Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción El Rincón de Los Sentidos de Mägo de Oz. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Enjoy!
PENUMBRA
por
Adrel Black
12. VACACIONES EN EL CUARTEL
PARTE V
La Escapada.
Quiero cantar, quiero gritar,
quiero vivir en libertad,
quiero morir, cerca de ti
quiero encontrar lo que perdí.
(El Rincón de los Sentidos, Mägo de Oz)
Extracto tomado del diario El Profeta.
El Profeta 25 de diciembre de 1996.
IDENTIFICAN CADAVER ABANDONADO A LAS PUERTAS DEL MINISTERIO.
Fue Escolta De Cornelius Fudge.
Por Rita Skeeter.
La persona cuyo cuerpo fue abandonado hace tres días a las puertas del Ministerio de Magia fue identificada como Carlus Watkins, el cual se desempeñaba como escolta del anterior ministro, Cornelius Fudge.
El cuerpo fue reconocido por su hermano, como la comunidad mágica recordará, el pasado día 22 de diciembre sujetos no identificados abandonaron un cadáver con obvias huellas de tortura en la caseta telefónica que sirve como entrada al complejo del Ministerio desde el Londres muggle.
Dado que los desconocidos que abandonaron el cadáver invocaron la marca tenebrosa sobre dicha caseta, el ataque se adjudica a los conocidos mortífagos. Grupo de choque comandado por quien-ustedes-saben.
Hasta el momento se desconocen los motivos que tuvieron para cometer tan artero crimen, aunque mucho se ha especulado sobre posibles vínculos entre Fudge y el-que-no-debe-ser-nombrado, recordemos que, el año pasado Fudge se empeñaba en demostrar que no había manera de que quien-ustedes-saben hubiera regresado. En ese entonces se atribuyó su actitud a simple estupidez por parte del entonces ministro, sin embargo, información más reciente ha salido a la luz en torno a posibles actividades tenebrosas cometidas por Fudge, y a que, su negativa a reconocer el regreso de quien-ustedes-saben no fue obra de la casualidad sino sirviendo a sus propios intereses.
Ya sea, que Fudge y el-que-no-debe-ser-nombrado estén coludidos o no, la comunidad mágica se encuentra en alerta roja debida al clima de inseguridad que se respira…
.o.O.o.
Hace unas horas que Ginny ha llegado a la habitación que comparte con Hermione, pero su amiga aún no ha regresado.
Está recostada en la oscuridad pensando, qué estará haciendo la castaña, cuando siente la puerta abrirse muy despacio. Una sombra entra en la penumbra de la habitación, distingue la figura delgada y alta de Tobías Prince, en sus brazos está Hermione, la deposita con una delicadeza tremenda en la cama. Ginny fingiéndose dormida los mira. Le quita los zapatos y la arropa.
—Descansa Hermione, —susurra el chico, luego, le da un casto beso en los labios y se va.
En cuanto la puerta se cierra y los pasos de Tobías se pierden en las escaleras Ginny salta de su cama y zarandea a Hermione.
La castaña abre los ojos, sonriente.
—Cuéntame todo —exige la pelirroja. Pero Hermione solo la mira con la vista brumosa y una sonrisa tonta nada propia de ella. — ¿Hermione?
Recuerda el beso que le regaló a Víktor hace años, con tanta timidez, luego hace una mueca cuando recuerda la manera torpe con la que Ron besa a Lavender, y la manera avergonzada con que se besan Ginny y Harry a cada oportunidad. Ninguno de esos besos se parece al que compartieron ella y Tobías.
Rememora la forma en que él la besó, nunca nadie la hizo sentir así, esas ansias locas por devorarse sus labios. Un beso de adultos. La forma en que, en algún momento, acarició su cabello, la hizo sentir querida, por una vez alguien la había hecho sentir orgullosa de ser Hermione.
— ¿Cómo llegué aquí?
