Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es Hotteaforme, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is Hotteaforme, I'm just translating her amazing words.
Thank you Hotteaforme for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ayudarme a betear esta historia.
Capítulo 30
Dieciocho meses después
—¿Señora Cope? —pregunto, buscando en la sala de espera con la ficha clínica sostenida debajo de mi brazo. Una señora mayor se pone de pie en forma tambaleante, su falda se mece y respira con pesadez al avanzar lentamente hacia mí.
—¿A dónde iremos? No caminaré muy lejos, ya es lo suficientemente malo que el doctor Black me trate como una almohadilla para alfileres —se queja.
—Iremos a esta sala, justo aquí —digo, señalado con mi pluma el pequeño consultorio a tres pies hacia nuestra derecha. Gruñe con aprobación y avanza conmigo detrás de ella.
Heidi se une a nosotras en ese momento, le da un pequeño apretón a mi hombro.
—Hola, señora Cope, ¿cómo estamos hoy? —pregunta cuando yo cierro la puerta detrás de nosotras.
—He estado mejor —murmura la señora Cope, sentándose con pesadez en la silla—. ¿Por qué las necesito a las dos hoy? ¿El doctor Black cree que pondré resistencia?
Sonrío. Él me advirtió que ella podría ser muy brutal.
—Pues, si le parece bien, yo voy a supervisar mientras Bella le saca sangre hoy. Ella es estudiante, pero puedo asegurarle que es muy buena en encontrar esas molestas venas.
—Estudiante, ¿eh? Bueno, supongo que estaría bien. Tiene que aprender de alguna manera. ¿Qué estás estudiando?
—Para ser solo asistente médico —respondo. No es del todo la opción de enfermería que quería, pero es lo suficientemente similar, y de verdad lo estoy disfrutando.
Heidi chasquea la lengua detrás de mí.
—Nada de "solo". Los asistentes médicos son una parte esencial de nuestro equipo. Ellos hacen muchas cosas que me facilitan la vida a mí como enfermera y a los doctores. Y entre usted y yo, ella está triunfando en esto.
—Bueno, es mejor que me saques un poco de sangre. Adelante, señorita.
Para cuando lleno ya los tres frascos y los etiqueto correctamente, revisando una y otra vez que las opciones correctas estén marcadas para el laboratorio, la señora Cope ya está ansiosa por irse. Me llevo sus muestras conmigo al acompañarla a la salida, el reloj que está sobre recepción me dice que ya pasaron quince minutos de mi hora de comida.
Huyendo a la sala de personal, me topo al doctor Black al entrar. Bailamos un poco en la puerta hasta que él me sonríe y extiende las manos para detenerme en mi sitio.
Su toque me hace tensarme, y debe darse cuenta porque sus manos inmediatamente se retiran hacia los bolsillos de su pantalón.
—¿La señora Cope te lo puso difícil? —pregunta, su sonrisa regresa.
—No tanto como esperaba. Me dijo "adelante", así que supongo que pasé la prueba.
—Ciertamente la pasaste. —Me guiña y puedo sentir mis mejillas poniéndose rosas—. Eso me recuerda algo; tráeme tus hojas de registro más tarde y las llenaré. No he sido muy constante con eso, perdón.
—Estás ocupado, está bien. Siempre y cuando todas las horas se registren antes del final del semestre…
—¿Cuándo es?
—En tres semanas.
—Bien. Puedo hacerlo. Que disfrutes la comida, Bella. —Sonríe otra vez y se pasa una mano por el cabello negro antes de irse, volteando sobre su hombro otra vez al alejarse.
Avanzo hacia el refrigerador y saco mi lonchera.
—Le gustas por completo —dice Heidi desde la mesa, con el tenedor alzado sobre un táper lleno de ensalada.
Me siento junto a ella y me muerdo la parte interna de la mejilla.
—No lo creo.
—¿En serio no sientes esa vibra?
Me encojo de hombros. Hay una vibra, pero ni siquiera quiero pensar en eso, reconocerlo, o tocar el tema. Se siente mal.
—Mira, sé que tienes a Max, pero en serio deberías pensar en tener citas o algo así.
