Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 29
Pasan un par de semanas antes de poder ver a Masen. Hay un problema al procesar a sus visitantes en el sistema, así que incluso hacer una llamada por teléfono tarda toda una agonizante semana.
Cuando finalmente hablamos, la conexión es mala, su voz suena muy distante y luego nuestra conversación se ve terminada demasiado pronto; el pabellón donde está su celda será registrado.
El tiempo se arrastra y cada día trae sentimientos conflictivos. A corto plazo, es un día más cerca de volver a verlo, pero en el esquema más grande de la situación, es un día más cerca de conocer su sentencia; la fecha de su juicio… un día más cerca de descubrir nuestro futuro.
Si es que tendremos uno.
Dos líneas rosas en un plástico blanco tapado y escondido en el buró de mi habitación de hotel confirman mi futuro. Al menos, eso creo.
En las noches lo saco y lo miro antes de apoyar la mano en mi vientre, preguntándome cómo pudimos haber sido tan estúpidos. Quiero decir, ¿cómo es que no me di cuenta?
Una parte de mí no estaba sorprendida… una parte de mí sabía, creo, al menos en un nivel subconsciente, pero debido a cualquiera que fuera el estado mental en el que me he encontrado, no lo he reconocido, al menos no hasta que Charlotte me lo preguntó. No hasta que salió corriendo hacia la farmacia y me trajo tres pruebas diferentes. No hasta que sostuvo mi mano mientras contábamos juntas los dos atormentadores minutos. No hasta que me dijo que era positivo.
El asunto es que el momento no podría ser peor. Lo sé. Lo sé. Y no sé qué quiero hacer al respecto, porque no estaba, no estoy en posición de tener un bebé. Apenas puedo cuidarme a mí misma, mucho menos puedo cuidar a un ser humano pequeñito.
Hay una opción muy obvia aquí, pero de ninguna manera puedo terminar con un embarazo sin discutirlo primero con Masen, a pesar de que fue la sugerencia de Charlotte. No puedo hacerle eso a él, o a mí, o al montón de células creciendo en mí justo ahora. No sería justo para ninguno de nosotros.
…
Estoy sentada con impaciencia y rebotando la rodilla, me pongo de pie cuando finalmente sacan a los presos hacia la enorme y fría sala de visitantes. Volteo dos veces cuando registro que tiene un ojo morado, pero antes de poder pronunciar palabra, me aplasta contra él, sus brazos me rodean con fuerza. Lo abrazo con la misma fuerza antes de que él baje su boca a la mía, me besa de forma dulce y suave hasta que uno de los guardias nos grita que lo dejemos.
—Dios, te he extrañado, carajo —murmura cuando nos soltamos con reticencia.
—Yo también. ¿Qué pasó? —pregunto, hundiéndome en el asiento de plástico duro mientras que él hace lo mismo, me paso una mano por la coleta, mis mejillas se sienten sonrojadas por haber sido reprimidos.
—Soy un pez… —me dice como si debiera saber qué significa eso—. No salí tan mal, deberías haber visto al otro.
Lo dice de forma casual, pero me muerdo el labio, ansiosa.
—No estoy segura…
—Bella —me interrumpe—. Es así como funciona. Solo… déjame lidiar con esto a mi manera, ¿sí? Sé que no se ve bien, pero no permitiré que me jodan aquí. Por nada.
—Bien, bien. Lo siento.
Toma mi mano, mueve sus piernas para que toquen las mías por debajo de la mesa.
—¿Demetri te está cuidando bien?
—Bien. Estamos bien. En realidad, es molesto, como un papá sobreprotector. Siento que no puedo ir a ninguna parte.
La risa de Masen suena amarga, y luego me siento como una perra insensible porque no es como que él pueda ir a otra parte, y debí haber comprendido eso. Dejo caer la cabeza y miro con fuerza las marcas que están sobre la mesa blanca.
—Lo siento, eso fue… ¿es muy malo? ¿Aquí?
Se encoge de hombros.
—No. No hay nada que hacer aparte de ejercitarse e intentar mantener un perfil bajo, no es que parezca estar funcionando con todas las mierdas que han salido en las noticias.
