Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción La Vida En Un Beso de Warcry. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Enjoy!


PENUMBRA

por

Adrel Black


11. VACACIONES EN EL CUARTEL

PARTE IV

Noche Buena

…y si con un beso sello mi fin

me da igual

pues sé

que ese beso es para mi

la razón de mi vida...

(La Vida en un Beso, Warcry)


Esa mañana prestó especial cuidado a su aliño, tomó otro de los pantalones negros que Albus le proporcionó y una camisa blanca.

¿Qué es lo que va a hacer? Nada, se dice a sí mismo, nada sobre nada, simplemente permitirá al tiempo pasar, hasta que pudiera irse.

Cuando llega a la cocina se respira un ambiente festivo es el día de Noche Buena, esa noche habrá fiesta, toda la Orden está invitada, ¿dónde estará su yo presente?, ¿dónde acostumbrará a pasar las navidades? Nunca se ha topado con él, cree que ambos lo prefieren así.

Baja a la cocina a desayunar, muchos de los miembros de la Orden se encuentran ahí, desayunando. Siente como el aire se vuelve espeso en cuanto él pisa la cocina.

—Tobías —lo saluda fríamente Molly Weasley. Él solo hace una inclinación de cabeza y se sienta en un rincón a comer una tostada.

—Creímos que estarías ya metido en la biblioteca, Tobías —le dice Sirius con aspereza casi como si escupiera su nombre— ¿sabes que eres muy parecido a alguien que conocí hace años?

Odia esta situación, quiere partirle la cara a Black.

—No, —le responde Tobías sin ninguna entonación.

—Sirius —le dice Lupin como advertencia.

—Es que es igual a Quejicus —responde Sirius a Lupin en voz muy baja — ¿cómo puede ser?

—Si, se parece, pero ¿cómo podría ser él? He visto a Severus, está en Hogwarts, junto a Dumbledore, —Lupin mira a Sirius en silencio. —Estás empeñado en verlo reflejado en ese chico solo para tener algo en que entretenerte, Sirius, déjalo en paz, no molesta a nadie.

—Me molesta a mí, —replica Sirius.

—Te recuerdo, que fue Severus quien encontró la manera de traerte de regreso cuando caíste por el velo, —le replica Lupin.

—Ahora para colmo le debo la vida a Quejicus —Sirius se cruza de brazos.

—Le debes respeto, —le recuerda Lupin —todos se lo debemos, no es poco lo que hace por la orden.

—Te lo aseguro Remus, cuando llegue el momento Quejicus nos dejará por Voldemort.

Remus no responde, solo niega con la cabeza en silencio. Cierto que Severus no es el arquetipo de héroe, pero Remus le va a agradecer de por vida el calmante que le dio unos días atrás en el despacho del director, ese gesto había sido suficiente para que Lupin confiara ciegamente en él.

Sirius gruñe con mal humor, después de eso la conversación en susurros termina.

—Buenos días, —murmuran Hermione y Ginny desde la puerta de la cocina. Ginny entra y saluda a su madre.

Hermione pasa de todos y se dirige directamente hacia el rincón en el que Tobías desayuna. Ron enrojece de ira, ni siquiera los ha saludado, ni siquiera los miró, fue como si nadie más estuviera en la cocina sino él.

—Buen día —él se pone de pie esperando que ella se siente, nunca nadie había tenido un gesto como aquel con ella —gracias.

Él se sienta de nuevo y continúa comiendo. Nadie parece reparar en aquel gesto salvo Ginny que sonríe, y Ron que parece a punto de estallar. La única que parece tan molesta como Ron es Molly Weasley. Aquel chico está molestando a Ron, está robándole la mujer que a su hijo le gusta.

Sabe que Ronald sale con otra chica, y también sabe, por boca de los gemelos, que ésa otra chica no tiene muy buena reputación, pero él y Hermione son el uno para el otro. Cuando su hijo se harte de hacer, bueno, lo que los chicos hacen con las chicas fáciles, él y Hermione podrán comprometerse. Es lo que a las mujeres serias, como Hermione, les corresponde, comportarse mientras los chicos se divierten con las chicas fáciles, para luego cuando ya están cansados de divertirse, se casan y sientan cabeza, así es como debe ser.

Además, puede ver como su hijo está sufriendo por Hermione. Esa chica está destinada a ser una Weasley y nadie va a arruinar aquello.

—Hermione, querida —le dice Molly —los chicos y yo iremos al callejón Diagon hoy a comprar algunos regalos de última hora, ¿quisieras venir con nosotros?

