Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.


Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.


Capítulo 26

Hay cierta calidez detrás de mí cuando me despierto sobresaltada, mis ojos se abren y cierran rápidamente, tengo la lengua pegada al paladar, estoy sedienta. Me siento de golpe, buscando algo que me indique dónde estoy.

—Oye —dice Masen suavemente detrás de mí—. Está bien. Estás a salvo.

Mi pánico disminuye mientras miro a mi alrededor, me encuentro en un pequeño sofá de cuero desgastado, debajo de una pila de mantas.

Estamos en una pequeña oficina, la ventana me indica que no hemos salido del garaje. Los pozos son visibles desde aquí, hay tres o cuatro carros estacionados más allá del BMW acribillado.

Mi mirada se posa en Masen, que está sentado a mi lado con la cara marcada de preocupación. Tiene manchas de sangre que bajan por su cara, tiene la ceja abierta.

—Ten. Debes estar hambrienta, te desmayaste.

Tiene una barra de cereal y una botella de agua en sus manos, y se las acepto con felicidad, me tomo el agua y parto la barrita de cereal en pedazos pequeños.

—Estás herido. —Estiro el brazo hacia su cara con una mano temblorosa, mis dedos encuentran su barba, tiene ojeras bajo los ojos.

—No es nada.

Dejo caer la mano y bajo la vista a mis pies manchados de sangre, no me gusta lo sensibles que se sienten mis mejillas cuando mastico y, a pesar de no haber comido nada desde hace tiempo, tengo que obligarme a tragar.

Los ojos de Masen siguen los míos hacia mis pies, luego se quedan en mis mejillas.

—Ben está consiguiendo algunas cosas para arreglarnos un poco. Ropa y mierdas para nosotros.

Arreglarnos.

Mi mente retrocede al momento en que estuve parada frente a Caius. Su voz cuando le exigió a Masen matarme. Un estremecimiento sube por mi espalda, la comida me sabe a cartón en la boca. Destellos de él diciéndome que "jugara bien" se repiten en mi cabeza. La sacudo, intentando concentrarme en masticar, temerosa de dejar mi mente vagar más allá de contar cuántas veces tengo que masticar para poder tragar.

Masen estira la mano hacia mí, su palma se siente cálida contra la mía, me da un apretón tranquilizador. Alzo la vista hacia él con ojos vidriosos, siento que podría desmoronarme en cualquier minuto, y lo veo reflejado hacia mí por primera vez.

Su mirada no se aparta de la mía, abre la boca, se mueve para formar palabras y después se afloja otra vez mientras lucha contra eso con la mandíbula temblando. Entierra la cabeza en su mano libre, desmoronándose.

Me pongo en movimiento; lo rodeo con mis brazos, paso una mano por su sudoroso y despeinado cabello, me subo a su regazo mientras él mueve la cara hacia la base de mi cuello.

Sus manos se curvan alrededor de mí, me agarran con fuerza, la humedad cae sobre mi piel.

Hay algo sobre ver a Masen llorando que me hace llorar a mí también.

—Está bien —susurro a través de las lágrimas, besando cada parte de su cara que me permite ver—. Estamos bien.

Sus brazos se aprietan, abrazándome todavía más cerca.

—Te amo. —Alzo su cara para que me vea, las huellas de las lágrimas siguen frescas en sus mejillas.

—Carajo —dice con una risita, sacude la cabeza, solloza, parpadea, está avergonzado—. Creí que te perdería… creí…

Mi boca encuentra la suya y lo beso como si fuera la primera vez para borrar la última, porque esta no es una despedida.

Esta no es una despedida.

—No puedo soportar el tan solo pensar en eso, carajo. En lo que casi pasó.

Le aparto el cabello de la frente, empujándome con más fuerza contra él.

—Pero estamos juntos y estamos aquí, y eso es todo lo que importa. Eso es todo lo que importa justo ahora.

Sus labios dejan suaves besos sobre mi cara antes de que mi cabeza encuentre su pecho, su corazón sigue latiendo con demasiada fuerza mientras pasa su mano por mi cabello húmedo y enredado, deshaciendo los nudos con sus dedos.

—Haría cualquier cosa por ti —dice en voz baja cuando empiezo a dormitar de nuevo. Y ahora sé mejor que nunca que esa es la verdad.

