Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Capitán Lawrence de Warcry. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Enjoy!
PENUMBRA
por
Adrel Black
14. HABLANDO CONSIGO MISMO.
Perdóname por partir así,
éste viaje es solo para mi…
recuérdame mejor de lo que fui
es muy tarde cielo,
sabes que te quiero,
siento tanto, tener que irme así.
(Capitán Lawrence, Warcry)
Aparece en la oscuridad de la calle principal de Hogsmeade, frente a cabeza de puerco. Mira la taberna, pensando, para él han pasado apenas unas semanas desde que escuchó la profecía que marcó su vida, y la de tantos más, sin embargo, han pasado diecisiete años de aquello. Sigue pensando que la situación es suficiente para volver loco al más cuerdo de los hombres.
Respira profundo y a grandes zancadas se dispone a cruzar el pueblo. La oscuridad reina, no sabe qué hora es, lo mismo pueden ser las diez que la media noche o la madrugada. En unos días llegará la luna llena, ahora brilla ya casi en su cenit, pero unos nubarrones amenazan con tragársela en cualquier momento. El aire helado le corta la piel, recuerda su capa envolviendo a Hermione y sonríe de medio lado ante el recuerdo.
Todos los establecimientos están apagados y solo algunas luces de las casas lucen encendidas, sigue avanzando hacia las afueras del pueblo, luego, donde el camino baja hacia la ladera y más allá hacia Hogwarts se aleja de él y camina hacia el despoblado, donde del otro lado de una cerca vieja y derruida se alza silenciosa y oscura la casa de los gritos.
Dura mucho tiempo intentando entrar en la casa, todas las ventanas y las puertas están cegadas con tablones, detenidos mediante magia, por fin, después de mucho buscar encuentra una ventana que no está entablonada, sino solo cubierta por la maleza seca, se introduce en la casa.
El olor del encierro y el polvo lo hacen toser, los muebles volcados parecen no haber sido tocados desde hace años, no se detiene a mirar, se dirige hacia el otro lado de la casa, procurando orientarse a como recuerda los terrenos del castillo, muy pronto da con la salida que conduce al túnel, que a su vez lo llevará hasta el sauce boxeador.
Apenas saca una mano del pasadizo aprieta el nudo que inmoviliza al sauce. Sale de él preguntándose ¿qué habría pasado si James Potter no se hubiera arrepentido de último momento de aquella broma en la que lo puso a merced de Lupin?, quizás habría muerto, o quizás ahora fuera un hombre lobo. Decide alejar esos pensamientos, ya tiene bastantes problemas. Cruza los terrenos sombríos, la luna se esconde detrás de las enormes nubes, dejándolo a oscuras, las ventanas de Hogwarts lucen negras en ese momento. Todo es penumbra a su alrededor.
Cuando llega a las enormes puertas de roble lo invade un cierto temor reverencial hacia aquel recinto, no sabe con quién se topará antes de llegar al despacho de Snape, sin pensarlo más empuja las puertas que se abren ante él, ni siquiera es necesario un alohomora ¿Quién se molestaría en echar un conjuro para cerrar la puerta, aun y cuando Voldemort esté en activo, cuando se cuenta con Albus Dumbledore? Tobías niega con la cabeza, ya ha llegado, ahora hacia dónde.
La voz de Dumbledore le llega con claridad desde su cerebro, aquel comentario que Dumbledore le dirigió el día en que lo sacó del Ministerio de Magia: "el profesor Snape ocupa la mazmorra que fue el despacho del profesor Slughorn."
Sin pensar más en ello se dirige hacia las mazmorras recuerda perfectamente el camino, hace apenas dos años —dieciocho años —que terminó el colegio y Hogwarts parece inmutable, todo se ve igual, por un momento lo seduce la ilusión de que quizás aún está ahí, de que quizás nada ha pasado.
Llega a las mazmorras y le sorprende ver el despacho del Profesor Slughorn entreabierto y con luz en su interior. Se acerca y abre la puerta.
No está seguro qué le causa más desasosiego, si verse a sí mismo con diecisiete años más o el hecho de que Severus Snape, al parecer, lo está esperando.
Una impresionante chimenea de piedra luce empotrada a la pared de aquella estancia, frente a ella el sofá en que Severus pasa sus noches de insomnio, en la pared contraria un cuadro cubierto con una manta de color negro y encapsulado para que el ocupante no escuche las conversaciones que se tienen en aquella estancia.