Sacudo la cabeza, tragándome un bocado de las sobras de sofrito que eché apresuradamente a mi lonchera esta mañana, lo hice en algún momento entre vestirme y darle de desayunar a Max y asegurarme de que su mochila estuviera lista para pasar el día en casa de su nana.
—¿Por qué sacudes la cabeza? Las mamás solteras también necesitan un poco de amor. Sabes, cuando Seth fue lo suficientemente mayor para dejarlo durante la noche, salí de caza buscando un hombre verdadero; no solo un donador de esperma. No me malinterpretes, besé unos cuantos sapos antes de encontrar a mi príncipe, pero tuve que exponerme primero.
Mis ojos se deslizan hacia Heidi, que no sabe absolutamente nada, me siento culpable de que tenga esa impresión de mí que no es estrictamente verdadera. No he mentido, pero tampoco le he dicho la verdad.
—No soy-no soy mamá soltera, Heidi —confieso en voz baja, mirando con fijeza mi comida—. Estoy casada.
Hay silencio y cuando me arriesgo a mirarla, sus ojos azules están bien abiertos y tiene la boca ligeramente separada.
—Espera, ¿qué? —exclama, un poco demasiado alto. Un par de recepcionistas nos miran. Ella baja la voz—. ¿Cómo es que no sabía esto? ¿Estás casada? ¡Nunca lo habías mencionado! Todo este tiempo he estado intentando arreglarte una cita y…
—Lo sé. —Trago con fuerza, cierro los ojos—. Es complicado. Él está… lejos.
Tal vez "complicado" no es la palabra correcta. Tal vez "lejos" tampoco es la palabra correcta.
—¿Lejos dónde? O sea, ¿te refieres a enlistado? ¿En el ejército?
Me río un poco.
—No. Nada de eso. Quiero decir… —Miro a mi alrededor, mi voz es apenas poco más que un susurro—. Él está, um… él está cumpliendo una condena. —Mi cara se calienta, sintiéndome avergonzada. Avergonzada de estar avergonzada, más que nada. Han pasado casi dos años y todavía me destroza el corazón, emociones contradictorias luchan en mi pecho.
—¿De verdad?
—Sí.
El silencio que sigue es sofocante.
—Um, vaya. Me dejaste sin palabras. Nunca lo habría pensado. ¿Él es…?
Me remuevo un poco en mi asiento, picando un castaño de agua con el tenedor.
—Es el papá de Max. Mira… es que lo mantengo en privado, ¿sabes? Es que es… muy, muy difícil a veces.
La mayor parte del tiempo.
Todo el tiempo.
—Lo entiendo —dice Heidi, pero no estoy segura de que de verdad lo entienda—. Bueno, definitivamente detendré todo esto de la casamentera. —Sonríe y se mete un tomate cherry a la boca—. Y si alguna vez quieres hablar conmigo sobre eso… o sea, hablar de verdad, entonces siempre estaré aquí.
Tengo la impresión de que ella quiere saber más, pero en realidad no me necesita para eso. Todo lo que tiene que hacer es buscar mi nombre en Google y sabrá todo sobre todo.
Ni siquiera la culparía si lo hiciera. Si estuviera en su lugar, probablemente haría lo mismo.
…
Dos semanas después tengo un día libre. Nada de clínica, nada de universidad. Solo Max y yo y todo un día soleado extendiéndose ante nosotros.
El parque está muy caluroso para cuando logramos salir de la casa, aire húmedo e inmóvil, sofocante. El clima está llegando a los treinta y dos grados e incluso justo antes de las diez de la mañana, está asándonos. Hay sudor en mi espalda cuando empujo el columpio, un niñito regordete mece su cuerpo frenéticamente en busca de más, un sombrero de pescador esconde una mata de cabello oscuro.
Lo empujo con más fuerza, alejando la tela de donde se pega.
—Dos minutos más, Max —le digo, mirando la hora en mi reloj.
—Más, mamá —grita, sus manitas se abren y se cierran rápidamente.
De repente, Max ya no quiere más. Es demasiado. Su cara se arruga y empieza a llorar. Sacándolo del columpio, lo balanceo en mi cadera mientras me dirijo a la carriola que dejamos bajo la sombra.