Mis ojos se abren lentamente ante el sonido de voces bajas. Al levantar la cabeza del pegajoso cuero falso, mis músculos se quejan con cada movimiento, la cabeza me punza, los pies me palpitan.

Cuatro pares de ojos se mueven hacia mí cuando me siento rígidamente, sacudo una mano entumecida y desdoblo lentamente mis doloridas piernas.

Alec es el primero en hablar, tan imperturbable y sereno como siempre.

Princesa —dice, tiene las manos en los bolsillos mientras que sus gélidos ojos azules barren sobre mí—. Me alegra que despertaras.

Lo miro con recelo, me incomoda que me haya visto en mi momento más vulnerable, que sepa que he escuchado cosas que probablemente desearía que no supiera.

Sonríe cuando hago una mueca. Princesa. Ugh.

Tienes que aceptar los hechos, muñeca. Eso es lo que eres en este mundo, principessa. De haberlo sabido, habría sido menos… ¿cuál es la palabra? Burdo.

Entonces… ¿habrías escondido lo cabrón que eres? —digo, mi voz se siente áspera y ronca—. Genial. No empieces ahora.

Masen resopla, se acerca para sentarse a mi lado y pasa su brazo sobre mis hombros. Me recargo en él, el peso de su brazo a mi alrededor es confortante, lo inhalo cuando muevo la cabeza para apoyarla otra vez en su pecho desnudo, mi mano vaga sobre su estómago.

¿Dónde estaba Alec mientras corríamos por nuestras vidas?

Alec se encoge de hombros, curva los labios.

—Solo digo… no lo vi venir, ¿sabes? Una Falcone. —Sacude la cabeza—. Una princesa de la mafia justo debajo de mis narices y no tenía ni puta idea.

—Sí, pues… —me quedo callada y miro a Demetri, está sentado en un escritorio en frente de unos monitores de cámaras de seguridad, tiene las manos agarradas frente a él, su cara marcada se ve seria.

»Aquí estás —digo casi de forma acusadora, sorprendida.

—Tu hombre me llamó en cuanto te sacaron de ese lugar —asiente hacia Masen.

Alzo la vista a Masen, que se pasa una mano por el cabello.

—¿En serio?

—Recordé lo que dijiste. Demetri ha sido… de mucha ayuda.

Intercambian una mirada y frunzo el ceño, intentando juntar los pedacitos porque no estoy segura de qué ha pasado exactamente, o cómo es que Demetri se involucró.

Mi cabeza late dolorosamente.

—¿Tienen Tylenol o algo así? Mi cabeza me está matando.

Ben rebusca algo en una bolsa de plástico, saca los analgésicos y me los entrega con un poco de agua.

—¿Qué le pasó a tu cabeza?

—Royce —murmuro, echándome un par de pastillas a la boca y dándole un gran trago al agua.

Hay un latido de silencio, el peso de la expectativa que tienen para que me explique más… pero no lo hago. No miro a nadie a los ojos. Mis dedos encuentran un botón, jugueteo con él mientras intento no pensar en cómo se sintió su mano apretando mi boca, o la forma en que manoseó mis tetas, o el sonido de su cremallera abriéndose, su aliento en mi nuca. Trago pesadamente, dándole otro trago al agua sin perderme la mirada sombría que intercambian Masen y Ben.

Demetri se aclara la garganta.

—Hablé con tu viejo hace poco —dice—. Está feliz porque estás bien, pero creo que eso es evidente. Quiere que hables con él. Cuando tengas ganas.

Abro la boca y la cierro de nuevo. No creo que este tema sea mejor. ¿Qué podría decirle? Lo siento no parece ser suficiente. Ni de cerca es suficiente.

—Y contigo. Quiere hablar contigo también. —Ladea la cabeza hacia Masen.

Alec se ríe, se inclina hacia enfrente y lo golpea ligeramente en el hombro.

—Buena suerte con eso. Recuerda lo que le acaba de hacer al exnovio.

Masen se rasca la nuca, incómodo.

—Seguro —dice, viéndose de todo menos así.

La conversación continúa sin mucha participación de mi parte. Me quedo sentada y los escucho hablar muy casualmente de lo que pasó; me hace sentir enferma.

¿Quién murió?

¿Quién está vivo?

¿Quién podría ser un problema?

Las náuseas se hacen más fuertes entre más pienso en todas las cosas que Caius dijo sobre papà. Lo que le hizo a otra gente, lo que le hizo a James.