Las paredes de piedra basta, algunas tienen estanterías con pociones, libros e ingredientes. Un enorme escritorio de una madera tan oscura que sin duda es ébano preside la estancia, de entre todos los ornamentos que tiene labrados es fácilmente distinguible el emblema de Slytherin. En el escritorio descansan: una botella y dos vasos con whisky de fuego, un paquete de cigarrillos, un cenicero, un vial con líquido color ámbar y un giratiempos.
Tobías entra mirando a los ojos a Severus que no parece sorprendido de verlo, toma asiento frente a él, en medio de ellos el escritorio de ébano.
—Por Hermione, —dice Severus levantando su vaso, el eco resuena en la fría mazmorra.
—Por Hermione, —responde Tobías levantando el otro vaso, esa frase simplifica muchas cosas, ambos están en la misma sintonía.
El silencio cae sobre ellos.
—Esa es la poción, —le dice Snape a Tobías.
—Es poca, —responde Tobías mirando el pequeño vial y el líquido ámbar.
—Es suficiente… para que te vayas.
— ¿Sabes por qué estoy aquí?
—Si, —Severus enciende un cigarrillo y ofrece la cajetilla a Tobías.
—Odio este vicio, —comenta, pero aun así toma el cigarro que le ofrecen y lo enciende.
—Lo sé, —le responde Severus.
Esta conversación da todo un nuevo significado a la frase "hablando contigo mismo".
—Quiero llevarla conmigo.
—Lo sé, —contesta de nuevo Severus.
— ¿Me darás más poción?
—No.
Tobías lo mira intensamente, Severus había olvidado cómo chispeaban sus ojos antaño, había olvidado cómo su piel lucía solo pálida en lugar de cetrina muchos años atrás. Tobías hace una mueca de enfado.
—Ella quiere ir conmigo.
— ¡Claro que quiere ir contigo, no sabe quién eres! —grita Severus poniéndose de pie, con las manos encima del escritorio, Tobías también se levanta y acerca su cara a la de Severus, es como estar frente a un espejo que te refleja con algunos años de más, o de menos.
—Se lo diré.
—Mírame, —Severus se señala a sí mismo —soy su profesor y soy un viejo comparado con ella, me he pasado seis años haciendo su vida miserable, la suya y la de sus amigos.
— ¡Tú y yo no somos el mismo!, —le responde Tobías, —puedo evitar convertirme en ti.
Severus toma asiento y se acomoda con toda parsimonia las mangas de la levita, toma otro cigarrillo y mira de nuevo a Tobías, luego, con una sonrisa socarrona y la voz plagada de ironía le dice:
—De acuerdo, —exhala el humo —imagina que le dices la verdad, ¿qué dirás?, oye Hermione ya sé que piensas que mi nombre es Tobías Prince pero necesito decirte que en realidad soy tu cascarrabias profesor de pociones.
Tobías se desploma en su asiento y enciende otro cigarrillo, mientras fulmina a Severus con la mirada.
—Después de eso puedes decirle que la llevarás a vivir en la pocilga que nuestro padre nos dejó a su muerte, si, a ella le encantará vivir en el callejón de la hilandera con el asqueroso hedor del río contaminado y la hermosa vista de la fábrica abandonada desde la ventana, —Severus le sonríe con desprecio a Tobías, mientras Prince mira a la nada —y luego qué, le pedirás que te espere despierta mientras vas a las reuniones con los mortífagos, cuando llegues le contarás a cuantos muggles asesinaste, —Snape toma aire y continúa, —si te la llevas contigo cambiarás el pasado y por ende el futuro, qué pasará si mueres, ella quedará sola, sin padres, sin amigos, sin haber terminado la escuela, ¡eres tan egoísta que la arrastrarás contigo a una guerra!
Tobías toma la botella de whisky y llena su vaso. Bebe. El líquido le quema la garganta, pero no le importa.
—La quieres para ti, —le recrimina en voz baja, —no quieres que la lleve conmigo porque no quieres perderla.
— ¿Te parece?, —la voz de Snape destila sarcasmo.
Se miran de nuevo, los ojos de Tobías dejan de chispear, se convierten en penumbra, se convierten lentamente en los ojos de Severus, sabe que está perdiendo a Hermione.