Un largo trago de su vasito y unos cuantos pedazos de zanahorita, y las lágrimas que caían por su cara se detienen por completo. Las limpio con la yema de mi pulgar, mirando su pequeño perfil, mi corazón está tan lleno de amor que no puedo describirlo. Amo ser su mami y estoy orgullosa de nuestro viaje juntos; a pesar de que estamos haciendo esto prácticamente solos y ha sido difícil. O sea, indescriptiblemente difícil. Lo más difícil que he hecho en mi vida.
No por elección, pero… miro mi reloj. Podríamos visitarlo hoy… aunque llegaríamos muy apresurados, y sigo molesta con él. Con Masen.
Una pelea. No es la primera, y sin duda no será la última, pero en definitiva es la peor desde que lo encerraron.
Suspiro, acomodando a Max en la carriola.
—Mamá tiene que hacer unas cosas en la casa antes de ir a ver a la tía Charlotte. ¿Te portarás bien para mami?
—¡No!
—¡Genial! ¡Vamos!
…
Antes de salir del parque, una solitaria figura sentada en una banca cerca de la entrada capta mi atención. Mis pasos se hacen más lentos, el golpeteo de mis sandalias contra mis talones se detiene de golpe.
Se para cuando me ve, se ajusta el saco de su traje negro antes de caminar hacia mí con determinación, se ve fuera de lugar bajo el ardiente sol, sobresale contra el fondo de color verde.
El corazón me martillea en el pecho, mis manos se aprietan en la carriola cuando lanza su cigarrillo al piso, aplastándolo bajo su pie.
—Princesa.
Su mirada encuentra a Max en la carriola y se agacha antes de que pueda detenerlo, toma la mano de Max y frota su pulgar sobre el dorso de la misma.
—¡Mira cómo has crecido! Eres la mini copia de tu papi, ¿eh?
Aprieto los dientes, luchando contra la urgencia de agarrar a Max y huir como quiero hacer con desesperación.
—¿Qué quieres, Alec?
Me mira entrecerrando los ojos, una lenta sonrisa se extiende en su cara al ponerse de pie.
—Masen. Todavía le queda otro año, o eso me han dicho… organízame una visita con él.
Me reiría si no hablara en serio.
—No.
—¿No?
—Me escuchaste. Hizo lo que tú querías y lo jodiste. No te debe nada. Yo no te debo nada. Así que no.
—Estos son negocios. No es personal. ¿Cómo se habría visto de haberle permitido simplemente irse?
—¡No me importa cómo se habría visto! —espeto—. Si no estabas de acuerdo con que nos fuéramos, ¿por qué nos dejaste? Tú estuviste bien con esa decisión. —Sacudo la cabeza, rechino los dientes—. Tu familia ha hecho suficiente. ¡Solo déjanos en paz!
Empiezo a caminar, no quiero seguir hablando con él ni un segundo más. Solo he avanzado cuatro o cinco pasos empujando la carriola cuando su voz me llama.
—Te equivocas.
Me detengo.
—¿Quién crees que hizo que quitaran esos cargos de asesinato, muñeca?
Cierro los ojos, aprieto la mandíbula.
—Así es. Así que yo reconsideraría lo que te estoy pidiendo, a menos de que quieras que Masen pase el resto de sus días encerrado. ¿Lo entiendes?
—¡No puedes hacerlo! —Mi boca se seca al girarme para encararlo. Se acerca a mí otra vez, mirando alrededor a las pocas personas que voltearon debido a mi arrebato.
—Es tu decisión. Todo lo que necesito es que me hagas un favor… trabaja ese poder de persuasión que siempre has tenido sobre él, ¿eh? Sé que él no estaba complacido, pero somos hermanos. Pasamos por muchas cosas antes de que tú llegaras y pusieras esas jodidas ideas en su cabeza.
Se detiene, sus gélidos ojos azules barren sobre mí, su boca se curva.
—¿Qué te parece si intento quitarle un poco de tiempo por esto? Quiero decir, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Desde que lo tuviste entre tus muslos?
Mi cara se sonroja. Demasiado.
—Eso creí —se ríe Alec—. Apuesto a que lo ansías con ganas. Me encantaría ayudarte, pero María y yo estamos comprometidos ahora.
Sacudo la cabeza ante su arrogancia. Como si alguna vez fuera a tocarlo, como si alguna vez quisiera que él me tocara.
