Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.


Capítulo 23

Con el corazón en la boca, mi cuerpo se estremece internamente al sentarme en el sofá, hundiendo los dedos de los pies en la alfombra de pelo largo.

Masen se recarga en el mueble de la televisión frente a mí.

Todo lo que hace se ve amplificado; mete su mano en los bolsillos de la pantalonera negra, el sonido del envoltorio de plástico del paquete nuevo de Marlboro siendo abierto, el clic de su encendedor, el rozar de piel contra metal, el sonido del aire siendo aspirado a través de la orilla encendida de su cigarrillo.

No me atrevo a decir nada.

Se talla la cara con una mano, la sacude con incredulidad al exhalar. Ya no puedo seguir viéndolo, jalo su camiseta sobre mis piernas.

Así no es cómo quería que se enterara.

En absoluto.

Debí hacerlo antes.

Miro hacia el balcón, afuera al cielo gris, el suave parloteo de la televisión suena de fondo. Cuando volteo de nuevo hacia Masen, está atentamente concentrado en mí.

—Me has estado mintiendo todo este tiempo.

No es una pregunta, es más una declaración.

Trago pesadamente y antes de poder decir algo, él ya está hablando.

—Necesito que seas completamente honesta conmigo justo ahora, porque estoy… me siento como un jodido idiota aquí.

Su voz suena tensa, como si estuviera haciendo su mejor esfuerzo por controlar su temperamento.

—Nunca quise mentirte —digo, mi voz es apenas poco más que un susurro.

Una carcajada mordaz se escapa de él.

—¿Pero aun así lo has estado haciendo?

—Eso no… eso es-nada de esto fue mi elección. ¡Nada! Era solo una niña. No podía contarte toda la verdad. Te dije lo que pude. Más de lo que debí decirte. Se supone que no debo decirle a nadie. Se supone que estoy muerta.

No puedo sacar la amargura de mi voz. Mis puños se cierran a mis costados. Suena ridículo, estas cosas de películas de mierda. Risible.

Los ojos de Masen se ven duros, su mandíbula se mueve, su rodilla rebota.

—¿Alguna vez me lo ibas a contar? ¿O solo ibas a seguir fingiendo que eres alguien que no eres?

—¡No estoy fingiendo nada! —espeto con frustración—. Soy quien soy. Es solo un nombre diferente. Así de simple.

—¡No es así de simple! —dice bruscamente—. Estás jodidamente loca si piensas que lo es. ¿Alguna vez me lo ibas a contar? ¿Eh?

Me echo el cabello hacia atrás, atándolo en un chongo sobre mi cabeza, estoy sonrojada con calor, con el enojo vibrando en mis venas.

Esto era lo que quería contarte. Cuando dije que no estaba lista. Hablé de esto con Irina ayer; no sobre los detalles, pero… tú no… —suspiro, molesta conmigo misma por tropezarme con mis palabras.

Necesito que lo entienda justo ahora, pero no estoy haciendo un buen trabajo para explicarme.

—Eres la única persona a la que he considerado contarle. —Mi voz se tambalea—. ¿Tienes alguna idea de cómo se siente esto? ¿Lo mucho que me carcome? ¿El que toda mi vida está construida sobre esta enorme maldita mentira? Te lo dije; no es como que hubiera querido algo de esto, no es como si hubiera tenido opción al respecto.

Ahora está caminando de un lado a otro frente a la televisión, la frustración es evidente en cada paso. Se vuelve a hacer una larga pausa, lo veo con recelo.

—Pero ¿sabes quién es tu papá? ¿Cierto? Sabes que esto te convierte en… —maldice, el estrés estalla en su rostro—. Carajo.

—Por supuesto que sé quién es. ¡Por qué crees que no tengo nada que ver con él! Te lo dije, esa noche junto al motel. ¡No nos hablamos! No tengo relación con él, para nada. Esto no me convierte en nada.

—Te equivocas con eso, sí te convierte en algo. Quiero con todo mi ser creer que me estás jodiendo con esto, Bella —dice con una nota de desesperación en su voz—. Pero todo tiene sentido. Todo lo que me has dicho encaja. Tu viejo en la cárcel, tu mamá, que vivías en Queens, que te dispararon…

Inhala profundamente otra vez, su voz suena baja.