Tengo la sensación de que no está siendo completamente honesto, pero sigue hablando antes de poder interrumpirlo.
—Espero que me den un trabajo o algo pronto, algo que me mantenga ocupado mientras esperamos. Tal vez me decida por la educación. —Se jala el cabello—. Aunque mi compañero de celda es un jodido raro, pero puede seguir hablando de su madre y su Dios siempre y cuando se aparte al carajo de mi camino.
No puedo empezar a entender lo que es estar aquí, pero él está actuando tan sereno —tan sensato— que me estoy asustando un poco porque eso es lo opuesto de cómo me siento.
—Eso es… bueno. Pareces estar… adaptándote.
—No dije que estuviera adaptándome.
—Perdón —repito de forma automática, me siento estúpida e insegura de mí. Lo miro, pero sus ojos están viajando por la sala. Levanta la cabeza en señal de reconocimiento hacia alguien y miro sobre mi hombro para encontrar a un tipo con la cabeza rapada y tatuajes mirándonos, a pesar de que él tiene a sus propias visitas, tiene una sonrisa en la cara cuando sus ojos saltan entre nosotros.
Miro de nuevo a Masen.
—¿Quién es?
—Nadie —responde y ahora sé que está mintiendo, pero no quiero decírselo, no quiero presionarlo cuando esta es la primera vez que lo he visto adecuadamente desde que nos arrestaron.
Él se siente distante, alejado, no del todo él mismo. Mis dedos trazan las marcas de la mesa. Así no es cómo pensé que sería visitarlo, no sé cómo sería, pero no… no esto. Tomo la decisión de no decirle que estoy embarazada. Hoy no. Las cosas se sienten demasiado frágiles. Esta semana me haré un ultrasonido, así que supongo que si las palabras me fallan la próxima vez, puedo mostrarle la foto o algo así.
—No hagas eso, B. —Alzo la vista y ahora él se ve triste.
—¿Hacer qué?
—No digas que lo sientes. Sigues diciéndolo y no necesito que lo sientas. Te necesito a ti… solo habla conmigo, sobre lo que sea. Nada que tenga que ver con esto. —Señala a su alrededor y creo que lo entiendo.
Inhalo.
—Um, Charlotte apareció —le digo—. Yo no… es raro, pero ella ha estado cerca básicamente todos los días. Así que…
—¿Confías en ella? —cuestiona Masen.
—Ella nunca… siempre ha estado ahí para mí en el pasado. Así que sí. Necesito una amiga justo ahora y la extraño, ¿sabes? Nunca me hizo nada malo en aquel entonces, fue solo el asunto con Petey y María lo que me ha hecho dudar de todo.
—Solo ten… ten cuidado sobre qué tanto compartes con ella. Por si acaso, no digo que ella vaya a traicionar tu confianza, pero ya sabes. En este momento, la suerte no parece estar de nuestro lado.
Creo que ya le he contado demasiado, pero la carga de llevar todo en mis hombres es… demasiado. Necesitaba decirle a alguien, algo, antes de explotar, y hay un límite para lo que Demetri puede escuchar, el pobre tipo.
—Me ha estado distrayendo de todo esto. Comenzó a asistir a la escuela de belleza en las tardes cuando no trabaja y quiere que sea su conejillo de indias para algunos de sus módulos.
—¿Para qué?
—Como depilación de cejas, tintes, extensiones de pestañas, ese tipo de cosas.
Masen me analiza por unos segundos, sus ojos se mueven por mi cara.
—No necesitas nada de esas mierdas.
Tengo que reírme.
—Eso es muy dulce, pero siempre hay oportunidad de mejorar.
Sacude la cabeza y puedo sentir su rodilla rebotando contra la mía.
—Una de las cosas que más extraño. Despertar junto a tu cara. No necesitas ser mejorada.
También extraño despertar con él. Su peso a mi lado, la calidez que irradia, la forma en que gime cuando le susurro la hora al oído. Trago con fuerza intentando regresarme a nuestra conversación, pero un golpe de náuseas me hace llevarme la mano a la boca. Durante un minuto tengo la certeza de que vomitaré aquí mismo. Creí que ya había superado esto, pero tal vez no.
—¿Estás bien? —Masen me está viendo, tiene las cejas fruncidas.