—Eso escuché. Felicidades, espero en Dios que ella sepa el mentiroso traidor e hipócrita que eres.
Alec sonríe, salta sobre sus talones y se lleva el labio entre los dientes.
—Tal vez después de todo pueda hacer una excepción por ti, princesa. Esa chispa que tienes me pone débil siempre.
—Eres asqueroso.
Su boca se retuerce.
—¿Irás? ¿A la boda? María se sentiría feliz.
Se me escapa una carcajada, incrédula. Mi amistad con María terminó el día en que ella eligió a Alec sabiendo lo que le había hecho a Masen. A mí. No hemos hablado desde el día en que recogí mis cosas de su casa.
—De ninguna manera.
Su celular suena y lo mira, empieza a alejarse. Se gira, camina de espaldas unos cuantos pasos y me señala con un dedo al llevarse el celular a la oreja.
—Organiza la reunión, princesa, y no tendrás nada de qué preocuparte.
…
Sin embargo, sí me preocupo. Me preocupo durante todo el camino a casa, estoy tan distraída que no puedo recordar cómo llegamos aquí, siento que todo por lo que estoy luchando está a punto de derrumbarse sobre mis hombros.
La vida no es perfecta. Está lejos de serlo; pero es tranquila. Tenemos una rutina y estabilidad, y no renunciaría a eso por nada del mundo. Cada día es un día más cerca para que Masen salga. Un día más cerca de convertirnos en una familia normal.
Alec… él lo arruinará, lo sé.
Tan solo el que haya aparecido hoy es algo malo.
Meto la llave en la puerta principal, contenta de estar en la frialdad del aire acondicionado, sintiéndome más segura una vez que ambos estamos detrás de la puerta de la casa que Max y yo llamamos nuestro hogar; una modesta casa de dos pisos en un suburbio con un patio trasero de tamaño decente.
Masen vendió su apartamento y el campo de tiro meses después de que le dije que estaba embarazada. Su prioridad era cuidarnos de la única forma en que podía. Después de pagar la multa exigida por la corte, me transfirió el resto del dinero. No me volví loca; compré solo lo que necesitábamos con la ayuda de Esme.
No somos ricos, pero lo que nos sobró después de comprar la casa, los muebles y un carro significa que no tengo que preocuparme por trabajar todavía y puedo concentrarme en terminar la escuela.
Si estuviéramos muy desesperados por dinero, sé que papà me ayudaría, a pesar de que nuestra relación es difícil. Él es difícil; de comprender, para hablar. Quiero compensar todo el tiempo perdido, pero se siente demasiado tarde, demasiado forzado. De todas formas, lo intento porque sé que le gusta vernos a Max y a mí, y espero que un día las cosas se vuelvan más fáciles entre nosotros. Tal vez cuando lo liberen, sucederá. Tal vez si acepta a Masen. Por ahora sigue adentro. A pesar de que su condena por asesinato fue anulada hace tiempo, sigue cumpliendo condena por cargos de crimen organizado.
Mirando a un Max durmiente, paso el dorso de mi mano por una mejilla regordeta. Soltando con cuidado los broches, lo levanto de su carriola y lo cargo lentamente por las escaleras hacia su cuarto. Le canto un poco de: "Ninna nanna, ninna oh, questo bimbo a chi lo dò?" cuando se inquieta. Espero unos minutos para asegurarme de que esté profundamente dormido, y enciendo el monitor antes de salir de su habitación.
Deteniéndome al pie de las escaleras, miro el sobre blanco que está en el tapete y que juro que no estaba ahí cuando entramos. Agarrándolo, lo giro en mi mano, y está dirigido a Masen y a mí en letra cursiva.
Adentro, en una tarjeta gruesa, está la invitación que Alec prometió para la siguiente primavera. Me golpeteo el labio inferior con ella, mis ojos se mueven por toda la casa.
Avanzo hacia la ventana de la sala, me asomo a la calle, mirando de un lado a otro. Si no tiene estampa, significa que debieron meterla por debajo de la puerta durante los minutos que estuve arriba con Max.
Maldigo soltando la cortina blanca de gasa.
Alec sabe donde vivimos.
Es típico de él jugar así; un recordatorio sutil de que él tiene el control.
