Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 22
—Gracias, detective Hale —digo colgando la llamada en mi celular, algo parecido a la euforia se infla en mi pecho. Han pasado cuatro días, cuatro días completos desde las declaraciones finales y de que el jurado empezara las deliberaciones, me he sentido en una pesadilla. No he podido dormir, no he podido comer mucho, no me he podido concentrar en nada. Masen me ha hecho compañía a mitad de la noche cuando estoy despierta y la única cosa que me mantiene remotamente cuerda es ver sin parar Keeping Up With the Kardashians.
Es como le digo a Masen: es tan malo que es bueno y él ya perfeccionó su imitación de Kim K.
Rodeándome la cintura con sus brazos, apoya su mentón en mi hombro. Él espera y lo aprecio. No me cuestiona al instante a pesar de que sé que él quiere conocer el resultado tanto como yo. Me tomo un minuto, mirando hacia abajo a los edificios con el Lago Michigan en la distancia, asimilándolo.
—Culpable, de todos los cargos —digo eventualmente. Me gira para quedar presionada contra su musculoso pecho, con las manos puestas sobre sus pectorales.
—Como si hubiera habido duda. —Me besa—. ¿Estás bien?
—Sí, quiero decir… sí. Es algo bueno, ¿cierto? Me siento aliviada. Creía que no podría soportarlo si la gente pensaba que yo lo estaba pidiendo. ¿Sabes?
—Quienquiera que piense eso no está bien de la cabeza. Nada puede excusar lo que ese cabrón te hizo —dice Masen sombríamente—. Nada. —Me abraza con fuerza y me permito relajarme por un solo segundo, sintiéndome a salvo en sus brazos. Amada. Incluso si él no lo ha dicho, así es cómo me hace sentir.
—Gracias. —No necesito elaborar más. No lo creo. Él sabe que le estoy agradeciendo por lo que hizo porque si no lo hubiera hecho, tal vez yo seguiría viviendo con miedo. Nunca habría ido a la policía por mi cuenta, eso es seguro.
Me paro de puntillas para cubrir su boca con la mía y cuando me aparto, puedo ver que la preocupación sigue ahí.
—Deja les llamo a Char y María, para avisarles —digo al retroceder un paso sin soltar su mano.
—Claro.
Lo hago mientras me fumo un cigarro en el balcón, dejar el cigarro desde hace mucho que dejó de ser una opción. Charlotte grita tan fuerte por el teléfono que tengo que alejármelo de la oreja hasta que ella vuelve a hablar con un volumen normal.
—¡Gracias, carajo! Esto ha hecho todo mi maldito año. Al fin, ¡ese jodido cabrón se pudrirá en una celda por el resto de sus días, espero que siendo la perra de alguien!
Hago una mueca ante esa idea.
Hacemos planes para la semana y estoy ansiando que lleguen, poder regresar a la normalidad después de toda la conmoción emocional, el poder cerrar finalmente la puerta a ese capítulo de mi vida, lavarme las manos de esto.
Charlotte tiene razón.
Se puede pudrir.
…
—Múdate conmigo.
Alzo la vista hacia Masen desde mi posición en el sofá; acostada, tendida en mi sostén deportivo y unos leggins, con mis pies en su regazo mientras leo el mismo párrafo de mi libro de ciencias del GED por lo que debe ser la quinta ocasión.
Sus pies están sobre la mesita de centro, sus manos masajean los míos mientras él ve un juego de los Cachorros. Doblo la esquina de la página en la que estoy antes de abandonar el libro en el piso.
—¿Hablas en serio?
—¿Es un no?
—No… es un "¿hablas en serio?".
Su mano sube por mi pierna.
—¿Por qué otra razón te lo pediría?
Me muerdo el labio para detener la enorme sonrisa que quiere engullir mi cara al extenderse en grande.
—¿Lo-lo has pensado bien? O sea, mis cosas estarían por toda tu casa. Yo estaría aquí todo el tiempo.
Sus ojos viajan alrededor, posándose sobre mi bolso y mis zapatos junto a la puerta; mi abrigo colgando de una de las sillas del comedor; un suéter detrás de mi cabeza; esmaltes y pasadores esparcidos en la mesita de centro a sus pies.
—Ya están aquí. Y me gusta que estés aquí. —Se detiene y sé que probablemente está pensando en mi ropa que está en sus cajones, el cepillo de dientes y las cosas de baño que nunca se fueron, y él nunca movió, ni siquiera cuando nos separamos.
Hemos vuelto a estar juntos sin inconvenientes. Una conversación silenciosa después de ese día en la corte; de esa noche que pasamos juntos.