—Sí. Bien —miento. No se ve convencido, así que sigo hablando con la esperanza de que sea suficiente para distraerlo—. Quiero decir, es solo para ayudarla. Toma fotos de antes y después, y eso va a su portafolio. Siempre y cuando no termine con aspecto raro, le dije que estaba bien.
Masen aparta la vista y la regresa otra vez. Su reconocimiento constante me hace sentir inquieta.
—¿Qué más?
—Esme y tu mamá me invitaron a cenar la otra noche. Tenían algunas preguntas… y tu hermano. Él no está feliz. No le agrado. O sea, para nada.
No era que esperara que fuera amable, pero su actitud fue horrenda. No me entendió, no entendió por qué estaba con Masen, no le gusta que esté relacionada a alguien como mi papà. Intentó culparme por toda la situación, y en cierta forma, estoy de acuerdo con él.
—Tampoco yo le agrado —dice Masen, poniendo los ojos en blanco—. ¿Qué te dijo?
—Bueno, um, dijo que quiere pagar por otros abogados. Que tener a Jenks representándote… que estar casado conmigo… que tener lazos con la "maldita mafia italiana americana", te ves culpable por asociación fue lo que dijo.
Esme había tenido que jalarlo a su asiento en ese punto ya que me estaba señalando con un dedo desde el otro lado de la mesa, con la mano extendida sobre la caoba, enojado. Por supuesto, él sabe un poco más que Esme y Elizabeth sobre el involucramiento de Masen con Alec, así que me acorraló después cuando iba de salida, queriendo saber la verdad.
—¿Asesinó a esos hombres?
Sin embargo, no podía responder, así que solo dije que no sabía.
—Sería el primer acto desinteresado que ese cabrón haría por mí si de verdad lo cumple. No entiendo cómo Es lo puede aguantar. —Masen se remueve en su asiento—. Necesita contestar la próxima vez que le llame desde este lugar. Quiero a Jenks… tenemos todo planeado. Si tiene un problema, necesita hablar conmigo. —Exhala una larga respiración por la nariz—. ¿Cómo está mamá? ¿Esme?
—¿La verdad?
—Sí.
—Devastadas.
Deja caer la cabeza y por primera vez se ve apropiadamente avergonzado, arrepentido.
—Yo no... Dios, fui una mierdecilla de joven. No me importaba, y mira ahora dónde estoy.
—Tal vez debiste haberme dejado en paz, como dijiste antes —comento, las pequeñas dudas me molestan—. Porque donde terminamos es… aquí. Más que nada por mí. De hecho, no. Esto es por mí. Tu hermano no está equivocado.
—¿Él dijo eso? —Los ojos de Masen destellan con enojo—. Bella… ni siquiera… me hace enojar que pienses así. No me arrepiento de hacer lo que hice. No me arrepiento de ti. Tomé decisiones cuando era más joven y cada una de esas decisiones me trajo aquí, a ti. Así que al carajo con eso. He estado involucrado en estas cosas desde hace años, eso no es tu culpa. Eso es todo culpa mía.
Permanezco en silencio mientras él acaricia suavemente mi mano con su pulgar.
—Nunca me contaste. Cómo terminaste trabajando para Alec. Sé que tu familia no tiene ningún lazo… —me quedo callada y se ve como si no quisiera tener esta discusión justo ahora—. Tienes que decírmelo en algún momento —le digo.
Cruza los brazos y se recarga en el asiento, mira a su alrededor otra vez, considerando lo que le dije.
—No puedo entrar en detalles —dice eventualmente—. Aquí no.
—Entonces resúmelo para mí, ¿por favor?
Se mueve hacia enfrente.
—¿Recuerdas lo que vivió mi madre?
Asiento.
»Alec resolvió el problema de mi papá. Por eso le debía.
Se recarga otra vez y mira mi reacción mientras yo paso por una infinidad de sensaciones, y todo tiene sentido. Por lo que dijo anteriormente, había supuesto que era algo así, pero no podía estar segura.
Masen suspira pesadamente.
—¿Qué carajos estás haciendo conmigo? —pregunta sin emoción, más para sí que para alguien más—. Podrías estar con alguien mucho mejor. Tu papà tenía razón en eso. No tengo nada que ofrecerte.
