaba metiendo al autobús, prometiéndome todo esto y aquello, y nada era verdad. Me daba un montón de píldoras y no puedo-no puedo recordar. No puedo recordar lo que pasó con la casa de ella o su dinero ni nada.
Tomo una larga bocanada de aire, frotándome la cara.
»Lo dejé solo porque él sacó un montón de préstamos a mi nombre —confieso en voz baja—. No lo sabía, pero fue… no había regresado después de que me dejaste esa mañana en el muelle, pero él me rogó. O sea, me rogó que volviera y creí que quizás esta vez, tal vez después de darle unos días en los que no pudiera encontrarme sería… no sé. Lo haría cambiar. Y luego descubrí lo que había hecho. Ni siquiera sé qué hizo con todo ese dinero.
Masen murmura algo que suena a "hijo de puta", su mandíbula se tensa cuando aparta la vista, todo su cuerpo se pone rígido debajo de mí.
—¿Cuánto? —Dejo caer la cabeza. Es algo mortificante—. ¿Cuánto, Bella?
Mis mejillas se inflan e inhalo. Un paso a la vez, una curita siendo arrancada.
No lo miro cuando le digo que fueron casi cincuenta mil dólares, pero cuando lo miro, su cara está llena de furia.
—¿Por qué no dijiste nada? —Me aparta de él para ponerse de pie—. ¿Por qué no me lo dijiste antes? —Suena demandante y acusador. No tengo una respuesta para él, no en realidad. La única palabra en la punta de mi lengua es "vergüenza".
»¿Es por eso que trabajas tantas horas en el club, porque estás en la quiebra, pagando préstamos que él debió haber pagado? Jodido Jesucristo, Bella. —Se agarra el cabello con los puños. Luego—: Yo lo pagaré.
Me sobresalto.
—¿Qué? No. No puedes hacer eso. Yo lo estoy pagando. No puedo… tú no puedes.
—Puedo y lo haré. Ya no seguirás deteniendo tu vida por él. ¿Por qué carajos no me lo dijiste? ¿No confías en mí?
—No confío en nadie. —Sale de mi boca de forma reactiva; impactando como una bomba. Hiriente. Explosivo. Me llevo los dedos a la boca.
Me mira por un momento antes de apartar la vista hacia el piso.
—Quiero hacerlo. Quiero confiar con todo mi ser. Pero yo… hay tantas cosas que desearía poder decirte. Tantas. Pero no puedo. —Lágrimas nuevas caen por mis mejillas mientras sollozo—. No es justo. Nunca-nunca pedí nada de estas mierdas. —Ya estoy llorando por completo, estiro el brazo para tomar su mano, pero él no la acepta y eso me hace sollozar más fuerte.
Se sienta pesadamente en la cama, apoya los brazos en sus rodillas, el mentón en sus manos entrelazadas. No me mira cuando habla.
—Pagaré el dinero, eso no es negociable. Te voy a poner en-en terapia o algo así… si no puedes hablar conmigo… si no confías en mí… —Está angustiado—. No podemos tener un nosotros si no hay confianza aquí.
—¡Tú también escondes mierdas! —El enojo emerge—. No soy solo yo. Tú desapareces. A veces durante días y regresas herido o distante y no me cuentas ni un carajo. Solo esperas que esté bien con todo eso.
—Es diferente —espeta—. La mierda que hago, estás mejor sin saberlo, te lo dije antes. No quiero que la imagen que tienes de mí se vea manchada por eso. ¿Cuántas veces hemos tenido esta maldita conversación?
—¡Y hay cosas que yo tampoco puedo decirte! ¿Es una regla para ti y otra para mí? Eres un maldito hipócrita. Esperas que te cuente todo cuando tú no me dices nada. ¿Cómo es eso justo?
—¿En serio es tan malo? ¿En serio, Bella? ¿Qué podrías esconder tú que sea tan malo? ¿Eh? ¿Tan jodidamente terrible que ni siquiera a mí puedes decirme? Que no confías en mí. Después de todo.
Se me seca la boca. Suena igual que James. Cierro los ojos y me espabilo.
—No digas esas mierdas. Suenas igual a él. ¡Igual a él! ¡Como si de alguna forma todo lo que han hecho por mí les diera el derecho a usarlo como influencia para conseguir lo que quieren! —Tiemblo, mi voz se rompe, llorosa—. No te lo pedí. Estaba muy bien antes de que volvieras a aparecer.
Tiene la mirada agachada y cuando no dice nada, inclino la balanza.
—¡¿Qué jodido caso tiene todo esto?! —Las palabras salen volando de mi boca—. ¿Por qué carajos estamos juntos?
Quiero que diga algo. Lo que sea.
Quiero que me diga que estoy equivocada.
Pero no lo hace.
—No sé.
Dos palabras que destrozan mi corazón mucho más de lo que alguna vez lo hizo un golpe.
—Entonces, es todo, ¿se termina así de fácil? —le pregunto con incredulidad, sintiéndome caliente y fría y enferma al mismo tiempo. Ni siquiera lo va a intentar. Ni siquiera intentará convencerme de lo contrario.
Se gira hacia mí y hay un abatimiento ahí que hace que mis lágrimas caigan con más fuerza. Y cuando sus labios se encuentran con los míos, es dulce y salado, y tan lleno de anhelo y deseo y arrepentimiento.
Se aparta, metiéndose las manos a los bolsillos.
—¿Quieres una verdad? Yo le puse la trampa.
—¿Qué? —sollozo, sin tener idea.
—Yo le puse la trampa a James. —No puede contener su sombría sonrisa—. El cabrón merecía algo mucho peor, pero yo lo preparé todo. De ninguna manera le iba a permitir tener la oportunidad de venir tras de ti otra vez después de esa noche.
Mi boca se abre.
—Lárgate.
Sus palabras resuenan en mi cabeza. Todo por lo que he pasado durante los últimos meses con la policía, todos los recuerdos que he intentado bloquear, las pesadillas recurrentes, ¿y todo porque él hizo que arrestaran a James?
—¡Lárgate! —repito en voz más alta.
No se mueve, hay recelo ahí, como si no hubiera esperado esto. Cuando sigue sin moverse, me pongo de pie, abriendo la puerta de golpe.
—¡Lárgate al carajo!
Se va.
Doy un portazo detrás de él, hundiéndome contra la puerta.
Devastada otra vez por completo.