Saco mi celular y le envío un mensaje a Demetri antes de ir de las puertas a las ventanas, revisando que todas tengan seguro, incapaz de calmarme hasta que escucho el rugido de su motocicleta en la entrada cuarenta minutos más tarde.
Nos hemos vuelto cercanos durante los últimos años; él es una presencia constante en nuestras vidas y a diferencia de papà, nuestra relación es fácil.
En cuanto cruza la puerta, Max se despierta. Corro por las escaleras para encontrarlo parpadeándome adormilado, se está frotando un ojo y un lado de su cara está rojo por haberse acostado sobre él.
—¡Mamá! —me grita, parándose en su cuna—. ¡Ven!
Sonrío y le aliso el cabello despeinado cuando apoya su cabeza en mi hombro, la levanta de nuevo cuando bajamos a la cocina y escucha la voz de Demetri.
—¿Dónde está el incendio? —pregunta Demetri, extendiendo los brazos para tomar a Max. Activando el interruptor de la tetera, preparo dos tazas antes de recargarme en la encimera y cruzar los brazos.
—Alec. Me siguió hasta el parque hoy para pedirme que le organizara una visita con Masen.
Demetri deja de hacerle caras a Max.
—¿En serio? —pregunta—. ¿Y estás preocupada?
—No sé. No sé qué quiere de él, pero… insinuó que él fue el que hizo que le quitaran a Masen los cargos de asesinato. Dijo que podría hacerlos reaparecer si no le organizaba la visita. —Hago una pausa, intentando formular mis pensamientos—. ¿Crees que es verdad?
La cara de Demetri está llena de seriedad cuando le deslizo la taza de café hacia él.
—Todos nos sorprendimos cuando le quitaron los cargos. Algo se sentía raro en su momento, yo lo dije.
Max apenas tenía tres semanas y yo estaba en una bruma de cansancio. La llamada de Jenks para decirme que los cargos habían sido eliminados, puedo recordarla tan clara como el agua. No podía entenderlo, faltaban semanas para llegar al juicio, pero solo lo acepté; todos lo aceptamos porque fue la mejor noticia. ¿Quiénes éramos para cuestionarlo? Recuperaríamos a Masen. No hasta después de un tiempo, pero eventualmente pasaría.
—Me siento… preocupada de que Alec sepa donde vivimos. Y como si Masen fuera a aceptar verlo. —Me alejo el cabello de los ojos—. Ni siquiera sé si querrá verme a mí en este momento.
Los labios de Demetri se fruncen. Se ve un poco sospechoso.
—Es un idiota —dice eventualmente—. Sabe que metió la pata.
—Tú… ¿hablaste con él? —pregunto con sospecha.
Demetri se ve muy culpable.
—¡Lo hiciste! ¿Cuándo?
—La semana pasada. Me llamó para preguntar cómo estabas. No me gustó verte tan molesta. Le dejé las cosas claras. Debería estar agradecido de que lo estés esperando, para empezar.
Le doy un trago al café demasiado caliente, y me arrepiento al instante, veo a Max intentar agarrar la taza de Demetri mientras este la aparta de su camino.
Él ve a Mase con regularidad. No tengo idea de qué hablan, pero siempre he pensado que es lindo que lo haga, viendo cómo su hermano no se ha acercado a ese lugar jamás.
—Entonces, ¿qué hago?
—Dile a Masen —dice Demetri—. Depende de él, puede escuchar a Alec y partir de ahí. En cuanto a Alec sabiendo dónde estás… puedo quedarme si te hace sentir mejor, pero probablemente siempre lo ha sabido. Creo que, si quisiera lastimarte, ya lo habría hecho. Habría dejado que sucediera hace tiempo.
Cargo a Max y exhalo un aliento, dejo un beso en su cabello oscuro y me veo recompensada con una risita.
—Supongo que iremos a ver a tu papi, ¿eh, cielo? La tía Char se sentirá muy decepcionada por perderse todos tus cariñitos.
…
El centro correccional donde se encuentra Masen es federal, es un viaje de ida y vuelta de dos horas y media que hacemos tan seguido como nos lo permiten. Usualmente le permiten cuatro horas al mes, lo que hace que los meses de cinco semanas sean difíciles.
