Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.


Capítulo 21

Él está ahí, pero no.

Masen.

Pagó todos los préstamos y las tarjetas de crédito, el dinero se abrió camino a mi cuenta en forma de una "herencia".

Pura mierda.

Peleé con él por esto durante días; era mío para pagarlo, y solo mío, pero se aferró tercamente hasta que cedí. Sospecho que es dinero lavado, pero cuando finalmente pago la última tarjeta de crédito no puedo obligarme a que me importe, el alivio es tan grande que lloro. Otra vez.

Es como si el último hilo que me ata a James hubiera sido cortado. El último agarre que tenía. Me suelto, ya no me estoy ahogando, libre para flotar a la superficie y respirar.

Le agradezco a Masen una y otra vez, pero parece muy patético lo grande que es su gesto y lo pequeña e insignificante que esa palabra se puede sentir cuando no tienes nada más que ofrecer.

Él dice que es solo dinero, pero no es así.

Es libertad, para mí.

Después de eso, hablo con él un poco cada semana en el teléfono. Son conversaciones rebuscadas e incómodas donde yo parloteo con nerviosismo. Él escucha en silencio y no puedo comprenderlo en absoluto. A veces siento que estoy hablando conmigo misma.

No lo he visto en persona desde que terminamos la relación y eso fue hace más de un mes. En realidad, no hemos hablado para nada de eso, pero el dolor que siento siempre está presente; en mi corazón y mi cabeza y en cada detalle que me recuerda a él.

Lo extraño.

Y duele.

Y gran parte del tiempo es todo en lo que pienso.

Dejamos ir nuestra relación tan fácilmente, como si nada importara, como si todo fuera nada en absoluto. Pero sí importó. Sí lo fue.

Revivo las cosas que dijimos en el calor del momento una y otra vez; cosas que desearía no haber dicho, y luego pienso en todas esas cosas que nunca pude decirle.

Pero la vida sigue.

Todavía voy a trabajar, todavía practico pole con María, encuentro una clase de yoga verdadera a la cual asistir ahora que mi dinero ya no está atado a las deudas y me hago amiga de una chica llamada Alice. Vamos a tomar un café y al cine. Ella es agradable y normal y eso me hace sentir agradable y normal.

Me reúno con Charlotte y Petey y su felicidad me apuñala en el pecho; el anhelo que siento por cosas que tenía hace poco hace que mi corazón duela. Las cosas están avanzando rápido para ellos; conseguirán un lugar para vivir juntos. Les digo que estoy feliz por ellos a pesar de que se siente vacío. No le digo a María. Creo que ella sabe que sigo en contacto con Charlotte, pero no sacamos el tema, es más fácil no hacerlo. Ella ve a Alec en cada oportunidad que tiene ahora, así que no es como si ella no estuviera avanzando también.

A veces veo a Alec y Ben en el club, pero Masen nunca está ahí con ellos… por mí, no estoy segura. No pregunto, a pesar de que quiero saberlo; ¿dónde está? ¿Por qué no está aquí? Me saludan al pasar, pero se mantienen alejados en su mayor parte. Me pregunto qué piensan que está pasando. No es que en realidad les importe.

Es vivir.

Yo estoy viviendo.

Pero no de una forma que conozca.

—¿Cómo te sientes respecto a eso?

Miro a Irina. A su gélido cabello rubio grisáceo y sus gruesos lentes morados. Me mira expectante, con los labios morados fruncidos. Mis ojos vagan por su oficina hacia la pecera que tiene detrás de ella y miro a los pececitos moverse por ahí, sus aletas se agitan como tela en la suave brisa.

¿Cómo me siento?

—Aterrada. Débil.

Está hablando sobre mi razonamiento para no presentar cargos contra James.

Tengo poco más de un mes viéndola. Protesté hasta la mierda porque la terapia no es jodidamente barata, pero Masen tampoco quiso escuchar nada de esto.

Sus palabras hacen eco con fiereza en mi cabeza.

Necesitas hablar con alguien, Bella. Si no soy yo, entonces alguien que te ayude a lidiar con esta mierda porque carajo sabes que lo necesitas.

Cedí, pero me negué a dejarlo pagar todo como quería. Por mi propia dignidad, necesitaba pagar lo que yo pudiera. Así que hago eso y él pone el resto. Aparte de eso, no interfiere.