Y luego pienso en lo que Masen está involucrado. La seriedad de todo eso me golpea en la cara, mi estómago da vueltas.

Masen me mira con el ceño fruncido cuando me tenso bajo su brazo y me paro rápidamente sobre piernas temblorosas, ignorando el ardor de mis pies, y meciéndome cuando me golpea el vértigo.

—¿El baño?

Vomito en cuanto se cierra la puerta, la barra de cereal sale de regreso, la bilis desgarra una garganta que ya se siente herida.

Me enjuago la boca una y otra vez, me miro en el pequeño espejo sobre el lavamanos, está manchado de negro por el paso del tiempo. Hay un ligero moretón en mi mejilla, cierto vacío en mis ojos, esa sensación pegajosa y salada de agua marina en mi piel. Hay una pequeña ducha y vagamente contemplo la idea de bañarme, pero en lugar de eso me siento en la tapa cerrada del retrete, me arranco las uñas, pensando. Batallando, con todo.

El peso de las palabras que rasgaron la tela de lo que sabía que era verdad, severas y sin remordimientos.

Caius quería que todos muriéramos, pero quería que papà fuera el que más sufriera. Y lo ha hecho. Una esposa muerta, una hija distanciada. Sin embargo, él pensó en mí primero. Se declaró culpable para mantenerme a salvo. Para mantener a nonna a salvo. Renunció a su vida para que yo pudiera vivir y todo lo que hice fue echárselo en cara, gritarle que lo odiaba. Que sabía exactamente qué tipo de hombre era.

Y ahora sé exactamente qué tipo de hombre es Masen. Son lo mismo, y no estoy segura de cómo sentirme.

Inhalo bruscamente.

El saber que casi muero bajo sus manos. Y no puedo evitar amarlo a pesar de saber lo que ha hecho. Lo que es.

—¿Bella? —La voz ahogada de Masen se escucha a través de la puerta—. Ben te trajo unas cosas. Vamos a tener que irnos pronto.

Abro la puerta con reticencia, me paro de puntillas, intentando aliviar el dolor, y aprieto los dientes.

—¿Estás bien? —pregunta, entregándome una bolsa con cosas. Asiento bruscamente, intentando cerrar la puerta, pero él me detiene al meter su pie en medio. Mis manos retroceden a esconderse dentro de las mangas de las camisas—. Me estás preocupando.

Trago, emociones conflictivas luchan entre ellas.

—¿Habla conmigo? —dice Masen, entrando y cerrando la puerta tras de él—. Por favor.

—Es que… esto nunca… yo no… —vacilo. Él avanza un paso, pero yo retrocedo. Deteniéndose por completo, su cara se retuerce con confusión.

—Nunca te lastimaría, lo sabes, ¿cierto? —pregunta con total seriedad al retroceder, apoyando la cabeza contra la puerta.

—Lo sé. Sé que no —inhalo—. Es que… es solo… lo mataste, ¿cierto? ¿A Caius?

Se pone en alerta ahora, cauteloso, pero asiente lentamente.

Lo escucho en mi cabeza. El primer disparo, seguido de un segundo, la sensación de algo pasando justo sobre mi cabeza.

—¿No es algo muy jodido? —susurro—. ¿Que hicieras eso por mí?

Lo estudio, sus reacciones, la comprensión lo golpea. Esto es lo que ha estado escondiendo; lo de no involucrarme con esta parte de su vida. Y tal vez yo ya tenía una idea, pero ahora lo sé. No sé cómo sentirme.

Mi novio es un asesino.

Sin embargo, nunca he amado más a nadie.

—Eras tú o él —dice Masen, sin arrepentimiento—. Lo haría otra vez. Lo hubiera hecho antes. Créeme, quería hacerlo.

Se hunde lentamente, queda sentado sobre el piso, como si estuviera rindiéndose ante mí, como si quisiera mostrarme que no es una amenaza.

—Esto es-este es quien soy, Bella —dice, mirándose las manos. Hay cierto temblor en su voz—. Tomé decisiones cuando era más joven y tengo que vivir con eso. Tengo que hacer lo que me indican. Se lo debo a Alec. La mayor parte del tiempo eso involucra hacer mierdas de las que no me siento orgulloso.