—¿Quién más sabe?

Bajo la vista a mis manos, retorciéndolas en mi regazo.

—Mi papà y un tipo llamado Demetri. Mi nonna lo sabía, pero ella ya no está aquí… y ahora tú.

Papà —repite Masen por lo bajo, sin humor. Permanece callado—. ¿Nadie más?

Niego con la cabeza.

—No que yo sepa —susurro. Luego—: No le puedes decir a nadie. Nadie puede saberlo. Se suponía que yo no debía saber. Me dejaron eso muy en claro cuando descubrí lo que él había hecho, quién era yo, quién soy, como sea, que hay gente allá afuera que me quiere muerta.

Cuando alza la vista hacia mí, su expresión es de dolor. Se pasa una mano por el cabello.

—¿Quién es Demetri? —pregunta.

—No sé.

—¿No sabes?

—No, y-yo tengo algunas cosas. Como mi acta de nacimiento real y esas cosas. Hay una tarjeta que dice que necesito llamar a Demetri si estoy… si tengo problemas. Creo… el otro día…

Le cuento sobre el tipo que me siguió, sobre la nota de papà.

—¿Lo enfrentaste? —dice Masen, horrorizado—. ¿Por qué carajos no me llamaste? ¿Y si hubiera sido un psicópata? Dios, Bella, ¡es como si estuvieras buscando los jodidos problemas haciendo mierdas como esa! —Se inclina hacia enfrente para apagar su cigarrillo en el cenicero que está sobre la mesita de café entre nosotros.

—No estaba segura y para cuando lo estuve, ¡ya era demasiado tarde! De todas formas, ¡tú pudiste haber estado a horas de distancia! —digo defensivamente, alzando las manos—. No puedes estar aquí todo el tiempo.

—Muéstramela —exige, cruzando los brazos—. Muéstrame la nota.

Saco el papel doblado de mi bolso, entregándoselo con aprensión. Lo estudia y luego alza la vista hacia mí por debajo de su cabello.

—Puedes leer esto.

—Sí —admito con reticencia.

¿Todo este tiempo has entendido todo? —pregunta en voz baja, su rostro se ve furioso.

Solo asiento, ya no tiene caso seguir negándolo más incluso si eso lo hace enojar. Exhala un largo aliento, maldice y deja caer la cabeza sobre sus manos, antes de hundir las palmas de sus manos en los ojos.

Lo siento —le digo. El italiano se siente torpe en mi lengua por años de desuso—. En serio, de verdad lo siento. Quería contártelo con todo mi ser.

Finalmente alza la vista y no puedo leerlo. No hace comentarios sobre mi disculpa.

—¿Te mantiene vigilada? ¿Tu papá?

No desde que mi nonna murió. La mierda que hice después de descubrir todo, él habría intervenido si le importara. Este es el primer contacto que he tenido desde que tenía como trece años. Nonna hablaba con él, una o dos veces al mes, pero yo nunca. Creí haberlo visto ese día que visité a James; si era él, lo vio todo.

Masen empieza a caminar de nuevo y solo puedo mirarlo mientras el silencio se profundiza.

—No debió tardar mucho en descubrir qué sucedía entre James y tú si sigue teniendo contactos. Si pudo conseguir tu declaración… de ninguna forma dejaría pasar esa mierda.

La cara de James vuelve a aparecer en la televisión detrás de él e inhalo bruscamente. Está muerto. Está muerto y… y…

Tú le pusiste precio a su cabeza… por favor, no me mientas, te escuché.

Masen mira detrás de sí, enderezándose.

Bien. Sí —admite—. Se lo merecía. Cualquiera que fuera la sentencia que recibiera nunca sería lo suficiente. Lo que hizo… sin embargo, no se llevó a cabo, otro cabrón llegó primero a él.

—Entonces, ¿no fuiste tú?

Su celular suena y se lo saca del bolsillo antes de ignorarlo.

—No. Aunque apostaría mi vida a que fue tu viejo.

