Hola, espero que estén muy bien, este fin de semana estuvo algo pesado y por eso no pude actualizar, pero en mi defensa tengo listos algunos capítulos, que estaré subiendo hoy. :) *no me maten*

Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Padre Sol de Dúnedain. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Enjoy!


PENUMBRA

por

Adrel Black


9. LICÁNTROPOS

¿Cuánta es la furia y cuánto el poder

contra un ser tan indefenso?

Ahora él contesta y yo entiendo el porqué

de tanto dolor y misterio.

(Dünedain, Padre Sol)


La penumbra del bosque puede ser la mejor amiga de un licántropo, sobre todo cuando deseabas esconderte del mundo, nada como el claro de un bosque, lejos de la civilización, lejos de los estúpidos muggles que desatarían la vorágine si aparecían, lejos de los malditos magos que desatarían la matanza si se enteran que conspiran contra ellos.

Mira a su alrededor, parecen una horda de malvivientes, la copa de los árboles los cubre de la luz de la luna que en unos días estará llena. Allá a donde quiera que mira ve rostros hambrientos y túnicas destrozadas, en un rincón hay un licántropo herido. Está por morir, servirá de comida a los hambrientos.

Cuando decidió aliarse al-que-no-debe-ser-nombrado, Greyback imaginó algo diferente, matanza y masacre, ríos de sangre corriendo, un ejército de niños convertidos en licántropos, dispuestos a acabar con el dominio de los magos.

Imaginó un mundo en el que por fin tuvieran la libertad de comer, de ser. Eran licántropos, no perros domésticos.

Pero no, su amo desea mantenerlos en la sombra, los utiliza para amenazar, para mantener a raya a otros magos, pero no les permite morder con libertad. Piensa que en el fondo el Lord les teme, quizás, si llegan a ser suficientes puedan hacer frente a los mortífagos, en su mente retorcida, realmente ve la posibilidad de asesinar a Lord Voldemort.

.o.O.o.

Remus Lupin está encogido contra un árbol en los linderos de aquél claro, su túnica más rasgada que de costumbre, sus ojeras más moradas que nunca. Tiene varios cortes en el rostro y el cabello castaño luce desvaído por el polvo que lo cubre.

Odia esa situación, no es un cobarde, pero tampoco es de piedra, puede sentir el miedo correrle por la espalda cada vez que está rodeado del resto de los licántropos. Y demonios, apesta como ellos, siente la tierra pegarse a su piel a causa del sudor, luego de haber caminado un par de kilómetros hasta llegar ahí, la siente incrustarse bajo sus uñas, pero hay que mantener las apariencias, cuando se ve en esas situaciones es cuando siente que comprende a Severus. Es un alivio apestar a sudor, le parece que es la única manera que ellos no huelan su miedo.

Al frente, Greyback espera a que todos los licántropos estén juntos en aquel claro, y por Merlín, desea que el hombre que sufre a causa de los hechizos muera pronto, puede oír sus quejidos mientras expira, eso es lo de menos, lo que realmente lo enferma es la expresión hambrienta del resto, esperando que el hombre muera para poder devorarlo.

Cierra los ojos un momento, ojalá pudiera dormir, no sabía que el Ministerio planeara una redada, si lo hubiera sabido al menos habría estado preparado para cuando llegara el momento, pero los tomaron por sorpresa.

—Hermanos, —todos voltean a mirar a su interlocutor, Fenrir Greyback —licántropos, ¿cuánto tiempo más viviremos a la sombra de los magos? ¿Cuánto tiempo más nos comportaremos como si fuéramos mascotas de el-que-no-debe-ser-nombrado?

Murmullos de aprobación resuenan aquí y allá, de fondo, los quejidos del moribundo.

—Es hora que el tiempo de los magos se extinga, somos una nueva raza, más poderosos, más fuertes, los magos decaen mientras nosotros evolucionamos, ya no dependemos de la luna llena, podemos llevar más allá nuestros instintos, podemos ser licántropos cada uno de nuestros días.

Es una manera elegante de hablar, una manera elegante de explicar el acto de canibalismo que son capaces de perpetrar, al morder humanos aun sin estar transformados.

—Debemos mermar a los mortífagos —el nerviosismo es patente en todos los escuchas de Greyback. Una cosa es atacar muggles indefensos, otra es atacar magos, pero una sin lugar a dudas muy diferente, es atacar las fuerzas del Lord —son los únicos que pueden hacernos frente, los mortífagos y la orden del fénix.

—Atacar mortífagos equivaldría a negar nuestra lealtad al Señor Tenebroso.

—No necesitamos más señor que la sangre de nuestras víctimas —replica Greyback — ¿Prefieres ser un títere de los magos?... no declararemos la guerra abiertamente, en cada ocasión los iremos mermando junto con los aurores y la Orden del Fénix, hasta que sean tan pocos, o nosotros seamos suficientes.