—Pero… ¿matar gente? ¿Cómo vives contigo mismo? —digo, las palabras suenan más toscas de lo que pretendía.

Se encoge, se frota la cara como intentando deshacerse del alquitrán con el que está marcado.

—La gente… ¿has escuchado la frase "quien a hierro mata, a hierro muere"? Es algo así… a veces es matar o morir. Es algo que se espera en este negocio. Es lo que es. Ninguna de esas personas eran buenas personas… pero yo tampoco lo soy.

Permanezco en silencio, viéndolo bajo la tenue luz, me vuelvo a sentar en el retrete y me llevo el dedo a la boca para morderme la piel lastimada alrededor de mi uña. Sus hombros se hunden cuando me ve, la tristeza se arrastra sigilosamente hacia él.

—Es por esto que mereces algo mejor que yo. Soy el cabrón que no pudo dejarte al carajo en paz. Si lo hubiera hecho, nada de esto habría pasado. Te he puesto en peligro tanto como he intentado-intentado salvarte de él. Es la maldita verdad. Estarías mejor sin mí y lo sé. Lo sabía entonces. Te lo dije.

Se levanta y camina hacia mí, se pone de rodillas, tomando mi mano en la suya. No estoy segura de qué intenta decirme, pero no se siente bien.

—Caius… desde hace tiempo ha habido planes para deshacernos de él… ha sido una jodida carga desde hace mucho. Alec quería avanzar en la familia, quería mi ayuda, yo-yo le di mis términos… dije que lo haría si se me permitía salirme. Irme de forma legal, sin represalias. No fue… mantuve mi parte del trato. Estoy fuera. Podemos ir a donde tú quieras, vivir sin que yo esté haciendo esta mierda.

Un recuerdo distante se agita; una conversación que escuché accidentalmente entre Alec y Masen hace muchos meses.

—Los escuché —confieso.

Pero ¿irnos? ¿A dónde? Frunzo el ceño, me muerdo el pulgar antes de sacarlo de mi boca, paso una mano entre un cabello duro al tacto.

—¿Ir a dónde?

—A donde tú quieras ir. Demetri estaba hablando sobre un par de lugares que tu papá todavía tiene… el estado de Arizona o Washington, tal vez. De todas formas, tenemos que sacarte de Chicago. No es seguro.

—¿Arizona?

Dios, extraño el calor del desierto y los rayos de sol verdaderos.

Masen sonríe levemente.

—Sí.

Mi mente vibra, se enciende una pequeña chispa de emoción al pensarlo, pero… lo miro y eso hace que me duela el corazón. Este hombre, lo que ha hecho por mí, lo mucho que siento por él, lo mucho que no quiero que esté atrapado en toda esta mierda de la mafia. Lo mucho que desearía no estar metida yo en esto tampoco.

Debería sentirme horrorizada, debería salir huyendo… cualquier persona normal lo haría, ¿no?

Pero nunca he sido normal y ese tirón que siento por Masen está más fuerte que nunca. Lo quería en aquel entonces y lo quiero ahora, a pesar de todo. No puedo imaginar mi vida sin él en ella y no quiero hacerlo.

—Te amo —susurra, jalándose el cabello—. Te amo y debí habértelo dicho mucho antes de que pasara todo esto. Pero… carajo. No…

Llevo un dedo a sus labios, deteniéndolo.

—Prométeme que ya no habrá más de estas cosas —ruego, las lágrimas se amontonan en mis ojos—. ¿Me prometes que lo dices en serio?

De repente mi cara se encuentra acunada entre sus manos.

—Te lo prometo. Lo prometo por mi vida, B. Tú y yo, nena. Y tan normales como podamos ser, carajo. Te lo prometo.

Cae una lágrima y él la atrapa, la limpia con su pulgar mientras yo veo unos ojos que me ruegan. Me ruegan por esto. Por nosotros.

—¿Cuándo podemos irnos?

El alivio en su cara es instantáneo, se inclina hacia enfrente, su boca se siente caliente en la mía a pesar de mis desganadas protestas porque me siento asquerosa.

Él me besa de todas formas.

La regadera no es nada del otro mundo. Tiene una presión patéticamente baja, es más un chorrito que otra cosa, pero me alegra tanto poder lavarme la sangre, el sudor y la suciedad de la piel, que puedo lidiar con esto. Masen me ayuda a enjuagarme el champú, su boca encuentra mi cuello, sus manos pasan sobre mi cadera lastimada.