Ya está sentado en la mesa de la sala de visitas cuando llegamos ahí, tarde y agitados. Max necesitó un cambio de pañal justo después de que pasamos por seguridad, excepto que olvidé las toallitas, así que tuve que regresar al carro y volver a pasar por todo el proceso.
Lo único bueno es el paquete de la máquina expendedora que Masen está abrazando fuertemente en su pecho: mini Oreos.
—¡Papá! —grita Max al ver a Masen, rebota ligeramente en mis brazos y se inclina para llegar a él.
Lo bajo al suelo cuando Masen alza la vista, su cara explota en una sonrisa. Se levanta de la silla, se pone en cuclillas y abre los brazos mientras Max camina tambaleándose hacia él lo más rápido que puede; lo carga y lo alza al cielo, ganándose un grito de alegría.
Esme y Elizabeth armaron todo un álbum de recuerdos con fotos familiares para Max, inclinándose pesadamente hacia Masen: fotos nuevas, viejas, las que sacamos de su teléfono de él y de mí juntos cuando la policía nos lo regresó. Una de sus cosas favoritas es mirar el álbum y señalar a sus personas preferidas.
—Cada vez que te veo estás más grande —le dice Masen a Max cuando llego a la mesa—. Pronto serás tan grande como yo, ¿eh? —Lo carga supercerca de él, deja un beso en su frente mientras que Max sonríe enormemente, sus manitas le agarran cada lado de la cara para acunar sus mejillas y regresarle el beso.
Recuerdos fugaces de la primera vez que se conocieron reaparecen. Masen acunando a nuestro pequeñísimo y precioso bebé con poco menos de una semana de nacido. El entorno no fue el ideal, pero Masen estaba enamorado, dejó un beso dulce y tierno en su frente y alzó la vista hacia mí con ojos brillosos.
—Es… maravilloso. Tú eres maravillosa, Bella. Estoy tan jodidamente orgulloso de ti.
Me mira sobre la cabeza de Max cuando me deslizo en mi asiento, y no sé si sigue pensando eso.
Mantener una relación cuando uno de ellos está encerrado es difícil. No hay privacidad, no hay espacio para la intimidad, las conversaciones en el teléfono se pueden cortar en cualquier momento, y las cosas se pierden en la traducción todo el tiempo. Pero lo hemos logrado hasta ahora, a pesar de todo.
—Hola —dice Masen con cautela. No hace ademán de tocarme, y eso duele a pesar de que sé que es él el que está equivocado aquí—. ¿Ya me vas a hablar?
—Sigo enojada. —Me muevo en mi asiento.
Baja la vista.
—¿Pero…? —dice, alzando la vista otra vez, sintiendo mi reticencia. Frunzo el ceño, no estoy segura de que sea sabio entrar de golpe a todo este asunto con Alec.
»¿Qué sucede? —pregunta Masen preocupado—. Te ves molesta. Mira, lo siento…
—No se trata de eso. —Jalo la manga de mi cárdigan para que el puño me tape los nudillos—. Solo no te alteres, ¿de acuerdo?
Masen se pasa una mano por su cabello recortado, la baja por su cuello y tira del cuello de la camiseta blanca que lleva bajo el overol.
—No me estás llenando de confianza aquí, B —me dice Masen sin emoción—. Sigue.
—Alec… él, um… apareció en el parque hoy cuando estaba ahí con Max.
La cara de Masen se ensombrece de inmediato.
—¿Apareció? ¿Qué carajos quería?
—Pues… para no hacerte el cuento largo… quiere visitarte. —Mis ojos se mueven hacia Max—. ¿Y podrías no maldecir, por favor? Él es como una esponja en este momento. Lo último que necesito es que grite la bomba con C en Moms and Tots*.
—Perdón —dice Masen—. Es la costumbre.
Me remuevo inquieta.
—Le dije que no querrías hacerlo. Verlo. Él no-no aceptaba un no como respuesta. Me aclaró unas cuantas cosas… necesitas verlo.
—¿Te aclaró? ¿Qué cara-qué se supone que significa eso? ¿Te amenazó? —dice Masen, moviendo a Max en su pierna.
—Dijo que si no te lo decía podrían reaparecer los cargos que tenías antes.
Masen maldice por lo bajo, se recarga en la silla y se concentra en Max que acaba de encontrar un broche en su overol. Aparta la vista por un minuto, pensativo.