—¡A él no le importa! Te lo acabo de decir. Él mató a mi mamma y fingió mi muerte. ¡Le mintió a mi nonna sobre lo que hizo hasta el día en que ella murió! ¡Durante años ella me obligó a hablar con él por teléfono sabiendo lo que había hecho!

Masen sacude la cabeza.

—Eso no tiene sentido. Por qué se esforzaría tanto en… —gime—. No tienes idea de lo mucho que esto complica todo.

—No tiene que ser así.

—No es tan simple. Te lo dije —dice, exasperado—. Yo estoy metido en círculos similares. Tienes que saberlo. Sé que no eres estúpida. Hay una razón por la que tu papà es conocido, él hizo enojar a mucha gente en su época, antes de que yo entrara.

Su celular suena de nuevo.

—Tengo que responder esto —dice cansadamente—. Quédate aquí. Todavía no terminamos.

Respondiéndolo de forma brusca, se aleja para salir del apartamento, probablemente para que ya no pueda escucharlo, la puerta se azota a sus espaldas.

Apago las noticias, incapaz de seguir mirando la cara de James, una mezcla de sentimientos se hincha cada vez que pasan el reportaje. Culpa, alivio, más culpa, tristeza. Obligándome a moverme, me ocupo limpiando el tazón roto y el cereal, intentando distraerme.

Cuando Masen sigue sin regresar después de media hora, me arrastro hacia la ducha, mi mente huye bajo el torrente constante de agua caliente. No sé cuánto tiempo me quedo ahí parada, mirando a la nada, repasando una y otra y otra vez las mismas cosas en mi cabeza hasta que tengo que apoyarme contra los azulejos fríos para darme soporte.

James. Masen. James. Papà. Masen. Masen. James. Masen. Papà. Nonna. James. Masen.

Carajo. Me siento enferma, el tipo de enferma que me retuerce el estómago y sube arrastrándose por mi garganta hasta que estoy doblada sobre la porcelana, vomitando todo el contenido de mi estómago.

Al lavarme los dientes, limpio la condensación del espejo, mirándome a mí misma; estoy más pálida de lo usual, hay una capa de sudor en mi piel por vomitar, una sensación pegajosa y sudorosa sobre mi piel.

James está muerto y Masen lo sabe y todo es un jodido desastre.

No tardo mucho en volver a vomitar.

Se escucha un suave golpe en la puerta y cierro los ojos, mis manos se aferran al mostrador antes de enjuagarme la boca. Masen dice mi nombre a través de la puerta, preguntándome si estoy bien.

La hora en mi celular me indica que él ha estado ausente por al menos un par de horas y me pregunto qué demonios ha estado haciendo.

Le quito el seguro a la puerta y la abro, una toalla cuelga de mi piel mojada mientras que él se recarga en el marco de la puerta, sus ojos buscan los míos, tiene el ceño fruncido en la cara.

—¿Estabas vomitando?

Bajo la vista al piso.

—Um, sí. Es que es… todo… yo… te fuiste por un largo rato —murmuro al pasar junto a él, mis preocupaciones de la última hora se derraman en forma de palabras.

Siento que todo se ha hecho pedazos y solo estoy navegando a través del aire justo ahora sin tener idea de dónde voy a aterrizar.

Todo depende de él.

Y él no ha hecho indicaciones de cómo esto cambia las cosas; si es que cambia las cosas.

Quiero con desesperación que esto no cambie nada.

—Necesitaba despejarme la mente.

Lo comprendo. Puedo entenderlo. Si fuera yo, estaría muchísimo más enojada de lo que él está justo ahora.

Puedo sentirlo mirándome mientras me pongo unas bragas de encaje y un sostén a juego, y por primera vez en mucho tiempo me siento insegura. Él se sienta en la orilla de la cama mientras yo me cepillo el cabello mojado frente al espejo.

—¿Estás enojado? —le pregunto a su reflejo, mis ojos se llenan de lágrimas—. No quiero que estés enojado. Lo entiendo si lo estás. Debí habértelo dicho yo. No debiste haberte enterado de esta forma. Perdón. Pero yo-yo en serio no quiero que esto nos cambie. Sigo siendo yo. Y tú me conoces mejor que-mejor que nadie.