Me sobresalto un poco.
—¿Te dijo eso?
Masen resopla.
—¿También te lo dijo a ti?
Cruzo las piernas y las descruzo. No hay nadie más a quien quiera. A pesar de todo lo que sé.
—Me lo dijo —admito—, pero no quiero a nadie más. Le dije eso a él. —Toco su pie con el mío hasta que se disipa la tensión en su postura.
»Él no te conoce como yo. No tiene derecho a empezar a decirme a quién quiero o lo que necesito. Quiero decir, no tengo idea de lo que estoy haciendo —confieso con una carcajada—. No tengo idea justo ahora. Sin ti, las cosas parecen no tener sentido. Sé que eso es malo, pero así es como me siento… te amo. De lo contrario, no me habría casado contigo. No sé qué hacer sin ti cerca.
—Tienes que seguir adelante —insiste Masen con sinceridad.
—Lo sé, pero…
—Necesito que sigas adelante. Estudia para tu GED, o haz eso de enseñar yoga, lo que sea. Empieza a ver a Irina otra vez. En serio, Bella. También te amo. Quiero cosas buenas para ti, siempre lo he querido. Tu vida no puede detenerse solo porque estoy aquí.
Siento que estamos pensando lo mismo mientras él se desvía del hecho de que no tenemos ni idea de cuánto tiempo estará aquí.
Ese pensamiento es doloroso. Que él pueda estar en prisión por el resto de su vida.
¿Y luego qué?
¿Qué sucede con nosotros?
Suena la alarma.
Y justo así, la hora de visita termina.
—¿La próxima semana? —pregunta Masen, esperanzado. Sonrío y lo rodeo con mis brazos, sus manos se posan sobre mi culo entre la conmoción y lo aprieta.
—Sí… pero llámame antes de entonces, si puedes.
…
—¿Viste el periódico de hoy? —le pregunto a Masen cuando llama una semana después.
Suspira por el teléfono.
—No.
—Kate —le digo con amargura—. Mi noche con…
—Detente —dice Masen cansadamente.
Nos quedamos en silencio.
—Ella no significó ni mierda para mí, lo sabes.
—¡No significa que sea más fácil leer esas cosas! ¿Cuántas más van a salir arrastrándose por debajo de las piedras para tener sus cinco minutos? ¿Eh? Obviamente te gustaba lo suficiente para follarla.
No sé de dónde viene este enojo. Los celos que siento, la urgencia irracional por golpear algo cuando pienso en él y ella. Ver el periódico esta mañana me hizo poner el grito en el cielo. Ella incluso tiene una maldita foto con él y detesto que yo no tengo, no después de que Caius destruyó mi celular y la policía se llevó el de él.
—Bella… vamos. Dame un maldito respiro. ¡Esto fue antes de que estuviéramos juntos! No era un santo. Vas a tener que ignorarlo. Carajo, si tengo que escuchar algo sobre ti una vez más aquí… —Exhala un aliento, suelta una carcajada sombría.
Quiero preguntarle qué es lo que dicen exactamente, pero no lo hago. También sé que mi enojo está fuera de lugar, pero no puedo evitarlo. No puedo. Ni siquiera sé por qué. Tal vez pueda culpar a las hormonas.
—También te extraño, muchísimo. Ni siquiera tengo una foto contigo y ella sí. Eso es muy jodido. Lo más cercano a eso que tengo de ti es una ficha policial —le respondo, apoyando la frente sobre el cristal de la ventana, viendo a la gente correr de la lluvia que cae a cántaros. Sueno como una niña petulante, pero en este momento no me importa.
—Lo sé. Lo entiendo. En serio. —Puedo escucharlo tragar—. También te extraño. ¿Estás haciendo lo que dije?
Miro hacia la esquina de la habitación, donde me estoy metiendo de lleno a estudiar porque eso me distrae y porque en realidad eso era lo que quería hacer antes de que todo se arruinara.