Básicamente estoy rota y él quiere que esté completa, pero no estoy segura de poder estarlo. Irina dice que el trauma deja cicatrices y solo porque no puedo recordar ciertas cosas, como lo que pasó la noche que mi mamma fue asesinada, no significa que no me haya afectado. Ella piensa que eso dejó un profundo impacto.

No me gustó el primer terapeuta que vi; era demasiado clínico, sentía el juicio en su mirada, pero me agrada Irina, es excéntrica y lo entiende. A mí.

El juicio de James está a punto de empezar y el fiscal todavía quiere añadir los cargos por violencia doméstica a su lista de cargos. No tendré que presentarme en la corte, pero leerán mi evidencia en voz alta. Mostrarían las fotos que Charlotte me tomó.

—¿Por qué te haría débil?

—Porque expone todos esos-todos esos defectos que me permitieron ser tratada así en primer lugar. Expone mi debilidad. Es vergonzoso. Es así como me siento. Avergonzada.

—O tal vez le muestra a todos lo fuerte que eres. Lo valiente que eres… por estar aquí, buscando justicia, haciéndolo enfrentar sus acciones, porque estás aquí, Bella. Y estás viviendo, a pesar de todo. Eso es algo de lo que sentirte orgullosa; no avergonzada.

Permanezco en silencio.

—¿Crees que debería hacerlo? O sea, ¿en serio?

—No importa lo que yo crea. Es lo que tú crees. Lo que sientes. ¿Cuánto tiempo tienes para decidir?

Me muerdo el labio inferior, mi lengua sale para mojarlo.

—Hasta el mediodía del jueves.

Asiente.

—Tomarás la decisión correcta para ti, Bella. Solo tienes que recordar que tú fuiste la perjudicada, no él. Ser víctima no te hace débil. Te vuelve una sobreviviente, y los sobrevivientes son fuertes. eres fuerte.

No me siento fuerte.

Ni un poquito.

Sentada en el piso del baño con la mano doblada sobre el lanudo tapete de baño color rosa, la ducha gotea en un debate de Sí o No. Mi dedo permanece sobre el botón de Llamar. Cuando cae en una gota de Sí y ya no vuelve a gotear, lo interpreto como una señal del universo.

Presiono llamar con solo cinco minutos de sobra.

—Bien. —Trago con el cuerpo temblando—. Bien. Hazlo.

Masen me está esperando después del trabajo, está recargado de forma casual junto a un nuevo BMW negro al otro lado de la calle. Se ve cansado e infeliz, pero logra formar una pequeña sonrisa cuando me ve, se endereza.

El cielo es color rosa pastel y anaranjado, bañando todo en un cálido brillo, prometiendo algo parecido al calor del verano más tarde.

Me despido de María y Zafrina mientras bajo los escalones, me siento casi demasiado risueña por verlo, el corazón se me acelera en el pecho. Yo me puse en contacto. Le pedí que estuviera aquí, para mí. Para el juicio.

Hay cierta incomodidad cuando llego a él, donde normalmente nos habríamos besado, pero me detengo de golpe y solo nos vemos el uno al otro. Su sonrisa se desvanece y mi estómago se retuerce cuando sus ojos encuentran el piso. Se ve tan rechazado como me siento, el golpe de deseo y amor y necesidad me llega como un puñetazo a la cara porque lo he extrañado mucho, muchísimo.

Sin pensarlo me lanzo a él, un gruñido suave sale de su boca cuando le rodeo la cintura con mis brazos, esperando que no me vaya a alejar. Su cuerpo se tensa durante un segundo antes de relajarse, sus brazos se mueven para rodearme.

Lo inhalo profundamente, el aroma cítrico que tanto amo, la dureza de su cuerpo debajo de su ropa, el confort que siempre trae el estar rodeada por él.

—Te extraño —confieso en su pecho.

Su mano sube para acariciar mi cabello, la otra toca la piel desnuda de mi cintura y luego deposita un suave beso en mi cabeza.

—Carajo, igual —murmura. Lo abrazo un poco más fuerte, aliviada al saber que siente lo mismo.

»¿Estás lista para el lunes? —pregunta cuando estoy sentada en la nueva tapicería negra, jugueteando con los cordones que cruzan sobre las aberturas de mi falda.

Sacudo la cabeza, todavía inquieta por su involucramiento en ponerle la trampa a James. Se lo merecía; sí. ¿Hace que eso sea moralmente correcto? No sé.