Algunos, los más fieros se muestran de acuerdo

—Pero…

Fue todo lo que aquel infeliz alcanzó a murmurar a una señal de Greyback dos hombres enormes se abalanzaron encima suyo.

Lupin cierra los ojos intentando aislarse del espectáculo, sin embargo, no puede taparse los oídos, de modo que no puede evitar escuchar los huesos de aquel infeliz crujir, ni el sonido de su piel al desgarrarse, un par de gritos que parecen nacer de sus pulmones más que de su boca, y fue todo. Después de esa demostración no queda nadie en el claro que quiera discutir los planes que Greyback tiene.

De fondo solo escucha el sonido de las bestias al alimentarse.

.o.O.o.

Tiene las manos recogidas tras la espalda y camina en círculos. Sus facciones normalmente tranquilas y afables están distorsionadas por la preocupación. Su túnica púrpura ondea detrás y los tacones de sus botas de hebilla resuenan en el suelo de su despacho.

El hombre que lo acompaña, vestido totalmente de negro está sentado, los brazos cruzados y con la mirada sigue al anciano que camina.

— ¿Quieres dejar de dar vueltas de una buena vez?, —murmura Snape.

Dumbledore le echa una mirada con el ceño fruncido y sigue caminando.

— ¿Cómo pudo pasar? —le pregunta, es la enésima vez que le hace esa pregunta desde que llegó al despacho, hace dos horas.

—No lo sé —responde, como lo ha hecho todas las otras veces.

—No pudieron ser aurores, Kingsley lo hubiera sabido.

—Shacklebolt no tiene por qué estar enterado de todo lo que pasa en la oficina de aurores, —no le agrada defender a Shacklebolt, pero quiere que el director se calme.

Hacía dos horas Mundungus llegó al cuartel de la Orden diciendo que el ministerio había hecho una redada en el callejón knockturn, y que se habían liado en pelea con varios licántropos, entre los que se encontraba Lupin.

Desde que la información llegó a oídos de Dumbledore éste llamó a Severus y empezó a dar vueltas.

Lo más extraño de aquella redada era que, aunque los atacantes se habían identificado como aurores, luego de haber dejado un par de muertos en el lugar, y de que el resto de los licántropos ahí reunidos desaparecieran, ellos también parecían haberse esfumado.

Severus lo miró de mal talante, algo parecido a los celos lo hizo apretar las mandíbulas, se preguntó si cuando tenía que ir a reunirse con el Señor Tenebroso Albus se ponía tan nervioso como lo estaba ahora. O tal vez no le importara, tal vez cuando él iba y se enfrentaba a Voldemort, Dumbledore seguía con su rutina normal.

Por la ventana una bola de neblina plateada entró dando vueltas sobre sí misma, dentro del despacho se convirtió en un lince que habló con la voz de Kingsley.

—Dumbledore, en la oficina de aurores no están enterados de la redada, no fueron de los nuestros —dicho esto se desvaneció.

—¿Lo ves?, —dice Dumbledore a Severus, como si fuera su culpa —Nimphadora, Kingsley, Arthur, todos forman parte del ministerio y ninguno estaba enterado de la redada, fue un trabajo de fuera.

—No fueron los mortífagos, si es lo que quieres que te diga. Voldemort tiene semanas sin convocarnos.

Dumbledore se restregó las manos en la cara.

—No hay más grupos de choque, Severus, licántropos, mortífagos y la Orden. Los centauros no intervendrán, los gigantes hace siglos que dejaron de pelear y los pocos que aún quedan en Inglaterra no se presentarán hasta que llegue el momento crucial. Los duendes tienen sus propios grupos, pero no se mezclan con los nuestros.

— ¿Por qué estás tan preocupado por tu mascota? —Dice Snape despreciativo —tu perro faldero volverá, sabe cuidarse, no es la primera vez que se mezcla entre los suyos.

Dumbledore no lo mira, ni para de caminar, sabe que Lupin puede cuidarse bien, no es eso lo que le preocupaba, es más bien que piensa que tiene ojos y oídos por todas partes, en algún momento llegó a pensar que se enteraría de cualquier cosa que pasara, sin embargo, una redada había sorprendido al grupo de Greyback, en el que se encontraba uno de los miembros de la Orden del Fénix y él no había estado enterado, no sabía de dónde provino la instrucción de atacar. No lo entiende.

— ¿Pudo ser un grupo de mortífagos que actuaran por su cuenta? —Severus sopesa aquella opción.

—Puede ser, pero normalmente licántropos y mortífagos juegan en el mismo equipo. Si fue así, dudo mucho que fuera una orden del Señor Tenebroso.

Ambos se quedan cavilando, dos de las mentes más brillantes de la actualidad y no encuentran la solución de ese acertijo. Dumbledore camina compulsivamente, mientras Snape tiene la mirada perdida en las paredes.