Hermione la mira y Molly respinga sorprendida encuentra algo que no esperaba, los ojos de Hermione, se ven nublados. ¡Demonios!, la muy estúpida está enamorada de Tobías. Molly enfurece aún más ¿cómo ha pasado aquello? se supone que estaba enamorada de Ron. Traga saliva y espera que ella le conteste.

—En realidad… —empieza Hermione.

— ¿Ya compraste todos tus regalos? —pregunta la Señora Weasley.

Si, ya había comprado todos sus regalos, pero entonces algo se le ocurre, puede ir y comprar algo para Tobías.

—No, Señora Weasley, me faltan algunos, me gustaría mucho ir con ustedes.

.o.O.o.

Una hora después todos están listos para ir al callejón Diagon, Ron está especialmente contento, por fin podrá alejar a Hermione de aquel imbécil.

—Vámonos, Hermione —le dice Ginny en su habitación.

—Baja tú, voy en un momento.

Ambas salen de la habitación.

— ¿A dónde vas? —pregunta la pelirroja intuyendo la respuesta.

—A la biblioteca —le contesta y se sonroja.

—Te espero abajo —le dice Ginny sonriéndole. —Suerte —susurra.

Hermione entra en la biblioteca en silencio, Tobías tiene un libro en la mano, no levanta la vista cuando la escucha.

—Creí que ya te habías ido —dice secamente.

—Vine a despedirme antes de irme, —él la mira, sorprendido, desde el sofá en el que está sentado — ¿necesitas algo del callejón Diagon?

—No.

—Bien —le dice ella. Y acercándose al sofá se inclina y le besa la mejilla, da media vuelta y sale, dejándolo pasmado mientras ve la puerta por la que ha desaparecido.

.o.O.o.

En el callejón Diagon brujas y magos van y vienen por las tiendas haciendo sus compras de última hora.

A Hermione no se le escapa que Ron se las está arreglando para caminar a su lado.

—Necesito chucherías para Hedwig —les dice Harry una vez que dejan a la Señora Weasley ocupada en La Botica.

—Yo quiero ir con Madame Malkin —murmura Ginny.

— ¿Por qué no vamos mientras tú y yo, Hermione, a la tienda de artículos de calidad para el quidditch hay una escoba nueva que quiero ver…?

—No Ron, tengo que ir a Flourish y Blotts por un libro.

—Te acompaño, y después vamos a ver la escoba.

—No, gracias Ron, pero no.

Hermione se da media vuelta y se dirige a la librería.

— ¿Por qué diablos va a comprar más libros? —dice Ron a Ginny y Harry. —Estamos a mitad del año no le bastan todos los libros que tenemos que cargar.

—No creo que vaya a comprar libros para la escuela, —le contesta Ginny.

— ¿Entonces?

—Creo que va a comprar un libro para regalar.

— ¿A quién además de Hermione le gusta que le regalen libros? —Ginny pone los ojos en blanco.

—No sé, tal vez a alguien a quien le guste mucho ir a la biblioteca —le responde su hermana, Ron enrojece.

— ¿Por qué Hermione le regalaría algo al imbécil de Prince?

—Acaso no es obvio que se gustan.

—Creí que a Hermione le gustaba Ron —dice Harry.

—Cierto, a Hermione le gus-ta-ba Ron —aclara Ginny.

— ¿Qué significa eso de que le gus-ta-ba?

—Tú hermanito, la cambiaste por Lavender ¿Qué querías?

.o.O.o.

Hermione pasa mucho rato vagando por las estanterías, le encanta ir a la librería, el olor de los libros nuevos, la idea de todo lo que esconden y el misterio sobre lo que encontrará en cualquiera de ellos. Quiere encontrar uno especial, uno que Tobías nunca haya leído, algo que le interese, algo que asocie con ella, quiere que cada vez que tenga en sus manos aquel libro, recuerde que fue ella quien se lo obsequió.

Pociones, él siempre la asociará con las pociones, es lo que ella lee cuando está con él.

Empieza a rebuscar entre los pesados tomos, algo especial, algo particular, algo a lo que él no tenga acceso desde su colegio, es entonces cuando una revista en particular le llama la atención. La retira de la estantería.

Pociones y Hechizos Avanzados

Un compendio de artículos de magos contemporáneos.

Todo lo que el mago de la actualidad debe saber.

