Bueno, como les dije, me apliqué y voy a dejar otro capítulo hoy, que lo disfruten.

Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece al poema Estoy Perdido de Manuel Altolaguirre. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.


PENUMBRA

por

Adrel Black


6. LA LLEGADA

Un tacto oscuro entre mi ser y el mundo,

entre las dos tinieblas, definía

una ignorada juventud ardiente.

Encuéntrame en la noche. Estoy perdido.

(Estoy Perdido, Manuel Altolaguirre)


1996

Poco a poco aun en la oscuridad su conciencia va despertando, sabe que está en un lugar duro, probablemente el suelo de... solo Merlín sabe dónde. El olor del polvo y el encierro le invade la nariz, es ese aroma que tienen algunas buhardillas, ese aroma que mezcla el encierro, la humedad, la suciedad y el abandono.

Siente astillas clavándose en sus mejillas, piensa que debe mover un poco el cuerpo, solo para ver si aún puede hacerlo, pero aún antes sabe que le dolerá, de modo que sigue recostado con los ojos aún cerrados y la mente divagando en el borde entre la conciencia y la inconsciencia.

El dolor de todo el cuerpo es latente, como si alguien, no sabe quién, se hubiera dedicado a golpear cada centímetro de su cuerpo.

Las imágenes de la huida del Ministerio bordean los linderos de su mente, la confusión mezcla imágenes anteriores a la incursió, reuniones con el Lord, reuniones con los mortífagos, incluso imágenes de su estadía en Hogwarts, imágenes de Lily Evans, imágenes de su niñez, de su madre, de su padre, tal vez está muerto, aquel lugar en el que se encuentra quizás sea el infierno. Aunque esperaba que el infierno fuera diferente, siempre pensó que habría llamas y mucho dolor, una imagen demasiado cristiana del averno para tratarse de un mago, pero al final de cuentas Tobías había sido cristiano y había compartido a su hijo muchos de sus miedos, era lo único que habían compartido, los miedos y el vicio por los cigarrillos, bien, quizás no sea el infierno.

—Y si no estoy muerto, —no se entera que habla en voz alta —entonces ¿dónde estoy?

—En el Ministerio de Magia —le responde una voz.

Abre los ojos con rapidez, quiere ponerse de pie con sus reflejos habituales pero sus extremidades no responden, sus huesos crujen quejándose con el movimiento brusco, pierde el equilibrio a mitad del intento por levantarse.

Desde el suelo mira a su alrededor. Se encuentra sin duda en el mismo salón en el que sostuvo la pelea con los aurores.

El piso está cubierto por una capa tan gruesa de suciedad que ya no parece aquel piso de madera que fue antaño.

Recargado en una de las paredes de ese gran salón se encuentra Dumbledore, más encanecido y viejo de lo que Severus lo recuerda, pero sin ninguna duda es él. Snape se levanta, con cuidado luego de la anterior caída, sacando la varita, ¿de dónde demonios había salido Dumbledore?

—¿Dumbledore? —le dice, solo para confirmar lo evidente.

—Severus —le responde éste, sonriendo.

Qué demonios le pasó al viejo, ¿Por qué se ve tan… anciano?

— ¿Dónde estamos, Dumbledore? —Severus apunta con su varita al Director.

—Ya te lo dije, Severus, estamos en el Ministerio de Magia —Snape lo mira confundido, sin bajar la varita ni un centímetro. —Creo, —le dice el Director, antes de que Snape le interrumpa —que la pregunta correcta no es dónde, sino cuándo.

— ¿Qué hace usted aquí?

—Tú me pediste que viniera por ti. —Snape le mira aún más confundido. —Hoy es 19 de diciembre de 1996. Estás en el futuro Severus.

.o.O.o.

Cuando se escabulló a hurtadillas en el Ministerio, había esperado salir herido, tal vez haber sido apresado por los aurores y convertirse en huésped permanente de Azkaban, incluso se planteó, en algún momento, no salir de ahí, ciertamente, lo que jamás esperó fue terminar perdido en el tiempo.