Una bola de neblina plateada, idéntica a la que les había llevado el mensaje de Kingsley, cruza la ventana y se posa en el suelo tomando la forma de un lobo.

—Dumbledore, llego a Hogwarts desde Cabeza de Puerco, por favor libere su chimenea de protecciones —habla con la voz de Lupin.

.o.O.o.

Desaparece del claro en medio del bosque con rumbo a Hogsmeade, planea caminar hacia Hogwarts, necesita serenarse, pero las piernas le fallan por momentos, de modo que, envía un patronus a Dumbledore y se acerca a pedir ayuda en cabeza de puerco, Aberforth, el hermano de Albus lo apoyará.

Y así fue, unos minutos después Albus y Severus le devuelven la mirada desde el despacho del primero.

.o.O.o.

—Tuviste que reconocer a alguien, conoces a muchos aurores, Lupin —le dice Severus —o algún mortífago entre ellos.

—No lo sé, llegaron gritando que eran del Ministerio, pero no reconocí a ninguno, ni siquiera parecían ser de aquí —responde Remus.

— ¿De qué hablas?

—No lo sé, apenas los vi unos segundos, luego volaban hechizos por doquier. Pero el que habló tenía un ligero acento, nunca lo había oído y todos parecían, no sé, no parecían ingleses.

Severus no pregunta más, solo se queda pensando con el entrecejo fruncido.

—Y eso no es todo Albus, Greyback cree que puede desafiar a Voldemort, planea revelarse.

—Estúpido, —murmura Snape —son pocos, si se revelan los mortífagos los acabarán.

—Ya no son tan pocos, creo que podrían hacer frente a los mortífagos, los ataques que perpetraron en Glastonbury y Tintagel dejaron a muchos nuevos licántropos, lo que es peor, muchos no conocen nada más, realmente creen que vivir como vive Greyback es la única opción. Además, no pretenden decirlo abiertamente, creo que atacarán a los mortífagos despacio, intentarán mermarlos, hasta que sean suficientes.

—Bien, —murmura Albus, —si quieren pelear entre ellos, dejémoslos, licántropos contra mortífagos, no será mucha pérdida.

Remus y Severus se miran entre ellos, al final de cuentas ellos son un mortífago y un licántropo.

—Pero Director, Greyback planea empezar a atacar indiscriminadamente a muggles y magos, dentro de tres días, habrá luna llena.

— ¿Cómo crees que reaccionen los mortífagos ante los ataques?

—No lo sé, —responde Snape a Dumbledore, —creo que si se dan cuenta que Greyback está atacando intentarán reducirlos.

—Entonces esperaremos a que descarguen el primer ataque y actuaremos en consecuencia —es la respuesta de Albus.

—No sé cuándo pretendan abandonar a Voldemort, —murmura Lupin —solo sé que lo intentarán. Y aun así, Dumbledore, planean atacar un pueblo muggle —aclara Lupin —dejar a un pueblo de muggles indefenso ante la embestida de una horda de licántropos y un ataque de mortífagos, no creo que sea lo más prudente.

—La Orden del Fénix no participará, —dice Dumbledore con firmeza —no arriesgaré a más de mi gente, que se maten entre ellos y veremos qué hacer después.

De pronto Lupin rompe a llorar.

—Dumbledore, se están comiendo entre ellos, —su voz suena convulsiva con un deje de histerismo, suelta una carcajada remojada entre lágrimas y repite: —se están comiendo entre ellos. Dumbledore están comiéndose los cadáveres. El Ministerio los persigue, Voldemort los mantiene a la sombra, no están hechos para estar todos juntos, su sed de sangre se está saliendo de control.

Snape, sin variar de expresión, se acerca y le pone en la mano un frasquito.

—Bébetelo, —le dice a Remus y desvía la mirada con la boca torcida, como si tener un gesto con el licántropo lo asqueara.

Lupin le obedece sin rechistar, en su mente el mantra que se dice a sí mismo cada vez que debe aceptar algo de Severus: "Dumbledore confía en Severus y eso es suficiente para mi."

Snape siempre lleva consigo ese calmante, lo bebe cuando siente que su cordura comienza a flaquear. Sin duda la de Lupin pende de un hilo en aquel momento.

—Mi decisión es que debemos esperar.

La respuesta de Dumbledore suena inapelable, mientras que Lupin y Severus, se evitan la mirada, ambos conscientes de la carnicería que se avecina. Todos los presentes en ese despacho que se queda poco a poco en penumbra, guardan silencio.


Hola Alecto Snape .- Muchas gracias por esperar, de verdad me da muchos ánimos saber que te sigue gustando, y ya estamos muy cerca, tengo seis capítulos revisados, así que ya no nos queda mucho que esperar.

Bueno como dije voy a subir más capítulos hoy, espero que los disfruten.

Adrel Black