Hola, espero que su semana vaya muy bien.

Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción La Oportunidad del grupo Dünedain. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Enjoy!


PENUMBRA

por

Adrel Black


5. LA SALA DEL TIEMPO

La rabia va por dentro,

aún no es demasiado tarde,

pues hay algo de vida

en mi cansado corazón.

(La Oportunidad, Dünedain)


Había hecho cosas estúpidas a lo largo de su vida, montones de ellas, quizás demasiadas para una sola vida. Pero sin ninguna duda, entrar al Ministerio de Magia, en el que puede haber montones de aurores, a pesar de ser de noche, e intentar robar una profecía que según todos los pronósticos no puede tocar, es una de las más estúpidas.

Obviamente antes de intentarlo hicieron planes, algunos mortífagos infiltrados en el ministerio han pasado información, Rockwood les previno que no podrán tomar la profecía de alguien ajeno, aun así, Voldemort los ha enviado. Está claro que no importa si alguno sale dañado.

.o.O.o.

En un abandonado callejón del Londres muggle un gato grisáceo y famélico olisquea en los contenedores de basura, el lugar apesta a desperdicios. Cuando el ¡plop! anuncia la aparición de los mago, el gato olvida su búsqueda de la cena y mira a los tres encapuchados que se materializan de la nada.

Una de las figuras alza una varita de madera, un rayo de luz verde da de lleno en la cara del animal que cae dentro del cubo en el que busca, la figura suelta una risotada.

—No vinimos a jugar Bellatrix —Snape pasa de largo y se encamina hacia la cabina telefónica que Rockwood les describió.

El susurro de las capas de Bellatrix y Lucius lo siguen.

— ¿Por qué tenemos que entrar como unos apestosos muggles? —dice Bellatrix.

—Porque, según Rockwood, ésta es la entrada que no está vigilada, si entráramos por la red flu sonaría la alarma.

— ¿Quién de nosotros la tomará? —murmura Lucius.

Los tres están al tanto de los informes acerca de las protecciones con que cuenta la profecía y a ninguno de los tres les hace gracia el intentarlo.

—Tú, —responde Snape con sorna al escuchar el temblor en la voz de Lucius, es un cobarde.

— ¿De qué hablas?

—Bellatrix y yo somos demasiado importantes para el Lord, si no fuera así ¿por qué crees que viniste?

—Cobarde, —se burla Bellatrix, —yo la tomaré para él.

—A prisa, —murmura Snape.

Han pasado apenas unas semanas desde que Snape vendió su lealtad a Dumbledore, a cambio de proteger a Lily. No se arrepiente de lo hecho, ni por un momento ha flaqueado su decisión, no le importa arriesgar la vida cada vez que el Lord lo mira a los ojos, no le molesta en lo más mínimo tener que cubrir de velos su mente para evitar las irrupciones del Señor Tenebroso. Sabe que debe poner toda la atención posible en cada movimiento, pues cualquier jugada en falso puede delatarlo. Lo único que realmente le molesta es: el entrometido de Albus Dumbledore.

El haber aceptado ser su espía en las filas del Lord es parecido a adoptar a una tía chismosa y entrometida. Severus, acostumbrado a la soledad, a ir y venir a su antojo y a vivir de la manera en que mejor le parezca en su casa de la calle de la Hilandera, ve interrumpida su rutina a cada momento. Albus Dumbledore aparece en su chimenea más o menos cada dos segundos para preguntar por novedades. Hace menos de veinticuatro horas apareció en el dintel de su puerta sonriendo y con una bolsa de caramelos muggles, intentando convencer a Snape de que vaya a enseñar pociones a Hogwarts, según el anciano, es la manera ideal de estar juntos y al tanto. Ni por un segundo se le pasa por la cabeza que cualquier mortífago podría haberlo visto. De hecho, Snape que está acostumbrado al sigilo y el secreto, a operar desde la sombra, le sorprende que Dumbledore parezca un novato en cosas de espionaje.

En los planes trazados por Albus, —como se empeña que lo llame, —se incluye el entrar como profesor a Hogwarts con el pretexto de espiarlo para el Lord y así podrá "protegerlo" en caso de ser necesario, para Snape aquello solo quiere decir una cosa, el director no confía en él y quiere tenerlo vigilado.

Lo peor de todo es su "maravillosa idea" de que él puede ser profesor, apenas se imagina rodeado de un montón de críos imbéciles intentando aprender el arte de hacer pociones, esa idea sin duda demuestra que Albus está envejeciendo y no de la mejor manera.

Una voz metálica saca a Severus de su ensimismamiento, Lucius contesta y unas placas metálicas se deslizan por la rampa que normalmente devuelve el cambio.

Una para cada uno, la suya no puede ser más específica: "Severus Snape, asalto a la sala de las profecías". La cabina telefónica se hunde en el pavimento hasta llegar al Atrio.

.o.O.o.

Llegan a la sala circular que precede todas las demás salas.

Los tres se ponen de pie en el centro, pensando en la sala de las profecías, así de simple será la manera de llegar.

—No deberíamos habernos topado ya con algún obstáculo, —dice Bellatrix con desconfianza.