Me giro hacia él y me recargo en el peinador, esperando, ansiosa.

Se pasa una mano por la barba.

—¿Estoy enojado? No voy a mentir; lo estaba, sí. Esta es una mierda jodidamente loca. Todo este tiempo pensé que eras… pero yo… tienes razón. Lo he estado pensando y esto no es tu culpa. Y lo entiendo. Solo estás haciendo lo que siempre te han dicho. Y dudo que lo que te dijeran estuviera mal. Tu viejo no se convirtió en quién era sin tener un poco de jodido sentido común.

Se hace hacia atrás y mueve la cabeza.

—Ven aquí.

Me muerdo el labio, camino hacia él y muevo las manos sobre sus hombros, las suyas se posan en la parte trasera de mis muslos.

—Podrías estar con alguien que tuviera menos problemas. Soy todo un desastre, tanto que ni siquiera es gracioso —le digo, las puntas de mis dedos danzan y frotan sobre la costura de su camiseta.

—¿Eso quieres?

Muevo mis ojos a los suyos.

—¡No! Por supuesto que no. Solo estoy… solo digo. Yo-yo quiero estar contigo, lo sabes. Solo que no quiero perderte por esto —digo, incapaz de evitar que se derrame el estrés que me está retorciendo por dentro.

—Dios. Esto no me hará dejarte, Bella, necesito un poco de tiempo para digerirlo, carajo, pero estoy-estoy en esto contigo, ¿de acuerdo?

Se estira para dejar un beso tierno en mis labios, la tensión se diluye cuando me derrito contra él.

—¿Vas a hablar con él, con tu papá? —me pregunta inquisitivamente.

Lo he pensado, pero una y otra vez sigo llegando a la misma conclusión. Así que niego con la cabeza.

—Nada ha cambiado. Leí su caso judicial… era contundente. Sus huellas estaban en la pistola que se usó. Solo terminaría diciéndole lo mismo que le dije la última vez que hablamos, así que no. No tengo nada que decirle.

—Si eso es lo que sientes.

—Sí. —Sigue frunciendo el ceño—. ¿Qué? ¿Por qué te ves así?

—No sé, hay algo ahí que no tiene sentido para mí. A menos de que no fuera él. Aunque la evidencia es difícil de falsificar. —Se encoge de hombros—. Mira, tengo unas cosas que necesito hacer ahora, pero quería-solo… quédate aquí. ¿De acuerdo?

—Tengo que ir a trabajar más tarde. —Me muerdo el labio.

—Diles que estás enferma o algo. Deberíamos hablar más de esto.

—Pero…

—Nada de peros.

—No puedes decirle a nadie —imploro—. A nadie. Prométeme que no lo harás. Prométeme que puedo confiar en ti con esto. Nadie lo sabe, nadie puede saberlo; si alguien más se enterara…

Creo que me besa de nuevo solo para callarme.

—No le diré a nadie, Bella. Puedes confiar en mí.

—¿De verdad no estás enojado conmigo? —Mis ojos se llenan de lágrimas porque en serio no quiero que esté enojado conmigo.

Suspira.

—No.

Lo beso con fuerza; en todas partes, meto las manos en su cabello, me presiono tan cerca de él como puedo, es un gracias silencioso. Gime cuando le muerdo el labio inferior, sus dedos se aprietan en mis caderas.

—Me estás haciendo muy difícil el poder irme —murmura.

—Entonces no te vayas —le ruego, besándolo de nuevo, sentándome a horcajadas en él entre la neblina de desesperación; no quiero estar sola ahora, no con los pensamientos infinitos volando dentro de mi cabeza.

—Tengo que irme —dice con reticencia—. Sabes que nada me encantaría más que pasar el resto del día contigo.

Se viste apropiadamente y cuando finalmente se va, me mira con una mirada que no puedo identificar.

—Te veré más tarde, ¿de acuerdo?

Asiento.

—De acuerdo. —Mi voz suena pequeña.

—Quédate aquí —repite antes de que se cierre la puerta principal de su apartamento.