Me lo explicó apropiadamente cuando me calmé, cuando quise saber más. Fue James el que decidió hacerlo. Aceptó cruzar las drogas por las fronteras estatales. Todo lo que Masen hizo fue colgar la carnada y alertar anónimamente a los policías. James no supo que fue él, todo fue por debajo del agua, hecho a través de asociados. Puede que de todas formas lo hubieran atrapado. Masen no lo obligó a hacer nada.

Y preparó todo eso por mí, para mantenerme a salvo.

Creo que ya sé ahora a qué se refería Alec cuando dijo que "se esforzó" y no puedo hacerme a la idea de por qué haría todo eso por mí.

Pero ¿estoy lista?

—No. No lo estoy —le respondo honestamente. Tampoco estoy lista para que él escuche todo, cada faceta de James y de mí—. Pero solo… quiero terminar ya con esto. He estado arrastrando esto por demasiado tiempo. —Suspiro y recargo la cabeza en la ventana de su carro, las vibraciones hacen repiquetear mis dientes. Cuando lo miro, él se ve arrepentido, también lo dice, de corazón.

»¿Qué le pasó al Mustang? —pregunto curiosa para cambiar el tema.

—Me dieron ganas de un cambio —responde como si no fuera para tanto.

Nos lleva a casa de María. Es casi como visitar una escena de crimen; la última vez que él estuvo aquí hubo una masacre de sentimientos. No fue bonito. Fue donde nuestra relación murió. Pero esto. Que él esté aquí conmigo justo ahora se siente como el inicio de la resucitación.

Entra con cautela a mi habitación, pero no está como era antes. He decorado. Pinté sobre el horrible tapiz floral con blanco, colgué cuadros relajantes de flores abstractas. Compré un escritorio para poder escribir en el diario que Irina me pidió que llevara y estudiar para mi GED*. Estoy progresando y quiero que lo vea.

Él agarra mi diario, pero no lo abre.

—Lo sé, es muy de adolescente, pero Irina insistió, así no olvido cosas que necesito hablar con ella. Puedes verlo, pero es algo deprimente.

—¿Pero dijiste que ella te agrada?

—Es… o sea, es raro lo bien que entiende las cosas. No me gustaba al principio, pero me ha ayudado a trabajar en mis mierdas así que… de hecho, me ayudó a escribir mi declaración. Habría sido un desastre si no lo hubiera hecho.

Lo suelta gentilmente y mira la foto de nosotros que tengo colgando en un tablero. Estamos en la cama y él me ve como si fuera el centro de su mundo. Me estoy riendo, feliz. Verdaderamente feliz. Está granulada y un poco borrosa, pero me gusta.

Un sonrojo invade mis mejillas, me avergüenza tener la foto colgada cuando ya ni siquiera estamos juntos.

—Creo que nunca te lo dije porque yo… bueno, o sea… yo solo, me guardo las cosas. Por hábito, porque él me… destrozaba, lo usaba contra mí. —Me encojo en mí misma, pero respiro profundamente de todas formas—. Pero quiero que sepas que me hiciste muy feliz y yo…

Me voy por la tangente, reprendiéndome por abrir la boca.

Irina ha hablado conmigo sobre lo que piensa que son mis problemas. Piensa que me escondo emocionalmente, que tengo pensamientos intrusivos, mi ansiedad se manifiesta de diferentes maneras: cambios de humor, disociación, evasión. Hay otras cosas que ha mencionado: desorden de estrés post traumático, desorden de pánico, cosas con las que no quiero ser etiquetada.

Y lo estoy intentando; intentando entender estas cosas, intentando hablar sobre los recuerdos difíciles, intentando cambiar la forma en que pienso porque esas son etiquetas que no quiero. Y quero estar mejor no solo por mí, sino por él.

—Quiero tener eso otra vez, contigo. —Sus ojos se encuentran con los míos y creo que dejo de respirar. Vacilo, a pesar de que no quiero nada más que solo eso.

—Puede que tú… —me detengo, tengo dificultad para encontrar las palabras adecuadas—. Hay cosas que me preocupa que harán que me veas diferente. Cosas que podrían salir a la luz esta semana. —Me muerdo el labio, sintiéndome temblorosa.

—Nada me haría verte de forma diferente, Bella.

—Pero no…

Se acerca a mí entonces, acuna mi cara, sus manos se sienten cálidas en mis mejillas.

—Literalmente nada.

Lo dice como si de verdad lo sintiera. Me besa le frente y apoyo mi cabeza en él durante un segundo antes de apartarme.