El sol del amanecer inunda el despacho del Director Dumbledore, se cuela por las ventanas bañando los extraños instrumentos de plata, por lo que parecen, algunos, encontrarse al rojo vivo.

El silencio reina desde hace mucho rato entre ellos, aunque no es un silencio incómodo, es solo silencio. El silencio que reina entre dos personas que están perdidas en sus propios pensamientos.

Albus, sentado en su silla de director con los brazos sobre el escritorio y las yemas de sus dedos tocándose, sus ojos fijos en el joven Severus Snape que mira hacia los terrenos desde la ventana. Snape saca uno de sus cigarrillos muggles y lo enciende, con los ojos aún fijos en los terrenos. Da una profunda calada.

Han pasado muchas horas desde que Dumbledore lo recogió en el Ministerio, el campo de quidditch es perfectamente visible desde aquella ventana, los postes de gol también reflejan el sol de la mañana, Snape siempre ha odiado el quidditch, le parece una estupidez el celebrar a catorce zopencos montados en escobas, vestidos ridículamente, volando como dragones en celo; nada parece haber cambiado allá afuera, los terrenos son idénticos a como los recuerda de niño, si no fuera por el aspecto de Dumbledore, Severus pensaría que se trata de una broma.

— ¿Me está diciendo que yo estoy aquí?, —luego Snape sacude la cabeza como para acomodar sus ideas y corrige: —¿mi yo futuro está aquí?

—Como verás, al final aceptaste mi oferta de ser profesor —Severus gruñe.

—No puedo creerlo, —murmura Snape, más para sí mismo que para el director.

—Así es, —confirma Dumbledore, —el profesor Snape ocupa la mazmorra que fue el despacho del profesor Slughorn.

Snape continúa con la mirada perdida mientras piensa, qué es lo que pudo pasar para que él terminara enclaustrado en aquel colegio. Siempre ha amado Hogwarts, eso es cierto, es lo más parecido a un hogar que ha conocido, pero el pensar en el encierro, todo el año tolerando a un montón de críos, con Albus metiendo su torcida nariz en todo y él intentando hacer que en el duro cráneo de los mocosos entre el perfecto arte de las pociones. ¡No puede ser!

Albus continúa con su escrutinio, para alguien que no sabe de quien se trata sería difícil creer que es Snape, los años no han pasado en vano, por supuesto que es reconocible su malhumorado profesor de pociones en este joven, los mismos cabellos negros y finos, la misma nariz prominente, la misma complexión delgada, misma estatura, misma voz ronca, mismos ojos negros.

Sus ojos, son sus ojos lo que a Albus más ha impresionado, esos ojos son iguales a los de Snape, pero, a su vez, son completamente diferentes, aun hay viveza en su interior y en ese momento el sol de la mañana les da un brillo rojizo, como de carbones ardiendo.

Dumbledore conjetura qué les pasó a los ojos de Severus, aunque cree saberlo, la muerte de Lily, sin duda. Cuando Snape aceptó la oferta de Albus de ingresar a Hogwarts como maestro Dumbledore creyó que el tiempo, y la ocupación, harían que Severus superara la muerte de la mujer, pero aquello nunca pasó, Severus nunca lo superó, su mirada se quedó vacía. Se internó en Hogwarts como si se tratara de un monasterio. Albus nunca lo vio sonreír de nuevo, pasaba el año al completo encerrado en el castillo, en la penumbra de sus mazmorras, y las vacaciones encerrado en su casa del Callejón de la Hilandera.

Muchas veces consideró insano aquel comportamiento e intentó persuadirlo de salir, de conocer más mujeres, de conocer otros lugares, de superarlo, pero en el mejor de los casos recibió un portazo en la cara, en el peor, una mirada atormentada.