—Siempre me estás cuidando. —Mis labios encuentran los suyos, mis dedos se enredan en su cabello mojado antes de apartarme y tocar su ceja, tallando con gentileza la sangre seca.

—Porque causas problemas. Te lo dije, ¿recuerdas?

Recuerdo esa mañana en el muelle; me hace sonreír. Me acerca a él, pero sigo tapándome el pecho con el brazo. Me frunce el ceño.

—No te escondas de mí, esto no es nada de lo que debas sentirte avergonzada. Eres jodidamente deslumbrante. —Sus pulgares rozan la parte baja de cada pecho.

—Me sentí mortificada.

—Ben tuvo que detenerme —admite—. Estaba listo para reventarle la cabeza y también al resto de esos cabrones. Dispararle fue demasiado amable. Es que no podía arriesgarme.

Sus labios casi están otra vez sobre los míos cuando el agua se pone helada.

Grito, jadeo temblorosamente, y cierro la regadera de prisa, castañeando los dientes.

No hay toallas, pero Ben trajo un poco de ropa para mí; leggins y una camiseta cursi con un slogan, incluso unas bragas tipo bóxer y una sudadera. Ahogo una carcajada mientras me las pongo al pensar en Ben comprando esto para mí, y me encojo. Incluso me compró ligas para el cabello.

La ropa me queda grande y floja, pero estoy agradecida de poder usar algo aparte de esas camisas.

Estoy muy callada cuando regresamos a la oficina, Masen está limpiando y vendando mis pies mientras habla con Demetri, Alec y Ben sobre lo que sucederá después. No siento la inclinación de unirme, todavía no puedo pensar tanto en el futuro.

La verdad es que todo lo que quiero hacer es aislarme con Masen. Todo se siente como un mal sueño; una pesadilla de la que me desperté, aunque las profundas heridas alrededor de mis muñecas son todo lo que necesito para recordarme que no fue un sueño.

Me ocupo limpiando las cejas y puños de Masen, escuchando.

Tenemos que irnos de Chicago, no hay duda en eso. No podemos regresar a casa de María ni de Masen, al parecer los policías andan sobre todo este asunto como una plaga, así que literalmente tenemos que huir con la ropa que tenemos puesta y nada más.

Demetri nos acompañará, nos seguirá para asegurarse de que nadie más lo hace. El problema es que no estoy segura que pueda confiar en él, y tampoco estoy enteramente segura de confiar por completo en Alec, incluso si intentó detener a su tío.

Alec y Ben finalmente hacen ademán de irse, jalan a Masen a un lado y hablan seriamente con él.

Demetri me distrae con preguntas al azar. Respondo con monosílabos, no estoy de humor, sigo concentrándome en ver sus bocas moverse, intentando leer sus labios, pero fallo miserablemente.

Alec jala a Masen hacia él y le da una palmada en la espalda mientras caminan de regreso a donde estoy sentada.

—Hermano, has estado a mi lado ¿qué? ¿Catorce? ¿Quince años? Ha sido una locura —dice Alec, chocando el puño con Masen, palmeándole la espalda—. Estaré en contacto.

Se gira hacia mí y odio la forma en que me escudriña de pies a cabeza. Se mete la mano al bolsillo y saca mi licencia de conducir, ofreciéndomela.

La acepto, la miro durante un latido de más, tiene una gota de sangre en ella. De quién, no sé.

Cuídate ahora, muñeca. Mantén alerta a mi chico, ¿sí?

—Yo, gracias por esto —le digo—. Y por… por intentar detener a tu tío.

Me analiza.

—Sabes… si mi tío y tu viejo no se hubieran separado, probablemente nos habrían obligado a estar juntos, ¿sabes? Nos hubieran casado.

—Alec —dice Masen a forma de advertencia, me rodea con un brazo, hay cierta posesividad ahí que no había visto antes.

—¿Qué? Así funcionan nuestras familias. —Alec sonríe.

Elijo ignorarlo.

—¿Puedes…? No sé si María y tú se hablan en realidad, pero ¿puedes decirle que estoy bien? —le pregunto—. ¿Puedes pedirle que se lo diga también a Char? ¿Y que agarre la mochila azul que está debajo de mi cama y la guarde?

Alec se ve divertido por un segundo.