—Sí. Lo voy a tomar a mediados de octubre, es definitivo esta vez. —Para entonces ya deberíamos tener la fecha del juicio, y deberíamos saber qué tiempo le darán para cumplir con su declaración de culpabilidad. Jenks piensa que serán entre dos a cinco años, máximo, pero incluso eso se siente demasiado largo. Y si lo encuentran culpable en el juicio por los asesinatos, será muchísimo más tiempo. Tal vez de por vida, pero no puedo pensar en eso—. ¿Cómo está todo? —le pregunto mejor, el enojo se va desvaneciendo.
—Bien —dice—. Tengo trabajo limpiando el patio, es tiempo extra afuera en este clima… no puedo quejarme. Solo intento no pensar en la sentencia y el juicio.
Tampoco quiero pensar en eso, así que en lugar de eso menciono unas cosas que no conocía sobre él que llamaron mi atención en el periódico.
—Nunca me dijiste que fuiste a las estatales jugando fútbol.
—Sí. Jugaba bien —dice, un poco engreído—. Aunque era esfuerzo de equipo. Tú nunca me dijiste que fuiste a una escuela privada católica —replica—. ¿Tenían monjas y esas mierdas?
—Sí, teníamos monjas y esas mierdas —lo imito. Mis labios tiran en una sonrisa—. Fue horrible, y lo detesté.
—Dios, me habrías vuelto loco si hubiera estado en la escuela contigo —musita, su voz se vuelve más baja.
—Me temo que era solo de chicas. Además, pocas veces estaba en la escuela. Faltaba mucho, especialmente durante el último año. Estaba demasiado ocupada drogándome, cuidando a nonna… una vez una de las hermanas me dijo que me iría directo al infierno. Que no había vuelta de hoja para mí. Mis pecados no podían ser absueltos. Quiero decir, ¿quién le dice esas mierdas a una chica de diecisiete años?
—No sé… ¿qué hiciste? —pregunta divertido.
—Le dije a una de mis amigas que había perdido la virginidad y ella esparció el rumor en la escuela… así que sí, la hermana Mary Alice me dijo que me iría al infierno.
Masen se ríe.
—Creo que estaría ardiendo ahí junto contigo.
…
La siguiente semana le quitan las visitas. No me entero hasta que llego ahí, y luego tengo que enterarme por Jenks unos días después que lo enviaron a aislamiento por pelarse. Suena exasperado y siento que quiero golpear algo.
¿Qué carajos está haciendo?
¿Por qué está haciendo esto ahora? ¿Justo antes de que lo sentencien? Cuando necesito decirle algo que va a cambiar todo.
…
Me muerdo el labio al sentarme en la habitación. Paredes grises, pisos grises, cielo gris afuera. Jenks acertó con la sentencia de Masen.
Tres años por posesión de un arma ilegal.
Tres jodidos años.
Y está golpeando con fuerza.
La realidad.
No creo que su comportamiento mientras ha estado encerrado haya ayudado al plazo de su sentencia, y por eso pongo la culpa únicamente en él. Me hace enojar tan solo pensar en esto, tal vez esta será la llamada de atención que necesita para entrar en razón.
Podré tener un poco de tiempo a solas con él, pero no mucho. Es todo lo que Jenks pudo lograr porque esta reunión se efectuó bajo la farsa de que Jenks necesita tiempo con su cliente.
Masen se ve sorprendido cuando entra en la habitación, pero ninguno habla hasta que los guardias se van y la puerta se cierra de golpe detrás de ellos.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta, no de forma brusca, pero no me gusta su tono.
—Jenks está sacando unas cosas de su carro. Para darnos tiempo a solas.
—Claro.
Mira la mesa, no me mira a mí. Está cerrado y callado, y me rompe el corazón que esto sea el resultado de conocer solo una sentencia.
—¿Masen? Vamos, tienes que hablar conmigo.
Me mira con desolación en los ojos.
—¿Igual que tú has estado hablando conmigo? No respondes mis llamadas —me reclama.
—Una llamada. Tuve que enterarme de que no tenías permitidas las visitas justo después de llegar aquí porque has estado pelando. ¡Otra vez! —Cruzo los brazos de forma retadora—. ¿Creí que intentabas mantener un perfil bajo?
No responde. Ni siquiera me está mirando.
—¡Ni siquiera me miras! —espeto, irritada, empujando su pie con el mío.