—De verdad espero que lo digas en serio.

Se queda a dormir por primera vez en una eternidad, su peso junto al mío, sosteniéndome cerca, me encanta. Lo amo. Me remuevo para acercarme a él y gime somnoliento.

—Sigue moviendo así tu culo en mi polla y vamos a tener un gran problema —murmura.

—¿Gran? —bromeo.

Gruñe con sus labios en mi nuca, las cosquillas bajan por toda mi espalda.

—Ya lo sabes.

Sentados en la parte trasera de la tribuna pública, escondidos, aprieto la mano de Masen con la mía que está sudorosa. Se inclina y me besa la sien. Esos pequeños gestos de cariño son por lo que vivo, me deleito en cada uno, los saboreo, los inicio cuando me siento valiente. Hacen que mi corazón salte, lleno de esperanza.

Nos sentamos ahí a través de todo el proceso. Día tras día tras día y luego al día siguiente y al siguiente. No estoy segura de por qué estoy aquí, pero siento que necesito estar.

Cada noche Masen viene a casa conmigo y cada noche duermo en sus brazos. Rara vez hablamos de lo que pasó en la corte. Masen me lee preguntas en voz alta de mis pruebas simuladas para el GED y yo intento responder; pedimos comida a domicilio o cocino para él, y platicamos; a veces de las cosas importantes, a veces de las que no son tan importantes. Y coqueteamos, mucho. Tanto que María finge vomitar, incluyendo sonidos dramáticos para darle efecto.

—Ugh, enfermizo.

—No, enfermizo es tener que escucharlos a ti y a Alec haciéndolo —replico. Él ha venido unas cuantas veces recientemente y nunca antes me había sentido tan incómoda en mi propia casa.

—La venganza es terrible. Pero en serio, ustedes dos me están volviendo loca. Solo bésense y reconcíliense ya. Estaré en el trabajo esta noche, así que la casa es toda suya. —Arrastra la última parte de forma sugestiva cuando se levanta y me guiña al salir de la habitación.

Hay un silencio incómodo después de que se va. Yo no creo que sea así de fácil. Solo besarnos y follar y ya todo está bien. Cuando alzo la vista de mi contendor de comida china, Masen me mira como si quisiera hacer justo eso.

—Todavía no —le digo, inspeccionando un rollo primavera. Ladea la cabeza, recargándose en sus brazos.

—Cuando estés lista.

Le digo que quiero que escuche primero mi declaración porque creo que no podré soportarlo si cambia de parecer.

Es el último día cuando leen mis palabras en la corte; muestran mis fotos, el daño que James causó. Mi cara negra y morada y sangrienta, los ojos cerrados a causa de la hinchazón, mi cuello con marcas de dedos. Puedo recordar el ardor de intentar respirar después de eso, la vez que me desmayé cuando lo hizo por demasiado tiempo. Es una toma pequeña; no es todo lo que hizo. No es cada una de las veces que me hizo sentir que no valía nada o asustada o que me lastimó, física o emocionalmente. Pero es prueba de que pasó.

Regañan a James más de una vez por interrumpir. Lanza las manos al aire, se burla y chasquea y escupe veneno. No tiene arrepentimientos y creo que eso es lo más difícil de tragar. Es una caricatura de sí mismo, con solo las partes feas enfatizadas. Su humanidad no está. Fue destruida por… bueno, no estoy segura. No estoy segura de cómo es que él se volvió tan… malo. Tan jodido.

El juez le advierte que será acusado de desacato al tribunal si no guarda silencio.

El fiscal le saca provecho a mi edad: joven, sin padres, sin guardián. Estaba vulnerable, se aprovecharon de mí. Ingenua.

Insiste que fue una "campaña sostenida de comportamiento forzoso y controlador resultando en violencia física cuando la víctima hacía algo que tú considerabas que era su culpa". Ella se asegura de decirle al jurado lo que él dijo ese día en la prisión.

—Y cito: "¡Jódete, golfa! Debí matarte cuando tuve la oportunidad".

Masen se enoja más y más con cada segundo, tiene una mano entrelazada con la mía, sosteniéndola con fuerza, la otra hecha un puño, su piel se extiende hasta quedar blanca.