—Él te acaba de traer, Hermione —le dice Ginny mientras le jala un brazo —te trajo en brazos y te deseó que descansaras, Hermione fue tan romántico, como una escena salida de un cuento.
La sonrisa de Hermione se ensancha más en su cara.
—Ginny, —la pelirroja la mira con avidez —estoy enamorada, de verdad, no como con Ron, esto es… diferente, —aclara mientras se toca el estómago. Ginny de inmediato asiente, claro que sabe a lo que su amiga se refiere, a esa sensación de tener mariposas en el estómago.
— ¿Qué pasó? Cuéntame Hermione —ruega la pequeña Weasley.
—Bueno, pues, cuando me fui lo busqué y estaba en la biblioteca, lo abracé para desearle feliz navidad y… nos besamos y luego hablamos y nos besamos, —Hermione suspira cerrando los ojos.
Ginny la abraza, le había dolido mucho cuando la vio tan triste por Ron, pero ahora que la ve así sonrojada y con la mirada perdida se siente agradecida de que su amiga por fin haya encontrado alguien acorde con ella.
.o.O.o.
El día de Navidad amanece nevando, recuerda haberse quedado durante la madrugada hablando con Hermione en la biblioteca, le había hablado un poco sobre su familia, todo lo que podía decir sin revelar quién es. Un poco sobre su soledad, un poco sobre sus malas decisiones, claro que no puede compartir la realidad con ella y eso lo tiene pensativo, solo puede contarle vaguedades.
La chica le habló de sus padres dentistas y de sus estudios en la escuela muggle, él se maravilla en su simpleza, en lo que es una vida sin la sombra de Voldemort cerniéndose sobre ella, ha seguido parloteando sobre el regreso de Voldemort y el miedo que siente de que tarde o temprano Potter tendrá que enfrentar al Señor Tenebroso y, sabedora de que estará al lado del hijo de Lily, tendrá que tomar parte en la batalla que se desencadene, le ha confiado sus miedos de que sus padres se vean inmiscuidos y el miedo a que estén indefensos al ser muggles.
La besó, como nunca antes, como nunca pensó, hasta que sus labios estuvieron brillosos e hinchados, vio sus ojos cerrados y sus mejillas sonrosadas, sus rizos se enredaban en sus manos. Su rostro era un poema, uno que él estaba escribiendo y le pareció lo más maravilloso de la tierra. Nunca ninguna mujer se había visto así en sus brazos, él nunca se había tomado la molestia de hacer que una mujer se sintiera de esa manera con él. Lily nunca se había visto extasiada con su presencia, nunca había tenido la serenidad que miraba en las facciones de Hermione.
Hasta que el sueño la venció.
Se pone de pie, se siente extraño, dividido, el día de ayer lo más importante para él era regresar a su tiempo, el día de hoy eso le parece una nimiedad, ¿qué más da si tiene que permanecer en este tiempo?, él cuidará a Hermione, estará con ella para que no sienta miedo de Voldemort, si hay una batalla él la acompañará, no la dejará sola. En este tiempo será un hombre nuevo, lejos de sus ataduras. Nada de ser espía, nada de sufrir más por una mujer que no le pertenecía, no más noches en la penumbra de su casa, no más noches en Cabeza de Puerco intentando huir de la soledad mientras ésta se aferra a sus huesos.
Se desliza dentro del pantalón, está por abrocharse la camisa cuando mira su saco en el piso, lo levanta, del bolsillo cae un paquete de cigarrillos, no más cigarrillos en la oscuridad, toma la cajetilla y la aprieta en la mano hasta que los cigarros quedan inservibles, luego con un pase de varita los desaparece. Se siente nuevo, purificado. Se siente joven, a sus diecinueve años por fin se siente joven.
A los pies de su cama divisa un paquete cilíndrico envuelto en papel gris, un único regalo de navidad.
Gracias por todas las conversaciones silenciosas que me has regalado.