—Está bien si no quieres. Tal vez es demasiado pronto. —Frunce un poco el ceño. No se pone así muy seguido, inseguro de sí mismo.
Me pongo de rodillas, gateo hacia él sobre los cojines del sofá hasta que estoy a horcajadas sobre él, sus manos suben y bajan por mis muslos.
—No es demasiado pronto. Quiero hacerlo —digo, la sonrisa finalmente se libera. Sus labios se curvan en una enorme y gigante sonrisa relajada.
—¿Sí?
—¡Sí! —Mis labios chocan con los suyos, la emoción fluye a través de mí—. Déjame terminar primero con esta prueba del GED y… —me quedo callada, pensando. En serio necesitamos sacar de en medio unas cuantas conversaciones difíciles.
De verdad necesito decirle. Toda la verdad. Sobre mí. Sobre quién soy, antes de seguir adelante, de otra forma esto seguirá devorándome como lo ha hecho antes.
Ahueco las mejillas y me hago hacia atrás.
—Necesito decirte algo, pero no… todavía no estoy ahí. Lista. —El ceño fruncido regresa a su cara, pero esta vez el mío lo empareja. Bajo la vista, jugando con el cierre de su sudadera negra.
—Bien… —extiende lentamente la palabra y sé que está repasando un millón de escenarios posibles en su cabeza—. No estás embarazada, ¿cierto?
—¿Qué? ¡No! ¿Por qué lo pensarías?
Se encoge de hombros.
—Peor escenario posible.
Lo miro boquiabierta.
—¿En serio? ¿Yo embarazada es tu peor escenario posible? —Me aparto el cabello de la cara un poco aturdida, parpadeando.
—No por las razones que probablemente piensas. —Se endereza para quedar cerca de nuevo—. Es que hay… hay gente allá afuera que podría… podría lastimarte por mí; por la persona para quien trabajo. Sumarle un niño a la mezcla hace que todos sean más vulnerables, ¿sabes?
No digo que se supone que ya hay gente allá afuera que querría lastimarme por mi familia.
Masen malinterpreta mi silencio y mueve sus dedos para subirlos y bajarlos por mis costados, besándome suavemente. Me estremezco bajo sus caricias.
—De por sí ya eres una debilidad. Si alguien viniera por ti perdería la jodida cabeza.
Puedo imaginarme eso. No es posesivo, pero sí es protector. Me pone en un pedestal que no estoy segura de merecer.
Su polla se contrae debajo de mí.
—¿En serio estás excitado justo ahora?
—Hay algo en la idea de ti embarazada con mi hijo —sonríe—. Nunca antes lo había pensado, pero serías una MILF* muy caliente.
Pongo los ojos en blanco.
—Dios.
—Si te parece bien, quiero que practiques tiro de forma regular en el campo de tiros conmigo o con Emmett —dice Masen, cambiando el tema.
Estoy abrochando y desabrochando su sudadera hasta que lo veo por debajo de mis pestañas.
—¿Por qué?
—Quiero que puedas derribar a alguien con un tiro limpio.
—Um, bien. ¿De dónde viene esto? ¿De verdad estás preocupado? ¿Necesito cuidarme las espaldas o algo así?
—Es que unas cosas recientemente me hicieron pensar. Ni siquiera me entusiasma que estés cerca de Ben y Alec conociéndolos como los conozco. A veces la gente se traiciona en este negocio.
Permanezco en silencio, intentando asimilarlo.
—O sea, claro, lo haré. Si crees que es importante. ¿De verdad crees que alguien lo haría?
Masen lo piensa.
—Tal vez. Como regla general… no es aceptable ir tras las mujeres y niños. Son inocentes. Tú eres inocente. Está mal visto, pero no es como que nunca haya pasado y definitivamente sería una forma de llegar a mí… como Alec, que te consideró juego limpio porque pensó que sabías lo que James estaba haciendo.
Durante un breve momento, me pregunto sobre la posibilidad de que papà estuviera diciendo la verdad. Que él no asesinó a mi mamma. Pero entonces todo su juicio… toda la evidencia. Fue concreta, sólida. Sus huellas en el arma homicida. No puedes inventar esas mierdas.
—¿Tiene algo que ver con James? —pregunta Masen, interrumpiendo mis pensamientos.
Niego con la cabeza.
Masen me besa.
—Dímelo cuando estés lista. Estoy seguro que no es algo tan grande como lo estás haciendo en tu cabeza.
Por alguna razón, creo que se equivoca.