Abre la revista leyendo los artículos que contiene, de pronto le llama la atención ver un artículo firmado por S.S. Se pregunta si habrá posibilidades de que esas iniciales sean las de Severus Snape. Al final de cuentas, él es un mago que puede escribir sobre pociones, ella no sabía que el Profesor escribiera.

Abre la revista por el artículo firmado por S.S., la poción potenciadora. Una poción capaz de potenciar los efectos de cualquier objeto o hechizo. Durante casi un cuarto de hora lee el ensayo, una poción hecha a base de ingredientes y hechizos es sumamente difícil, y ahí está una.

Cierra la revista con cuidado y se acerca al mostrador para pagar por ella, ese es un buen regalo, no hay manera que él tenga esa revista pues es inglesa, y él pasa la mayor parte del año en Durmstrang. Paga y sale al callejón a buscar a los chicos.

—Hermione —le grita Ginny al pasar frente a la heladería de Florean Fortescue.

Ron, Ginny y Harry están sentados a una mesilla con tazas de chocolate caliente en las manos.

— ¿Han terminado? —les pregunta Hermione.

—Si, mi madre nos está esperando en el Caldero Chorreante.

— ¿Qué compraste Hermione? —le pregunta Ron, quizás con demasiado entusiasmo.

—Una revista sobre pociones.

—Oh, ¿de verdad? —sonríe como un maniático.

—Si, Ron —responde Hermione de mala manera.

Harry y Ginny previendo la pelea que se avecina se ponen de pie.

— ¿Por qué no vamos a buscar a la Señora Weasley? —pregunta Potter.

Demasiado tarde.

— ¿Por qué no me dices de una buena vez qué es lo que te molesta? —le dice Ron a Hermione mientras se ponen de pie y se miran por encima de la mesa.

—Tú —le responde ella. — ¿Por qué no me dejas en paz?

— ¿Para qué? Para que salgas corriendo a buscar al imbécil de Prince.

—No le llames imbécil —chilla la chica.

—Lo defiendes, —le dice el pelirrojo apuntándola con el dedo índice.

—No me apuntes, —grita Hermione dándole un manotazo —no te atrevas a apuntarme de nuevo, no te atrevas a volver a cuestionarme.

Y da media vuelta rumbo al caldero chorreante dejando a Ron rojo de rabia y a Harry y Ginny solo mirándola.

—Hermione, espérame, —le grita la pelirroja y antes de salir corriendo tras ella le dice a su hermano —francamente no sé qué esperabas después de haberte portado con ella como un patán.

.o.O.o.

La fiesta de Noche Buena ha reunido al variopinto grupo que forma la Orden del Fénix.

El centro de la fiesta es la cocina, Tobías está en el mismo rincón de siempre mirando, pero sin hablar con nadie. Hermione entra ignorando a Ron, solo a Harry le dirige una leve sonrisa.

Cuando mira a Tobías siente el corazón desbocarse y las manos comienzan a sudarle, un leve cosquilleo en el estómago y una sonrisa que no puede evitar.

—Buenas noches, Tobías.

Él se pone de pie esperando que ella se siente, está muy guapa con un vestido de color granate. Siente una mirada posada en él, levanta la cara y ve al más joven de los Weasley mirándolos con los ojos entornados y los puños apretados. Le sonríe de medio lado, una sonrisa que dice claramente "¿porque no intentas venir por ella?", haciendo que el chico rechine los dientes.

La cena pasa para Hermione con tranquilidad, sabe que Ron sigue molesto, pero no le preocupa, todos los demás hablan parlanchinamente, el Señor y la Señora Weasley beben en la cabecera de la mesa. Harry y Ginny platican animados y un poco más allá Remus, Sirius, Ojoloco, Shackebolt y Bill forman un escandaloso corro, todos beben y comen; Sirius incluso ha olvidado fulminar con la mirada a Tobías.

Tonks, los gemelos y Mundungus hablan también en el rincón en el que Tobías y ella se encuentran, hablando sobre encantamientos.

Cuando la media noche suena todos se ponen de pie para desearse feliz navidad, Hermione quiere abrazar a Tobías, pero los brazos de los gemelos la alejan, luego sigue desfilando de brazos en brazos, hasta que llega el incómodo momento cuando Ron se acerca.

—Feliz Navidad, Ronald.

—Hermione.

Ron la aprieta fuerte de la cintura, Hermione no puede ver la mirada que el pelirrojo lanza a Tobías como respondiendo "es mía".

—Compréndelo —le dice al oído —tú lo decidiste de esta manera, te quiero Ron, pero ya nada es como antes.