Feliz Navidad.
Hermione.
Se guarda la tarjeta en el bolsillo del pantalón y desenvuelve el regalo, una revista con artículos sobre pociones, se sienta de nuevo sobre la cama y hojea el índice.
El sonido de unos nudillos estrellándose contra su puerta lo sacan de su ensimismamiento.
—Adelante —murmura.
Hermione vestida como muggle está de pie en el dintel, le sonríe.
Ella entra a la habitación con timidez, con los labios apretados, como si necesitara hacer acopio de todo su valor para lograrlo. Él aun sentando en la cama, la mira sin decir nada. Se acerca y le hecho hacia atrás un mechón de cabello negro. No puede evitar notar que lleva la camisa aún abierta, tiene cicatrices de un blanco nacarado en la tez pálida. Una particularmente grande le cruza desde el pectoral izquierdo y se pierde dentro de la camisa, bajo sus costillas derechas. Quiere preguntar el origen de esas cicatrices, pero no quiere arruinar el momento y sabe que, cada vez que Tobías tiene que hablar de su pasado se pone taciturno, de modo que pregunta:
— ¿Por qué siempre estás tan serio, Tobías? —no espera esa pregunta ¿por qué siempre estás tan serio? —Hay ocasiones en las que no pareces un chico de colegio.
Él la mira como si estuviera hablándole en otro idioma.
—No sé —responde —no tengo muchos motivos para no estar serio.
Hermione toma una cruz de plata que cuelga de su pecho
—Es raro que los magos utilicen símbolos cristianos.
—Mi padre era muggle, mi madre bruja, él era cristiano, la obligó a convertirse al cristianismo.
— ¿Y esta cruz era de tu padre?
—De mi madre.
Hermione suelta la cruz y Tobías se abrocha la camisa. El silencio se ha hecho denso, como cada vez que hablan sobre los padres de Tobías. Hermione revira sus ojos hacia una de las paredes grises intentando borrarse de la retina la imagen del pecho desnudo de Tobías.
—Estuve pensando anoche y me gustaría hacer algo diferente, —Tobías mira a Hermione con ojos entornados — ¿Te escaparías conmigo?
— ¿Cómo?
—Si yo te pidiera que te escaparas conmigo hoy, al Londres muggle, ¿lo harías?
—Sí, —responde él con recelo, casi como preguntándoselo a sí mismo.
—Vamos.
— ¿No te vas a meter en problemas por esto?
—Ginny va a cubrirnos durante unas horas, —dice ella encogiéndose de hombros, restándole importancia.
— ¿Tienes algún plan?
—Si.
.o.O.o.
Bajan sigilosamente la escalera, Tobías toma una de las manos de la castaña. Ginny al pie de la escalera, les sonríe.
Tobías solo hace una inclinación a manera de saludo.
—Gracias Ginny —Hermione está rebosante de alegría.
—No tardes demasiado.
La castaña niega con la cabeza y de la mano de Tobías se escabulle por el vestíbulo. En cuanto pisan el escalón superior de la calle desaparecen.
.o.O.o.
Vuelven a aparecer en un sucio callejón que desemboca en una ruidosa calle del Londres muggle. Por la bocacalle se ven pasar vehículos como bólidos de colores difusos. Aun tomados de la mano salen hacia la ciudad, Hermione lo guía por entre edificios enormes, para Tobías todo aquello es novedoso, incluso en su tiempo su único contacto con los muggles son sus cajetillas de cigarros…y los ataques de los mortífagos, susurra una voz en su cabeza, que acalla lo más rápido que puede.
Pasan ante aparadores de ropa y se mueven entre multitudes que amenazan con separarlos, pero el agarre de sus manos se mantiene, hasta que llegan a un local pequeño, con el frente de vidrio. Tobías lo mira "Starbucks Coffee" dice un rótulo en la entrada.
Hermione se adelanta para entrar, Tobías la mira extrañado.