Paso el resto del día vagando miserablemente por ahí, encerrada e inquieta, mi mente se desliza a lugares donde no debería estar.

Cómo murió James.

¿Quién lo hizo?

Puede que lo odie, pero una vez lo amé. Puede que él mereciera pudrirse, pero no sé si merecía morir.

Y ahora Masen lo sabe todo.

Todo, todo.

Me pregunto si estaba mintiendo al decir que no está enojado. Creo que yo sí lo estaría si nuestras posiciones fueran al revés.

Le llamo a Paul cuando ya está entrada la tarde, pero él me grita sin sentir compasión.

—Si no te veo aquí a las nueve de la noche en punto, tendrás que buscar otro lugar donde trabajar —ladra y hago una mueca—. No me importa si estás muriendo. Necesito el personal esta noche, es una gran noche.

Con los ojos rojos y sintiéndome mareada debido a que no comí, me arrastro hacia allá. La gran noche de Paul es en realidad la gran noche de Alec; una fiesta exagerada para celebrar que Bliss oficialmente cambia de dueño. Lo había olvidado hasta que él lo dijo por todo lo demás que había estado sucediendo.

María me arrincona junto a mi casillero, está recargada en él usando una diminuta tanga brillante con sostén a juego, lleva una cadena para cuerpo de varias capas sobre la parte superior. Guardo mi bolso, saco los tacones y los dejo caer al piso de golpe.

—¿Estás bien, bebé? No creí que vendrías hoy después de todo… —Su mano encuentra mi brazo y lo frota de forma reconfortante. Sé que se refiere a James, pero mis entrañas se retuercen por su elección de palabras, como si ahora mi secreto fuera público para que todos lo sepan.

Me encojo de hombros y le ofrezco una sonrisa llorosa, ajustándome las tetas en el escotado vestido rojo que llevo puesto.

—Sí, bueno, Paul no quiso ni escucharme y siendo honesta, necesito una distracción —admito—. No puedo dejar de pensar en eso. —Eso y todo lo demás. María sonríe con simpatía, sus brazos me rodean en un abrazo.

—Oh, bebé. Avísame si necesitas algo, estoy segura de que a Alec no le importará si acompañas a Masen más al rato.

—Creo que Paul tendría algo que decir si lo hiciera.

—¡Qué se joda Paul! —me dice María—. Difícilmente se pelearía con Masen, ¿cierto?

Sonrío, pero se siente dolorosamente falsa en mi rostro. Le envié un mensaje a Masen de camino aquí, diciéndole que iba a ir a trabajar, pero no ha respondido. Ni siquiera sé si va a estar aquí. No lo mencionó hace rato.

Mi estómago se retuerce al pensar en hace rato; en toda la mierda que ha pasado hoy, y me tapo la boca con la mano cuando me dan arcadas, alejando la preocupación de María.

—Estoy bien —le aseguro a pesar de que ambas sabemos que estoy mintiendo. Ella me deja con reticencia y me recargo en el casillero con la cabeza echada hacia atrás, siento el metal frío sobre la piel desnuda de mi espalda.

Necesito controlarme.

Bailando para abrirme camino mientras cargo una bandeja de bebidas a través de las multitudes, llego hasta donde está sentado Alec en el área más grande de asientos en medialuna que hay en este piso. Está rodeado de hombres que nunca antes he visto, tiene a María en su regazo, fuma un cubano; tiene la camisa medio desabrochada, está disfrutando como un rey; tiene todo a sus pies.

Alec apenas me dedica una breve mirada y el único hombre al que reconozco es Ben. Hay cierta tosquedad y disposición en la gente que Alec tiene aquí esta noche. No son nuestra clientela de siempre; nosotros atendemos a apostadores, celebridades menores, hombres de negocios enfocados en sus carreras; hombres que quieren y pueden permitirse una clase diferente de club de estriptis. Estas personas no son ellos, para nada.

Es todo lo que necesito saber para sentirme incómoda. El hecho de que estoy ocupadísima evita que mi mente se desvíe hacia James, pero no hacia Masen, porque él debería estar aquí y no está. Espero que no esté muy molesto conmigo por venir a trabajar, pero todavía necesito este trabajo, tal vez no tanto como antes, pero todavía quiero pagar mi parte.