El gusto le dura poco a Ron, la mira con sus ojos azules de niño, hay muchas cosas en ellos, amor, dolor, celos, ansias. Él no dice nada, besa la frente de su amiga y se da la vuelta.

Hermione sabe que es una tregua momentánea, tal vez solo por navidad, pero se conforma con tener la mente tranquila por ese día. Cuando se ha liberado de todos aquellos abrazos busca a Tobías con la mirada, pero no lo ve por ningún lado.

—Ha salido mientras abrazabas a Ron, —le susurra Ginny.

—Gracias.

.o.O.o.

Está de nuevo en la biblioteca, sale huyendo de la cocina cuando Hermione abraza a ese enorme pelmazo que es Weasley. Ha sentido una fuerte punzada en el estómago, demasiado conocida como para no saber de qué se trata, es esa misma punzada que sentía cada vez que Potter abrazaba a Lily frente a sus ojos, esa punzada se llamaba celos. La mirada que Weasley le ha dedicado es la misma que James le lanzaba al tener a Lily con él, esa mirada que le recuerda que ella es inalcanzable, intocable. Tal como siente a Hermione, a unos centímetros de distancia, pero tan lejos como una vida entera, literalmente.

No aguanta, además, verla abrazando a Potter, el cuerpo de James, los ojos de Lily, estrechando a Hermione, se jala la coleta en que su cabello está atrapado, es para volverse loco.

Mira la chimenea apagada sin animarse a encenderla, qué le pasa, sabe que tiene que irse, cómo demonios se le ocurrió enamorarse de la chica Granger.

.o.O.o.

Está de pie frente a la puerta de la biblioteca sin decidirse a entrar y sin atreverse a irse. Tal vez Tobías no estará ahí, quizás estaba cansado y se ha retirado a su habitación, Ginny dijo que se fue de la cocina cuando ella abrazó a Ron. Tal vez está celoso, le murmura una vocecilla en la cabeza. Sonríe ante la posibilidad.

En ese momento todo lo que el mundo ha dicho sobre el coraje de los Gryffindor le parece una soberana tontería, al diablo con los leones, si acaso, ella en aquel momento se siente como un ratón, uno insignificante y cobarde.

Ron nunca la había hecho sentir así, de alguna manera, ella siempre se había sabido superior al pelirrojo, pero con Tobías es diferente, la pone nerviosa, su mirada serena, y callada, y atormentada, todo a la vez. Las profundidades de sus ojos, esos ojos en penumbra, tienen la facultad de hacerla sentir aún más joven, como si él a sus escasos años hubiera visto demasiado. Es, en ese segundo, que se pregunta cómo puede enamorarse, no lo conoce, no sabe quién es, la asusta la idea de que es un extraño, ni siquiera está segura de cuántos años tiene, sabe que va a la escuela, tal vez diecisiete o dieciocho. Eso no es lo peor, lo que más la golpea es el hecho de que no interesa, ¿qué importaba si no sabe nada de él?, ella quiere estar ahí, con él, en esa biblioteca. Esta vez no dará nada por sentado, esta vez pondrá atención y seguirá solo a sus propios designios, sin importarle si al resto del mundo le parecen o no sus decisiones.

Da vuelta a la perilla y entra pisando fuerte como si eso le infundiera el valor que no siente.

—Buenas noches, desapareciste de la fiesta.

—No me gustan los abrazos —le responde él con voz rasposa.

— ¿Ni siquiera los míos? —dice la castaña.

Él se pone de pie mirándola, nunca ha pensado lo alto que es, apenas y le llega al mentón, y eso que lleva tacones. Tobías enciende la chimenea sin dejar de mirarla, interpretando el erizamiento de la piel de ella como frío, sin saber que, en realidad, es él quien lo provoca.

Hermione da un paso al frente y pasa sus brazos alrededor del delgado torso de él.

—Feliz navidad, Tobías.

Siente como Prince con algo de reticencia la estrecha y recarga su mejilla en su cabello castaño. Sin soltarlo, Hermione lo mira, están tan cerca siente su respiración, siente su olor, quiere besarlo, pero no se atreve, es una cobarde, no aguantará el rechazo de esos labios finos, continúa mirándolo insistentemente, sus ojos lo invitan a besarla quiere que él lo haga, que tome los labios que ella le ofrece, cierra los ojos esperando que la suelte… o que la bese.

Siente su respiración más cerca.

—Feliz navidad, Hermione —escucha, antes de que sus labios delgados se apoderen de los de ella, en la penumbra de la biblioteca.


Vamos por más

Adrel Black