—¿Qué más te dijo?
Me echo el cabello hacia atrás.
—Nada importante.
Masen me dedica una mirada, como si supiera que estoy guardándome algo, pero puedo imaginar cómo reaccionaría ante la sugerencia de Alec de "ayudarme", así que lo evito. Sus celos son parte de la razón por la que estamos peleados.
—Depende de ti si quieres ver qué es lo que tiene que decir. Yo solo paso el mensaje.
Max intenta gatear sobre la mesa hacia mí, pero Masen lo levanta mejor para que quede balanceado sobre sus piernas con los deditos curvados fuertemente alrededor de los pulgares de Masen.
—¿Es la única razón por la que estás aquí? —pregunta Masen, analizándome.
—También para que Max pueda verte —le digo.
—Pero tú no.
—Dijiste algunas cosas muy de mierda la última vez —le digo, cruzando los brazos. Sus ojos saltan a mis tetas ante el movimiento, luego regresan a mi cara. Su lengua pasa sobre su labio inferior, y traga.
—Lo siento. Yo no… ¿sabes cómo me hace sentir? Saber que mi esposa está teniendo citas con un cab…
—Ahí vas de nuevo… ¡no era una cita! Trabajo con él en la clínica; ¡había otras dos chicas con nosotros! Estás agarrando esto y lo estás retorciendo en tu cabeza en algo que en realidad no es.
Mi mano se estira hacia él cuando aparta la vista de mí, tiene la mandíbula fija, tensa. Pero sus dedos, esos rodean los míos y los aprietan.
—¿Le gustas?
—No importa si le gusto. Te prometí que esperaría y eso es lo que estoy haciendo, Masen. No tienes nada de qué preocuparte… estos celos que sientes tienen que detenerse. Lo detesto.
Me siento satisfecha cuando me ve y puedo notar el arrepentimiento en su mirada.
Max ya está sacudiendo el paquete de Oreos con entusiasmo.
—Mamáááá —dice, empujándolo hacia mí.
Lo abro y le doy una que aferra con fuerza en sus puños, las migajas caen sobre la mesa antes de que la estrelle sobre su boca. Masen agarra el paquete, saca cuatro galletas y me deja el resto.
—No debí decir lo que dije —dice Masen—. Lamento haber sido un imb…, no estaba siendo justo contigo. Garrett acababa de enterarse que su chica lo estaba engañando y yo solo… yo… era lo último que necesitaba escuchar. Es que estoy muy cansado de esto. —Señala a su alrededor.
No se equivoca. Este lugar, estas visitas, o falta de visitas, ver a otras parejas felices y sentirme sola, mi corazón sufre por todas las cosas que se está perdiendo con su hijo. También estoy cansada de esto. Es extenuante.
—Todos estamos contando los días… poco menos de un año y saldrás. Es por eso que necesitas ver a Alec, si habla en serio. Que ambos sabemos que sí habla en serio.
—¡No hay! —anuncia Max, mirando el paquete vacío.
—Sí, hombre, no hay. —Masen se ve divertido, luego lleno de anhelo, hay una tristeza ahí—. Está creciendo muy rápido, ¿no? Me estoy perdiendo de mucho con ustedes dos.
—Menos de un año —repito.
—Un año —repite y gime—. Se siente como una jodi-toda una vida. —Exhala un aliento, acaricia con la nariz la parte trasera del cabello de Max—. Veré a Alec. No puedo prometer que no le partiré la cara, pero lo veré.
Alzo una ceja y finalmente sonríe.
—Estoy jugando.
Ambos sabemos que en realidad no.
—Y de verdad lamento lo que dije. Te extraño tanto.
—Yo también.
Para el final de nuestra visita hemos alcanzado una especie de normalidad; me abraza con fuerza cuando nos despedimos, sus dedos permanecen en mi cintura, planta un beso en mi sien y un "te amo" en mi oído.
Y ese momento, cuando tenemos que soltarnos y alejarnos, es por siempre la parte más difícil de todas.
…
El verano se desliza en una bruma de rayos de sol; viajes al lago, picnics en el parque, tardes de flojera en el jardín con una piscina infantil, Max oliendo a bloqueador solar y piel sudada por el sol.