—Es por eso que estás aquí, no es por el hijo de Lily, es por Hermione.
Severus asiente en silencio.
—Era la única forma, sabía que tarde o temprano ella estaría aquí, tal vez cuando la guerra termine y ella se vaya, yo también lo haga.
—Se lo diré de cualquier manera y que sea ella quien decida —habla Tobías con obstinación.
—No debes.
— ¿Por qué? —se siente desesperado.
— ¿Qué crees que sentirá al saber que se besó conmigo? ¿Cómo crees que hará para verme a diario por los próximos años, en clase, sabiendo que alguna vez estuvo enamorada de mí y que la abandoné? Además, no hay más giratiempos, no hay manera de llevarla, si tu utilizas este no hay otro que ella pueda usar.
— ¿Cómo lo obtuviste?
—Cuando vuelvas, regresarás exactamente al mismo instante en el que desapareciste, estarás en el ministerio. Nadie sabrá que estuviste aquí, nadie se enterará que desapareciste. Cuando yo regresé me apropié de éste, sabía que un día tú lo usarías. Muchos giratiempos resultaron dañados en tu incursión al Ministerio, luego el año pasado Potter, tuvo una irrupción parecida y terminaron de dañar el resto, Hermione era propietaria de uno, pero lo regresó al terminar su tercer año, así que además de éste no hay más giratiempos.
Ambos caen en el silencio mientras fuman y beben
— ¿Crees que ella será feliz? —le pregunta Tobías a Severus.
—Creo que lo superará, es fuerte, créeme.
—No fue esa mi pregunta.
—Supongo que si, al final de cuentas solo pasaron juntos una semana. Ella siempre quiso a Weasley, tal vez cuando tú desaparezcas y el estúpido pelirrojo madure un poco, —su boca se contorsiona con asco —ellos… estén juntos —termina Severus, como si le costara seguir hablando.
Tobías asiente en silencio.
—Cuando llegues, —habla Severus, —debes tomar uno de los giratiempos, no avises a Dumbledore que te irás, nunca dejes que vea tu patronus.
— ¿Por qué?, él sabe que es una cierva.
—Lo sabrás cuando lo veas, —dice Snape sin inflexión, —y por cierto, no debes interferir en el asesinato de los Potter. Si ellos no mueren Voldemort no caerá.
— ¿Debo dejar morir a Lily? —Tobías parece escandalizado por un momento.
—Bienvenido a lo que será el resto de tu vida, —murmura Severus con amargura.
—Tu dejaste abierta la puerta de entrada a Hogwarts —no es una pregunta.
—Sí, también fui yo quien liberó la ventana por la que entraste a la casa de los gritos —aclara Snape.
Tobías se ha quedado serio, no comenta nada, solo mira hacia la pared con los ojos perdidos.
— ¿Por qué no me diste esa poción desde el principio? —Tobías mira a Snape con la desesperación cundiendo en sus entrañas — ¿Qué caso tenía que la conociera solo para perderla?
— ¿Preferirías no haberla conocido?
—…No, —Tobías sopesa su respuesta, —prefiero esto, —cierra los ojos y pregunta — ¿Cómo vives de esta manera?
—Se sobrevive, —responde Severus.
— Pero, ¿cómo lo toleras?
—Te acostumbras, —dice Snape con resignación —además olvidas que estamos en guerra nuevamente, no podría dejarla. ¿Recuerdas que te habló de sus miedos?, —Tobías asiente, — ¿cómo podría dejarla sola? He estado con ella desde antes que naciera, —Tobías lo mira con solemnidad —debes cuidar de ella, siempre.
—La cuidaré. ¿La cuidarás tú de aquí en adelante?
—Hasta donde mi vida alcance, —responde Snape.
Mientras ellos hablan Hermione se arrebuja aún más en la capa que Tobías le dejó, envuelta en su aroma, ajena completamente al hecho de que, a muchos kilómetros de distancia dos hombres —o más bien uno —vuelven a brindar, en la penumbra de las mazmorras, sobre un escritorio de ébano:
—Por Hermione, —al unísono.
Bueno ahora si hasta aquí.
Debo decir que me encanta este capítulo, es uno de mis favoritos
Espero que se den un atracón de esta historia.
Adrel Black