…
Estoy saliendo del consultorio de Irina después de una sesión en la tarde, la lluvia cae de forma estruendosa en la banqueta, el agua salpica mis pies, mis delgadas ballerinas ofrecen poca protección. Desearía haberme puesto mejor las botas, pero están en casa de María y se supone que es verano. Otro aspecto positivo de mudarme con Masen; al menos todas mis cosas estarán en un solo lugar.
El trabajo me llama, está a solo veinte minutos caminando de aquí, así que saco mi paraguas, contenta de tener el tiempo para relajarme. Siempre siento la necesidad de hacerlo; las sesiones de Irina me drenan; ella me hace pensar de forma diferente a como estoy acostumbrada y es cansador mentalmente.
Las calles siguen llenas de gente, pero es la persistencia de movimiento justo detrás de mí en lo que se enfocan mis oídos. Las pisadas están casi al ritmo de las mías, deteniéndose y acelerando cuando yo lo hago.
Se me erizan los vellos del cuello, tengo la sensación de alguien justo detrás de mí cuando presiono el botón para cruzar, agarro mi bolso y mi paraguas con más fuerza.
Nerviosa, me desvío hacia una cafetería abierta y me pido un café negro para llevar, deteniéndome en una mesa junto a la ventana y tomándome mi tiempo para meter mi cartera de nuevo en mi bolsa para poder ver hacia la calle.
La gente pasa por ahí, acurrucados debajo de abrigos y paraguas, pero hay una persona, un hombre, vestido con una chaqueta oscura que está parado junto a una cabina telefónica al otro lado de la calle. Lo veo antes de sacar mi celular, preguntándome si debería molestar a Masen. Quiero decir, ¿tal vez solo estoy siendo paranoica después de nuestra conversación de la otra semana?
Cuando alzo la vista el hombre ya no está ahí y me relajo, regañándome por preocuparme por nada.
No puedo detenerme por mucho tiempo, así que salgo, sumamente consciente de que tendré a Paul quejándose si llego tarde. Ya está enojado porque pedí días libres para el juicio de James y no quiero agitar más ese bote.
Pasan otros cinco minutos antes de darme cuenta que no lo estaba imaginando. Giro la cabeza y el hombre está detrás de mí con las manos metidas en los bolsillos. La calle sigue ocupada, así que estúpidamente, o no tan estúpidamente, me giro impulsivamente.
—¿Me estás siguiendo?
—¿Eres Bella? —replica, manteniendo las manos en sus bolsillos. Creo que tiene un acento, pero no puedo estar segura.
—¿Qué demonios te importa?
Puedo ver su rostro más claro ahora. Es mayor, tiene canas en las sienes que apenas son visibles bajo su capucha negra. Su cara está picada con cicatrices de acné, su labio ligeramente desalineado, como si lo hubieran cortado y cocido todo mal.
Me está mirando y luego su retorcido rostro rompe en una sonrisa.
—Te ves igual a tu mamá. Esto es de parte de tu papá. —Me ofrece un pequeño pedazo de papel doblado entre su pulgar y un dedo.
Miro el papel y luego a él, moviendo los ojos a su alrededor. Lentamente mi mano suelta la correa de mi bolso y se extiende para tomarlo.
Me mira atentamente.
—Estás a salvo ahora. Llámame si ya no lo estás.
Para cuando mi cerebro ha entendido lo que dijo, él ya no está.
Y creo…
Creo que acabo de conocer a Demetri.
Leo la nota antes de entrar a trabajar. Es corta y directa.
Parla con me, Principessa, per favore.
Habla conmigo, princesa, por favor.
Los recuerdos se agitan, leves fragmentos de conversaciones al teléfono donde él siempre me decía así: Princesa.
Hay un número en la parte inferior y también las mismas palabras que antes, las mismas que en la otra tarjeta.
En caso de peligro, llamar a Demetri.
En este punto, estoy más tentada a llamarle de nuevo a Demetri que a papà.
¿Cómo puedo hablar con él sabiendo que mató a mi mamma? ¿Cómo puede pensar que cambiaría de parecer? La última vez que hablamos le dije que lo odiaba y que nunca lo perdonaría.
En lo que a mí respecta, nada ha cambiado, pero eso no me detiene de doblar la nota y guardarla cuidadosamente en el bolsillo interno de mi bolso.
…
Una semana después estoy desayunando cuando aparece en las noticias. Al principio no estoy prestando atención, pero cuando dicen el nombre de la prisión mi cabeza se alza de golpe hacia la pantalla.
El reportero está parado afuera de la fachada de la prisión en donde yo estuve parada no hace mucho tiempo.