—Bella —me saluda Ben. Se ha portado ligeramente menos sospechoso desde que le saqué la bala del brazo, pero esta noche eso no detiene su mirada de bajar a mis tetas.

—Hola.

—¿No me vas a presentar, Benny? —dice el tipo que está junto a él, mirándome de arriba abajo con una sonrisita. Debe estar cerca de los cuarenta, con cabello lleno de gel y actitud arrogante, hay cierto temblor en su mano cuando agarra una bebida y se la bebe de golpe sin romper el contacto visual.

—Royce, Bella. Bella, Royce. —Le dedico una sonrisa rápida y agarro la bandeja vacía, lista para regresar a la barra.

—¿Por qué no te quedas un ratito? —dice Royce, palmeando el pequeño espacio junto a él.

—Perdón, estoy trabajando.

—Vamos, seguro que puedes darme unos cuantos minutos, bonita.

Miro a Ben, que se ve un poco divertido.

—Si quieres compañía, hay suficientes chicas aquí; dime qué clase de chica quieres y con gusto te la consigo —le digo de forma empalagosa.

—Me gustan como tú.

—No soy opción, perdón.

Mi paciencia se está acabando justo ahora, su persistencia me está irritando. Normalmente puedo lidiar con esto, pero no hoy. Hoy estoy a cinco segundos de explotar y decirle que se vaya al carajo.

En lugar de eso, me giro hacia Ben.

—¿Sabes si Masen vendrá? —le pregunto.

Ben se encoge de hombros.

—Sí, debería.

Entonces sonrío.

—Genial.

Dejo a Royce con una expresión de molestia en el rostro.

Para cuando veo a Masen meterse en una cabina media hora más tarde, acomodándose entre Alec y Ben, me siento aliviada. Las cosas se están poniendo más bruscas conforme progresa la noche. Sam se está quejando con Paul por la forma en que algunos de los clientes están tratando a las chicas y, en este punto, ya solo quiero irme a la casa.

Creí que esto sería bueno para mí, normalidad en medio del caos, y sí funcionó por un rato, pero ya no.

Cuando alzo la vista los ojos oscuros de Masen están enfocados en mí. Ladeo ligeramente la cabeza, quiero que venga a hablar conmigo o algo, pero menea discretamente la cabeza. No ha hecho el intento de hablar conmigo desde que llegó y eso enraíza mi inquietud un poco más.

Me giro sobre mis talones, confundida; no estoy segura de por qué ni siquiera intenta reconocer mi presencia. Soy su novia. Al menos, así creí que habíamos dejado las cosas.

—¿Qué estás haciendo aquí? —digo sorprendida cuando Masen aparece a mi lado en el vestidor, justo cuando estoy a punto de tomar mi descanso.

—Me aseguro de que estés bien. ¿No te dije que te quedaras en casa?

La culpa me ahoga. Me lo dijo. Y no lo hice.

Saco mis cigarrillos del casillero, cerrándolo después de agarrar uno.

—Intenté decir que estaba enferma, pero Paul estaba siendo un patán al respecto. Además, sentía que me estaba volviendo loca por mi cuenta. Estaba pensando demasiado en todo. Necesitaba alejar mi mente de esas cosas. Aunque había olvidado sobre este evento de Alec.

—Yo también —dice Masen cansadamente—. Son puras mierdas.

—Entonces, um, ¿por qué me estás-por qué me estás ignorando allá afuera? —le pregunto de forma torpe, sintiendo un golpe de inseguridad. Bajo la vista a mis pies, cruzando los brazos—. ¿Te avergüenzo o algo?

Él se ríe y yo entrecierro los ojos.

—No. ¡Carajo, no! No es eso. ¿Recuerdas lo que dije? ¿Hace un par de semanas, sobre no querer que la gente sepa que eres importante para mí? Pues por eso.

Me acerca a él, posa sus manos en la parte baja de mi espalda. Lo entiendo; creo. Me acerco más, jugando con un botón de su camisa.