—¿Estás escondiendo cadáveres, muñeca?

Sonrío débilmente.

—Algo así.

Ben me dedica un asentimiento cuando lo veo.

—Bella.

—Ben.

Choca el puño con Masen, meneando la cabeza.

—Nunca pensé que llegaría este día, hermano. ¿Seguro que ella lo vale?

Masen me mira y sonríe, ignora la broma y responde con una sinceridad que me hace sentir cálida.

—Sí, hombre. Ella lo vale.

Salimos por la puerta del garaje poco después, llevándonos uno de los carros, un Pontiac plateado más discreto. Masen me dice que necesitamos hacer un par de paradas antes de entrar apropiadamente a la carretera.

La primera parada nos lleva a casa de su hermano. Me deja en el carro con el motor encendido, regresa con su celular dos minutos después.

Lo miro divertida, pero no pregunto, estoy demasiado cansada como para querer saber.

La siguiente parada está un poco a las afueras de Chicago, en Evanston. En su mayoría es un lugar adinerado con grandes espacios verdes entre los terrenos perfectamente cuidados. Se detiene afuera de una casa con una reja blanca, está pintada de un color azul grisáceo oscuro con elegantes macizos de flores.

—¿Dónde estamos? —pregunto con un bostezo.

—Ya verás.

Me ayuda a bajarme del carro antes de cargarme al porche, me baja y me besa profundamente antes de presionar el timbre. Tengo puestas unas sandalias acolchonadas con vendas, el dolor está entumecido con más analgésicos.

Una chica con cabello rizado y lentes abre la puerta, tiene un collar con una pequeña cruz colgando de un cuello de tortuga lila. No se me escapa la forma en que sus mejillas se tiñen de rosa cuando ve que es Masen y no puedo evitar apretar mi agarre en su mano.

—Um, hola, Masen. No te esperaba hoy —dice tímidamente.

—Hola, Angela. Perdón, debí llamar antes —se disculpa. Ella sonríe, su mirada se desliza hacia mí.

—Una disculpa, ¿dónde están mis modales? Soy Angela. Es un gusto conocerte…

—Bella —la saludo, dedicándole una sonrisa amable mientras le doy un apretón a su mano extendida, apartando las inseguridades.

—Bella, ¡oh! —exclama con reconocimiento—. ¡La novia! No tienes idea de lo mucho que su mamá ha esperado por conocerte; ¡está en el solárium! —dice Angela, haciéndonos pasar por la puerta.

—¿Está teniendo un buen día? —pregunta Masen.

—Sí, está muy bien hoy. Conectaré la tetera, ¿té? ¿Café?

Agrando los ojos. ¿Me trajo a conocer a su mamá?

—Masen… —Jalo un poco su brazo cuando Angela desaparece. Quiero decirle que no tengo ganas de hacer esto ahora, pero me detengo porque puede que él no tenga oportunidad de volver a verla después de esto. Y después de todo lo que ha hecho debido a mí, por mí, acallo ese pensamiento.

Inhalo profundamente, ansiosa, pero luego sonrío.

—¿Quieres que conozca a tu mamá?

Nunca antes he conocido a los padres de un novio. James fue un producto del sistema, saltando entre familias de acogida, vivía solo cuando lo conocí. Cualquier otra persona fue algo demasiado casual para ameritarlo.

Masen me frota el brazo.

—Sé que no es el mejor momento, pero quiero que se conozcan. No sé cuándo volveremos a estar aquí, así que…

—Pero mira nuestro estado. ¿Qué va a pensar? —Agito una mano entre nosotros.

—No le importará. —Masen se encoge de hombros—. Ella no es así.

La mamá de Masen, Elizabeth, se gira cuando entramos a la habitación con techo de cristal al fondo de la casa y durante un solo segundo, me congelo porque es muy evidente para cualquier persona que en algún momento ella fue seriamente herida. Su cara está desfigurada; piel quemada con aspecto ceroso, ralo cabello rojizo en un lado de su cabeza, el otro lado está prácticamente calvo, tiene una colorida bufanda de seda envuelta alrededor de la cabeza.

Está trabajando en un caballete, pintando un cuadro abstracto con franjas de color rociadas sobre el lienzo.

Sus brazos se extienden para darle un abrazo a Masen, le agarra el bíceps y ve su cara golpeada por un segundo.