—Es difícil. Mirarte —dice eventualmente, levantando al fin sus ojos hacia los míos—. Sabiendo lo que va a pasar. Sabiendo que no voy a salir de aquí.
—No sabes eso —digo con fiereza—. Jenks dice…
—Jenks escupe un montón de mierdas, Bella.
Entrelaza las manos frente a él, sus pulgares tocan las costras de sus nudillos.
—Tienes que ver esto de forma realista. ¡No existirá un nosotros si me hundo por los otros cincuenta que intentan inculparme! Vas a tener que… —se queda callado, frunce el ceño—. Vas a tener que vivir tu vida. Seguir adelante.
Parpadeo, miro las uñas azul oscuro que Charlotte me pintó anoche, mi estómago se cae.
—Puede que no…
—Pero si sucede. Si me quedo encerrado en este infierno de por vida, B… te amo, nada cambiará eso, pero soy lo suficientemente mayor para saber que los finales de cuentos de hadas solo pasan en las jodidas películas. Esto no es un cuento de hadas. Sabes eso mejor que nadie. Es la justicia, es cómo funciona la ley. Encierran a los hombres como yo.
—Lo sé. —Trago, sintiéndome regañada—. Pero no eres una mala persona. —Bufa y eso me irrita—. No lo eres. No es-no es blanco y negro así. No lo veo de esa forma.
—Si el juicio por Caius y Royce termina mal. Si me hundo, quiero que me prometas que firmarás los papeles del divorcio.
—¿Qué?
—Quiero que estés libre de mí. De esto. Yo no lo estoy, pero tú… puedes estarlo. No es justo de mi parte esperar que tú… ¿qué? ¿Te hagas igual a las jodidas monjas de la escuela?
—¿Qué caso tenía entonces? ¡¿Cuál era el maldito punto?! Soy tu esposa. No puedo solo… no puedo solo apagar estos sentimientos, Masen. Voy a estar aquí luchando en tu esquina porque sé que tú harías lo mismo por mí. Lo sé.
Me limpio con enojo las lágrimas calientes que caen por mis mejillas.
Masen se hunde en su asiento sin decir palabras.
—Debería testificar —sollozo, limpiándome las mejillas.
—No.
—Déjame decirles lo que pasó.
—¡NO! —Está enfurecido esta vez—. ¡No vas a incriminar a nadie! ¿Quieres a Alec detrás de ti?
—No diré que él estuvo ahí.
—Habla con tu papá sobre cómo funciona esto, Bella. Cómo arreglan las familias esto. Hice un juramento.
—¿Crees que fue él? —pregunto directamente—. ¿Crees que Alec hizo esto? Porque lo vi después de tu comparecencia. Se quedó y se aseguró de que lo viera.
Masen hace puño las manos.
—No tengo dudas. Sus palabras son tan buenas como la mierda. Más le vale esperar a que esto no termine como un caso para RICO*, porque también lo atraparán. Están batallando para hacer la conexión solo porque fui prudente.
Nos quedamos en silencio otra vez.
—Hagas lo que hagas, mantente lejos de él, no te quiero cerca de él. Siempre ha tenido una obsesión contigo. —Su voz suena venenosa, su enojo palpable.
—Sabes que nunca me agradó.
Tanteo el terreno, pongo mi mano sobre la suya.
—No me voy a rendir contigo.
—Deberías —dice Masen, frunciéndole el ceño a sus manos.
—No puedo —susurro, limpiándome la cara de nuevo. Respirando profundamente, las palabras salen expulsadas en un solo aliento—. Estoy embarazada.
Sus dedos se aprietan en los míos y cuando alzo la vista, se ve angustiado.
—Bella. —Desesperado—. Carajo. No.
—¿No? —repito con una carcajada, mirando a todas partes menos a él, parpadeando para alejar las lágrimas—. Es un poco tarde para eso.
Está callado. Por demasiado tiempo. Lo dejo en paz un minuto, permitiéndole asimilarlo porque es mucho con lo que lidiar.
—¿No vas a decir nada? —pregunto después de un rato, el dolor sacude mi voz.
Inhala bruscamente, se lleva la cabeza a las manos, se aparta el cabello de la cara y alza la vista al techo.