— ¿Qué pasa? —pregunta la castaña.
—No tengo dinero muggle —aclara él.
—No importa, yo invito.
Abre la puerta para que Hermione entre, y se cuela tras ella con algo de reticencia. Es un local alargado, a la derecha unas pocas mesitas redondas, a la izquierda un largo mostrador, también de vidrio, lleno de empalagosos postres.
—Te pido algo en particular.
—Algo no muy empalagoso —dice él en voz baja.
Ella asiente sonriendo.
.o.O.o.
Le sorprende saber que Tobías sufre de insomnio, que le gusta el café expresso, que odia el dulce. Apenas es consciente de la reticencia de Tobías a expresar nada más, es como usar las palabras escritas en un laberinto, las usas y llegas a un callejón sin salida, usas otras y te llevan un poco más allá, hasta que das con otro callejón, como si caminaras en círculos, sin avanzar, sin profundizar.
Tres horas se consumen en un monólogo en el que Hermione habla, Tobías responde y revira las preguntas hacia ella, embebiéndose en lo que es la historia de Hermione, sin permitir que la historia de Tobías salga a flote.
Y, sin embargo, Hermione se siente dichosa, nunca ha tenido un oyente tan considerado, normalmente cuando ella quiere hablar se encuentra con que a Harry y a Ron no les interesa en lo más mínimo lo que ella tenga que decir, y cualquier plática les parece intrascendente si no incluye la palabra quidditch en ella.
Con Ginny se puede hablar claro, pero no es lo mismo, Ginny ha tenido una vida feliz, envuelta en una familia enorme, pero amorosa, y siendo la única mujer de entre todos los hijos es consentida, pueden tener una "charla de chicas", pero difícilmente pueden hablar de algo más. Eso sin mencionar su igual afición al quidditch.
Alguna vez leí una historia en un libro de lecturas en la que un chico habla de una tía suya que es muy inteligente y que se enamoró de un hombre que a nadie le parece que sea suficiente para ella. Y el chico dice que todas las mujeres inteligentes se enamoran de la misma manera… como estúpidas. Sin duda, si la mente de Hermione no estuviera tan nublada por sus sentimientos, se daría cuenta que Tobías no dice nada, que Tobías no le cuenta nada y que Tobías de una manera sutil escucha todo lo que Hermione dice sin que ella descubra nada sobre él.
—Creo que debemos irnos —le comenta a Hermione. Las tres horas se consumieron fácilmente frente a sendas tazas de café.
—Si.
Hermione saca un galeón y algo de dinero que lleva en el bolsillo de la sudadera, paga los cafés y con sus dedos modifica la información que se ve en la orilla de la moneda. Tobías la mira sin entender.
—Tiene un hechizo proteico, Ginny tiene otro, nos limpiará el camino para que lleguemos a la biblioteca sin que nadie se dé cuenta.
Tobías asiente.
Desandan el camino hasta el callejón, tomados de la mano.
Cuando llegan, Tobías se prepara para desaparecerse, pero antes de que eso pase Hermione lo besa. Tiene unas ansias locas de sentir de nuevo su boca, sus delgados labios se posan sobre los de ella, bailando con cadencia, la toma de la cintura y la aprieta contra él, siente su piel erizarse cuando la lengua de él se enzarza con la suya. Su sabor increíble, un matiz desvaído de tabaco, café y menta. Hermione nunca ha sido más consciente de su cuerpo, de la manera en que parece arder a cada uno de los toques de Tobías.
En el bolsillo de su sudadera el galeón se calienta. Hermione se aleja con la vista aún nublada. Una sola palabra se ve en él. "Ok"
—Es hora, —le avisa al chico.
Hermione se abraza otra vez de su torso, mientras él la arrebuja dentro de su saco.
Aparecen en el escalón superior de Grimmauld Place y entran deslizándose por la penumbra del pasillo y hacia el vestíbulo.
Adrel Black