—Si, —contesta Lucius, —Rockwood dijo que se aseguraría de entretener al mago de seguridad de la entrada. Pero supuse que habría aurores o inefables rezagados en estas habitaciones.

Lucius y Bellatrix sospechan que algo anda mal, Snape está seguro que todo está bien, claro, que no se han topado con nadie, es parte del plan.

.o.O.o.

Severus comentó el asalto con Dumbledore, los dejarán llegar hasta la sala de las profecías y ya estando ahí, las protecciones que las esferas tienen sonarán la alarma, de modo que habrá que escapar.

Si corren con suerte él escapará y los aurores detendrán a Bellatrix y Lucius. No le agradaba demasiado la idea de regresar a su amo con las manos vacías, pero según Dumbledore, la profecía que Voldemort conoce está incompleta y es importante que su desconocimiento continúe.

La parte interesante de todo esto es que, al parecer, a Voldemort no le interesa si sus mortífagos salen heridos al intentar tomar la profecía, y a Albus no le interesa que su espía vaya a parar a Azkaban si no encuentra la manera de huir de los aurores.

Una vez que se concentran en pedirle a la sala que les muestre la puerta correcta, entran a la cámara donde se almacenan las profecías, una enorme estancia repleta de estanterías con pequeñas esferas de cristal almacenadas y que parecen estar llenas de humo.

Caminan por el largo pasillo, los tres con la varita en ristre listos para atacar a la más leve señal de movimiento.

— ¿Qué creen que pase si quiebro alguna? —pregunta Bellatrix, refiréndose a las profecías.

—Sin juegos Bellatrix, —le murmura Snape —no queremos a los aurores aquí.

Lucius se ve mucho más pálido de lo normal, parece distraído, realmente está asustado, sabe que de los tres él es el eslabón más débil. Si hay problemas para tomar la profecía entre Bellatrix y Severus pueden obligarlo a que sea él quien lo intente.

De pronto los aurores aparecen de la nada.

—¡Alto !—grita uno de ellos.

—Aurores —avisa Lucius.

Bellatrix sonríe.

Avada Kedavra —grita y el auror que les marcó el alto cae hacia atrás.

—Retrocedan —murmura Snape —debe haber más aurores.

—No nos iremos sin la profecía del amo —responde Bellatrix.

—No iré a Azkaban —murmura Lucius.

—Debemos salir de aquí.

Otros magos entran por las puertas laterales.

—Regresen a la sala circular.

Los tres mortífagos corren entre una lluvia de maldiciones de colores. Uno de los estantes con profecías cae llenando el aire de conversaciones lejanas y una sutil niebla. La puerta de la sala circular se hace más grande, están a punto de llegar cuando otros aurores entran por ella.

— ¡Demonios! —Grita Snape — ¡Sectumsempra! —la maldición pega en el brazo al auror que va al frente, rápidamente su túnica se tiñe de sangre. —Por la otra puerta —Snape coge a Bellatrix del brazo. —Corre estúpida.

—No me toques Snape —llegan a la sala del tiempo.

—Sellen las puertas.

—No vuelvas a tocarme, —Bellatrix empuja a Snape.

—Ni en tus sueños —le murmura Snape. —Sella las puertas Lucius.

"Fermaportus" se escucha en el fondo mientras Lucius hechiza las puertas laterales.

—Estamos atrapados en esta habitación, Snape —Bellatrix lo mira, —tus dotes de líder dejan mucho que desear.

—Cállate, —Snape se regocija por dentro, atrapados, irán a Azkaban, que más le da ir también a prisión si se lleva consigo al imbécil de Lucius y a Bellatrix, será como dejar a Voldemort sin manos ,—Sectumsempra, —grita Snape apuntando hacia la puerta por donde los aurores entran en ese momento.

Se atrincheran tras una de las mesas, al fondo un estante repleto de giratiempos. Cuando Severus los ve sabe que si alcanza uno podrá huir. Un leve tic tac llena la habitación, siempre asociará el tic tac de los relojes con la desesperación de sentirse atrapado.

—No hay manera de que escapen, —grita un auror.

Opugno —Bellatrix lanza la multitud de relojes que cubre una de las paredes. Snape se levanta de su escondite corriendo rodeado de hechizos, Bellatrix lo mira, el cobarde huirá y los dejará allí, no, no puede permitirlo. —Repulso —grita y el hechizo da contra la espalda de Snape empujándolo hacia el estante que contiene los giratiempos.

Su cuerpo golpea el estante y todos los giratiempos caen sobre él, las maldiciones de los aurores que intentan alcanzarlos dan contra los giratiempos, que empiezan a volar alrededor.

No sabe qué es lo que ocurrió, una burbuja de luz lo envuelve, mientras se hace más y más grande alimentándose de los hechizos que la golpean, la tocó con una de sus manos queriendo escapar, pero fue como tocar electricidad, las puntas de sus dedos lucen ennegrecidas, como si hubiera tocado hollín. Colores y sonidos lo rodeaban sin que ninguno se defina, luego la penumbra es absoluta y no sabe más de sí.


Creo que alcanzaré a subir otro cap, ahora, si nadie de aquí del trabajo me interrumpe voy a ello.

Adrel Black