Masen no me vuelve a mencionar a Alec, y durante un tiempo no pregunto, intento dejarlo en el fondo de mi mente porque mi día a día está muy ocupado: Max, grupos de bebés, mis sesiones continuas de terapia con Irina, visitar a papà, visitar a Masen, estudiar, completar mi última semana en la clínica. La vida está ocupada.
Llega el otoño y con él me gradúo con una oferta laboral en la clínica donde trabajo actualmente; acepto una jornada de medio tiempo, todavía quiero tener días en casa con Max y necesito días libres para las visitas. Charlotte, Esme y Elizabeth acuden a verme recibir mi diploma una fría mañana de otoño pocos días después de mi cumpleaños con Max entre ellas. Me pongo espectacularmente borracha al celebrar después de eso con Heidi y Charlotte, liberando un año de trabajo duro. Masen incluso se las arregla para enviarme flores y una carta escrita a mano con palabras tan dulces que me hacen llorar.
Max se pone cada vez más grande, su vocabulario parece crecer con la misma rapidez que sus piernas. A veces lo veo y encuentro difícil creer que yo lo parí. Un par de estrías en mis caderas son la única pista de que estuve embarazada, pero incluso esas se han desvanecido.
Voy a ver a Masen justo antes de Halloween y ya no puedo seguir esperando. Sé que Jenks ha visitado a Masen más seguido recientemente, así que le pregunto directamente.
Se remueve incómodo en su asiento, Max está sentado en su rodilla, garabateando furiosamente con unos colores y un pedazo de papel que una de las guardias de seguridad le trajo para detener su inminente berrinche.
—Lo vi —admite Masen en voz baja.
—Y… ¿qué quiere?
Solo puedo pensar en una cosa que quiere de Masen: que vuelva, que trabaje para él. Ese pensamiento me llena de tanta angustia y enojo que incluso antes de que pueda hablar, mi boca se está moviendo.
—Y si vas a decir lo que creo que vas a decir, ni siquiera… —me quedo callada, no puedo esconder lo enojada que esto me hace sentir.
Masen parpadea.
—Te prometí que haría lo que fuera para no terminar aquí por el resto de mi vida —dice en voz baja—. Él me tiene atrapado en este momento y no hay mucho que pueda hacer al respecto en una celda.
Mi cara debe decirlo todo. La incredulidad se aferra a cada músculo y lo tensa.
—Increíble.
—¿Confías en mí?
—Sabes que sí —le digo, casi con resentimiento—. Pero tú dijiste que no habría más de estas cosas. ¿No lo recuerdas?
—Lo recuerdo. Pero vas a tener que confiar en mí respecto a esto, ¿sí?
No lo veo hasta que él agacha la cabeza, obligándome a encontrar sus ojos.
—Bella…
—Bien, sí. Como sea. —Me froto la cara, me siento frustrada—. Él de verdad vendrá a joder todo otra vez, ¿no?
La cara de Masen se retuerce, sus ojos se enojan.
—No si puedo evitarlo.
—¡Carro! —Max señala la mancha roja que garabateó, buscando la confirmación de Masen y rompiendo la tensión entre nosotros—. Papá, carro.
—Está um… ¿muy genial? —Me mira musitando—: ¿Dónde están las llantas?
Me río.
—Si eso es lo que dice que es, vas a tener que creerle.
—Solo espera hasta que pueda llevarte a dar una vuelta —le dice Masen a Max—. También me encantan los carros. —Alza la vista hacia mí—. Emmett y yo estamos haciendo planes para abrir un taller. Todavía es pronto, pero estamos buscando hacer modificaciones personalizadas. Él buscará ubicaciones esta semana.
—Qué genial. —Mi sonrisa es genuina. Disfruto verlo animado sobre cosas como esta, especialmente cuando en muchas de nuestras visitas puedo ver lo profundamente infeliz que se siente.
—Sí, se siente bien hacer planes así. Para cuando salga.
Porque no es una cuestión de si saldrá, es una cuestión de cuándo. Sonríe y esta sí ilumina toda su cara.
—Todo estará bien, B. Ya verás.
*Moms and Tots: es un Centro de Desarrollo Infantil, especializado en brindar procesos de estimulación temprana y métodos de enseñanza enfocados hacia un aprendizaje significativo.