—No… carajo. ¡Así no se suponía que sería esto! —gruñe frustrado—. Cómo voy a… cómo vas a… esto es… mierda. ¿Estás segura? ¿Estás jodidamente segura?
Meto la mano en el bolsillo trasero de mis jeans azules, saco el ultrasonido, la pequeña figura en forma de alienígena captada en blanco y negro sobre papel fotografía brilloso. La toma, la sostiene con tanto cuidado como si fuera el de verdad.
—Esa es su pierna, cabeza, brazo.
Masen se frota la incipiente barba de la cara, se ve perdido. Como si no estuviera seguro de qué decir.
—¿Cuándo vas a… cuánto tiempo tienes?
—Quince semanas más o menos, eso creen. Yo no… supongo que se me venció la inyección y con todo… ni siquiera se me pasó por la mente. Creí que vomitaba por estrés. Fue estúpido, ¿cierto?
—Carajo, Bella, esto no es… ¿qué quieres hacer?
—No sé —exhalo lentamente—. No sé, Masen. Estoy jodidamente aterrada… pero la idea de… y llevo más semanas de las que pensé así que no puedo, no creo que pueda hacerlo.
Mis ojos llorosos se encuentran con los suyos.
—Bien… bien. Yo… esto es… —Extiende una mano, llamándome—. Ven aquí.
Me levanto de mi asiento entonces, rodeo la mesa. Estira las manos y levanta mi top, una mano se acerca para tocar mi vientre que está un poco más redondeado de lo normal.
—No pareces estar. Para nada —murmura. Sus dedos se deslizan alrededor para agarrar mis caderas. Le digo que todavía es pronto cuando me jala gentilmente hacia abajo, para quedar sentada en su regazo con él abrazándome fuertemente, entierra la cara en mi cuello. Deja besos suaves como plumas en todas partes.
—Necesito que estés de acuerdo con hacer esto por tu cuenta —dice, serio—. Esta tiene que ser tu decisión porque no-no voy a poder estar ahí para ti como quiero estar. Puede que nunca lo esté.
—Bien —sollozo, el corazón me duele en el pecho.
—¿Estabas embarazada cuando… esa noche?
Me muerdo el labio y asiento.
—Creo que sí. Deben haber sido los primeros días, pero sí.
Sé lo que está pensando. Está escrito sobre toda la expresión afligida de su rostro.
—No te rindas —susurro—. Por favor. Por favor. Siento que ya te estás rindiendo. Con nosotros. Te estás vendiendo a este lugar y no es… todavía no te han sentenciado. Por favor, no te rindas. Te necesito. Nosotros te necesitamos. Prométeme que harás todo lo que puedas para salir de aquí. ¿Me lo prometes?
Cuando susurra su promesa en mi oído, mis hombros se relajan con alivio.
—Te amo —le digo cuando se abre la puerta y aparece Jenks.
Masen sigue sosteniendo el ultrasonido en su mano.
—¿Puedo quedarme con esto?
Sonrío, la esperanza florece en mi pecho.
—Sí, por supuesto.
…
Max Masen Cullen nace las primeras horas de una fría mañana de febrero totalmente empapado, pequeño pero perfecto.
Mi pulgar acaricia la oscura pelusilla en su cabeza, su cara está arrugada, formando un pequeño ceño fruncido. Charlotte revolotea sobre nosotros, acomoda mi almohada, toma fotos de él y de mí. Me besa la frente, lo mira antes de extender un dedo meñique, viendo como él curva sus deditos pequeñitos alrededor del meñique.
—Es hermoso, mamá. Bien hecho, chica. —Nos quedamos calladas por un momento, solo mirando la perfección—. Se parece a su papi —dice suavemente—. Quiero decir, es raro porque los recién nacidos están arrugados y todo eso, pero puedes notarlo, ¿verdad?
—Lo sé.
Max abre sus ojos un poco, parpadea, bosteza.
Me lo llevo al pecho para acurrucarlo justo sobre mi corazón. Esta pequeña vida creada por amor, una pequeña pieza de cada uno de nosotros.
Y tengo que ser suficiente para él.
Yo sola.
*Ley de Chantaje Civil, Influencia y Organizaciones Corruptas, RICO por sus siglas en inglés (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act).