— ¿Qué pasó, Albus? —Dumbledore parpadea volviendo a la realidad — ¿Qué pasó con Voldemort?

—Siéntate…

.o.O.o.

—… yo personalmente me ofrecí a ser su guardián secreto, pero me rechazaron, James me dijo que Sirius daría la vida antes que traicionarlos —continúa contando Albus.

—Puedo odiar a Black pero estoy seguro Albus que jamás traicionaría a Potter, no tiene sentido.

—No, tienes razón, después de que tú me dijiste que tenía entre mis filas a un espía la desconfianza cundió dentro de la Orden del Fénix. Sirius, creyendo que Voldemort iría tras él recomendó a James convertir en guardián a Petter Pettigrew.

Severus se tensa al escuchar aquel nombre y cierra los ojos.

—Ahora sabemos que él era el espía del que me hablaste.

—Así que a pesar de todo ella murió, —Severus tiene de nuevo la mirada perdida y un pequeño cenicero que Albus apareció en su escritorio rebosa de colillas.

—Lily y James confiaron en la persona equivocada.

—Juraste que la protegerías —recrimina Snape.

—No pude hacer nada, no estaba enterado quién era el guardián secreto hasta que fue demasiado tarde. Pero su hijo sobrevivió…

Severus bufa con sarcasmo, como si le interesara que el crío haya sobrevivido.

—Tiene sus ojos —continúa Dumbledore —y tú has dedicado tu vida a protegerlo.

— ¿Es por eso que estoy aquí, Dumbledore?, ¿me dedico a ser la niñera del hijo de Potter?

Está molesto, pero más que nada siente hastío, uno muy profundo, ha perdido tantas veces a Lily, que el hecho de enterarse de su muerte le supone solo otro dolor, ya no parece que se desangra de dolor, solo es un dolor sordo. Aquel dolor con el que estás tan acostumbrado a vivir que terminas por amoldarte a él. Y es que, aquello parece el argumento de un escritor sin demasiada imaginación, solo haciéndolo vivir lo mismo una y otra vez, la perdió cuando ella se convirtió en una Gryffindor mientras él iba a la casa de Slytherin, la perdió una vez más cuando la había llamado Sangre Sucia, otra vez cuando quiso disculparse y ella no lo perdonó, cuando se unió a los mortífagos y ella a la orden del fénix, cuando se casó con Potter, de nuevo y ahora ella había muerto y simplemente la había perdido otra vez.

—Supongo que sí, —le responde Dumbledore.

—Pero si Voldemort cayó, ¿de qué debo protegerlo?

—Voldemort regresó, —Snape palidece, las sorpresas nunca terminan, piensa, mientras enciende otro cigarrillo

— ¿Volvió? —susurra exhalando el humo. —Debo volver a mi tiempo, —Dumbledore asiente.

—Lo harás.

— ¿Cómo?

—No lo sé.

— ¿No te lo he dicho? —Snape entorna los ojos, Dumbledore niega con la cabeza — ¿Y qué es lo que voy a hacer? —Dumbledore vuelve a negar con la cabeza — ¿Y por qué no me lo preguntas? —Se siente realmente molesto, al final de cuentas Dumbledore está en el futuro, él debe de saber qué hacer.

—Tú eres, o más bien, el Profesor Snape es algo reacio a contarme detalles respecto al futuro.

— ¿Tiene algún plan, al menos?

—De momento te resguardaremos en el cuartel de la Orden del Fénix, el Profesor Snape está aquí, lo que prueba que encontraremos la forma de que regreses.

La penumbra en los ojos de Snape chispea, no responde, solo enciende otro cigarrillo.


Amo esta historia, en serio, pero ya quiero terminar con ella, se que hay algunas personas leyéndola, me aparecen en las gráficas de mi perfil, pero no sé, creí que me sentiría más feliz de estarla retomando.

Tal vez es solo que hoy me levanté de un humor raro, no sé.

Espero que tengan un gran día.

Adrel Black