—Nunca podría sentirme avergonzado de ti —murmura, sus manos acunan mis tetas, sus dedos rozan mis pezones, su boca se siente caliente y pesada sobre la mía. Me permito dejarme llevar, lo beso, dejo que sus manos viajen, un golpe de deseo me inunda—. Te tomaría justo aquí si me dejaras —dice—. Movería estas bragas a un lado. —Sus dedos encuentran la orilla de las bragas, provocándome—. Te haría sentir muy bien.

—Ugh. No digas esas cosas, me meterás en problemas —gimo, limpiando mi labial de sus labios con mi pulgar. Me besa el dedo y después a mí, hasta que otra vez me encuentro levantada contra los casilleros, con él frotándose en mí.

Nos vemos interrumpidos por unas chicas que entran al vestidor, nos ven y se ríen.

Él me baja lentamente.

—Uh. Yo um… —Señalo mi cigarro, bajándome el vestido—. Tengo que ir a fumar esto antes de que se acabe mi descanso. Después de eso, volveré allá.

Lo acompaño a la puerta que lleva hacia la otra sección, sintiéndome más feliz.

—Puede que quieras limpiarte mi labial de la cara otra vez —digo después de otro apasionado beso.

Hace una mueca y se limpia la boca.

—Te veré allá afuera.

—Claro. —Me giro hacia la puerta que lleva hacia el callejón de afuera.

—Bella —me llama Masen, llevándose la mano al cabello—. Te…

Se ve interrumpido por Zafrina, que va cruzando la puerta.

—¡Ahí estás! ¿Me compartes? —dice, asintiendo hacia mi cigarro y enlazando su brazo con el mío.

—Nos vemos luego —le musito a Masen.

Royce intenta platicar conmigo cuando termino mi descanso, me acorrala junto a la barra mientras estoy pidiendo más bebidas. Lo rechazo, esta vez no tan dulcemente.

—Mira, no sé qué te cuesta tanto entender. Estoy trabajando e incluso si no estuviera trabajando, estoy saliendo con alguien. Hay chicas disponibles si quieres pasar un rato a solas.

Señalo a las estríperes trabajando en los tubos sobre el escenario; a las numerosas chicas merodeando por ahí hasta su siguiente baile.

—¿Quién te deja trabajar aquí? —se burla Royce, siguiéndome mientras me dirijo de regreso hacia donde está sentado Masen, que nos está viendo, un tic en su mandíbula me hace saber que no está muy feliz justo ahora—. ¿Él no tiene dinero para mantenerte feliz?

Lo ignoro intencionadamente cuando se deja caer sobre su asiento, y le lanzo una sonrisa a Masen cuando roza sus dedos con los míos al pasarle su bebida. Al alzar la vista, noto que Royce nos está viendo y espero que capte la indirecta.

Un hombre mayor se unió a ellos mientras yo estaba en mi descanso, está sentado metido en una profunda conversación con Alec. Tiene el cabello canoso, unas profundas arrugas marcan su frente; es probablemente, con excepción de Alec, el único hombre que encaja en nuestra categoría usual de clientes. Sus dedos están adornados con anillos, hay un Rolex muy caro en su muñeca, su traje está inmaculadamente entallado, obviamente es importante, hay dos hombres vestidos de negro en cada orilla de la cabina, como sujeta-libros. Si tuviera que adivinar, diría que son guardias.

Intento no permitir que mi mirada se quede en él por demasiado tiempo, pero él está demasiado envuelto en su conversación para prestarme atención.

Una hora después mientras estoy dejando más bebidas él alza brevemente la vista para reconocer mi presencia con un gracias cortante y murmurado. Estoy a punto de alejarme cuando su cabeza se gira de forma rápida y sería casi cómico si no fuera por la mirada en su rostro.

Sonrío amablemente, aferrándome a mi bandeja, pero él se para de golpe de su asiento y palidece, su mano agarra mi muñeca y hago una mueca, el metal de sus anillos se entierra en mi piel, su agarre es incómodamente fuerte.

—¿Qué estás…? —comienzo a decir alarmada, pero él me interrumpe. El último nombre que esperaría escuchar cae de su boca.

¿Renata?