Miro al piso, trazando las líneas de los patrones en el entarimado con mis ojos, una y otra vez. Me siento extrañamente desconectada, como si todo lo que sucedió le hubiera sucedido a alguien más. Cuando leen cómo me obligó a tener sexo, Masen ya está vibrando con furia. Se levanta de su asiento, maldiciendo, se ve como si estuviera a punto de saltar ahí y destruirle la cara a James. Lo jalo de regreso a su asiento, la furia se transforma en completa devastación; por mí.

James me dice mentirosa. Dice que nunca pasó.

—Aun así se quedó —dice—. Todavía me dejó follarla. —Les dice que tuve sexo con él el día que nos conocimos. Dice que me encantaba brusco. Dice que rogaba por ello. Solo que esa vez lo tomé mal. Es lo que quería, incluso cuando decía que no.

No me doy cuenta que me estoy moviendo hasta que estoy afuera de la sala, con el corazón martilleando, la cabeza mareada, esquivando a través de pasillos atiborrados de gente hasta que estoy afuera al aire libre, el aire fresco me llena los pulmones. Estoy entrando en pánico, los recuerdos me golpean como una implacable pared.

Masen me encuentra en el parque al otro lado de la calle, junto al lago, con las manos apoyadas en la reja de metal negro, el sol brillando cálidamente sobre mis hombros, intentando detener el pánico que quiere devorarme.

Tal vez debí haberle dicho antes lo que estaba ahí, pero no podía. Apenas pude escribirlo. Se suponía que sería terapéutico por sí solo, dijo Irina, y supongo que lo fue. Me sentí mejor después.

Sin embargo, no me hace sentir mucho mejor justo ahora. ¿Y si le creen a él en vez de a mí? ¿Y si todos piensan que soy una mentirosa? ¿Que yo lo pedí? ¿Justo como lo dijo él?

Miro a Masen entonces con el labio inferior temblando. Está sobre mí al instante, levantándome en sus brazos, mis piernas le rodean la cintura.

—Carajo, Bella. Si lo hubiera sabido… —se calla, incapaz de mantener el enojo fuera de su voz.

Se aparta y sus labios se posan en los míos, me besa con tanta fuerza que respira vida de regreso a mí.

—Eres todo para mí. Todo. Espero que lo sepas.

Lo miro parpadeando, su candor me atrapa desprevenida. Pero luego sonríe y no puedo evitar reírme.

Lo beso esta vez, y es la mejor clase de beso, la que deja mi estómago revoloteando y mi corazón estallando.

Porque él también lo es todo para mí.

Bajándome los jeans por las caderas, besando mi vientre, sus manos rozan sobre la parte superior de mis muslos; hay cierta reticencia en sus ojos que no estaba ahí antes.

—No hagas eso —ruego—. Lo dijiste. Dijiste que no me mirarías diferente y lo estás haciendo. No me voy a romper, te lo prometo.

Se detiene y me estudia, sus ojos oscuros se mueven sobre mi cara.

—Bien.

Me trabaja con su boca y sus dedos, lentamente, hasta que estoy en el precipicio y luego me mantiene ahí, esperando, tentándome.

—Masen —la desesperación tiñe mi voz.

Alza la vista de entre mis piernas con mi clítoris en su lengua.

—Bella. —Lame y jadeo, alzo las caderas, desesperada por más.

En lugar de eso, se sube por mi cuerpo, sus manos se deslizan sobre mí, me hace arquearme hacia sus caricias hasta que sus labios están rozando los míos.

—Te he extrañado tantísimo —murmuro en su boca.

—No tienes idea —exhala. Mi mano lo encuentra mientras se mantiene sobre mí, piel suave bajo m palma, gime cuando lo acaricio de arriba abajo, giro la muñeca fluidamente hasta que ya no podemos seguir esperando.

Entra lentamente. Su mano está en la mía, cada entrada y salida es intensa, devoradora, la forma en que me mira; espero estar reflejando eso también, la completa adoración que siento por él.

Cuando me derrumbo, una lágrima se me derrama por la mejilla, él está ahí conmigo.

El sexo es sexo, follar es follar, pero esto se siente como amor.

No está ahí cuando despierto, su espacio junto a mí está tibio. Me levanto de puntillas de la cama y lo veo, parado en su balcón, sin camisa y fumando, hablando por teléfono en la media luz del amanecer.

Su voz viaja en la quietud de la noche.

—… está bien, ¿sí? Entonces ponle precio. Lo quiero muerto.


*GED o General Educational Development Test («examen de desarrollo de educación general»): es una certificación para el estudiante que haya aprendido los requisitos necesarios del nivel de escuela preparatoria estadounidense.