Un recluso muerto, confirma, gesticulando hacia la prisión, asintiendo seriamente hacia la cámara mientras que los conductores en el estudio le piden más información.
La cara de James aparece en la pantalla.
El tazón de cereal se resbala de mis dedos, estrellándose en el piso de madera, la leche y las hojuelas azucaradas que están remojadas se derraman por todas partes.
—… a ser sentenciado después de ser condenado por un gran número de delitos, incluyendo tráfico de drogas y cargos por violencia doméstica.
Masen aparece en la puerta de su habitación, el cabello mojado le cae sobre los ojos, y se está pasando una camiseta por la cabeza. Mira la cerámica destrozada, mis piernas y pies salpicados de leche.
—¿Qué pasa? —dice, acercándose con cuidado—. ¿Estás bien? Te ves pálida.
Mi boca se mueve, pero no salen palabras.
—¿Qué sucede?
La televisión ha cambiado a un segmento diferente, pero agarro el control y cambio el canal hasta que lo encuentro. Hasta que vuelvo a encontrar su cara.
—¿Tú hiciste esto?
Masen la mira y permanece en silencio por casi demasiado tiempo mientras ve el reporte.
—No —dice cortante. Me hundo débilmente en el sofá.
James está muerto.
James está muerto.
James está muerto.
¿James está muerto?
Carajo.
—No me mientas. Te escuché.
No puedo evitarlo. Se sale antes de poder pensarlo. No estaba segura de sobre quién estaba hablando él esa noche, aunque parecía probable; me dije a mí misma, ingenuamente, que pudo haber sido cualquiera. Y no era como si pudiera confrontarlo porque entonces habría tenido que tener la conversación que he estado evitando. ¿Creí que con que él estuviera en prisión sería suficiente? Obviamente no.
Masen sigue negándolo, sin darse cuenta. Alzo las manos sintiéndome enferma y temblorosa e insegura.
Sé que necesito decirle.
Todo, todo.
Justo ahora.
Solo que no sé si estoy lista.
Aunque esto me está obligando a hacerlo. Lo discutí con Irina apenas el otro día. Sobre la confianza, sobre contar tus más oscuros secretos. Confío en él más que en nadie más, pero sé que esto podría separarnos de nuevo si se lo toma a mal.
—Esto no tiene nada que ver conmigo. Mierdas como estas pasan. Haces enojar a la persona equivocada y ya prácticamente estás muerto. —Masen se encoge de hombros—. Solo espero que fuera lento y dulce, el cabrón no se merecía nada menos.
Sin embargo, no tengo la oportunidad de explicarme más a detalle porque la atención de Masen ha sido captada por la televisión. Me giro de nuevo hacia esta y si antes me sentía en shock, ahora estoy estupefacta. La cara de papà, su nombre apareciendo en las noticias. Están pasando la reputación de la prisión, enlistando a los reclusos infames.
—Hace tres meses Calagero Falcone fue transferido a las instalaciones. Falcone, un ex jefe de la mafia, tuvo en un momento un imperio criminal que se extendía sobre aguas internacionales. Todo eso cambió después de los asesinatos de su esposa e hija en 1989. Renata Falcone recibió varios disparos dentro de su enorme hogar en Queens, New York. Su hija, Isabella, tenía apenas cuatro años en ese tiempo… nunca se encontró su cuerpo, pero la evidencia de ADN en la escena del crimen fue suficiente para condenarlo por ambos asesinatos. Falcone siempre ha negado su responsabilidad por las muertes…
Muestran una foto de mi mamma.
Y luego muestran una foto mía.
De cuatro años, pero soy yo.
Sin embargo, es a mi mamma a quien me parezco. Demasiado parecidas para ser un posible error. Masen lo dijo cuando vio la foto de mis padres.
Estoy congelada, boquiabierta.
Mierda.
Masen está uniendo los puntos. Me mira a mí y después a la televisión y luego otra vez. Me mira hasta que aparto la vista. No sé qué hacer. El miedo se arrastra sobre mi piel, me cierra la garganta.
No es estúpido, lo ha descubierto.
El pánico se alza, luchar o huir. Me quedo parada, su camiseta cuelga flojamente alrededor de mis muslos. Necesito… necesito limpiar. Me acerco a la alacena en la cocina para sacar el recogedor y la escoba, pero Masen avanza a zancadas hacia mí y me los quita de las manos.
—Siéntate con un carajo.
*MILF: Mother I'd Like to Fuck, literalmente Madre a la que me gustaría follar. Hace referencia a las mujeres que por edad podrían ser la madre de quien usa el término y que son sexualmente deseables y atractivas.