—¡¿Qué has estado haciendo?! —lo regaña con ese tono maternal que me hace sentir un poco de añoranza.

Masen le quita importancia y le besa la mejilla. Ella deja ir el tema con facilidad, supongo que ya debe estar acostumbrada a él. Finalmente me mira y su cara se ilumina.

—¿Esta es Bella? —dice, mirando entre nosotros, Masen sonríe enormemente y su brazo me rodea.

—Hola —la saludo, sintiéndome completamente fuera de lugar—. Esa soy yo.

—¡Al fin! Te tardaste mucho —se burla juguetonamente de Masen.

Nos sentamos en sillas de mimbre, el sol entra por encima, y miro a Elizabeth con fascinación. La forma en que respira calor en sus palabras hacia Masen, el evidente amor que tiene por su hijo. No sé si es porque hace años que no estoy cerca de una figura materna, pero me siento y la veo embelesada.

Angela trae un poco de té y café, y desaparece mientras yo evado preguntas incómodas sobre mis pies con verdades a medias. Hay cierta irrealidad en ser civilizada y amable después de los últimos días, en tener que improvisar con un cerebro que no está funcionando del todo bien. Corriendo, le digo mientras Masen sube y baja sus dedos por mi brazo para darme ánimos.

Le doy un gran trago al té cuando Masen vacila a mi lado.

—Mamá, hay algo… Bella y yo nos iremos por un tiempo. Últimamente a ella le han pasado muchas cosas, así que queremos alejarnos de Chicago —le dice—. No estoy seguro de dónde terminaremos ni por cuánto tiempo.

Nos mira a los dos, la comprensión aparece.

—Oh, santo cielo. Por supuesto, todo el estrés con el caso de la corte no pudo haber sido sencillo para ti. ¿Cuándo se irán? ¿Estarás aquí para tu cumpleaños?

Masen niega con la cabeza.

—Nos vamos hoy. Solo quería verte antes de irnos.

Elizabeth lo toma con calma después de que la sorpresa inicial se desvanece.

—Bueno, ¡siempre has hecho lo que quieres! —dice con tono ligero—. Aunque más te vale mantenerte en contacto, no como cuando te fuiste el otoño pasado. No supe de ti en semanas. Me tenías muerta de preocupación.

Masen promete que lo intentaremos y solo me hace sentir más culpable el tener que irnos por mí. Él desaparece, dejándonos solas a su madre y a mí.

Elizabeth toma mi mano, las suyas se sienten frías al tacto, una se siente demasiado suave.

—Espero que él te trate bien —dice, hay ecos de Carlisle en su tono mientras sus ojos recorren mi cara.

Sonrío genuinamente.

—Sí lo hace. No tienes que preocuparte por eso. Es el mejor.

Ella baja la voz de forma conspiratoria.

—Vino a mí un sábado hace muchos meses. Con resaca. Era un niñito perdido. "Hay una chica", me dijo. "Metí la pata, ma". Supe que eras especial entonces, nunca antes había acudido a mí con problemas de chicas, así que sabía que eras diferente. Pensó que lo había arruinado; no creía que fueras a hacerle caso otra vez. Le dije que un gesto grande le ayudaría mucho a conquistarte. Hazle saber cómo te sientes, dije.

Me sonrojo un poco, el calor se enreda en mi estómago. Sí que me hizo saber cómo se sentía, más que nada con su polla, pero no le iba a decir eso.

—Apareció para darme un aventón a casa luego del trabajo. —No puedo evitar la sonrisa que curva mis labios al recordar cuando lo vi ahí—. Me preguntó si podía invitarme a salir. No necesité que me persuadiera mucho. Él nunca estuvo lejos de mis pensamientos, después de hacer tanto por mí. Me ayudó con mi ex… no olvidas a la gente que hace todo lo posible de esa forma. Él sigue haciéndolo.

—No los olvidas —acepta Elizabeth, sonriendo—. Me alegra que él estuviera ahí cuando necesitaste ayuda. En realidad, es muy bondadoso en el corazón. Siempre lo fue hasta que su padre… bueno, hasta que su padre hizo lo que hizo.

Trago, mirándola, sintiendo que mi situación anterior palidece en comparación a la suya. Murmuro algo sobre eso, pero ella me dice que cada experiencia es válida, que todos somos sobrevivientes.

Reflexiono sobre eso. Sobreviviente. Me gusta ese término mucho más que víctima, eso es seguro.

Masen regresa en ese momento, lleva una maleta al hombro.

—¿Lista?

Mis pies vendados están sobre el tablero y la ventana está abierta mientras nos alejamos cada vez más y más de Chicago. Las despedidas fueron cortas y dulces, se hicieron promesas que no estoy segura de que podamos mantener, pero que espero poder cumplir. Me agradó su mamá, y solo desearía que me hubiera llevado a conocerla antes de ahora.

Junto las cejas cuando pasamos un señalamiento.

—¿Pensé que nos iríamos por la 57? —Es lo que se dijo en el garaje.

Masen me mira.

—No, quiero llevarte primero a otra parte.

—¿Demetri sabe esto?

—Pues ahora ya lo sabe. —Mira en su retrovisor e instintivamente me giro para mirar a nuestras espaldas—. Está en el Volvo negro, a dos carros de distancia. Y no es estúpido, no creo ni por un segundo que creyera lo que le dije a Alec y Ben.

Es entonces cuando comprendo que, a pesar de todo, Masen tampoco confía en Alec o Ben.

Me quedo dormida en algún punto después de Rockford, despertándome con el efímero fragmento de un mal sueño que ha sido ahuyentado por la consciencia.

Masen desliza una mano sobre la mía, hay un shh en sus labios. Me dice que estamos bien. Bebo agua, respiro profundamente.

—¿Crees que alguna vez no lo estaremos?

Ha dicho eso en repetidas ocasiones durante los últimos días. Que estamos bien. Más que nada para mi beneficio, pero me pregunto si en realidad cree que lo estaremos. Que estaremos bien, después de todo.

—Debes tener la esperanza… solo me alegra que estés aquí conmigo justo ahora —dice—. Aunque sí quiero creer que todo será más fácil para nosotros.

Escucho el estruendo del motor por un ratito, la radio se esfuerza por ser escuchada sobre el motor.

—Lamento que te hayas visto arrastrado a mis mierdas. —Me muerdo el labio, ladeando la cabeza hacia atrás.

—No hay nada por lo que debas disculparte.

—Te lo pude haber contado antes. Sobre todo, sobre mi familia. Quién soy. Es gracioso, sabes, cuando él me hizo decir quién era se sintió mal. Raro. Nunca he usado ese nombre. O sea, jamás.

—¿Isabella Falcone?

—Isabella Marie Falcone —lo corrijo—. Pero he sido Bella desde que tengo memoria. Supongo que por eso mi papà lo eligió. Sabes, con cuatro años no fue tan confuso tener de repente un nombre completamente diferente.

Me detengo, cambio la estación de la radio cuando la que está actualmente se escucha mal, eligiendo una que está tocando a Guns N' Roses.

—Solo desearía que estas cosas malas dejaran de pasar. Toda esta mierda de la mafia.

Masen se ahoga con una carcajada.

—¿Mierda de la mafia?

Le hago una mueca.

—Todo lo que sé de la mafia es, o sea, lo que sucedía en Los Soprano.

Masen se carcajea adecuadamente, mis mejillas se calientan.

—¿En serio? ¿Nunca buscaste nada en internet?

—Tenía demasiado miedo después de leer el caso de mi papà. No crecí con esos temas, no como probablemente Alec fue criado —digo a la defensiva—. Incluso si papà es quién es, nonna era tan normal… nunca pensarías que… yo no… todo era tan normal hasta que empecé a cuestionar cosas, y todo lo que eso ha causado es un montón de problemas… así que sí, Los Soprano.

Meto la mano a la bolsa en busca de más analgésicos cuando la mano de Masen encuentra mi muslo y le da un apretón.

—Eres jodidamente linda. Te educaré adecuadamente, princesa.

—No empieces tú también con esa basura de princesa —bufo, dándole un trago al agua para ahogar las píldoras.

Durante las siguientes dos horas, Masen me da una lección básica del funcionamiento interno de la mafia.

Cuando le pregunto sobre lo que él hace y cómo es que terminó involucrado, se queda callado.

—Hoy no —dice con pesadez—. En otra ocasión.


*Los Soprano: es una serie de televisión estadounidense. La trama de la serie gira en torno al mafioso de Nueva Jersey Tony Soprano y las dificultades que enfrenta tanto en su hogar como en la organización criminal que dirige.